PROLOGO

Se pretende que sea éste un espacio dedicado a entretener y deleitar (... a través de la fotografía fundamentalmente) ... a dar a conocer (...o traer al recuerdo) ciertos monumentos o espacios situados en el término o cercanías de Lahiguera. ...a llamar la atención por el estado de abandono y deterioro de muchos de ellos, ...y si llegara el caso, a remover la conciencia de todos los que somos "herederos" de tales monumentos y espacios, y que con nuestra aportación ayudásemos a la conservación de los mismos.

miércoles, 2 de enero de 2013

ESCRITO DE PETICIÓN A LAS CORTES DE 1869

HIGUERA DE ARJONA EN UNA PLATAFORMA DE PUEBLOS, PARA PEDIR A LAS CORTES DE 1869, QUE SE RESPETE LA CONFESIONALIDAD DEL REINO DE ESPAÑA COMO OFICIALMENTE CATÓLICO.

A consecuencia de la Constitución de 1869, se da paso a una nueva referencia de Higuera de Arjona, nuestro pueblo, donde sus habitantes firman, en número de 369 firmantes, una petición de la Asociación de Católicos de España, a las Cortes Constituyentes surgidas tras la Constitución de 1869; esta Asociación constituye una plataforma de católicos españoles que pide continúe la situación de la Unidad Católica de España, respecto a la confesionalidad del Reino de España como Oficialmente Católico de la Constitución de 1812, donde textualmente expresa que: “La  religión de la nación española es y será perpetuamente la Católica Apostólica Romana, única verdadera», en contra de los nuevos aires que las constituciones europeas del tiempo,  van generando poco a poco, en camino hacia la libertad religiosa y de culto en sus respectivos países.


Sobre el número de habitantes por aquellos años de 1869 en Higuera de Arjona no tenemos referencias exactas, hemos tomado  nota de los vecinos que refleja El Madoz entre 1845 y 1850 (Este diccionario ya fue tema de un artículo publicado en este blogspot en fecha 4 de abril de 2012) y dice así:
 
 “HIGUERA DE ARJONA.: Villa con ayuntamiento en la provincia y diócesis de Jaén (4 leguas), partido judicial y administración de renta de Andujar (2 leguas), audiencia territorial y corte general de Granada (20 leguas); está situada en la llanura que forma la llanura de un cerro con libre ventilación de todos los vientos, y clima sano, pues no se conocen otras enfermedades que fiebres intermitentes en la estación del calor, y esto en aquellos años que han sido excesivamente húmedos. La población se compone de 170 casas sin guardar simetría en su colocación, y la de ayuntamiento, con local para la cárcel; la iglesia parroquial (Santa María de la Consolación), se encuentra fuera de la villa en la parte mas elevada del cerro, al lado oriental de esta; la sirve un cura párroco con el título de Prior, cuya vacante se provee por oposición en concurso general; el cementerio próximo a la iglesia en nada perjudica a la salubridad del vecindario, y existe además inmediato a la población, un pozo de buen agua que aprovechan los vecinos para beber y demás usos domésticos.

   El término municipal que se extiende una legua en ambas direcciones, confina por el norte con el de Andujar; al este con el de Villanueva de la Reina; al sur con el de Torre de Campo, y al oeste con el de Arjona: baña por su extremo occidental el río Salado, sobre el que cruza un puente en el camino que cruza a Jaén.


   El terreno de bastante buena calidad, está dedicado todo él al cultivo de cereales, y por algunas partes se encuentra poblado de olivar; le atraviesan varios caminos que comunican con los pueblos circunvecinos, siendo casi todos practicables para las carretas, excepto en la estación de lluvias que no lo son por no estar arrecifados: se recibe la correspondencia de la estafeta de Andujar tres veces a la semana, despachándola de  esta villa para el mismo punto. Producciones: trigo y cebada en abundancia; escaña, garbanzos, habas, yeros, alverjones y aceite.

EL COMERCIO consiste en la exportación de trigo, cebada y aceite, que venden a dinero, importando vino, aguardiente, carnes y ropas de vestir; y no se conoce más industria que la agrícola y tres molinos harineros, con algunos artesanos.

POBLACIÓN: 170 vecinos, 685 almas.”


De nuevo encontramos una población de 170 vecinos en las 170 casas (que había en el pueblo  según el texto anterior de referencia) en el Diccionario Universal de Historia y de Geografía, de 1947 unos veintidós años antes. Para cálculo aproximado del número de habitantes se toma el número de vecinos y se multiplica por 4, por 4,5 o por 5 como media del número de componentes de cada unidad familiar entre esposos, hijos y abuelos; por lo que un número de vecinos de 183 multiplicados por 4  nos da un número de habitantes de 732. Otras veces se utiliza el coeficiente 4,5 y otras 5, por lo que haciendo media debía tener unos 823 o 824 y si aplicamos el coeficiente 5 serían unos 915. Este dato esta tomado del referido Diccionario cuyo autor es: D. Francisco de Paula Mellado. Tomo Cuarto. Madrid, 1847.
“Dice así: Higuera de Arjona; villa de España con 183 vecinos, en la provincia y diócesis de Jaén, partido judicial de Andujar”.

De unos nueve años mas tarde encontramos el Diccionario general del notariado de España y ultramar de José Gonzalo de las Casas. Tomo 5º. Madrid, 1856, dice así:
“15006. Higuera de Arjona; Geografía. Villa con ayuntamiento en la provincia y diócesis de Jaén, partido judicial y administración de renta de Andujar, audiencia territorial  y capitanía General de Granada, con 170 vecinos en año 1856”.

Aquí si tomamos 170 vecinos multiplicados por 4,5 nos dará un número de habitantes de 765.
De todas formas de entre 695 habitantes del Madoz o unos 765 habitantes de la otra referencia el hecho de que entre una u otra cifra lo firmasen 369 habitantes, representa un buen número de personas adultas, (tanto en un caso como en los otros) como firmantes de la petición a las Cortes Constituyentes de 1869.

A título de referencia incluimos el número de habitantes de Higuera de Arjona, contados en decenas de años desde 1900 hasta 1970, después de once y continúan dos referencias más con decenas hasta 2001, 2008 y 2009. Curiosamente en 1950 de entre todas las fechas registradas se encuentra la de mayor número de vecinos con 4009; con una perdida de casi 1300 personas en 1960, década de la emigración a Cataluña y otras regiones del norte y centro de España.

Habitantes de Higuera de Arjona desde 1900  a 2009:

Año 1900-----------1653
Año 1910 ----------1961
Año 1920 ----------2615
Año 1930 ----------3152
Año 1940 ----------3693
Año 1950 ----------4009
Año 1960 ----------2704
Año 1970 ----------2116
Año 1981 ----------1897
Año 1991 ----------1928
Año 2001 ----------1876
Año 2008 ----------1892
Año 2009 ----------1886


Portada del escrito dirigido por la Asociación de Católicos de España a las Cortes año 1869

Con fecha  de 7 de enero de 1869, el Papa Pío IX envió a la junta superior de la Asociación de católicos de España, la siguiente carta de agradecimiento por la iniciativa tomada.



















Entendemos que un Estado confesional es el que se adhiere a una religión específica, llamada religión oficial (iglesia estatal o iglesia establecida). Esa situación puede ser simplemente resultado de los usos y costumbres o tradición, o reflejarse en su respectiva legislación, especialmente en la constitución del país. El que el Estado reconozca una religión oficial, no significa que otras religiones no se permitan practicar libremente, bien públicamente o bien restringidas al ámbito privado. Esa situación es la de tolerancia religiosa o intolerancia respectivamente.

La situación contraria es la de Estado laico, que practica el laicismo o la separación entre la religión y el Estado.

Fijados brevemente los conceptos de confesionalidad y laicismo, procederemos a dar un recorrido en el tiempo y a través de todos los continentes de lo que ha representado el tema de la confesionalidad del estado:


Antes de la Edad Contemporánea, la situación de confesionalidad del estado era la condición natural de cualquier sistema político. En el Imperio romano, el culto al emperador fue una forma de conciliar el politeísmo incluyente de todo tipo de religiones con la unidad política, y lo que convirtió al cristianismo (de hecho a cualquier monoteísmo que no aceptase el culto imperial) en una religión disolvente y por lo tanto perseguida. El Edicto de Milán de Constantino (que otorgaba una especie de libertad religiosa), y el posterior edicto de Tesalónica de Teodosio convirtieron el cristianismo en la religión oficial del Imperio y establecieron el Papado y la Iglesia como instituciones paralelas al propio Estado. La desaparición del Imperio romano de Occidente abrió la Edad Media que supuso una separación de hecho del cristianismo occidental (católico) y oriental (ortodoxo), que se hizo oficial con el Cisma de Oriente (1054). Mientras en el Imperio bizantino la figura del emperador se impone sobre la Iglesia (cesaropapismo, iconoclasia), en Europa Occidental el “dominium mundi” es más disputado por la teocracia.

Las monarquías de Antiguo Régimen supusieron un control sobre sus iglesias católicas nacionales, mientras la Reforma luterana establece iglesias nacionales en los países del norte de Europa. El principio de la “cuius regio eius religio” (propuesto en la Dieta de Augsburgo que discutía la Confesión de Augsburgo, y definitivamente impuesto en la Paz de Augsburgo) impone que la religión del reino será la religión del rey. Se impondrá en una era de guerras de religión que acabará con el tratado de Westfalia. Entre los escasos lugares de Europa que mantienen la tolerancia religiosa (aunque se mantengan como estados confesionales) se destacan los Países Bajos y la República de Venecia, y parcialmente el Imperio otomano.

El primer Estado que proclamó su indiferencia a los asuntos religiosos fue Estados Unidos, influido por la ideología de la Ilustración francesa. La Revolución francesa, que en algún momento intentó instaurar un culto descristianizado a la diosa Razón, fue reconducida por Napoleón a un Concordato con el papa (rey de Roma y cabeza de la Iglesia católica). No sería hasta la III República Francesa que Francia, la “fille aînée de l’Église” (‘hija mayor de la Iglesia’) y sede de los Reyes Cristianísimos, incorporase a sus señas de identidad el laicismo y la separación Iglesia-Estado.
Muchos países europeos mantienen en la actualidad vínculos especiales con su religión tradicional, especialmente Inglaterra, cuya reina sigue siendo la cabeza de la Iglesia de Inglaterra, y mantiene el título de “Defensor Fidei” (Defensor de la Fe) que logró Enrique VIII.

Los países musulmanes, donde la identificación de la comunidad política y religiosa (Umma) es muy fuerte, sufrieron procesos de algún modo similares: en el caso de Turquía, la conversión en una república laica con Mustafa Kemal Atatürk, y en Siria, Irak o Egipto con la ideología árabe-socialista del movimiento Baaz o figuras como Nasser. El caso de Irán bajo el sah Reza Pahlavi es algo distinto, y precipitó el resurgimiento del fundamentalismo islámico (República islámica del ayatolá Jomeini), que desde los años ochenta se está imponiendo con distintas variantes (salafismo sunní de las monarquías árabes), aunque siempre en el sentido de conseguir una vida pública sometida a las normas religiosas (Sharia o código judicial islámico).

En los países asiáticos no islámicos las situaciones son tan distintas como sus sistemas políticos: estados oficialmente ateos como China pero que intervienen en las religiones, provocando divisiones en el budismo tibetano o el catolicismo, con una "iglesia nacional" favorable al régimen y otra que no lo es, y situaciones lejanamente asimilables a las de Europa, como Japón, cuya familia imperial sigue manteniendo funciones religiosas, o India, cuya independencia se hizo en un ambiente de luchas religioso-étnicas entre musulmanes e hinduistas que forzaron la separación de Pakistán y Bangladesh (que el Partido del Congreso de Gandhi, Nehru e Indira Gandhi quisieron evitar). En la actualidad hay un fuerte movimiento que propugna la hinduización del Estado indio.

Libertad de culto por país (Pew Research Center en 2009). Los países en color Amarillo en sus diferentes tonalidades, suponen: baja restricción a la libertad religiosa, según aumenta la coloración al naranja se van produciendo restricciones hasta llagar al Rojo: alta restricción a la libertad de religión.

Por lo que se refiere concretamente en España la religión oficial había sido el catolicismo desde la conversión de Recaredo (año 589), el Islam en Al-Ándalus (siglos VIII al XV, con decreciente extensión territorial), y de nuevo el catolicismo tras la Reconquista. Durante ese periodo, aun siendo la religión un motivo de discriminación legal y división y enfrentamientos sociales (aparte de los militares), existía tolerancia religiosa en mayor o menor grado. Con el reinado de los Reyes Católicos y sus sucesores los Habsburgo en lo que se denominaba la Monarquía católica, comenzó un periodo de búsqueda del «máximo religioso» que supuso la expulsión de los judíos de España (1492), la expulsión de los moriscos (1609) y la persecución de los protestantes. La estrecha identificación de la Iglesia con la Monarquía explica el papel de instituciones como la Inquisición, el patronato regio o las Bulas Alejandrinas que justificaron la conquista y colonización de América. Se consideraba a España «más papista que el papa», por su intervención en lo que se denominaba la «defensa de la fe católica» en los campos de batalla de las guerras religiosas del siglo XVI y en la política exterior (menos realista que la del mismo papado). La intervención de teólogos españoles en el Concilio de Trento para la adopción de una la postura intransigente fue tan notable que se originó el mote «luz de Trento, martillo de herejes». Felipe II llegó a decir «prefiero perder mis estados que gobernar sobre herejes» (y así ocurrió efectivamente con la Revuelta de los Países Bajos).
Aun así, eso no limitaba la existencia de fortísimos conflictos, como el que suscitaba el fuero eclesiástico y los intentos de control por parte del estado (regalismo). Algunos conflictos notables fueron el del arzobispo Bartolomé Carranza, o, durante el ilustrado reinado de Carlos III la Expulsión de la Compañía de Jesús (1767) o el proceso de Olavide.

La constitución de Cádiz de 1812 proclamaba que la religión no solo del Estado, sino de la Nación misma, «es y será siempre la católica, apostólica y romana, única verdadera». La tolerancia religiosa que acompañó al Régimen Liberal permitió el comienzo de la actividad de propagandistas protestantes como George Borrow. Simultáneamente se hizo cada vez más evidente un proceso de descristianización, fortalecida por el apoyo del clero al bando absolutista durante la Guerra Carlista, y que explica la quema de conventos de 1835.


El poder económico del clero se acabó con la desamortización. Las relaciones oficiales con la Iglesia se recuperaron con el Concordato, por el que el Vaticano obligaba al Estado a mantener económicamente a los eclesiásticos con fondos públicos.

El contexto histórico que da lugar a la Constitución de 1969, es como sigue:

A mediados de los años 1860, el descontento contra el régimen monárquico de Isabel II en los ambientes populares, políticos y militares era patente. En España bajo el reinado de Isabel II el 62,5 por 100 de la población dependía todavía de la agricultura. Alrededor de 9.500.000 españoles vivían a cuenta del sector primario, centrado especialmente en los cultivos de secano -trigo y cebada-. No obstante, se iniciaron nuevos cultivos más rentables que ofrecían un mayor valor añadido como la vid. España se convertirá en primer productor mundial de vino tras la plaga de filoxera en Francia, los cítricos y el olivo. La desamortización favoreció que algunos labradores destinasen sus esfuerzos y recursos a los regadíos de diversos territorios, aunque el efecto será más notable en el norte y levante que en el sur, salvo para algunas zonas de la cuenca del Guadalquivir.

La actividad financiera se orientó hacia una reestructuración que fusionó el Banco de Isabel II creado en 1844 (primera entidad bancaria española de crédito) con el Banco de San Fernando (el banco emisor de moneda) en una sola entidad que pasó a denominarse oficialmente Banco de España en 1856. La nueva normativa financiera permitió que se creara el Banco de Barcelona como primera entidad de crédito privada en 1844.

El comercio interno se acentuó con las mejora de las comunicaciones. Las nuevas necesidades industriales favorecieron los intercambios. La importación de productos de primera necesidad (salvo el trigo que era más barato importarlo que cultivarlo) se redujo, con un crecimiento significativo de las exportaciones de bienes manufacturados y productos agrícolas o sus derivados en industrias de transformación.
Densidades de población por provincias en el 1857

Hacia 1860 la siderurgia se concentrará en el sur y, más tarde, en el norte, creándose la primera empresa en Málaga. Las industrias textiles y de papel se ubicarán en Cataluña y en la actual Comunidad Valenciana. Barcelona será el primer núcleo claramente industrial en las décadas de 1850 y 1860, con un fuerte peso de la llamada regionalización inversora, esto es, de una concentración industrial marcada por el esfuerzo de la burguesía de cada territorio y que sólo permanece en la zona originaria, lo que a la larga ocasionará una distancia considerable entre unas regiones y otras en su desarrollo al final del siglo XIX y en el primer tercio del siglo XX.

Instrumento singular de la industrialización fue el ferrocarril, cuyo primer Plan General fue aprobado en 1851. En 1855 se aprobará la Ley general de Caminos de Hierro. De los pocos kilómetros que existían tras la apertura de la línea Barcelona-Mataró en 1848, se pasó a tener una red de más de 5.000 que irradiaba desde Madrid hacia el resto de España. El segundo elemento significativo fue la adecuación de diversas vías como carreteras, que pasaron de unos 3.500 kilómetros en 1830, a cerca de 19.000 en 1865.


La nobleza y la aristocracia disminuyeron su número e influencia, aunque de manera muy lenta, adaptándose parcialmente a los nuevos tiempos. En 1836 se dictó un decreto por el que se suprimieron las vinculaciones de toda especie, dando por terminado el sistema de economía feudal, pasando al modelo capitalista. Su papel en la política fue menor que el que ejercían en la misma los militares, aunque la Corte siguió siendo inagotable fuente de recursos y títulos nobiliarios. Muchos nobles acrecentaron sus bienes con las distintas desamortizaciones (más del 80 por 100 de los bienes desamortizados pasaron a sus manos), si bien en algunos lugares eso sirvió para convertir las tierras baldías en productivas. Lo que sí conservaron los nobles en las distintas reformas constitucionales fueron sus derechos como próceres del Reino para acceder al Senado.
La burguesía industrial española se concentró sobre todo en Madrid y Barcelona. Su número se incrementó, pero sus aportaciones al crecimiento económico y la industrialización fueron pobres en el conjunto de España, donde las grandes empresas eran claramente dependientes de la inversión extranjera, singularmente la británica. No obstante, la incipiente banca desempeñó un papel activo en el conjunto de la economía, los contratos del Estado para el desarrollo de obras públicas concentraron capitales, la conversión de terrenos desamortizados para nuevos usos agrícolas permitió en algunas zonas cierto crecimiento y modernización, las actividades de importación y exportación se incrementaron y la inversión inmobiliaria con nuevos planes de desarrollo urbano fue muy activa. Más que de una burguesía industrial, se trataba de una burguesía terrateniente que, con abundante mano de obra, se preocupó poco por la mecanización y la incorporación de moderna tecnología en las explotaciones agrarias.

Una clase social intermedia estuvo formada por los eclesiásticos, los funcionarios, los militares, los abogados y los profesores. Excepto los primeros, que vieron reducido su número a menos de la mitad -unos 63.000 en 1860-, el resto creció, especialmente los vinculados a la administración pública. Su importancia social estaba unida a las características del periodo isabelino: militares y funcionarios eran claves en el desarrollo de España.

Las denominadas "clases urbanas" estaban compuestas por artesanos, pequeños comerciantes y trabajadores. Las ciudades capitales de provincia, salvo algunas excepciones, crecieron en población, y en ello había un componente nuevo: la industrialización. La sociedad isabelina mantenía todavía un alto porcentaje de artesanos que ocupaba a cerca de 670.000 ciudadanos en todos los sectores y oficios, pero también a unos 170.000 obreros que se empleaban en las nuevas industrias. El ferrocarril alcanzó la cifra de 15.000 empleados. En total, el 24 por 100 de la población dependía de la economía emergente.


Los trabajadores del campo se clasificaban en dos tipos básicos: los jornaleros, sobre todo en la mitad sur peninsular, que permanecieron en situación de profunda miseria y a quienes la desamortización les privó, no ya de los bienes comunales que antes explotaban, sino también de la oportunidad de adquirirlos u obtener un arrendamiento ventajoso de los mismos; y los campesinos o labradores, titulares del dominio o de algún arrendamiento y cuya situación económica era mejor. Ambos grupos representaban, junto a los rentistas, pastores, ganaderos y pescadores, el 62 % de la población hacia el final del reinado.

Durante este periodo la economía española sufrió cambios significativos. A partir de 1850 se inició un proceso que aceleró la modernización, se incorporó nueva tecnología de producción, se incrementaron las explotaciones mineras, aumentaron las inversiones públicas y progresó la industrialización.

Pero estos cambios, con ser importantes, se verán circunscritos a zonas determinadas, actividades específicas o no mantendrán un continuo en el tiempo. Las razones fundamentales para que lo que en Europa es una auténtica revolución industrial sufra en España una ralentización tan significativa se explica por varios fenómenos: en primer lugar la tardanza en el establecimiento de mejoras en las comunicaciones; en segundo lugar, el alto nivel de analfabetismo que alcanzaba a más del 80 por 100 de la población; en tercer lugar la inestabilidad política y las continuas guerras civiles con los carlistas que detraen la economía; y en cuarto lugar, un bajo nivel de capitalización y cultura económica.

A nivel político, el moderantismo español, en el poder desde 1844, se encontraba en una fuerte crisis interna, y no había sabido resolver los problemas del país. Había una grave crisis económica (más acuciante aún después de las pérdidas en la Guerra Hispano-Sudamericana) y por doquier proliferaban los pronunciamientos, como el que en 1866 lideró Juan Prim, y como la revuelta de los sargentos en San Gil.

Moneda de oro de 10 escudos del reinado de Isabel II (1868).

El fervor revolucionario que vivió Europa en 1848 tuvo también su reflejo en España. El descontento hacia el régimen de Isabel II, sobre todo en los dos últimos gobiernos de Narváez y González Bravo, desembocó en una espiral de insurrección represión. Al fracaso del levantamiento de San Gil en 1866, le sucede el pronunciamiento del almirante Topete en Cádiz. El clima producido por este golpe de Estado, que desencadenó el destronamiento de Isabel II y la desaparición del régimen encarnado en su persona, creó un campo fértil para los proyectos políticos de la más diversa índole: desde la Monarquía constitucional a las fórmulas demócratas y republicanas, desde los modelos unitarios a los federales.

En el exilio, liberales y republicanos llegaban a acuerdos en Ostende (1866) y en Bruselas (1867) para promover aún más desórdenes que condujeran a un drástico cambio de gobierno, no ya para sustituir al presidente Narváez, sino con el objetivo último de derrocar a la misma Isabel II y expulsarla del trono español.

La reina y el mismo régimen monárquico se habían convertido en foco de las críticas sobre los principales problemas del país. A la muerte de Leopoldo O'Donnell, en 1867, se produjo una importante migración de simpatizantes de la Unión Liberal a las posiciones del frente que propugnaba el derrocamiento de Isabel II y el establecimiento de un gobierno más eficaz para España.

La reina Isabel II de España en su exilio de París.

En estas circunstancias se produjo el estallido de la revolución.

Para septiembre de 1868, la suerte de la corona ya estaba echada. Las fuerzas navales con base en Cádiz, al mando de Juan Bautista Topete, se amotinaron contra el gobierno de Isabel II. El pronunciamiento ocurría en el mismo lugar donde se levantara en armas contra Fernando VII, el general Riego cincuenta años antes.


Almirante Juan Bautista Topete


La proclama de los generales sublevados en Cádiz el 19 de septiembre de 1868 (entre el 19 y el 27 de septiembre de 1868) decía lo siguiente:

Españoles: la ciudad de Cádiz puesta en armas con toda su provincia (...) niega su obediencia al gobierno que reside en Madrid, segura de que es leal intérprete de los ciudadanos (...) y resuelta a no deponer las armas hasta que la Nación recobre su soberanía, manifieste su voluntad y se cumpla. (...) Hollada la ley fundamental (...), corrompido el sufragio por la amenaza y el soborno, (...) muerto el Municipio; pasto la Administración y la Hacienda de la inmoralidad; tiranizada la enseñanza; muda la prensa (...). Tal es la España de hoy. Españoles, ¿quién la aborrece tanto que no se atreva a exclamar: «Así ha de ser siempre»? (...) Queremos que una legalidad común por todos creada tenga implícito y constante el respeto de todos. (...) Queremos que un Gobierno provisional que represente todas las fuerzas vivas del país asegure el orden, en tanto que el sufragio universal echa los cimientos de nuestra regeneración social y política. Contamos para realizar nuestro inquebrantable propósito con el concurso de todos los liberales, unánimes y compactos ante el común peligro; con el apoyo de las clases acomodadas, que no querrán que el fruto de sus sudores siga enriqueciendo la interminable serie de agiotistas y favoritos; con los amantes del orden, si quieren ver lo establecido sobre las firmísimas bases de la moralidad y del derecho; con los ardientes partidarios de las libertades individuales, cuyas aspiraciones pondremos bajo el amparo de la ley; con el apoyo de los ministros del altar, interesados antes que nadie en cegar en su origen las fuentes del vicio y del ejemplo; con el pueblo todo y con la aprobación, en fin, de la Europa entera, pues no es posible que en el consejo de las naciones se haya decretado ni decrete que España ha de vivir envilecida. (...) Españoles: acudid todos a las armas, único medio de economizar la efusión de sangre (...), no con el impulso del encono, siempre funesto, no con la furia de la ira, sino con la solemne y poderosa serenidad con que la justicia empuña su espada. ¡Viva España con honra!

Lo firman Juan Prim, Domingo Dulce, Francisco Serrano, Ramón Nouvilas, Rafael Primo de Rivera, Antonio Caballero y Fernández de Rodas y Juan Topete.

Gobierno Provisional, 1869. Figuerola, Sagasta, Ruiz Zorrilla, Prim, Serrano, Topete, López Ayala, Romero Ortiz y Lorenzana (fotografía de Laurent).

Se advertía entonces la existencia de muchas fuerzas en juego: mientras los militares se manifestaban monárquicos y sólo pretendían sustituir la Constitución y el monarca; las Juntas, más radicales, mostraban su intención de conseguir una verdadera revolución burguesa, basada en el principio de la soberanía nacional. Conviene señalar también la participación de grupos campesinos andaluces, que aspiraban a una revolución social.

El presidente Ramón María Narváez abandona a la reina, al igual que su ministro en jefe Luis González Bravo. Narváez moriría aquel mismo año, ahondando la crisis en los sectores moderados.




General Juan Prim y Prats
(izquierda)

General Serrano
(derecha)








Los generales Prim y Serrano denunciaron al gobierno, y gran parte del ejército desertó, pasándose al bando de los generales revolucionarios a su regreso a España.

El movimiento iniciado en Andalucía pronto se extendió a otros lugares del país, sin que las tropas del gobierno hicieran frente seriamente a las de los pronunciados. El apoyo de Barcelona y de toda la zona mediterránea fue decisivo para el triunfo de la revolución. A pesar de la demostración de fuerza de la reina en la Batalla de Alcolea, los lealistas de Pavía fueron derrotados por el general Serrano. Isabel se vio entonces abocada al exilio y cruzó la frontera de Francia.

A partir de este momento y durante seis años (1868–1874) se intentará crear en España un sistema de gobierno revolucionario, conocido como Sexenio Democrático, hasta que el fracaso final llevó de nuevo al poder a los moderados.

La camarilla de Isabel II fue llamada «la corte de los milagros» (Sor Patrocinio, llamada la «monja de las llagas», y el padre Antonio María Claret, dieron origen a una novela de Valle Inclán). La alternancia de progresistas y moderados iba dando el pulso de una mayor o menor aproximación a la iglesia, siendo el momento más alejado el Sexenio Revolucionario (1868-1874), y el más próximo la Restauración borbónica, en que se expulsó de la universidad a los que no se ajustaran a la ortodoxia religiosa (por ejemplo, a Francisco Giner de los Ríos, que fundó la Institución Libre de Enseñanza). El crecimiento de las comunidades religiosas fue visto con tanto recelo por los liberales dinásticos que se llegó a promulgar la ley del candado, que lo limitaba.

Caricatura de la época sobre las etapas del Sexenio Democrático

Revolución de 1868.
El espíritu revolucionario que había conseguido derrocar al gobierno de España carecía sin embargo de una dirección política clara. La coalición de liberales, moderados y republicanos se enfrentaba a la tarea de encontrar un mejor gobierno que sustituyera al de Isabel. El control del gobierno pasó en un primer momento a Francisco Serrano, arquitecto de la anterior revolución contra el gobierno de Espartero. Al principio las Cortes rechazaron el concepto de una república para España, y Serrano fue nombrado regente mientras se buscaba un monarca adecuado para liderar el país. Mientras, se escribía una constitución de corte liberal que finalmente era promulgada por las cortes en 1869; era la primera constitución que podía llamarse así desde la Constitución de Cádiz de 1812.

Ante esta situación el país se encamina a la búsqueda de un nuevo Rey.

La búsqueda de un Rey apropiado demostró finalmente ser más que problemática para las Cortes. Los republicanos se sentían inclinados a aceptar a un monarca si éste era una persona capaz y acataba la Constitución.

Prim, Serrano y Topete subastan los atributos del trono español durante la búsqueda de un nuevo rey. Publicado en La Flaca en abril de 1869.

Juan Prim, el eterno rebelde contra los gobiernos isabelinos, fue nombrado dirigente del gobierno en 1869 y el general Serrano seria regente, y suya es la frase: « ¡Encontrar a un rey democrático en Europa es tan difícil como encontrar un ateo en el cielo!». Se consideró incluso la opción de nombrar rey a un anciano Espartero, aunque encontró la resistencia de los sectores progresistas y el rechazo del propio general, que, no obstante, obtuvo ocho votos en el recuento final.

Muchos proponían al joven hijo de Isabel, Alfonso (que posteriormente sería el rey Alfonso XII de España), pero la sospecha de que éste podría ser fácilmente influenciable por su madre y que podría repetir los fallos de la anterior reina, dejaba de ser alternativa viable. Fernando de Sajonia-Coburgo, antiguo regente de la vecina Portugal, fue considerado también como una posibilidad. Otra de las posibilidades era el príncipe Leopoldo de Hohenzollern, de la Casa Hohenzollern, que fue propuesto por Otto von Bismarck, y que provocó abiertamente el rechazo de Francia, hasta el punto de que el ministro de asuntos exteriores francés enviara el llamado Telegrama de Ems, que posteriormente sería el detonante (o la excusa) para la Guerra Franco-Prusiana. Finalmente se optó por un rey italiano, Amadeo de Saboya, pero su reinado tan sólo duró 2 años y cuatro meses, entre 1870 y 1873. Desde el principio, el nuevo rey careció de apoyos, tras el asesinato de Prim, días antes de llegar el rey a Madrid. Fue un rey políticamente correcto y neutral, que no pudo recabar el apoyo de las fuerzas contrarias a la monarquía ni agrupar a los partidos divididos.

Sesión regia para el juramento de Amadeo I, Duque de Aosta. Archivo del Congreso de los
Diputados

El asesinato de Prim en un atentado anarquista frustró toda posibilidad de que el reinado de Amadeo I llegase a buen puerto.


 Las aristocracias lo consideraban un extranjero adherido, la Iglesia rechazaba su política desamortizadora, y el pueblo desconfiaba de sus modales y su poco entendimiento del castellano. Un intento de asesinato el 19 de julio de 1872 terminó por precipitarle a la abdicación, que tuvo lugar aproximadamente dos años después de su entronización, el 11 de febrero de 1873.

Amadeo I

La abdicación de Amadeo I dio inmediatamente paso a la proclamación de la I República Española, experiencia corta y sumida en la inestabilidad que puso fin a la vigencia de la Constitución de 1869.

En 1874, el pronunciamiento de Martínez Campos concluiría la experiencia republicana, y favorecería la Restauración Borbónica y la redacción de un nuevo texto constitucional, la Constitución de 1876.

Visto ya ese retazo de nuestra historia, pasamos a los tiempos que recuerdan nuestros abuelos, referidos a la confesionalidad del estado, para ello enlazamos con la Segunda República.

En la Segunda República se instauró un Estado laico (prohibiendo por ejemplo a los religiosos ejercer la enseñanza y expulsando a los jesuitas). Después de la Guerra Civil, bajo la dictadura de Franco el estado volvió a ser confesional (a veces hasta la exageración, en contraposición del periodo anterior), identificándose con el término nacional catolicismo.

Tras la proclamación de la Constitución Española en 1978, España es formalmente un estado aconfesional, manteniendo relaciones con los distintos credos.
Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia católica y las demás confesiones. (Constitución Española, artículo. 16, 3)
No obstante, ese mismo año el Estado español y el Estado Vaticano firmaron el Concordato de 1978, en que el Estado se comprometía a subvencionar al clero.


En 2006 se llegó al acuerdo de destinar el 0,7% de los ingresos del IRPF). También les daba al clero una posición privilegiada en la enseñanza (obligación de los centros de ofertar la clase de religión católica, voluntaria para los alumnos, y financiación pública para la enseñanza concertada, en su mayor parte bajo el control de distintas organizaciones católicas).

Hecho el repaso histórico del tema de la confesionalidad del estado, pasamos a hacer algunas consideraciones de los hechos que motivaron la adhesión de nuestro pueblo a la plataforma de cristianos de todo el país, es como sigue:
En la constitución de 1812 el artículo 12, dice textualmente sobre la religión: “La  religión de la nación española es y será perpetuamente la Católica Apostólica Romana”, y la nación la protege por leyes sabias y justas y prohíbe el ejercicio de cualquier otra, es  por lo tanto confesional, mejor diríamos cerradamente confesional, al imponer una religión y prohibir el resto. Es pues, a sensu contrario, la negación de la libertad religiosa

Como de hecho resulta bastante farragoso entrar en un estudio de las diferentes y múltiples constituciones españolas de aquellos años de inestabilidad política, olvidamos alguna intermedia para pasar a la Constitución de 1869, donde de nuevo tenemos una referencia a nuestro pueblo Higuera de Arjona. En este caso se trata de una plataforma de católicos españoles que ante la nueva constitución de 1869, ven perder la posibilidad de que la Religión Católica perdiese su preponderancia dado que hasta esos momentos y por el artículo 12 de la Constitución de 1812 se había reconocido como la única religión reconocida del Reino, lo cual provoco la reacción de casi cuatro millones de católicos españoles que solicitaban a las nuevas Cortes seguir teniendo a la religión católica como la religión oficial del Reino de España.

Constitución española de 1869.


El 19 de septiembre en España se produce la Revolución de 1868, apodada La Gloriosa, que derrocará a la reina Isabel II. Triunfante la Revolución de 1868, se convocaron elecciones para unas Cortes constituyentes, celebrándose el 15 de enero de 1869, en las que dominaron los partidos vencedores en la revolución, ya que los progresistas alcanzaron 160 escaños, la Unión Liberal 80 y los demócratas 40. Consiguieron también importante número de diputados los republicanos, 80, y estaban en minoría los carlistas, 36.

El texto elaborado por las Cortes de 1869 esta considerado por muchos como la primera constitución democrática del Reino de España, que se anticipó varias décadas a otros países europeos en cuanto a los logros políticos y sociales alcanzados
. Entre sus características principales destacan: un avanzada declaración de los derechos individuales de todos los ciudadanos, el derecho de todos los ciudadanos a la participación política, el sufragio universal masculino, la libertad de imprenta, la libertad de culto y el derecho de reunión y asociación, todos ellos reconocidos por primera vez y de una gran importancia para el desarrollo del movimiento obrero en España. Cabe destacar que, por primera vez, se prohíbe toda práctica relacionada con la censura previa de cualquier publicación, lo cual fue un gran avance para la difusión de opiniones y un potente estímulo para el nacimiento de numerosos periódicos en España.

Caja de plata para guardar la Constitución de 1869. Despacho del Presidente, planta baja del Palacio del Congreso de Diputados.

Además, la constitución proclamaba la soberanía nacional, indicando que todos los poderes del Estado surgían de la Nación española, cuya forma de gobierno era la monarquía parlamentaria.
Por último otorgaba un gran papel a las Cortes, que serían el máximo órgano de representación de la nación, ya que no solo legislaban, sino que controlaban al gobierno y limitaban el poder del monarca.
El día 19 de octubre de 1869 en España, el gobierno establece la peseta como unidad monetaria.

Constitución de la Nación Española. Promulgada el día 6 de Junio de 1869.

Artículo 21 de la Constitución de 1869, que motivó la Petición a las Cortes por parte de la Asociación de Católicos de España de la continuidad de lo establecido en la Constitución de 1812.

La Constitución española de 1869 fue la primera de carácter plenamente democrática del liberalismo decimonónico español, siendo aprobada el 6 de junio de ese año, después de un proceso revolucionario que terminó con la etapa de Isabel II y el gobierno corrupto de los liberales moderados, revolución conocida como “La Gloriosa”.

El 6 de junio de 1869 se promulga la nueva Constitución, de carácter democrático y monárquica, que estará vigente hasta 1873, cuando se proclame la Primera República (1873-1874).

Este es el documento de referencia titulado: Petición dirigida a las Cortes Constituyentes en favor de la Unidad católica en España. 1869 - 363 páginas

“La Junta superior de la Asociación de católicos en España creyó que debía dar principio á sus tareas haciendo un llamamiento á las Cortes Constituyentes pidiendo la conservación de la unidad religiosa en los momentos en que la veíamos amenazada de perder esa preciosa joya que constituye el carácter de nuestra  nacionalidad. Con este fin, en el mes de diciembre del año pasado publicó un manifiesto é instrucciones para que de un modo uniforme se suscribiera en todas partes la sencilla petición que se había de presentar al Congreso de los diputados. Pocas eran nuestras esperanzas; pero creímos siempre que si los que se llaman representantes de la nación se hacían sordos á nuestros ruegos; si no conseguían apartarles de su camino las suplicas ardientes de los pueblos, obtendríamos al menos una manifestación solemne que sirviera de protesta contra el ataque que iba á sufrir el sentimiento mas vivo de España, y fuera un monumento perpetuo de la religiosidad de nuestra patria.


…pues á pesar de los gravísimos y casi insuperables obstáculos con que la impiedad ha tratado de impedirla, cerca de cuatro millones de firmas, correspondientes á diez mil pueblos, atestiguarán perpetuamente que la opinión, que el común deseo de España era y es conservar la preciosa unidad establecida con tanta gloria, con tanto heroísmo sostenida, tan firmemente consolidada, reclamada con tanto entusiasmo, y hoy tristemente perdida.
Cumpliendo con la promesa que hizo esta Junta superior, se publica hoy el Catálogo de los pueblos que por su conducto han elevado su voz á las Cortes Constituyentes; y al hacerlo, hemos creído que debíamos dar noticia de algunas de las causas que han impedido que la petición de la unidad católica no haya sido suscrita por casi todos los españoles, ya que relativamente al número de los que lo desean, es una cifra muy insignificante la de cuatro millones.
El derecho de petición ha sido siempre en España un derecho sagrado. Los Reyes no han tratado jamás de limitarlo ni de impedirlo; y aunque ahora no se ha dado ninguna ley que lo negara, sin embargo, para los católicos no existe; por primera vez se ha prohibido dirigirse reverentemente á las autoridades; se ha considerado como un delito, y se ha perseguido y castigado el exponer á los poderes públicos los deseos de los pueblos. En este punto hemos sido víctimas de injustificados atropellos, y hemos podido conocer que las libertades que se proclaman nunca serán para los católicos, que nunca gozaran de la de asociación, ni de reunión, ni de imprenta, ni de petición…”


(En el documento se observan utilización de los signos de puntuación que hoy serían considerabas faltas de ortografía. Por ser respetuosos con el texto original hemos mantenido el texto original en su integridad)

En este documento se muestran las diferentes provincias de España que se han adherido al documento reivindicativo en cuestión y en las páginas 113 y 114 aparece la relación de pueblos de la provincia de Jaén que se adhieren al citado manifiesto a presentar ante las Cortes Constituyentes, apareciendo nuestro pueblo Higuera de Arjona con 369 personas que firman el documento de petición de que sea considerada la Religión Católica como la única de España.
En lo relativo a la provincia de Jaén firman la petición en 60 pueblos que aparecen relacionados en las páginas 113 y 114 y un total de 43,459 firmantes en toda la provincia.


De la lectura de las dos páginas anteriores podemos hacer algunas conclusiones sin ánimo  de valorar resultados. Higuera de Arjona aparece con  369 firmantes, Villanueva de la Reina con 317, Cazalilla con 58 y Fuerte del Rey no figura. Vemos como Arjona destaca como la máxima en número de firmas con 4.488, mientras Andujar se queda en 585. Úbeda y Baeza se quedan muy por detrás en acogida al escrito a pesar de ser poblaciones significativamente mayores con 966 y 1551, y Jaén con 7109 firmantes. En todo caso entendemos que el número de adhesiones al escrito dependería de la mayor o menor gestión que se hiciera por parte del párroco del pueblo y de las personas colaboradoras del mencionado proyecto de petición, que en algunos casos tuvieron algunas dificultades.

Finalmente podemos concluir este artículo con las referencias al laicismo del estado que en algunos periodos históricos se ha defendido para nuestro país.
El término laicismo ,  surgido durante el Siglo de las Luces, tomó significado para designar el impulso moderno de los Estados, organizaciones y personas para la independencia de las instituciones respecto al poder eclesiástico, el deseo de limitar la religión al ámbito privado, particular o colectivo, de las personas y permitir mejores condiciones para la convivencia de la diversidad religiosa, poniendo al Estado de árbitro y, como reglas del juego, los derechos humanos. En los países de mayoría católica este proyecto se encontró con la oposición de la Iglesia, lo que dio nacimiento al conflicto clericalismo/anticlericalismo.
En general, los laicistas afirman que la laicidad es un principio indisociable de la democracia, porque las creencias religiosas no son un dogma que deban imponerse a nadie ni convertirse en leyes. Fernando Savater, profesor de ética y filósofo, dice que "en la sociedad laica tienen acogida las creencias religiosas en cuanto derecho de quienes las asumen, pero no como deber que pueda imponerse a nadie. De modo que es necesaria una disposición secularizada y tolerante de la religión, incompatible con la visión integrista que tiende a convertir los dogmas propios en obligaciones sociales para otros o para todos. Lo mismo resulta válido para las demás formas de cultura comunitaria, aunque no sean estrictamente religiosas".
Un Estado laico de esta forma pretende alcanzar una mejor convivencia al ordenar las actividades de los distintos credos, asegurando la igualdad de todos ante la ley, y en muchos casos sirviendo como herramienta para someter el sentimiento religioso, pretendiendo así anteponer los intereses generales de la sociedad civil sobre los intereses particulares. En otros campos más específicos, por ejemplo la educación, se usa el término de educación laica cuando se defiende la enseñanza pública o privada manteniendo la independencia de la misma respecto a cualquier creencia o práctica religiosas.
En el siglo XIX francés la palabra laicización significó sobre todo el esfuerzo del Estado por sustraer la educación al control de las órdenes religiosas, ofreciendo una escuela pública controlada exclusivamente por el Estado igual para todos
. La Iglesia Católica se ha opuesto a esta visión del laicismo, pues considera que no garantiza la libertad religiosa y de culto de los católicos. La Iglesia Católica se acercó a las posiciones políticas más modernas, aproximándose a una renuncia al estado confesional, durante el Concilio Vaticano II y retrocediendo después a sus posiciones tradicionales. Acepta un régimen de separación del Estado, pero puntualiza que esta "separación" no implica la renuncia a exigir que las leyes se amolden a sus posiciones doctrinales en los países que considera católicos, allí donde los bautizados son mayoría, en los que exige una posición especial. La Iglesia Católica distingue actualmente entre un estado laico, que reconoce la autonomía mutua de la Iglesia y el Estado en sus respectivas esferas, y el Estado laico, que se resiste a la tutela espiritual del Estado por parte de la Iglesia.
Habrá lectores que digan tras la lectura: “Con la Iglesia hemos topado, Sancho”, en el sentido que hoy se le da en la calle, como una expresión coloquial que se usa para denotar que no es conveniente que en los asuntos propios se mezcle la Iglesia, o el disgusto de ver detenido un asunto propio por la intervención de la Iglesia.

Esta claro que Don Quijote y Sancho Panza son los protagonistas de esta expresión, aunque la sociedad se ha aprovechado del dicho para darle otro sentido  diferente del originario como después veremos.

Hoy en día el significado se ha extendido para indicar metafóricamente con el término Iglesia a cualquier autoridad, el jefe, el padre, el gobierno, la dirección de la empresa, etc., que se interponga ante las intenciones de la persona que pronuncia esta frase.

El origen de esta frase se remonta al siglo XVI cuando el poder de la Iglesia era omnímodo y producía terror el verse envuelto en un litigio con ella. Como poco significaba tener que renunciar a las intenciones merecedoras de la atención de la Iglesia.

La causa del nacimiento de la expresión, tiene como escenario El Toboso, pueblo donde se desarrolla la frase originaria.

Esta sentencia se extrae del libro El Ingenioso caballero Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes, en el Capítulo 9 de la segunda parte. Sin embargo, la cita en el libro no tiene el significado que se le ha dado. En el citado capítulo, Don Quijote y Sancho Panza se adentran de noche en El Toboso buscando el palacio de Dulcinea...
Guió don Quijote, y habiendo andado como doscientos pasos, dio con el bulto que hacía la sombra, y vio una gran torre, y luego conoció que el tal edificio no era alcázar, sino la iglesia principal del pueblo. Y dijo:
“Con la iglesia hemos dado, Sancho”. (El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Vol. II, Cap 9)
Don Quijote únicamente indica que es la iglesia del pueblo lo que han encontrado y no el palacio de Dulcinea, sin ninguna otra intención o segundo significado. Es de notar el cambio de verbo; de dado a topado que es el que le da el sentido de detención de intenciones antes aludido.



Pedro Galán Galán
Granada 6 de Junio de 2012.
Aniversario de la Promulgación de la Constitución Española de 1869.

Bibliografía:

Autores varios, Historia contemporánea de España. Siglo XIX. Editorial. Ariel. Madrid, 2004.

Autores varios, Enciclopedia de Historia de España. Alianza Editorial. Madrid, 1991.

Burdiel, Isabel. Isabel II. No se puede reinar inocentemente. Editorial. Espasa-Calpe. Madrid, 2004.

Carr, Raymond. Historia de España. Editorial. Península-Atalaya. Madrid, 2001.

Comellas, José Luis. Historia de España Moderna y Contemporánea. Madrid, 1975.

Javier de Burgos, F. Anales del Reinado de Isabel II. Madrid, 1850.

Llorca, Carmen. Isabel II y su tiempo. Alcoy, 1956.

Martínez Gallego, Francesc A. Conservar progresando: La Unión Liberal (1856-1868). Valencia, 2001.

Martínez Cuadrado, M., Elecciones y partidos políticos de España (1868-1931)
Historia de España. Ed. Almadraba.

Rico, Eduardo G. La vida y la época de Isabel II. Editorial Planeta. Barcelona, 1999.

Suárez Cortina, Manuel. Las máscaras de la libertad. El liberalismo español, 1808-1950. Madrid, 2003.



lunes, 17 de diciembre de 2012

Nuestro oro líquido.

El aceite de oliva.

Si miramos hacia atrás unos pocos de milenios, podríamos constatar según estudios realizados, que el olivo ya existía en el período Paleolítico (según restos fosilizados encontrados en el Norte de África). Los primeros hallazgos en España, encontrados en excavaciones arqueológicas, datan del Calcolítico (también llamada Edad del Cobre o Eneolítico) y Edad del bronce. Por tanto podemos hablar de la existencia del olivo desde hace unos 14.000 años. Parece ser que su origen estuvo en Asia Menor.

Si nos remitimos a la  mitología griega, el olivo surge como resultado de una lucha de poderes entre Atenea (diosa de la sabiduría), y Poseidón (dios de los mares), donde el que obtuviera la victoria en la batalla se convertiría en protector de una nueva ciudad: Ática.
Poseidón clavó su tridente en una roca, y de esa fisura afloró un caballo junto al agua que manaba. Posteriormente, Atenea hizo de las mismas con su lanza, emergiendo en este caso un olivo a las puertas de la Acrópolis. De esta manera nombraron a Atenea ganadora, los habitantes de la nueva ciudad se llamarían Atenienses, y consideraron este olivo un valioso regalo otorgado por la diosa: parece que al día de hoy aún existe un olivo en el lugar que esto ocurrió.








Mapa de la antigua Atica (wikipedia).

Tanto el olivo, como las aceitunas y su aceite, también tienen importancia especial para el Cristianismo. Podemos leer en Libro del Génesis que una paloma entregó una rama de olivo a Noé, señal del cese del diluvio. También decir que, en el Libro del Éxodo, Moisés ungió a su pueblo con aceite de oliva; y en la Antigua Grecia servía para ungir a reyes y sacerdotes en sus diversas ceremonias.  La Biblia nos cuenta que Jesús iba a orar al Monte de los Olivos, etc.
En lo que concierne a España, el cultivo del olivo fue introducido por los Fenicios (año 1.050 AdC), pero no se llegó a desarrollar plenamente en grandes extensiones hasta tiempos de Scipio (año 212 AdC), durante la ocupación romana. Tras la tercera Guerra Púnica, el olivar ya ocupaba buena parte del valle de la Baetica (el valle del actual Guadalquivir), siendo su capital Corduba (la actual Córdoba). Pronto proliferó hacia el centro de la Península Ibérica y sus costas del Mediterráneo, llegando también hasta Portugal.

Provincia de la Bética.

Con posterioridad, los Árabes introdujeron nuevas variedades en el sur de España, además de incentivar el cultivo del olivo y perfeccionar las técnicas de producción del aceite , palabra ésta de origen árabe, cuya etimología está en la palabra "az-zait", que quiere decir "jugo de aceituna".
En la actualidad, nuestros campos son casi en su totalidad “un mar de olivos”. Otros cultivos que toda la vida se habían llevado a cabo (trigo, garbanzos –famosos, …antaño…, los de nuestro pueblo- , lentejas, etc.) han sucumbido ante el olivar.



Hemos llegado así casi a tener un monocultivo, con sus pros y sus contras (aunque quizás predominen estas últimas).
Actualmente dependemos casi por completo del olivar, y por ello pueden venir “momentos de gloria” (cuando se recogen buenas cosechas y el producto es “bien pagado”), pero también momentos de declive y perjuicio (cuando vienen años extremadamente bajos en la producción y, aunque contradictorio, el producto no es bien defendido en los mercados y por tanto no es “bien pagado”).  Cuando esto último ocurre es cuando el monocultivo nos aporta sus peores consecuencias (económicas), obviando que no tenemos otro recurso importante que no sea éste (el cultivo del olivar).
Al margen de lo económico, existen otros perjuicios ocasionados por el monocultivo, como puede ser la rápida dispersión de las enfermedades (no olvidemos el verticilium). Por otro lado, está la desventaja de que no pueda sustentarse cierta fauna (ciertos animales) existente anteriormente (…por no poder alimentarse, protegerse o reproducirse), por  lo que a su vez da lugar a la reproducción desmesurada de algunos insectos  que generaran la formación de plagas. Ahora vendría la extinción de plagas: necesarios los plaguicidas para reducir sus poblaciones (de efecto rápido pero de dudosa larga vida activa). Con el tiempo, estos plaguicidas, harán resurgir otras nuevas especies de plagas, con lo que al final tendremos que recurrir  a los “químicos”. Todo esto, finalmente, acarreará cambios en otras hierbas existentes, toxicidad en otros organismos  vivientes  y contaminación general del medio ambiente.
Los inconvenientes del monocultivo no quedan ahí. Los suelos suelen sufrir por el desgaste de los nutrientes, lo que conduce a su erosión. Las plantas que “estorban” son aniquiladas, con lo que los nutrientes naturales (reciclados naturalmente) se han de ver suplantados por los fertilizantes adicionales (en muchos casos químicos).
Por todo esto y más factores, deberíamos apostar por la diversificación del cultivo, y si no, como mínimo, apostar por  el cuidado minucioso de nuestras tierras. Esto es algo que intentaré tratar de forma más detallada y directa, aludiendo a lo que podemos observar cada día si paseamos por nuestros campos.


--- Presentación del olivo, la aceituna y el aceite.

EL OLIVO es un árbol de la familia de las oleáceas. Su tamaño puede ser variado según su edad y lugar de crianza: se han conocido algunos de hasta 15m de altura.
Durante su juventud, la corteza de su  tronco suele ser lisa y con tono grisáceo, adquiriendo rugosidades y ranuras/surcos, y una gran cepa conforme van pasando los años.


Sus hojas son lanceoladas (con forma del hierro de lanza), de unos 8cm de largo por 1,5cm de ancho, de color verde brillante por su cara delantera, y un color más blanquecino por su dorso o envés.
Sus flores son bastante pequeñas y presentan 4 pétalos blanquecinos, desprendiendo una fuerte fragancia en su tiempo de polinización.



Algunas de sus variedades existentes en España: picuda, empeltre, hojiblanca, cornicabra, lechín, manzanilla, verdial y picual. Esta última es la más abundante en España.


LA ACEITUNA es el fruto del olivo, resultado de esas pequeñas flores antes mencionadas.
Es una pequeña fruta de forma ovalada con una sola semilla, de sabor amargo. Su color pasa de verde (amarillento) a morado oscuro en su madurez. Su hueso es proporcionalmente grande y de gran dureza.

Según el escritor agronómico romano  apodado COLUMELA, Lucius Junius Moderatus (Gades, Bética, 4 d. C. - Tarento, ca. 70 d. C.), el momento óptimo de recogida del fruto lo considera así: "…desde que las aceitunas cambien de color y ya aparezcan algunas negras entre muchas blancas, convendrá cogerlas a mano, en un día sereno, se cribarán y limpiarán y con cuidado se llevaran al molino..."
Esta aceituna podría ser una de las del gusto de este ancestro nuestro.
(Recomendable leer “Los 12 libros de agricultura de Columela”).

El principal fin de la aceituna es la obtención del aceite, aunque también es utilizada para curarla y acompañar en las comidas (“de mesa”). En este último caso se pueden recoger tanto verdes como maduras, dependiendo del gusto que se prefiera disfrutar. Sus aliños son también variados: esto ya se trató en otro artículo de este Blog.

EL ACEITE es el producto que se obtiene de la aceituna.
Como ya se comentaba antes, es importante una aceituna de buena calidad para la extracción de un buen aceite. Una recogida bien llevada a cabo, a parte de un buen estado de maduración,  también es muy importante para obtener calidad en el producto final: lo propio sería cogerla a mano como indicaba Columela en sus días. Puesto que esto, hoy por hoy resultaría poco rentable, al menos debemos considerar el hecho de que el fruto no tocase el suelo: recogerlo con faldos, faldetas o mantones. De ahí la importancia de separar las entregas de las distintas partidas de aceituna según su procedencia: árbol o suelo. La aceituna que lleve algunos días en el suelo habrá cogido algo de acidez, y por tanto no posee la misma calidad que la que se recoge “fresca” del árbol.
Una vez recogida la aceituna en el campo ha de entregarse cuanto antes en la almazara, y ésta no debe demorar más de 24h su procesado. El primer proceso al que se somete la aceituna es su limpieza, lavado y pesado(una vez separadas por su tipo/variedad y procedencia). Después pasará a su almacenamiento, no prolongado,  para la molturación.
Con el molido de la aceituna (sin separarla del hueso) se rompe su estructura y permite liberar su parte líquida. Posteriormente, con el batido, se consigue separar la pasta de otros elementos, para poco a poco extraer el aceite.
Antaño, la aceituna se molía con rulos de granito que giraban sobre una solera generalmente del mismo material.  Su proceso de molturación oscilaba entre los 15 y 30 minutos. Actualmente se realiza en molinos de martillo, llamados así por los martillos que giran golpeando la aceituna y la convierten en masa. Tienen más rendimiento que los de rulos, también ocupan menos espacio y son más progresivos en la molienda. Si tuviéramos que poner algún “pero”, podría ser la posible “contaminación” por el desgaste del  metal de la maquinaria y la posible afección en el sabor final del aceite (posiblemente los mejores catadores podrían dar fe de ello).





Tras conseguir la masa, ésta era pasada a una batidora, cuyo movimiento giratorio la preparaba para el prensado en los capachos.  El tiempo óptimo de batido estaba entre 10 y 15 minutos.  Actualmente se realiza en batidoras modernas fabricadas en acero inoxidable, que contienen en sus aspas un sistema de calefacción mediante agua caliente. En el caso de utilizar este sistema, se  consigue un aumento en el rendimiento de aceite (al separar mejor sus partículas), pero incide negativamente en las propiedades organolépticas (color, sabor, textura, olor, etc.) del aceite resultante: de ahí el famoso “prensado en frío” que toda la vida se ha venido llevando a cabo con el sistema de los capachos, ya que la masa batida se prensaba a temperatura ambiente.


(Prensa de capachos del Cortijo de San Rafael).

En caso de hacerse el batido “en caliente”, y para obtener un aceite de calidad, la temperatura ha de estar comprendida entre los 27ºC y 29ºC, y no superar un tiempo de 90 minutos.
Finalmente estaría el proceso de extracción: separación del aceite del resto de los componentes, tales como agua (contenida en la aceituna: “agua vegetal”), piel, pulpa y hueso. Teniendo en cuenta de nuevo lo tradicional y lo actual, podemos decir que desde hace unos pocos años para atrás, el aceite resultante del prensado en los capachos se vertía en unos depósitos de decante. Era en estos depósitos donde se iban dejando posar las insignificantes impurezas y separando el agua del aceite, dejándolos en reposo. Actualmente, esto se realiza con máquinas de centrifugado (horizontal y vertical), eliminando así tanto los residuos sólidos como el agua (vegetal).
Una vez terminados estos procesos, el  aceite pasará a la bodega, donde se almacenará a temperaturas suaves y constantes. Años atrás se utilizaron las tinajas de barro para su almacenaje. Actualmente se realiza en grandes depósitos de acero inoxidable.

Hasta aquí, una breve presentación del olivo, su fruta y su fruto final, pero no pretendo alargar más estas y otras explicaciones sobre el aceite de oliva, puesto que hay muchísimos libros y espacios en  internet donde se pueden consultar estos datos y otros muchos más. Cada cual indague lo que esté de su interés.





Cuando pensé en realizar este artículo, mi interés principal era (…y es) llamar la atención  sobre el deterioro del sustento de todos estos olivos (…y demás plantaciones y siembras): LA TIERRA DE CULTIVO (“el campo”, como es llamado en nuestro pueblo).
 

Si miráramos hacia atrás en el tiempo, unos 25 ó 30 años solamente, podríamos observar el cambio que han experimentado nuestros campos. Algunos lectores posiblemente no puedan recordar esto, otros (como yo) casi levemente dada su corta edad por entonces; otros sí que fueron testigos de lo que trato de exponer. Antes, en este artículo, cuando mencionaba lo del monocultivo, ya expuse algunos factores que se están dando y que ahora trataré de explicar más directamente.

Recuerdo, de niño, aquellos campos en los que existían las hierbas, que aunque en muchas ocasiones las llamamos “malas”, para mí nunca lo fueron (y así quizás sea también para la mayoría de nosotros). Hasta la planta de ortiga (por mencionar alguna), que “pica” cuando la tocas, otorga sus beneficios en otros ámbitos: no olvidemos que la fermentación de las mismas sirve para regular (no combatir) las plagas de pulgón. Me viene al recuerdo aquellos campos de amapolas, y de jaramagos (en Lahiguera llamados “jarmargos”) ; existían los “ajos porros”, las “campanillas” (malvas acampanilladas), la grama, las verdolagas, 





las espinacas, los cenizos…algunos ellos formando muchas veces una amalgama de colores digna de observar. Al mencionar las espinacas me viene a la memoria un año que, en un pedazo de tierra detrás del Cortijo del Peñón, llegamos a recoger 3 sacos de espinacas silvestres. Hoy esto es impensable e imposible, dado que no hemos dejado planta alguna por nuestros campos, extinguiendo hasta sus semillas.
Recuerdo que los cantones o zonas no ocupadas por los cultivos, estaban plagadas de “cardos borriqueros”, de tobas, de pitas, etc. En los arroyos y humedales existían juncos y cañas; “arrezú” (raíz de regaliz o “palodú”, por cierto con propiedades medicinales), hinojos, manzanilla. De las malvas, los niños nos comíamos sus “panecillos”.



Todas estas hierbas y muchas más que ahora no me vienen al recuerdo existían hace tan sólo unos años, algunas de ellas entremezcladas con los cultivos.

Hoy en día, esto ha cambiado bastante, y considero que no positivamente. Cuando exponía lo del monocultivo mencionaba sus perjuicios, y uno de ellos era precisamente éste, la aniquilación de todo lo que “estorba” para que todo vaya, en este caso, en pos del olivo. Pues bien, considero esto un gran error. Debemos recapacitar , y observar  que en pocos años nos “hemos cargado” casi toda la flora autóctona existente en nuestros campos. No olvidemos que ésta era la que alimentaba o cobijaba a infinidad de animalillos, tanto insectos como aves, reptiles, roedores, etc. , y que además en muchos casos era el sustento tanto para los mencionados como para un gran número de animales diversos: topos, conejos, ratoncillos, etc. En poco tiempo hemos aniquilado la base de la cadena de la vida. Así, lo mismo que antes mencionaba una serie de plantas que se veían y ahora no se ven, o se ven raras veces, podríamos hacer mención de infinidad de animales que ya no vemos, o casi no vemos: recordemos que antiguamente había una arraigada costumbre de poner “costillas” o cepos para atrapar pájaros y después “ligárselos” con unos vasos de vino (hacer la liga) o comérselos como parte de una comida más en determinados casos. Esto… hoy…diría que es impensable, y de ahí su prohibición… dada la escasez.  Si vamos a pasear o a trabajar al campo y tratamos de escuchar algún pajarillo, tan sólo nos encontramos con el silencio, o algún ruido de cualquier maquinaria agrícola que está en sus labores, pero rara vez con ese sonido tan peculiar que antes podíamos percibir por donde quiera que estuvieramos. Muchos recordarán que se esperaba el tiempo de la venida de los zorzales. También recordarán que los jilgueros, chamarines, camachillos y otros pájaros eran nuestros fieles acompañantes en nuestras casas, y que con su música alegraban el hogar.

Poco a poco, y sin darnos cuenta, hemos llegado a esta situación. Siempre nos dijeron que tal producto químico no era malo, …que sólo mataba la hierba temporalmente y que no era residual… . Si nos indicaban una cierta dosis, le echábamos otro poquito más para así asegurar que “las malas hierbas” no nos iban a estorbar por un buen tiempo. Todo esto nos resultaba increíblemente cómodo y “barato” para así sacar más partido a nuestra producción. De este modo fuimos acostumbrándonos a una forma de llevar a cabo el tratamiento de nuestros campos, pareciendo que todo lo que nos contaban era verdad, dejándonos convencer.

Al tiempo de estar utilizando estos productos nos vamos dando cuenta que no sucede lo que nos habían contado. Comenzamos a ver nuestros campos limpios de cubierta vegetal…”ahora el olivo sí que va a estar bien…todo lo que le echemos va a ser para él”. Así hemos ido extinguiendo todo el entorno natural que nos rodeaba. En unos tiempos se decía que arar era incorrecto…que favorecía a la erosión… En mi opinión, dentro de lo malo, no era tan malo, sino que lo realmente malo es dejar nuestras tierras áridas. Cuando existía la hierba, sus raíces y la misma hierba tras el proceso de arado, servía de traba para la tierra de labor. No olvidemos cómo se hacían antiguamente los adobes (para la construcción de las paredes de viviendas): barro y paja prensados. El barro sin la paja no servía para nada, se desmoronaba. La paja era el elemento que ejercía de traba para que no se desgranase. Del mismo modo, la hierba actúa sobre la tierra de labranza.

La tierra, al no tener algo que la sujete (en este caso las raíces y la misma hierba), se convierte en árido, y entonces comienza a ser arrastrada por las aguas de lluvia. Sucede entonces que empiezan a formarse grandes socavones en la tierra, en Lahiguera llamados “arroyaeros”. Algunos son asombrosos por sus dimensiones, con el consiguiente peligro que origina cuando son llevadas a cabo las labores agrícolas. 





Algunas vistas desde el paramotor:







Podemos observar la tierra desprovista de cubierta vegetal (la que siempre hubo). Los olivos se han quedado solitarios, acompañados de esos grandes socavones que sin éxito tratamos de cegar introduciendo en ellos los restos de la poda del olivar, entre otras cosas, porque en otros casos también son utilizados multitud de escombros que nada tienen que ver con el entorno y que más tarde también proporcionarán sus malas consecuencias; en otros casos diques de hormigón (en nuestro pueblo llamados “albarrás”, de la palabra albarrada: parapeto). Estos “arroyaeros” suponen un problema, como ya mencionaba antes, no sólo para la labranza, sino también para la recolección y acarreo de la aceituna, acentuándose el peligro si acompaña un período abundante de agua-lluvia.

En algunos casos comenzamos a ver algo de cubierta vegetal (vamos tomando algo de conciencia):










En otros casos ésta aparece en la camada o calle entre las olivas.













Voy a “arrojar” unos datos que nos pueden dar una idea del perjuicio económico que ha supuesto “intentar” cegar esos “arroyaeros”:

Hace unos tres años aproximadamente (cuando tuvimos otro período abundante en lluvias), nuestro pueblo se gastó en “camiones de tierra” echada a esos arroyos, unos 130 millones de las antiguas pesetas (esto se calculó preguntando a los que hicieron las labores de porteado, informándonos del número de portes que se habían dado;… y multiplicándolos por lo que estaban cobrando por unidad, resultó esa cantidad aproximada). Si tenemos en cuenta que en nuestro pueblo, un año por otro, se recolectan unos 20 millones de kilos de aceituna, podemos hacer una simple cuenta de división:
130.000.000pts : 20.000.000kgrs= 6,5 pts/kgr


Esto quiere decir que a cada kilo de aceituna le hemos añadido un gasto de  6,5 de las antiguas pesetas, sólo en tapar arroyos. Pero lo peor es que la solución no fue eterna, puesto que la mayoría de ellos se han vuelto a abrir este mismo año con las aguas caídas (las fotos mostradas son recientes). A veces miramos el “simple” coste de un jornal, pero no le echamos cuentas a estos detalles.

El uso desmesurado de herbicidas nos ha llevado hasta esta situación. Al mismo tiempo hemos conseguido que proliferen otras enfermedades o plagas que antes no existían. Una de las enfermedades que más nos atañen en el día de hoy es la ocasionada por el verticilium. Nos dicen que es un hongo que ataca al olivo. Mi pregunta: ¿Por qué ha proliferado tanto en los últimos años?. En mi opinión, se podría dar una respuesta  lógica: Este hongo estaría sustentado por alguna/as plantas que antes existían, pero al no encontrarse con su medio habitual ha tenido que adaptarse a lo que se ha encontrado; y …¿qué es lo que ha quedado para su supervivencia?…el olivo (tan sólo el olivo). Por tanto, nosotros mismos nos hemos proporcionado el “enemigo”. Nuestros olivos van uno tras otro siendo afectados y acortando enormemente su vida. En pocos años hemos podido comprobar cómo, en algunas zonas más que en otras, nuestros olivos han ido mermando. Hemos repuesto la planta y vuelve a fenecer. Hemos probado infinidad de “soluciones” que se comentaba que funcionaban, pero no llegamos a dar con la solución para contrarrestar su actuación. Al final…según algunos comentarios recientes de varios agricultores…parece ser que donde se está dejando cubierta vegetal (hierba), su efecto se está reduciendo. Tomemos nota.

(Se puede observar las faltas de plantío que un año tras otro se tratan de reponer sin éxito.)




Del mismo modo que nuestros olivos se han visto afectados por ese hongo, también hemos comprobado la repercusión que han tenido los conejos sobre los mismos. Y volvemos a hacernos la pregunta: ¿…si no hay hierba que comer…de qué se van a sustentar esos animales?. Pues efectivamente… del olivo. Una vez más la naturaleza trata de sobrevivir.

Otra de las repercusiones de este uso abusivo de herbicidas y de la aridez provocada en nuestros campos, es la continua sedimentación de los cauces de los arroyos y ríos. Gran cantidad de la tierra fertilizada está acabando en los mismos. Así ocurre que sus cauces van subiendo a medida que el ser humano trata de hacerles canal, sacando parte de esos sedimentos y echándolos a un lado. Podemos observar en las siguientes fotografías los cauces de los arroyos “salaillo” y “salado”, cómo, al quedar sus cauces más altos que las tierras circundantes,  tienen multitud de desbordamientos con los consiguientes daños a las parcelas vecinas:



Todo lo anterior nos ha afectado sin duda, pero quizás no sea lo peor… Lo peor puede estar por llegar. Me da incluso miedo mencionarlo: la contaminación de nuestro suelo, y por tanto del fruto que se alimenta de él. ¿Qué ocurriría si se hiciera un análisis de los residuos químicos contenidos en el  aceite?, …¿qué sería de nuestro producto oro?, …¿qué sería de este nuestro producto sin duda tan saludable, tan positivo para la salud?. 


Deberíamos plantearnos desde YA cambiar de actitud, de cuidar nuestro suelo (nuestro campo). Deberíamos conseguir una EXTRAORDINARIA CALIDAD de este GRAN PRODUCTO y luchar por defender su precio en relación a lo que se ofrece.



Ojalá estas palabras tuvieran algún eco entre todas las gentes que tenemos en nuestras manos la labor de mirar por nuestras tierras.



Algunas fuentes consultadas:
http://www.aceitedeoliva.net/elaboracion_del_aceite_de_oliva.php
http://olearum.t2v.com
http://usuarios.iponet.es/mora/olivo.htm
http://thales.cica.es







Juan José Mercado Gavilán.
Lahiguera a 4 de noviembre del 2012.



sábado, 15 de diciembre de 2012

Nuestra Gente: Manuel Hombrado.

Manuel Hombrado:

Manuel Hombrado, alias Tirnajo, fue el sepulturero de nuestro pueblo hace unos sesenta y tantos años. Su mujer se llamaba Cándida Flores. Tenía buen tiento para las canciones y la curandería, …de marranos y otros animales. Vivía en una pequeña cueva con una choza aledaña en el camino de “Los morales”. Posteriormente en una casa en la calle de las cuevas, actual calle San Juan.

- Hombre Manuel, … que tengo un cochino malo, … a ver si me lo puedes mirar para ver lo que le pasa.
- Esta tarde me paso por tu casa.
(…por la tarde)
- ¿Qué le pasa…? …preguntó el dueño del animal durante la visita de Manuel.
- “Tiene macaraca complicá con el abujaneo”, …era una respuesta bastante habitual de Manuel.

Y éste, …para salir del paso…, preguntaba si tenían orujo en casa (a sabiendas que por la fecha del año, el mes de octubre --fecha en que ocurrieron los hechos--, sería muy difícil que familia alguna tuviera lo que pedía: ya había pasado año para que le hubiese dado tiempo a gastarlo). Al encontrarse la respuesta negativa, como él esperaba, Manuel añadía: “Pues entonces va a tener poca salvación el cochino, …si se salva va a ser por la mano de Dios”.

Este personaje, así como su mujer, eran mencionados en una de las canciones de Tomequiere (a quien habrá que dedicar un amplio espacio en este Blog):  “En este pueblo de Higuera, hay dos chicos que sienten amores…y les voy a decir quiénes son…Tirnajo y Cándida Flores”. Mencionar que éstos habían cumplido ya los 60 y pocos años en aquellos entonces, de ahí que fuera sonado su enamoramiento y Tomequiere les dedicara esta canción.

Este señor en cuestión, tenía el huerto dentro del cementerio (por gozar del privilegio de ser el sepulturero). Casi todas las noches era víctima de continuos atracos a lo cultivado (dadas las necesidades de aquellos años). Se cuenta, que una noche, …vestido con una sábana blanca sobre su cabeza, con dos dientes de ajo puestos en su boca, y una vela bajo el atuendo, ….intentó asustar a los “atracadores”. Les decía: “¡Sooooy un aaaaalma del ooootro muuuundo!” . A lo que contestaron estos nocturnos “recolectores”:  “Ya nos extrañaba que fueras de este mundo, … porque si no, estarías aquí robando como nosotros”.




Juan José Mercado G.
Lahiguera a 15/12/2012.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Nuestra Gente: Juan Segundo.

JUAN SEGUNDO:

Juan Segundo era uno de esos personajes populares y queridos en el pueblo. Por uno de sus oficios, el de buhonero, trataba mucho con la gente. Digo uno de sus oficios porque el hombre trabajaba todo lo que podía y en cualquier cosa. Pertenecía a la familia de los “Ochando” y vivía cerca de la esquina de la “Tía Rabiando” (calle Blas de Otero y antigua calle Camino de Arjona). Era muy gracioso y ocurrente, como lo demuestran las siguientes anécdotas; dos, de las muchas que le ocurrieron a lo largo de su vida y oficio.

Juan Segundo tenía un borrico, con él, y cuando no había faena en el campo, iba todos los días hasta Andújar cumpliendo lo encargos que los paisanos le mandaban.

-Juan Segundo, tráeme una maceta.
-Juan Segundo, cómprame una arroba de vino.
-Juan Segundo...

Había una vecina, muy “mala paga”, que en el pueblo todos se conocían. Un día, esta mujer, se acercó a solicitar los servicios del buhonero.
-Juan Segundo, quiero que traigas un porrón (botijo).
-¿Un porrón quieres? -Preguntó algo incrédulo y escamado.
-Sí, y que haga el agua fresquita. -Contestó la mujer como mereciéndoselo todo.
-Conque haga el agua fresquita, encima quieres que haga el agua fresquita -murmuró Juan Segundo para sus adentros, pensando que no haría el mandado. -Bien, esta tarde vuelvo, al ponerse el sol.

A la hora señalada la vecina fue al encuentro de Juan Segundo.
-¿Y el porrón, me lo traes? -Vociferó nada más verlo.
-Mira, -contestó Juan Segundo con una, apenas perceptible, sonrisa socarrona -el borrico ha pegado un tropezón por el camino y tu porrón se ha roto.

-¡Anda, que si te lo llego a pagar! -Exclamó agitando las manos con alegría, pensando en la suerte que había tenido al no pagar por adelantado.

Juan Segundo, sin poderse aguantar, le contestó rápido:
-¡Anda, qué sí te lo llego a traer!


En otra ocasión, hablaba con otro paisano, este muy bueno y concienzudo, familia de “los Chorreones”,  pero muy beato.

-Si vas mañana a Andújar me traes, si Dios quiere, medio saco de patatas de siembra. También me traes, si Dios quiere, una manta que tú veas que abrigue y, si Dios quiere, una tinaja mediana.

-Sí, mañana voy a Andújar, iré todos los días hasta que empiece la aceituna.
-¡Entonces, si Dios quiere, qué tengas un buen camino!
-Todas esas cosas te traeré -contestó Juan Segundo, el paisano era de confianza, pero qué pesado con “si Dios quiere”.
-Bueno, hasta mañana, si Dios quiere. -le contestó cuando se volvía para irse.
-Todos los días voy a Andújar, y no pasa nada. ¡Tanto si Dios quiere si Dios quiere! -le replicó Juan Segundo, nervioso y aburrido de la retahíla del convecino.

A las primeras luces del día Juan Segundo y su burro salían de Lahiguera hacía Andújar. Bajando por el camino que va al Charcón, antes de llegar al pozo, a la izquierda, había un chortal, y todavía estará si no lo ha secado una de estas sequías. Allí se hundió el pobre borriquillo, hasta la panza.

No hubo forma de sacarlo, Juan Segundo buscó haces de varetas secas de los últimos desvaretos, pajones, pasto, hierbajos, piedras. No había manera, el pobre animal parecía que, en vez de salir, cada vez se hundía más.

Los lastimosos rebuznos llegaban hasta el pueblo, los gritos de ánimo y espanto de Juan Segundo casi llegaban a Andújar.

A mediodía, ya el burro, acobardado, había callado. Juan Segundo, irreconocible por el barro que encima llevaba, gritaba por los caminos cercanos buscando ayuda. Pero parecía una maldición, a nadie encontraba.

Al anochecer sacaron al casi moribundo animal. Necesitó una yunta de mulos y muchas cuerdas para lograrlo.

Cuando Juan Segundo recordaba, tiempo después, estos hechos. Siempre decía, además muy serio:
-¡Qué irritaciones no pasaría aquel día! Que, ahora, a todo lo que hablo añado: si Dios quiere, si Dios quiere, si Dios quiere.


Manuel Jiménez Barragán.
Lahiguera a 12/12/2012.