PROLOGO

Se pretende que sea éste un espacio dedicado a entretener y deleitar (... a través de la fotografía fundamentalmente) ... a dar a conocer (...o traer al recuerdo) ciertos monumentos o espacios situados en el término o cercanías de Lahiguera. ...a llamar la atención por el estado de abandono y deterioro de muchos de ellos, ...y si llegara el caso, a remover la conciencia de todos los que somos "herederos" de tales monumentos y espacios, y que con nuestra aportación ayudásemos a la conservación de los mismos.

martes, 4 de junio de 2013

Primeros Universitarios.



Nuestros Primeros Universitarios:


Son los primeros estudiantes de los que constan expedientes universitarios. Sería deseable que, entre todos, especialmente sus familiares, completáramos con datos de su vida, anécdotas... esta entrada.

Felipe Martínez Lara, alumno de la Facultad de Derecho de la Universidad Central. Natural de Higuera de Arjona (Jaén).
Documentos anejos: Certificación Académica.
Fecha Formación: 1869 / 1871.

Manuel Lillo Martínez, alumno de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central. Natural de Higuera de Arjona (Jaén). Documentos anejos: Partida de nacimiento.
Fecha Formación: 1926 / 1927.
Curso preparatorio.
Manuel Lillo aparece en nuestro blog en la entrada de la casa del Ayuntamiento, de Pedro Galán.

Bonoso Lara Mercado, alumno de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central. Natural de Higuera de Arjona (Jaén).
Documentos anejos: Certificación académica.
Fecha Formación: 1917 / 1918.
Este paisano es el personaje del que nos habla Pedro Galán, fue el último dueño del castillo de Andújar y se había casado con una rusa (ver la entrada del blog correspondiente al terremoto en la Figueruela).
Curso preparatorio.


Manuel Fuentes Pérez, alumno de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central. Natural de Higuera (Jaén). Nota: Higuera [de Arjona?] [de Calatrava?]
Fecha Formación: 1864 / 1865.
No podemos asegurar que fuese de Lahiguera. Sería deseable que alguien aportara algún dato.


Ana Ahumada Fuentes, alumna de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central. Natural de Higuera de Arjona (Jaén).
Documentos anejos: Certificación académica.
Fecha Formación: 1921 / 1922.
Curso preparatorio.
Muchos la hemos conocido, doña Ana, la “Boticaria”. Debió ser una persona muy inteligente, pionera como mujer universitaria. Yo la conocí, ya anciana y cascarrabias; pero de joven seguro que era un portento. No hay que olvidar la fecha en que estudia y la mentalidad de la época, además una carrera de ciencias. Creo que no hemos valorado suficientemente su mérito.


Manuel Jiménez Barragán.
Lahiguera a 4 de junio del 2013.

jueves, 16 de mayo de 2013

VISITA A LOS PATIOS DE CORDOBA.

Un grupo de Higuereños/as visitan los Patios de Córdoba:

Los Patios de Córdoba han sido declarados por la UNESCO "patrimonio inmaterial de la humanidad".
Desde tiempos del Imperio Romano, dada la climatoligía seca y calurosa de esta ciudad, Córdoba, los habitantes de la misma adaptaron sus viviendas a la situación, construyendo éstas entorno a un patio, que habitualmente tenía una fuente y un pozo que acumulaba las aguas recogidas de la lluvia. Los musulmanes adquirieron esta costumbre, además dando entrada a la casa por medio de un zaguán que solían adornar con abundante vegetación para dar la sensación de frescor.

Existía un tipo de patio alojado en el centro de la casa de una sola familia (también muy típico de la vivienda romana), y otro que por el contrario daba acceso a los distintos vecinos que conformaban la comunidad (más cotidiano en la época musulmana). En cualguiera de los casos, el suelo frecuentaba ser enlosado o de mosaico empedrado. También era habitual encontrar el pozo con la fuente, y el lavadero "en común".

Sin más, paso a mostrar estas estupendas imágenes llenas de colorido, frescor y fragancia:


























Lahiguera a 16/05/2013.
Juan José Mercado G.

miércoles, 15 de mayo de 2013

PREGON SEMANA SANTA 2013.

Pregón de Semana Santa:

Manuel Alfonso Pérez Galán

Lahiguera 9 de marzo de 2013
   

Rvdo. Sr. Cura Párroco
Sr. Presidente de la Agrupación de Cofradías
Sras. y Sres. Presidentes de las Cofradías Penitenciales de Lahiguera
Sr. Alcalde
Hermanas y hermanos cofrades
Señoras y señores
Sean mis primeras palabras para agradecer a la Agrupación de Cofradías la fineza y el alto honor para con mi persona al designarme como Pregonero de la Semana Santa de Lahiguera 2013. Personifico este agradecimiento de manera especial en Carmelo, hermano en Cristo y co-frade conmigo de San Juan Evangelista, primo por familia y vecino por domicilio, que algo ha peleado para que hoy esté delante de todos vosotros para pregonar la Semana Mayor, la Semana Grande, la Semana Santa de Lahiguera.
Gracias, en segundo lugar, a mi hermano en el ministerio y vuestro párroco, D. Francisco Manuel por sus palabras de presentación ante Vds. y por ese cariñoso e inteligente perfil que ha trazado sobre mí. Palabras que me abruman de tan cordiales y que le agradezco desde lo más noble de mi corazón. Y quisiera agradecerle también la habilidad y amabilidad con que acaba de disimular mis carencias.
Gracias también a los pregoneros de años pasados,  seguro que sus palabras dejaron en esta tribuna un listón difícil de superar, les hago llegar un saludo afectuoso y cordial.   
Comienzo el ejercicio de pregonar recitando el himno de Filipenses (Flp 2, 6-11) que creo una buena introducción a lo que vamos a hacer en los próximos minutos.

«Cristo, a pesar de su condición divina,

no hizo alarde de su categoría de Dios;

al contrario, se despojó de su rango

y tomó la condición de esclavo,

pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera,

se rebajó hasta someterse incluso a la muerte,

y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo

y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús
toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo,

y toda lengua proclame:

Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre».

La Semana Santa es la semana en la que celebramos precisamente el himno que acabamos de escuchar. Celebramos de una manera más profunda los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Es verdad que para muchos es una costumbre y tradición, una fiesta, una manifestación artística paseando por las calles; para otros, sentimientos, sensaciones, intenso olor a incienso, amistad fraterna, oración… No podemos quedarnos solamente con esta enumeración de, a veces, realidades que envuelven nuestra Semana Santa, sino que por el contrario, hemos de sentir, de palpar, de impregnarnos de algo o, más bien, de Alguien que está en el centro aglutinando y dando sentido a todo: ese alguien es Cristo, el Nombre sobre todo nombre.

El misterio pascual no es objeto de libre devoción en la vida cristiana, como tampoco es una celebración excepcional en nuestra liturgia. Representa exactamente la ley misma de nuestra existencia cristiana: muerte y al mismo tiempo vida a través de la muerte y por la muerte. Es, en realidad, el centro de nuestra vida litúrgica, de nuestra fe que, partiendo de él, va desarrollándose a través de todo el año.
Vengo a pregonaros al Jesús que se hace uno entre tantos, para sentir Él mismo las alegrías y debilidades de los hombres. Que nace humildemente en un pesebre, vive en el seno de una familia en Nazaret, comienza a realizar su labor, para la que ha sido enviado, en Judea y Galilea; sufre indescriptiblemente en el huerto de Getsemaní; torturado hasta la extenuación, flagelado, coronado de espinas, ultrajado; muere sólo en la cruz, abandonado por todos, menos por su madre, su apóstol predilecto y algunas mujeres; pero la muerte no vence, ya que RESUCITA de entre los muertos para darnos garantía de nuestra propia resurrección, para finalmente subir victorioso al cielo y prepararnos allí una morada, abriéndonos las puertas del Reino de los cielos, el Reino del Padre.
Cuando pensamos que estos hechos se produjeron en el pasado, no alcanzamos a comprender que en estos días en que vivimos, la Pasión de Jesucristo se nos hace bastante actual en muchas circunstancias y situaciones de nuestra vida:
-   cuando la vida de un no nacido es cercenada porque me importuna,
-  un niño es explotado y usado como objeto para que yo tenga esto o aquello,
- un inmigrante es rechazado simplemente porque no es de los míos,
- un pobre no es atendido porque yo he de tener más de lo que necesito,
- una mujer sufre agresiones, maltrato, violación porque la considero un objeto del deseo, sin dignidad…

Entonces Jesucristo vuelve a revivir su Pasión porque Él mismo nos lo dice: «Cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis»  (Mt 25 40).
La vida de Jesús fue un ejemplo de Amor hacia el prójimo: cura tullidos, cojos… devuelve la vista, el oído, el habla… perdona pecados…; tanto nos amó, que dio su vida por nosotros. Él es el que se identifica con los humildes, los pobres, los excluidos, los marginados que arrojamos a la cuneta del camino. Por eso, en la Semana Santa recordamos y vivimos los hechos más importantes de nuestra historia de Salvación; para ello, no tenemos más que contemplar nuestras imágenes en procesión y acercarnos a Él humildemente para ponernos en sus brazos, orar en silencio y decirle a «No se haga mi voluntad sino la tuya».

MEMORIA
Permitidme, al inicio, hacer memoria de mi infancia y de mis recuerdos donde se asoma un niño contemplando ensimismado las filas de velas encendidas por las aceras procesionando por las calles entonces empedradas de Lahiguera.
Recuerdo aun con añoranza aquellas Semanas Santas de mi niñez, cuando era monaguillo y participaba en todas las procesiones, San Juan, la Virgen de los Dolores, el Nazareno, Santo Entierro, Soledad, Resuciado acompañando a D. José María Martín, al padre Martín, que rosario tras rosario, obligación de todo párroco es orar por sus feligreses, rezaba por los que le acompañaban procesionando y por los impedidos que quedaban en sus casas en la cama o sentados en la mesa camilla y que alguna ventana entreabierta les permitía ejercer su seguimiento procesional aunque solo fuese con la mirada.
Con los años entré a formar parte de la Cofradía de San Juan y fui Hermano Mayor de la misma, esta Cofradía creo que ha sido un instrumento más de los que se ha servido Dios para que mi Fe fuera aumentando cada día más en Él. Porque, no debemos olvidar, que la Fe es un don de Dios, un regalo, pura gracia. Fe es la alegría de ser cristiano y también la tarea de transmitirlo a todos. Es lo que alentó el esfuerzo de grandes cofrades que nos enseñaron que el espíritu de servicio es la razón primera por la que estar en las Cofradías y en la Iglesia. Inolvidables personas a las que debemos agradecimiento perpetuo. En la Fe está el amor a Dios a través de nuestras Sagradas Imágenes, que llevan en sus manos y en sus pies el beso de tantos higuereños que están ya en el cielo y que llevo no sólo en la memoria sino en un lugar preferente en mi corazón y en mi oración. Desde el cielo nos miran y sonríen, nos esperan e interceden por nosotros.

AÑO DE LA FE
Nuestra Fe en Jesucristo es, ante todo, hontanal inextinguible de solidaridad y debería ser la razón por la que las Cofradías deberían llevar a cabo su ser cofrade, porque la Iglesia tiene como razón primera la Evangelización. El Cofrade actual debe ser consciente de que para llevar a buen fin su misión debe conocer íntima y profundamente a Aquel al que ha de anunciar. De igual manera debe conocer el mundo marginado de hambres y miserias, prójimo de esta sociedad en la que vivimos para convertir el Amor en nuestro principal estandarte. La solidaridad no es un concepto del mundo moderno, Cristo nos la enseñó hace dos mil años. Hemos de considerar, como dice el decreto Apostolicam actuositatem del Concilio Vaticano II, «la noble obligación de trabajar para que el Mensaje Divino de la Salvación sea conocido y aceptado por todos los hombres de la tierra» [AA 3]. Tenemos que apagar la sed del hombre, porque Cristo también tuvo sed en la cruz. 
Cada hombre y mujer han de serlo de su época. No pueden volver la espalda a la realidad del mundo. En la carta Porta fidei, el Papa Benedicto XVI nos dice que es imprescindible dar testimonio de la Fe cristiana, llevando la esperanza a los que sufren tantos problemas en la humanidad: paro, droga, enfermedad, marginación, incomprensión, hambre... Hay que dar ejemplo de coherencia de vida a los niños, semillas del futuro.
Y con este espíritu evangelizador y de servicio (que debemos tener durante toda nuestra vida), estamos esperando un año más que dentro de pocos días llegue la primera luna llena de la primavera y con ella la Semana Santa y volver a vivir intensamente los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo y recordar así el gran Amor que Jesús nos tiene.

DOMINGO DE RAMOS
«Pueri hebraeorum, portantes ramos olivarum... Los niños hebreos, llevando ramos de olivo, salieron al encuentro del Señor».
Así canta la antífona litúrgica que acompaña la solemne procesión con ramos de olivo y de palma en este domingo, llamado precisamente de Ramos y de la Pasión del Señor. Revivimos lo que sucedió aquel día: en medio de la multitud llena de alegría en torno a Jesús, que montado en un pollino entraba en Jerusalén, había muchísimos niños, también hoy con sus risas y movimientos nerviosos por la emoción. Algunos fariseos querían que Jesús los hiciera callar, pero él respondió que si ellos callaban, gritarían las piedras (cf. Lc 19, 39-40). Esto nos tendría que hacer meditar, por lo menos a mí me invita a hacerlo, en otras palabras de Jesús: «Quién no se haga como un niño no entrará en el Reino de los cielos» (Mt 18, 3).
La Semana Santa queda inaugurada por el Domingo de Ramos, en el que se celebran las dos caras centrales del misterio pascual: la vida o el triunfo, mediante la procesión de ramos en honor de Cristo Rey, y la muerte o el fracaso, con la lectura de la Pasión correspondiente a los evangelios sinópticos, según el ciclo que corresponda, este año leeremos el ciclo C que corresponde a San Lucas. Desde el siglo V se celebraba en Jerusalén con una procesión la entrada de Jesús en la ciudad santa, poco antes de ser crucificado. Debido a las dos caras que tiene este día, se denomina «Domingo de Ramos» (cara victoriosa) o «Domingo de Pasión» (cara dolorosa). Por esta razón, el Domingo de Ramos -pregón del misterio pascual- comprende dos celebraciones: la procesión de ramos y la eucaristía.
Según los evangelios sinópticos, Jesús sube a Jerusalén una sola vez, y entra en ella triunfalmente (Domingo de Ramos), despliega su última actividad durante cinco días y, finalmente, es arrestado (Jueves Santo) y crucificado (Viernes Santo). Jesús no rehúye la muerte, pero tampoco la busca directamente. De hecho, es Judas quien lo delata. La pasión comienza bíblicamente con el prendimiento de Jesús; litúrgicamente, con la entrada en Jerusalén.
La misión de Jesús se comprende en referencia al Dios de la gracia y de la exigencia. Jesús no viene a predicar verdades generales, religiosas o morales, sino a proclamar la inminencia del reino y la buena noticia del Evangelio. El advenimiento del reino de Dios es el tema central del mensaje y de la praxis de Jesús, precisamente en unos momentos de exacerbado nacionalismo judío frente al pagano dominador, con la creencia extendida de que la intervención final y definitiva de Dios, por medio de un Mesías entendido políticamente, está a punto de producirse. El rechazo de Jesús como Mesías es evidente: es escándalo para las clases dirigentes religiosas, necedad y locura para el poder ocupante, decepción para el pueblo y desconcierto para los discípulos. Ahí radican los sufrimientos profundos de Jesús en la cruz, unidos a sus dolores físicos.
En la actual sociedad secularizada, crítica con las tradiciones religiosas, en búsqueda de las mágicas o demasiado identificada con ciertas éticas de poder, la Semana Santa ha perdido ese aura de misterio tremendo e inefable de que le había rodeado la práctica secular de la Iglesia. La lectura e interpretación de los relatos de la Pasión nos revela que la vida es camino de cruz -vía crucis-, a partir de una entrega al servicio de los hermanos que coincide con el servicio a Dios.

JUEVES SANTO
Días más tarde, sabiendo que estaba próxima su muerte, en la víspera de ésta, quiso celebrar la Pascua con sus Apóstoles. En este primer Jueves Santo de la historia, Jesús instituye la Eucaristía.
La Eucaristía es el «memorial» (1 Co 11, 25) de su sacrificio. El memorial expresa la realidad del acontecimiento, la actualización objetiva y la presencia de lo que se conmemora.
No es que éste se repita, ya que el acontecimiento se realizó históricamente una vez para siempre; pero está presente. El acto de Cristo hace sentir su efecto hoy y aquí, comprometiendo al que hace memoria del mismo. El sacrificio de Cristo se realizó históricamente una sola vez: la eucaristía es su memorial (en el sentido más pleno de la palabra), una presencia viva de gracia. La Iglesia, al celebrar este memorial, participa de la entrega sacrificial de Cristo. Los fieles se insertan en él; y con él y por él ofrecen su sacrificio al Padre. En la Santa Cena, Jesús incluye a los Apóstoles en su propia ofrenda y les manda perpetuarla (cf. Lc. 22, 19), indicándoles cómo han de hacer memoria de su sacrificio, de su pasión, muerte y resurrección. Por eso cada vez que celebramos la Eucaristía anunciamos la muerte del Señor hasta que vuelva vestido de gloria y majestad (cf. 1 Cor. 11, 26).
El Papa Juan Pablo II, en Ecclesia de Eucharistia, nos decía: «...El Señor Jesús, la noche en que fue entregado (1 Co 11, 23), instituyó el Sacrificio eucarístico de su cuerpo y de su sangre. Las palabras del Apóstol Pablo nos llevan a las circunstancias dramáticas en que nació la Eucaristía. En ella está inscrito de forma indeleble el acontecimiento de la Pasión y Muerte del Señor. No sólo lo evoca, sino que lo hace sacramentalmente presente. Es el sacrificio de la Cruz que se perpetúa por los siglos. Esta verdad la expresan bien las palabras con las cuales, en el rito latino, el pueblo responde a la proclamación del ‘misterio de la fe’ que hace el sacerdote: ‘Anunciamos tu muerte, Señor…’.
La Iglesia ha recibido la Eucaristía de Cristo, su Señor, no sólo como un don entre otros muchos, aunque sea muy valioso, sino como el don por excelencia, porque es don de sí mismo, de su persona en su santa humanidad y, además, de su obra de salvación. Ésta no queda relegada al pasado, pues todo lo que Cristo es y todo lo que hizo y padeció por los hombres participa de la eternidad divina y domina así todos los tiempos.
Cuando la Iglesia celebra la Eucaristía, memorial de la muerte y resurrección de su Señor, se hace realmente presente este acontecimiento central de salvación y se realiza la obra de nuestra redención. Este sacrificio es tan decisivo para la salvación del género humano que Jesucristo lo ha realizado y ha vuelto al Padre sólo después de habernos dejado el medio para participar de Él, como si hubiéramos estado presentes. Así, todo fiel puede tomar parte en Él, obteniendo frutos inagotablemente...»
En el primer Jueves Santo de la historia, junto con la institucción de la Eucaristía y del sacerdocio, Jesús nos deja su Testamento: «Amaos los unos a los otros como Yo os he amado» (Jn 13,34). El amor se expresa en el servicio. No está mal recordar que termina la Santa Cuaresma que tuvo su inicio con la imposición de la ceniza en la cabeza recordándonos la necesidad de la conversión y termina en los pies, haciendo que la conversión alcance a todo nuestro ser. Pero es más aún, ya que los pies no son los propios sino los del prójimo, haciendo real el amor al prójimo y no sólo un mero deseo.
Hoy hay alegría y la Iglesia rompe la austeridad cuaresmal cantando el «gloria»: es la alegría del que se sabe amado por Dios, pero al mismo tiempo es sobria y dolorida, porque conocemos el precio que le costamos a Cristo.
Podríamos decir que la alegría es por nosotros y el dolor por Él. Sin embargo predomina el gozo porque en el amor nunca podemos hablar estrictamente de tristeza, porque el que da y se da con amor y por amor lo hace con alegría y para dar alegría.
Podemos decir que hoy celebramos con la liturgia la Pascua, pero la de la Noche del Éxodo y no la de la llegada a la Tierra Prometida.
Hoy inicia la fiesta del «misterio pascual», es decir de la lucha entre la muerte y la vida, ya que la vida nunca fue absorbida por la muerte pero sí combatida por ella. La noche del sábado de Gloria es el canto a la victoria pero teñida de sangre y hoy es el himno a la lucha pero de quien lleva la victoria porque su arma es el amor.
Y cada Jueves Santo la comunidad cristiana permanece con devoción ante el monumento una hora santa. Esta hora tuvo su origen en la oración que Jesús hizo en Getsemaní, la víspera de su muerte. Oramos con los sentimientos de Jesús. En esta noche Jesús nos pide que oremos con él. Nos necesita. Quiere compartir con nosotros su amor hasta el extremo, pero también quiere hacernos partícipes de su dolor y tristeza. No es noche de muchas palabras, es más bien una noche de silencio y de adoración.


VIERNES SANTO
Llega el Viernes Santo. La celebración del primer día del Triduo pascual se centra en la inmolación del Cordero que quita el pecado y en la señal de su muerte gloriosa: la cruz. En este día se cumplen las palabras que una noche le dijo Jesús a Nicodemo: «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en Él, sino que tengan vida eterna» (Jn 3, 16).
El viernes, que en nuestro pueblo se abre con los pregones, es bueno recordar lo que nos dice el Catecismo: «La muerte violenta de Jesús no fue fruto del azar en una desgraciada constelación de circunstancias. Pertenece al misterio del designio de Dios, como lo explica S. Pedro a los judíos de Jerusalén ya en su primer discurso de Pentecostés: ‘fue entregado según el determinado designio y previo conocimiento de Dios’ (Hch. 2, 23)» (CIC 599).
Cuando contemplo a Jesús Nazareno cargando su cruz, se me vienen a la memoria otras palabras que también le dijo Jesús a Nicodemo en esa conversación mantenida con él aquella noche: «Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en Él tenga vida eterna» (Jn 3,14-15).  Pero antes de ser elevado es cargado con los pecados del mundo.
El encuentro del Nazareno con su Madre y el discípulo amado, encuentro que llamamos «la carrera» aunque por la subasta nos distrae del dolor de Jesús, golpeado, coronado de espinas y cargado con la cruz, y del dolor de María, bien llamada Virgen de los Dolores, como ya profetizara el anciano Simeón cuando Jesús fue presentado en el templo, nos ha de recordar no sólo de año en año sino cada día, que Jesús sale a nuestro encuentro también en los momentos bajos, de pecado, de dolor, de sacrificio, de muerte… y carga con nuestras bajezas y sufrimientos para clavarlos en la cruz y permitirnos seguirle.
La tarde del Viernes Santo, próximos a la hora de nona, nos reunidos para celebrar la muerte victoriosa de Cristo en la cruz. Contemplamos y meditamos en Jesús: el Cordero sacrificado por nuestra liberación. La muerte de Cristo fue la causa de nuestra liberación del pecado y de que nuestra muerte fuera vencida.
En la muerte en Cruz de Cristo, se realiza ese ponerse Dios contra sí mismo, al entregarse para dar nueva vida al hombre y salvarlo: esto es amor en su forma más radical. Es allí, en la cruz, donde puede contemplarse esta verdad. Y a partir de allí se debe definir ahora qué es el amor. Y, desde esa mirada, el cristiano encuentra la orientación de su vivir y de su amar.
Jesús, el Señor, muere en la cruz. ¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza. Jamás el bosque dio mejor tributo en hoja en flor y en fruto. Dulces clavos. Dulce árbol, donde la Vida empieza con un peso tan dulce en su corteza!
Hoy nos encontramos aquí movidos por la fe, por la admiración, por el agradecimiento, por el amor. Porque su Sangre, su Cruz, son la fuente de nuestra vida, la luz de nuestro camino, la fuerza que nos transforma.
El egoísmo destruye el mundo; él es la verdadera puerta de entrada de la muerte, su poderoso estímulo. En cambio, el Crucificado es la puerta de la vida. Él es el más fuerte que ata al fuerte. La muerte, el poder más fuerte del mundo, es, sin embargo, el penúltimo poder, porque en el Hijo de Dios el amor se ha mostrado como más fuerte. La victoria radica en el Hijo y cuanto más vivamos como él, tanto más penetrará en este mundo la imagen de aquel poder que cura y salva y que, a través de la muerte, desemboca en la victoria final: el amor crucificado de Jesucristo.
La celebración de Viernes no es la Eucaristía, la Iglesia no celebra la misa en este día, tampoco lo hace el sábado santo. Son días de ayuno; pero no de un ayuno penitencial, como el de los viernes de Cuaresma, sino pascual (cf. SC 110), porque nos hace vivir el tránsito de la pasión a la resurrección, de la muerte a la vida.
Y junto a Jesús, María, la Virgen de los Dolores, la Virgen de la Soledad, Madre nunca marchita porque el dolor nunca la envejece y ante la que meditamos en la tristeza mortal de su Hijo en Getsemaní, lo sabe todo de la soledad. Esa soledad que lleva dentro y fuera como una íntima e inaccesible «torre de ciegas ventanas» en palabras del poeta Manuel Altolaguirre.






SÁBADO SANTO
Durante el sábado santo, la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y muerte. Tampoco hay misa el sábado, ni siquiera se comulga como el Viernes, sólo el Viático si hay algún moribundo para que le acompañe en su pascua personal de tránsito de este mundo a la vida eterna.
Día de silencio y meditación. Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio y una gran soledad.  Un gran silencio, porque el Rey duerme.  La tierra está temerosa y sobrecogida, porque Dios se ha dormido en la carne y ha despertado a los que dormían desde antiguo.  Dios ha muerto en la carne y ha puesto en conmoción al abismo.
Va a buscar a nuestro primer padre como si éste fuera la oveja perdida.  Quiere visitar «a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte».  Él, que es al mismo tiempo Dios e Hijo de Dios, va a librar de sus prisiones y de sus dolores a Adán y a Eva.
El Señor, teniendo en sus manos las armas vencedoras de la cruz, se acerca a ellos.  Al verlo, nuestro primer padre Adán, asombrado por tan gran acontecimiento, exclama y dice a todos:  «Mi Señor esté con todos.»  Y Cristo, respondiendo, dice a Adán:  «Y con tu espíritu.»  Y, tomándolo por la mano, lo levanta, diciéndole:  «Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz.»
En palabras de una antigua homilía sobre el Sábado Santo: «Yo soy tu Dios, que por ti y por todos los que han de nacer de ti me he hecho tu hijo; y ahora te digo que tengo el poder de anunciar a los que están encadenados:  Salid, y a los que se encuentran en las tinieblas:  «iluminaos», y a los que duermen: ¡Levantaos!.
A ti te mando:  Despierta, tú que duermes, pues no te creé para que permanezcas cautivo en el abismo; levántate de entre los muertos, pues yo soy la vida de los muertos.  Levántate, obra de mis manos; levántate, imagen mía, creado a mi semejanza.  Levántate, salgamos de aquí, porque tú en mí, y yo en ti, formamos una sola e indivisible persona.
Por ti, yo, tu Dios, me he hecho tu hijo; por ti, yo, tu Señor, he revestido tu condición servil; por ti, yo, que estoy sobre los cielos, he venido a la tierra y he bajado al abismo; por ti, me he hecho hombre, semejante a un inválido que tiene su cama entre los muertos; por ti, que fuiste expulsado del huerto, he sido entregado a los judíos en el huerto, y en el huerto he sido crucificado.
Contempla los salivazos de mi cara, que he soportado para devolverte tu primer aliento de vida; contempla los golpes de mis mejillas, que he soportado para reformar, de acuerdo con mi imagen, tu imagen deformada; contempla los azotes en mis espaldas, que he aceptado para aliviarte el peso de los pecados, que habían sido cargados sobre tu espalda; contempla los clavos que me han sujetado fuertemente al madero, pues los he aceptado por ti, que maliciosamente extendiste una mano al árbol prohibido.
Dormí en la cruz, y la lanza atravesó mi costado, por ti, que en el paraíso dormiste, y de tu costado diste origen a Eva.  Mi costado ha curado el dolor del tuyo.  Mi sueño te saca del sueño del abismo.  Mi lanza eliminó aquella espada que te amenazaba en el paraíso.
Levántate, salgamos de aquí.  El enemigo te sacó del paraíso; yo te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celeste.  Te prohibí que comieras del árbol de la vida, que no era sino imagen del verdadero árbol; yo soy el verdadero árbol, yo, que soy la vida y que estoy unido a ti.  Coloqué un querubín que fielmente te vigilara; ahora te concedo que el querubín, reconociendo tu dignidad, te sirva.
El trono de los querubines está a punto, los portadores atentos y preparados, el tálamo construido, los alimentos prestos; se han embellecido los eternos tabernáculos y moradas, han sido abiertos los tesoros de todos los bienes, y el reino de los cielos está preparado desde toda la eternidad».
«Hasta a los muertos ha sido anunciada la Buena Nueva...» (1Pe 4, 6). 

DOMINGO DE RESURRECCIÓN
Y ya por fin llega el Domingo de Resurrección que comienza en la noche del sábado al domingo con la magna celebración de la Vigilia pascual. Hay un refrán que dice: «Con una misa y un marrano hay para todo el año, sobra misa y falta marrano». Sin duda, el refranero se está refiriendo a la Vigilia Pascual que es la celebración más importante para la vida del cristiano. El año litúrgico tiene en esta celebración su cumbre. Es la madre de todas las vigilias. Cada domingo hace referencia constante a esta celebración, pues la Eucaristía es memorial de la muerte y resurrección de Cristo (Misterio Pascual): «Cada vez que coméis este pan y bebéis esta copa, proclamáis la muerte del Señor hasta que vuelva» (1Co 11,26). En la celebración del domingo se concentra, cada ocho días, la celebración y la comunión sacramental con el Señor Resucitado, que se nos hace presente y nos comunica su Pascua.
La comunidad eclesial vela en la noche esperando a su Esposo, que vendrá, sobre todo, en la eucaristía de esta noche. En el Pregón Pascual escuchamos: «Esta es la noche de la que estaba escrito: será la noche clara como el día… y ¡Qué noche tan dichosa en que se une el cielo con la tierra, lo humano y lo divino!».
La comprensión y la participación de la Vigilia Pascual es todavía el reto que queda al mundo cofrade. Poco a poco se va teniendo conciencia de que el culmen del Santo Triduo Pascual está en la Vigilia y que la experiencia de fe no termina en la pasión, ni en la cruz sino en la resurrección del Señor.
La preparación del cirio pascual, que se enciende con el fuego nuevo y es llevado en procesión hacia el interior del templo, constituye la evocación simbólica de la resurrección de Cristo: «La luz de Cristo, que resucita glorioso, disipe las tinieblas del corazón y del espíritu». El cirio  pascual preside, desde la vigilia las celebraciones pascuales hasta el día de Pentecostés.
Una larga liturgia de la Palabra que nos conduce por toda la historia de la salvación desde la creación hasta la resurrección.
Es la noche bautismal por excelencia. Los catecúmenos que se han ido preparando más intensamente durante la Santa Cuaresma ahora son lavados en las aguas nuevas. La Iglesia, madre fecunda gracias a la resurrección de Cristo engendra en este día nuevos hijos en virtud del Espíritu Santo y los nutre con el cuerpo del Señor.
La eucaristía de la noche santa de la Pascua tiene un encanto especial como anuncio eficaz de la muerte del Señor y proclamación gozosa de su resurrección en la espera de su venida.
Inaugurada la celebración festiva de la Iglesia en la solemne vigilia, la liturgia no dejará de decir durante todo el día, durante la octava pascual y durante la cincuentena: «Este es el día en que actuó el Señor».
El misterio de la Pascua del Señor, por la acción del Espíritu, barre de todos nosotros la vieja levadura del pecado y nos transforma en panes ázimos de la sinceridad y la verdad (cf. 1Co 5,6b-8). La Iglesia se siente renovada por los sacramentos pascuales, el bautismo y la eucaristía que brotaron del costado abierto de Cristo en la cruz. Por eso celebra esos mismos sacramentos, en los que tan maravillosamente ha renacido y se alimenta rebosante de gozo pascual.
En la eucaristía del Domingo de Resurrección se comenta la experiencia del triduo. El acontecimiento pascual, sacramentalmente celebrado en la eucaristía, no se reduce sólo a Cristo y a la Iglesia, sino que tiene relación con el mundo y con la historia. La Eucaristía Pascual es promesa de la Pascua del universo, una vez cumplida la totalidad de la justicia que exige el reino. Toda la creación está llamada a compartir la Pascua del Señor, que, celebrada en comunidad, anticipa la reconciliación con Dios y la fraternidad universal. El día pascual de la resurrección, Jesús comió con los discípulos de Emaús y con los Once en el cenáculo. Son comidas transitorias entre la resurrección y la venida del Espíritu. Estas comidas expresan el perdón a los discípulos y la fe en la resurrección. Enlazan las comidas prepascuales de Jesús con la eucaristía. Denominada «fracción del pan» por Lucas y «cena del Señor» por Pablo, se celebraba al atardecer, a la hora de la comida principal. Había desde el principio un servicio eucarístico (mesa del Señor) y un servicio caritativo (mesa de los pobres). Se festejaba el «primer día de la semana», con un ritmo celosamente guardado. Surge así la celebración del día del Señor (pascua semanal), y poco después la celebración anual de la Pascua.
La carrera del domingo se viste de fiesta cuando el negro manto de María se transforma en azul cielo al correr, de nuevo, al encuentro con su divino Hijo, pero ahora no cargado con la cruz sino resucitado y victorioso brillando sereno. El mismo que nos sale al encuentro en nuestros malos momentos ahora, tras su victoria sobre la muerte, nos marca el camino. Así nos lo indica el evangelista San Juan: «Para que donde estoy yo estéis también vosotros» (Jn 14,3). Porque donde está la cabeza, estará también el cuerpo. Y como Iglesia del Señor, somos el cuerpo de Cristo.


Quiero terminar con un deseo que elevo a súplica y una acción de gracias.
Que nuestras Cofradías no sean timbre de vanagloria, sino llamada a la perfección evangélica. En este año de la fe, vivamos nuestra Fe con alegría, ayudando a que actúe el Espíritu Santo. Que todo cuanto hagamos sea en alabanza de Cristo y «ad maiorem Dei gloriam», para mayor gloria de Dios.
«Hermanos, estad alerta. Que los misterios de este tiempo no sean estériles en vosotros –nos dice San Bernardo-. Tenemos una bendición copiosa: traed vasijas limpias. Presentaos con espíritus fervientes, con sentidos despiertos, con afectos sobrios y con una conciencia limpia para recibir estas gracias tan extraordinarias. Os urge a ello no sólo el sentido particular de vida que habéis profesado, sino la práctica de toda la Iglesia, de la que sois hijos. Todos los cristianos, en esta semana, actúan en contra o por encima de lo acostumbrado: practican la piedad, se presentan con modestia, dan señales de humildad y están llenos de gravedad. De ese modo quieren unirse a Cristo paciente. (...) Vivimos la Pasión del Señor, que hoy también hace temblar la tierra, quiebra las rocas y abre las tumbas. (...) Todo lo hizo por nosotros, y de ahí nos vienen los frutos de salvación y la vida del espíritu» (S. Bernardo, Sermón el Miércoles Santo)
Quiero deciros a todos los cofrades lo importante y necesaria que se hace vuestra labor, en este ahora en el que somos agredidos por comentarios, legislaciones y tendencias que pretenden secularizar la vida de los ciudadanos, atenazando a nuestra sociedad, intentando eliminar de la vida pública y social los valores éticos y morales que el Cristianismo defiende.
El mundo que nos circunda espera de nosotros un anuncio fuerte y claro del Evangelio de salvación. Las familias parecen haber olvidado a Dios; el domingo, ha pasado a ser un día mas en el fin de semana, donde un templo nuevo ha sido erigido, el centro comercial que unido al deporte, el ocio y las compras ha tomado el lugar de la celebración eucarística dominical.
«Sine dominico non possumus». Sin el domingo no podemos vivir gritaron los mártires de Abitene ante sus perseguidores que les pedían renunciar a la celebración de la eucaristía. El domingo no es sólo un día de la semana, sino que es la presencia salvífica de Cristo resucitado en el tiempo. El día del Señor es la celebración de esta presencia viva y eficaz en la historia y expresa de manera irrenunciable la identidad de nuestra fe pascual. De ahí que sin el domingo no nos podamos llamar cristianos: si no vivimos de la presencia gloriosa del Resucitado, no podremos testimoniar la verdad y el amor de Cristo.
El Señor nos llama a s testigos de todo esto  con convicción, a sentirnos corresponsables en, por y de su Iglesia, a vivir nuestra identidad cristiana con alegría y entusiasmo.
El Santo Padre Benedicto XVI nos lo ha recordado incesantemente, somos llamados a ser «Testigos de la Esperanza y apóstoles de la nueva Evangelización corresponsables con la misma Misión encomendada por el Padre a su Hijo Jesús, Dios y Señor nuestro». El mundo en que vivimos necesita quizás más que en otros tiempos este testimonio de esperanza. Ojala no le defraudemos y, Dios quiera que esta Semana Santa nos sirva a todos para acrecentar y fortalecer nuestra fe, llenarnos de esperanza y  empaparnos de mucha caridad, sabiendo ser fieles seguidores y ejemplos vivos de Cristo en la tierra.
Cada uno de nosotros puede ser como la Higuera del evangelio de san Lucas, que facilita a Zaqueo el conocimiento del Señor, o como la multitud que le impedía el encuentro con Él (Lc 19,1ss).
Gracias, al Señor, por haber dispuesto que yo naciera en Lahiguera, por haber puesto a mi lado a tantos paisanos que con fe y testimonio me han ofrecido ejemplo de vida, por haberme regalado tantas cosas, y entre ellas las Cofradías y a la Iglesia de la que forman parte desde la Fe, esa Fe cristiana que ha de ser el único fundamento de la Semana Santa. Viendo en ella los acontecimientos que van ocurriendo es imposible hablar sin emocionarse, sería como querer que un verdadero amante hablara fría y asépticamente de la persona amada. Enamorémonos de Cristo, sigámosle, os aseguro, no porque sea cura que también, que merece la pena, más aun, merece la vida entera.
Y ya concluyo, no sin antes recordaros que en un Pregón no se dice todo. Por eso éste no es un Pregón cerrado. No sé si quiero terminarlo. Lo dejo abierto, muy abierto, para que Jesús, Muerto y Resucitado le ponga punto y final cuando Él quiera…



Muchas gracias.

sábado, 27 de abril de 2013

UN HIGUEREÑO EN MAUTHAUSEN:

Un higuereño en el infierno de Mauthausen

Juan Ortiz Garrido nace en Lahiguera (Jaén), el día 13 de enero de 1904. Es uno de los muchos republicanos españoles que, tras finalizada la Guerra Civil, se exilia en Francia huyendo de las represalias del franquismo. Poco se imaginaba que las penalidades pasadas serían un juego de niños para lo que le esperaba.


Algunos republicanos son combatientes con el ejército francés en su lucha contra la Alemania nazi. Unos son capturados por los alemanes, otros entregados a estos por el gobierno traidor y colaboracionista de Vichy.


 No se sabe con exactitud cómo llegó Juan Ortiz a su primer destino: el campo de prisioneros de Stalag  XVII-A  situado en Kaisersteinbruch, Austria. (Stalag proviene de Stammlager, es el nombre con que se designaba el campo donde ubicaban a los militares sin graduación).
A Mauthausen suponemos que fue con una partida de españoles de la que formaba parte el escritor Mariano Constante Campo.


 Juan es deportado a Mauthausen el 7 de abril de 1941 y el número de su matrícula es 4819, en la misma fecha es trasladado Mariano Constante y su número de preso es el 4584, así que probablemente fuesen compañeros y se conocieran, ya que también fueron de los pocos que sobrevivieron.


 Juan Ortiz Garrido ingresa en Mauthausen, por este campo pasan 8000 españoles y sobreviven 817. De estos españoles Franco no quiere saber nada, por eso los republicanos llevaban un triángulo azul (significaba que no tenían patria) con una S de Spanier.
Mauthausen fue uno de los dos campos de toda Europa calificado de Grado III, para enemigos político incorregibles, utilizado principalmente para tareas de exterminio.


 Los métodos de exterminio incluían: (tomado de Wikipedia)
•    Celdas de castigo. Estancias de unos 7 m² en las que los prisioneros no recibían comida ni bebida y solían morir al cabo de unos 12 días.
•    Flagelación. Consistía en azotar al prisionero con 25 latigazos que él mismo debía contar en voz alta y en alemán; si se equivocaba, volvía a empezar el castigo.
•    Trabajo como esclavo en las canteras. Además debían acarrear piedras de unos 20 kg por una larga escalinata compuesta por 186 escalones ("Las Escaleras de la Muerte").
•    Caída de gran altura. Internos eran empujados adrede desde la parte alta de la cantera, denominada "pared del paracaidista".
•    Cámaras de gas.
•    Cámaras de gas móviles. Un camión con un tubo de gases dirigido al interior, que iba y venía entre Mauthausen y Gusen
•    Duchas heladas. Aproximadamente 3.000 internos murieron de hipotermia debido que eran forzados a quedarse bajo una corriente de agua helada durante varias horas
•    Tiroteos masivos.
•    Experimentos médicos.
•    Sangrado. Varios cientos de internos fueron desangrados hasta la muerte y la sangre extraída fue enviada al Frente del Este.
•    Ahorcamiento.
•    Hambre. Sólo en el campo de Mauthausen aproximadamente 2.000 prisioneros por semana eran privados de comer hasta la muerte
•    Fusilamientos por las SS.
Por otro lado, las raciones de alimentos eran muy limitadas y en el período 1940–1942 un interno pesaba 42 kilos de media. El tratamiento médico era prácticamente inexistente debido a las normas alemanas.


 Mauthausen era conocido con el nombre de “campo de los españoles”, lo construyen españoles, se afirma que cada piedra de Mauthausen corresponde a la vida de un español. Se trabajaba en una cantera de granito, los prisioneros tenían que pasar por una escalera de 186 peldaños que debían subir como mínimo diez veces al día cargados con grandes piedras en la espalda, mientras unos verdugos los zancadilleaban y golpeaban con palos. Cuando en el verano de 1940 fallece el primer español, los demás guardan un minuto de silencio ante el estupor de los guardianes, muchas veces repitieron este acto. Poco a poco se ganaron el respeto y la admiración de los demás deportados de otras nacionalidades, llegando a tener una operativa organización de mando para ayudar a los más necesitados. Los que más les chocaba a los demás presos no españoles era el ánimo y la fe en la victoria sobre el nazismo. Hasta el punto que cuando el Ejército norteamericano entra en Mauthausen, el 5 de mayo de 1945  una enorme pancarta, en español, saluda a los libertadores.





Todavía, cuando parece que estamos acostumbrados a contemplar tanta desgracia y miseria en el ser humano, de la que somos testigos, a veces con cobarde conformismo,  nos estremecen estas imágenes de escuálidos hombres desnudos o con “pijama a rayas”.
 Desde estas páginas la mayor admiración y reconocimiento para este hombre de nuestra tierra que circunstancias tan trágicas le tocó vivir y ante las cuales tuvo la fuerza moral y física suficiente para, seguro que pensando en su gente, en estampas añoradas de su pueblo, salir glorioso.  Ofreciéndonos en el triunfo de su supervivencia un ejemplo de valentía, lealtad, humanidad y sacrificio. Abierto queda este espacio por si sus familiares quieren completar con más datos su biografía.


Terminar recordando los versos del poeta, personificándolos en Juan Ortiz Garrido:

“Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera”.

Manuel Jiménez Barragán.
Lahiguera a 27/04/2013.




martes, 9 de abril de 2013

LOS AGUADORES EN HIGUERA DE ARJONA

LOS AGUADORES DE HIGUERA DE ARJONA. EL PROBLEMA DEL ABASTECIMIENTO DEL AGUA ANTES DE TENER SUMINISTRO DE AGUA POTABLE DESDE EL PANTANO DE QUIEBRAJANO.

Van estas líneas con idea de recuperar unas imágenes hoy pérdidas de los “aguaores de La Higuera”, unos personajes populares para todos porque tomaron el oficio de llevar agua a las casas para el consumo humano; esto ocurrió unos años antes de que el agua corriente procedente del Pantano de Quiebrajano llegase a nuestros hogares, a través de una red de suministro establecida en 1978.

Con la puesta en marcha del proyecto de construcción del Pantano de Quiebrajano, se iniciaron después otros proyectos en el pueblo como la construcción del deposito de la Atalaya (el sitio mas alto de los alrededores del pueblo) y la red de canalizaciones de aguas hasta el pueblo, y después, la apertura de zanjas para las canalizaciones por la red de calles de todo el pueblo, siendo alcalde  el maestro de escuela, D. José María Galán Galán.
Puesta de sol desde el muro de contención del Pantano de Quiebrajano

En las siguientes resoluciones números 6752 y 6753 del B.O.E. –Número 58 de 9 de marzo de 1978, se procede a realizar la ocupación forzosa de los terrenos por donde ha de trascurrir la canalización de agua potable desde Arjona a Higuera de Arjona.

Resolución 6752:
RESOLUCION de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir  por la que se declara la necesidad de ocupación de las fincas que se mencionan afectadas por las obras de conductores generales  y  depósitos a los pueblos del conjunto de Quiebrajano, CONDUCCIÓN Arjona-Higuera de Arjona, término municipal de Higuera de Arjona (Jaén).

Examinado el expediente de expropiación forzosa, número 301•J, que se tramita con motivo de las obras arriba expresadas,
Resultando que en el Boletín Oficial del Estado  de fecha 14 de octubre de 1977 en el Boletín Oficial de la provincia de fecha 15 de septiembre de 1977 y en el periódico Jaén de fecha 27 de agosto de 1971, así como en el tablón de anuncios del Ayuntamiento de Higuera de Arjona se publicó la relación de terrenos y propietarios afectados, para que pudieran presentarse reclamaciones contra la necesidad de la ocupación de los citados terrenos o aportar los oportunos datos para rectificar posibles errores en la relación.
Resultando que las respectivas informaciones transcurrieron sin oposición alguna; .Considerando que se han cumplido los trámites legales inherentes a este período del expediente
Visto el dictamen favorable de la Abogacía del Estado
Esta Dirección en uso de las facultades conferidas por el artículo 98 de la Ley de Expropiación Forzosa de 18 de diciembre de 1954 y en ejecución de lo dispuesto en los artículos 20 al 22 de la misma ha resuelto:
1. ° Declarar necesaria la ocupación de los terreno afectados cuya relación, ya publicada se eleva a definitiva.
2 º Publicar esta declaración en el Boletín Oficial del Estado y en el de la provincia, así como en un diario de la capital de la provincia, tablón de anuncios del Ayuntamiento de referencia y notificarla individualmente a los interesados haciéndoles saber que pueden recurrir contra ella ante el Ministerio de Obras Públicas, en el plazo de diez días a contar de la fecha de la última publicación oficial, o de la notificación en su cas y por conducto de esta Confederación.
Sevilla. 14 de febrero de 1978.-EI Ingeniero Director. M. Palancar.-
2.793-E.

Resolución 6753:

RESOLUCION de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir por la que se declara la necesidad de ocupación de las fincas que se  mencionan, afectadas por las obras de conducciones generales y depósitos a los pueblos del conjunto del Quiebrajano, conducción del depósito a  Higuera de Arjona término municipal de Higuera de Arjona (Jaén).

Examinado el expediente de expropiación forzosa número 302-J, que- 5& tramita con motivo de las obras arriba expresadas;
Resultando que en el “Boletín Oficial del Estado” de  fecha 4 de octubre de 1977, en el “Boletín Oficial” de la provincia de fecha 3 de septiembre de 1977, en el periódico Jaén” de fecha 27 de agosto de 1977, así como en el tablón de anuncios del Ayuntamiento de Higuera de Arjona, se publicó la relación de terrenos, propietarios afectados, para que .pudieran presentarse reclamaciones contra la necesidad de la ocupación de los citados terrenos o aportar los oportunos datos para rectificar posibles errores en la relación;
Resultando que las respectivas informaciones transcurrieron sin oposición alguna;
Considerando que se han cumplido los trámites legales inherentes a  este periodo del expediente;
Visto el dictamen favorable de la Abogacía del Estado,
Esta Dirección, en uso de las facultades conferidas por el artículo 98 de la Ley de Expropiación Forzosa, de 18 de diciembre de 1954, y en ejecución de lo dispuesto en los articulo. 20 al 22 de la misma, ha resuelto:
1. º Declarar necesaria la ocupación de los terrenos afectados, cuya relación, ya publicada, se eleva a definitiva.
2. º Publicar esta declaración en el “Boletín Oficial del Estado” y en el de la provincia, así como en un diario de la capital de la provincia, tablón de anuncios del Ayuntamiento de referencia y notificarla individualmente a los interesados, haciéndoles saber que pueden recurrir contra ella ante el Ministerio de Obras Públicas, en el plazo de diez días, a contar de la fecha de la última publicación oficial o de la notificación, en su caso, y por conducto de esta Confederación.
Sevilla, 14 de febrero de 1978.- EI Ingeniero Director, M. Palancar.-
2.791-E.

El Pantano de Quiebrajano está situado al sur de la provincia de Jaén, en la Sierra de Jaén. Comprende en su emplazamiento parte de tres municipios: Campillo de Arenas, Jaén, y Valdepeñas de Jaén. Recibe aguas de los ríos Valdearazo y Quiebrajano. Su capacidad es de 31,6 Hectómetros cúbicos Tiene una superficie de 125,5 Hectáreas. Esta situado a una altitud de 785 metros sobre el nivel del mar. Se terminó su construcción en 1976. La altura máxima que puede superar el agua en la presa es de 71,5 metros. Su perímetro es de 13,5 Kilómetros. La construcción de esta emblemática obra hidráulica para la provincia de Jaén finalizó en el año 1976, año en que comienza también su explotación para abastecimiento de aguas a la ciudad y algunos pueblos de las campiñas jiennenses y cordobesas. La conducción general hasta la capital mide 20 kms., y a partir de aquí, una extensa red de tuberías de más de 100 kms. distribuye el agua a los siguientes núcleos de población: Fuerte del Rey, Villardompardo, Escañuela, Arjona, Arjonilla, Lahiguera, Porcuna, Lopera, Higuera de Calatrava y Santiago de Calatrava (en Jaén), Valenzuela y Cañete de las Torres (en Córdoba). La población total a la que abastece es de más de 140.000 habitantes, desembalsándose para ello 14 hectómetros cúbicos al año (mientras que la media de la aportación media anual por lluvias y deshielo es de 21 hectómetros cúbicos, quedando un remanente de 7 hectómetros cúbicos de difícil aprovechamiento).
La presa es una obra de ingeniería del tipo de bóveda de doble curvatura, con un aliviadero de "labio fino". Tiene una altura sobre el cauce del río Quiebrajano, que comienza a pie de presa, de 71,5 metros, mientras que la longitud de la zona superior es de 212 metros

Emplazamiento del Embalse de Quiebrajano

 Vistas del embalse del Quiebrajano desde el pico de la Pandera (1872 m.). Fotos de Jesús Molina Gimeno.



Desde el inicio de este oficio en el pueblo con  “Juan, el del agua”, (que por ser el pionero se quedo con el apodo para él y su descendencia), a Manuel “el Tórico” debió trascurrir poco tiempo, ambos comenzaron a acercar agua potable de las fuentes de “Los Grifos” a cambio de “la voluntad”, este último recordado porque era quien suministraba el agua necesaria para la casa escuela de Don Ramón Delgado González, mi maestro y por tanto el agua necesaria para disolver la leche en polvo que junto con el queso amarillento,  que mandaban los americanos como ayuda para el desarrollo, para completar la deficiente nutrición de muchos escolares por aquellos años cincuenta y sesenta; a muchos de los escolares les proporcionaba el calcio necesario y también alguna que otra diarrea por su ingestión.

Era una labor habitual de algún responsable mayor de la clase, disolver la leche en un cubo nuevo de latón dándole vueltas hasta que se le eliminaran todos los grumos. Después cada uno tomábamos un vaso. El queso amarillento tipo suizo también se repartía en porciones para cada uno.

Foto antigua de la Fuente de los Grifos, se pueden apreciar sólo los grifos primeros, años después se hicieron otros más a la izquierda. A la derecha el pilar grande, los lavaderos de las “Pilas” y mas cerca el nuevo pilar que después se utilizo para llenar las cubas de los sulfatadores.

En los tiempos en que era actual esta foto había a la izquierda un espacio cuadrangular llamado “Los eucaliptos” con una fila de cuatro a cinco eucaliptos por cada lado, plantados con un marco amplio, árboles de grandes dimensiones en grosor de troncos y altura. Era el lugar en que el ganado permanecía acampado durante las calurosas siestas del verano, tras haber abrevado en el pilar de “Los Grifos” o en el “Pozo de los Pastores”. En ese espacio de sombra  se veían grandes manadas de ovejas en muchas ocasiones. Hoy ese espacio esta ocupado por el Parque Municipal que es el lugar donde se celebran las fiestas de San Juan y de Santa Clara y también se celebra semanalmente el mercadillo. Muy próximo  a este espacio estaba el Pozo de los Pastores que desapareció a principio de los años sesenta, y estaba aproximadamente entre la jardinera y el espacio donde comienza la acera de la derecha del parque de poco más arriba.
 Fuente actual de los Grifos de Lahiguera

Foto antigua de un “aguaor” con la mula.

 Años después, … comenzó a llevar el agua en una cuba cilíndrica, de latón algo aplastada, Sebastian Martínez Galán conocido en Higuera como “El niño pica”, que cargaba el agua del Pozuelo con una bomba y después puso un motor “Champion” en el año 71, y con un recorrido alternativo por días por unas u otras calles del pueblo, surtía las necesidades de aguas para beber y limpiezas al precio de 1 peseta por cántaro, …unos dos o tres años después y por motivo de herencia indirecta, pues su esposa era sobrina de Sebastian, comenzó con el reparto del agua “Rabito” o mejor Manuel Cortés Morales, con todas las demás características del negocio comenzado por Sebastian años atrás.

Creo recordar,  que hubo otra pareja de socios en el negocio del reparto del agua con la cuba, era Rafael Bareas Montoro “el Chico”, a quien yo conocía desde muy pequeño en la Casería de Buenavista, que compartía por días la utilización de la cuba de latón para el reparto del agua con Isidoro Bareas Montoro. Estos se servían el agua de “La Pozuela” (por el camino antiguo de Arjonilla), el “Charcón”, el “Chorrillo” y los “Morales”.

 Pozo de la Pozuela.

 Pozo de Los Morales.

 Pozo del Chorrillo.

 Pozo del Pozuelo.

Pozo del Charcón.

Por aquellos años también comenzó a vender el agua Salvador Carmona García, “el Chindo”, este aguaor también tomaba el agua del Pozuelo, lo que le ocasionó algún carpinte con Sebastian por lo que acabo poniendo otro motor, así que quedaron instalados en el Pozuelo dos motores, su compañero José Pérez Muñoz (apodado “la Tazona”) compartía por días establecidos entre ellos el reparto; pero este último tenía preferencia por el agua del “Charcón”, la “Pozuela”, el “Chorrillo”  o los “Morales” (ambas con lavadero público), en todos estos pozos había que sacar el agua con cubos para llenar la cuba, pero su agua tenía las preferencias de todo el barrio alto, mientras que en toda la parte baja las preferencias iban por “Pozo Nuevo”. El uso de Pozo Nuevo, quedó prácticamente para particulares, no se podía esperar a llenar la cuba en esa fuente, con veneros tan escasos.

 La fuente de “Pozo Nuevo”, otra muestra de nuestro habitual abandono. Se podía haber creado a su alrededor una zona de descanso con unos árboles y bancos.

En realidad todos los habitantes de la parte más alta del pueblo bebían agua de “La Pozuela”, del “Charcón”, del “Chorrillo” y los “Morales”. El agua de la “Pozuela” era especialmente buscada por todo el pueblo para poner los cocidos, los garbanzos se cocían mucho más tiernos con esta agua, y el plato del cocido era muy común en la dieta de aquellos años.

Parece que el stop de la carretera, es un stop a la conservación, ¡Que pena!
Si algún día sobran algunos árboles de las calles se podían plantar a  la derecha del muro, todo llegará… si llega.

Otros pozos eran sólo para abrevadero de animales por lo que disponían de un pilar más o menos grande donde se echaba el agua que se sacaba a pulso con los calderos. Estos pozos eran “el Pocillo” (hoy desaparecido), algo más abajo y en el margen derecho de la carretera de Arjona se encontraba “el Pozo de las Pistolas” (también desaparecido). Las fuentes de mayores dimensiones y las que en sus pilares servían de abrevadero al ganado eran “Los Grifos”,  “La Mina” y el pozo llamado “El Pocillo”.

Situación actual de la Fuente de la “Mina”. No es necesario comentar su estado.

En casi todos los alrededores de los pozos o fuentes los propietarios de tierra tenían sus huertos para el consumo de las hortalizas de la casa, y al mismo tiempo ejercían de guardas voluntarios de la buena salubridad de sus aguas.
Oficio desconocido este, quizá por su sencillez. El aguador realizaba un servicio al pueblo, durante los años en que no disponíamos de agua corriente para los múltiples usos domésticos. Su labor consistía básicamente en distribuir agua por las casas, lo cual no le resta importancia a su trabajo, porque cumplía una función muy práctica en el servicio al ciudadano, que no disponía de otros medios o animales para su consecución.

El reparto de agua es una actividad que hoy resulta innecesaria, pero hubo épocas en las que era absolutamente imprescindible para el desarrollo de los pueblos y las ciudades. Estos repartidores de tan preciado bien, tuvieron su máximo esplendor en fechas anteriores al siglo XX, así como un mayor desarrollo en el ámbito urbano que en el rural.

El aguador llena los cubos con la goma.

Al comienzo de la historia de cualquier asentamiento bastaba un pozo próximo con el que abastecer de agua a sus moradores. Con el transcurso del tiempo, estos asentamientos crecieron tanto que se hizo necesario excavar galerías con el fin de traer aguas del subsuelo y distribuirlas entre las distintas fuentes de las ciudades. Un buen ejemplo lo tenemos en la red de galerías que permanecen en Lahiguera debajo del cerro de la Atalaya y que atribuimos desde siempre a los romanos, aunque también otras opiniones se las atribuyen a los árabes, por eso de su búsqueda y buena utilización de las aguas. Parece que cuando se modifico el trazado de la carretera de Andujar, para quitar la curva del madroño, se extrajo gran cantidad de tierra de labor de la zona de la Huerta Caniles, y que una máquina excavadora se hundía por una de sus ruedas, porque había también galerías para el almacenamiento del agua; se supone que habrá unas galerías que recojan el agua filtrada del gran cerro, que hay desde la que hoy es la Piscina Municipal y toda la zona del Cementerio antiguo, hasta abajo en la zona de las Cuevas.

Hasta mediados del siglo XVIII, el abastecimiento de agua hasta los domicilios particulares corría a cargo de los propios vecinos o de sus servidores; sólo algunos palacios y conventos tenían fuentes propias o pozos en sus recintos.

Tipo de carretilla comenzada a utilizar para llevar dos cantaros desde la fuente, cuando no se querían llevar a ancas los cántaros o apoyados en la cadera.

Al crecer las necesidades de la población urbana, surgió el oficio de aguador cuya labor consistía en abastecer de agua a las viviendas, a cambio de un precio estipulado; resulta obvio decir que sólo algunos pocos, los más pudientes, disfrutarían de este servicio, los demás tendrían que aprovisionarse por su cuenta.

Burros aguadores repartiendo el agua en 1904


Si atendemos al ejemplo de una gran ciudad como Madrid, vemos cómo a finales del siglo XIX, siendo reina Isabel II, tuvo lugar la inauguración oficial de la llegada de las aguas a la villa. Se ejecutaron trabajos para derivar las aguas del río Lozoya (afluente del Jarama, que a su vez es afluente del Tajo) hasta el nuevo “Canal de Isabel II” y con ello, se fue desarrollando una compleja infraestructura para la canalización de toda la ciudad. Este hecho, que se repetiría con el transcurrir del tiempo en todos los núcleos urbanos de la península ibérica, a lo largo del siglo XIX y comienzos del siglo XX  en otros casos, llego a nuestro pueblo casi finales del siglo XX, a causa de no disponer de pantano de suministro hasta que se construyó Quiebrajano.

En la actualidad, no podría concebirse una vivienda sin agua corriente pero, hasta hace relativamente poco tiempo, este servicio era absolutamente inexistente y suponía casi un lujo. Nuestro pueblo no fue diferente en este sentido ya que, la ausencia de canalización hasta el último tercio del siglo XX, obligaba a sus vecinos a buscar el agua necesaria fuera de los domicilios. La obligación y el esfuerzo que suponían transportarla desde el exterior de la vivienda, influían en el empleo que de ella se hacía; siempre destinada a usos concretos de la casa y, utilizada sin derroches. Las aguas tenían un aprovechamiento que hoy deberíamos recordar, cuando un agua se tiraba había producido muchos servicios, y en muchos casos servían para dar limpieza a los retretes en un servicio mucho más que completo.

Para el consumo humano, la mayoría de la población se abastecía de pozos, fuentes naturales y manantiales.


Alfonso, hijo de “la Sampedro”, como popularmente se la nombraba, camino de llenar sus cantaros en el “Charcón” o en el “Chorrillo”.
Una imagen clásica en los años de mi infancia, era el trasiego de las mozas  y señoras jóvenes que iban con el cántaro a la “Fuente de los Grifos” para coger agua, siempre entre quiebros y cortejos con los muchachos del pueblo, que hacían coincidir las horas de la aguadora del cántaro a la cintura y el aguador enamorado, que terminaba llevándole también sobre el burro el cántaro de su “prometedora amiga”.

Un encuentro de jóvenes en el pozo, ella con su cántaro y el con su carga de agua.

Ésta era una forma de relacionarse, admitida y reconocida por todos, en una sociedad que apenas contaba con puntos de encuentro y donde eran escasos los momentos destinados al ocio. A propósito de esta costumbre, resulta anecdótico pero significativo, el hecho de que en aquella época se realizaran carreras de cántaros, era una forma de divertirse y hacer patente su pericia en un trabajo diario tan frecuente en sus vidas.

Este oficio existió en nuestro pueblo para distribuir y vender agua entre las familias más pudientes, pero especialmente a los que no disponían de animales para su transporte, ya que sólo unos pocos se podían permitir el lujo de pagar este servicio. Las casas grandes de labor y los pequeños propietarios agrícolas o los poseedores de un burro, se abastecían ellos mismos bien con el servicio que le daban los servidores empleados o “criados” o el propio trabajo de los últimos después de acabar con sus tareas agrícolas de cada temporada en el campo.

El burro, las aguaderas y los cantaros.

Únicamente se tienen noticias de que se dedicaron al reparto de agua en torno a los años cuarenta, cincuenta, sesenta y setenta del siglo pasado. El modo de trabajar de estos repartidores era muy simple y semejante, con toda seguridad, al que ofrecían otras zonas de los pueblos de alrededor.

 Recuerdo especialmente como al pasar por Fuerte del Rey camino de Jaén, en mis tiempos de estudiante, me llamaba la atención como los campesinos llevaban trapos liados a lo largo de toda la pierna hasta la rodilla, como si de un borceguí de piel se tratara, entonces comprobé el porque desde hacia tiempo los había oído nombrar a los de este pueblo vecino como “los de las patas lías”.

El aguador necesitaba un medio de transporte y, normalmente, se servía de un borriquillo al cual le colocaba una estructura o armazón conocido con el nombre de “las aguaeras”. Este utensilio utilizado en todas las casas que hacían la provisión de agua desde las fuentes de manera autónoma, era un armazón habitualmente de esparto o mimbre en algunos casos al principio, y después de hierro, con forma de V al revés, y se colocaba sobre el lomo del animal, sobre un aparejo o albarda (ambas necesarias para montar las caballerías); las “aguaeras” tenían unos cuatro o seis aros, con perímetro de tronco de cono invertido, unidos los dos o tres a cada lado servían para colocar los cántaros. Normalmente los bordes de hierro de los aros se forraban con cuerdas de esparto, cáñamo o tiras de lona para amortiguar el golpe del cántaro en el hueco de la aguadera, y este procedimiento se usaba también para el fondo del hueco de la aguadera con la goma de la planta de una zapatilla o cubierta de rueda, justo en la parte donde iba el culo del cántaro; aunque los cantaros eran duros y fuertes un golpe brusco y fuerte al dejarlo caer, podía hacer que te quedaras con las asas en la mano, ante cualquier movimiento del equino.

Antiquísimas “aguaeras” (aguaderas) hechas de esparto, donde se metían los cántaros de agua para el transporte a las casas.

Este sistema permitía colocar bien sujetos, dos o tres cántaros a cada lado del animal, manteniendo así el equilibrio para no derramar el líquido alimento, que a veces, cuando quedaba muy lleno saltaba ante cualquier movimiento brusco de la cabalgadura y mojaba al aguador…

Las famosas aguaderas, eran el soporte seguro para que los cantaros mantuvieran la estabilidad a un lado y otro de la albarda, así se mantenía la carga asegurada, a no ser que el burro se encontrara en el camino con alguna hembra viable para satisfacer su instinto, con lo que podía terminar la carga desajustada; con los rebuznos del macho, la cincha que ajustaba la albarda por la barriga del animal, se desajustaba con las inspiraciones y espiraciones del soplido del animal, el aparejo o la albarda se desnivelaba hacia la barriga y los cantaros camino del suelo, como alguna vez ocurrió a alguno. Era temible llevar al aguadero un burro con ganas de fiesta, el animal sólo perdía su fuerza del instinto con una buena vara que lo sacase del envite.

El cántaro era una vasija grande de barro de Bailén, angosta de boca, ancha por la barriga y estrecha por el pie y por lo común con  dos asas.

Los aguadores recogían el agua en las dos fuentes públicas de los Grifos  o de las otras fuentes y recorrían el pueblo, turnando su recorrido por un grupo de calles u otras repartiendo el agua por las casas, para satisfacer la demanda que le hacían sus clientas habituales.

Eran años en que los niños ya mayores con una borrica o una yegua, desde la edad en que podían mover los cantaros, dedicaban parte de su tiempo a suministrar el agua necesaria a las casas familiares, hasta llenar todos los cantaros, orzas y recipientes disponibles en las casas para usos cotidianos de lavados de ropas, aseos, limpiezas, etc. Una tarea que cada joven en su casa tenía que realizar todas las semanas.



Otro niño aguador.

Aunque en muchas de las casas del pueblo había pozos particulares, la salinidad de las aguas de los pozos, requería que las casas se abasteciesen de aguas de las fuentes públicas del pueblo. El hecho de que a unos metros de mi casa, en la casa de enfrente, la casa de mi abuelo tuviese un agua mas salobre que la de mi casa, me hizo siempre jugar con la imaginación a recrear como serían las capas freáticas de la tierra, quizá influido por las lecturas de Julio Verne.

Los pozos solían estar revocados con piedras o rasillas y cemento, sujetando la tierra de las paredes de todo el perímetro cilíndrico de los lados, para que no desmoronase la tierra con la humedad, se fuese cegando el pozo y se terminara hundiendo con el tiempo. El pozo de mi casa lo hizo Isidoro Liébana siendo yo muy niño, tenia como ayudante a Felipe, familiar suyo;  como andaba yo interesado en saber cuando llegaban al agua, y por lo visto preguntaba cada día, el maestro albañil que tenía buen humor termino orinándose en uno de los cubos que se subían para desenterrar el hueco, diciendo “ya hemos llegado al agua”. No se me olvida la broma, era chistoso y contaba también historias imaginadas, recuerdo como utilizaba mucho la expresión:”una mujer varonil” que aplicaba a cualquier relato con bastante facilidad.

Solían los pozos tener unas 15 varas de profundidad (la vara medía 83,59 cms.), era una medida de los antiguos del pueblo, antes permanecían este tipo de medidas y el metro no se usaba como medida usual por algunas personas. Para sacar el agua, se usaba una soga o cordel grueso, que se ataba en una de sus puntas un cubo, y a través de una rueda llamada carrucha, colgada de un enganche o clavo curvado, sujetado en un circulo de hierro también en el centro de los varales de hierro, fijados al brocal del pozo y cerrados arriba en redondo. La carrucha tenía una hendidura central por donde se deslizaba la mencionada soga de esparto o cordel grueso de cáñamo, que dando vueltas bajaba el cubo vacío y subía luego lleno de agua, después de unos movimientos de vaivén para que se llenase pronto. Los pozos se han mantenido en la mayoría de las casas, como una medida de emergencia de suministro, por si en verano se corta el agua potable durante días, bien por averías de rotura de las conducciones o por restricción en el suministro, al no reponerse los depósitos de la Atalaya con la demanda. Los pozos que todavía son usados para sacar agua, se han dotado ya desde los ultimo de los años 70 de un motor eléctrico, “una ranica”, sería por eso de la necesaria flotación; una bomba o motor que aspiraba el agua desde la superficie de agua del pozo, dejando aquello de sacar agua con la carrucha como una tarea de otros tiempos. Recuerdo que para abastecer la pila de agua para beber las vacas que tenía mi padre, mi hermano y yo nos turnábamos para sacar cubos de agua durante un buen rato, era una manera de descansar de los estudios.

Hay en muchas casas pozos de medianería, que están hechos debajo de alguna pared que separa las dos viviendas (he llegado a conocer pozos que tenían 4 cubos, es decir, para 4 vecinos). En varios con un tablón puesto en el centro para no ver nada de la otra casa, se respetaba así la intimidad del vecino, sacando cada cual el agua por su lado. Era la consecuencia de edificar a ambos lados de la casa que daba a dos calles y además tenían un pozo compartido con su vecino.

En las viviendas que no había pozo, se surtían del que tenía el vecino, y si no se abastecían de los pozos de algún familiar próximo o iban a las fuentes.

Las fuentes del pueblo eran para los de abajo “Los Grifos”, “La Mina”, “El Pozuelo” y “Pozo Nuevo”, este último con agua muy apreciada por todo el pueblo, al igual que para arriba era “La Pozuela”, ambas muy demandadas por todos y que las hacía encarecerse y apareciese mas escasa aún con tanta demanda; todos éramos conscientes de la pérdida de tiempo que suponía ir por agua a Pozo Nuevo por la escasez de sus veneros (que hacía que los aguadores con la burra pasásemos horas y horas esperando hasta altas horas de la noche, para poder cargar los cantaros). Algún vecino se llevaba su provisión de agua de Pozo Nuevo cuando viajaba fuera del pueblo, anécdota que aunque exagerada se daba en algunos casos por el bienestar que proporcionaba a su usuario y consumidor fiel.

El pozo del “Chorrillo”, con su cruz de los Calatravos pintada en blanco. Es posible que esta fuente diese el nombre al pueblo como “Fuente de la Higuera” dada su proximidad  al casco antiguo junto al Templo del S. XVI y la Tercia.

El “Pozo del Charcón”, y otros pozos como “el Chorrillo” “La Pozuela” o los “Morales” servían también como fuentes de suministro para toda la parte de arriba del pueblo, como hemos referido antes. Tanto unos pozos como otros estaban limpios y proporcionaban un sabor de agua natural, sin ningún tipo de desinfectante como ahora se aprecia en el agua de los depósitos y cañerías, aunque también se corría el riesgo de padecer infecciones veraniegas y diarreas.

“El Pocillo”, “la Mina”, “el Pozo las Pistolas”,  y “los Morales” con su lavadero y los tan referidos “Grifos”, disponían de pilares amplios, donde se echaba el agua con calderos o se derivaba el agua que salía de las fuentes y se almacenaba para dar de beber a mulos, caballos, vacas, y burros tan abundantes en aquellos años; estas pilas eran el gran acuario para las sanguijuelas y otras especies acuáticas de gusarapos. Recuerdo el atractivo que tenían para nosotros ver nadar las sanguijuelas de esos pilares donde bebían las bestias, y donde se producía el intercambio de huéspedes para las sanguijuelas, y como experimentábamos la salida de un abundante chorro de sangre animal, cuando presionábamos a la sanguijuela rellena de la sangre de un equino, que nadaba en el agua de la pila en espera de poder alojarse, con la sorbida de agua del animal que iba a beber agua, y con ello alimentarse en el cuerpo de un nuevo huésped. También era curioso comprobar la abundancia de crías de sanguijuela que había por aquellos años, tanto en el “Pilar” como en “la Mina”. Era habitual que la persona encargada de llevar las bestias  al “pilar” moviera las aguas al mismo tiempo que trataba de tranquilizarlas hablándoles, el movimiento era para despejar en lo posible la presencia de sanguijuelas en las tragantadas de agua que injerían los animales.


También existían en muchas casas del pueblo un pozo con agua menos salobre, la cual se usaba para hacer la colada, (después de haber tenido el agua mezclada con ceniza), fregar los suelos, regar las macetas, beber las caballerías, y otros servicios poco delicados, en otros casos el agua era bastante mala, por lo general, por ser muy salobre, quizá  sólo muy adecuada para echársela a las tinajas de aceitunas y cambiarla con frecuencia, pues en este caso mientras mas salada fuera resultaba mejor para que no se pusieran blandas.

También era muy habitual que hubiese en la casa unos bidones de chapa pintados para evitar el oxido, o depósitos de Uralita (el temido amianto de ahora) para recoger el agua de lluvia de tan buena calidad y aprovechada en las casas como si fuese algo mas que agua. El agua de lluvia es buena, recogida de la evaporación, pero se filtra hasta llegar a las capas freáticas y corrientes subterráneas, y  en su caminar por desniveles más bajos, y por terrenos cuya composición es salina se  convierte en no potable.

Para hacer la colada, se tenían tinajas grandes llenas de agua, que se les agregaba ceniza de la que sacaban los panaderos del horno, y cuando se pasaban algunos días, se ponía más suave el agua. También le ponían unas bolitas de sosa, para que el lavado resultara mejor. Este lavado de ropa, se hacía restregando también con jabón, (hecho en casa), en una pila y sobre la tablilla de madera o losa de piedra de la pila; un trabajo que resultaba a veces doloroso para  las manos, pues si se ponía demasiado sosa, los dedos se picaban y parece que dolían mucho. Si era en casas que se juntaba bastante ropa, las mujeres terminaban la jornada muy cansadas de tanto restregar. Había también personas que se dedicaban a lavar ropa de los demás bien en la casa de los dueños o en las pilas de los lavaderos que había en la “Fuente de los Grifos”. Era una imagen frecuente ver la ropa dejada tendida sobre arbustos para que el sol la “asoleara” y realizase su función desinfectante  y fungicida con sus rayos ultravioleta junto con el calor.
El aguador de Sevilla
Autor: Velázquez
Fecha: 1620 h.
Museo: Wellington Museum (Londres)
Características: 106 x 82 cm.
Material: Óleo sobre lienzo

Poco a poco, a partir de la construcción del alcantarillado y la llegada del agua a los domicilios, fue desapareciendo este oficio tan minoritario en el pueblo.

Ya hemos dicho que la mayoría de las familias se proveían ellas mismas de agua pero, queremos dejar constancia de la figura del aguador en Higuera de Arjona, como un recuerdo perdurable para muchos coetáneos, por aquellos años sesenta y setenta; hasta la instalación de la red de cañerías para el abastecimientos del agua potable desde el depósito de la Atalaya.

Sabemos que alrededor de los años setenta y cinco y setenta y seis se comenzó en Higuera  a realizar la instalación del alcantarillado, gracias a la gestión del alcalde José María Galán Galán, que pasó a la pequeña historia local por ser “el que llevó el agua a las casas”. Este hecho, que supondría un cambio fundamental en las costumbres de los ciudadanos fue llegando lentamente; pero, en definitivo, la instalación de agua potable en las casas y la red de alcantarillado fueron dos importantes mejoras a mediados del año 1978. Sin poder precisar el día la inauguración de la red de distribución de agua potable en Higuera de Arjona se realizó a finales del mes de Julio de 1978.

Allá por el año 75 y 76 se comenzó a realizar la canalización de tubos y tuberías, según el diseño de un ingeniero encargado por el ayuntamiento; para la distribución de la red de canalización de agua por todo el núcleo urbano de Higuera, después por “obras y servicios” del Ayuntamiento se comenzó a realizar el levantamiento de la calzada por el centro de la calle bajo la supervisión del maestro albañil del Ayuntamiento llamado ”el Laure”, (Laureano Zafra Barragán) que comandaba un grupo de empleados de “el paro agrícola, estos recibían su sueldo con el subsidio de paro, todo esto ocurría durante las primaveras y veranos de los años 1975 y 76 , para terminarse a finales de Julio de 1978, fecha en que fue inaugurada la red y todos los hogares del pueblo tuvieron por vez primera agua en los grifos de su casa. Recuerdo que por entonces actuaron como fontaneros encargados de las acometidas para cada casa, Sebastián Zafra Gavilán y Francisco Pérez Cano “el Paqui del Peñonero”. Fue una buena temporada de trabajo intenso para los fontaneros del pueblo.


Fueron  aquellos dos veranos del 75 y 76, unos veranos de calles abiertas para instalar los tubos de cemento y las acometidas a cada una de las casas. Primero se hacían las zanjas con una retroexcavadora por el centro de la calle para alojar las tuberías de fibrocemento (amianto y cemento). Hoy el amianto es considerado material cancerigeno. Después se ponía una base de arena, se colocaba el tubo de fibrocemento y después se cubría de nuevo con arena de modo que permitiera la dilatación de los tubos con el calor del verano y las contracciones del frío sin provocar la ruptura en ambos casos. El fontanero iba después y colocaba una abrazadera de hierro, que se enfoscaba al tubo con unos tornillos a través de unos collarines con tornillos, habiendo realizado previamente en el tubo de fibrocemento con una barrena de 13 o 15 cms un agujero que permitiera después el paso del agua a la nueva acometida de cada casa. Así quedaba enfoscada con unas piezas negras y se empalmaba con la tubería de polietileno hasta la puerta de la casa, desde donde después se unía a la tubería que iba al contador y a la general de cada domicilio.

Es obvio pensar que la actividad del aguador cayó en desuso y dejó de existir como tal; sin embargo, se le asemejan, en el fondo pero no en las formas,  a los repartidores de bebidas que también los hubo por aquellos años, y hoy día trabajan con transporte motorizado. Recordareis como hace años recorría Higuera, Salvador el gaseosero de Fuerte del Rey, que aprovisionaba de bebidas a aquella parte del pueblo, que quería que le sirvieran la bebida en su casa y no tenía la necesidad de ir a recoger y comprar cajas de cerveza  “El Alcazar”, gaseosas, agua de Marmolejo, etc.  a los almacenes de distribución que tenía Mateo o José “el Canillo”. Después su hijo José también repartía. Un trabajo que adineró al referido Salvador de Fuerte del Rey y que resulta inexplicable que no hubiera acometido antes cualquier otro joven del pueblo, bastante cortos en iniciativas que no fuesen el trabajo duro del campo.


Pedro Galán Galán.
Granada 25 de Julio de 2012.
En el Trigésimo Sexto Aniversario de la llegada del agua corriente a Higuera de Arjona.

Fuentes consultadas:
Confederación Hidrográfica del Guadalquivir.
Blog spot: “Jaén desde mi atalaya”, Jesús Molina Gimeno.
Boletín Oficial de Estado número 58 de fecha 9 de marzo de 1978.