Castilla
vivió en el siglo XV una época de gran expansión, que le permitió actuar como
adelantada y pionera de Europa entera en la primera hora de la llamada
“civilización atlántica”.
La
Andalucía castellana ofrecía en el siglo XV la imagen de un país en el que la
nueva fase de crecimiento económico había comenzado, de manera precoz, varios
decenios antes qué en otras partes de Europa e incluso de la Península Ibérica.
Una sociedad plena de vitalidad, que se situó en menos de cien años casi a la
par, en cuanto a población y capacidad tributaria se refiere, con otras dos
grandes áreas de la Corona: el valle del Duero y el antiguo reino de Toledo.
Una región que consiguió, con la ayuda del resto de la Corona de Castilla,
sostener el esfuerzo casi titánico de la conquista del emirato de Granada entre
1482 y 1492 y prolongarlo, mediante una tarea repobladora, entre 1486 y 1505,
que no tiene parangón en ninguna otra parte de Europa. Andalucía se convirtió,
además, en el siglo XV en un área de comercio interior en auge, y Sevilla en
centro principal del gran comercio europeo, lo que explica por qué aquella
ciudad pudo coordinar la gran tarea de la expansión atlántica y convertirse en
capital del segundo imperio ultramarino europeo, mientras que Cádiz y Málaga se
afirmaban como cabeceras del comercio con el Norte de África.
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Patio del Palacio del Condestable Miguel Lucas de Iranzo en Jaén.
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El
crecimiento de población puede considerarse como causa añadida y, al mismo
tiempo, como consecuencia en muchos procesos de crecimiento económico, al
incrementar los términos de oferta y demanda, esto es, la capacidad de fuerza
de trabajo y el volumen de consumo de bienes económicos.
Posiblemente,
la Andalucía del Guadalquivir y de las sierras norteñas toco el fondo de la
depresión demográfica del siglo XIV entre 1383 y 1393.
Se
estima que, en ese momento, no tendría más de 350.000 pobladores. Un siglo y
medio después, hacia 1530, la cifra había aumentado a 750.000 u 800.000. El
incremento de población no había sido homogéneo, ni en el tiempo ni en las diversas áreas.
Por ejemplo, el hambre de los años 1503-1506 y la devastadora epidemia de 1507
habían arrebatado tal cantidad de población que, a buen seguro, las cifras
estimadas para 1530 no podían ser muy superiores a las de treinta años antes,
en torno a 1500. Respecto al reparto por zonas, el reino de Sevilla contaba con
76.000 vecinos pecheros (unos 420.000 habitantes), y los de Córdoba y Jaén con
algo más de 33.000 vecinos cada uno (en torno a 350.000 habitantes).
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Detalle del artesonado del Salón Mudejar del Palacio del Condestable Miguel Lucas de Iranzo.
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En
este artículo, tomando como referencia lo expresado en Los hechos del
Condestable Miguel Lucas (de Carriazo Arroquia), al que nos hemos referido con
abundancia de citas en anteriores artículos, describiremos el uso que se hacía
de los productos que servían de base alimenticia de los dignatarios nobles y del
clero que asistían a las fiestas organizadas por el Condestable Miguel Lucas
tanto en Jaén como en otras villas y ciudades de nuestra provincia. Así
conoceremos los alimentos ofrecidos en sus cenas y fiestas, cuál era su menaje
para la mesa, el combustible utilizado para cocinar, cómo se preparaba la mesa
y su iluminación, los platos que se preparaban, como eran los salarios y el
poder adquisitivo del trabajador y la diferencia que había entre la comida de
ricos y la comida de pobres.
Pretendemos
en este artículo describir las fiestas que se celebraban en la provincia de
Jaén en la segunda mitad del siglo XV, y describir más en detalle cómo era la
alimentación a finales de este siglo a través de los referidos libros sobre el
Condestable Miguel Lucas de Iranzo y lo registrado también en el Retrato de la
lozana Andaluza (de Francisco Delicado).
Es
bastante difícil, por no decir prácticamente imposible, poder describir los
distintos platos preparados por cada uno de los sectores sociales de las gentes
del medievo en nuestra zona del alto Guadalquivir; sin embargo, un intento de
rastreo en diferentes fuentes puede proporcionarnos un número no pequeño de procedimientos
culinarios y detalles, que de alguna manera nos pueden ilustrar sobre las posibilidades
culinarias de la sociedad de este siglo tomando las dos mitades del siglo XV y
del siglo XVI.
Contamos
con bastantes datos acerca de las comidas y bebidas de las clases poderosas a
través de los banquetes, recepciones o colaciones narrados en los Hechos del
Condestable Don Miguel Lucas de Iranzo, e incluso podemos vislumbrar la que
fuera comida habitual de este poderoso señor; también disponemos de la
información que proporciona la lectura del Retrato de la Lozana Andaluza de
Francisco Delicado, aunque tropezamos con un auténtico problema al pretender
indagar en las comidas de las capas populares, en sus diferentes escalones de
caballeros de cuantía, hombres buenos pecheros; acomodados, medianos y
pequeños; y trabajadores del campo o de la ciudad.
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Detalle del centro del artesonado del Salón Mudejar del Palacio del Condestable Miguel Lucas de Iranzo en Jaén.
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En
las descripciones de los banquetes o recepciones ofrecidas por el condestable
Iranzo, las comidas durante el día solían constar de una colación o comida
ligera a media mañana, banquete propiamente dicho al mediodía, otra colación a
media tarde, cena seguida de prolongados bailes y danzas, despedidos con una
colación en torno a las tres de la madrugada, en que los invitados se retiraban
a dormir.
Exponemos
a modo de referencia el relato de los diferentes banquetes ofrecidos por el
Condestable de Castilla don Miguel Lucas de Iranzo en distintas épocas del año:
En
febrero de 1464, ya entrados en Cuaresma y de camino hacia Jaén, Miguel Lucas
agasaja al monarca Enrique IV con la siguiente comida:
“avía
mandado traer muchos pescados frescos empanados y en pipotes y de todas
maneras, ca era Cuaresma, y de muchas frutas y suplicaciones e otras conservas
reales e muncho pan e gevada e muy finos e diversos vinos” (1).
Llegados
a Jaén le ofreció una cena después de completas, es decir, pasadas las 9 de la
noche:
“E
asentóse a çenar en una mesa que estava en un asiento de madera de gradas, do
el señor Condestable le sirvió de maestresala e trinchante e la señora Condesa,
su muger, le dió el agua manos y la copa”. Entre plato y plato tocaba la música
(2).
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| Rey Enrique IV. |
Proporcionó,
asimismo, alimentos al rey y a su comitiva durante las salidas efectuadas con
el monarca en esta Cuaresma de 1464:
“y
para todos los que allí fueron mandó llevar muchos e diversos pescados e pan
blanco e frutas e vinos ”(3).
“E
mandó dar de comer muchos pescados de Sevilla, empanados e otros, e pan e vino
e gevada a quantos venían con él de Jahén ”(4).
Pero
los banquetes donde mejor se enumeran los exquisitos manjares consumidos por
los asistentes son los ofrecidos tras las bendiciones nupciales recibidas por
él y doña Teresa de Torres, en 1461: “En una sala amplia, ricamente engalanada,
estaba colocado un alto estrado de madera con gradas, y sobre él una mesa. Y en
la sala y fuera de ella otras muchas mesas y aparadores de vajillas de oro y
plata”. La descripción que el cronista hace de la comida ofrecida a las
autoridades municipales, cabildo catedralicio y otros señores se desarrolla
así:
“así
los dichos señores como todos los otros fueron muy abastados de muchos pavos e
de todas las otras aves e manjares e confesiones e vinos que se solían e podían
dar a la mesa del más alto príncipe del mundo”.
“Y
esto se continuó a noche y mañana cada día de quantos las fiestas duraron que
fueron veynte e tres días”.
Al
margen de este entorno y con motivo de semejante fasto, los criados de la casa
daban raciones a forasteros “el quatro tanto que le era necesario” y a todos,
en general, “raciones con gran abundancia”.
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Aguamanil
medieval en bronce con forma de león. El aguamanil era utilizado para
lavar las manos a lo largo de la comida dado que los alimentos se
tomaban con las manos.
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Las
casas populares de Jaén también recibieron sus agasajos, aunque de diferente
categoría y de forma más apropiada a los que ellos acostumbrarían hacer en sus
celebraciones, pues el condestable “mandó dar cargo a ciertos jurados que
repartiesen por la dicha çibdad mil pares de gallinas e muchos carneros e vacas
e otros mantenimientos a personas especiales della”.
El
pan no quedó huérfano de las correspondientes corridas de toros, en las que se
divirtieron a satisfacción todos los que quisieron participar corriendo unas
veces seis, otras ocho y otras diez toros (5).
Las
corridas que se celebran durante la Edad Media consistían en la persecución
tumultuosa de los toros en la que participaba el pueblo en pleno. En dichas
corridas los animales eran finalmente abatidos después de haber sido heridos
con flechas, venablos, cuchillos y dardos.
Algunas
de estas corridas tienen un profundo origen religioso. Es el caso de las
denominadas corridas votivas, funerales y nupciales. Otras tienen un carácter
festivo exclusivamente: son las corridas festivas.
Las
corridas votivas eran las celebradas en cumplimiento de algún voto religioso.
Ante ciertas catástrofes o para verse liberados de alguna epidemia, desde la
época bajomedieval, el pueblo ofrecía a la divinidad, por intercesión de
determinados santos, la celebración de corridas de toros que eran organizadas
por las autoridades locales. No se trataba de una simple diversión sino de un
voto, hecho con la intención de librarse de algún mal.
Las
corridas funerarias consistían en corridas de toros ordenadas en testamento por
el propio finado en beneficio de su alma y que los familiares se veían
obligados a celebrarlas si querían heredar. Este tipo de festejos se
convirtieron, a mediados del siglo XVI, en una auténtica “epidemia religiosa”.
Muchos
de los viejos ritos en los que participaba el toro están relacionados con la
antigua creencia pagana de la influencia que el sacrificio de los toros tenía
para la fertilidad de los campos y la fecundidad de los ganados. En este
contexto, se enmarcan las corridas nupciales que se desarrollan asiduamente en
toda la España medieval. El día de la boda, en algunas regiones, el novio y sus
amigos corrían un toro por el pueblo o ciudad, toreándolo con blancas sábanas.
Finalmente, la res era abatida ante la puerta de la casa de la novia, que
muchas veces participaba en el hostigamiento o fin del animal, salpicándose su
vestido con la sangre del toro. Esta costumbre tiene un claro simbolismo de la
pérdida de la virginidad de la desposada y su fecundación.
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| Las
corridas que se celebran durante la Edad Media consistían en la persecución
tumultuosa de los toros en la que participaba el pueblo en pleno. |
Precisamente,
de este tipo de corrida existe una secuencia de seis pinturas en las miniaturas
del códice Rico de las Cantigas de Alfonso X el Sabio que se conserva en la
Biblioteca del Monasterio de El Escorial. Estas miniaturas ilustran la cantiga
o canción CXLIV, que narra cómo la Virgen salva a un clérigo de ser arrollado
por un toro que se corría por la ciudad con motivo de las bodas de un hombre
rico. El hecho se sitúa en Plasencia. La tercera miniatura nos muestra a un
toro sufriendo el castigo de la multitud, que desde la muralla le arrojaba dardos,
banderillas o venablos. Un caballero desde lo alto, con su capa azul y roja,
cita al toro; quizás esta sea la primera representación de un capote. La cuarta
miniatura nos muestra al toro embistiendo al clérigo despistado. La quinta,
cómo el toro cae al suelo, aparentemente muerto, gracias a la intervención de
la Virgen. La última miniatura nos muestra cómo el toro recuperado, se deja
acariciar por el pueblo, al volverse manso por la intervención de la Virgen.
En
las corridas medievales intervenían, con frecuencia, unos individuos que eran
los encargados de rematar al animal y a los que llamaban matatoros. En el norte
de España, esta profesión, llegó a ser muy bien retribuida y estimada, llegando
algunos monarcas, incluso, a contratarlos para sus fiestas. Sin embargo,
Alfonso X El Sabio, a mediados del siglo XIII, prohíbe en el “Código de las
siete partidas”, al considerar que es un deshonor recibir cualquier tipo de
remuneración económica por dar muerte a los toros. A la vez, el rey insta a los
caballeros a la lidia de reses bravas, con lo que, “por orden regia” se inicia
el llamado toreo caballeresco, que se practica dentro de las llamadas Fiestas
de Toros y Juego de Cañas. Aunque, siguen celebrándose, sobre todo en el norte
de España, los festejos populares que, con el paso del tiempo, darían lugar al
denominado Toreo Navarro.
.%20Obra%20atribuida%20a%20Jacob%20van%20Laethem.jpg) |
Juego de cañas en la Plaza Mayor de Valladolid (1506). Obra atribuida a Jacob van Laethem.
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En
las bodas de uno de sus primos, Fernand Lucas con la hija de Pedro de Escavias
(Alcaide de Andújar), celebrada el 27 de mayo de 1470, los invitados fueron
obsequiados generosamente “de muchos manjares e potajes e frutas e vinos de
diversas maneras” (6).
En
la colación del primer día, tras divertirse en una corrida de cuatro toros, les
invitó a una recepción “de muchos confites e cerezas e mancanas e vino” (7),
y en la del segundo día “mandó traer colación de muchas frutas de sartén e
cerezas e mancanas e muy finos vinos” (8).
Aporta
algunas variantes el banquete ofrecido con motivo de la boda de dos de sus
criados, en 1463, en el que prepararon 5 mesas muy largas en una sala, y en
otra sala, otras tantas para las damas y otras mujeres.
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Artesonado del Salón Mudejar del palacio del Condestable Miguel Lucas de Iranzo, donde seguramente se darían las fiestas que ofrecía el condestable a sus invitados.
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A
todos ellos presidía el condestable desde una mesa colocada sobre un estrado.
Los convidados eran autoridades civiles notables y otras gentes del común de la
ciudad:
“Donde
después de las frutas, muchos potajes de diversas maneras comieron, demás de
muchas aves cocidas e asadas, cabritos, carneros, vacas. E, asimesmo, fueron
bien abastados de muy finos vinos, que de muchas partes se mandaron traer (9).
Al
día siguiente, lunes, comieron junto con los invitados los criados del
condestable “para lo qual, de la despensa del dicho señor condestable, muchas
aves, cabritos, carneros e vacas e todas las otras cosas necesarias se levaron,
e los mismos cocineros suyos, asimesmo, para que aquello e otro potajes
guisasen con aquella abundancia que el día primero, fecho avían” (10).
Semejantes
a éstos fueron otros banquetes ofrecidos con motivo de las bodas de otros
criados, a primeros de febrero de 1466 (11),
o de las de su hermana, en 1467 (12).
A
parte de estos banquetes ofrecía otros similares en determinadas solemnidades a
las autoridades locales, caballeros y dueñas, como el ofrecido el día de Reyes
de 1463 (13).
Todos
los lunes de la Pascua del Espíritu Santo guardaba la costumbre de invitar a
las autoridades municipales y al alto clero jiennenses a cenar en la Fuente de
la Peña (14).
Del
modo que sigue se desarrolló la ofrecida en 1464: “para lo qual se llevavan
allá, al canpo, muchas aves e cabritos e carneros e cagúelas e pasteles e
quesadilla, e muy finos vinos blancos e tintos e muchas frutas de las que el
tienpo avía”. La quesadilla era cierto género de pastel compuesto de queso y
masa que se hace regularmente por Carnestollendas; una especie de dulce, hecho
a modo de pastelillo, relleno de almíbar, conserva u otro manjar.
Cada
fiesta importante tenía su personalidad que se reflejaba en el banquete
ofrecido. Es el caso de la del Domingo de Pascua Florida, descrita así; “E
luego trayan el cordero asado muchas flores en torno, e los capellanes
bendecían la mesa e el dicho cordero. E este día se trayan los manjares, segund
que en las fiestas susodichas, así a la mañana como a la noche” (15).
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| Castillo de Andújar que fue derribado por acuerdo en unanímidad de todas las fuerzas políticas en la fecha 5 de enero de 1932. |
La
comida de Pascua Florida de 1470, celebrada en Andújar, estuvo especialmente
concurrida: “tanto que después de los que en las mesas se asentaron no cabía la
gente de onbres e mugeres e niños en el patín e corredores de su posada, que
toda la calle estava llena: Todos los quales fueron abastados de muchas
gallinas e pollos e palominos e cabritos e corderos e de muchos huevos cocidos
e quesos frescos e muy finos vinos torronteses e tintos. En tal manera que de
lo que sobrava y se dava, con ello fueron para abastar otros tantos” (16).
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Posada de Andújar en la calle Tiradores 20.
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En
la Navidad invitaba a caballeros, dueñas y alto clero (17).
En
1464, acabada la Historia del Nacimiento y después de divertirse con diversos
juegos se hacía colación: “Donde en la dicha sala de abaxo estava aparejada
colación de muchas e diversas aves e muy finos vinos para todos los cavalleros
e otras gentes que venían en su acompañamiento» (18).
Fiestas
y comidas similares se organizaron en reconocimiento y agasajo de diferentes
personajes o colectividades, en el año 1465 ofreció una comida en Bailén a un
hermano suyo (19).
.%20El%20m%C3%A1s%20antiguo%20monumento%20de%20la%20ciudad%20que%20se%20conserva%20,%20de%20estilo%20g%C3%B3tico.%20Hoy%20Ermita%20de%20La%20Soledad..jpg) |
Bailén, antigua Ermita de San Marcos y San Nicasio (XIV-XV). El más antiguo monumento de la ciudad que se conserva, de estilo gótico. Hoy Ermita de La Soledad.
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En
1460, en Cuaresma, obsequió al embajador francés Mosén Juan de Fox con una
comida en la Venta de los Palacios: “E levaron muchas conservas de diagitrón
(Cidra confitada) e confites e otras muchas frutas e muy finos vinos blancos e
tintos para que ficiese collación, porque ayunava aquel día; e para los otros
suyos que no ayunavan y cenar quisiesen, muchos pescados y frutas” (20).
La
fiesta de las Carnestollendas o carnaval, eran los tres días de carne que
preceden al miércoles de Ceniza, en los cuales se hacen fiestas, convites y
otros juegos para divertirse y burlarse entre los componentes de la fiesta. Es una
palabra compuesta de las latinas caro y tollo, que significa: las carnes que se
han de quitar.
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En la época medieval era muy frecuente el consumo de carne asada al fuego.
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Un
divertimento de las Carnestollendas propio de los tres días que duraba la
fiesta era el juego del gallo, que se ejecutaba ordinariamente enterrando un
gallo dejandole solamente fuera la cabeza y pescuezo; y vendándole a uno de los
caballeros asistente los ojos, que
después partía desde una distancia a buscarle con la espada en la mano y el
lance consistía en herirle o cortarle la cabeza al gallo con la espada.
Con
anterioridad a las Carnestollendas de 1460, el cocinero del condestable había
preparado manjares para atender en tierras cordobesas, camino de Jaén, a Mosén
Juan de Fox: “los quales llegaron a Córdoba, miércoles, primero día de
Quaresma. Y como sopieron quel viernes siguiente se avía de partyr, ficieron
cocer mucho pan blanco e conpraron quatro o cinco cargas de vino blanco e
tinto, muy oloroso e muy fino, y asímesmo muchos sávalos e otros pescados
frescos e muchas conservas de diaçitrón e confites e dátiles e palmitos e otras
muchas frutas verdes e secas, quantos según el tienpo se pudieron aver”.
Todo
este acopio de manjares fue transportado al Carpió, a donde concurrió el
embajador, “do fue muy bien servido y todos abastados de muchos pescados e
vinos e frutas de diversas maneras, segund dicho es” (21).
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El Carpio, Torre de Garci Mendez de Sotomayor del año 1325, edificio emblemático de la villa de estilo mudéjar.
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Esta
misma generosidad mostró con los condes de la pequeña Egipto, (los primeros
gitanos documentados en la península) que se presentaron ante él, el 20 de
noviembre de 1462 (22).
A
los moros, de los que la crónica lo muestra como acérrimo y natural enemigo,
los agasajaba también en diversas ocasiones durante los prolongados períodos de
paces. En 1467 ofreció una cena a los moros de Cambil, cuya noticia nos la
proporciona Juan de Arquellada: “se dió una muy rica cena e muy suntuosa de
muchas gallinas y capones, ansarones y terneros y cabritos y muy delicados
vinos, aunque vevieron bien poco, por ser prohibido a su ley y, ansimismo,
tuvieron muy ricas colaciones a los postres...” (23).
En
celebraciones más populares, se obsequió con copiosos manjares en consonancia
con los hábitos alimenticios populares y multitudinarios que aún hoy, con las
correspondientes mutaciones, podemos observar en las hogueras de San Antón,
celebradas en la capital del Santo Reino:
La
Fiesta del Hornazo es una fiesta tradicional de la ciudad de Jaén, cuya
celebración tiene lugar todos los años el Lunes de Pentecostés, en la que
tienen cabida los distintos grupos sociales que habitan en ella, aun cuando el
tratamiento dispensado a unos y otros sea bastante diferente, ya que a
autoridades civiles y eclesiásticas suele obsequiarlas con una exquisita y
suculenta cena, de las que el cronista nos describe la de 1461 (24) y
la de 1463 (25).
El
Hornazo es una especie de pequeño pan de aceite con un huevo que se cuece en el
horno al cocer el pan. El hornazo tradicional es un pan de masa de aceite de
oliva, aromatizada con anís en grano, que se coronan con un huevo y masa en
forma de cruz. Dicen que la razón de ponerles un huevo a estos panes es que
durante la Cuaresma las gallinas seguían poniendo, pero no se podían consumir.
Entonces se cocían para conservarlos y se consumían después de la Pascua.
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| El hornazo es una tradición típica de la ciudad de Jaén que se toma el Domingo de Resurrección. |
Esta
suerte de pan dulce es típico del Domingo de Resurrección en Jaén capital.
Pero
es ésta una fiesta popular en la que tienen cabida todos los habitantes,
aunque, como venimos diciendo, con distintos grados de participación según la
categoría social detentada. Así, autoridades civiles y eclesiásticas eran
invitadas por el condestable, en 1461 “para que después de comer, a la tarde,
viniesen a su posada, a recibir el fornazo”. A continuación tenía lugar la
representación jocosa de un asedio de fortaleza que en el caso era la mansión
de Miguel Lucas, donde junto con su familia y amigos más allegados se reunían
regidores, caballeros y miembros destacados del clero. De otro lado, una
multitud de gente de la ciudad venía desde la collación de la Magdalena
portando un gran castillo de madera que para tal representación se conservaba
en aquel barrio, “y llegados delante de su posada, comentóse un conbate de
huevos entre los del castillo y los que estavan en la ya dicha torre e
corredores e calle, que no era sino placer de mirallo. Do verdaderamente creo
se gastaron allende de nueve o diez mil huevos” (26).
La
representación que se repetía cada año es descrita, de nuevo, por el cronista
con motivo de la celebrada en 1463, en que de nuevo se repite la invitación a
los notables de la ciudad “para que después de comer viniesen a reçebir el
fornazo”, representando, a continuación, las diferentes escenas de asedio de la
fortaleza, “como lo solían facer otros años” (27).
La
participación popular mejor descrita en la Fiesta de Hornazo es, acaso, la de
1464: “Este día, después de comer, mandaron traer a palacio un castillo de
madera que para esto estava fecho en las casas de doña Violante de Torres, que
son a la Magdalena, el qual tenían a cargo del traer los ortelanos de la
çibdad. E, asimesmo, mandaron aderesgar para el dicho tienpo el hornazo, de
muchas aves e pasteles e quesadillas e cagúelas e muchos huevos cocidos e muy
finos vinos blancos e tintos...”.
La
guerra con huevos cocidos entre los hortelanos y el resto de la población
contra la casa del condestable, sus amigos y autoridades duraba unas dos horas.
Después se servía la cena a las autoridades y o tras personalidades invitadas (28).
Ampliamente
populares fueron los agasajos obsequiados al común de la población con motivo
del nacimiento de la hija del condestable, doña Luisa, el día 7 de enero de
1465:”Y como se puso el sol, fueron hechos muy grandes fuegos en todas las
plagas e las puertas de las iglesias de la dicha çibdad. En las quales asavan
muchas aves e cabritos e casi los tocinos enteros. E comían e bevían todos los
que querían. Especialmente en la plaça de Santa María, Gonzalo Mexía, su
alguazil mayor, mandó facer un grant fuego e allí mandó asar muchas aves e
carneros e tocinos enteros e manteles puestos en las gradas para quantos
querían comer y bever, así aquella noche como otro día de mañana” (29).
Cuando
nació su hijo Luis, el 11 de abril de 1468, por la mañana pusieron mesas en los
cementerios de las collaciones y trajeron para las gentes “mucho pan y buen
vino torrontés e muchos pescados e sardinas e naranjas e buñuelos e otras
frutas” (30).
El
día de su bautismo, que tuvo lugar el 18 de abril de 1468, después de la comida
bautizaron al niño y vueltos a palacio, “a todos mandó dar colación de muchos
confites e conservas e muy finos vinos”. Terminada la colación hubo una corrida
de toros, donde se corrieron seis ejemplares delante del mirador de San
Ildefonso, “e troxieron mucho pan e muchos platos de corderos asados, cortados,
e muchos quesos e huevos e muy finos vinos. Y allí delante del mirador dieron
de comer y bever a toda la gente que en el coso estava... tanta abundancia ovo
de todo, que muchos ovieron menester quien los levase del braço a sus casas” (31).
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Cerdo abierto en caná para su oreo.
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Observamos
que nunca aparece el tocino en ninguna de las recepciones ofrecidas por Miguel
Lucas en su casa, salvo cuando se agasaja al pueblo en plazas, cementerios o
gradas para entrar en las iglesias, generalmente en torno a una gran hoguera en
la que suelen asarse los alimentos o como dice el cronista, los tocinos
enteros. No era la carne de cerdo la más apreciada, y si hemos de creer a La
Lozana, ésta la define así: “era más dejativa que la carne de cerdo”.
Festines
y comidas se atenían a un estricto ritual, en el que se mezclan juegos, bailes
y colaciones o comidas intermedias más ligeras, entre comida y cena, para
reponer energías a los participantes: Las colaciones se intercalaban a media
mañana, media tarde y media noche o madrugada. En determinados momentos el
agasajo se reduce a una simple colación, pero entonces, ésta suele ser larga y
algo más abastecida que las intercaladas en los días de grandes banquetes.
Puede
ser ejemplo de estas últimas las ofrecidas en los alardes de 1463. En el alarde
de 1464, también obsequia con una colación tanto a caballeros como a
ballesteros (32),
con motivo de la que el cronista nos informa: “e de las otras dos tiendas
sacávanles muchos platos de fruta e facían colación” (33) así como de la recepción ofrecida a unos moros
invitados a contemplar dicho alarde: “mandóles traer colación de muchos
confites e vinos” (34) o esta otra alusión al mismo hecho: “E desque
ovieron fecho su alarde sacaron de una tienda que estava puesta mucha fruta e
vino e ficieron colación” (35).
Estas
colaciones eran ofrecidas con motivo de cualquier celebración, generalmente de
tipo religioso, como en el bautismo, en 1465, de la hija del condestable (36),
en la Fiesta de San Lucas, en 1464, acabadas las completas, a las 9 de la
noche, don Miguel Lucas hace esto mismo, en la capilla del Cabildo acompañado
de los clérigos de la catedral (37).
Es
pintoresco y muy elocuente el modo de actuar en un acto similar que tiene lugar
en la Fiesta de Santa María de agosto de 1464: “Y después que avían corrido los
toros, su maestresala traya colación de muchas frutas, que a la sazón avía, e
muy finos vinos para todos los que en el dicho mirador estavan; y desde arriba
mandava echar y él mismo echava muchos platos e canastas de fruta a la gente de
pie que debaxo estaba” (38).
Se
ofrece colación en la madrugada de Navidad, después de una prolongada velada (39),
después de la celebración de la fiesta del Hornazo, en Pentecostés (40).
Cuando
la colación se da en el campo o en otro lugar, ya entrada la noche, entonces se
ilumina el espacio con numerosas antorchas. En estas circunstancias obsequia al
maestre de Calatrava: “Y çerca de Sant Sebastián encontró la colaçión que avía
mandado traer para el dicho señor maestre, de muchos confites e conservas e muy
finos vinos e con muchas antorchas (41) o
lo hace con toda la población, en Pascua del Espíritu Santo, en la Fuente de la
Peña:“a todos los cavalleros e peones mandaba dar fruta e vino fasta que se
davan con ello” (42).

Es
peculiar la colación ofrecida el martes, último día de Carnestollendas de 1463.
En la noche, para agasajar a caballeros moros que estaban acompañándole
ordenó que se hiciese en la plaza que había delante de su casa una gran hoguera
de leña seca y allí con caballeros, dueñas y gente plebeya, se sentó tras
varios juegos a cenar, y después que hubo cenado “mandó traer colagión a todos
los cavalleros e escuderos e otras gentes que ende estavan, de muchas gallinas
e perdices e cabritos e pasteles e quesos frescos y quesadillas y otras frutas
de diversas maneras, en tan grand abundancia, que la gente se davan unos a
otros con ello” (43).
En
1464, el último martes de Carnestolendas, después de haber tomado parte en un
torneo, “mandava traer colación para todos los que allí se ayuntavan, que era
asaz gente, de muchas aves e cabritos e pasteles e tortas de huevos rebueltas
con togino y muy finos vinos, fasta que sobrava” (44).
Resulta
de gran interés por la variedad de matices y descripción de diferentes escenas
y modos de servir los vinos y aperitivos, la colación ofrecida el día de San
Juan, de 1464, a media mañana: En la puerta de la casa del condestable se
habían preparado numerosos aparadores para recibir y obsequiar a los caballeros
y peones que de acuerdo con la costumbre popular habían bajado al río para
enramarse y celebrar los diferentes juegos y escenas que la fiesta requería.
Eran aparadores con “muchas canastas blancas llenas de pan... muchas cargas de
las frutas que avya, a la sazón, que la dicha fiesta se facía. Y muchos cueros
de vinos finos con muchos cántaros e jarras de agua fría ... tres o quatro
artesas llenas de agua fría, puestas sobre sus vancos, cercados de ramas e
cañas e juncia, donde muchas redomas llenas de vino a enfriar se ponía” (45).
Las
redomas eran unas vasijas de vidrio anchas en su fondo que iba angostándose o
estrechándose según se acercaba hacia la boca del recipiente.
El
cronista nos describe hasta el más nimio detalle del procedimiento seguido en
el servicio de los manjares y del vino: “Bien çerca de las dichas redomas...
estava su maestresala con todos sus pajes en pos dél, con el aguamanos, pan,
frutas e vino ...” . Tras de él, otros dos maestresalas, cada cual “tenía en
pos de sí un onbre con una canasta de pan blanco en el onbro. Y en pos del pan todas las frutas, con un
cesto de cada una, y detrás las redomas llenas de vino blanco, e otros tantos
con taças muy linpias e jarras llenas de agua fría”, y detrás un hombre con un
cántaro de vino provisto de un pequeño caño o pico con el que poder rellenar
las redomas, y detrás otro con un cuero en el hombro para rellenar el cántaro.
La
colación de fruta y vino volvía a repetirse por la tarde, de la misma manera, a
todo el que quería acudir y en todas las calles de Jaén (46).
Estas
colaciones, ofrecidas también en Andújar, alguna vez, por el mismo condestable
(47),
siempre o en su mayor parte estaban compuestas de vino y fruta, costumbre
probablemente observada por las capas populares en sus fiestas y celebraciones.
En este contexto habría que explicar el significado de aquella pregunta y
repuesta de La Lozana: “¿Quién te hizo puta? El vino y la fruta” (48).
Es
interesante detenerse en las distintas descripciones de los refrigerios
ofrecidos a las huestes durante las campañas militares.
La
bebida era, al parecer, acto obligado antes de empezar la pelea. En 1462, antes
de empezar el asalto de una fortaleza se ordena que todo el mundo se dispense
sus buenos tragos de vino: “Y como llegó, luego mandó que todos se pusiesen de
pie y beviesen. E como ovieron bevido mandó tocar las tronpetas al conbate, el
qual se comentó así ferozmente...” (49).
Cuando
las condiciones lo requerían preparaba comida a sus acompañantes después de
cabalgadas contra los moros de Granada. A sí, en 1463 “fizo muy grandes gastos
de pan e vino e carne e gevada e otras muchas cosas que mandó levar para
quantos fueron con él” (50).
En
1466 ofreció una comida entre caballeros cristianos: “para todos los quales e
asymesmo a toda la gente de la dicha çibdad mandó matar e guisar muchas vacas e
carneros e otras carnes e dar mucho pan e vino e çevada”. Y en los osarios y
cementerios delante de las iglesias los jurados dieron de comer manjares
guisados a las gentes de cada collación (51).
Otras veces, a semejanza de lo que acostumbraba hacer en la Fuente de la Peña, agasajada a sus amigos en el campo. Así
ocurrió el día 15 de marzo de 1467, que “fueron a la Fuente el Pavón, do su
merçed avía mandado traer muchos pescados e buñuelos e finos vinos e mucho pan
blanco” (52).
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Mercado medieval de alimentación.
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La
comida diaria era más modesta y menos abundante que la que hemos visto servir
en los grandes banquetes y recepciones. Tenemos pocas referencias al respecto.
Pero sabemos que Miguel Lucas estaba comiendo en el momento en que las huestes
del obispo de Jaén, desterrado en Baeza, penetraban en la ciudad de Jaén para
hacerse fuertes en sus palacios. El cronista nos describe así la comida que el
condestable hacía en el momento en que recibe la noticia de la osadía: “Estando
el dicho señor Condestable comiendo en una sala de arriba con la señora
condesa... e aviendo comido lo cocido y el manjar blanco, ya que le traían el
plato de lo asado...” (53).
A
través de las numerosas noticias de las comidas que La Lozana Andaluza sabía
hacer podemos vislumbrar cuál sería la comida cotidiana de las capas populares
jiennenses, campesinos y artesanos con cierto desahogo económico:
La
Lozana había aprendido de su abuela materna a “hacer fideos, empanadillas,
alcuzcuzu con garbanzos, arroz entero, seco, graso, albondiguillas redondas y
apretadas con culantro verde (Una hierba aromática y con virtud de curación
estomacal), que se conocían las que yo hacía entre ciento” (54).
El
alcuzcuzu es una pasta de harina y miel, reducida a granitos redondos y cocidos
después con el vapor del agua caliente. Es comida muy usada en la actualidad
entre los árabes norteafricanos.
En
Jaén debieron ser muy apreciados los grañones: “Y pasando con su madre a Jaén,
posó en su casa y allí fueron los primeros grañones que comió con huesos de
tocino” (55).
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Los grañones de trigo cocido en grano con castañas.
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Los
grañones son una especie de sémola hecha con trigo cocido en grano. Se llama
también así al grano cocido.
Sabe
“torcer hormigos (Los hormigos podían ser desde unas gachas hasta un plato con
aceite y con agua y hacer alcuzcuzu” (56).
Se
hacían hormigos torcidos con “culandro verde, un puño de buena harina y tanto aceite”;
del conjunto salía una “almofía llena” (Almofía = jofaina) (57).
Las
habilidades culinarias de La Lozana son muy extensas, pues sabe cocinar el
“Salmorejo” (58). Se reconoce así que el tomate venido de América ya estaba en
nuestras huertas y despensas.
:
“¡Yo quería saber cuánto ha que no comí salmorejo mejor hecho!” (59),
“cazuela de peje, que dicen que venden unas acedias frescas vivas, y no tengo
quien me vaya por ellas y por un cardo” (60),
cabrito apedreado (61),
cardico y mojama (62).
Habla,
igualmente, de “una capirotada o una lebrada” (63). Pero
también La Lozana “es gran comedora de pescado” (64).
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Las liebres y faisanes eran alimentos frecuentes en muchas mesas medievales.
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Gusta
de comidas exquisitas: “Una mesa con presutos cochos y sobreasadas, con capones
y dos pavones y un faisán y astarnas y miles cosas” (65).De
dulces multiformes nos ofrece una larga lista: “sabía hacer hojuelas,
prestiños, rosquillas a alfajor, textones de cañamones y de ajonjolí, nuégados,
xopaipas, hojaldres, hormigos torcidos con aceite, talvinas”,“letuarios de
arrope para en casa, y con miel para presentar, como eran de membrillos, de
cantueso, de uvas, de berenjenas, de nueces, y de la flor del nogal para tiempo
de peste, de orégano y hierbabuena para quien pierde el apetito” (66).
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El carbón y las brasas eran el combustible más empleado para dar un sabor especial a los guisos.
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Incluso
cuida el combustible para dar gusto especial a los guisos. Destaca como más
apropiado para los buenos sabores el carbón: “Señor, solamente carbón y será
más sabroso” (67).
Sin
embargo, éstas parecen comidas correspondientes a mesas de labradores o
artesanos con cierto nivel de desahogo económico. La gran masa de la población
debió consumir alimentos menos adobados, más monótonos de sabores y no tan
acompañados de postres.
Las
Ordenanzas de Jaén con motivo de la reglamentación de los fuegos en el campo
con el fin de evitar incendios que podían resultar catastróficos nos dejan
entrever la elemental preparación de los alimentos que labradores, ganaderos o
ballesteros hacían para ellos y para los que les servían o ayudaban (Archivo
Municipal de Jaén: Ordenanzas de Jaén, folios 150v y 152r.)
Se
prescribía que desde primeros de junio a finales de septiembre sólo se autorizaban
fuegos en el campo, “para guisar de comer”. Se les permite que hagan “fuego en
sus viñas para guisar de comer y en sus heredades para sus peones...”.
Con
estas comidas estarían más de acuerdo otros guisos que conoce La
Lozana para épocas de escasez y para mesas pobres.
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A veces en los días finales de septiembre se preparaban comidas en el campo.
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Si
la comida se adobaba con especias en las mesas desahogadas y en tiempos de
holgura, en las mesas pobres y en épocas de escasez la especia fundamental era
el hambre: “Yo les guisaba guisadicos que le placían”, condimentados con
especias. Ahora, en tiempos de escasez, la “pobreza hace comer sin guisar”. Es
decir, en tiempos de abundancia, las especias; en tiempo de escasez, el apetito
(68).
La
lista de comidas que siguen, serían las que más presencia tendrían en las mesas
de agricultores y artesanos pobres. “Talvinas, zahinas y nabos con tocino y con
comino”, “col murciana con alcaravea”, y estas o tras de que se jacta nuestra
protagonista: “holla reposada no la comía tal ninguna barba” , “y cazuela de
berenjenas mojíes en perfección, cazuela con su agico y cominico y saborico de
vinagre”, “rellenos, cuajarejos de cabrito, pepitorias y cabrito apedreado con
limón ceutí”, “y cazuelas de pescado cecial con oruga y cazuelas moriscas por
maravilla y de otros pescados que serían luengo de contar” , “hoyas en tienpo
de ayuno”. A una de estas comidas hasta hace poco tiempo muy popular en
Andalucía, se refería la abuela de La Lozana cuando expresaba: “La holla sin cebolla
es boda sin tamborín” (69).
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Chimenea con la barra de hierro donde sue cuelgan las llares que sostienen las ollas sobre el fuego, arriba el pescado secándose ahumado.
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Por
los avituallamientos de castillos y fortalezas podemos inferir de qué tipo
serían las comidas de las guarniciones destacadas en ellos:
En
1463 se llevaron desde Andújar al Castillo de Montizón “ochenta o cient cargas
de fariña, e algunas cargas de queso e pescados e otros mantenimientos” (70)
El
Castillo de Montizón controlaba uno de los caminos que desde Montiel llevaban
hasta Jaén y por aquí transcurría la Vía Hercúlea o Augusta, que desde Cádiz
conducía hasta la Tarraconense.
Se
data su construcción durante el mandato de don Pelayo Pérez Correa (1242-1275),
Maestre de la Orden de Santiago. Probablemente fue reconstruido o levantado de
nueva planta sobre restos de un castillo anterior. Fue testigo de las luchas
civiles del siglo XV entre don Miguel Lucas de Iranzo, partidario de Enrique
IV, y los Manrique, partidarios del infante Alfonso. Los Manrique consiguen tomar el castillo en
1467. Pocos años después Jorge Manrique fue Trece de la Orden de Santiago y
Comendador de Montizón. Aquí vivió con su esposa y fue aquí donde escribió
algunas de sus obras.
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Castillo de Montizón.
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En
otra ocasión, también con destino a dicho castillo, se detecta en el camino de
Andújar a Baños “una grand recua de trigo e cevada e tocino e otras
provisiones” (71),
y más adelante, por el mismo camino y con idéntico destino, se transporta “mucha harina e vino e tocinos e quesos e pescados e otras provisiones para el
dicho castillo” (72).
El
16 de marzo de 1467 el condestable Miguel Lucas presta atención al
aprovisionamiento de los alcázares de Jaén: “Y luego los mandó abastecer de
mucho trigo e cevada e harina e vino e aceyte e tocino e otras cecinas e sal e
leña e carbón” (73).
Pocas,
fragmentarias y dispersas son las noticias que al respecto del menaje de cocina
y cubiertos conocemos, pero aun así, sistematizándolas de alguna manera, pueden
darnos una idea aproximada de la pobreza de menaje que existía en las casas del
medievo andaluz, especialmente jiennense. La chimenea y la cocina nos la
ilustra, en cierto modo, un grabado de 1538 (Archivo Municipal de Jaén: Missale
secundum consuetudinem ordinis ecclesiae giennensis, 1538, reproducido en las
Actas del III Coloquio de Historia Medieval Andaluza.
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Parte de una despensa medieval.
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En
él aparece la chimenea con una caldera colgada de las llares, el asador, el
soplete y las tenazas. En la cocina que también caldea la chimenea, ya que está
emplazada en la misma pieza, se encuentra una mesa desmontable apoyada sobre
caballetes y cubierta con un mantel sobre la que una mujer trata de colocar un
cubilete, en tanto que otras dos mujeres se acercan por la derecha saliendo de
una puerta con jarros y con leña. Dos hombres sentados en sendos bancos junto
al fuego se secan y calientan mientras atienden el asador y cuatro mujeres se
afanan en alimentar el fuego y preparar la mesa para la comida. A uno y otro
lado de la chimenea se abren dos ventanas cuadradas sin protección de postigos,
cortinas ni cristales.
El
arancel de Bailén de 1491 nos da una amplia idea de lo que debieron ser algunos
de los cacharros de cocina y mesa más utilizados por los jiennenses en la Edad
Media, cuando habla de “calderas, pailas o sartanes o picheles o plateles de
estaño o de cobre o plomo o latón o de qualquier metales, labrado o por
labrar”.
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Llares de chimenea donde se colgaban las ollas y calderas para mantenerlas encima del fuego.
|
Contamos,
así mismo, con noticias acerca de los elementales ajuares de los pastores entre
los que se contemplan los pobres útiles de cocina que transportaban consigo.
Ello queda consignado en las reclamaciones que el concejo de Jaén hace a
Granada para que le devuelvan los pastores y sus pertenencias robados por los
musulmanes.
Los
de Colomera protagonizaron uno de estos robos: “...mas en mayo que agora pasó,
los de Colomera robaron el fato de Pablos y llevaron dos capas y dos mantas y
dos costales y una caldera grande y otra pequeña, y dose quesos y otras cosas
menudas del fato”.
El
castillo de Arenas debe devolver a Jaén; “un pastor de Pero Sánchez de la
Fuente del Rey, y agora me disen que es muerto acá y el rastro reçebí
Arenas, una lacaça y una capa y un jubón y un çinto y un puñal y dos camisas y
dos pares de çapatos y dos mantas y un costal y una caldera pequeña y dies reales
y otras cosas del fato” (Archivo Municipal de Jaén: Actas de 1479, folios 136v
y 139v.)
 |
Fuerte del Rey, antes Fuente del Rey, vista general del pueblo y su castillo.
|
Las
ordenanzas de Jaén al hablar del cuidado que han de tener al sacar agua de los
pozos, los pastores que hacen estancia en la campiña con el ganado para
quesear, se expresa de manera que nos indica varios de los utensilios que
componen su menaje:
“y
que los dichos cauañeros, ni otras personas que en las dichas cauañas
estuuieren, no sean osados de meter en los tales pozos caldera tiznada, ni
ferrada en que aya en ella caydo leche, ni otra cosa suzia; y que la puedan
sacar con jarro limpio o con herrada, no auiendo caydo en ella leche ni otra
cosa suzia...” (Archivo Municipal de Jaén: Ordenanzas de Jaén, folio 77.)
En
1511, el menaje de pequeños campesinos y artesano en Jaén, estaba compuesto, en
las correspondientes proporciones por los útiles que siguen (74):
—
Trébedes, llares.
Utensilios
para cocción de alimentos: la caldera está presente en todos los inventarios
analizados: la olla de cobre cuenta con una sola cita; la “cajuela” de cobre
cuenta con una sola cita. Hay varias sartenes de “fierro” en cada ajuar;
abundantes asadores y parrillas; almirez, alcuzas, candiles, se citan escasas
cucharas con probable destino a la preparación de las comidas.
—
Utensilios para elaborar el pan: artesa, tabla y tablero.
Útiles
para almacenamiento y traslado de productos: canastas, espuertas y capachos.
 |
Plato vidriado de Málaga.
|
Vajilla:
“Un vasar de platos y escudillas” o “cierto vedriado”, “platos valencianos”,
“vedriado de Málaga”, platos metálicos en peltre. En la Baja Edad Media eran
ordinarias en los países europeos “vajillas completas de peltre” o en plata.
(75).
Respecto
a la vajilla de los señores, los datos dispersos en las distintas narraciones
de banquetes y colaciones dadas por el Condestable, coinciden plenamente con
los analizados para otras mesas señoriales europeas: (76)
Los
utensilios utilizados para la mesa eran:
—
Escudillas para alimentos líquidos, cuchillos, tajadores donde se ponen panes
ázimos o grandes rebanadas de pan sobre las que se ponen carnes con salsa, que
al final de la comida son también degustados.
—
Jarros: grandes copas de livación colectiva.
—
Bancos para sentarse.
—
Ausencia de útiles individuales: no hay un vaso y un cuchillo para cada
persona.
—
Trompetistas, músicas y entremeses.
—
A veces, vajilla en oro o plata.
—
Almirez (molinillo) para moler la pimienta.
—
Recipiente para limosnas en alimentos.
—
Recipiente con pedazos de cuerno de unicornio que pasaba por tener la propiedad
de reaccionar en presencia del veneno.
En
estos casos la vajilla era una manera usual de exhibir la riqueza y el poder,
de aquí que los señores gusten que sus banquetes sean inmortalizados en
miniaturas, grabados, pinturas y relieves.
 |
Plato medieval de estaño.
|
Las
mesas para la comida de los ricos nos quedan descritas en las mesas y bancos
empleados en los banquetes del Condestable Lucas de Iranzo. En 1464, nos ofrece
esta descripción de la mesa tras haber terminado la comida de Navidad:
“E
acabado que avían comido, cada uno de los dichos maestresalas facían alçar los
vancos e mesas de que avían tenido cargo de servir, salvo los vancos que
estavan puestos junto con las paredes de la sala, en los cuales vancos se asentavan
todos los convidados” (77).
La
mesa de los campesinos acomodados, según datos extraídos de las obras citadas,
así como de grabados o pinturas, muestran los útiles que siguen:
—
Jarrón, cubilete para beber, cuchillo y fuente de cobre en el centro de la
mesa.
—
Comen con los dedos.
—
Utilizan bancos para sentarse.
La
popularización de la cuchara y el tenedor no se logrará hasta el pleno Renacimiento.
También
las ciudades medievales andaluzas contaban con los vendedores de agua que
tantas canciones, pregones e historietas han generado a lo largo de la historia.
La misma ciudad de Jaén, proverbialmente rica en manantiales que tanta fama le
dieron como fortaleza invencible, gracias a que éstos brotaban dentro del
propio núcleo urbano , contó también con aguadores, cuyo oficio no era otro que
el de vender su agua a los vecinos necesitados de ella. Las autoridades
municipales se encargaron de reglamentar también los precios y condiciones en las
que había de venderse este líquido imprescindible para la vida y los quehaceres
domésticos. Exigen que en el cántaro del aguador quepa una arroba de agua y que
la carga se venda a precio de 1 maravedí (Archivo Municipal de Jaén: Actas de
1505, folio 162.)
 |
Fuente de Jaén con los quehaceres de la gente para abastecerse de agua y un aguador con su carro con cisterna.
|
La
ciudad de Baeza menos rica en manantiales interiores reglamentaba también la
venta del agua entre sus vecinos y fijó el precio del cántaro de agua en 1
blanca vieja (78).
La
leña y el carbón eran siempre el elemento imprescindible para la preparación de
los alimentos, así como para calentar algún rincón de la casa donde poder hacer
frente a los fríos inviernos de la Edad Media. Las gentes se solían abastecer
de leña en otoño, una vez habían terminado las tareas de recolección de
semillas y frutos del monte y antes de que diesen comienzo los fríos
invernales. Así nos lo transmiten los Hechos del Condestable: “...que porque al
tiempo de la otoñada quando la gente se bastecía de leña...”. (79).
Los
carboneros y leñadores fueron objeto de una meticulosa y detallada reglamentación
en las Ordenanzas de Jaén (Archivo Municipal de Jaén: Ordenanzas de Jaén,
folios 57r y siguientes.)
El
carbón debía ser de encina y nunca de roble (Archivo Municipal de Jaén:
Ordenanzas de Jaén, folio 59v.) y los precios a que debía venderse quedaban
fijados del modo que sigue (Archivo Municipal de Jaén: Ordenanzas de Jaén, folio 59r.)
De
noviembre a marzo: 7 maravedíes la arroba.
De
abril a octubre: 6 maravedíes la arroba.
En
cambio, la arroba de carbón vendida en la sierra, sólo valía 2 maravedíes y la
carga 20 maravedíes (Archivo Municipal de Jaén: Ordenanzas de Jaén, folio 58v.)
El
mayordomo de la parroquia de Santisteban del Puerto gastó, en el año 1515, “de
una sera de carbón, veynte mrs.” (Archivo Parroquial de Santisteban del Puerto:
Cuentas de Fábrica, libro 1. °, folio 30r.)
Era
el carbón el mejor combustible para cocinar, pues al decir de la Lozana
Andaluza “Que no hay tal comer como lo que se cocina a fuego de carbón y en
olla de tierra” (80).
La
iluminación era bastante precaria, de manera que en las casas pobres sólo se
iluminarían con el resplandor de la hoguera, con la que se calentaban o
preparaban los alimentos.
En
casas con cierto desahogo económico la iluminación se obtenía, según las
posibilidades económicas del sebo, aceite y cera. En 1456 gastaba un candil,
durante un mes, lo que suponía un gasto de 12 maravedíes de aceite (81)
El
arancel de Bailén de 1491 recoge la comercialización del sebo y del unto, con
probable destino a esos fines de iluminación de las casas más poderosas.
Las
candelas de sebo eran vendidas a razón de 10 maravedíes la libra, en Baeza,
reglamentando las ordenanzas que cada libra tenga cinco, diez o veinte candelas
(82).
La
cera se empleaba en la iluminación de las iglesias (Archivo Parroquial de
Santisteban del Puerto: Cuentas de Fábrica, libro 1°.)
La
iluminación de una de las fiestas ofrecidas por el condestable Miguel Lucas, en
1461, se describe así: “Estando la casa tan clara como en el mediodía por la
multitud de las muchas antorchas que ardían” (83).
Granada 4 de abril de 2022.
Pedro
Galán Galán.
Bibliografía
y referencia de citas:
(1)
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, página 194.
(2)
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, páginas 195 y 196.
(3)
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, página 196.
(4)
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, páginas. 198 y 199.
(5)
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, páginas 45 y 46 y 47 a 50.
(6)
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, páginas 437 y 438.
(7)
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, páginas 437 y 438.
(8)
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, páginas 437 y 438.
(9)
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, páginas 134 y 135.
(10)
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, página 136.
(11)
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, página 306.
(12)
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, página 352.
(13)
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, página 101.
(14)
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, página 132.
(15)
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, página 165.
(16)
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, páginas 423 y 424.
(17)
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, página 40.
(18)
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, páginas 154 a 156.
(19)
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, página 302.
(20)
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, página 35.
(21)
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, páginas 33 y 34.
(22)
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de Iranzo,
Madrid, 1940, página 97.
(23)
Arquellada, Juan de: Sumario de prohezas y casos de guerra acontecidos en Jaén
y Reinos de España y grandeza de ellos, desde el año 1353 hasta el año 1590.
Citado por Toral Peñaranda, Enrique: Jaén y el Condestable Miguel Lucas de
Iranzo, Jaén, 1987, página 79.
(24)
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, página 64.
(25)
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, páginas 123 y 124.
(26)
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, páginas 63 y 64.
(27)
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, páginas 123 y 124.
(28)
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, páginas 165 y 166.
(29)
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, página 258.
(30)
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, páginas 376 y 377.
(31)
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, página 380.
(32)
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, página 252.
(33)
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, página 114.
(34)
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, página 114.
(35).
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, página 116.
(36)
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, página 262.
(37)
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, página 179.
(38)
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Iranzo, Madrid, 1940, página 177.
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Iranzo, Madrid, 1940, páginas 40, 50 y
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(40)
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, páginas 64 y 123.
(41)
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, página 152.
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Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de Iranzo,
Madrid, 1940, página 132.
(43)
Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, página 111.
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Iranzo, Madrid, 1940, página 164.
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Carriazo Arroquia, Juan de Mata: Hechos del Condestable don Miguel Lucas de
Iranzo, Madrid, 1940, página 171.
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Iranzo, Madrid, 1940, páginas 171 y 174 a 176.
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