PROLOGO

Se pretende que sea éste un espacio dedicado a entretener y deleitar (... a través de la fotografía fundamentalmente) ... a dar a conocer (...o traer al recuerdo) ciertos monumentos o espacios situados en el término o cercanías de Lahiguera. ...a llamar la atención por el estado de abandono y deterioro de muchos de ellos, ...y si llegara el caso, a remover la conciencia de todos los que somos "herederos" de tales monumentos y espacios, y que con nuestra aportación ayudásemos a la conservación de los mismos.

sábado, 1 de febrero de 2025

RESULTADOS DE LA ENCUESTA SOBRE EQUIPAMIENTO Y USO DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN Y LA COMUNICACIÓN EN LOS HOGARES ANDALUCES EN EL AÑO 2024.

EN ANDALUCÍA TELETRABAJAN 285.000 PERSONAS, EL 8´4% DE LOS OCUPADOS.

El 80,7% de los hogares andaluces dispone de algún tipo de ordenador.

El 99,5% de los hogares con al menos un miembro de 16 a 74 años dispone de teléfono móvil.

El 95% de andaluces de 16 a 74 años ha usado internet en los tres últimos meses.

Según la frecuencia de uso, el 94,4% se conecta al menos una vez a la semana, el 91,6% lo hace diariamente y el 83,7% varias veces al día.

Más de 450 mil personas han teletrabajado, el 13,5% de los ocupados.

El 41,4% de las personas mayores de 74 años ha utilizado Internet en los tres últimos meses.

El Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía ha publicado en fecha 5 de diciembre de 2024 los resultados de la  Encuesta sobre equipamiento y uso de Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) en los hogares de Andalucía correspondientes al año 2024. En este producto estadístico se ofrece información acerca del equipamiento del hogar en TIC (teléfono, equipamiento informático, acceso a Internet) y la utilización de los residentes de esas viviendas de Internet y comercio electrónico. El cuestionario es dinámico e incluye nuevos apartados con diferente periodicidad.

Según los datos de la encuesta para el año 2024, el 80,7% de los hogares dispone de algún tipo de ordenador (de sobremesa, portátil, tablet...). Por tipo de dispositivo, el 75% cuenta con ordenadores de sobremesa o portátiles y el 52,9% con alguna tablet.

Hogares que disponen de algún tipo de ordenador (porcentaje).

El 99,5% de los hogares andaluces con al menos un miembro de 16 a 74 años dispone de teléfono móvil (igual que a nivel nacional).

Más de 2,9 millones de hogares con al menos un miembro de 16 a 74 años (el 96,3% del total) disponen de acceso a Internet por banda ancha fija y/o móvil. En 2023 el porcentaje  fue inferior (95,9%).

Cuanto mayor es la población de su municipio y de más ingresos netos disponen, los hogares andaluces utilizan más la banda ancha fija y menos la conexión solo a través de banda ancha móvil.

El 95% de las personas de 16 a 74 años ha usado internet en los tres últimos meses, lo que supone 0,23 puntos más que en 2023 y 0,8 puntos por debajo de la media nacional. Según la frecuencia de uso, el 94,4% se conecta al menos una vez a la semana, el 91,6% lo hace diariamente y el 83,7% se conecta varias veces al día. Esta frecuencia aumenta en general respecto a 2023, siendo la conexión diaria la que más (2,8 puntos).

Frecuencia de uso (porcentaje).

En Andalucía más de 450 mil personas han teletrabajado durante la semana anterior a la entrevista (13,5% de los ocupados). Por sexo, el 10,6% de los ocupados hombres ha teletrabajado y el 17,9% de las mujeres. Si atendemos a las personas ocupadas que no han teletrabajado aunque su trabajo se lo permitiera, supone el 17,9% (0,5 puntos por debajo de la media nacional).

Más de 450.000 personas han teletrabajado en Andalucía durante 2024, lo que representa el 13,5% de los ocupados, según los resultados de la Encuesta sobre equipamiento y uso de Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) en los hogares de Andalucía correspondientes al año 2024. En este producto estadístico ofrece información acerca del equipamiento del hogar en TIC (teléfono, equipamiento informático, acceso a Internet) y la utilización de los residentes de esas viviendas de Internet y comercio electrónico. El cuestionario es dinámico e incluye nuevos apartados con diferente periodicidad. 

Según recoge el IECA en una nota, el 10,6% de los ocupados hombres ha teletrabajado y el 17,9% de las mujeres. Si se atiende a las personas ocupadas que no han teletrabajado aunque su trabajo se lo permitiera, supone el 17,9% (0,5 puntos por debajo de la media nacional). Esta encuesta también señala que el 80,7% de los hogares dispone de algún tipo de ordenador. Por tipo de dispositivo, el 75% cuenta con ordenadores de sobremesa o portátiles y el 52,9% con alguna tablet. Asimismo, el 99,5% de los hogares andaluces con al menos un miembro de 16 a 74 años dispone de teléfono móvil (igual que a nivel nacional).

El teletrabajo ha llegado para quedarse. 
 
Más de 2,9 millones de hogares con al menos un miembro de 16 a 74 años (el 96,3% del total) disponen de acceso a Internet por banda ancha fija y/o móvil. En 2023 el porcentaje fue inferior (95,9%). También indica que cuanto mayor es la población de su municipio y de más ingresos netos disponen, los hogares andaluces utilizan más la banda ancha fija y menos la conexión solo a través de banda ancha móvil.

El 95% de las personas de 16 a 74 años ha usado Internet en los tres últimos meses, lo que supone 0,23 puntos más que en 2023 y 0,8 puntos por debajo de la media nacional. Según la frecuencia de uso, el 94,4% se conecta al menos una vez a la semana, el 91,6% lo hace diariamente y el 83,7% se conecta varias veces al día. Esta frecuencia aumenta en general respecto a 2023, siendo la conexión diaria la que más (2,8 puntos).

Incidencia del teletrabajo según sexo (porcentaje).

El 41,4% de las personas mayores de 74 años ha utilizado Internet en los tres últimos meses (3,1 puntos menos a la media nacional). El 38% lo usa al menos una vez a la semana y el 33,1% lo usa diariamente.

Decíamos que La Encuesta sobre equipamiento y uso de Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) en los hogares ofrece información sobre el equipamiento del hogar en TIC (teléfono, equipamiento informático, acceso a Internet) y la utilización de Internet y comercio electrónico de los residentes de esas viviendas.

Así se desprende de la Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) en los Hogares de 2024 del Instituto Nacional de Estadística (INE), que sitúa en el 15,1% el porcentaje de ocupados que teletrabajan en España, creciendo ligeramente respecto al ejercicio anterior (1,3 puntos), aunque muy alejado de la media europea que, según datos de Eurostat, es de un 22,2% de empleados que utilizan esta tipología con frecuencia u ocasionalmente. 

Cuando en 2020 la pandemia de Covid-19 obligó al confinamiento de millones de personas en todo el mundo, el teletrabajo se reveló como la única vía de escape para mantener la actividad de multitud de empresas y de entidades de todo tipo. Cuatro años más tarde, esta modalidad, tanto en su formato a tiempo completo como híbrido, se ha incorporado con normalidad al panorama laboral, si bien no ha experimentado la expansión que se pronosticaba entonces, al menos, en el caso de España, y mucho menos, en el de Andalucía.

Siempre ha existido una diferencia en la implantación del teletrabajo entre el norte y el sur de Europa, no es solo el caso español. Algunos pensarán que nuestra inercia a la socialización es la causa, pero tiene más que ver con los antecedentes históricos, la distribución sectorial y los niveles de productividad en los distintos países. Así, donde hay mayor peso de ramas de actividad teletrabajables (banca, seguros, telecomunicaciones, sector digital) las ratios son mayores, aseguraba Javier Blasco, director de The Adecco Group Institute.

Esta misma explicación es extrapolable al análisis de la implantación de esta modalidad en España, de forma que la relativa resistencia al trabajo en remoto responde a la distribución del tejido productivo en cada territorio: en aquellos tradicionalmente más industriales hay menos empleados operando a distancia (País Vasco, Asturias, Navarra), al igual que en las zonas con mayor presencia de sectores como la agricultura o la hostelería. 

En este contexto, la brecha de Andalucía es de casi nueve puntos con respecto a Europa y de 1,6 puntos con el conjunto nacional, ya que los andaluces que teletrabajan son el 13,5% del total de ocupados, más de 452.000 personas en términos absolutos. Con este dato, en la comparativa por regiones, la andaluza está, además, a gran distancia de las que ocupan los primeros cajones del podio, como son Madrid, con un 26,7% de empleados que operan en remoto, y Cataluña, con un 21,5%.

 

Andalucía, por su extensión y población, siendo la comunidad con mayor número de empresas, tiene una estructura productiva, como el resto del país, mayoritariamente de pymes y micropymes, pero además con una fuerte presencia de la hostelería, industria, construcción y del sector agrario; en todos estos escenarios el teletrabajo suele ser inviable o minoritario, apuntaba Javier Blasco.

A este respecto, el director de The Adecco Group Institute añade que “solo en las grandes compañías, y en los territorios y zonas metropolitanas con mayor presencia de ramas como la tecnológica o las oficinas, es donde encontramos cifras comparables a las de Madrid, por ejemplo”.

A pesar del diferencial con el conjunto nacional, el porcentaje de empleados que teletrabajan en Andalucía ha avanzado 4,7 puntos respecto al informe del ejercicio anterior y se sitúa, con el 13,5% mencionado, en su nivel máximo desde el inicio de la serie histórica del Instituto Nacional de Estadística en 2021, el primer año pospandemia, cuando, en el momento de mayor popularidad de esta tipología y con un contexto todavía marcado por las restricciones en algunas actividades económicas y sociales, se llegó el 12,8% de los ocupados.

También alcanza su techo la media de días de teletrabajo en la región andaluza, que se sitúa en 3,5 a la semana, tras crecer ligeramente en relación con el ejercicio anterior. En esta variable, Andalucía se coloca por encima de la media nacional, con tres días semanales, y escala a la segunda posición del ranking de comunidades autónomas, empatada con Aragón y tan solo superada por Extremadura, con 3,6 días.

La misma encuesta, cuyos datos se recogieron entre el 1 de abril y el 28 de junio de este año, revela que las modalidades en remoto no acaban de calar entre los empleados de Andalucía, ya que un 17,9% de los consultados no ha teletrabajado, aunque su empresa se lo permitiría. No obstante, para los andaluces que sí lo hacen, la valoración de su experiencia laboral es muy positiva, con una nota de 8,6 puntos sobre 10, en consonancia con el promedio español. 

 

Poniendo el foco en el lado empresarial, el porcentaje de compañías andaluzas de diez o más empleados que permite el teletrabajo ha caído drásticamente desde su punto álgido en 2021, en el arranque de la serie estadística. En concreto, se ha desplomado más de 12 puntos, al pasar del 42,09% en aquel ejercicio, hasta la cifra actual, del 29,85%.

Según recoge la Encuesta sobre el uso de TIC y del Comercio Electrónico en las Empresas del primer trimestre de 2024 del INE, pese a la importante caída, la proporción ha avanzado 3,4 puntos en relación con el ejercicio 2023, cuando tocó su suelo, con solo un 26,45% de compañías de la región que concedían a sus empleados la posibilidad de trabajo en remoto.

En su posicionamiento dentro de España, Andalucía tampoco sale bien parada en esta estadística, situándose más de siete puntos por debajo de la media, teniendo en cuenta que el porcentaje de empresas de diez o más empleados que permite el teletrabajo en el conjunto nacional es del 37,5%. En el escalafón de comunidades, la región andaluza ocupa el séptimo puesto, muy alejada de los tres puestos de cabeza: Madrid (52,25%), Cataluña (47,81%) y País Vasco (38,61%).

El director de The Adecco Group Institute cree que la reticencia de las compañías a estas tipologías se debe, entre otros factores, a “la falta de un modelo de evaluación lo suficientemente maduro”. “La solución fácil es acudir al presentismo”, señala Javier Blasco, quien, no obstante, rompe una lanza a favor de las empresas andaluzas, que, según subraya, “han sido pioneras en la reducción de jornada manteniendo el salario, cuando la tecnología así lo posibilita o en la atracción de talento digital con modelos intensivos de trabajo en remoto, con los ejemplos de los parques tecnológicos de Sevilla o Málaga”.
 

De cara a la evolución de los próximos años, vaticina que “va a ser positiva” y que la potencialidad de estas modalidades “irá aumentando tanto en profesiones como en sectores y territorios”, convirtiéndose, además, en un elemento para la atracción y retención del talento. “Es verdad que parece haber una mayor apuesta por la parte trabajadora que por las organizaciones, pero la gran mayoría en ambos colectivos cree que el trabajo en remoto y otros sistemas de organización flexible no tienen vuelta atrás”, concluye.


El teletrabajo sigue siendo una fórmula al alcance de muchos trabajadores hoy en día, pese a que los niveles de expansión de esta modalidad que se alcanzaron durante la pandemia han ido marchitándose progresivamente desde entonces. De acuerdo con la última Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) en los Hogares publicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), el porcentaje de ocupados que teletrabajan se ha incrementado ligeramente en el último año 1,3 puntos porcentuales, concretamente, hasta representar el 15,1% del total de los trabajadores (algo más de cuatro millones, según el último conteo de la EPA). La media de días que estos no acudieron a su centro de trabajo fue de 3, prácticamente los mismos que el año anterior, en una estadística que apenas ha variado en los últimos ejercicios.


El establecimiento del número de días en los que los empleados de una compañía pueden llevar a cabo su actividad sin acudir al centro de trabajo se debe acordar por medio de la negociación colectiva. Sin embargo, pese a la demanda mayoritaria del colectivo de trabajadores de acceso a este tipo de modalidad, muchas empresas tomaron la decisión de que estos retornase a los centros. Aun así, tal y como refleja la encuesta del INE, aquellos que siguen disfrutando de esta posibilidad la valoran muy positivamente: le dan una nota de 8,7 sobre 10.

En cuanto a en qué territorios está más extendida esta fórmula del trabajo a distancia, el estudio evidencia que son aquellas comunidades con un tejido empresarial mayor (tanto en volumen total como en tamaño de las empresas) quienes más la ofrecen. En primer lugar, se sitúa la Comunidad de Madrid (donde teletrabajaron el 26,7% de los ocupados), seguida de Cataluña (21,5%) y Andalucía (13,5%).

Mientras que la variación del porcentaje de ocupados que pudieron teletrabajar durante la semana en la que se elaboró esta encuesta, cuyos últimos resultados se recogieron del 1 de abril al 28 de junio del año 2024, y que tiene periodicidad anual, depende del total de ocupados (una cifra que ha ido creciendo en los últimos años), el volumen de aquellos a quienes su empleo principal no les permite teletrabajar se ha mantenido más o menos estable en los últimos cuatro años. Mientras en 2021 cerca de 65.000 personas reconocían su imposibilidad para llevarlo a cabo, tres años después son 66.500 los que se encuentran en la misma situación.

Los datos de esta encuesta se extraen a partir del uso que realizan los hogares de las herramientas digitales de las que disponen, y para qué las utilizan. Así, el informe detalla que casi ocho de cada 10 personas de 16 a 74 años (el 79,7%) contactó o interactuó con las administraciones o servicios públicos a través de Internet en los 12 últimos meses por motivos particulares. Los más habituales fueron para acceder a la información almacenada (61,5%) y concertar una cita o realizar una reserva (58,8%).

Pero los ordenadores y los teléfonos móviles inteligentes se emplearon también para realizar compras por internet, una de las actividades más realizadas por los hogares españoles. Más de la mitad de la población de la franja de edad mencionada anteriormente (el 55,5%) adquirió algún producto en formato físico, 0,9 puntos más que en 2023. Cuatro de cada diez descargó en los tres últimos meses algún producto o suscripción, 3,2 puntos más que el año anterior. Y el 23,9% contrató en los tres últimos meses algún servicio de alojamiento (2,0 puntos menos que en 2023); por el 22,7% que recurrió a servicios de transporte (2,1 puntos más). Los productos más comprados o descargados fueron ropa, zapatos o accesorios (por el 40,6% de la población); entradas para eventos (el 26,4%) y entregas de restaurantes, de comida rápida y catering (24,9%).

La presencia de herramientas tecnológicas, así como de internet, se ha extendido prácticamente a la totalidad de los hogares españoles. El 99,8% de ellos contaban con algún tipo de teléfono (fijo y/o móvil) y el 53,6% con ambos. Un 0,3% disponía únicamente de fijo y un 45,9% utilizaba exclusivamente el móvil; al tiempo que el 83% poseía algún tipo de ordenador (de sobremesa, portátil, tablet...), 0,4 puntos más que en 2023.

En cuanto al acceso a la red de redes, el 96,8% de los hogares tenía posibilidad de conectarse a Internet por banda ancha fija y/o móvil (frente al 96,4% el año pasado). Por otro lado, el 85,7% accedió con conexión de banda ancha fija (fibra óptica, cable, ADSL...); y el 11,1% a través solo de conexión móvil (3G, 4G o 5G).


El teletrabajo no empezó con la pandemia . De hecho, el término fue acuñado por un físico de la Nasa, Jack Niles, quien lo propuso como mecanismo para reducir el tráfico en Estados Unidos durante la crisis del petróleo de 1973. Pero el modelo nunca se generalizó, sino que se mantuvo como algo anecdótico y residual.

En 2020, sin embargo, la covid-19 obligó a implantarlo a prácticamente todas las empresas de la noche a la mañana, a marchas forzadas. En ese momento, muchos asumieron que sería algo temporal. Otros, que no habría vuelta atrás y que aquello marcaría el principio del fin del trabajo presencial. El tiempo no le ha dado la razón ni a unos ni a otros. Al menos, no del todo.

De acuerdo con la encuesta IV Radiografía del Teletrabajo en España de Infojobs, cuatro años después, el 24% de los empleados en España sigue trabajando en remoto, ya sea de forma total o parcial. Esta cifra representa un ligero aumento en comparación con el año anterior (22%), aunque se halla lejos del pico más alto, que fue registrado en febrero de 2021, con un 31%. A pesar de que algunos decían que iba a haber una marcha atrás, lo que hemos visto es una adecuación del teletrabajo tras la vuelta a la normalidad, con pequeñas subidas y bajadas. Es decir, el modelo se ha asentado hasta cierto punto, pero con fórmulas que combinan la presencialidad y el trabajo en remoto.

 

La situación del teletrabajo en España actualmente es heterogénea, aunque percibimos algunas tendencias que debemos observar a largo plazo para ver si terminan de consolidarse, comenta Miriam Martín, directora de Marketing de la firma de servicios de beneficios para empleados Pluxee. Martín apunta que, tal y como recoge el II Estudio Pluxee de Retos y Tendencias en RRHH 2024, un 58% de las empresas señala haber recuperado un modelo 100% presencial este año, mientras que un 41% mantiene un modelo híbrido, en el que predomina la opción de trabajar dos o tres días de la semana en remoto.

Sin embargo, el reciente anuncio de Amazon de poner fin al teletrabajo en sus oficinas alrededor del planeta causó gran revuelo, y ha generado la preocupación de que la decisión pueda causar un efecto dominó que, de momento, no se ha producido (otras tecnológicas como Google, Meta o Microsoft han reafirmado su apuesta por el modelo híbrido). José Luis Bosch, director del Máster de Recursos Humanos y Gestión del Talento de OBS Business School, opina que la marcha atrás de Amazon puede estar relacionada, en parte, con un liderazgo “autoritario, que ha transmitido ese autoritarismo a su cadena de mando”. Otro ejemplo de esto sería el caso del propietario de Tesla, Elon Musk, quien se ha pronunciado públicamente en contra del trabajo a distancia en numerosas ocasiones durante los últimos años.

No obstante, Bosch puntualiza que otra razón de este retorno a la presencialidad total es que, por sus características, algunas organizaciones requieren de una colaboración más estrecha entre sus empleados, algo que puede verse afectado por el teletrabajo. “La investigación académica ha mostrado que trabajar en remoto es más complicado cuando existe un alto grado de interdependencia entre los miembros del equipo, es decir, cuando hay necesidades de coordinación”, incide Rocío Bonet, profesora de Dirección de Recursos Humanos en IE Business School. “Amazon puede ser el tipo de empresa que se enfrenta a esta problemática”, añade.

En cualquier caso, Bosch reconoce que será difícil volver atrás completamente porque muchos empleados ya ven el trabajo en remoto como un derecho adquirido, sobre todo las nuevas generaciones (millennials y Z). “Ya no les interesará el empleo si no lo ofrecen como opción”, asegura. La encuesta de Infojobs apunta en esta dirección: ante la obligatoriedad de volver a un modelo totalmente presencial, un 39% de la población ocupada buscaría otro empleo donde el teletrabajo fuese una opción. “Es cierto que en los últimos meses hay organizaciones que están analizando su impacto en la productividad. En paralelo, no se pueden pasar por alto las demandas de los profesionales. Del equilibrio de esas dos fuerzas saldrán modelos híbridos con más o menos peso del teletrabajo o del presencialismo”, sostiene Luis Miguel Jiménez, director general de Manpower España.

Más allá de las posturas encontradas y el debate generado a su alrededor, lo cierto es que el teletrabajo ha pasado a ser una herramienta para captar y fidelizar talento. Junto a la flexibilidad horaria “son dos de las medidas principales que permiten mejorar la conciliación personal y profesional de los empleados. Y teniendo en cuenta que esta motivación es la segunda con más peso para el talento, junto con el salario, a la hora de unirse a una compañía, es factible afirmar que su impacto en el bienestar del empleado es notable”, dice la directora de Marketing de Pluxee.

Por esta razón, el modelo se ha convertido en un elemento central del nuevo enfoque que están adoptando muchas organizaciones al invertir en salud y bienestar para mejorar la satisfacción y productividad de su fuerza laboral. “Cada vez son más las empresas que van en esa dirección. Se habla de que, por cada euro invertido en promoción de la salud y el bienestar de los empleados, se tiene un retorno de casi tres euros. Y el teletrabajo forma parte de ese bienestar”, arguye Agustín Sánchez-Toledo Ledesma, director del Instituto de Seguridad y Bienestar Laboral y profesor de la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR).


La abrupta implementación del teletrabajo a partir de 2020 dio lugar a la improvisación, por lo que hay desafíos pendientes por abordar. “Si no se complementa con otros elementos importantes como la educación en cómo hacer teletrabajo correctamente, incluyendo ergonomía, políticas de desconexión digital o formación adecuada a los gestores de personas, este beneficio puede tener efectos negativos, fomentando el aislamiento social o el burnout por la falta de desconexión”, explica Juanvi Martínez, responsable del Área de Consultoría de Capital Humano de Mercer España. 

Otra cuestión importante para Carlos Cortés, profesor e investigador del Instituto de Innovación Social de Esade, es conseguir que la fórmula híbrida se use con un sentido claro y buena planificación para que, por ejemplo, las tareas que requieren la asistencia presencial se resuelvan cuando se está en la oficina, y las que se pueden hacer en remoto, desde casa.

Durante los tres meses y ocho días que duró el confinamiento en España en 2020 como consecuencia de la pandemia, muchos reflexionaron sobre la idea de apostar por una vida aparentemente más sencilla, lejos del ajetreo de la gran ciudad. Ese momento fue propiciado por el importante cambio que sufrieron aquellas empresas que desarrollaban su actividad en un entorno digital y que, tras ver que sus negocios siguieron funcionando con normalidad sin la presencialidad de sus trabajadores, apostaron por ofrecer un sistema de teletrabajo de manera permanente. Con el paso del tiempo y la consolidación de esta forma de trabajar, se ha demostrado que esta medida no solo fomenta la productividad, sino que también mejora considerablemente la conciliación entre la vida familiar y laboral de los trabajadores al promover la flexibilidad horaria y eliminar los tiempos que se pierden en los desplazamientos de casa al trabajo y viceversa.

 


Cuatro años después, y aunque el teletrabajo absoluto no se ha establecido como norma general (todavía quedan muchas compañías que apuestan por sistemas híbridos o presenciales), hay miles de empleados en España que viven con la posibilidad de trabajar desde cualquier parte del país, e incluso desde fuera. Cabe pensar entonces que aquellos que en su día se desplazaron desde sus pequeñas ciudades o entornos rurales hacia las grandes urbes, y cuyo único objetivo era encontrar mejores opciones en el ámbito laboral, hoy hayan regresado a sus puntos de origen con el pretexto de poder trabajar en remoto en aquello que pretendían. En este éxodo urbano también entran aquellos nacidos en las grandes ciudades como Madrid o Barcelona que, ante el exponencial aumento del precio de la vivienda de los últimos años y la consolidación de unos sueldos que resultan precarios, hubieran apostado por reducir gastos y vivir en un entorno más tranquilo y menos asfixiante económicamente. Sin embargo, dejar la ciudad y marcharse a repoblar lo que, últimamente, se ha dado a conocer como la España vaciada es algo que no termina de cuajar.

Durante los primeros años de la pandemia, sí se notaron leves cambios en los flujos migratorios en España. Según los datos reflejados en un estudio publicado en junio de 2022 sobre los patrones de migración interna, los desplazamientos hacia municipios rurales aumentaron ligeramente, sobre todo hacia aquellos situados a una distancia intermedia de los grandes núcleos urbanos; es decir, con buenas comunicaciones respecto a las grandes ciudades. Estos desplazamientos responden principalmente a los de aquellas familias que durante los primeros meses pospandémicos, cuando las restricciones eran más severas y el atractivo urbano se paralizó, se trasladaron de manera temporal a sus segundas residencias. Ahora bien, cuando todo volvió a la normalidad, acabaron regresando a la gran ciudad. Tampoco se prolongó mucho más la estancia de aquellas personas con precedente migrante que se trasladaron de forma provisional a las casas familiares de sus lugares de procedencia; también volvieron.


Según Miguel González-Leonardo, Doctor Cum Laude en Demografía y uno de los autores del estudio, en la migración hay dos tipos de factores que provocan los desplazamientos. “Por un lado, están los que se conocen como factores duros, los relacionados con el empleo y con las posibilidades de desarrollar actividades profesionales que en los entornos rurales no son posibles. Por otro, están los factores blandos, aquellos relacionados con el estilo de vida, en este caso, con la existencia del tipo de actividades que tienen que ver con el ocio que ofrece una ciudad grande, con la diversidad de museos, bares, cines, teatros… que no existe en los núcleos de población más pequeños”.

El profesor e investigador del Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales (CEDUA) de El Colegio de México, añade: “Generalmente, los factores duros influyen más a la hora de tomar decisiones migratorias, pero, en la práctica, los blandos tienen un peso muy importante sobre todo entre los adultos jóvenes con un nivel de estudios superior, que son los que más valoran el ocio y la variedad de oferta en actividades culturales”. Coincide que, mayoritariamente, es este grupo de población el que en la actualidad posee aquellos empleos con posibilidad de trabajar en remoto al 100%. El hecho de trasladarse a los entornos rurales o a las ciudades más pequeñas, que son ahora las que sufren mayores niveles de migración , según un artículo de la Revista científica Ager, supone para estos adultos jóvenes renunciar al abanico de actividades que ofrece vivir en las grandes ciudades.

 


Desde el punto de vista del entorno rural, se ha hablado mucho de las iniciativas de los pequeños ayuntamientos o juntas de gobierno para atraer a nuevos pobladores. También existen plataformas como Vente A Vivir A Un Pueblo que hacen de escaparate a pequeños núcleos de población para visibilizar las ventajas que brindan esos lugares que, cada año, van perdiendo habitantes. No obstante, también hay que considerar que España es un país que, por su propio desarrollo y configuración territorial, ha propiciado esa distribución de población tan poco uniforme que en otros países no se da tan exageradamente. En este sentido, González-Leonardo explica: “En España, el proceso de industrialización que hubo durante el desarrollismo fue muy apresurado y muy masivo, duró apenas 25 años. En ese tiempo hubo un crecimiento enorme de la industria en las grandes ciudades y paralelamente se mecanizó el campo. Por tanto, en un lapso muy corto de tiempo, se hizo innecesaria la excesiva mano de obra agrícola que existía”. Además, apunta que también hay que tener en cuenta que, ya desde la Edad Media, siempre han existido núcleos de población pequeños y dispersos en España por las limitaciones que tenía el cultivo de la tierra. “Evitar los grandes asentamientos en pro de los pueblos pequeños aseguraba el autoabastecimiento”, recuerda.

Siempre han existido pueblos pequeños y poco poblados cuyo atractivo actual para el visitante urbanita es precisamente esa condición de turista o de residente temporal que ofrecen. Vivir en las grandes ciudades conecta con los deseos más frívolos, pero a la vez más humanos; los que tienen que ver no solo con cómo disfrutar del tiempo libre sino, también, con quién. Para muchas de las personas que tienen la posibilidad de trabajar en remoto desde cualquier lugar existe una especie de hilo invisible que las une a las grandes ciudades, por su relación afectiva con otras personas que no gozan de esa condición de teletrabajadores, y que, sin embargo, son con las que desean estar tras apagar el ordenador.

Granada 1 de febrero de 2025.

Pedro Galán Galán.

 

martes, 14 de enero de 2025

ESTADÍSTICAS DE DEFUNCIONES POR CAUSAS DE MUERTE EN ANDALUCÍA EN EL AÑO 2023.

EN EL AÑO 2023 FUERON REGISTRADAS EN ANDALUCÍA 74.696 DEFUNCIONES, UN 5,4% MENOS QUE EN EL AÑO 2022.

Las principales causas de muerte entre personas de 65 y más años fueron las enfermedades del sistema circulatorio (29,0%), los tumores (23,1%) y enfermedades del sistema respiratorio (11,1%).

Para las personas de 15 a 64 años las causas de muerte fueron los tumores (41,2%), las enfermedades del sistema circulatorio (19,1%) y las causas externas de mortalidad (12,7%).

El Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía ha publicado en fecha 17 de diciembre de 2024 los resultados definitivos de las Estadísticas de Defunciones por Causas de Andalucía correspondientes al año 2023.

Durante 2023 ocurrieron 74.696 defunciones de personas residentes en Andalucía, lo que se tradujo en una disminución del 5,4% respecto al año anterior. Atendiendo al sexo, las defunciones de hombres disminuyeron un 4,8% mientras que las defunciones de mujeres lo hicieron en un 6,1%.

Evolución del total de defunciones por sexo.


Continuando con una perspectiva evolutiva, al distribuir el total de defunciones por meses se obtiene el siguiente gráfico de calor donde las celdas con mayor tonalidad representan mayor frecuencia y las de menor tonalidad representan menor frecuencia:

Distribución del número de defunciones en Andalucía según año, mes y estación de ocurrencia.

Por grandes grupos de edad, la mayor parte de las defunciones, el 84,3% del total, correspondió a las personas de 65 y más años, siendo el 15,3% de las defunciones las ocurridas entre personas de 15 a 64 años, y el 0,4% entre los menores de 15 años.

Para el grupo de 65 y más años, dentro de los 20 grandes grupos que establece la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE, 10ª revisión), las enfermedades del sistema circulatorio fueron las causantes del mayor número de defunciones, 18.278, lo que representa un 29,0% del total para ese grupo de edad, siendo la primera causa entre mujeres (31,3%) y la segunda entre hombres (26,6%), y experimentando un descenso del 7,8 con respecto al año 2022. El segundo grupo de causas de fallecimiento lo constituyeron los tumores, 14.567 (23,1%), suponiendo la segunda causa entre las mujeres (17,3%) y la primera entre los hombres (29,2%), así como un aumento del 1,3% respecto al año anterior. El tercer gran grupo de causas lo constituyeron las enfermedades del sistema respiratorio, 6.995 (11,1%), siendo la tercera causa tanto entre los hombres (12,8%) como entre las mujeres (9,5%), suponiendo un aumento del 13,4% respecto a 2022.

Principales causas de defunción según sexo y grupo de edad. Año 2023.


Para el grupo de 15 a 64 años, los tumores fueron los causantes del mayor número de defunciones, 4.711, lo que representa un 41,2% del total, siendo también la primera causa tanto entre las mujeres (53,1%) como entre los hombres (35,2%). El segundo grupo de causas (tanto respecto al total como por sexo) lo constituyeron las enfermedades del sistema circulatorio, 2.184 (19,1%), suponiendo el 21,3% entre los hombres y el 14,7% entre las mujeres. El tercer gran grupo de causas de fallecimiento fueron las causas externas de mortalidad, 1.449 (12,7%), siendo la tercera causa tanto entre los hombres (15,1%) como entre las mujeres (7,9%). Respecto a 2022, hubo una disminución en los tumores del 1,6%, del 3,4% en las enfermedades del sistema circulatorio y del 3,7% en las causas externas de mortalidad.

DEFUNCIONES POR COVID-19

Tras la aparición de la COVID-19, a la tradicional agrupación de las casi 1.700 causas básicas de mortalidad en 102 grupos de causas, se han añadido dos nuevos grupos exclusivos para la COVID-19:

·        Covid-19 Virus identificado: cuando el diagnóstico es constatado por el cuadro médico o por la presencia documental de una prueba con resultado positivo.

·        Covid-19 Virus no identificado (sospechoso): cuando en el certificado médico se muestra un diagnóstico pero con términos “probable” o “posible”, fundamentalmente por la ausencia de una prueba documental positiva.

·        Síndrome inflamatorio multisistémico asociado con COVID-19.

Estos tres grupos se han integrado en el gran grupo ciertas enfermedades infecciosas y parasitarias.

Durante 2023 se registraron 1.100 defunciones por COVID-19 (un 75,5% menos que en el año 2022), con un mayor peso en los hombres (630, el 57,3%). Del total, 1.097 lo fueron con virus identificado, el 99,7% de los casos.

Por grandes grupos de edad, 1.042 correspondieron al grupo de 65 y más años (el 94,7%), 58 al grupo de entre 15 y 65 años (el 5,3%) y ninguno al grupo de menores de 15 años.

Observando la evolución por meses, en el grupo de 15 a 64 años, el mayor número de defunciones por COVID-19 se produjo en enero, mientras que para el grupo de 65 y más años, este mes fue septiembre.

Defunciones por COVID-19 según mes y grupo de edad. Año 2023.

Por último, atendiendo al lugar de ocurrencia de las defunciones por COVID-19, el 85,0% ocurrió en un centro hospitalario y el 7,4% en el domicilio particular.

Distribución de las defunciones por Covid-19 según lugar de ocurrencia. Año 2023.

Defunciones de residentes en Andalucía según las principales causas de muerte durante el año 2022.

El Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía, en colaboración con la Unidad Estadística y Cartográfica de la Consejería de Salud y Consumo, elabora trimestralmente las Estadísticas de Defunciones por Causas de Andalucía (EDCA), que proporcionan resultados provisionales de las defunciones inscritas en Andalucía según estructura por sexo, edad y causa de defunción asignada aplicando los criterios de codificación de la Organización Mundial de la Salud. Esta información se facilita por lugar de residencia. Estas estadísticas ofrecen también información anual.

Aumenta la esperanza de vida y por tanto crece la población de personas mayores. Ante esta situación debemos cuestionarnos lo siguiente: ¿cómo prevenir las enfermedades prevalentes que acortan la vida? ¿existen diferencias entre sexos en las principales causas de muerte? ¿es posible vivir más tiempo con menos enfermedades? ¿existen políticas públicas que atiendan el envejecimiento poblacional y mortalidad de mayores? Tras considerar las causas de más de cuatro millones de defunciones de personas mayores en España, investigadores de la Fundación Matrix y la Universidad de Vigo exponen, entre otras cuestiones, que el cáncer es una enfermedad determinante de una de cada cuatro defunciones de personas mayores y causa la muerte a una edad más temprana. En cambio, los fallecimientos atribuidos a senilidad implican siete u ocho años más de vida en promedio. En las áreas más cálidas la muerte es más prematura por enfermedades cardiovasculares, ateroesclerosis, ictus y otras enfermedades del sistema circulatorio, que causan en conjunto una de cada tres muertes de mayores. La mortalidad por estas enfermedades circulatorias es menor en ambientes urbanos. La Fundación Matrix señala y ayuda a comprender hechos transcendentes para la salud pública que afectan directamente a casi un 20% de la población española, porque la salud de las personas mayores es un derecho social.

La desigualdad territorial en la esperanza de vida y los patrones de variación geográfica de la mortalidad específica de las personas mayores (65 y más años), o del envejecimiento poblacional en España, son algunos de los aspectos estudiados por la Fundación Matrix en el marco del Programa MAYORSIG y del Proyecto DEMOS. También ha evaluado la variación temporal de las tasas específicas de mortalidad de mayores según sexo y edad, y su asociación al envejecimiento poblacional, así como el patrón de crecimiento exponencial de la población de mayores y su heterogeneidad geográfica.

En España, casi una de cada cinco personas tiene 65 años o más (19,3% de la población total). La población de mayores de España crece por el aumento de la esperanza de vida y, como resultado, el conjunto de la población envejece. Es la consecuencia obvia de una progresiva reducción de las tasas de mortalidad de las personas mayores. Los avances médicos, científicos y tecnológicos han conseguido mejorar la protección de la salud y disminuir muchas causas de muerte a esta edad.

No obstante, existen demasiadas enfermedades propias de los mayores, sobre todo a edades avanzadas. Algunos especialistas se preguntan lo que no se cuestiona el sistema sanitario ni gran parte de la investigación médica: ¿y si la vejez en realidad fuese una enfermedad, la enfermedad más común? Esta es la provocadora perspectiva de David Sinclair, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard, en su libro "Alarga tu esperanza de vida " (Grijalbo, 2019). Es uno de los científicos que, sin actitud conformista, aspiran a entender los mecanismos biológicos del proceso de envejecimiento. Este conocimiento no sólo podría alargar la vida sino procurar una mayor calidad de vida de las personas.

Sin duda alguna y sin cuestionar que la muerte es algo inherente a la vida individual e inevitable, hay dos consideraciones clave a este respecto: la necesidad de envejecer con salud y la posible desigualdad territorial en las causas de muerte. El IMSERSO impulsa el envejecimiento activo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) denominó en 2002 envejecimiento activo al proceso de mejora de la calidad de vida a medida que las personas envejecen. Dos políticas clave promueven este fin: prevenir el exceso de discapacidades, enfermedades crónicas y mortalidad prematura, y reducir los factores de riesgo relacionados con las causas de enfermedades importantes, protegiendo la salud durante el curso de la vida. Por una parte, el mejor envejecimiento individual, el más saludable, es aquel que se da en ausencia de enfermedades o con menos enfermedades. Para la OMS el envejecimiento saludable es el fomento y mantenimiento de las capacidades que permite a una persona ser y hacer lo que desea, su bienestar, a edades avanzadas. Las enfermedades restan calidad de vida a las personas mayores, no solo acortan la vida. Es común la presencia de múltiples patologías, de varias enfermedades crónicas en las personas de edad avanzada. Por tanto, un envejecimiento saludable ahorraría la polimedicación inadecuada y sus riesgos, además de considerables costes en fármacos al sistema sanitario.

Por otra parte, las poblaciones humanas suelen ser duraderas, al contrario que los individuos, que desaparecen por una u otra causa de muerte. Un enfoque de mortalidad poblacional, ecológico y territorial, puede ayudar a  a conocer una posible desigualdad territorial y entre sexos. En concreto, a identificar la distribución y consecuencias de las enfermedades que causan más muertes en los hombres y mujeres mayores y a priorizar las acciones para proteger su salud. 

Un objetivo estratégico de las políticas de salud pública debe ser prevenir las enfermedades causantes de más muertes. Identificar las principales enfermedades que acortan la vida de las personas mayores, su variabilidad geográfica y los factores asociados, es de extrema relevancia para la Administración sanitaria. En las personas mayores, ¿las enfermedades del sistema circulatorio causan más muertes que las respiratorias?, ¿el cáncer afecta más a hombres o a mujeres?, ¿la situación geográfica o el clima determinan una muerte senil más prematura o una mayor mortalidad por enfermedades del sistema digestivo? Estas son algunas preguntas que el equipo de la Fundación Matrix aborda y cuyos resultados se muestran a continuación, exponiendo cifras concretas y gráficas que ayudan a comprender este desafío de la mortalidad de las personas mayores con una perspectiva de género. Se examina desde la mortalidad específica nacional de las enfermedades más importantes hasta la heterogeneidad de la edad de defunción y diferencias entre sexos a escala autonómica, identificando los factores subyacentes.

Recientemente, la mortalidad por COVID-19 en España ha desnudado una cruda realidad. Considerando las defunciones oficiales por esta enfermedad, 28.441, España es el cuarto país europeo con más defunciones, detrás de Reino Unido, Italia y Francia.

Pues bien, ser mayor es un factor de riesgo. La edad mediana de los pacientes de COVID-19 fallecidos es 83 años, significativamente superior a la edad mediana de aquellas personas sin final fatal (58 años). El 87% de las defunciones corresponde a personas con más de 70 años, de los cuales el 95% presentaba algún tipo de enfermedad previa, y el 60% padecía una enfermedad cardiovascular.

El Sistema de Monitorización de la Mortalidad diaria en España (MoMo) ha identificado un periodo de exceso de mortalidad por todas las causas del 13 de marzo al 22 de mayo de 2020. Esto significa que existen más defunciones registradas que las estimadas considerando los fallecimientos observados en los últimos 10 años. En concreto, la cifra estimada de defunciones en exceso es 43.938, un 57,2% más, en gran parte atribuible a COVID-19. El 95% de este exceso de mortalidad corresponde a personas mayores (41.928 defunciones estimadas), afectando especialmente a las de mayor edad: el 84% de las defunciones en exceso corresponde a personas de 74 años o más.

Usamos información estadística de defunciones del INE sobre mortalidad de mayores por causa básica de muerte según los criterios de clasificación de enfermedades establecidos por la OMS. Un total de 4.066.556 defunciones del periodo 2007-2018, de las cuales 2.458.158 corresponden a hombres y 2.343.040 a mujeres. Estas defunciones representan el 85% del total de muertes en la población nacional en ese periodo, el 80% de las defunciones de hombres y el 90% de las correspondientes a mujeres. Hemos considerado ocho grandes grupos de enfermedades como causas de muerte más un caso especial, senilidad (Figura 1). Ésta última es una afección imprecisa inherente a las personas de edad avanzada, la muerte senil resulta de decadencia física y sin enfermedad, al menos aparente.

Figura 1. Frecuencia relativa de causas de muerte por las principales enfermedades y senilidad de personas mayores por sexos de tres grupos de edad: (a) 65 y más años; (b) de 65 a 80 años y (c) 80 y más años. Basado en 4.801.198 defunciones del periodo 2007-2018. Fuente de datos INE (2019). 
 

La causa de alrededor del 70% de las defunciones en el periodo estudiado son enfermedades del sistema circulatorio (aterosclerosis, hipertensión, cardíacas, infarto de miocardio, otras enfermedades isquémicas del corazón, insuficiencia cardíaca, ictus, etc.), diferentes tipos de tumores malignos, y enfermedades del sistema respiratorio (gripe, neumonía, enfermedades de las vías respiratorias, asma, insuficiencia respiratoria, etc.). Las enfermedades circulatorias y cáncer constituyen el 56% de las defunciones.

La Figura 1 muestra la distribución de las principales causas de muerte por grupos de edad y sexo. La Figura 1a muestra que los hombres mayores mueren más que las mujeres por cáncer (13 puntos más) y enfermedades respiratorias (cuatro puntos más). Para el resto de causas, las mujeres siempre muestran mayor proporción que los hombres (aunque con diferencias pequeñas), excepto para las enfermedades circulatorias (siete puntos más en ellas que en ellos).

Para el grupo entre 65 y 80 años, la Figura 1b muestra que los hombres mueren más que las mujeres por cáncer (seis puntos más) y enfermedades respiratorias (tres puntos más). Para el resto de causas, las mujeres también muestran siempre mayor proporción que los hombres, aunque con diferencias pequeñas.

La Figura 1c muestra que también los hombres de edad avanzada mueren más que las mujeres de esta edad por cáncer (10 puntos más) y por enfermedades respiratorias (cinco puntos más). Para el resto de causas, las mujeres siempre muestran mayor proporción que los hombres, aunque con diferencias pequeñas, excepto para las enfermedades circulatorias (siete puntos más).

En este contexto, en 2020 la COVID-19 es ya la cuarta causa de muerte de personas mayores en España. Podría rivalizar con la tercera posición ocupada por el conjunto de enfermedades respiratorias (Figura 1a).

Figura 2. Diagrama de cajas de la edad de defunción media por las nueve principales causas de muerte de personas mayores por sexos. La línea vertical en el rectángulo representa la mediana y las líneas horizontales el rango de variación sin datos atípicos. Basado en datos de 4.801.198 defunciones del periodo 2007-2018 por Comunidades Autónomas y ciudades autónomas. Fuente de datos: INE (2019).

¿Qué causas acortan más la vida en las personas mayores? La Figura 2 muestra las diferencias de edad de defunción media de personas mayores para las nueve principales causas de muerte en el periodo estudiado. Este es el orden desde la edad de muerte más prematura a la más tardía: cáncer, enfermedades digestivas, endocrinas (incluimos bajo esta denominación también las nutricionales y metabólicas), circulatorias, respiratorias, hematológicas, nefrológicas, neurológicas y senilidad. En mujeres las enfermedades hematológicas, nefrológicas y neurológicas se desvían de esta tendencia y muestran edades de muerte más tempranas que las respiratorias.

La Figura 2 también muestra una variabilidad geográfica aparece en ambos sexos en la edad para algunas causas de muerte. Es más limitada para cáncer, senilidad y enfermedades del riñón, mientras que para hematológicas y digestivas es más notable. También expresa las diferencias de simetría en la distribución entre causas y sexos. 
 
El cáncer produce la edad de muerte más temprana, 78,2 años en hombres y 80,6 en mujeres. Acorta más la vida de las personas mayores en promedio un 8-9% respecto a la muerte senil. Las enfermedades circulatorias causan una edad de muerte media de 82,1 años en hombres y 86,3 en mujeres, un 2-3% menos que la edad de muerte por senilidad. Las enfermedades respiratorias producen la muerte en promedio a los 83,2 años en hombres y a los 86,7 en mujeres (un 2% menos respecto a la muerte senil).

Las diferencias entre sexos se observan para todas las causas de muerte, si bien varían entre causas. Siempre la edad de fallecimiento es más temprana en hombres que en mujeres. Para las enfermedades circulatorias las mujeres mueren en promedio 4,2 años más tarde que los hombres y se demora 4,3 años más para las digestivas. Para las demás causas la edad de muerte supera a los hombres entre dos y cuatro años, excepto para las enfermedades del sistema nervioso, para las cuales la mayor longevidad femenina solo es de 1,1 años.

 Además de examinar la edad de defunción de las principales causas de muerte de mayores, resulta interesante conocer la posible variabilidad geográfica de la mortalidad de este grupo poblacional. 
 
El mapa del visor muestra esta variabilidad territorial de la población total de mayores para seis enfermedades diferentes. Muestra la existencia de variabilidad geográfica entre las poblaciones de las 50 provincias.
 
Para enfermedades circulatorias, la heterogeneidad aparente es escasa, con tasas entre el 3‰ y el 6‰, pero destaca una concentración de tasas más altas en el noroeste, donde se alcanzan valores máximos superiores al 7‰ en Ourense y Zamora, y al  8‰ en Lugo. Madrid es una singularidad con una tasa menor del 3‰.

Las enfermedades respiratorias presentan un rango estrecho de variación y una aparente uniformidad, con tasas predominantes entre el 0,8‰ y 2‰. Sin embargo, también se observa una tendencia de concentración de tasas altas en el noroeste, donde se alcanzan valores máximos superiores al 2‰ en Ourense y Zamora, y próximos en Lugo (1,8‰), aunque Ávila y Cuenca presentan valores del 1,9‰. Madrid es una singularidad y junto a una mayoría de provincias de la costa mediterránea, entre otras, presenta valores alrededor del 1‰ o inferiores.

Las enfermedades oncológicas muestran en general mayores tasas en la mitad septentrional, superiores al 0,25‰ y en el noroeste se alcanzan valores máximos próximos al 0,4‰ en Lugo, Ourense y Zamora. Madrid de nuevo es una singularidad y junto a cuatro provincias mediterráneas (Baleares, Murcia, Almería y Málaga) y Las Palmas, presentan tasas menores (cercanas al 0,2‰).

Las enfermedades neurológicas también muestran valores máximos superiores al 3‰ en el noroeste, Ourense y Lugo, y entre el 2,3 y el 2,5‰ en Zamora, Asturias y Cantabria, grupo al cual se añade Teruel (2,7‰). Madrid es una singularidad, con una tasa menor cercana al 1‰, que es aún inferior en Las Palmas.

Las enfermedades sanguíneas, a pesar de un rango estrecho de variación, también presentan valores máximos en el noroeste, donde se alcanzan del 0,17‰ en Ourense y Lugo, sin evidencia de un patrón geográfico claro. La tasa de mortalidad por enfermedades renales, con un rango estrecho de variación, no muestra un patrón de variación claro. 

Para explorar la posible relación de la esperanza de vida de personas mayores con variables geoespaciales, es decir atributos geográficos y ambientales con una referencia espacial, se analizaron estadísticamente las posibles diferencias en la edad de defunción media y la tasa de mortalidad de las nueve principales causas de muerte de la población de 65 años y más entre las 17 CCAA y dos ciudades autónomas en el periodo 2007-2018. Mediante una modelización multivariante se analizó su asociación con cuatro variables geoespaciales independientes cuantitativas (promedio espacial de latitud, altitud, temperatura media anual y accesibilidad vial) y una categórica, el grado de ruralidad (con dos clases, rural y urbano). La accesibilidad vial es indicador del grado de aislamiento relativo de una población respecto al resto.

Los modelos de la edad de muerte por enfermedades son razonablemente satisfactorios. Entre dos y cuatro variables geoespaciales aparecen como factores que explican en general más de los 80% de la variación geográfica en la edad de defunción para siete causas de muerte consideradas y más del 55% para otros dos tipos de enfermedades.

La edad de defunción media muestra una variación geográfica idiosincrática dependiente de varias variables geoespaciales, es decir, cada causa de muerte tiene un conjunto de variables, o una influencia de las misma,s propio. La Tabla 1  sintetiza la relevancia geoespacial sobre la edad de defunción para las principales causas de muerte. Destaca la coincidencia para ambos sexos del efecto de las variables, si bien en cáncer, senilidad y enfermedades circulatorias influyen tres variables geoespaciales que son determinantes en uno u otro sexo, aunque en las dos primeras enfermedades comparten la influencia para ambos de una o dos variables.
 

Tabla 1. Factores geoespaciales asociados a la variabilidad de la edad de muerte media por las causas más importantes para personas mayores (65 y más años) por sexos a nivel autonómico en el periodo 2007-2018. Los símbolos verde y rojo indican un aumento o reducción de la edad, respectivamente, por el aumento o presencia de las variables indicadas (la ausencia de símbolos indica que no existe asociación estadística con los factores). Las enfermedades endocrinas incluyen las nutricionales y metabólicas. Fuente de datos: INE (2019).
 
Para enfermedades circulatorias, cáncer y senilidad la edad de defunción media aumenta en las áreas más frías (mayor latitud y altitud en varones, y menor temperatura media en mujeres). Para enfermedades respiratorias y hematológicas también en las áreas de clima más frío. Para enfermedades neurológicas, nefrológicas y endocrinas en las áreas más al norte y con mayor altitud –más frías, aunque la temperatura no aparezca en el modelo–. La accesibilidad vial (menor aislamiento) aparece como un factor asociado a muerte prematura por cáncer, enfermedades respiratorias, senilidad y enfermedades digestivas. La edad de defunción por senilidad y por enfermedades respiratorias para mujeres es mayor en las áreas más urbanas.

En resumen, como pauta general para las nueve causas de defunción de mayores, se vive más (muerte menos prematura) en las áreas más frías (hacia el norte, a mayor altitud o a menor temperatura media anual) y, además, para cáncer, senilidad, enfermedades respiratorias y digestivas en las áreas más aisladas. La asociación entre áreas de clima más frío y muerte más tardía es consistente con la tendencia de aumento de la esperanza de vida de personas mayores en España en estas áreas.

Los modelos explicativos de la variación geográfica de la tasa de mortalidad son razonablemente satisfactorios solo para algunas causas. De una a cuatro variables geoespaciales son factores de riesgo explican en general entre el 60% y 80% de esta variación para cuatro causas consideradas (cáncer, senilidad, digestivas y endocrinas) y alrededor del 50-55% para otros dos tipos de enfermedades (circulatorias y nefrológicas). Las enfermedades respiratorias, neurológicas y hematológicas son independientes de la variación geográfica considerada.


La Tabla 2 sintetiza la influencia geoespacial en la mortalidad por diferentes causas de varones y mujeres mayores. Destaca en general la coincidencia para ambos sexos, si bien para cáncer, senilidad y enfermedades circulatorias y renales, el modelo incluye una o dos variables geoespaciales que no son determinantes en los hombres.

Tabla 2. Factores geoespaciales asociados a la variabilidad de la tasa de mortalidad por las causas más importantes para personas mayores (65 y más años) por sexos a nivel autonómico en el periodo 2007-2018. Los símbolos verde y rojo indican una reducción o aumento de la mortalidad, respectivamente, por el aumento o presencia de las variables indicadas (la ausencia de símbolos indica que no existe asociación estadística con los factores). Las enfermedades endocrinas incluyen las nutricionales y metabólicas. Fuente de datos: INE (2019). 
 
La tasa de mortalidad también muestra una variación geográfica idiosincrática dependiente de varias variables geoespaciales. La mortalidad por cáncer y senilidad disminuye en las áreas de mayor altitud promedio, más cálidas –excepto para varones por cáncer–, y más accesibles. Para enfermedades circulatorias, disminuye en las áreas de mayor altitud para varones y más meridionales para mujeres. Para enfermedades nefrológicas y digestivas en las áreas más frías, y también en las áreas más meridionales para las nefrológicas. Para el grupo de enfermedades endocrinas, nutricionales y metabólicas disminuye en las áreas más septentrionales. La mortalidad por enfermedades circulatorias y digestivas disminuye en las áreas más urbanas, y lo contrario sucede para mujeres por muerte senil.

Cinco causas de muerte de la población de personas mayores, incluyendo cáncer y senilidad, que representan alrededor del 40% de total de defunciones (1,7 millones), comparten una asociación entre menor tasa de mortalidad y mayor edad de defunción y áreas de clima más frío­. En general, para las nueve enfermedades se vive más tiempo (mortalidad menos prematura) en áreas de clima más frío.

Los efectos geoespaciales sobre la tasa de mortalidad y edad de defunción media por enfermedades de la población de mayores son indirectos y complejos, y pueden subyacer a los patrones de variación geográfica norte-sur de incremento de la mortalidad específica y de edad de muerte más prematura de mayores. Los grupos de enfermedades considerados no permiten identificar asociaciones más detalladas ni posibles relaciones causa-efecto, y los modelos subrayan la complejidad y multicausalidad subyacente. Por ejemplo, la tasa de mortalidad de mujeres mayores por cáncer podría presenta un efecto modulador positivo de la temperatura compatible con el de posiciones geográficas de clima más frío (más septentrionales o de mayor altitud). La disminución de la tasa de mortalidad por cáncer y senilidad en ambos sexos por la mayor accesibilidad vial, sugiere que sería un factor indirecto beneficioso por estar asociado a mayor protección de la salud poblacional de pacientes con enfermedades cuyo tratamiento o atención requieran una mayor frecuencia de acceso o uso de servicios socio-sanitarios. Una explicación similar podría subyacer a la menor tasa de mortalidad por enfermedades circulatorias en ambientes urbanos.
 
El envejecimiento poblacional es un reto demográfico de primer orden, no sólo por sus implicaciones de salud, sino por sus consecuencias económicas. Por eso es necesario conocer los impulsores geográficos del envejecimiento poblacional y de la salud de las personas mayores. Prevenir las enfermedades prevalentes en las personas mayores no solo alarga su vida sino que puede mejorar su calidad sustancialmente.

Las Directrices Generales de la Estrategia Nacional frente al Reto Demográfico identifican la atención prioritaria que representan las personas mayores. Se necesita complementar la perspectiva del envejecimiento activo con políticas activas sobre el envejecimiento.

La Secretaría General para el Reto Demográfico del MITERD debería afrontar esta tarea conjuntamente con el Ministerio de Sanidad. Con este fin es imprescindible comprender la desigualdad territorial en la esperanza de vida de la población de mayores y realizar esfuerzos para una prevención estratégica más eficaz de las enfermedades que restan años y calidad de vida a nuestros mayores.

Granada 14 de enero de 2025.

Pedro Galán Galán.

Páginas web consultadas:

https://www.juntadeandalucia.es/institutodeestadisticaycartografia/dega/estadisticas-de-defunciones-por-causas-de-andalucia-edca/nota-divulgativa-datos-definitivos-2023

https://www.juntadeandalucia.es/institutodeestadisticaycartografia/dega/estadisticas-de-defunciones-por-causas-de-andalucia-edca/infografia

https://fundacionmatrix.es/edad-y-factores-geograficos-de-las-principales-causas-de-muerte-de-la-poblacion-de-mayores-en-espana/