PROLOGO

Se pretende que sea éste un espacio dedicado a entretener y deleitar (... a través de la fotografía fundamentalmente) ... a dar a conocer (...o traer al recuerdo) ciertos monumentos o espacios situados en el término o cercanías de Lahiguera. ...a llamar la atención por el estado de abandono y deterioro de muchos de ellos, ...y si llegara el caso, a remover la conciencia de todos los que somos "herederos" de tales monumentos y espacios, y que con nuestra aportación ayudásemos a la conservación de los mismos.

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domingo, 28 de julio de 2013

BUSCANDO ATALAYAS - III

Buscando atalayas (parte III):

Intentando seguir los pasos que nuestro personaje, escritor del Memorial Histórico Español, pudo desarrollar en los años pasados, me acerco en esta ocasión hasta la llamada “Ruta de Los Torreones”. Casi toda ella discurre por tierras del término de Torredelcampo: Me estoy refiriendo al Castillo del Berrueco, La Torre Olvidada, La Muña, El Castil o Casa Fuerte. Son todos éstos unos lugares entrañables y evocadores del recuerdo de tiempos pasados, pero a la misma vez causan tristeza por tener que ofrecerse en el estado en que se encuentran.

Si recordamos el artículo del “Castillo Moro”, en él mencionaba la relativa cercanía con la Fortaleza o Castillo del Berrueco. Una vez tomamos ruta en esta encrucijada de caminos, nos encontramos con una serie de construcciones, casi todas ellas levantadas entorno al S.XIII.

Jaén fue conquistada por Abdelazib, en el 713. Los almorávides la incorporarían a su imperio en 1.091 y los almohades la ganarían en 1.148. Los árabes la llamaron Yayyan: era una zona abundante en agua, procedente de sus ríos y manantiales. Engendraba una gran cantidad de cultivos, y era famosa por su manufactura en textil y utensilios domésticos de madera, que se exportaban a Al-Andalus y el Magreb. Al-Sagundi la describía con estas palabras: “Yayyan es la ciudad del Al-Andalus con la que ninguna otra ciudad puede ser comparada en abundancia de cereal, número de valientes soldados y fortaleza y solidez de sus murallas”.
Jaén proviene de lo que los árabes llamaban Kiurin, Gien o Geen: “Camino de caravanas”. Esto se debía a su extraordinaria situación geográfica: paso obligado entre Córdoba y Toledo, y entre Córdoba y Tudmir.
(Datos recogidos de http://www.yayyan.com).


Situación de los distintos lugares mencionados en este artículo (imagen de Google maps):

Dado su potencial en agua hizo que se desarrollaran huertos y vegas para los que se construyeron numerosas albercas. Todo esto nos viene a dar a entender por qué pudieron tener lugar estas construcciones a veces tan cercanas físicamente: La distancia entre La Muña y El Castil a penas puede sobrepasar los dos kilómetros. Hay que tener presente que a los pies de ambas pasa un arroyo salado, además de las fuentes naturales próximas a estos lugares.
Torre de La Muña al fondo.


El Castillo Rural, que así se denominarían estas construcciones, tiene su descendencia en la “villa romana fortificada”, de tiempos de Bajo Imperio Romano, adaptándose a la “alquería murada musulmana”.  Este tipo de construcciones fueron muy típicas en nuestra provincia (Reino de Jaén) después de la conquista y repartimiento de las tierras a los musulmanes, que llevaron a cabo los reinos de Castilla y Aragón. Los nuevos propietarios cristianos fortificarían sus haciendas situadas en las zonas fronterizas.

La mencionada Torre de La Muña, se encuentra situada en una pequeña meseta sobre un altozano de la zona.  Es una robusta torre de superficie cuadrangular, con dos plantas y bóvedas apuntadas. En los alrededores existen restos de murallas de fortificación, bastante atenuadas por la existencia de construcciones más recientes.

La Muña avistada desde lo más alto de la Torre del Castil.


Estas dos últimas fotografías corresponden también a La Muña, realizadas desde el enclave donde se encuentra.

Otro de estos Castillos Rurales es El Castil. Se encuentra un poco más al Sur del mencionado anteriormente, como a unos 2 y pocos kms.

Letrero informativo que nos encontramos al acceder al camino que nos lleva a este conjunto de construcciones: unas más antiguas situadas sobre el antiguo castillo y otras más actuales, que sirvieron de cortijos en época más reciente.


La serie de casas-cortijo es espectacular por el número que las componen, pero no menos por su edificación en sí: muestran la cantidad de personas que se asentaron aquí para poder llevar adelante sus vidas. Llama enormemente la atención la reconstrucción llevada a cabo sobre el antiguo torreón árabe. Se aprecia no sólo los vestigios del mismo, sino también los restos de las antiguas murallas y resto de castillo de tiempos anteriores. Hoy, por desgracia, están en estado bastante crítico.

En esta otra fotografía podemos ver la superposición de lo edificado con posterioridad.  Los que aprovecharon esta torre inicial culminaron con un tejado a dos aguas, el cual se puede apreciar con detalle.

Se levanta majestuosa sobre la superficie que pisamos; pero si grande se aprecia desde aquí, más aún lo es cuando estamos paseando su interior: sus muros, sus escaleras y recovecos se hacen interminables.

He aquí algunas de las vistas que podemos obtener desde el interior de esta torre:


Vistas desde sus balcones o ventanas.

Estas son las escaleras que nos llevan hasta lo más alto de la Torre (vistas desde arriba).


En esta otra fotografía apreciamos el final del muro y fortificación.

Un poco “al margen” de esta torre nos encontramos con la edificación aledaña cuyas dependencias nos transportan a tiempos remotos: tan sólo el hecho de entrar por estas estancias nos dan una sensación de estar en otra época.


Acceso principal: vemos el banco (realmente son bancos, puesto que hay otro con anterioridad a éste) que se sitúa a la derecha, al fondo el acceso que comunicaba con el resto del patio amurallado, y a la izquierda, el paso a las cuadras, aprovisionadas de abundantes pesebres y cantareras.
Acceso a la cuadra: se trata de una pequeña estancia que hace de comunicación, y donde encontramos varios soportes para los cántaros de agua.

Cuadra con pesebres.

Aunque actualmente a muchos de nosotros se nos ha olvidado ya el uso de “las bestias”, tan sólo hace unos pocos años atrás, estos animales eran la “mano derecha” del hombre. En cada cortijo y/o casa existía un lugar destinado a estos animales que toda la vida han supuesto para el ser humano una gran ayuda en las labores agrícolas.
Hoy en día nos parecería repugnante tener a nuestro lado estos animales, pero sin embargo este hecho era habitual hace “unos días”. Es más…a veces, los dormitorios familiares se situaban sobre la cuadra, separados por un techo-suelo de madera, para aprovechar el calor que estos animales desprendían, y así tener una preciada calefacción en los malos días de invierno.
Ocurría también frecuentemente, que el animal pasaba por parte de la vivienda para acceder hasta las cuadras. Precisamente, durante la visita a esta serie de Torreones o Castillos, pude comprobar cómo otro pequeñísimo cortijo que se encuentra por la zona estaba compuesto por una “diminuta” cocina con su chimenea, un pequeño dormitorio a la parte derecha de la entrada, y pasando por esta cocina, al fondo, se situaba la cuadra y el pajar. Puedo asegurar que le correspondía tanta vivienda al mulo como la familia que habitaba la casa. Bueno, …realmente todos ellos la habitaban.

Dado lo dicho, el pajar, era otra parte indispensable de la casa: ahí se almacenaba el alimento para ese animal de ayuda. En muchas de las ocasiones, este almacén se situaba en la parta alta de la casa, en una segunda planta (de esta manera se evitaba la humedad). La paja se solía subir desde el exterior a través de una pequeña cavidad que se le llamaba piquera. Este material que estamos tratando no sólo se empleaba para alimentar al animal, sino que también servía para el acondicionamiento del establo. Tanto los sobrantes del alimento consumido por “las bestias”…como lo empleado para el acondicionamiento, proporcionaban el abono que más tarde se utilizaría en las siembras: Sin duda, …esto sí que era natural.

Al día de hoy, estos animales de ayuda casi han desaparecido, y con ellos los establos y los pajares. Ahora podemos ver naves con alpacas apiladas, y los animales que antes fueron el apoyo diario del ser humano, hoy han pasado a un ámbito más bien lúdico.

Paso a exponer otras fotografías que muestran otros apartados de este feneciente edificio con siglos de antigüedad:

Este es el espacio que nos encontramos tras pasar el zaguán (palabra de origen árabe). Desde aquí se repartía el paso a las distintas zonas de la casa-fortaleza: establo, patio y pajar, bodega, segunda planta, etc. …Que ahora veremos un poco más detallados.
Podemos observar también la existencia de un banco realizado con piedras de mampostería, aprovechando una elevación rocosa que se encuentra bajo el mismo. En muchas de las ocasiones, este banco, era también la cama del mulero.
Este era el acceso a la bodega …provista de sus alacenas. A su derecha se observa “la gatera”: oquedad por la que se daba paso a los felinos (gatos) que convivían en la casa, y que eran unos fieles ahuyenta-roedores.

Salón o estancia provista de una gran chimenea: los bancos se adentran hasta debajo de la misma, para aprovechar el máximo de calor mientras existiera la lumbre. El deterioro es evidente.


Estos soportes de cántaros también se encuentran en esta habitación. En este caso podemos observar como existieron dos niveles de cantareras: la de arriba ha desaparecido en parte.
En la visita al Castil, me resultó enormemente llamativo ver tantísima cantidad de cantareras: por toda la casa-fortaleza se repartían este tipo de soportes.
…Volviendo a tiempos pasados, cabe meditar que no existía la red de agua potable de la que hoy disponemos. A veces no echamos cuentas de la importancia que tiene este elemento tan indispensable para la vida, pero en aquellos tiempos en los que no se disponía nada más que de esos cántaros, que había que llenarlos en el arroyo o manantial más cercano, era indispensable tener un buen almacén del líquido esencial. Por otro lado, esto da testimonio de la cantidad de personas que tuvieron que alojarse en este lugar.

Se podrían mostrar muchas más fotografías del interior de esta fortaleza, pero con éstas queda patente lo que este lugar pudo ser en sus días. Así que me despido con esta otra realizada desde el acceso a la bodega, desde donde podemos ver de nuevo la entrada al establo (al frente), al patio (a la derecha), … y el zaguán (a la izquierda).


Creedme…que estando en este lugar…casi aún se pueden escuchar los pasos de las personas, …sus comentarios, …el chasquido de los muleros a sus mulos, el taconeo de las herraduras, …y esas tertulias que tan frecuentes eran tras el día del cansante trabajo en el campo.

No nos viene mal echar una vista al pasado para poder comprender nuestro presente.

Este es el final del recinto amurallado…que pareciera que ese palo lo estuviera aguantando para nosotros ante el paso del tiempo.

Como menos…espero que esto sea (aunque no lo quisiera en verdad) …con el tiempo…un legado para los que no pudieran presenciarlo.

En otro próximo artículo continuaré con La Torre Olvidada y El Berrueco.

Juan José Mercado Gavilán.
Lahiguera a 28 de julio del 2013.


domingo, 24 de marzo de 2013

BUSCANDO ATALAYAS - II

Buscando atalayas (parte II):

Siguiendo a la ya presentada primera parte, entramos en esta segunda, en la que trataré aquel torreón que ya mencionaba al principio de este “tratado” y que no llegué a mostrar por no alargar el artículo.

Recuerdo lo ya dicho: Se encuentra entre la cortijada de El Peñón y El Castillo de El Berrueco. Está cercano al Cerro de Valtodano, y por tanto a la cortijada de Miguel López (Mingo López).


 Puesto que no disponía de más información de esta atalaya, que la ya expuesta, he preguntado a una persona que “se vio crecer” por esos términos (Diego Angulo, “EL Salinero”), y los datos que me ha dado son los siguientes: El paraje es denominado “Haza Las Liebres”, y el cerro “Las Torrecillas”; al parecer siempre le llamaron “El Castillo Moro”. Mis agradecimientos a Diego por esta información.

Pongo unas imágenes que nos muestran el ámbito de comunicación de los distintos enclaves:






Con estos esquemas nos hacemos una idea de cómo se comunicaban desde las distintas torres vigía. Además, desde La Torre de Mª Martín, tenían comunicación con La Ventosilla y Fuentetétar (en algunos mapas, Fuentetéjar), donde se encuentran otras ruinas de castillo, similar al del Berrueco, engullidas por la construcción de un cortijo de época más reciente (aunque antigua). Esto será abordado en otra parte de este “tratado” D.M.

Tras la “ruta turística” realizada el sábado de ayer, nos disponemos hoy a visitar este referido torreón o atalaya, que en lo sucesivo lo denominaré tal y conforme siempre lo llamaron los que por aquellas tierras anduvieron y Diego nos refería: “El Castillo Moro”. El acceso lo hemos realizado desde la vía/carretera que nos lleva de Arjona, o Escañuela, hasta El Berrueco (JV-2338). Dada la circunstancia de que los caminos antiguos los hemos ido dejando perder, casi no nos queda otro remedio que acceder por aquí. Supongo se podría llegar también desde el camino, que desde la ctra. De Lahiguera a Jaén, antes de volcar hacia la Cañada de Zafra, nos sale a la derecha. El problema, insisto, es que los accesos están prácticamente perdidos, y si los hubiera, están poco transitables para un vehículo “corriente”. Si la visita se quisiera hacer “a pie” no habría ningún problema en hacerlo por este último acceso mencionado, teniendo una leve idea de hasta dónde tenemos que llegar: hace falta un poco de orientación.


Otro acceso sería desde la cortijada de El Peñón, llegando desde éste hasta el Cerro de Valtodano,  y desde aquí cruzar el arroyo hasta el cortijo de Miguel López. Antaño existió una pasada entre los mencionados, hoy …hay que buscar un paso improvisado entre los cañizos. Esto no sería posible si tal arroyo llevara agua.  En alguna ocasión hemos realizado este itinerario en Bici de montaña, pero en tiempo “de sequía”.


Cortijo de Miguel López y el Cerro de Valtodano al fondo. Se puede apreciar el camino que pasa a sus pies y que procede de las cercanías del cortijo El Peñón.

Voy a indicar, en este caso, el itinerario que hicimos en esta excursión. Por tanto trataré de dejar claro las desviaciones que debemos tomar desde la JV-2338: Justamente tras cruzar el puente del arroyo Salado (el mismo que posteriormente pasará entre Arjona y Lahiguera), giramos a la izquierda en el segundo camino que nos encontramos. El primero es el que nos llevaría hasta “Miguel López”, pero nos lo encontraremos cortado por una barrera. El siguiente a éste (el que debemos coger), es el llamado “Camino del Cerro Piedra Anguita” (supongo que este camino nos llevaría antaño hasta el cerro llamado Cerro Pedernales, pasando por Cortijo Largo (o Cortijo Losa, según Diego Angulo): puedo constatar que el pedernal o sílex es abundante por la zona, y posiblemente por eso tal cerro adquiriera ese nombre). 

El Cortijo Largo o Cortijo Losa (aunque se trata de un conjunto de varios cortijos)  actualmente tiene varios dueños, entre los que podemos nombrar: Juan Parras (Torredelcampo), Juan José de La Torre Colmenero (Jaén) y Diego Angulo Cordero (Fuerte del Rey – Lahiguera). Anteriormente fue propiedad de los mismos dueños del Cortijo El Peñón: Diego Colombo Tirado, de Torredonjimeno. Éste también era el propietario del Cortijo El Pintao. Casi todas las tierras de este paraje eran dedicadas al cultivo del cereal, excepto 120 cuerdas de Los Parreños dedicadas al cultivo del olivar. Posteriormente pasó a ser arrendado por Los Peñoneros, los mismos que también arrendaran el Cortijo del El Peñón. Dada la larga estancia de esta familia en el último cortijo mencionado adquirieron el apodo con el que hoy los conocemos en Lahiguera.



Cortijo Largo (o Cortijo Losa) avistado desde el Cerro de las Torrecillas.

Desde la JV2338 podemos divisar un pequeño cortijo que se encuentra a la vera de tal camino. Desconocía su nombre, pero Diego me ha confirmado que es llamado "El Cortijo de Piedra Anguita”. Desde éste, suele haber un carril descendiente que nos lleva hasta pasada la barrera del camino de “Miguel López”. Esta opción, por si se quiere llegar en vehículo. Nosotros (Juana y yo), optamos por llegar hasta lo más alto del cerro llamado Piedra Anguita, donde se encuentran las balsas de agua que toman el mismo nombre del cortijo al que pertenecen (Miguel López), y desde aquí, y “a pie”, disfrutando de un maravilloso paseo, nos dirigiremos hasta “El Castillo Moro” que nos espera.


Balsa de Miguel López. Ya se divisa al fondo el Cerro de las Torrecillas.


Otra vista del cortijo desde las balsas.



Vistas del Cerro de la Torrecillas, desde las balsas de agua.


Bajamos por la cara Este de las balsas situadas en el Cerro de Piedra Anguita para llegar al arroyo de Miguel López (vuelve a surgir la duda de cuál será el nombre original: Mingo o Miguel). En los mapas es nombrado como “Mingo” (se puede comprobar en el último mapa expuesto), pero, los que por estas tierras se criaron, siempre lo han llamado “Miguel”. A veces, la transmisión oral de los nombres de lugares, puede dar lugar a estos hechos. Cada cual lo llame como estime oportuno, pero al menos sabemos que podemos escuchar nombrarlo de dos maneras.


Esta otra desde el cauce del arroyo antes de comenzar a subir entre los olivos.


Una de las plantas que visten estos campos.


Vista desde el cerro de Las Torrecillas: Miguel López y Arjona al fondo.

Y por fin, al abordar el cerro, tenemos antes nuestros ojos lo que buscábamos: “El Castillo Moro”.

Me llama la atención varios detalles de este torreón (supuesta atalaya): su situación, y la superficie cuadrangular de su construcción. Aclarar, que las atalayas solían realizarse con superficie circular, para ahorrar en material y mano de obra, ya que se trataba de darle utilidad para la vigilancia, nunca pensando en ser habitadas.  Pero lo que más me intriga es el por qué lo construyeron en una de las laderas de esta elevación, y no en lo más alto como suele ser habitual. ¿Acaso pudiera ser para hacerla pasar desapercibida desde ciertos lugares de visión?. Verdad es que, a pesar de estar semi-escondida, cumple la función perfecta de comunicación con los lugares expuestos anteriormente.




En estas otras fotografías hacemos acto de presencia, ante todo, para que se pueda comparar la dimensión de la torre.

Otras imágenes tomadas días después desde el paramotor:


Sobrevolando la cara Sur del Cerro de las Torrecillas.


Esta otra realizada a unos 60 metros de altura.
En esta fotografía se aprecia lo que antes comentaba de su situación en la orografía (realizada a unos 150 metros de altura).


Días más tarde del comienzo de este artículo, y de la información inicial aportada por Diego, me llegó un mensaje de José Pascual, su hijo. Pongo el texto tal y conforme lo recibí:
“Hola, Juanjo, me ha estado comentando mi padre, que la torre era como un castillo, y que cuando estaban haciendo la carretera de Jaén, para recoger las piedras ponían barrenos y con los mulos se las llevaban en los serones; y había una cuadrilla de picapedreros, que iban partiendo las piedras y repartiéndolas por toda la carretera. Espero que te sirva esta información.”


Por supuesto que me sirve la información: Esto aclara las dudas que me surgían respecto a la base cuadrangular de la torre y de su situación respecto al cerro. También ahora entiendo por qué le llamaban “El Castillo Moro”, y no “la torre” o “atalaya”. Es una verdadera lástima que estas atrocidades se hayan cometido contra nuestro patrimonio. No sólo destruyeron casi en su totalidad ese “Castillo Moro”, sino que también se “llevaron por delante” un poblado neolítico que existió antes que este castillo.


Aunque un poco cabizbajo por esta información que nos proporciona Diego antes de concluir esta parte, continuaré con lo que tenía en mente aportar.

Días más tarde (1 de marzo del 2013) volví a visitar “El Castillo Moro” tomando otro itinerario que ahora mencionaré, si bien tengo que decir que dejé el vehículo a la vera de la carretera que nos lleva hasta Jaén. Por esta zona nos pilla más cerca a Los Higuereños,  pero vuelvo a recordar que en época de abundantes lluvias es dificultoso cruzar los distintos arroyos que nos encontraremos yendo a pie (hoy he preparado buenas “zarpas de barro”, …término muy de nuestro pueblo).


Indicaré en el siguiente mapa el itinerario seguido:


Comienzo esta andadura por el camino que nos lleva hasta el Cortijo del Higuerón. Antes de llegar al mismo, nos encontramos con este pequeño altozano donde hace unos dos milenios aproximadamente hubo una “casilla” romana y sus moradores. Podemos ver la presencia de las tégulas que fueron utilizadas para sus tejados, así como restos de ladrillo y de cerámica de “terra sigillata”.


 Camino hacia el Cortijo del Higuerón, donde podemos encontrar los restos de esta pequeña casa romana.


Cortijo del Higuerón.

Pasando el mencionado cortijo, y una línea de trasporte eléctrico de alta tensión que podremos ver cruzando sobre el camino, comenzamos a descender hacia el primero de los arroyos que nos encontraremos.


Durante este descenso, y cambiando de lo que se suele ver actualmente en nuestros campos, nos encontramos con esta siembra de trigo (me vienen al recuerdo las palabras de aquel aventurero viajante del S. XIX : …“tierra de pan llevar”…refiriéndose a las siembras abundantes de cereal)  y avistamos El Cerro de las Torrecillas, donde se encuentra “El Castillo Moro”.



En las cercanías del arroyo nos encontraremos dos restos de cortijos con un pozo artesiano entre ambos. Por debajo del primero de ellos nos encontraremos una pasada que nos servirá para cruzar el arroyo (se puede apreciar en la fotografía):
Cortijo de Paz Angulo Cordero.


Este es el referido pozo, el cual no pude fotografiar desde otro lugar debido a que todo su alrededor estaba “achortalado”. Como podemos ver, el agua casi se derrama por su boca.

Me informa también Diego Angulo, que este pozo lo realizaron los vecinos de los dos cortijos, entre los que se encontraba él mismo (Paz Angulo es la hermana de Diego, quien heredó esta construcción). Me decía que su profundidad era de unos 7 metros, y que su agua era dulce. Añadir que existía otro pozo en el cortijo de Pedro Cano cuya agua era más dulce que la de este que vemos en la fotografía. El otro pozo, si aún existe, no llegué a verlo. Muchos pastores de aquellos años (Joaquín y José, de Lahiguera) iban a abastecerse de agua a este pozo que vemos en la instantánea. Tanto los cortijos como el pozo, los he situado en uno de los mapas mostrados anteriormente.

Una vez abordado el primer arroyo y subir hasta la siguiente elevación, obtengo de nuevo otras vistas del paraje:



Desde este segundo cerro desde el que he realizado la fotografía, tendremos que descender de nuevo para encontrarnos el segundo arroyo, y tras cruzarlo, subir finalmente hasta los pies del torreón.

Ahora mostraré distintas fotografías indicando los lugares que señalaba en los mapas al principio de este artículo.
Podemos divisar, al fondo,  El Peñón.


Vistas de la Sierra de Jaén vestida de blanco (desde “El Castillo Moro”).


Al fondo, la atalaya de Cazalilla: otro de los puntos de comunicación.


Al fondo de esta otra fotografía, La Atalaya (torre) de Mª Martín.


Vista de la torre desde la cara que da al Poniente.

Paso a mostrar ahora parte de la flora que tiene cabida en el lugar, entre sus piedras.


Flor de jaramago. Uno de tantos que se encuentran a los pies de esta torre.




 Perejil "loco" o "silvestre".



La flora que existe en la zona será otro de los asuntos pendientes de abordar en este Blog. Hasta ahora, a quien he preguntado no ha sabido decirme el nombre lugareño de estas plantas (salvo las que se indican). Si algún lector pudiera proporcionar información, bienvenida sería.

Antes comentaba que también se había destruido un poblado del período Neolítico. Pues aquí muestro algunos restos de cerámica de tal época. Este tipo de cerámica es muy peculiar, y la podemos distinguir observando que no se utilizó el torno para realizarla, puesto que no se conocía; por tanto la veremos exenta de esos trazos (o pequeños surcos) que sí suele haber en la cerámica posterior a este período, realizada sobre el torno.
Cerámica neolítica encontrada en la ladera del Cerro de las Torrecillas.

Tomo el camino de vuelta. La luz que arroja el sol entre la nubosidad se va atenuando. “Congelo” unas últimas imágenes de los lugares visitados. No puedo evitar hacer esta instantánea intentado adivinar lo que vieron los habitantes de este cortijo, hoy al borde del final de su existencia.


Cortijo de Paz Angulo.


Los últimos resplandores del sol reflejados en las nubes que acompañaron la tarde.


El torreón que sobrevivió va quedando oscurecido por la sombra del cerro que lo alberga.






Se despide la tarde.

…y con esta fotografía digo hasta pronto a este paraje de la “Haza las Liebres”. Espero el vigía del Castillo Moro aún siga viéndome desde lo que queda de esta torre.

Añadir, que este mismo día, estuve deambulando todo este cerro, y en lo que pude observar, dada la cantidad de vegetación existente, no encontré parte alguna donde se apreciaran restos de muralla ni construcción. Tan sólo ha quedado el vestigio de esta torre.

Diego también me dijo que casi todos los cortijos cercanos se aprovisionaron de piedras de este lugar: Miguel López, Paz Angulo, Pedro Cano, etc. Incluso para la construcción del Cortijo La Paz, no tan cercano al lugar, se retiraron piedras de este cerro (ya con camiones). También para el muro que hace años existió en parte del perímetro de “La Era del Sevillano” (en Lahiguera) se requisaron piedras de este lugar. Recuerda Diego cómo cavaban en la tierra para entresacar las piedras talladas que existían en abundancia, sobre todo en lo más alto del cerro.


Al final, el único consuelo que me queda, es saber que tenemos una carretera (también cortijos y muros), cuyos cimientos (o paredes), están formados, en parte, por lo que fue “El Castillo Moro”  durante cientos de años atrás.

Saludos a los lectores de esta humilde morada de sentimientos.


Juan José Mercado Gavilán
La higuera a 23 de marzo del 2013.
Vuelo en paramotor sobre "El Castillo Moro":



Sobrevolando "El Castillo Moro" 15/02/2013. from kunkache on Vimeo.