Se pretende que sea éste un espacio dedicado a entretener y deleitar (... a través de la fotografía fundamentalmente) ... a dar a conocer (...o traer al recuerdo) ciertos monumentos o espacios situados en el término o cercanías de Lahiguera. ...a llamar la atención por el estado de abandono y deterioro de muchos de ellos, ...y si llegara el caso, a remover la conciencia de todos los que somos "herederos" de tales monumentos y espacios, y que con nuestra aportación ayudásemos a la conservación de los mismos.
DIRECTORIO
DE EMPRESAS Y ESTABLECIMIENTOS CON ACTIVIDAD ECONÓMICA EN ANDALUCÍA A FECHA 1
DE ENERO DE 2025.
·El número
de empresas económicamente activas en Andalucía a fecha 1 de enero de 2025
asciende a 673.918.
·Las
empresas activas de menos de 20 empleados o sin asalariados suponen un 97,5%
del total, siendo el sector Servicios el
que mayor número de empresas activas agrupa, 72,1%.
·En el
sector Servicios trabaja
el 74,4% de los ocupados, mientras que el sector de la Agricultura, ganadería, silvicultura y pesca representa
el 10,6%.
Según los
datos provisionales del Directorio
de empresas con actividad económica en Andalucía, que elabora el
Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía (IECA), publicado en fecha
22 de julio de 2026, el número de empresas económicamente activas que
desarrollaron su actividad económica en Andalucía a fecha 1 de enero de 2025
ascendió a 673.918 empresas, lo que supone un aumento del 4,5% respecto al
Directorio a 1 de enero de 2024 (1).
En términos
generales, predominan las empresas de pequeño tamaño (menos de 20 empleados) o
sin asalariados, que suponen un 97,5% del total de empresas, siendo el
sector Servicios el
que mayor número de empresas agrupa, 72,1%.
Evolución del número de
empresas en Andalucía.
Empresas según sector de actividad económica
El
sector Servicios, incluido
el Comercio, fue el que
aglutinó al mayor número de empresas activas (72,1% del total), el 14,4%
correspondió a la Agricultura,
ganadería, silvicultura y pesca, el 4,4% a la Industria, energía, agua y gestión de
residuos y el 9,1% restante a la Construcción. Dentro del sector Servicios destaca la rama Actividades inmobiliarias, profesionales, auxiliares, artísticas y
otros servicios con el 28,7% del total de empresas.
Distribución de las
empresas según sector económico en Andalucía (porcentaje). 1 de enero de 2025.
En cuanto
al empleo, en el sector Servicios trabaja
el 74,4% de los ocupados, mientras que el sector de la Agricultura, ganadería, silvicultura y pesca representa
el 10,6%, la Industria, energía,
agua y gestión de residuos el 8,5% y la Construcción el 6,5%.
Distribución del empleo por
sector de actividad en Andalucía (porcentaje). 1 de enero de 2025.
Empresas según tamaño
Si se
clasifican las empresas activas según su tamaño, medido en número de
asalariados, el 97,5% de las empresas tenía menos de 20 asalariados. Las
unidades de tamaño medio, entre 20 y 99 asalariados, representaron el 2,1% y
las de mayor tamaño, de 100 o más asalariados, supusieron un 0,4% del total.
Distribución de las
empresas por estrato de empleo en Andalucía (porcentaje). 1 de enero de 2025.
Por el
contrario, la distribución del empleo según el tamaño de las empresas activas
registra los mayores porcentajes en las empresas de mayor tamaño. Así, las
empresas activas de 100 o más asalariados concentran el 40,5% del empleo.
Distribución del empleo de
las empresas por estrato de empleo en Andalucía (porcentaje). 1 de enero de
2025.
Empresas según forma jurídica
La Persona física es la forma
jurídica mayoritaria en las empresas activas, suponiendo un 65,1% del total,
seguida de la Sociedad limitada con
un 28,0%. Así pues, estas dos formas jurídicas representan un 93,1% del total
de empresas activas con actividad en Andalucía.
Empresas por forma jurídica
en Andalucía (número). 1 de enero de 2025.
En cuanto
a los ocupados, destaca la importancia de la Sociedad limitada que concentra el 41,7% de los empleos en
empresas. Le siguieron en importancia la Persona física con un 21,4% y las Otras formas jurídicas con un
20,4%.
Revisión y actualización de datos
Los datos
publicados son provisionales y están sujetos a una revisión como resultado de
la actualización del Directorio
de establecimientos con actividad económica en Andalucía que se
realizará en el cuarto trimestre de este año.
Nota:
(1) Debido a la entrada en vigor del Reglamento EBS
2019/2152 y su Acto de Implementación 2020/1197, la explotación estadística del Directorio de empresas y establecimientos
con actividad económica en Andalucía ha adoptado cambios
metodológicos desde 2023. La nueva definición de empresa económicamente activa,
implementada en 2023, afecta al cómputo del número de empresas activas, por lo
que los datos no son comparables con los de años anteriores.
El número de empresas activas es el número de unidades estadísticas que, en
cualquier momento del período de referencia, eran empresas en el sentido del Reglamento (CEE) núm. 696/93 del Consejo, y además estaban
activas durante el mismo período de referencia.
Se considera que una unidad estadística ha estado activa durante el período de
referencia si, en dicho período, ha obtenido una cifra de negocios neta
positiva, ha tenido una producción efectiva, ha tenido asalariados o ha
realizado inversiones.
El Directorio de empresas y establecimientos
con actividad económica en Andalucía tiene por objeto la elaboración
y mantenimiento de un registro donde figuren los centros de producción de
bienes y servicios existentes en cada momento en la Comunidad Autónoma de
Andalucía. Su actualización anual se realiza con diversas fuentes de
información procedentes de registros administrativos, encuestas y ficheros
sectoriales de distintas actividades.
Se
proporciona información anual (referida al primer día del año) desde el año
1998 y a nivel municipal, del número de empresas, número de establecimientos y
número de trabajadores según tamaño de la empresa, actividad económica, forma
jurídica y territorio:
·Tamaño de
la empresa: los datos se clasifican según los distintos tramos del número de
asalariados de cada empresa y según los distintos tramos del número de
trabajadores de cada empresa.
·Actividad
económica: los datos se ofrecen por sectores de actividad siguiendo la
Clasificación Nacional de Actividades Económicas (CNAE-93 hasta 2009 y CNAE-09
desde 2007), cubriendo todos los sectores salvo: T. Actividades de los hogares como empleadores de personal doméstico;
actividades de los hogares como productores de bienes y servicios para uso
propio y U.
Actividades de organizaciones y organismos extraterritoriales.
Hasta el año 2020 las actividades incluidas son todos los sectores salvo: Sección A. Agricultura, ganadería,
silvicultura y pesca; Sección
O. Administración Pública, defensa y Seguridad Social obligatoria; Sección T. Actividades de los hogares como
empleadores de personal doméstico; actividades de los hogares como productores
de bienes y servicios para uso propio; y Sección U. Actividades de organizaciones y organismos
extraterritoriales.
·Forma
jurídica: los datos se clasifican en los distintos tipos de empresa
diferenciando entre Persona
física, Sociedad Limitada, Sociedad anónima, Sociedad cooperativa y Otras formas jurídicas.
·Territorio:
los datos sobre el número de empresas se ofrecen por provincia y municipio. Los
datos sobre número de trabajadores se ofrecen a nivel provincial y municipal
preservando el secreto estadístico.
A partir
del año 2023, el Directorio de
empresas y establecimientos con actividad económica en Andalucía tiene
en cuenta la entrada en vigor del Reglamento
EBS 2019/2152 y su Acto de Implementación 2020/1197, adoptando la nueva
definición de empresa económicamente activa, que afecta al cómputo del número
de empresas activas, por lo que los datos no son comparables con los de años
anteriores.
Desde
las postrimerías del siglo XV y de manera más intensa desde finales del siglo
XIX, distintas olas emigratorias han marcado el devenir de Andalucía y sus
habitantes a resultas de esos procesos generales que hoy llamamos modernización
y globalización. Los picos migratorios de las décadas de 1880, 1940 y 1960, y
quizás de 2010, señalaron a varias generaciones de andaluces con la experiencia
de la emigración. Independientemente de su destino en América, norte de África,
distintas regiones españolas u otros países europeos, los movimientos
migratorios presentan dinámicas comunes en el tiempo: tanto emigrantes por
razones económicas como exiliados por motivos políticos tienen que afrontar
varias cuestiones básicas: cómo salir y costearse el viaje, con qué parientes o
contactos cuenta en el exterior; cómo ganarse la vida en el país de destino y
cómo relacionarse con su nuevo entorno.
La
emigración es uno de los fenómenos contemporáneos que de manera más radical ha
definido y conformado la realidad andaluza en la segunda mitad del siglo XX.
Aunque la mayor parte de los emigrantes tiene como punto de destino otros
lugares del Estado español, y particularmente Cataluña,
no se debe desdeñar el número de andaluces que emprende la emigración exterior,
fundamentalmente a lo largo de la década de los sesenta
del siglo XX. En estos tres decenios emigran a Europa casi 370.000 andaluces,
estableciéndose una diferencia en cuanto alos puntos de destino según las décadas. Así,
en los sesenta más de la mitad se dirige a Alemania; en los años setenta,
cuando la política migratoria de Alemania se endurece, limitando el número y restringiendo el tipo de permisos,
el destino principal fue Suiza, que concentraba aproximadamente la mitad de las
llegadas, durante los años ochenta, la emigración se limita casi exclusivamente
a Suiza ya Francia.
Después de la Guerra Civil España
presentaba un panorama desolador en términos de muerte, pobreza y represión. El
país quedó destruido para muchos años y los efectos dela
posguerra se hicieron sentir duramente: escasez generalizada y padecimiento de
hambre en grandes sectores de la población, ritmo de crecimiento económico muy
bajo debido a que la producción del país era eminentemente agrícola, autarquía
económica debido al aislamiento y el bloqueo internacionales, insuficiencia de
infraestructuras…, características de una época dura que empujó a muchos
españoles a buscar mejores condiciones de vida en la emigración a Europa. Este
movimiento migratorio empujó más allá de los Pirineos a una masa de población
que oscila entre el millón y medio y los dos millones de españoles que se
asentaron en varios países europeos.
Tras la destrucción ocasionada por la
Segunda Guerra Mundial, Europa comenzó su reconstrucción gracias al Plan
Marshall (1948) y una política de cooperación entre países que abandonaran viejos conflictos. A partir del año 1958, el insuficiente crecimiento
demográfico de varios países de Centroeuropa planteaba un problema de cobertura
de la demanda de fuerza de trabajo que la expansión industrial les reclamaba. Se
produjo así un movimiento de población importantísimo orientado desde los
países de la cuenca mediterránea, en el que la emigración exterior española
tuvo un peso importante, y la andaluza dentro de ella, significó la más
numerosa entre los emigrantes españoles. Valgan como ejemplo las siguientes
cifras, por porcentaje correspondiente al número de emigrantes de cada región,
para comprender la importancia del fenómeno migratorio: Andalucía (28%),
Comunidad Valenciana (22%), Castilla y León (11%), Murcia (9%), Galicia (9%),
Cataluña (5%) y País Vasco (3%). En términos finales la cifra total para 1984
arrojaba un saldo de 900.000 emigrantes españoles en Europa, de los cuales
260.000 eran andaluces. La mayoría de ellos estaban asentados en Suiza, Francia
y Alemania. En este últimopaís, al socaire de su
espectacular desarrollo económico, se asentó un importante número de emigrantes
andaluces.
Según el Instituto Español de Estadística, que resalta la carencia de datos fiables, había, a mediados de los ochenta, 407.000 andaluces en el extranjero.
Esto suponía más del 27% de los españoles emigrados al extranjero, lo que es bien significativo si tenemos en
cuenta que entonces los andaluces constituyen el 17% de la población española.
Sin embargo, y pese a que las migraciones que tienen lugar bajo el modelo fordista
se caracterizan por su regularización, no debe desdeñarse el número de
inmigrantes “sin papeles”, aunque también es cierto que muchos de
ellos pudieron acceder a la regularización más rápidamente y en mejores condiciones que las actuales. Por otra parte,
debemos destacar la discordancia de las cifras entre las distintas fuentes
estadísticas y trabajos consultados.
Detrás del éxodo masivo que entre 1956 y 1973 supone la salida de aproximadamente dos millones de andaluces, se encuentran las transformaciones
que ha sufrido la economía andaluza desde los años sesenta hasta la actualidad. Como
señala Manuel Delgado Cabeza en su publicación (Dependencia y marginación de la economía andaluza , 1981), a comienzos de los años sesenta, Andalucía estuvo sujeta a un importante cambio de orientación económica, fruto de la política desarrollista seguida por el Estado. Si
hasta ese momento había actuado como suministradora de materia prima y financiadora del desarrollo industrial de otras zonas del Estado, a partir de estos años comienza a recibir inyecciones de capital tendentes a desarrollar en su interior un mercado de consumidores, a recibir las industrias más contaminantes y peligrosas ya tecnificar su agricultura.
Este “proceso de modernización” supone, en cuanto que
conlleva la mecanización de los trabajos agrícolas que eran la fuente principal de empleo en el medio rural andaluz, el paro estructural de una gran cantidad de jornaleros que no tienen oportunidad de encontrar trabajo en Andalucía. Además, la mecanización supone el
abaratamiento de los costes de producción, permitiendo la salida almercado de productos más baratos ante los cuales no pueden
competir los que se producen en la pequeña propiedad, provocando la crisis de
las pequeñas explotaciones. En esta coyuntura, la emigración, potenciada por el
propio Estado español, se convierte en la alternativa más viable para los
jornaleros “sobrantes” y los campesinos arruinados.
En los sesenta y hasta mediados de los setenta, los andaluces se integran,
tanto en el interior como en el exterior, en lo que se denominado el mercado de trabajo secundario. Esta emigración, aunque supuso la
despoblación de las zonas más marginales de Andalucía, particularmente de las
zonas montañosas, no tuvo grandes repercusiones en la demografía de las zonas
llanas. Sin embargo, sí que contribuyó, al menos de manera tan eficaz como la represión, a evitar las tensiones sociales que hubieran producido tales
transformaciones. Por otra parte, los depósitos bancarios de los inmigrantes,
decisivos para el equilibrio de la balanza de pagos del Estado español, se
destinaron principalmente aldesarrollo de las regiones y países más industrializados (Cataluña, País Vasco, Madrid)
contribuyendo a la reproducción del subdesarrollo andaluz.
La emigración andaluza es, por lo tanto, una emigración fundamentalmente
económica. Así, la mayoría centró su interés en el trabajo duro y el ahorro extremo, destinado a la compra de una vivienda en su lugar de origen. Ello
determinó un estilo de vida frugal, rozando la subsistencia. El objetivo prioritario,
aparte de la vivienda, era volver con un capital que les permitiese garantizar la estabilidad familiar,
aser posible estableciéndose de forma autónoma mediante la
inversión en un negocio propio. De esta manera, la integración apenas se
contempla como una posibilidad: el lugar de destino es el que ofrece las
condiciones para un trabajo negado en su lugar de origen, y no el de un nuevo proyecto de vida. Pero para poder aceptar estas durísimas condiciones de
existencia minimizando los costes psicológicos, las redes étnicas adquieren una
importancia central: compuestas por familiares y paisanos en primer lugar, se extiende a los que comparten las mismas señas de identidad, entre las que destaca el idioma como elemento central de intercomunicación.
Primero fue Juanito Valderrama
con su “Adiós mi España querida”. Décadas más tarde, entre los restos de la
dictadura, la transición y la democracia, seguían los trovadores, los cronistas
de nuestros sentimientos jóvenes, los nuevos rebeldes con causa, los que recordaban lo
que ocurría en nuestra tierra, “La Andalucía amarga” de Salvador Távora. La entrañable
y tremenda canción de cuna “Nana al niño emigrante”, de Andrés Ruiz que
cantaban Miguel López y Jaime Burgos: “España nos niega/ pan y trabajo. / Qué
castigo emigrar/ para encontrarlo”. Y fue Carlos Cano, con “El Salustiano” y
“La murga de los emigrantes” el que despertó conciencias y el que reivindicó
con garra: “Que vuelvan pronto los emigrantes”.
En los últimos años, la cifra de retorno supera a la de salida. Por otra parte, estos nuevos emigrantes
responden a un perfil laboral y social bien distinto al que conformaba el grueso de la emigración andaluza tanto interior como exterior. Estos datos nos indican
de manera inequívoca que la emigración andaluza como proceso específico y diferenciado ha terminado. Sin embargo, permanecen tanto en
el interior como en el exterior de Andalucía las consecuencias de este proceso:
demográficas, económicas, culturales y políticas. Pese a la dificultad de dar un número exacto de los emigrantes que
permanecen en el extranjero, calculamos que son unos 200.000, distribuidos de
la siguiente forma: 88.000 en Francia, 35.000 en Alemania, 18.000 en Suiza,
13.000 en el Reino Unido, 9.000 en Holanda, 6.000 en Bélgica y el resto en diversos países europeos.
Aunque el retorno a las localidades de origen empieza a producirse en fechas tan tempranas como 1965, el punto álgido
del mismo tiene lugar en el quinquenio de 1975 a 1979, coincidiendo con la crisis económica de 1973 que
determinó el cierre de las fronteras y el declive del modelo migratorio fordista. Entre los motivos
para la vuelta encontramos una importante diferencia entre los que emigraron solos y los que lo hicieron con la familia. En el primer caso, la causa principal aducida es el
deseo de volver a estar con los seres queridos, aunque hay que señalar que a veces la adaptación a la vida familiar fue un proceso lleno de desajustes entre unos
hombres acostumbrados a vivir solos y unas mujeres que habían asumido su papel de cabeza de familia. Hemos de tener en cuenta que la segregación de
géneros en los espacios públicos, muy presente en el medio rural andaluz, queda subrayada con la vuelta del esposo, resultando
para las mujeres la vuelta a una situación de dependencia y minorización de la que se habían librado al hacerse cargo de las funciones tradicionalmente reservadas
para el varón.
Por otra parte, también hay un retorno significativo
de mujeres que vuelven con sus hijos, dejando al marido en el lugar de destino. En este caso, la causa es el
deseo de que sus hijos crezcan en el lugar de origen, por el temor de que una
enculturación en las sociedades de destino acabe convirtiendo la vuelta en una
situación conflictiva entre la primera y la segunda generación. Muy pocos aducen que el retorno tenga
relación con la crisis económica, aunque pensamos que el hecho de que las
desventajas de permanecer en el lugar de destino se hagan ahora tan presentes
está en directa relación con un endurecimiento de las políticas migratorias de
los estados receptores. Sin embargo, no es desdeñable el número de personas que
retorna porque declara cumplidos sus objetivos iniciales de disponer de unos
ahorros que les permitan llevar una vida digna en sus localidades de origen, ni el de los que
retornan para gozar de las prestaciones sociales fruto de su esfuerzo en los lugares de destino.
Para muchos de los que regresaron en edad activa, el
retorno altrabajo supuso su inserción en las redes asistenciales
presentes en el medio rural andaluz para paliar el desempleo existente en el mismo. El paso de una actividad
laboral industrial al desempeño de tareas puntuales, agrícolas o de construcción, que posibilitan el acceso al subsidio de desempleo, no fue fácil para muchos hombres que estaban
acostumbrados tanto altrabajo duro como a la percepción de salarios dignos por los mismos. Por otra
parte, ninguno de ellos sintió como una carga la reinserción al medio cultural y social de origen, entre otros factores, por la inexistencia
de una integración real en el medio social y cultural de las sociedades de destino.
“El nuevo emigrante es muy
diferente del que llenaba los andenes de las estaciones en los años 40 con una
maleta de madera. Los emigrantes de esta crisis son en su mayoría jóvenes de
entre 25 y 35 años, altamente cualificados y sin cargas familiares. Al menos
ese era el retrato robot del comienzo de la crisis. Sin embargo, a medida que
la situación económica se ha ido endureciendo, también ha aumentado el catálogo
de expatriados. Según datos de la agencia cada vez hay mayores de 45 años que
dejan atrás la familia. Y, por otro lado, también se incorporan recién
licenciados que quieren dar sus primeros pasos en el extranjero”, esto lo escribía
Teresa López Pavón en “El Mundo” del 28 de febrero de 2013.
Y no nos olvidemos de los
emigrantes que se desplazan a la vendimia francesa. Una tradición de hace más
de cincuenta años. La última cifra de 2013: 14.700 españoles, de los que 10.600
son andaluces. Sin contar los trabajadores clandestinos. En un mes, un
vendimiador puede ganar 2.500 euros al mes. Esta es, solo en pequeñas dosis, la
cruda realidad de los españoles, de los andaluces, de nuestro tiempo. Habría
que poner en los andenes de los trenes, de los autobuses, de los puertos, un
gran muro de las lamentaciones con los nombres de los compatriotas que se van
hacia otras tierras, para tenerlos presentes, como un gesto de solidaridad y
esperanza hasta que puedan volver, si Hacienda no les limpia los bolsillos.
Los países del Europa no eran el
paraíso, Suiza, aunque lo pareciera no lo era, como no lo eran Francia,
Alemania, Bélgica, Holanda… Había que estar dentro para comprobarlo.
En cuanto a la organización de la
producción, el emigrante será siempre el peón de adaptación a cualquier sección según
la exigencia de la misma. Dado que a él no le quedará otra alternativa que
aceptar o regresar a su país; y esto último no es siempre posible. Es por lo
que son empleados en aquellos trabajos más duros, sucios, pesados y peligrosos,
y otras veces son destinados a los turnos de noche o tarde. Al paso del tiempo
estas tareas van quedando para los novatos, es decir, los recién llegados, que
por miedo a perder el empleo están dispuestos a hacer lo que sea sin protestar
durante el primer año.
Homenaje a los emigrantes granadinos en Avenida de los Andaluces en Granada junto a la Estación de RENFE.
Aquella España del franquismo no
dejaba de fletar trenes de emigrantes. Unos regresaban mientras otros se
afanaban en pasar las fronteras para encontrar mejores condiciones de vida. Los
campos se fueron quedando vacíos. Las máquinas cosechadoras habían expulsado a
los jornaleros del campo. El régimen recibía importantes divisas de sus
emigrantes. A Andalucía se la obligada a seguir el camino de la Europa rica, al
tiempo que tenía que resignarse con el incipiente turismo de sol y playa,
mientras que a las regiones más ricas: País Vasco, Cataluña, Madrid y Valencia—
se las premiaba con la implantación de industrias. Y para estas industrias se
necesitaba la mano de obra que, en su mayoría, procedía del sur. De tal manera
que otras regiones de España y Europa seguían recibiendo contingentes de
andaluces, como señala la profesora Enma Martín Díaz: “En estos tres decenios
emigran a Europa casi 370.000 andaluces, estableciéndose una diferencia en
cuanto a los puntos de destino según las décadas. Así, en los sesenta más de la
mitad se dirige a Alemania; en los años setenta, cuando la política migratoria
de Alemania se endurece, limitando el número y restringiendo el tipo de
permisos, el destino principal fue Suiza, que concentraba aproximadamente la
mitad de las llegadas. Durante los años ochenta, la emigración se limita casi
exclusivamente a Suiza y a Francia”.
Los organismos públicos se
centraban, casi en exclusiva, en aspectos relacionados con el viaje, el
contrato de trabajo del país, etc. Una vez asentados en los países receptores
los emigrantes andaluces sufrieron la dificultad de integración en sociedad
nuevas, a pesar de los años transcurridos desde su llegada. El emigrante pudo
aprender el idioma del país receptor y adaptarse a su cultura, pese a lo cual
la integración no llegó en muchos casos a ser total a pesar de los esfuerzos
por asimilarse. La otra alternativa fue la posibilidad futura del retorno. La
tierra de origen siempre estaba presente en las intenciones de los emigrantes
andaluces que deseaban regresar.
La larga permanencia de muchos
emigrantes fue desarraigando a los jóvenes de la segunda generación y, para
evitarlo, hubo una vuelta a las raíces culturales. Comienzan así a formarse
grupos folclóricos regionales encaminados a preservar la cultura de origen.
Cerca de un millón de andaluces emigraron a Cataluña
en los años sesenta: ¿Cuándo comenzó este proceso migratorio? ¿Cómo fue su
llegada? ¿Hubo desarraigo? ¿Fueron bien acogidos?
A comienzos de los años setenta, en Cataluña vivían
840.000 personas nacidas en Andalucía. Si a esta cifra añadimos los hijos
nacidos ya en Cataluña, el total supera ampliamente el millón cien mil
personas. Es decir: cerca de la mitad del total de andaluces que salieron de su
tierra en pos de un futuro mejor, algo más de dos millones de personas se
instalaron en Cataluña. La magnitud de este fenómeno en los años sesenta y
setenta del pasado siglo fue tal que hubo quien dio en bautizar a Cataluña como
“la novena provincia andaluza”,
llegando a representar los andaluces el 15% de la población de la provincia de
Barcelona o casi el 12% de Gerona.
Y es que todos, o casi todos los andaluces, tenemos un
familiar o amigo que vive o ha vivido en Cataluña. Pero a pesar de ello es poco
lo que conocemos de este episodio tan reciente de nuestra historia. ¿Cuándo y
cuántos se marcharon? ¿Por qué se fueron? ¿Cómo fue su llegada? ¿Consiguieron
rápidamente un trabajo y una vivienda dignos? ¿Cómo fueron recibidos por las
autoridades franquistas y por sus vecinos? ¿Se integraron rápidamente en la
ciudad o fue la convivencia muy compleja? ¿Por qué la mayoría no regresó?
La salida hacia las nuevas
tierras de promisión ocasionó entre los miembros de una misma familia una
separación física que en muchos casos fue definitiva, aunque ello no supuso el
olvido mutuo o la ruptura de vínculos, gracias a una relación epistolar que,
aunque poco fluida o dificultosa las más de las veces, ayudó a los emigrantes a
mantener viva la llama de los orígenes y, desde sus nuevos emplazamientos,
conservar el recuerdo de los parientes y sus amigos.
EL SEVILLANO ESE TREN DE EMIGRANTES DE CORNELLÁ
https://www.youtube.com/watch?v=7QxYNS5QnAE
Los almerienses fueron los primeros andaluces en
emigrar. La crisis de la minería y el retroceso en el sector de la uva de mesa
llevó a que, ya en la temprana fecha de 1920, más de 40.000 almerienses se
hubiesen visto obligados a emigrar, preferentemente con destino a Cataluña.
Fueron los pioneros, pero no los únicos. Corrían los años cuarenta y Andalucía
estaba sumida en la pesadilla de la posguerra. La pobreza y el hambre, pero
también la represión política, motivaron una lenta pero constante llegada de
emigrantes procedentes de toda Andalucía a Cataluña. Ni siquiera la política
sistemática de expulsión de emigrantes llevada a cabo por las autoridades
franquistas en los años cincuenta. Entre los años 1950 y 1955, Barcelona
deportó a más de 15.000 emigrantes, muchos de ellos andaluces, y consiguió
detener este flujo. La corriente migratoria se disparó hasta cotas nunca
vividas a comienzos de los años sesenta.
El sevillano ese tren 2ª parte movie
https://www.youtube.com/watch?v=LsRo_LyYfPs
En la época contemporánea la región ha sufrido
diversos procesos migratorios: los acaecidos desde finales del siglo XIX y
comienzos del siglo XX, cuando las crisis agrarias favorecen la emigración con
destino a ultramar (Cádiz, Huelva) o, especialmente numerosa, la emigración a
Argelia desde Almería y, en menor medida Granada y Málaga. Sin embargo, nada
puede ser comparable a la masiva emigración que, a partir de los años cincuenta
y hasta mitad de los setenta del siglo XX, afectó al conjunto de la región. Un
verdadero éxodo de andaluces hacia otras regiones españolas y países europeos
(Francia, Alemania, Suiza), unos dos millones de salidas concentradas en unos
pocos años. A diferencias de anteriores procesos migratorios, ahora
paradójicamente coincide con la etapa del llamado desarrollismo franquista, la
modernización y mecanización de la agricultura y la decadencia de las economías
rurales artesanales, lo que multiplica el paro y fuerza la expulsión de la
población hacia los centros económicos e industriales (Cataluña de manera
preferente, con un millón de emigrantes, Madrid o Valencia).
Emigrantes granadinos se despiden de la familia en la Estación de RENFE de Granada.
La intensidad y rapidez del movimiento migratorio tuvo
(y todavía puede percibirse) una repercusión importante sobre la estructura de
la población y sobre el sistema de poblamiento regional: despoblamiento y
envejecimiento especialmente del mundo rural, que pierde justamente su
potencial de población joven y económicamente activa. Sólo unas pocas ciudades
de la región siguen creciendo en cuanto que acogen, si bien en condiciones muy
precarias de vivienda y calidad de vida, una parte de la población expulsada desde
las áreas rurales y las ciudades medias.
El signo de la emigración es una constante común a
todas las provincias durante el siglo XX. Sin embargo, cabe señalar algunas
diferencias en cuanto a ritmos e intensidad de los procesos. Provincias como
Almería, Jaén, Granada y Huelva presentan saldos negativos durante todo el siglo
XX. En todas las provincias el momento de mayor intensidad migratoria son las
décadas de 1950 a 1970 (excepto Almería y Cádiz principales protagonistas de la
emigración a Ultramar y el norte de África de principios de siglo). A finales
del siglo XX, las mayores intensidades del proceso emigratorio se dan en
Almería, Granada y, sobre todo, Jaén donde, hacia 1991, casi el 40% de la
población reside fuera de Andalucía.
Saldos migratorios en Andalucía 1911-1990Intensidad emigratoria 1991.
Fuente: Recaño Valverde, J.: La emigración andaluza en
España. Boletín Económico de Andalucía, nº 24. Consejería de Economía,
Innovación, Ciencia y Empleo. Junta de Andalucía. 1998.
Postal de
principios del XX con un vapor de la compañía Trasatlántica Española, que
mantenía un tráfico regular con América y otros continentes, en el puerto de
Cádiz y anuncio de vapores con escala en Almería rumbo a Brasil y Argentina, en
un número del periódico almeriense El Radical de 1910. Cádiz, Málaga y Almería
fueron los principales puertos de embarque de emigrantes con destino a
ultramar, especialmente numerosos en el primer tercio del pasado siglo.
En el conjunto de la emigración española hacia América a finales del siglo XIX y
primeras décadas del XX, las provincias de Málaga, Granada y Almería (Andalucía
oriental) tuvieron un marcado protagonismo. Los flujos migratorios de esta región
registrados desde los años 1880 se vieron propiciados por el fomento de la inmigración
europea para cubrir las necesidades de mano de obra en países como Brasil en las haciendas
cafetaleras, y Argentina en el cultivo de cereales, industrias e infraestructura de transportes. En
estos movimientos poblacionales incidieron también factores de orden local, tales como las
crisis agrícolas (cereal y caña de azúcar), la plaga de la filoxera (que afectó a los viñedos) y la
estructura de la propiedad rural (dificultades de los minifundios) en Andalucía, a lo que se
sumó, en los comienzos del siglo XX, la guerra de África. En lo que incumbe a Argentina, los
inmigrantes andaluces, en muchas ocasiones procedentes de Brasil, se radicaron en las
provincias de Buenos Aires y Rosario (en la zona litoral, para la construcción ferroviaria y portuaria y la agricultura), Tucumán (al noroeste del país, y con una importante actividad
azucarera) y en las regiones vitivinícolas de San Juan y Mendoza (región de Cuyo).
Estatua del emigrante en el pueblo de Tocón, en la
provincia de Granada, y emigrantes en la estación de Jaén hacia la década de
1970. La emigración andaluza, a Madrid, País Vasco, Cataluña y otros países de
Europa, alcanzó sus cifras más elevadas entre 1950 y 1980 y tuvo particular
incidencia en las áreas rurales del interior y las provincias de Jaén, de la
que salieron casi 180.000 emigrantes sólo en la década de 1960, y Almería, con
un persistente ritmo migratorio desde las décadas iniciales del siglo.
Cózar Valero, M. A.: La
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