PROLOGO

Se pretende que sea éste un espacio dedicado a entretener y deleitar (... a través de la fotografía fundamentalmente) ... a dar a conocer (...o traer al recuerdo) ciertos monumentos o espacios situados en el término o cercanías de Lahiguera. ...a llamar la atención por el estado de abandono y deterioro de muchos de ellos, ...y si llegara el caso, a remover la conciencia de todos los que somos "herederos" de tales monumentos y espacios, y que con nuestra aportación ayudásemos a la conservación de los mismos.

sábado, 25 de abril de 2015

JUAN ORTIZ GARRIDO, EL SUPERVIVIENTE HIGUEREÑO DEL CAMPO DE CONCENTRACIÓN DE MAUTHAUSEN, DEPORTADO EL 7 DE ABRIL DE 1941 Y LIBERADO EL 5 DE MAYO DE 1945. ESTUVO EN MAUTHAUSEN 4 AÑOS, Y UN MES MÁS, MENOS DOS DÍAS.


JUAN ORTIZ GARRIDO, NACIDO EN HIGUERA DE ARJONA (HOY LAHIGUERA) EN FECHA 13 DE ENERO DE 1904, FUE DEPORTADO AL CAMPO DE MAUTHAUSEN, PROCEDENTE DE LA PRISIÓN O STALAGS XVII-A (KAISERSTEINBRUCH), CON NÚMERO DE MATRÍCULA 4819 EN ESTE CAMPO. FUE LIBERADO EN FECHA 5 DE MAYO DE 1945.

A primeros de junio de 1939, la Confederación Nacional de Ayuda a los Refugiados Españoles había pedido la supresión de los campos de concentración, en que estaban recluidos los exiliados españoles en condiciones penosas, y se pedía que estos exiliados se reintegraran en la vida civil francesa. Esta petición fue desoída. Por el contrario, el Gobierno francés para aliviar los gastos que le ocasionaban los refugiados y aprovechar de paso su potencialidad a favor de los intereses franceses, decidió utilizar, a los que quedaron en territorio francés, como mano de obra para fines militares o económicos, para lo que promulgaron leyes por las que crearon las Compañías de Trabajadores Extranjeros (CTE).
Soldados franceses en la Línea Maginot asisten a Misa de campaña.

La Línea Maginot, con su constructor y destructor.
Arriba defensas francesas de la Línea Maginot, después el ataque alemán a las cúpulas de la Línea Maginot, la conquista de un bunker en la Línea Maginot y la entrega de los franceses y abajo las defensas francesas tomadas.
Maniobras de ataque y envolvimiento de la Línea Maginot.
Las "tripas" de la defensa francesa en la Línea Maginot.
Estructura externa de la Línea Maginot.
Sección de la fortificación de la Línea Maginot.
También hicieron propaganda en los campos para reclutar prisioneros voluntarios para la Legión. Los aproximadamente 10.000 prisioneros que eligieron ese camino fueron destinados al norte de África. El 75 por ciento de ellos perdieron la vida meses después, en 1940, en la batalla de Francia. Mayor aceptación tuvo entre los refugiados españoles los Batallones de Marcha y las Compañías de Trabajo.
Columna motorizada de La Wehrmacht avanza hasta París.


La Legión, los Batallones de Marcha, las Compañías de Trabajo, fueron las fórmulas sucesivas ideadas por las autoridades francesas para encuadrar militarmente a la masa de refugiados españoles, especialmente a los más jóvenes. Cuando comprobaron que los alistamientos a la Legión se hacían con cuentagotas, decidieron la creación de los Batallones de Marcha dirigidos por oficiales franceses. Tampoco tuvieron demasiado éxito, según el testimonio de Pons Prades, E. (1973), porque esos Batallones parecían una copia de la Legión franquista. Como último recurso crearon las Compañías de Trabajadores Extranjeros (CTE) que incorporaron a oficiales españoles como auxiliares de los mandos franceses. Estas CTE quedaban a disposición de los generales jefes de las regiones militares y se les encomendaron labores de defensa, construcción de fábricas de armamento y sobre todo la construcción de fortificaciones en el Atlántico y en las fronteras con Alemania e Italia.

Huida de la población francesa ante el avance alemán.

Pons Prades, E. (1973) calcula que de abril del 1939 a marzo de 1940 los alistados, voluntarios o forzosos, en estas Compañías de Trabajo fueron unos 75.000. Otros 35.000 se integraron en unidades del Ejército francés, de los que unos 10.000, como queda dicho, se alistaron en la Legión Extranjera.

 
En fecha 21 de junio de 1940 el General Alemán Keitel lee el preámbulo de las condiciones del armisticio entre Alemania y Francia.
Firma del Armisticio por parte francesa y alemana.



Fue el 14 de junio de 1.940, cuando las fuerzas hitlerianas penetraban en París, extendiendo muy pronto su penetración por el resto del país, quedando establecido el gobierno de Vichy, (esta ciudad está situada en el corazón de la antigua “provincia de Bourbonnais”, lugar de origen de los Borbones españoles), presidido por el mariscal Philippe Petain, que inauguraba un régimen totalitario y colaboracionista con el invasor alemán, con base en el armisticio firmado con la Alemania nazi el 22 de junio de 1940, obteniendo cierta simpatía y complicidad por parte de una parte de la población francesa, a quienes, sin lugar a dudas, esta ocasión les fue propicia para expresar sus sentimientos pro nazis, hasta el punto de crearse una situación donde las personalidades francesas y organismos oficiales, habían dejado de tener personalidad alguna al quedar bajo las ordenes del Führer, lo que trajo un periodo de crueldad y de auténtico terror para el pueblo francés, pueblo del cual ya formaban parte los republicanos españoles que, desde un principio, y dejando a un lado todos los rencores y hostilidades recibidas por parte de las democracias en general y Francia en particular, se habían incorporado como un sólo hombre en la lucha por las libertades utópicas del mundo entero, que consideraban eran sus propias libertades…para el futuro.
Artilleros en el Línea Maginot.
Mapa de la Línea Maginot.
Cañón antiaéreo alemán contra las defensas francesas.
Iniciada la Segunda Guerra Mundial muchos de esos españoles murieron combatiendo a los alemanes desde las filas del Ejército francés. Otros combatieron en la Resistencia. Los republicanos españoles estuvieron presentes, con actuaciones a veces decisivas, en los episodios más significativos de la guerra: en Narvirk (Noruega), en Dunkerque, en la batalla de Francia, en el Desembarco de Normandía, en el Plateau de Glières, en la liberación de París, en la liberación de Estrasburgo, en la liberación de Burdeos. Sus actuaciones fueron también decisivas para liberar Foix y otras poblaciones del sur de Francia. «No hay región francesa que no esté regada con sangre española en esos años de lucha frente a las tropas hitlerianas», en palabras de uno de los guerrilleros españoles supervivientes.
Mapa de la división de Francia tras el armisticio. En amarillo la zona ocupada por Alemania , en azul la zona libre de Francia.
Un número importante de los republicanos españoles que se exiliaron a Francia, tras la Guerra Civil española, fueron hechos prisioneros por los alemanes y deportados a campos de concentración.

Cuando desde el verano de 1939, una gran parte de los refugiados españoles fueron integrados en las Compañías de Trabajadores Extranjeros, tomando la iniciativa que el Gobierno Francés le ofrecía para descongestionar los campos de internamiento franceses, y poner al servicio de su ejército a los antiguos combatientes de la República Española. La mayoría de sus integrantes fueron destinados a las obras de fortificación en las líneas defensivas francesas. Cuando Francia fue invadida por los alemanes, muchos de los integrantes de estas Compañías de Trabajadores fueron hechos prisioneros en el mismo frente y conducidos a los llamados Stalags o campos de prisioneros de guerra. También fueron enviados a estos campos de prisioneros, aunque en menor número, los españoles que formaban parte de los Batallones de Marcha o los que se alistaron en la Legión Extranjera francesa.
Españoles de la Compañía de Trabajadores Extranjeros realizando obras en Mulhouse.

La rápida ocupación alemana de Francia en los meses de mayo y junio de 1940 supuso la detención de 845 republicanos españoles trasladados en condición de prisioneros de guerra al Stalag V-D, entre otros.
Maquis españoles en La Tresorerie.


Los prisioneros de guerra, a diferencia de los deportados a campos de concentración, disfrutaban de un estatus especial de acuerdo con lo dispuesto en la Convención de Ginebra. Los reclusos de estos campos de prisioneros o Stalag, podían mantener correspondencia con sus familias, recibían visitas, y paquetes de la Cruz Roja Internacional y disponer de una alimentación y condiciones de vida aceptables. Aquí los prisioneros estaban custodiados por fuerzas del ejército alemán y no por soldados de las SS. Aunque eran vigilados día y noche, había numerosas oportunidades de fuga. En estos campos fueron internados la mayoría  de los españoles apresados por las fuerzas alemanas en los primeros momentos de la ocupación de Francia. Sin embargo, la policía secreta alemana, la Gestapo, pronto llevó a cabo la identificación de los llamados Combatientes de la España Roja, que pasarían a perder la condición de prisioneros de guerra. A estos españoles se les respeto en principio la condición de prisioneros de guerra firmados por Alemania, tal como los convenios internacionales contemplaban, pero unos meses más tarde los prisioneros españoles fueron deportados al campo de Mauthausen.
 

Voluntarios españoles enrolados en el Ejército Francés.

Los refugiados españoles en Francia fueron los primeros en sufrir las consecuencias del desastre de junio de 1940. Más de 13.000 españoles fueron hechos prisioneros por los alemanes y el gobierno de Vichy no hizo intento alguno de protegerlos según los acuerdos internacionales sobre prisioneros de guerra. El 27 de septiembre  de 1940, René Belin, ministro de Trabajo y Producción Industrial de Vichy, introdujo una ley por la cual todos los extranjeros varones de entre 19 y 54 años de edad, que fueran una carga para la economía francesa, y a los que no les fuera posible devolver a sus países de origen, podrían ser reclutados para los Groupes de Travailleurs Étrangers, si bien ellos no recibirían salario alguno, sus familias tenían derecho a una ayuda según las tarifas fijadas por el gobierno. 
Compañía 33 de Trabajadores Extranjeros formada por exiliados españoles.

Unos 15.000 españoles reclutados por esta vía terminaron por trabajar para la Organización Todt en la construcción del Muro Atlántico. Otros grupos de españoles, estimados en unos 4.000, fueron enviados a las islas del canal de la Mancha, ocupadas por alemanes. Más de 30.000 refugiados españoles fueron deportados desde Francia a Alemania y de ellos unos 15.000 ingresaron en campos nazis; eran en su mayoría los que habían servido en las unidades de trabajadores extranjeros.

Prisioneros franceses caminando hacia Amiens.
Aquella lucha tan desigual hizo que millares de nuestros compatriotas republicanos cayeran prisioneros de los nazis, pasando de ser prisioneros de guerra del ejército alemán a prisioneros políticos de la Gestapo, con el consiguiente traslado a los campos de concentración o de exterminio, al considerar “apátridas” a los republicanos españoles, a los cuales, siendo como eran, prisioneros de guerra, no se les aplicó el estatuto correspondiente según la Convención de Ginebra, sino que fueron considerados” combatientes rojos españoles” a los que había que aniquilar.

Presos franceses en la Línea Maginot.
Prisioneros Franceses del Ejército Alemán.
Los trabajadores españoles o los resistentes republicanos detenidos en territorio francés, que no tenían el estatus de prisioneros de guerra fueron deportados hacia diversos campos de concentración. Esparcidos en numerosos campos (Geneviève Dreyfus-Armand (1999), p. 125); las mujeres republicanas detenidas por actos de resistencia pasan también al campo de concentración de Ravensbrück, y constituyen un grupo importante esencialmente en el complejo de Mauthausen, en el cual son registrados más de 7.200 españoles: de 7.288, 4.676 encontraron la muerte. (Pierre Milza (sld), Denis Peschanski (1994) « L'engagement militaire des Italiens et des Espagnols», cifra citada por Jean-Louis Crémieux-Brilhac.)


Tropas prisioneras del ejército alemán en 1940.


En total, 12.000 republicanos españoles. (Contribution de Jean-Claude Fau, en. Monique-Lise Cohen (dir.) 1994, pág.41) y (« Les Républicains espagnols déportés de France»,Triangle bleu « Documentation et archives sur les Républicains déportés de France », 2005) serán encaminados hacia los campos de concentración o de trabajo entre el 6 de agosto de 1940, que marca la primera salida hacia Mauthausen, y mayo de 1945. Casi 9.000 republicanos españoles acabaron en campos de concentración nazis


 
Grupo de Maquis españoles en Francia.
En el año 1933 comenzó a construirse en las cercanías de Munich, el primer campo de concentración nazi, fue el campo de Dachau, que serviría de modelo para todos los demás. Después, no se tardaría en crear una inmensa red de campos con sus dependencias, llamados Kommandos. En él se formaron también los cuadros de mandos de la SS, que serían los comandantes de los otros campos, en un régimen interno con marcada dureza y con un reglamento disciplinario fuerte, que imponía el poderse permitir el internamiento de personas al margen de la ley, sin la consideración de ninguna garantía jurídica. Cualquier sospechoso podía ser internado indefinidamente en un campo, invocando la (Schutzhaft) o prisión preventiva, de forma que incluso fueron internados muchos condenados por simples delitos comunes. Como aparato represivo fueron utilizados los campos contra todos los opositores al régimen nazi, incluso en el seno mismo de la población alemana, después…fue utilizado para las autoridades de todos los habitantes de los territorios, que el Tercer Reich iba anexionándose progresivamente. En el marco amplio de las operaciones de la Segunda Guerra Mundial, con la captura de miles de soldados por los soldados alemanes, se desbordó el número de presos capturados, no respetándose en  muchos de los casos las condiciones previstas por la Convención de Ginebra para dichos soldados, y con estos antecedentes,  se dio paso a gran escala a las políticas genocidas del III Reich, eliminando físicamente a grandes masas de personas por razón de su origen racial, con diversas modalidades de genocidio y represión. Las primeras victimas de esta ilegalidad fueron los combatientes de la España republicana. 
Esteban Pérez Pérez prisionero en Mauthausen.
Mauthausen fue construido durante el mes de Agosto de 1938 por una avanzada de 300 prisioneros llegados desde Dachau (Alemania), en los terrenos de una cantera en desuso situada en torno a la pequeña localidad de Mauthausen en Austria, aproximadamente a 20 kilómetros de Linz.  Lo que diferenciaba Mauthausen de otros campos era que su construcción estaba destinada a albergar a prisioneros asociales, reincidentes sin perspectivas de enmienda, así como a la reclusión de intelectuales, gente culta y miembros de las clases más altas de los países dominados por Alemania durante la Segunda Guerra Mundial. Por este motivo las condiciones de vida eran totalmente brutales. Hasta principios de 1940, el grupo más numeroso de internos se componía de socialistas alemanes, homosexuales y rumanos. A principios de 1940 un gran número de polacos fue trasladado al complejo Mauthausen-Gusen, sobre todo artistas, científicos y profesores.

Republicanos españoles en los campos nazis

El grupo de subcampos de Mauthausen estaba dividido en 3 zonas:
Zona 1: Área del campo en sí.
Zona 2: Área para los trabajos esclavizados en las empresas asentadas en la zona y que se abastecían de los prisioneros como mano de obra, pagando un precio por cada prisionero operario que oscilaba entre 3 y 6 RM (reichsmark).
Zona 3: Creada en el año 1944 y destinada en principio para recepcionar a los prisioneros recién llegados al campo.

Las edificaciones de piedra estaban destinadas a las cocinas, duchas y servicios de limpieza así como unos calabozos y, desde 1941, una cámara de gas. Cercano a esta cámara de gas se habilitó un crematorio quedando un espacio entre ambas zonas que se usó como zona de fusilamiento.

Este video contiene una interesante película, donde se recogen los testimonios de varios supervivientes, entre ellos a Mariano Constante, que fué apresado por los alemanes, conducido al mismo Stalag y entró en el campo de Mauthausen en la misma fecha que Juan Ortiz Garrido siendo liberado igualmente en la misma fecha del 5 de mayo de 1945. Vale la pena verlo.
Mauthausen, el deber de recordar
https://www.youtube.com/watch?v=PkUuoCiU0LU


La mayoría de los españoles que entraron en los campos de concentración nazis pasaron primero por un Stalag. El alto mando alemán tomó la decisión de negar a los españoles la condición de prisioneros de guerra, aun cuando hubieran sido capturados con uniforme militar francés. La convicción, dominante en los círculos republicanos españoles durante los últimos sesenta y cinco años, de que la decisión alemana fue el resultado de la petición de Serrano Suñer a Hitler carece de todo soporte documental y la evidencia en la que se sustenta es una ficción demostrable. La determinación se tomó sin duda sobre la base cruel, pero legal, de que Alemania no estaba en guerra con España, aquellos españoles no tenían pasaporte y su situación era por tanto la de apátridas.


August Eigruber, el Gauleiter de Oberdonau, en Austria, ofrece una pista sobre cómo se tomó aquella decisión, pues en una circular a oficiales nazis de Ebensee el 27 de junio de 1941, Eigruber declaraba: “Cuando el año pasado ocupamos Francia, herr Pétain nos entregó a seis mil rojos españoles diciendo: “No los necesito y no los quiero”. Ofrecimos a esos seis mil rojos al jefe de Estado fascista Franco, el caudillo español los rechazó diciendo que nunca repatriaría a quienes habían combatido por una España soviética. Entonces se los ofrecimos a Stalin, proponiéndole transportarlos. Herr Stalin y su Comintern se negaron a aceptarlos. Así que los rojos españoles terminaron sus días en Mauthausen” 


Después de la llamada « Batalla de Francia » en mayo-junio de 1940, que fue una terrible derrota para las tropas francesas, donde más de 1.800,000 soldados franceses fueron hechos prisioneros y entre ellos los españoles. Los campos  de prisioneros de guerra en alguna región del Alemania o en otros países ocupados,  fueron alojando a los apresados en territorio alemán  o en territorio de otros países ocupados como fueron Austria o Polonia, estos se fueron distribuyendo en los campos de prisión llamados “Stalags”, unos campos reservados a los suboficiales y hombres de los ejércitos extranjeros, eran los llamados “Stammlager für kriegsgefangene Mannschaften und Unteroffiziere”,  que aparte alojaron al igual que a Juan Ortiz Garrido a centenares de los españoles republicanos pertenecientes a los Campos de trabajo de Extranjeros, que quedaron incorporados al ejército francés sobre todo en la Línea Maginot. Otros de los campos de prisión para los prisioneros de guerra, de acuerdo con los acuerdos de Ginebra, eran los “Oflags”, estos campos estaban destinados a los oficiales de los ejércitos vencidos, los llamados “Offizierslager für Krigsgefangene Offiziere”.
Mapa de Austria donde se pueden localizar el Campo de concentración de Mauthausen con el cuadrado en amarillo 02 y el Campo de Gusen con cuadrado 01.
Mapa de parte norte de Austria donde se localiza con recuadro en rojo el campo de Mauthausen a 20 kilómetros de la ciudad de Linz.
Mapa con la clasificación de los Campos de Concentración Alemanes: Con rombo el campo mixto, con cuadrado campo de concentración, con triángulo campo de exterminio  y octógono campo de eutanasia. Con doble recuadro abajo el campo de Mauthausen

El primer contacto de los presos con su familia, al llegar al Stalag, era una carta aviso de la captura, rellenada por cada prisionero desde la llegada y registro en el campo, para anunciar el lugar de la detención, si el prisionero cambiaba de campo, se avisaba o anunciaba  a su familia por una carta especial, sin correspondencia, precisándoles simplemente la nueva dirección, pero con la misma matrícula. Todos los envíos eran libres de gastos de porte para los presos, eran los gebührenfrei. En los millares de cartas entre los prisioneros en los campos de detención alemanes y sus familiares, son particularmente conmovedoras las que expresan sus cambios afectivos y estados de ánimo, donde describen la precariedad de su situación en el campo. En los primeros tiempos, se encontraba en todas las oficinas de correos de Francia las cartas de correspondencia que se podían usar para comunicarse con los presos, que valían 5 céntimos de franco e igualmente en los campos de prisioneros alemanes había cartas formularios, para el uso de la comunicación de los prisioneros de los campos con su familia; pero a partir de primero de enero de 1941, las cartas y postales destinadas a los KG debían estar escritas en formularios especiales que eran enviadas por el mismo prisionero; estos nuevos formularios eran  parecidos a los utilizados anteriormente, pero incluían una parte que se podía separar para el uso de sus familias, eran las Rúckantwortbrief, o carta respuesta y las Antworte-Poskarte, o carta respuesta. Estas cartas eran mayoritariamente escritas a lápiz, la tinta había sido prohibida para evitar su uso en la fabricación de los falsos tampones que podían utilizar los presos. Dado que los alemanes hacían menciones sobre las cartas, tales como: besetztes gebiet, territorio ocupado; geprüft: verificado, visto o testado por la censura; gebúhrenfrei: sin gastos o con exención de porte, que procuraban no fuesen imitados con la tinta por parte de los prisioneros.
Carta enviada por un prisionero andaluz a su familia desde un Stalag en Alemania.
Los números de estos campos de prisioneros o “stalags” correspondían a las regiones o a los distritos militares, los Wehrkreis, en los cuales los apresados estaban repartidos, siempre seguidos de una letra, por ejemplo: El Stalags XVII A, como es el caso en el que estaba nuestro paisano Juan Ortiz Garrido, que se encontraba en Kaisersteinbruch bei Bruck Leitha en Austria, en la región de Viena. Los prisioneros de los llamados “Oflag” estaban dispensados de trabajo, salvo los voluntarios; mientras que los presos en los Stalags estaban en su mayoría repartidos en grupos de trabajo, los Arbeitskommando, y estaban asignados o destinados  a las granjas agrícolas, las canteras, las fábricas, las minas, etc.
Españoles de un Stalag de prisioneros antes de ser enviados al campo de concentración.
Curiosamente los prisioneros del Stalag XVIII eran los prisioneros pertenecientes a los llamados “campos dormitorio” donde los prisioneros, destinados a un comando de trabajo o Arbeitskommando, de nombre variable, estaba constituido por algunas unidades en las granjas, en la cantidad de hasta varias decenas, y en otros casos estaban los destinados en las canteras de piedra. Había prisioneros que no regresaban por la tarde al campo de prisioneros y permanecían en las granjas o no ser que no pudieran ser alojados en las granjas. Los prisioneros que trabajaban como voluntarios o con contrato temporal, eran alquilados por la Wehrmarcht o ejército alemán a los empleadores dueños de las granjas, minas, canteras de piedra, fábricas, etc., que recibían una dieta o indemnización del Ejército por su mantenimiento. Los prisioneros recibían un salario que representaba el 60% del que recibían los obreros alemanes, pero del que se deducía un porcentaje para la alimentación, el alojamiento y el fondo del campo de prisión.  El tiempo de la jornada laboral diaria podía llegar hasta las 11 o 12 horas de trabajo según las estaciones del año, a pesar de ello, los prisioneros eran mejor tratados en las granjas que en los otros puestos de trabajo ya citados.

Supongo que Juan Ortiz Garrido bien acostumbrado al duro trabajo del campo en aquel tiempo en la campiña de nuestro pueblo, sería apreciado y reconocido por su trabajo, lo cual le proporcionaría la mejor consideración de los dueños de la granja, con toda seguridad o de los empleadores de la mina, cantera o fábrica en el peor de los casos. A pesar de la dureza del trabajo en los “Stalags”, este tiempo del trabajo en los diferentes empleos, no sería tan duro como el que sobrevino a partir de la no consideración de los españoles como prisioneros de guerra, en el que anteriormente se habían respetado por parte de los alemanes los tratados internacionales de Ginebra, sobre el trato que debía darse a los prisioneros de guerra en todos los casos, con interventores y visitas a los campos por parte de los a ello encomendados.
Españoles en Mauthausen
 
El 1º de enero de 1941, Reinhard Heydrich, jefe de la RSHA o Departamento Central de seguridad del Estado, clasificó los campos de concentración en tres categorías según su grado de severidad y el tipo de presos que albergarían:
Categoría I: Dachau, Sachsenhausen y Auschwitz I, para presos menos peligrosos y considerados como recuperables. Estableciendo una subcategoría para los presos de edad avanzada aptos para el trabajo, que habrían de ser internados en Dachau.
Categoría II, intermedia: Buchenwald, Flossenbürg y Neuengamme.
Categoría III: Mauthausen y el denominado “alojamiento Dusen”, para presos considerados irrecuperables y cuya liberación no se contemplaba.
En el campo de concentración de Mauthausen creado en la fecha fatídica del 8 de agosto de 1938 fallecieron aproximadamente 140.000 personas.

Cierto es que según se documenta Mauthausen y su subcampo de Dusen, tenían unas condiciones peores en comparación con los campos de Dachau o Buchenwald. En los casos de estos dos últimos campos citados, el personal de la administración interna del campo estaba formado por presos políticos generalmente; sin embargo en Mauthausen y hasta un periodo relativamente tardío, el control de la vida interna del campo recayó en delincuentes comunes y en los llamados asociales.

Prisionero español en Mauthausen.
Como hemos dicho los alemanes hicieron prisioneros a unos 13.000 combatientes españoles. Al establecerse en agosto de 1940 el primer convenio sobre prisioneros entre Francia y Alemania, el Gobierno francés no quiso reconocerlos como miembros de sus fuerzas regulares por ser extranjeros. El Gobierno español, al que consultó el Gobierno alemán, ya que no se encontraba en guerra con España, se desentendió de ellos. Los alemanes, al negarse estos españoles a trabajar para ellos, en vez de libertarlos o dejarlos donde estaban, les internaron en los «campos de la muerte», en Dachau, Mauthausen, Buchenwald, Oranienburg, Auschwitz, terribles campos en los que murieron la mayoría.

En su viaje a los campos de las SS, algunos españoles pasaron por el campo de castigo de Neue Bremm, cerca de Saarbrücken, donde se llevaba a los prisioneros solo para un mes; pero estaban sometidos a un régimen, que doblegaba hasta el más recio: con ejercicios físicos hora tras hora y vueltas alrededor de un estanque “en la postura de rana”, con las rodillas dobladas y las manos detrás de la cabeza. A continuación el final era… Mauthausen, ya que si bien a los españoles se les envió a otros campos de concentración, probablemente nueve de cada diez españoles terminaron en Mauthausen y en sus distintos Nebenlager, la tierra que en tiempo atrás se llamó Austria. Solo en el caso de Mauthausen y en algunos de sus Nebenlager pueden presentarse estadísticas precisas. En el monumento a los españoles muertos de Mauthausen se da la cifra de 6.503.
Familias Judías llegadas a la estación de Mauthausen.
Llegada de un grupo de españoles a la estación del pueblo de Mauthausen.
Españoles llegan en tren a la estación del pueblo de Mauthausen.
Así llegamos al día 6 de agosto de 1.940, cuando los primeros republicanos españoles de los más de ¡diez mil! deportados llegaban al pueblo austriaco de Mauthausen, en las orillas del Danubio, donde los nazis habían levantado uno de esos campos de exterminio, clasificado en la categoría III, la peor, reservado para los presos particulares considerados como irrecuperables, entre los que se encontraban los “rojos españoles”, de tal manera que ninguno podía salir con vida de aquel infierno: “Si algún día, alguno de nosotros llega a sobrevivir de este genocidio, que diga al mundo entero lo que fueron los campos nazis…”, ese fue el mensaje que nos legaron los miles de españoles antes de morir, después de haber sufrido los horrores y brutalidades de la bestialidad histérica del nazismo hitleriano. El contingente de españoles que llegó a Mauthausen el 6 de agosto de 1940, dice Juan Diego que hicieron un viaje terrible, y algunos españoles murieron de asfixia y deshidratación, ya que pasaron tres días sin comida y sin agua. Este primer contingente de españoles llego a la estación de Mauthausen a las ocho de la mañana, a la vista de todos los vecinos. En esta primera expedición no murió ningún prisionero en la carretera, a pesar de que muchos españoles no pudieron reponer las botas desgastadas en la marcha forzada de Francia a Alemania. Las condiciones del penoso traslado a Mauthausen mejoraban sustancialmente cuando se hacían en primavera u otoño, pues el calor en el verano y la nieve en invierno aportaban sufrimientos y  tormentos diferentes y complementarios a los prisioneros.
Experiencia y superviviente en los campos de concentración nazis

Cuando llegaron los primeros contingentes españoles a Mauthausen el campo no era todavía una fortaleza. Estaba rodeado por alambre electrificado. Era antes de que se completaran los escalones de la cantera, y el camino de ascenso que tantas muertes produjo en junio de 1941. Las piedras de dicha cantera eran subidas entonces en camión o con ayuda de una grúa. Escobedo recuerda cuando llegó a la cantera y a sus 186 escalones, su grupo los subió en filas de cinco, adelantando a otros españoles que acarreaban piedras y que les dijeron que estaban allí desde hacía tres días.
Grupo de españoles recién llegados a Mauthausen.
Como la llegada de Juan Ortiz Garrido se produjo en fecha 7 de abril de 1941, es muy posible que participara activamente en la terminación de los bloques de granito de la escalinata de los 186 escalones que comunicaba la cantera con el resto del campo. Respecto a los españoles que llegaron el 7 de abril de 1941, entre los que se encontraba Juan Ortiz Garrido, recoge Fabréquet, en “Republicains”, página 37, que de los 348 españoles que llegaron a la estación de Mauthausen ese día, 48 de ellos “desaparecieron” en el trayecto de poco más de tres kilómetros que había entre la estación y el campo de concentración. También afirmaba “Es seguro que no escaparon”.
Foto de la ficha de Mariano Constante en el Campo de Mauthausen con nº de matrícula 4584. El nº de matrícula de Juan Ortiz Garrido era 4819, lo que demuestra que entraron en el mismo envío, sus números de matrícula sólo estan separados en 235 prisioneros de los 300 que llegaron el 7 de abril de 1941 a Mauthausen. Este grupo de presos constaba en junio de 1940 de 350 soldados cuando fueron apresados por los alemanes; pero a la llegada a Mauthausen según los archivos de la Gestapo solo cuentan 300, habían muerto 50 en el camino.

Entre los españoles de ese grupo estaba Mariano Constante que en su publicación Razola y Constante en la página 57 así lo ratifica. 
Intro - Mauthausen, una mirada española

No todos los prisioneros llegaron a la estación de Mauthausen en el silencio de la noche. Los convoyes  llegaban con frecuencia a la estación los sábados, días de mayor ajetreo en la localidad, pero no se veía a nadie en las calles, las cortinas de las casas no estaban echadas y los SS maltrataban a los prisioneros a la vista de cualquiera que quisiera mirar por las ventanas.  Leopoldine Drexler, habitante de Mauthausen y entonces una muchacha, recuerda que no hacía falta verlos para reconocer las caravanas de varios centenares de prisioneros sucios, vestidos con andrajos y algunos descalzos: “Se los podía oler cuando pasaban”.
Grupo de españoles en Mauthausen. El título de la foto dice: Francisco Ortiz con otros prisioneros
“Se los podía oler, pero también oír”, recuerda Eric Neumúller, un vecino de Mauthausen que vivía en Ufer, en el camino que tomaba el grupo. “Eran tantos que podía oírse su marcha, aunque fueran descalzos, incluso en la nieve. Miré por la ventana, pero con todo el cuidado para que no me descubrieran. En 1945, apenas unos cuantos SS los custodiaban, pero todos los prisioneros tenían un aspecto muy débil. Yo era aprendiz y tenía que levantarme a las cinco de la mañana. No vi que dispararan a ninguno de los presos, pero cuando salí de casa todavía no había llegado el camión y en el camino había tendidos varios cadáveres”. Pierre Daix recuerda que, aunque era normal que un camión siguiera a la comitiva de presos para recoger los cuerpos de los que caían abatidos a tiros o golpeados hasta morir en las cunetas, el kommando asignado a esta tarea no llegaba la misma noche que el tren, con lo que los cadáveres se quedaban allí tirados hasta la mañana siguiente”; como era ese el único camino de la margen izquierda del Danubio, todos los vecinos que lo recorrieran veían sus cuerpos.  El camino normal no era la carretera principal siguiendo el Danubio, sino una más corta y estrecha que iba por detrás del pueblo, flanqueada a la derecha por bosques que teóricamente ofrecían la oportunidad de escapar. No se sabe de ningún prisionero que huyera por la carretera hacia Mauthausen (Vilanova, pág. 129-130).
Entrada al Campo de Mauthausen.
Cuando los prisioneros llegaban a la luz del día, los SS despejaban las calles, ordenaban echar las cortinas de las casas y detenían a quienes descubrieran mirando, pero estas cautelas no se mostraron eficaces. Los prisioneros, en su miedo y su sufrimiento, buscaban contacto visual en las casas ante las que pasaban. Los niños del pueblo, y no solo los niños, espiaban a hurtadillas desde el desván o a través de las ventanas. Algunos supervivientes recuerdan que los aldeanos los miraban pasar detrás de las cortinas. El comportamiento de los vecinos austriacos fue muy variado, Paul Tillard refiere como cuando llegó a la estación con su grupo de prisioneros, la gente del pueblo, con sus sombreros tiroleses mostró cierta compasión hacia ellos. Pero no todo fue compasión, otros hablan de indiferencia de los vecinos y otros recuerdan que a su paso por Mauthausen:” Los austriacos nos escupieron”. En otro testimonio se dice que los niños le tiraban piedras al grupo y les gritaron: ”Pronto estaréis en Totenberg subiendo por las chimeneas”. 
Parece ser que la mayoría de los restantes grupos de españoles llegados a Mauthausen llegaban por la noche o de madrugada, así terminaba la larga pesadilla  de un largo viaje en un vagón de mercancías, sentados en el suelo, acuclillados, tumbados o de pie, sin comida ni agua, tiritando a una temperatura de veinte bajo cero, si era invierno. Tras la detención del tren se corrían los cerrojos exteriores de las puertas, apareciendo entonces cerca de un centenar de los SS, con grandes perros que ladraban. Los SS comenzaban a gritar “Kanaken, `raus”!, a la vez que los obligaban a cargar a los enfermos y los muertos. Los golpeaban con las culatas y las porras hasta hacer bajar a los rezagados, caían a la nieve que llegaba a las rodillas y “nos metíamos en la boca sedientos”. Algunos no llevaban calzado. Los prisioneros con sus escasas pertenencias a cuestas y a base de golpes y mordiscos llegaron al andén de la estación. En filas de a cinco los contaban una y otra vez, y partieron en marcha rápida, con una hilera de SS a los lados y los perros detrás, por el camino que llevaba desde la estación al pueblo. En caso de haber nieve, por el frío reinante y lo penoso del estado de muchos prisioneros, se les ordenaba marchar cogidos del brazo, pero aun así resbalaban en las piedras heladas. En el trayecto los perros ladraban y mordisqueaban los tobillos de los dos de las filas exteriores. Llegados a un parque triangular, el camino giraba bruscamente a la derecha. Cuando cruzaban el pueblo de Mauthausen no podían subiese a las aceras o detenerse, había que pasar el pueblo en silencio. En el centro de Mauthausen el camino se bifurcaba. Había que ir a un ritmo rápido, “Dalli, dalli” (moveos, moveos) decían los SS y la formación se hizo de dos en dos. Se refiere “Los SS ladraban con más fiereza que los perros, golpeando a los que se rezagaban. Nos detuvimos de nuevo mientras Alberto, el interprete decía: “Tenemos tres kilómetros por delante. El que no resista morirá de un tiro. Quién intente escapar será comido vivo por los perros”...“Seguíamos corriendo. Paco se tambaleo y soltó el fardo que transportaba. Dos guardias cayeron sobre él, le sacaron de la formación y empezaron a golpearle en la cuneta, a la vista de los prisioneros que venían detrás, como si no fueran a parar hasta matarle. Estábamos aterrorizados. Dimos un giro y vimos ante nosotros la silueta de una sólida fortaleza. Seguimos subiendo, pasamos delante de una cruz y, luego, ante un puesto con una calavera y unos huesos cruzados pintados de blanco sobre un fondo oscuro. Por fin llegamos arriba de la cuesta y echamos un vistazo a la luz de la luna, a los raíles y a los volquetes. Los SS nos ordenaron volver a formar en cinco filas. Frente a nosotros se encontraba la entrada principal del campo, de estilo mongol, con dos grandes portones de madera que se abrieron según nos acercábamos. Pasamos ante las torres de granito altas… por debajo del arco. Habíamos llegado a Mauthausen todos menos siete de nosotros, los que murieron en los cuatro kilómetros que iban de la estación al campo”.

Continúa a si el relato: “Cuando pasamos la entrada vimos un muro de granito a nuestra derecha con unos aros de hierro, los prisioneros que no respondieran adecuadamente al interrogatorio, tendrían la primera experiencia de Mauthausen, al ser encadenados durante 24 0 48 horas sin comida ni agua. Enfrente estaba el espacio para formar, cubierto de hielo. Los faros del perímetro alumbraban como si fuese de día. Los SS seguían aullando sus órdenes, seguidas de nuevo del “Dalli, dalli”, y fuimos conducidos a una zona entre los lavabos y los muros de la fortaleza, de cara  a los primeros, y con los SS y sus perros detrás de nosotros. Hombres con trajes de rayas  y las cabezas afeitadas nos contaron una y otra vez. Eran los kapos, todos ellos con triángulos verdes o negros. A la orden de un oficial de las SS, un kapo nos preguntó: “¿Hay algún judío?”. Un hombre dio un paso al frente. Los kapos se abalanzaron sobre él y le golpearon con sus porras hasta tumbarlo, mientras el SS sonreía. Entonces, otro interprete, un alemán que hablaba español llamado Enriquito, se dirigió a nosotros: “¡Mariconas!, empezó. Estábamos exhaustos, pero su primera palabra nos dejó con la boca abierta. Aquel insulto mal dicho sonaba de lo más estúpido en labios de un hombre tan afeminado en hablar y en los modales. A pesar de nuestros sufrimientos, o tal vez por causa de ellos, nos entraron ganas de reír, y no nos contuvimos. “Pequeños rojos españolitos, (siguió Enriquito, aun más encolerizado), acabáis de entrar en Mauthausen. Habéis venido a trabajar y a obedecer. No podréis protestar como soléis. No pediréis nada. Todo os está prohibido. Ahora me las pagaréis todas juntas. Me tuvisteis preso en la cárcel de Montjuich durante dos años, y ahora vais a pagar bien por ello, porque ninguno de vosotros, ¿lo oís bien?, ninguno saldrá de aquí” Levanto el brazo y señalando con el índice la chimenea del crematorio, dijo: “¿Veis ese humo? ¡Eso es lo que os espera!”. Enriquito, también conocido por los españoles como “Manolita”, era el intérprete oficial de alemán-español de Mauthausen. Pese a sus modales afeminados, tenía espíritu nazi suficiente para haber sido elegido para una misión en España antes de que diera comienzo la guerra civil. Su español atroz no le ayudo en la misma. Fue detenido en Barcelona en 1937 y permaneció en prisión hasta que fue liberado por los nacionales después de la caída de Barcelona. A su regreso a Alemania, sus superiores consideraron que había fracasado en la misión y le enviaron a Mauthausen, pero con un triángulo verde, no rosa, y lo que es más importante, como kapo. Fue asignado al barracón 13.

José Escobedo, un anarquista de Teruel convertido en socialista, que había sido hecho prisionero en Dunkerque, afirma que de los 169 hombres de su tren que llegaron a Mauthausen el 9 de agosto, viajaron durante cuatro días sin agua ni comida y la sed llevó a algunos a enloquecer, con lo que otros le quitaron la vida. José Escobedo, en Razola/Constante, págs. 38-39 indica que este grupo llegó a Mauthausen después de 57 horas en el tren y fueron arrojados a los andenes desnudos.

Otros prisioneros llegaron a la estación de  Mauthausen desnudos, al haber sido obligados a desvestirse para así desalentarlos en el propósito de huir, pero al llegar las ropas estaban guardadas dentro del tren. En la estación se les ordenó que cogieran un hato de ropa y zapatos, los de cualquiera, les valiera o no el calzado. Otros recibieron solo ropa interior y algunos nada.
Algunos prisioneros recuerdan haber sido desposeídos de todas sus pertenencias desde fuera de la fortaleza de Mauthausen, para luego atravesar desnudos las puertas principales hacia los aseos. Eran los kapos, no SS los que se apropiaban de los relojes y anillos de los prisioneros.
Anillos de oro recogidos a los prisioneros del Campo de Mauthausen.
Mariano Constante escribe que en su “compagnie de travailleurs” eran 350 cuando fueron apresados en junio de 1940, y que los archivos de la Gestapo tan solo cuentan 300 los españoles llegados a Mauthausen. Por los textos de Constante, se ha podido suponer que Juan Ortiz Garrido estuvo con él en la Compañía de Trabajadores Extranjeros (CTE). Manolo Jiménez también da referencia de ello en lo concerniente al tabaco que Juan Ortiz Garrido controlaba en Mauthausen y que posiblemente fuera fuente de suministro de alimento para él y para otros españoles. Parece que el lugar de intercambio de cigarrillos por comida eran las letrinas del Campo de Mauthausen, lugar que los hacía pasar más desapercibidos.

Para muchos de los presos la suerte aparecía sobre todo en el momento en que los prisioneros, al salir de la cuarentena, recibían su primer trabajo. Mientras que a la mayoría se los enviaba a la cantera, algunos eran asignados a comandos suaves en comparación con las canteras. Miguel Malle (“Empire”, página 115) recuerda su buena estrella cuando fue enviado Baukommando, cuyas tareas incluían cortar árboles. Su compatriota en el kommando, el albañil Santiago Raga, le enseñó el secreto de la supervivencia: "trabajar solo cuando alguien observaba y el resto del tiempo simular que se estaba trabajando", pero de poco valdría este consejo de Raga cuando los kapos del kommando fueran verdes y estuvieran alerta sobre el comportamiento de los trabajadores.
Prisioneros en Mauthausen. La marmita le servía de cabecera entre otras cosas para no perderla.
Aquel maldito lugar, situado muy cerca de donde había nacido Hitler, no había sido elegido por casualidad, ya que a su lado se encontraba la cantera Wienergraben (la Marbacher-Bruch y Bettenberg), donde los presos tenían que trabajar durante doce horas de ininterrumpido esfuerzo hasta la extenuación: cantera o crematorio, esa era la cuestión. El propietario de la cantera era una compañía DEST, acrónimo de Deutsche Erd und Steinwerke GMBH, dirigida por Oswald Pohl, un oficial de alto rango de las SS, que pagaba una pequeña cantidad de dinero por aquella mano de obra, tan barata, a los mandos del Campo de Mauthausen - Gusen, que estos se guardaban para sí, por facilitarles a los presos dos calderos de comida de “inocentes” nabos desvalijados por día y algunos cigarrillos al mes, por el granito extraído, en principio usado para el pavimento de las calles de Viena, y posteriormente para la reconstrucción de las ciudades alemanas.
El día 21de junio de 1941 los deportados de Mauthausen son reunidos desnudos en el patio de los garages para proceder a la desparasitación. Esta fecha fue aprovechada por los comunistas españoles para organizarse en grupos de solidaridad. Abajo foto ampliada del mismo día.

Oswald Pohl escribió a Hitler lo siguiente:”La guerra ha modificado con bastante claridad el objetivo del KZ. Nuestra misión es ahora  reorientar sus funciones hacia el plano económico”. A los comandantes de los campos, Pohl les escribió: “El comandante del campo es la única persona responsable del empleo de la fuerza de trabajo. Este empleo debe ser total en el sentido profundo del término, con el fin de obtener la máxima productividad. No hay límites a las horas de trabajo. Los límites dependerán  del tipo de labor y las horas serán fijadas por el comandante. Todos los factores tendentes a reducir el horario de trabajo deben limitarse al máximo. Las pausas para comer al mediodía han de reducirse al menor tiempo posible.”
Visita del mando alemán al Campo de Mauthausen.
Himmler visita el Campo de Mauthausen y la cantera. Foto del Bundesarchiv.
Franz Ziereis y mandos de los SS en Mauthausen. Foto del Bundesarchiv.
En el caso de Mauthausen y como consecuencia del programa de industrialización de la WVHA, se aceleró su programa de desarrollo  con la creación de una constelación de campos subsidiarios, conocidos como Nebenlager. Estos campos se extendieron por toda Austria, excepto el Tirol, e incluso por Alemania (Passau) y Eslovenia. Los campos subsidiarios se vincularon con los principales grupos industriales y para conseguir que las fábricas fuesen invulnerables a los bombardeos de los aliados, se obligaba a los prisioneros a excavar centenares de túneles subterráneos. 
Fábrica encubierta, entrada al tunel donde estaba la fábrica.
El resultado fue que la mayor parte de los prisioneros que llegaban a Mauthausen  permanecían allí sólo un periodo de cuarentena, lo que las SS denominaban educación básica. Después se les enviaba a cualquiera de los Nebenlager: las canteras de Gusen y Ebensee, las minas de Eisenerz, la refinería petrolífera de Moosbierbaum, la factoría agrícola de St. Lambrecht, la escuela de la SS en Klagenfurt, la construcción de diques en Grossraming o de un túnel hacia Yugoslavia en Loibl-Pass; y sobre todo las fábricas de armas: la Hermann Göring Werke en Linz, la fábrica de Messerschmitt en Gusen (la mayor de Austria) , la planta de Siemens en Ebensee, la factoría Daimler en Steyr, la Florians en Peggau, las fábricas de tanques Nibelungenwerke en St. Valentín y el centro experimental de misiles de Schlier.

El Comandante del Campo de Mauthausen explica a Himmler su funcionamiento durante la visita al campo.
Estos proyectos de Pohl tuvieron sus detractores, eran los SS, que en los campos consideraron, que la norma de Pohl interfería  en los planes de exterminio programados, ya que los SS eran compensados con complementos según el número de asesinados. Para los miembros de la administración de las SS, que pensaban que era más importante liquidar a los judíos y demás enemigos que luchar por la victoria (y en 1945 predominaba esta facción), se llegó a considerar que para éstos el programa de Pohl parecía una traición.
Albert Sauer, Comandante de Mauthausen desde 08-08-1939 al 20-08-1939.
Ziereis comandante de Mauthausen hasta el final (Desde 20-08-1939 al 05-05-1945).
Kaltenbrunner, Himmler y otros SS. visitan Mauthausen

Las directrices de Pohl suponían que el Reich dejaría ya de negar la máxima productividad de cada prisionero, con lo que anteriormente se justificaba que se pusiese fin prematuramente a su existencia; entonces se calculaba que el promedio de esperanza de vida del KL Häftling, en tablas cuidadosamente compiladas por las oficinas centrales era de nueve meses. El beneficio medio obtenido de nueve meses de trabajo en régimen de esclavitud se estimó en 1.631 reichsmark, aunque en ello se incluían el valor medio de las pertenencias confiscadas a cada prisionero, y en el debe el coste de alimentarle y vestirle. Debe decirse que en la mayoría de los casos los comandantes de campo, más bien acentuaban las duras directrices recibidas que las atenuaban, y en la mayoría de los campos la esperanza de vida era inferior a los nueve meses prescritos.
A pesar de su juventud muchos fallecian a los pocos meses.
Los oficiales de las SS y los kapos seguían asesinando prisioneros, ya fuera golpeándolos hasta morir con sus palos, arrojándolos desde los precipicios o quitándoles las gorras y lanzándolas contra la alambrada, para luego forzar a los prisioneros a recuperarlas, de forma que morían electrocutados o por disparos de los vigilantes. 
 
Humillación y muerte de los presos en las alambradas.

 

Para poner fin a esta deplorable violación de las normas, la Gestapo ideó una solución. La oficina de la Gestapo en cada uno de los campos, incluía un oficial responsable de investigar todos los casos  de “muertes no naturales”, y de abrir procedimientos contra todo aquel imputado por su conducta reprobable, y de remitir un informe  a los tribunales de las SS en Viena en el caso del campo de Mauthausen.
Trabajadores en la Cantera del Campo de Mauthausen.
Las ejecuciones mediante el disparo en la nuca se realizaban en una pequeña celda adyacente a la cámara de gas y era denominada “estudio de fotografía”. El prisionero era informado de que se pusiera en pie mirando a la pared mientras se le tomaba la foto; y a través de un agujero en la pared opuesta un SS disparaba. Otro método, posiblemente empleado en otro periodo, consistía en hacer que el prisionero se apoyara en la pared contra una cinta métrica como si fueran a medirlo. Cuando el bloque movible por encima de su cabeza se bajaba hasta hacer contacto con ella, dicho contacto hacía que se disparara automáticamente una bala en la nuca.
Como la cámara de gas se concibió con una forma exactamente igual a una sala de duchas, en las que el gas entraba por las alcachofas, las victimas recibían una toalla pequeña y un pedazo de jabón, de modo que la operación era rápida y eficaz. En algunas ocasiones el aporte de gas era insuficiente para matar a todas las personas de la gasificación y algunos eran arrojados a los hornos todavía con vida. También pasaba con frecuencia que los cuerpos en camino desde el Revier o Dispensario al crematorio gritaban desde la carretilla que los transportaba porque aún estaban vivos. Tal fue el caso del oficial de caballería Francés Jacques de Dionne, que estaba a punto de ser arrojado al horno cuando recobró el conocimiento.

Incluso en los ahorcamientos los SS desarrollaron refinamientos, en algunos lugares se colgaba a las victimas por la boca y no por la garganta para prolongar su agonía. Antonio García recuerda que en los ahorcamientos que presenció en Mauthausen la soga se colocaba justo detrás de las orejas, lo que provocaba la dislocación del cuello. Así no se prolongaba la agonía pero se producía un espasmo nervioso: el cuerpo continuaba retorciéndose durante dos o tres minutos después de la muerte de la victima.

Podría decirse, con toda razón, que en cada campo o Lager, había ya establecido un mecanismo de funcionamiento, que funcionaba de acuerdo con su propia dinámica y lógica, de modo que a finales de 1942 se comprobó que la tasa de mortalidad de los prisioneros no mostraba señales de reducirse. Por esta razón se envió una carta  al responsable médico de cada Lager, con una copia para información de los comandantes respectivos de cada campo, deplorando el hecho de que de los 156.000 prisioneros llevados hasta entonces a los campos, más de 70.000 hubieran muerto ya, reseñando que a ese ritmo de muertes la población total de reclusos, jamás alcanzaría el nivel deseado para los fines de la productividad de los presos. Se recordaba a los médicos de cada campo que el mejor médico no era el que se distinguía por su severidad, sino el que preservaba la capacidad de trabajo del prisionero durante el mayor tiempo posible. En ocasiones se llegó a adoptar el remedio desesperado de aumentar la cantidad de comida a los presos; pero la medida no tuvo ningún efecto, ya que las raciones suplementarias solían caer bajo la rapacidad en los bolsillos de las SS o de los Kapos del campo. La escasez de la mano de obra dio a los marcados con triángulos en verde y otros la oportunidad de servir en la Wehrmacht o ejército alemán, permaneciendo los prisioneros en los campos trabajando a un ritmo de construcción superior, pues los nazis sabían que la última esperanza era fabricar armas superiores y esta carrera contrarreloj suponía un aumento espectacular en la tasa de mortalidad.
   
A la entrada en Mauthausen, lo primero era el paso a través de la Effektenkammer de camino hacia la sala de desinfección y el barracón de cuarentena, tal como es descrito por el superviviente Juan de Diego de la siguiente manera: “Los SS se sentaban tras una larga fila de mesas, con prisioneros que trabajaban de ayudantes. En la primera mesa, el prisionero que llegaba debía dejar sus documentos de identidad; en la siguiente, su dinero; después, el anillo, el reloj, las medallas y otros bienes de valor; luego el resto del contenido de los bolsillos, incluidas cartas y fotografías; a continuación, lo que se tenía en las bolsas y, finalmente, la ropa y los zapatos.

Entonces se llegaba al final de la fila, desnudo y despojado de todo. Seguidamente se llegaba a la Scherraum.” El mismo prisionero Juan de Diego recuerda la impresión que le produjo que el Friseur (prisionero barbero) le agarrara el pene y le afeitaba los testículos con un escarpelo que muy bien podía tener melladuras, mientras los kapos verdes se mofaban de todo aquel que tuviera el pene pequeño (De Diego, entrevista; Fabréguet, M. “Mauthausen” 1995, páginas 905-906).
Foto del Bundesarchiv que representa la llegada de presos a Mauthausen, donde empiezan a despojarse de ropas y todas sus pertenencias.
Los prisioneros despojados de todas sus pertenencias pasaban a las duchas.
Luego venían las duchas, con los kapos y los SS, siempre cerca prestos siempre a minarles la moral. El trato en las duchas, contaba otro superviviente, iba encaminado a reducir a los prisioneros a la condición de rebaño de ovejas asustadas. El agua tanto salía helada como escaldaba, y si un prisionero intentaba separarse un poco los kapos le golpeaban en la cabeza con las porras. Y si no lo hacía, de todos modos los SS le fustigaban con un látigo de cola para reventarle las ampollas y desgarrarle la carne (Testimonio de Jack H. Taylor). A los prisioneros no se les entregaban navajas de afeitar, y no tenían derecho a afeitarse solos. Tenían que afeitarse a diario, pero la tarea era muy  rápida. Los sábados y los domingos se les rasuraba todo el vello corporal.
Los lavabos de cada barracón del Campo de Mauthausen.
Luego, el prisionero recibía de los SS todo cuanto necesitaba para el resto de su vida en la tierra. Primero el “drillich” rayado con la gorra también rayada, el uniforme estándar de un prisionero del campo, también unos calzoncillos, calzado de madera (zuecos), una escudilla y una cuchara. El prisionero se ataba la escudilla a la cintura y escondía la cuchara, tal vez dentro del zapato. En vez de calcetines recibía dos tiras de tela de tamaño suficiente para que se envolvieran los pies con ellas, eran los conocidos como “calcetines rusos”. No se le proporcionaban cinturones, y tampoco eran corrientes las cuerdas, así que el prisionero debía hallar su propia solución para sostenerse los pantalones; para ello tal vez encontrara un trozo de alambre, pero debía tener cuidado para que los SS no sospecharan que lo había robado de algún taller. Con la sucesión del verano y el invierno, los prisioneros se quitaban o se ponían ropa más gruesa. Normalmente, no eran ellos los que se lavaban la ropa. Todas las noches hacían un hatillo con sus prendas, que eran entregadas a la lavandería (Wäscherei) y se las devolvían, no necesariamente secas, al despertarse por la mañana. Conservar las ropas y los utensilios para comer exigía una constante atención por parte de los prisioneros, el robo era una epidemia en los campos y un prisionero, que se presentase ante los SS sin alguno de los artículos que se le habían dado, se arriesgaba a sufrir graves consecuencias.
El célebre "drillich" que muchos llamaban "el pijama".
Después de recibir sus materiales, el prisionero ingresaba en el barracón de cuarentena, donde no había camastros, sólo jergones en el suelo. Los jergones estaban llenos de virutas de madera que rara vez cambiaban, por lo que terminaban convertidos en polvo. Las raciones de comida en el barracón de cuarentena se reducían a la mitad, de acuerdo con tres principios: los que no trabajaban tenían menos necesidad de comer; con ello ayudaban a infundir la desesperanza; y esa reducción de la dieta servía para acelerar la muerte entre los enfermos y moribundos. El periodo de cuarentena solía durar entre una semana y diez días, pero en Mauthausen podía ser muy breve, hasta de sólo un día. El propósito establecido en la dinámica de funcionamiento del campo era que ningún médico acudiría a visitar al enfermo o débil, ni tampoco los SS.

Hubo excepciones, como siempre, en estos comportamientos: García Barrado en una entrevista, añadió el caso de un SS, Scharfürer o sargento; que como había salvado la vida de algunos prisioneros, en el momento de la liberación del campo, los prisioneros supervivientes le dieron ropas de los reclusos para así poder protegerle ante la llegada de los aliados el 5 de mayo de 1945.

Algunos desesperados ponían fin a tanto sufrimiento.
















Así el objetivo era dejar que los kapos eliminaran al débil. La verdadera amenaza para los prisioneros en Mauthausen eran los prisioneros elegidos por los SS de entre los prisioneros para actuar como kapos, todo ello a pesar de lo que ya eran capaces de hacer los SS por su cuenta. En este pabellón de cuarentena el kapo alemán era llamado Popeye, debido a sus modos bruscos y a su dicción casi ininteligible al hablar, que hacía recordar al personaje de los dibujos animados. Refiere un testigo que a sus llegada al barracón de cuarentena, un Blockaltester llamado Popeye, que no era español, se dirigió a ellos a través de un interprete, dándoles la siguiente bienvenida:”Si fumáis, os mataremos. Si bebéis en un momento inadecuado, os mataremos. Si habláis demasiado alto o hacéis ruido, veinticinco azotes con el látigo. Mataremos a todo aquel que, sin ser alemán, maldiga a los alemanes. Estáis aquí para morir”. Todo en conjunto era tan ridículo que al final, a pesar del sufrimiento y el cansancio que llevaban encima, se echaron a reír, después de lo cual los mandó salir a todos del barracón a la nieve con los zuecos. Llegado el momento del descanso se tendían en los jergones desgastados, en filas de cinco, arrebujados de lado como cucharas, incapaces después de cambiar de postura. Se tapaban con una manta para los cinco, que extendía un kapo sobre los cinco una vez que habían cogido postura. En algunos casos, el kapo andaba sobre sus cuerpos, y se detenía para bailar encima de ellos y les aplastaba las costillas con sus botas.

El método de selección de los prisioneros jefes funcionaba del mismo modo que el nacionalsocialismo, siempre de arriba abajo. El Lagerführer o Comandante del Campo elegía personalmente al Lagerältester o Prisionero superior, o prefecto, elegido por los SS y responsables de la disciplina de todo el campo, y al Lagerschreiber o Prisionero con función de administrativo para todo el Campo. Los diversos Lagerältester o Prisionero superior de la Unidad eran igualmente elegidos por el Comandante del Campo por la recomendación  del que ostentaba el puesto de Prisionero superior y el Prisionero Administrativo y un Blockschreiber o Prisionero secretario, responsable ante el Blockältester, que se designaba igualmente por recomendación del Blockältester respectivo. Por debajo de ese nivel el Comandante del Campo delegaba la responsabilidad en los prisioneros jefes o kapos. Los responsables de cada semiunidad del campo  o Stubenältester eran nombrados  por el Lagerältester o Prisionero superior, por recomendación del Blockältester respectivo, mientras que el Blockältester y el Stubenältester se encargaban de elegir al Stubendienst o Prisionero responsable de la higiene ante el Blokfriseur  o Prisionero responsable de la higiene de la unidad respectiva, a menudo basándose en su juventud y atractivo físico. La homosexualidad estaba a la orden del día. Estos cargos eran la cadena de mando del campo de concentración de Mauthausen.
Grupo de españoles en Mauthausen.
Los Kapos eran responsables solo de las unidades de trabajo del campo o comandos, y el término kapo no se aplicaba a los encargados de los barracones. Para dormir, los kapos se distribuían por todo el campo de forma irregular, de manera que en un barracón podría haber solo uno y en otro cinco. Dormían en la sección privilegiada, la más cercana a la entrada, con el Blockältester, el Blockschreiber y el Friseur. Ninguno de ellos tenía habitación propia, pero sí un colchón de paja fresca en su camastro, e incluso sábanas que se cambiaban cada dos semanas hasta el fin de la guerra. Era importante que los tres jefes de barracón mantuvieran buenas relaciones con los kapos de sus barracones. Nunca podían saber, de un día para otro, durante cuánto tiempo conservarían sus puestos, y si lo perdían quedarían a merced de  los kapos. Los kapos eran a la vez víctimas y verdugos, como víctimas no estaban exentos  de las revistas en la Appellplatz, que minaba su resistencia como la de los demás prisioneros del campo. Como verdugos, reseñar que sus porras o “gummi” eran mangueras reforzadas con hierro y de unos 80 centímetros de longitud.

Dada su debilidad moral, y ante la tesitura de morir o matar, se aprestaron a asesinar a los otros con la esperanza de salvarse; algunos de estos esbirros eran asesinos ya antes, no en vano procedían de todas las prisiones y penitenciarías de Austria que fueron vaciadas de sus criminales. Se les señaló con un triángulo verde y se pueden considerar “los miembros fundadores” tal como grotescamente se llamaban a sí mismos, estos fueron los primeros kapos y gozaron de todos los privilegios que correspondían a los miembros: alcohol, tabaco, libre acceso al Puff o prostíbulo del campo. En Gusen, donde un prostíbulo abrió sus puertas en octubre o noviembre de 1942, el objetivo principal de su apertura fue poner fin a la pederastia por la que algunos kapos, principalmente verdes, estaban forzando a los jóvenes polacos y rusos (Boüard “Gusen”, página 59). Respecto al uso frecuente del alcohol por parte de los kapos, parece que se puede afirmar que los kapos, sin excepción, eran unos borrachos. Si no tenían nada más que hacer, bebían alcohol en bruto mezclado con mermelada.



También se arrogaron el derecho a robar impunemente las raciones y la ropa de los presos. De ellos decía el jefe de la SS: “Estos cuarenta mil delincuentes alemanes… forman – y les ruego que no se rían ­– mi “cuerpo de suboficiales” para toda la sociedad…Y en el momento en que dejemos de estar satisfechos con ellos, cesan como kapos y vuelven a dormir con el resto. En la primera noche les darán una paliza de muerte, y ellos lo saben muy bien”.


Hasta marzo de 1945, todos los puestos de kapos principales, con algunas notables excepciones, fueron ocupados por verdes, y a menudo por los peores. Quizá uno de los más famosos por sus características físicas y su maldad fuese Magnus Keller, el legendario King Kong, personaje de inmenso tamaño, su andar parsimonioso y sus accesos de furia. Un mecánico de coches rubicundo y con frecuencia borracho, que con su triángulo rojo fue ascendiendo, desde su llegada a Mauthausen (27-9-1939), hasta ser Lagerältester 1 en 1941 y por lo tanto encargado de elegir a los kapos subordinados. Keller era un hombre que inspiraba terror y más de un preso murió estrangulado por sus propias manos, un simple gesto de Keller valía para que un prisionero fuese asesinado o padeciera algo peor que una muerte rápida. Fue el refinamiento de sus torturas lo que acabó concediéndole los asombrosos  privilegios de que disfrutaba: no solo un dormitorio en el barracón 11, y radio, criados y similares, sino libertad para ir al pueblo, pescar en el lago y cazar en los bosques. Keller dejó Mauthausen a finales de 1943 para ir a Ebensee. El codiciado puesto pasó a Josef Schöps como Lagerältester 1, otro triángulo rojo, que estuvo en Mauthausen desde el 9 de mayo de 1939 al 19 de mayo de 1945. Schöps era brutal por naturaleza y servil ante los SS, siempre dispuesto a ahorcar a sus propios compañeros. Con Schöps estaba de Lagerältester 2 el verde austriaco Franz Unek, un vienes que había ascendido desde kapo del barracón 12, donde se alojaban los españoles y los franceses. Suponemos por tanto que sería, por desgracia, conocido por Juan Ortiz Garrido por haber sido kapo de su barracón. De Unek decir también que sus víctimas se contaron por centenares. 
Fotos numeradas tomadas del archivo fotográfico de la  SS.
Prisionero fotografiado por los SS tras el maltrato.









Multitud de cadáveres sembraban el Campo de concentración.
Hornos Crematorios del Campo de Mauthausen.

Los prominenten eran todos los que trabajaban en las oficinas, los talleres, las cocinas, los almacenes, la sastrería y la zapatería, los criados de los SS y de los kapos principales, los ayudantes de los médicos, dentistas y farmacéuticos SS, los barberos, ordenanzas del barracón, pintores, deshollinadores, bomberos, mecánicos de los garajes, electricistas y fontaneros. Los prominenten al igual que los kapos procedían exclusivamente de los grupos verdes y negros, pero no era probable que estos individuos asociales formados por asesinos, ladrones y vagabundos desempeñaran esos puestos satisfactoriamente, por lo que a veces se les otorgaba al prisionero que destacaba por su trabajo otra insignia de otro color mas ventajoso por haberse ganado su favor con su trabajo, por mostrar habilidad para una profesión, lo que hacía que pasase a otro estatus de más respeto y lo dejaran en paz. A regaña dientes, la administración volvió los ojos hacia los triángulos rojos para ocupar puestos, donde primero se les daban a los alemanes y austriacos y después a los de otras nacionalidades que entendieran el alemán.
Desconocemos si Juan Ortiz Garrido pudo formar parte de este grupo de prominentes,… pues aunque sin fundamento, a veces pienso que pudo estar de cocinero o criado de algún SS o kapo, o simplemente sobrevivió por suerte en medio de tanta dureza por la supervivencia. Es un extremo que hoy por hoy queda en suspenso, tal vez algún familiar que lea estas páginas pueda precisar este lado oscuro de su existencia.  

Todos los kapos y los prominenten principales se distinguían con brazaletes, y podían llevar chaqueta y pantalones, o seguir vistiendo su “drillich”, pero sus condiciones de vida eran notablemente diferentes. 

Tras la cuarentena los prisioneros accedían al barracón al que había sido destinado. Cada barracón se dividía en dos secciones, el Stube A a la izquierda de la entrada y el Stube B a la derecha. Entre los dos Stuben se situaban las estancias reservadas a los privilegiados “prominenten”, y a los lados se disponían los aseos del Stube respectivo. El alojamiento de los demás  consistía en camas pequeñas de madera de tres y a veces cuatro alturas, con menos de medio metro entre cada nivel. Los camastros de abajo se llenaban del polvo de los jergones  de arriba, que les caía en los ojos y la boca a quienes dormían en los de abajo. Los de encima se veían obligados a trepar sobre los de debajo y, a la hora de despertarse, cuando los prisioneros se desperezaban del sueño, los de arriba tenían más probabilidades de recibir los golpes de los kapos que los de las alturas inferiores. Por otra parte, los que dormían arriba tenían la ventaja de que sus camastros eran inspeccionados con menos detenimiento que lo eran los de abajo; pero también sufrían el inconveniente de que en el invierno, las grietas de la madera dejaban que entrara la nieve fundida desde el tejado, y con ello la manta siempre estuviera húmeda. Un prisionero moribundo que durmiera arriba podía muy bien ensuciar los camastros inferiores; y en tales ocasiones, no era infrecuente que los demás le golpearan la cabeza contra el poste de la cama hasta que sucumbía.
Vista de uno de los bloques del campo de Mauthausen.
Para los enfermos quedaba el Revier o dispensario y hospital de prisioneros, con el peligro de que su personal decidiera, que el enfermo no tenía capacidad de realizar sus trabajos, con lo que pasaba al programa de eutanasia promulgado por Hitler en marzo de 1941, si el enfermo llevaba tres meses enfermo o era incapaz de trabajar. El español Juan De Diego recuerda la importancia de no caerse nunca al suelo después de un golpe.”Si caías, solía ser el fin, te golpeaban todavía más, o te daban patadas y te dejaban incapacitado”.
Prisioneros de Mauthausen en el día de descanso.
A los prisioneros se les solía dar el domingo como día de descanso, con excepción de aquellos que estaban en el pelotón de castigo. Al ser Mauthausen diferente, el prisionero solo tenía derecho a descanso un domingo sí y otro no. Por otra parte, una vez tomada la decisión de reducir los índices de mortalidad, los que trabajaban en la cantera de Mauthausen estaban excusados de trabajar desde el sábado por la tarde hasta el lunes por la mañana. El objetivo era únicamente prolongar la agonía y evitar que ningún  prisionero muriera demasiado deprisa.
Prisioneros en espera de turno para desparasitación, rapado y aseo.
Prisioneros del Campo de Mauthausen en día de aseo y rapado. Los Kapos temían epidemias de piojos y enfermedades de los presos por su propia seguridad.
Duchas del campo de concentración.
Todo prisionero debía llevar en letras grandes a sus espaldas la inscripción KG o sea prisionero de guerra o Kriegsgefangenen y otros en letras pequeñas por delante en el costado izquierdo.
Los judíos venían con el número marcado en el brazo.
Al llegar a los campos de exterminio, a los españoles les entregaban el triángulo azul de apátridas y la S de España (Spanien, en alemán). (El triángulo rojo identificaba a los presos políticos; el verde, a los ladrones y criminales; el marrón, a los gitanos y vagos; el rosa, a los homosexuales; el negro, a los criminales asociales; el violeta, a sacerdotes y objetores; y el amarillo con la estrella de David identificaba a los judíos).
El Holocausto. Crónica de un exterminio - HD
El horror en los campos de concentración imágenes reales, fuertes

Y así, hasta constatar documentalmente 4.769 republicanos españoles, muertos por los distintos métodos de exterminio empleados por los nazis del Führer en el campo de concentración de Mauthausen-Gusen, que incluían, no sólo el trabajo en las canteras, sino las Cámaras de gas; las duchas heladas, donde los presos morían de hipotermia al permanecer durante varias horas bajo una corriente de agua helada; los tiroteos masivos; los experimentos médicos; los sangrados, donde los presos eran desangrados hasta la muerte para enviar su sangre al Frente del Este; los ahorcamientos; el hambre, donde los presos eran privados de comer hasta alcanzar la muerte; los fusilamientos de las SS…Todos estos tratos a los prisioneros hizo que el número de muertes mayor se produjera en los dos primeros años en los campos.
Duro trabajo diario en la Cantera de Mauthausen mientras el cuerpo resista.


Piedras de más de 20 kilos que obligaban a subir a los prisioneros por las escaleras de 186 escalones.
Arriba la escalera con sus 186 escalones. En esta foto los prisioneros subiendo cada uno con su piedra de granito. Abajo los mandos suben por la escalera en una visita al campo de Mauthausen.


Huir del campo de concentración de Mauthausen y de las manos de las SS era dificilísimo, un guardia que disparara a un prisionero que intentaba fugarse recibía una licencia especial de varios días. Si un prisionero escapaba, durante el periodo que permanecía en libertad los demás se exponían a una venganza abominable: se les obligaba a permanecer después del trabajo toda la noche en la Appellplatz, hiciera el tiempo que hiciera. A veces aquello duraba dos noches, e incluso tres. Los prisioneros de Mauthausen murieron por millares no solo por intentar fugarse sino por sufrir las consecuencias de quienes lo hicieron. Tan solo diez consiguieron escapar de Mauthausen, seis en 1941 y cuatro en 1942. Todos los fugados fueron perseguidos sin tregua. Los SS llamaban a la búsqueda hasenjagd, o caza de liebres, una muestra que delataba el placer por el deporte que ejercían. Los atrapados fueron azotados o ahorcados o, por lo general ambas cosas. 
El prófugo del campo fue "cazado" por los SS y es conducido al azotamiento y a la horca en la plaza central del campo.

En cinco años en Mauthausen tan solo hubo dos ahorcamientos públicos. El primero de los dos ahorcamientos públicos de Mauthausen tuvo lugar una tarde de junio de 1941 con parafernalia de música, y la misma escena y parafernalia se repetiría en julio de 1942. A las ejecuciones se ordenaba la asistencia de toda la población de prisioneros, kapos y prominenten incluidos

Aunque Mauthausen no era un campo de exterminio en sí, las cifras de muertos diarios eran enormes debido a las condiciones de trabajo brutales sobre todo en la cantera de la muerte. El trabajo extenuante proseguía bajo la lluvia y la nieve, el sol abrasador o frente a un viento gélido. El propósito era el exterminio por el trabajo.
[Documentales Interesantes]
 
Las condiciones de los prisioneros de por si duras, empeoraron con el congestionamiento de prisioneros. Mauthausen estaba pensado inicialmente para 3.000 reclusos y llegó a alojar 70.000. Ello significaba que un barracón con capacidad para 200 personas podría alojar 1.600, en especial en el caso de los barracones de cuarentena, sin que hubiera entonces dotaciones adicionales de aseos o baños. Había incluso escasez de agua, y los SS actuaban obsesionados por la higiene, aparejada con la humillación. El papel higiénico era un lujo desconocido en las letrinas y los carritos usados para llevar el pan, eran los mismos que se empleaban para los desperdicios.
A veces se utilizaba un cubo grande donde hacer las necesidades y después se vaciaba en un pozo, donde en una ocasión lanzaron a algunos judíos.
Muy de mañana a las 4.45, los silbidos de los kapos, el golpe sordo de los palos, los gritos y los gemidos, y la campana de la puerta principal del campo, provocaba el despertar y la movilización de los recluidos en Mauthausen, en invierno se demoraba esa hora hasta media hora más o una hora. A las 5:15 se pasaba revista, (la revista ordinaria en Mauthausen duraban media hora, pero había sus excepciones, y a veces la revista de la tarde duraba durante toda la noche e incluso el día y la noche siguientes, con el tributo de 500 muertos en una que duró cuarenta horas. En dos casos de larguísimas revistas, se les negaba a los prisioneros la comida y el agua, y en la segunda vez la temperatura llegó a ser de – 25 grados C.

Al término de la revista los prisioneros corrían a toda prisa a las unidades de trabajo y empezaban a trabajar a las 6:00. Lo cierto es que en algunos casos los trabajos comenzaban a las 7:00, dependiendo de la estación y la meteorología, la razón también era que los SS temían la oscuridad, y tan solo el campo interior estaba iluminado ( las luces solo se apagaban en caso de un ataque aéreo aliado, ocasión en la que los prisioneros no salían a trabajar). El trabajo continuaba hasta  las 5.30 de la tarde, con un periodo de entre 30 minutos y una hora al mediodía para la revista y para tomar la “eintopf” un almuerzo que consistía en una sopa de nabos y patatas. 
Un prisionero toma la comida en la puerta de su barracón.
Repartiendo la comida a las mujeres.
Seguía una revista a las 6, la cena a las 7, cena que tenían que tomar de pie o en sus camastros, ni acercarse a una estufa, esos privilegios quedaban para los kapos y los prominenten. El único privilegio que realmente valoraba cualquier prisionero era comer más. Los prominenten comían un poco más que los demás, pero no mucho, mientras que los kapos se alimentaban bien.
El toque de queda para que los prisioneros regresaran a los barracones variaba entre las 7:45 y las 8:45, y las luces se apagaban a las ocho o las nueve, como vemos un cuarto de hora tras el toque de queda. 
El barracón en espera del toque de queda.
Se calcula que para la dureza del trabajo del campo se precisaba una dieta mínima de unas 3.500 calorías y se suministraba una que oscilaba entre 1.000 y 1.500, resultaba que en el mejor de los casos la ingesta diaria representaba el 60% del gasto físico del trabajo diario, con lo que la salud iba deteriorándose día a día. Hacia el final de la guerra la ingesta diaria era de 500 calorías. El dolor del hambre, los retortijones y la obsesión por comer alcanzaban su punto más duro, cuando a la hora de haber comido, porque el estómago segregaba demasiados jugos gástricos para la poca comida que se les daba; lo cual podía derivar en excesos extraños. 
Estado de desnutrición que presentaban los prisioneros.
Paul Tillard describe la proeza de un español que, un sábado por la tarde, consiguió acceder a la cocina y delante de Tillard, se bebió 11 litros de sopa. Al día siguiente ingirió otros 17, pero en la sopa había poco sustento. El hambre hacía a los presos chupar el carbón o masticar el papel cubierto de brea que desgarraban de los techos de los barracones, por la sensación de comer algo. Fabio Luppino, un superviviente italiano relató cómo el hambre le llevó al punto de cuando veía a un SS o un perro le atenazaba el deseo de comérselo, de masticar su cuerpo.
La escasa dieta iba minando la salud de los prisioneros a pesar de su juventud. Varios de los jovenes de la foto tienen vendadas las piernas por los edemas.

La desnutrición era común en todo el campo. Algunos se arriesgaban a robar la comida de los perros de los SS, que era buena comparada con la sopa que recibian los prisioneros.
La consecuencia  de esta sistemática malnutrición era el edema, con el edema las piernas se hinchaban hasta el triple de lo normal y la inflamación le llegaba desde los pies a los muslos. Era un trastorno físico que en último término llevaba a la muerte y que avanzaba desde las piernas y se reflejaba en la cara, con los ojos hundidos y fuera de las órbitas. Bajo la piel se formaban ampollas de agua, y cuando la victima recibía patadas o golpes las ampollas se rompían y se infectaban.

En Octubre de 1938, año de la apertura de Mauthausen, ya contaba con unos 600 prisioneros detenidos por delitos variados pero las deportaciones continuas fueron engrosando su población reclusa hasta alcanzar las cifras contables. A finales de 1941 llegaron numerosos prisioneros de guerra soviéticos. Era el primer grupo destinado a morir en las cámaras de gas, a principios de 1942. 
Prisioneros de guerra sovieticos llegados a Mauthausen a finales de 1941.

Antes, los prisioneros que ya estaban exhaustos habían sido transferidos al Castillo de Hartheim, donde las cámaras de gas llevaban funcionando desde 1940. En 1944 fue internado un numeroso grupo de judíos húngaros y holandeses. La mayor parte de ellos murieron como consecuencia de los trabajos forzados y las nefastas condiciones, o fueron arrojados por la cantera de Mauthausen (apodada como la Pared de Paracaídas por los guardias de la SS).  Durante los meses finales de la guerra, aproximadamente 20.000 prisioneros de otros campos de concentración fueron llevados al complejo. También hubo grupos de republicanos españoles que fueron transferidos al campo y sus subcampos durante la Segunda Guerra Mundial.
Entrada a Mauthausen en un atardecer.
Mauthausen fue a partir de 1942 la cabeza de una red de campos donde también se utilizaba la mano de obra esclava, contando con un campo central, con instalaciones para la práctica de la muerte en cámaras de gas. Hasta 1942 Mauthausen había sido un campo de concentración donde se practicaba el exterminio mediante el trabajo forzado, donde los presos se mantenían con vida algunos meses hasta que la mala alimentación, el agotamiento físico y las enfermedades acababan con ellos.
Presos cavan sus pripias tumbas.
 Los prisioneros españoles, en su mayoría eran generalmente excombatientes republicanos huidos tras el fin de la Guerra Civil, y llegaron a constituir en 1942 más de la mitad de la población reclusa total de Mauthausen: Se estima que aproximadamente unos 7.685 españoles pasaron por este campo sobreviviendo únicamente 2.421 de ellos. 
Desde el año 1939 al 1944 el número de prisioneros que hubo en Mauthausen fueron:
En el año 1939 un total de   2.772 prisioneros.
En el año 1940 un total de   8.200 prisioneros.
En el año 1941 un total de 15.900 prisioneros.
En el año 1942 un total de 14.000 prisioneros.
En el año 1943 un total de 25.607 prisioneros.
En el año 1944 un total de 73.392 prisioneros.

El número estimado de los prisioneros que pasaron por todos los subcampos es de 335.000; la mayor parte de ellos fueron obligados a hacer trabajos forzados en una cantera. Aproximadamente 140.000 fueron asesinados. Las condiciones de vida eran sumamente sórdidas; todos fueron mal alimentados, y las enfermedades sin una asistencia médica apropiada causaban estragos. Según los registros, sólo en el campo de Mauthausen (Austria) estuvieron prisioneros más de 7.000 españoles, de los cuales murieron más de 4.300.
Ejecuciones de presos.
Los inválidos republicanos españoles recibían la mitad de la comida por no ser productivos y fue en ellos donde más se cebó la crueldad de los nazis. Por la noche se sacaban unos 150 a la intemperie, desnudos en pleno invierno y sin alimento, encargándose la naturaleza el resto, apareciendo la mitad de ellos muertos. Las vejaciones y el sadismo llegaron a tal punto que muchos prisioneros se suicidaban lanzándose contra las alambradas electrificadas, y los nazis sacaban fotos para justificar sus crímenes hablando de intentos de fuga (Tomado de Santiago Raga, superviviente de Mauthausen). 
Un símbolo que representa hoy la masacre.

Muertos por arrojarse a las alambradas electrificadas.

Carlos Hernández de Miguel, autor de "Los últimos españoles de Mauthausen" refiere en su libro que al menos 1631 andaluces pasaron por los campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial, de los que sobrevivieron el 40%. Hernández asegura que estas cifras deben interpretarse como "al menos", ya que hacen referencia a los internos cuya documentación se ha conservado y a los que pueden añadirse otros de investigaciones efectuadas por familiares, historiadores y periodistas. La mayor parte de estos andaluces, entre el 80 % y el 85 %, fueron ingresados en el campo de Mauthausen, en la misma proporción que el resto de los españoles que acabaron en este tipo de campos, algo más de 9.000, de los que 300 fueron mujeres. Por provincias, fueron 345 de Córdoba, 297 de Jaén, 267 de Almería, 266 de Granada, 223 de Málaga, 113 de Sevilla, 84 de Cádiz y 36 de Huelva.
Carta de Mauthausen donde el mando comunica fallecimiento de Gonzalo Oriz Crespo natural de Estepa (Sevilla)
La Cruz Roja a través de su Comité Internacional comunica a la familia del cordobés de Lucena: Manuel González León el fallecimiento del prisionero.
La explicación, según Hernández, es que Mauthausen estaba considerado un campo de categoría III o de exterminio, destinado a los presos considerados "irrecuperables". Hernández explica que los españoles destinados a los campos de concentración procedieron de tres grupos, el primero de ellos formado por deportados que sirvieron en las filas del ejército francés durante la Segunda Guerra Mundial, capturados por los nazis en junio de 1940, y enviados a los campos desde agosto de ese año hasta finales del siguiente.
Grupo de prisioneros españoles en Mauthausen.
Dado que Juan Ortiz Garrido ingresa en el campo de Mauthausen el 7 de abril de 1941, suponemos que fue uno de los del gran grupo que fue capturado por los nazis en junio de 1940 y que después de permanecer en la prisión o stalag XVII-A en Kaisersteinbruch desde ese momento hasta la fecha del 7 de abril de 1941, en el que consta en los registros de KLM de Mauthausen, como la fecha en que fue internado en este campo de Concentración de Mauthausen.
Apenas dos años después de cruzar la frontera sería apresado por los alemanes y enviado a la prisión o Stalag XVII-A en Kaisersteinbruch. Su posterior deportación al campo de concentración de Mauthausen, como parte de un grupo contingente de 200 españoles que ingresaron el 7 de abril de 1941 donde probablemente estuviera enrolado en una Compañía de Trabajadores Extranjeros al servicio del ejército francés. Entre este grupo de 200 republicanos españoles se encuentra Mariano Constante Campo, combatiente republicano, militante de las Juventudes Socialistas Unificadas, superviviente del campo de concentración de Mauthausen y autor de varios libros en los que refleja sus vivencias en este campo de concentración nazi.

El superviviente, José Jornet Navarro da el testimonio del infame viaje y la llegada al campo del horror de Mauthausen:
“Los de la Gestapo nos metieron en vagones de carga. Fueron tres días y tres noches encerrados, sin agua ni comida, haciendo nuestras necesidades en un rincón del vagón, que estaba precintado, con vómitos, diarreas y sin saber adónde íbamos. Llegamos a la una y media de la madrugada del 13 de diciembre de 1940. Había esa noche una nevada espectacular. Conforme descendíamos de los vagones, nos molían a palos, los perros nos mordían y así seguimos hasta la cima de un monte. En el camino se quedaron tres o cuatro muertos. Si te esperabas a ayudar a algún camarada, te pegaban con palos y los fusiles en la cabeza. Te la rompían, porque el que caía al suelo ya no se levantaba. Lo remataban allí mismo.” (ABC, 4/8/2001).

Otro grupo fue el de los españoles integrados en la resistencia francesa, detenidos por la policía francesa y la Gestapo y conducidos a los campos en 1942, 1943 y 1944, y por último el denominado "Convoy de los 927", conformado por civiles que se encontraban refugiados en el campo de Les Alliers, junto a la ciudad francesa de Angulema, en el que también había mujeres y niños. El transporte que llegó a Mauthausen,  procedente de Angulema el 24 de agosto de 1940, formado no por prisioneros de guerra, sino por familias completas de refugiados españoles donde había hombres, mujeres, niños y ancianos, estaba formado por más de ochocientas personas, de los cuales cuatrocientas treinta fueron internadas en el campo de Mauthausen, y el resto fueron entregadas a las autoridades franquistas en la frontera de Irún.

Además se abrió un campo para mujeres en Mauthausen en Septiembre de 1944, coincidiendo con la llegada de prisioneras desde Auschwitz (Polonia).


Testimonio de Jorge Pérez un superviviente del campo de concentración de Mauthausen

Eventualmente más mujeres y niños fueron internados en Mauthausen procedentes de Ravensbruck, Bergen Belsen, Buchenwald (los 3 en Alemania) y Gross Rosen (Polonia). Con ellos llegaron también algunas matronas. Se sabe de al menos 20 que sirvieron en el campo Mauthausen, y 60 en todo el complejo.

Mauthausen fue el campo de concentración de los españoles, un campo que comenzó a construirse en 1938 cuando Austria fue anexionada al III Reich. La mano de obra de este campo fueron  los presos procedentes de Dachau al principio, pero con los años Mauthausen fue tomando poco a poco el aspecto de fortaleza que mantiene a la orilla del Danubio. Construido en bloques de granito en todo el recinto procedentes de la cantera de Wienergraben y subidos a través de una escalera de 186 escalones hasta el campo por los propios presos, donde muchos andaluces perdieron la vida.
Cuando los españoles llegaron a Mauthausen  había internados presos polacos; pero había además una cantidad importante  de delincuentes comunes y de presos políticos de nacionalidad alemana y austriaca. Después llegó al campo de Mauthausen un contingente de prisioneros de guerra soviéticos, aunque su presencia en esta primera época fue efímera pues se procedió a su eliminación en el trascurso de unos pocos meses. Después fueron internados a lo largo de la guerra otros presos de otras nacionalidades, procedentes de los apresamientos de los países implicados en la guerra.
Fotografía del interior del Campo de concentración de Mauthausen.

Alambradas que coronaban los muros en todo el perímetro del campo de Mauthausen.
Con los republicanos españoles no se aplicó el exterminio de forma inmediata como ocurrió con los judíos, gitanos y buena parte de los rusos en Mauthausen. Fueron primero explotados en el trabajo hasta la extenuación y sólo cuando eran piltrafas humanas, inútiles para la producción, eran trasladados a los crematorios de Gusen, Hartheim o Mauthausen para eliminarlos.
Los internados en Mauthausen morían habitualmente a causa del trabajo extenuante, una alimentación escasa, que consistía por la mañana en una taza de líquido oscuro, que no se sabía si era café o té (hablaban de agua caliente), al mediodía un caldo o sopa donde podían frotar algún trozo de una mondadura de patata, y para la cena un trozo de pan con sabor bastante desagradable. La atención médica era muy insuficiente en un entorno de hacinamiento de personas con escasa higiene y con enfermedades que iban desarrollándose. A la muerte no sólo se llegaba por las circunstancias antes expresadas, estaban también los habituales gaseos de los internos llevados a cabo en Hartheim o en los llamados Sonderwagen, las inyecciones de gasolina vía venosa hasta el corazón, la exposición de los presos más debilitados a los chorros de agua helada, o los asesinatos o ejecuciones perpetrados por los miembros de la SS o por los Kapo del campo, a quienes se les retribuía también con el complemento de los prisioneros que habían ejecutado, para esta macabra acción muchas veces les decían a los presos que fuesen a traer piedras o les arrojaban las ropas junto a las vallas alambradas y allí los tiroteaban como si fuesen buscando la huída.
“Un  compañero del campo llegó a contabilizar treinta y cinco maneras de morir en Mauthausen. Ninguna de ellas era tan horrible como la producida por el agotamiento transportando piedras por la cantera y subiendo las 186 escaleras que comunicaban la cantera con el campo arriba. Llegar al final sólo significaba tener que comenzar nuevamente. (Massaguer, 1997).
Sin llegar a enumerar las treinta y cinco formas de morir en Mauthausen, el preso Ernst Martín citaba las principales en un informe presentado a las autoridades militares americanas en 1945:
Por disparo en el curso de un intento de fuga.
Suicidio por salto en el vacío.
Suicidio por ahogamiento.
Suicidio por electricidad.
Suicidio por ahorcamiento.
Declaración de que el prisionero murió por enfermedad aunque en realidad fuera un asesinato.
Cámara de gas
Vehículo de gas.
Asesinato por inyección de gasolina.
Despedazado por los perros.
Duchas en invierno.
Forzados a permanecer en pie, encadenados en la pared.
Disparo en la nuca, etc. (Bermejo, B. 2002).

El campo de Mauthausen se calcula que fue el paso obligado de unas 200.000 personas, de las que murieron aproximadamente la mitad.

Varios subcampos de Mauthausen incluían fábricas de armas y municiones, canteras, minas y plantas de montaje del Messerschmitt Me 262 (el primer avión de combate a reacción). Además, los internos fueron usados como esclavos en granjas cercanas. Los que trabajaban en las canteras, lo hacían durante 12 horas al día hasta quedar totalmente agotados. Después eran transferidos a otros campos de concentración para ser exterminados, o bien eran eliminados con una inyección letal en el propio campo, e incinerados en un crematorio local.

A pesar de que diversas empresas, unas privadas y otras pertenecientes a la SS, se nutrían de mano de obra esclava, el destino más terrible para un prisionero era ser destinado a las canteras. Los prisioneros destinados a esta zona estaban divididos en dos grupos: El primero, llamado "Kommando Wiener-Graben" estaba formado por prisioneros con conocimientos de maquinaria de extracción y explosivos, y el segundo era el más penoso y mortal, ya que obligados a trasladar enormes bloques de roca de unos 30 kilos de peso a sus espaldas, debían de subir los famosos 186 escalones de una escalera, en la que el caerse o ayudar a otros prisioneros estaba penado con el ser arrojados por las paredes de la cantera y morir despeñados. Este sistema y el ver como los prisioneros agotados rodaban por la escalera arrollados por las piedras eran la diversión de los SS.

Otros trabajos menos penosos consistían en la clasificación de pertenencias robadas a los prisioneros y su clasificación en la zona llamada "Kanada", tareas administrativas o relativas a las profesiones de los prisioneros como zapateros, sastres, enfermeros, etc. así como labores en cualquiera de las numerosas fábricas, principalmente armamentísticas, que abastecían al ejército nazi. Entre las empresas establecidas en Mauthausen para aprovecharse de la esclavitud destacan Afa Werke, Bayern, Deutsches Bergwerks, Deutsches erd und Steinwerk, Eisenwerke Oberdonau GMBH, Flugmotorenwerke Ostmark, Forst und Gustverwaltung des Stiftes St. Lambrecht, Gustlof Werke, Heinkel, Hofherr und Schrenz, Oberilzmuehle Elektrizitatswerk, Otto Eberhard Patronenfabrik, Osterreichische Sauerwerks AG, Puch, Rax-Werke GMBH, Stahlbau-Gesellschaft GMBH, Steinveredelungswerke AG, Steyer-Daimler Puch AG Grazwerke I y Universale Hosch und Tiefbau AG.
Prisioneros desgastados por el trabajo duro en las canteras,
que serían declarados no aptos para el trabajo, lo cual le ocasionaba su exterminio.
La muerte para los agotados, débiles y no aptos llegaba de diferentes formas; principalmente eran transportados a Hartheim en donde su director, el médico de la SS. Eduard Krebsbach y apodado "el inyectador", disfrutaba asesinando a prisioneros mediante inyecciones de gasolina o fenol por vía intravenosa. En este sanatorio murieron 449 prisioneros de origen español.

Otro médico, Aribert Heim conocido como el Mengele de Mauthausen, también hizo honor a su apodo. Sus enfermizas preferencias consistían en escoger a prisioneros para inyectarles benceno y reloj en mano cronometrar el tiempo en morir, así como realizar operaciones carentes de sentido y sin anestesia para tomar nota de los efectos del dolor en las víctimas. Una de sus aficiones era la de escoger prisioneros, decapitarlos y tras hervir los cráneos para descarnarlos los colocaba a modo de colección.

Los médicos españoles José Pla y Pedro Bravo  testificaron tras su liberación, como con una jeringuilla cargada con 20 centímetros cúbicos de gasolina se le inyectaba esta solución en el corazón, otras veces ante la escasez de gasolina se les inyectó agua y cuando comprobaron que no daba los resultados esperados comenzaron a inyectarles éter, que causaba la muerte en cuatro o cinco minutos. La aplicación de inyecciones letales continuó hasta el final.

La cámara de gas de Mauthausen también funcionó como sistema de eliminación de prisioneros; con capacidad para unas 120 personas a la vez se utilizó principalmente para asesinar a los prisioneros recién llegados aunque en ocasiones, coincidiendo con la visita de altos cargos nazis, se escogía a una serie de prisioneros que serían gaseados como demostración mientras los visitantes observaban la muerte de las víctimas por la mirilla de la cámara.
Calzado de los prisioneros al entrar al campo de concentración.
Objetos personales que llevaban los prisioneros al entrar en el campo. Ahora están en el Museo de Mauthausen.
En general, los métodos de exterminio incluían: Trabajo como esclavo en las canteras, cámara de gas, duchas heladas (aproximadamente 3.000 internos murieron de hipotermia debido que eran forzados a quedarse bajo una corriente de agua helada durante varias horas), tiroteos masivos, ahorcamiento, experimentos médicos, fusilamientos por los SS, hambre (sólo en el campo de Mauthausen aproximadamente 2.000 prisioneros por semana eran privados de comer hasta la muerte), sangrado (varios cientos de internos fueron desangrados hasta la muerte y la sangre extraída fue enviada al frente del este) y cámaras de gas móviles (un camión con un tubo de gases dirigido al interior, que iba y venía entre Mauthausen y Gusen).

Por otro lado, las raciones de alimentos eran muy limitadas y en el período 1940-1942 un interno pesaba 42 kilos de media. El tratamiento médico era prácticamente inexistente debido a las normas alemanas.

Otra parte de las políticas genocidas nazis se desarrolló fuera de los campos de concentración, en centros de exterminio situados más al este de Europa, principalmente en Belzec, Sobibor y Treblinka, donde no había población reclusa, dado que los que allí llegaban estaban destinados a desaparecer sin dejar rastro alguno. Auschitz fue un campo de concentración destinado a la explotación de la mano de obra necesaria para la industria alemana, siendo un gran centro de exterminio donde se practicaba el asesinato a gran escala.

Testimonio de Violeta Friedman, superviviente del campo nazi de exterminio de Auschwitz-Birkenau
Aunque quisiera no lo podría olvidar. Una voz de Auschwitz: Hirsz Litmanowicz

Granada 25 de Abril de 2015.
Pedro Galán Galán.



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Vilar, Juan B.; “El exilio español de 1939 en el Norte de África”… op. cit., p. 74 (15)
Vilar, Juan B.; “El exilio español de 1939 en el Norte de África”… op. cit. y, del mismo autor, “La última gran emigración política española. Relación nominal de los militantes republicanos evacuados de Alicante en el buque inglés Stanbrook con destino a Orán en 28 de marzo de 1939”, en Anales de Historia Contemporánea, Universidad de Murcia, Num. 2, 1983: (16).
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113 comentarios:

Carmen Calero dijo...

Pedro, me parece una recopilación de testimonios históricos extraordinarios. Lo he leido con mucho imterés y he aprendido y reflexionado.¡Gracias!
Un saludo.

Ramón Quiles dijo...

La derrota francesa de junio de 1940 corresponde al inicio de una nueva etapa dolorosa del exilio español. Para los refugiados políticos, particularmente los militantes comunistas de la Guerra Civil Española, la ocupación de los dos tercios del país representa un peligro muy grande. La zona libre administrada por Vichy no constituye un lugar más tranquilizador, porque los dirigentes del Estado francés, que detestan a los inmigrados, plantean una legislación xenófoba cuya aplicación es controlada por los servicios de policía. Humillación, discriminación y represión: tal va a ser la vida de los extranjeros domiciliados en Francia durante casi cuatro años. Antes de que reciba los plenos poderes, el Mariscal Pétain expresa claramente su opinión enfrente de la población española en Francia. El 8 de julio de 1940, en el curso de una entrevista diplomática, califica a los refugiados españoles como « indeseables » y da su acuerdo de principio para un proyecto de emigración masivo.

Cari Olid dijo...

Con la firma del armisticio y la desmovilización, los refugiados españoles vuelven a ser un « peso » económico para el régimen de Vichy: aunque más de un millón de franceses son detenidos en Alemania como prisioneros de guerra, la interrupción de los combates permite la vuelta de una parte de la mano de obra que fue requerida por el ejército durante la Guerra boba. Así, para Vichy, los millares de españoles que recobran su estatuto de internados civiles son considerados como una demasía en la economía francesa. En este contexto de gran hostilidad con respecto a los extranjeros, ciertos refugiados republicanos van a reunir en América Latina gracias al acuerdo franco-mexicano del 23 de agosto de 1940, firmado entre Pétain y el gobierno del Presidente Cárdenas.

Gabriel Silva dijo...

En Francia, la situación de España suscito reacciones controvertidas en el seno de la clase política y en el seno de la opinión pública. En la Asamblea Nacional, las tensiones vivas oponen a la Unión de las Izquierdas a la derecha y al gobierno radical Daladier. En efecto, León Blum le critica a Edouard Daladier la participación del gobierno francés en el comité de no intervención que priva a los republicanos españoles de una ayuda decisiva frente a las tropas franquistas.
A pesar de las críticas de la izquierda, el gobierno guarda su línea política inicial basada en la repatriación de los civiles en España y la negativa de acoger a los militares sobre su territorio. En noviembre de 1937, el gobierno mantiene la prohibición de trabajar para los refugiados españoles con el fin de no competir con los trabajadores franceses, a menos que los exiliados obtengan una autorización del servicio de los trabajadores extranjeros.

María Teresa Nuñez dijo...

Una de las figuras más sombrías del movimiento nazi fue Heinrich Himmler, mano derecha de Hitler y responsable de las temidas SS. El 27 de marzo de 1940 el Comandante en Jefe Himmler ordena la construcción de uno de los instrumentos de exterminio más tristemente famosos de la Historia: el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, que recibía a sus presos con el lema “Arbeit macht frei” (El trabajo os hará libres) inscrito en su puerta. Pero Auschwitz no fue el único campo de exterminio durante la guerra, ni el primero. Ya en 1933 y 1934 el Gobierno alemán mandaba construir los campos de concentración de Buchenwald y Dachau, donde encerraban a los opositores al régimen para hacer trabajos forzosos.

Purificación Villegas dijo...

En un contexto de crisis económica en Francia, la llegada de los refugiados provoca una escisión en la opinión pública. De una parte, una franja de la población es compasiva, con familias que se movilizan para aliviar la miseria de los exiliados españoles (colecta de dinero, donaciones de ropas). Por otra parte, algunos reclaman la expulsión de los españoles por razones financieras, porque la acogida de los exiliados incluye cantidades de fuertes gastos para el estado francés, pero también influye la idea de desestimación del extranjero, traduciéndose en la generación de un clima distante y ambiente de xenofobia difundido en los periódicos de extrema derecha como l'Action Française o Gringoire.

Juan Francisco Molina dijo...

Cuando Pétain recibe el voto de confianza de los parlamentarios franceses, entre 120.000 y 140.000 refugiados españoles viven en metrópoli o en África del Norte francesa. La situación de estos exiliados republicanos se degrada muy rápidamente ya que desde julio de 1940, 85.000 prestatarios militares (los antiguos miembros de las CTEs) recuperan su estatuto administrativo anterior a la guerra. Sólo los que disponen de medios suficientes de subsistencia, es decir la minoría de los refugiados que posee un contrato de trabajo, pueden escapar de los campos de internamiento. Por consiguiente, la gran mayoría de españoles son de nuevo internados civiles. Para evitar los sufrimientos de un nuevo encerramiento, los exiliados tienen dos posibilidades: la emigración hacia México o la integración en los GTEs (Grupos de Trabajadores Extranjeros) creados por la ley del 27 de septiembre de 1940.

Miguel Carmona dijo...

Me gustaría referirme en mi comentario a la actitud de Franco durante la Segunda Guerra Mundial. Franco desde la primavera de 1939, se acerca a fuerzas del Eje. Sin embargo, la participación en un nuevo conflicto armado se precavía difícil para España arruinada por la Guerra Civil. Podemos decir que en el curso del segundo conflicto mundial, el grado de apoyo del caudillo enfrente de Alemania depende de éxitos militares del Reich. Durante la Guerra boba, Franco opta por una neutralidad en la expectativa: la movilización militar sobre una nueva frente incurre el riesgo de un armado levantamiento de los republicanos contra su régimen. Desde la invasión alemana en Francia hasta finales del año 1940, la neutralidad franquista se transforma en no beligerancia. Bajo la influencia del germanófilo Serrano Suñer (Ministro de los Asuntos Exteriores), Franco encuentra a Hitler el 23 de octubre de 1940 a Hendaya. Ambos jefes de Estado evocan " la Operación Félix ": a cambio de concesiones territoriales en África del Norte francesa, el General autorizaría el pasaje de la Wehrmacht sobre el territorio español en la óptica de un desembarco en Marruecos. Aunque las negociaciones son suspendidas, esta iniciativa traduce claramente la voluntad de una aproximación de la España franquista con Alemania.

Silvia Valdes dijo...

En 1938, el gobierno francés refuerza sus medidas represivas vinculadas a la presencia de españoles en Francia. En efecto, la ley del 2 de mayo de 1938 les impone a los refugiados la posesión de un carnet de identidad controlado cada mes por los servicios de policía: los extranjeros que contravienen a la regla se arriesgan la prisión o la expulsión. En el mismo registro, la circular ministerial del 27 de julio de 1938 estipula que los españoles son autorizados a residir en Francia sólo de manera temporal y que les será prohibido trabajar, como lo indica la inscripción fijada sobre su carnet de identidad « estancia precaria que no implica ningún derecho de fijación o de establecimiento, exclusión del derecho a ejercer todo trabajo comercial o industrial ».

Sergio Gámiz dijo...

El estudio de las relaciones entre Franco y Pétain, poco estudiadas en los libros de historia, nos muestran dos militares de ideas conservadoras, aparentemente con una mentalidad parecida. Sus destinos se van a cruzar básicamente en dos periodos: Primero en Marruecos y después en Madrid cuando Pétain se convierte en el primer embajador de Francia en la España franquista. Los dos van a simpatizar con las potencias del Eje, pero sus caminos van a ser divergentes a lo largo de la Segunda Guerra Mundial.

Alberto Ramírez dijo...

Las Compañías de Trabajadores Extranjeros fueron las más elegidas, ya se comenzaron a formar dentro de los campos, estas compañías estaban estructuradas como un cuerpo militar, mandadas por oficiales franceses y se componían de 250 hombres cada una. En algún momento el reclutamiento pasó a ser forzoso, aunque en su mayoría eran voluntarios con edades entre 20 y 48 años. Las CTE llegaron a 55.000 hombres la mayoría españoles y polacos, en 1940 tras la ocupación pasaron a depender de los alemanes que llevaron a la mayoría a trabajar a Alemania, aunque con el tiempo muchos acabaron en los campos de concentración.

Vicente Alarcón dijo...

Me resulta bastante curioso el testimonio del Gauleiter del Alto Danubio Eigruber:
"Cuando el año pasado ocupamos Francia, Herr. Petain nos entregó a seis mil rojos españoles diciendo: “No los necesito y no los quiero”. Ofrecimos a esos seis mil rojos al jefe de Estado fascista Franco, el caudillo español. Los rechazó, diciendo que nunca repatriaría a quienes habían combatido por una España soviética. Entonces se los ofrecimos a Stalin, proponiéndoles transportarlos. Herr. Stalin y su Comintern se negaron a aceptarlos. Así que los rojos españoles terminaron sus días en Mauthausen”
Es entendible que Petain y Franco se quisieran desentender de tan "indeseables rojos", pero lo que llama la atención y muestra claramente que la política está por encima del valor de las personas, es la negativa de Stalin, el cual se lavó las manos con los republicanos que representaban la clase obrera que había luchado en España precisamente ayudados militarmente por los soviéticos. El pacto germano-soviético de 1939 valía más que la vida de unos miles de españoles, aunque hubiesen luchado en España por su misma causa.
Un saludo.

Nicolas Correa dijo...

La legión extranjera francesa le recordaba a los refugiados republicanos españoles a los tercios de la legión española, y eso hizo que no fuera muy bien considerada, sin embargo unos mil españoles se alistaron en ella, firmando un contrato por cinco años. Sin duda fueron los españoles que a pesar de la dureza del cuerpo recibieron un trato mas digno. Todos ellos firmaron por 5 años. Aunque en la legión había también unidades de extranjeros (polacos, checos, noruegos) no hubo unidad española, ya que el gobierno francés reconoció los gobiernos en el exilio de dichos países ocupados por los nazis; pero no al gobierno español en el exilio. Además los franceses no querían "irritar" a Franco cuya neutralidad tanto les favorecía.

Pablo Contreras dijo...

El armisticio del 22 de junio de 1940 es el nombre de un acuerdo de cese de hostilidades entre las autoridades del Tercer Reich alemán y los representantes del gobierno francés del mariscal Pétain, en el marco de la Segunda Guerra Mundial, que fue firmado en Rethondes en dicha fecha, en el llamado vagón del armisticio (el mismo en el que se había firmado el armisticio del 11 de noviembre de 1918 que puso fin a la Primera Guerra Mundial). Por la delegación alemana asistieron, Hitler, Göring, Erich Raeder, Rudolf Hess, Von Ribbentrop, Walther von Brauchitsch y Wilhelm Keitel. Paul-Otto Schmidt fue el traductor de Hitler. Por la delegación francesa estuvieron presentes Charles Huntziger, Léon Noel, Maurice Le Luc, Jean Marie Joseph Bergeret y Georges Parisot.

Pablo Peláez dijo...

La Línea Maginot fue una línea de fortificación y defensa construida por Francia a lo largo de su frontera con Alemania e Italia, después del fin de la Primera Guerra Mundial. El término Línea Maginot se usa indistintamente para referirse al sistema completo de fortificaciones, o exclusivamente para referirse a las defensas contra Alemania, en cuyo caso las defensas contra Italia suelen llamarse Línea Alpina. Frente a ella se hallaba la línea fortificada alemana conocida como Línea Sigfrido. Este sistema de defensa debe su nombre a su promotor, el ministro de Defensa francés André Maginot, un veterano mutilado durante la Primera Guerra Mundial que inició el proyecto en 1922 y murió en 1932 sin ver terminada la obra. La parte esencial de los trabajos se finalizó en 1936, en momentos en que la amenaza hitleriana parecía darle toda la justificación a este proyecto: es la mayor línea de defensa militar construida en el mundo moderno, y de una gran complejidad tecnológica y militar. Su costo total fue de 5.000 millones de francos de la época (más de 5.000 millones de euros de 2010, actualizando la inflación). La línea Maginot comprende 108 fuertes principales a 15 km de distancia entre sí, multitud de pequeños fortines y más de 400 kms de galerías.

Elias Andrade dijo...

La Batalla de Francia, iniciada el 10 de mayo de 1940, había mostrado el abrumador poderío bélico de la Wehrmacht alemana, ante la cual los ejércitos franceses y británicos, anclados en tácticas y estrategias propias de la Primera Guerra Mundial, no habían podido oponer una resistencia eficaz. De hecho, París había sido tomada por los alemanes el 14 de junio, mientras el gobierno francés presidido por Paul Reynaud se establecía en Burdeos. Al divulgarse la noticia de la caída de la capital francesa, diversos líderes políticos franceses abogaron para pedir de inmediato un armisticio a Hitler y romper la alianza con Gran Bretaña. Aunque Paul Reynaud y muchos de sus ministros se oponían a esta idea, los partidarios del cese de hostilidades impusieron su decisión en el Consejo de Ministros y consiguieron forzar la renuncia de Reynaud (quien prefería cesar en el gobierno a pedir la paz a los alemanes), sustituyéndolo por el hasta entonces Ministro de Estado Philippe Pétain, veterano mariscal de la Primera Guerra Mundial.

Paco Campos dijo...

El Muro Atlántico o Muralla del Atlántico fue una gran cadena de puntos de refuerzo ininterrumpida construida durante la II Guerra Mundial por la Alemania nazi que tenía como misión impedir una invasión del continente europeo desde Gran Bretaña por parte de los Aliados. La edificación de este gigantesco proyecto se confió en 1942 a la Organización Todt. Con un alto coste se dotó a la zona costera del canal de La Mancha bajo control alemán de todo tipo de búnkeres, blocaos, casamatas, trincheras, túneles y demás estructuras defensivas, que en total sumarían en torno a 15.000 edificios, requiriendo el uso de 11 millones de toneladas de hormigón y 1 millón de toneladas de acero.

José Olivares dijo...

En este período de recesión económica, Francia está totalmente dividida frente a este primer aflujo de población española entre el verano de 1936 y finales del año 1938. Con la caída de los frentes de Ebro y de Cataluña, un éxodo de una amplitud fenomenal se pone en marcha a partir de enero de 1939. Del otro lado de los Pirineos, las tropas franquistas persiguen su avance y diezman los efectivos de las tropas republicanas. La segunda ola de exiliados está a punto de atravesar la frontera: es el fenómeno de « la Retirada ». Con urgencia, el gobierno francés tiene que organizarse para recibir más de 400.000 españoles sobre su territorio.

Carlos Díaz dijo...

Después de su entrada en el territorio francés en febrero de 1939, los milicianos republicanos y los miembros de las Brigadas Internacionales que se niegan a la repatriación o la incorporación en la Legión extranjera son dirigidos hacia los campos de internamiento del sur de Francia. Los milicianos republicanos y los miembros de las Brigadas Internacionales son sometidos a un régimen carcelario, los detenidos viven en una atmósfera represiva: censura postal, xenofobia y servicios corporales frecuentes. Las condiciones de vida son muy precarias: insalubridad, desnutrición y propagación de numerosas epidemias.

Concha Rosales dijo...

Tras el armisticio franco-alemán, el gobierno de Vichy sólo mantuvo militarizados a los españoles que se habían alistado en la Legión Étrangère por cinco años. Los demás recuperaron su estatus de refugiados. El gobierno de Vichy les ofreció tres opciones: ser repatriados, regularizar su situación trabajando en el campo o en la industria o ser trasladados como trabajadores forzosos a los campos del norte de África. La mayoría, naturalmente, optó por la segunda y muchos de los que permanecieron en Francia acabaron por incorporarse a la Resistencia. Meses después, las autoridades de Vichy recrearon las unidades de trabajadores extranjeros en las que los españoles constituyeron la gran mayoría: en agosto de 1943 eran españoles 31.000 de los 37.000 hombres encuadrados en estas unidades.

Alejandro Lafuente dijo...

En línea con el comentario de Sergio Gámiz, me permito aclarar algo en ese aspecto:
Francisco Franco fue un militar africanista que ascendió rápidamente gracias a sus méritos de guerra en Marruecos. Pétain fue un militar conservador que hubiese tenido una carrera profesional nada destacada sino hubiese sido por la Primera Guerra Mundial, para los franceses es “el vencedor de Verdun”. Cuando el teniente coronel Millán Astray funda la legión española, en 1920, a imitación de la francesa, Franco será su lugarteniente y jefe de la primera bandera. En 1921 asume, interinamente, el mando de la legión debido a que Millán Astray ha sido herido. El 18 de junio de 1923 se convierte en jefe de la legión. Franco y Pétain se conocen el 28 de julio de 1925, en Ceuta, con motivo del encuentro entre el dictador español Miguel Primo de Rivera y el general Pétain, jefe de las operaciones militares francesas contra Abd el-Krim. Franco participa en el diseño de la operación militar conjunta hispano francesa en Alhucemas. Pétain es el responsable máximo de las fuerzas francesas en la lucha contra los rebeldes rifeños.
Saludos.

Laura Román dijo...

Los campos de internamiento en Francia fueron campos de concentración establecidos por las autoridades francesas para encerrar a cerca de 550.000 españoles que huyeron de la represión franquista hacia Francia tras la Guerra Civil Española. La mayoría se construyeron a toda prisa cerca de la frontera, en forma de barracones o de zonas vigiladas bajo la intemperie, y no disponían de agua potable ni de las mínimas condiciones higiénicas. A los prisioneros apenas se les daba comida, y nunca se les ofreció agua potable ni ropa de abrigo o para refugiarse del viento. Muchos murieron de desnutrición, enfermedades diversas, durante torturas o asesinados.

Mari Carmen Gallego dijo...

En el curso del invierno 1938-1939, la emigración hacia Francia se intensifica de manera espectacular después de la derrota de los Republicanos en la batalla de Ebro y sobre el frente de Cataluña. A la caída de Barcelona el 26 de enero de 1939, centenas de millares de refugiados afluyen con destino a la frontera para escapar de las represalias de las falangistas. Asistimos entonces al fenómeno de Retirada, durante el cual cerca de 470.000 civiles y militares atraviesan los cuellos pirenaicos, particularmente por le Perthus, Cerbère y Bourg-Madame. Frente a tal aflujo de población con destino a los Pirineos, el gobierno francés empieza negociaciones con Franco con el fin de establecer una zona neutra entre Andorra y Port-Bou, pero el general se niega, considerando a los fugitivos como prisioneros de guerra.

Andrés Díaz dijo...

En el norte de África fue disuelto el 8º Regimiento de Trabajadores Extranjeros y sus compañías repartidas por el territorio. Las duras condiciones en las que tuvieron que desempeñar los trabajos forzados fueron agravadas por los malos tratos que recibieron de las autoridades pétainistas francesas.
Los españoles residentes en Francia también fueron empleados por las autoridades alemanas como mano de obra durante la ocupación. Entre 1942 y 1944, la Organización Todt reclutó a unos 26.000 (inicialmente de manera voluntaria y desde 1943 con carácter obligatorio) y otros 40.000 fueron deportados a Alemania.

Miguel Ángel Pastrana dijo...

Después del fracaso de establecer una zona neutra entre Andorra y Port-Bou, Francia abre su frontera durante la noche del 27 al 28 de enero 1939. Sin embargo, es una apertura parcial, ya que sólo los niños, las mujeres, los mayores y los heridos son autorizados a entrar en el territorio francés, mientras que los hombres capaces de integrar el ejército son rechazados.
Entre la Jonquera y le Perthus, millares de coches, de carretas y de caballos intentan abrirse un camino a través de una muchedumbre de exiliados extenuados por el esfuerzo, el frío y el hambre. En su éxodo, los refugiados transportan todo lo que pudieron salvar de sus hogares. Esta comitiva larga marcha silenciosamente sin ceder al pánico, a pesar de los bombardeos y los ametrallamientos de las aviaciones alemanas e italianas.

Jaime Soriano dijo...

El nuevo gobierno, presidido por Pétain, pidió a Hitler un armisticio. El III Reich aceptó y estableció en su respuesta las condiciones oficiales de la ocupación alemana de Francia, que resultó dividida en dos grandes zonas, la zona ocupada, bajo control alemán, y la llamada zona libre, bajo la autoridad de la Francia de Vichy.
Además de las dos zonas antes citadas, se distingue el departamento del Norte que queda unido al Gobierno Militar alemán en Bélgica, una llamada «zona reservada» al este (Alsacia y Lorena), la llamada «zona prohibida» a lo largo de las costas del Canal de la Mancha y del Atlántico y una pequeña zona de ocupación italiana.
El avance aliado tras el desembarco de Normandía permitió desde junio de 1944 restablecer la soberanía francesa sobre su territorio nacional y poner fin al régimen colaboracionista del mariscal Pétain.
Saludos.

Víctor Pérez dijo...

La suerte desfavorable para las armas republicanas supuso un grave problema para las autoridades francesas durante la Guerra Civil Española. Aunque la izquierda francesa veía el asunto de los refugiados españoles con simpatía, los conservadores se mostraban temerosos y contrarios a la entrada en el país de dichos refugiados. El Decreto Ley del 12 de noviembre de 1938 del gobierno francés presidido por Daladier, mencionaba a los "extranjeros indeseables" y proponía la expulsión de todos ellos. Con la caída de Cataluña en manos franquistas, hasta medio millón de personas se dirige a la frontera en busca de refugio. El primer "centro especial" para acoger a estos refugiados fue instalado por decreto el 21 de enero de 1939 en Rieucros (Lozère), cerca de Mende.

Gonzalo Morales dijo...

Los legionarios españoles fueron llevados a Argelia, el cuartel general estaba en Sidi-bel-Abes, los españoles fueron encuadrados en los regimientos 11º al 15º (se hizo así para dispersarlos y diluirlos entre los demás), la mayoría eran anarquistas miembros de la antigua división 26 "la libertaria y durrutiana" que fueron amenazados con la repatriación a España, y para evitarla se alistaron "voluntariamente"en la legión como última salida. Sin embargo la mayoría de los que se alistaron no lo hicieron en la legión sino en los RMVE (los Regimientos de Marcha de Voluntarios Extranjeros), estos firmaron por el tiempo que durara la guerra, eran unas tropas auxiliares, y fueron encuadrados en tres regimientos 21º, 22º y 23º, este ultimo formado únicamente por españoles. Aunque todos los regimientos tenían mando francés.

Kety Ayuso dijo...

La delegación francesa para el acuerdo del armisticio estaba presidida por el general Charles Huntziger e incluyó a un civil, el embajador Léon Noël, habiendo recibido del general Maxime Weygand, nuevo ministro de Defensa, las instrucciones formales de rechazar tres posibles exigencias alemanas que serían completamente inaceptables: la ocupación total del territorio metropolitano, la entrega de la flota de guerra, y la instalación de soldados alemanes en territorio colonial francés.
Saludos.
Kety Ayuso

Paco Soria dijo...

La Línea Maginot como conjunto de fortificaciones dotaba a Francia de las siguientes ventajas:
- Economizar tropas y compensar los huecos militares causados por la Primera Guerra Mundial.
- Frenar a tiempo un posible ataque desde Alemania y permitir la movilización del Ejército francés de zonas más alejadas.
- Proteger las cuencas industriales y las minas de las regiones de Alsacia y Lorena, que ya habían sido objeto de lucha entre Alemania y Francia en anteriores conflictos.
- Servir de base a un posible contraataque.
- Disuadir un ataque enemigo sorpresa y obligar a los alemanes a pasar por Bélgica, por Suiza o bien por el boquete de la región del Sarre. Sin embargo, hay que tener en cuenta que los alemanes ya pasaron por Bélgica como acceso a Francia durante la Primera Guerra Mundial. De este modo conseguirían como aliado al Reino Unido, por ser protector de Bélgica.
Un saludo.

Daniel Fernández dijo...

Profundizando un poco en la relación personal de Franco con Petain me permito aportar que:
El 8 de septiembre de 1925 el coronel Franco interviene con la vanguardia en el desembarco en la playa de la “Cebadilla”, en la bahía de Alhucemas. El 6 de febrero de 1926 Pétain firma, en Madrid, el tratado militar hispano francés contra los rebeldes rifeños; en tales luchas se emplearon armas químicas contra los rifeños. Alfonso XIII concede, ese mismo año, en el Alcázar de Toledo, la Gran Cruz del Mérito Militar a Pétain. Franco está presente tanto en la firma del tratado como en la concesión de la condecoración. En 1930, Franco es el jefe de la Academia Militar de Zaragoza y, en ese centro, el 26 de junio, André Maginot, Ministro de Guerra Francés, impone a Franco, a propuesta de Pétain, la insignia de Comendador de la Legión de Honor, por su acción en el desembarco de Alhucemas. Maginot manifiesta : “votre organisation est parfaite. Entre toutes les écoles militaires de l’Europe la vôtre est sans aucun doute la plus moderne". Maginot invita a Franco a que visite la escuela de Saint Cyr lo que hace el 30 de noviembre de 1930.
Un saludo.

David Balderas dijo...

Las condiciones del armisticio se hallan motivadas por las preocupaciones en esa época de Adolf Hitler: evidentemente se buscaba evitar de forma permanente que Francia sea una gran potencia militar y económica, pero a corto plazo se trataba de impedir que la flota francesa de guerra se uniese al Reino Unido, único país que queda por vencer, ya que un acuerdo de paz con el Reino Unido queda por ahora lejos de la realidad para el III Reich.

Martín Gallegos dijo...

Los primeros proyectos de la Línea Maginot vieron la luz poco después de acabar la Primera Guerra Mundial con la creación de Commission de Défense des Frontières (CDF) en 1922. Esta comisión, con el Mariscal Petain a la cabeza, estableció los primeros esbozos. Este organismo se disolvió en 1927 y fue suplido por la Commission d'organisation des régions fortifiées (CORF). Esta última será el verdadero artífice de la construcción de la Línea Maginot. Los trabajos empezaron en 1928, no en la frontera alemana, sino en la italiana, pues el fascismo italiano provocaba más inquietud que la República de Weimar alemana (Hitler aún no había alcanzado el poder). Se abrieron numerosas canteras a lo largo de 1929 en los Alpes y también en el Noreste francés.

Manuel Manrique dijo...

Los primeros combates en los que participan españoles se producen en Noruega, allí combaten españoles encuadrados en los Regimientos de Marcha, aunque los que más destacaron fueron los españoles de la legión extranjera. Los aliados habían desplazado dos divisiones. Entre las unidades de la 1ª división ligera francesa (3.600) había 500 o 600 españoles encuadrados en la 13ª demibrigade de la legión, la 13ª DBLE. En el 11º batallón de marcha de ultramar también había unos 600 españoles. Destaco la 13ª DBLE, constituida en marzo de 1940 y formada por un regimiento con dos batallones y una sección motorizada.

Rafael Cruz dijo...

El 5 de febrero de 1939, Daladier permite el paso de la masa de refugiados por la frontera que hasta entonces permanecía oficialmente cerrada, separándose a los hombres (identificados como combatientes) de las mujeres. Muy poco después, estos "estacionamientos temporales" se convirtieron en "reclusión administrativa" y en pocos meses se creaban diversos campos de internamiento. El 25 de febrero, con el fin de obtener la neutralidad española, se firmó el Acuerdo Bérard-Jordana por el que Francia reconocía al gobierno franquista e intercambiaba embajadores. En ese momento, el número de refugiados españoles en Francia se estima en 440.000, que suponían un gasto diario para las arcas francesas de 750.000 francos.

Mónica Guerrero dijo...

Los españoles encabezaron el ataque a Narvik el 12 de mayo, conquistando la cota 220. Fueron tres republicanos (dos murieron) los que silenciaron la ultima ametralladora.
Sin embargo la invasión de Francia acabo con la operación. Tras la rendición del ejército francés el 11º regimiento de marcha de ultramar fue disuelto y sus miembros pasaron a la Compañía de Trabajadores Extranjeros. Los legionarios fueron enviados a Brest (Inglaterra), donde se reunieron unos 1.600 españoles, allí recibieron a De Gaulle, que les ofreció unirse a la Francia libre, pero pocos lo hicieron, la mayoría regreso al cuartel de la legión en Argelia, y un numero muy pequeño se enrolo en el ejercito británico.

Carlos Jesús Navarro dijo...

El 10 de mayo de 1940 los alemanes entran en Bélgica. Al poco tiempo cae la línea Maginot. Allí muchos españoles se encuentran trabajando en las Compañía de Trabajadores Extranjeros. Los españoles lucharon en la línea Maginot, en muchos casos cubriendo la retirada de los franceses, por ello hubo muchas bajas entre los españoles y al final la mayoría de ellos fueron hechos prisioneros por los alemanes.
En la defensa de la Línea Maginot destaco en 11º Regimiento Extranjero de infantería perteneciente a 2º ejército francés de Lorena, y formado por una amplia mayoría de españoles. Combatió durante tres semanas en el bosque de Inor rompiendo en cerco alemán en Saint Germain-sur-Meuse. También el 22º RMVE con muchos españoles en sus filas, y sufrió numerosas bajas.

Victor Vacas dijo...

Unos 20.000 españoles estaban en el norte de Francia y Bélgica en el momento de la invasión alemana, de ellos unos 8.000 pertenecientes a las Compañía de Trabajadores Extranjeros llegan a Dunkerque. Sin embargo el embarque se hace por compañías, y como los españoles no pertenecían a ninguna unidad militar no se les permite embarcar, entonces, ante esta realidad, por su cuenta construyen improvisadas balsas e intentan llegar a Inglaterra, de los 8.000 que lo intentaron solo consiguen 2.000. De estos 2.000 la mayoría fueron devueltos a Francia, otros encarcelados y unos pocos españoles más formaron parte del ejercito británico y mas tarde lucharían en Creta con el ejército británico.

Agustín Merlo dijo...

Una vez firmado el armisticio entre Alemania y Francia, la mayoría de los españoles de las Compañías de Trabajadores Extranjeros y de los RMVE fueron desmilitarizados; los que permanecieron en la Francia de Vichy volvieron a los campos de concentración franceses y los que quedaron en zona alemana fueron capturados por los alemanes y los usaron en la organización Todt o los mandaron a los campos de concentración alemanes. Una minoría consiguió huir a las montañas o esconderse y formar unidades de resistencia.

Juan Carlos Serrano dijo...

En África había gran cantidad de trabajadores españoles de las antiguas CTE, ahora organizadas en las GTE, simplemente fue un cambio de nombre pues seguían funcionando igual. Pero también hubo combatientes españoles, y además en ambos bandos. Los centenares de españoles (300) de la 13ª DBLE que después de Narvik, se alistaron en las fuerzas de De Gaulle, y partieron el 30 de agosto de 1940 de Liverpool hacia Dakar junto con un millar de franceses libres, pero fueron rechazados por los vichistas (partidarios del gobierno francés de Vichy), pero se acabaron haciendo con el control de Camerún, Chad, y el Congo Frances. Allí empezó a destacar el general Leclerc que tendría a algo menos de mil españoles entre sus filas.

Francisco Nuñez dijo...

Había también españoles en las fuerzas de Vichy. Eran los legionarios que en abril de 1940 llegaron a Beirut y se integraron en el 61º regimiento de la legión extrajera, estos fueron llevados a Baalbeck donde se reunieron con más españoles, incluyendo los que llegaron de la 13ª DBLE y no aceptaron el llamamiento de De Gaulle. Estos grupos de españoles que fueron repartidos por distintos regimientos lucharon en Palestina, Siria y seguramente se dieron casos de españoles enfrentados a otros españoles.
Después de los combates de África y Oriente Próximo, la mayoría de los españoles se unió a la división Leclerc.

David González dijo...

Los españoles de la columna Leclerc, de la Agrupación M y de la Fuerza L, que así se llamó sucesivamente lo que más tarde sería la II División Blindada, procedían de tres lugares concretos: de las filas de la XIII Semibrigada de la Legión Extranjera francesa, de los Corps Francs (comandos del Ejército francés) y de los campos de castigo de África del Norte, muy particularmente de los del desierto argelino. En la XIII Semibrigada, los españoles (casi el 50 por 100 de sus efectivos, que rondaban los dos mil hombres) desempeñaron un brillantísimo papel en la campaña de Noruega (abril-junio de 1940), en especial desatascando la ofensiva aliada, destinada a cortar la ruta del mineral de hierro sueco (vía férrea cuyo término era el puerto noruego de Narvik, con la ocupación de la cota 220 por parte de un grupo de legionarios españoles mandados por el gallego Gayoso.

Manolo Miranda dijo...

El 28 de febrero de 1939 Francia y Gran Bretaña reconocen al gobierno de Franco. El 2 de marzo de 1939 Pétain es nombrado primer embajador de Francia en la España de Franco. El 20 de marzo presenta sus credenciales en Burgos, capital en ese momento de la España nacional. La guerra concluye el 1 de abril de 1939. Madrid pasa a ser la capital de la España nacionalista. El nombramiento de Pétain como embajador va a ser muy polémico en Francia. La derecha francesa la va a saludar y va a resaltar las relaciones personales existentes entre ambos, nacidas durante la década de 1920 en Marruecos. Sólo el coronel De Gaulle va a manifestar: ¡Un mariscal de Francia aceptar ese puesto! ¡El mariscal está atacado de demencia senil! La izquierda critica el nombramiento. León Blum señala en “Le Populaire” que: “Al más noble, al más humano de nuestros jefes militares no le corresponde estar con Franco”.

José Antonio Cano dijo...

Hitler no deseaba irritar ni al aliado italiano ni al potencial aliado español. Hitler tuvo un encuentro con Benito Mussolini el 18 de junio en Múnich para convencerle de que aceptase las instrucciones de Weygand, que había previsto. El Duce quería ocupar Francia hasta el río Ródano, apoderarse de la flota de guerra francesa y anexionar a Italia las zonas de Niza, Córcega y los dos departamentos franceses que conforman la Saboya histórica (Alta Saboya y Saboya), pero el Führer se negó a tomar decisiones que empujasen a los franceses a oponer una resistencia a ultranza contra el Eje, previendo que los franceses se lanzarían a combatir desesperadamente si Mussolini intentaba ejecutar sus proyectos expansionistas.

Isidro Pérez dijo...

Franco siempre creyó que el ejército era la “columna vertebral de la patria”. Como destaca el historiador Bartolomé Bennassar: “siempre tuvo más consideración por los políticos extranjeros que procedían del ejército (Pétain, Eisenhower, Nasser, de Gaulle...).”. Franco se muestra complacido con la designación de Pétain, pero no olvida la posición de Francia durante la Guerra Civil. Serrano Suñer, el cuñadísimo, señala: “Fue únicamente él, el que supo conquistar nuestra simpatía”. Franco pide a Pétain que se encargue de la repatriación a España, del oro del Banco de España que el gobierno de la república había depositado en Francia, así como de las pinturas del Museo del Prado que la República había enviado a Francia. El 24 de junio de1939 el Consejo de Ministros francés, a propuesta de Paul Reynaud, ministro de Finanzas, acuerda la devolución del oro. Pétain va a conseguir éxitos en su actividad como embajador y ello le va a dar de si mismo una visión de negociador eficaz.

José Manuel Saenz dijo...

Las fortalezas de la Línea Maginot fueron propuestas inicialmente por el Mariscal Joffre. Se le opusieron modernistas, tales como Paul Reynaud y Charles de Gaulle, que propusieron que se favoreciera la inversión en armamento y aeronaves. Joffre tenía apoyo de Henri Philippe Pétain, y había un gran número de informes y de comisiones organizadas por el gobierno. Fue André Maginot quien finalmente convenció al gobierno que invirtiera en el proyecto. Maginot era otro veterano de la Primera Guerra Mundial, que se convirtió en el ministro francés de los asuntos del veterano, y después en ministro de guerra (1928-1931).

Antonio Morcillo dijo...

Un conjunto de consideraciones complejas es lo que determinará las condiciones del acuerdo de Armisticio, un texto breve de veinticuatro artículos, que contiene, entre otras, las siguientes cláusulas:
- Los prisioneros de guerra franceses (más de millón y medio de hombres) siguen en cautividad hasta la firma de un acuerdo de paz.
- El sector norte de Francia, así como toda su costa atlántica, quedan bajo la ocupación militar alemana, constituyendo la llamada zona ocupada, que abarca aproximadamente el 60% del territorio. El resto constituye la llamada zona libre, es decir, la no ocupada por la Wehrmacht y situada bajo autoridad únicamente francesa, zona ubicada principalmente al sur del río Loira. Ambas zonas se hallaban separadas por la llamada línea de demarcación.
- Francia debe proveer el mantenimiento del ejército alemán de ocupación, sufragando sus gastos. El importe de dicho mantenimiento es fijado de forma casi discrecional por los alemanes, siendo, como media, de unos 400 millones de francos al día.
- En la zona libre, el ejército francés queda limitado a 10.000 hombres y dichas tropas quedan privadas de todo armamento pesado, así como de aviación de guerra.
- La soberanía francesa se ejerce sobre el conjunto del territorio, incluida la zona ocupada, Alsacia y Mosela, pero en la zona ocupada se estipula que Alemania ejerce los derechos de la potencia ocupante, lo que implica que la Administración francesa colabora con ella de una manera correcta.
- El imperio colonial francés queda igualmente bajo la autoridad exclusiva del Gobierno francés.
- Los buques de guerra franceses deben acudir a sus puertos de amarre de períodos de paz, aunque alguno de ellos, como el de Brest, se hallase en zona ocupada.
- Francia debe entregar a los refugiados políticos alemanes o austriacos refugiados en su territorio huyendo del nazismo.

Roberto Pradas dijo...

La elección de Hitler de permitir a la vencida Francia la conservación de su imperio puede parecer a día de hoy sorprendente. Hitler, en una carta a Mussolini, justifica la decisión (así como la de mantener una zona no ocupada), por el temor de no empujar a Francia y a su aún potente flota naval a la continuación de la guerra desde sus colonias (lo que además ciertamente fue propuesto por varios políticos franceses) o que se entregasen a los británicos. La Kriegsmarine alemana no estaba en condiciones para la conquista del vasto imperio colonial francés de ultramar, y el envío de tropas de la Wehrmacht a territorios ultramarinos alejados no entraba en los cálculos de Hitler. De hecho, con la excepción del África Ecuatorial Francesa y de Nueva Caledonia, las colonias francesas no se unirán ni a Charles de Gaulle ni a los Aliados en los meses siguientes al armisticio.

David Lozano dijo...

La Línea Maginot fue construida en varias fases a partir de 1930 por el STG (Service Technique du Génie) y supervisadas por CORF (Commission d'organisation des régions fortifiées). La obra principal fue terminada en gran parte antes de 1939, con un costo de alrededor de 3 mil millones de francos franceses. La línea se alargó desde Suiza hasta Luxemburgo, aunque una extensión mucho más simple fue ampliada hasta el Canal después de 1934. La línea original de construcción no cubrió el área elegida por los alemanes para su primer ataque, que fue a través de las Ardenas en 1940, un plan conocido como el Fall Gelb. La ubicación de este ataque, probablemente debido a la línea de Maginot, fue a través de las montañas belgas de las Ardenas.

Alejandro López dijo...

En mayo de 1940 Pétain abandona España llamado por Paul Reynaud. Diversos autores afirman que Franco desaconseja a Pétain que vaya a Francia, señalándole que va a sacrificarse por los que han perdido la guerra y que a los que la han perdido les corresponde asumir la derrota. “Ne donnez pas votre nom à ce que d’autres ont perdu ». Para franco corresponde a los que han perdido la guerra asumir la derrota. Algunos británicos piensan que pueden obtener unas condiciones de paz más ventajosas si negocian con Alemania antes de la derrota definitiva de Francia. Mussolini podría ser el intermediario y recibiría a cambio de su intervención Malta y Gibraltar. Mussolini podría negociar, más tarde, con Franco, el futuro de Gibraltar. Pétain, al formar su gobierno, el de junio de 1940, contacta con la embajada de España para que Franco intervenga ante Hitler. Como Franco, Pétain se convierte, en la práctica, en un dictador. Los españoles no querían que la guerra llegase hasta su frontera y Franco propuso a Hitler su mediación con Pétain. El 19 de junio 1940 Badouin envía al embajador de España la lista de los plenipotenciarios franceses que van a negociar el armisticio.

Mariano Ortega dijo...

Ante la cota 220, defendida por varias máquinas automáticas alemanas, situada más allá del Círculo Ártico y apenas a 300 kilómetros del Polo Norte, ya se habían estrellado los ataques de tropas francesas (cazadores alpinos), británicas, polacas e incluso nativas, de la VI División de Alta Montaña noruega. De ahí les vino el apodo de noruegos a nuestros esforzados compatriotas que por aquellas tierras, cuya temperatura normal en la primavera de 1940 era de 30 grados bajo cero, constituirían, para asombro del mando interaliado, el grupo nacional que menos bajas tuvo por congelación. Este fue uno de los varios “do de pecho” que los españoles dieron en Noruega.

Jose Mª Peinado dijo...

Los destacamentos españoles al llegar la noche ártica dejaban contados centinelas en las posiciones recién conquistadas, con turnos de guardia más cortos que los reglamentarios: una hora, y los demás se replegaban a echar un sueño bajo techado. ¿Y si los alemanes contraatacaban de noche y recuperaban las posiciones?, preguntó a Serapio Iniesta, uno de los veteranos de la XIII Semibrigada. “Entonces los centinelas se replegaban a su vez y avisaban a sus compañeros. Y antes de que amaneciese ya los habíamos desalojado de nuevo a bayonetazos. Así de sencillo”, respondía Iniesta.

José Galera dijo...

Churchill, enfrentado al riesgo insoportable de ver a la flota francesa fondear en sus puertos de matrícula ahora ocupados por el enemigo, según las cláusulas del armisticio, envía el 3 de julio de 1940 una flota británica para que plantee a la flota francesa que se encuentra fondeada en la base de Mazalquivir que se una a la Armada Real Británica o que se dirija a las Antillas francesas. El almirante francés al mando rechaza el ultimátum, sin informar al Gobierno de Vichy de todas las posibilidades planteadas en el mismo, especialmente la relativa a dirigirse a las Antillas para quedar a resguardo de los alemanes. Como consecuencia de esta negativa tiene lugar un combate naval, la Batalla de Mers el-Kebir, en el transcurso de la cual son hundidos los principales buques franceses que se encuentran en la base.

José Antonio García dijo...

En su historia de la Legión Extranjera francesa, Georges Blond confirma el excelente comportamiento de los españoles: “La irrupción de un fuerte contingente de ibéricos exiliados políticos no tenía precedentes en las filas legionarias. Disciplinados, resistentes, atacando el duro entrenamiento por los desiertos argelinos, los españoles, codo a codo, dando pruebas de una solidaridad excepcional, tuvieron que hacer comprender a ciertos oficiales franceses, demasiado apegados al reglamento “ancien régime”, que el tiempo de las bromas pesadas y de las burlas gratuitas (llamar, por ejemplo, ejército de las alpargatas a las unidades republicanas españolas) había pasado. Abundaban también los oficiales que desconfiaban de ellos, llamándoles comunistas, y proclamando que había sido un error el llevarlos con el cuerpo expedicionario francés a tierras noruegas. Sin embargo, los hechos probarían que esos rojos, o ex rojos españoles, sabían batirse como leones.”

Nazaret Ojeda dijo...

Ante la invasión alemana de Bélgica y Holanda (10 de mayo de 1940) y la amenaza que pesaba sobre el territorio francés, el alto mando francés (al que los humoristas, y no se equivocaron, llamaron el submarino sin periscopio) decidió repatriar el cuerpo expedicionario francés de Noruega. La evacuación tuvo lugar en los primeros días de junio. Nada más pisar Inglaterra se enteraron de la entrada en París de las tropas alemanas (14 de junio) y la XIII Semibrigada fue enviada a Francia rápidamente al llamado reducto bretón, que no pasó de ser otra cruel ensoñación del mando francés. Llegaron justo a tiempo para observar la entrada en la península de Bretaña de las columnas motorizadas alemanas y verse obligados a regresar a Inglaterra a marchas forzadas.

José Luis Camarero dijo...

El almirante François Darlan, que inicialmente había rechazado enviar a Brest a las unidades allí fondeadas en tiempo de paz y había ordenado a la totalidad de la flota francesa replegarse a las bases navales en el norte de África, modificó sus órdenes a raíz del ataque británico y ordena a la flota que fondee en el puerto metropolitano de Tolón (que quedaba en la zona libre) a fines del año 1940. Por otro lado el Reino de Italia, a pesar de reivindicar los territorios del antiguo condado de Niza y la Saboya (que no había logrado conquistar en combate) debe contentarse con la ciudad mediterránea de Menton, la única población importante tomada por tropas italianas en su breve campaña contra Francia. El resto de territorios reivindicados no serán ocupados por el Regio Esercito italiano sino posteriormente, el 11 de noviembre de 1942, durante la invasión de la zona antes no ocupada.

Eduardo Nuñez dijo...

Cuando De Gaulle confió a Leclerc la problemática reconquista para la Francia Libre recién constituida en el exilio, de varias colonias africanas, el comandante de Caballería de Hauteclocque, nombre verdadero de Leclerc, tuvo que echar mano de los restos de la Infantería de Marina, de los cazadores alpinos y de la Legión Extranjera, concentrados en Trentham Park, a los que se unirían luego varios destacamentos de tiradores centroafricanos, unos 3.000 hombres en total, de los que la sexta parte eran españoles. Era la primera operación montada por el general De Gaulle para restablecer la soberanía y la autoridad de Francia en los territorios africanos de Camerún, Chad, Gabón y Níger, y organizar unas fuerzas armadas capaces de ocupar y gobernar dichas colonias.

José Rodríguez dijo...

Lo fantástico del caso es que, contra las previsiones de políticos y altos militares, doctos en la materia, Leclerc logró lo previsto y mucho más, y nunca olvidó que, desde el primer momento (octubre de 1940) y hasta la conquista del Nido de Águila de Hitler, en Berchtesgaden (mayo de 1945), siempre pudo contar con sus españoles... El ex comandante de los servicios Z del Ejército republicano, el leonés-asturiano Julián Villapadierna, contó un día en el exilio francés cómo estando destacado (durante la campaña de Francia, 1939-40) en el polígono de tiro del Ejército francés en Vierzon tuvo que organizar el adiestramiento de un nutrido grupo de alistados voluntarios en los Corps Francs, entre los que se encontraban una docena de compatriotas nuestros.

Bernabé Muñoz dijo...

El general Charles de Gaulle reprochó al mariscal Philippe Pétain y, sobre todo, al general Maxime Weygand los principios mismos del armisticio porque prácticamente entregaba Francia atada de pies y manos al Tercer Reich. En su Llamamiento del 18 de junio de 1940, De Gaulle advertía a los franceses que «esta guerra no se limita al territorio de nuestro país, esta guerra es una guerra mundial», creyendo fundadamente que los Estados Unidos entrarán en la guerra y que unidos a los recursos de los imperios coloniales francés y británico lograrán el aplastamiento de la Alemania nazi.
La posterior discusión generada en Francia se refería a la posibilidad real de que el gobierno francés pudiese escapar a sus territorios coloniales de la Argelia francesa o al Protectorado Francés de Marruecos y desde allí continuar la guerra contra Alemania. Otros consideraban que, al ser totalmente dominada la metrópoli, el imperio colonial francés debía seguir la suerte de aquélla y acatar al nuevo gobierno basado en Vichy. Ciertamente algunos jefes militares franceses acuartelados en las colonias postulaban aún que "el imperio puede salvar a Francia", pero prontamente cambiaron de actitud y aceptaron el Armisticio bajo la autoridad de Philippe Pétain.

Carlos Montes dijo...

La línea Maginot no evitó la derrota de Francia al comienzo de la Segunda Guerra Mundial en 1940. Por el contrario, las divisiones alemanas la rodearon y atacaron en la región de Sedán, en su extremidad occidental, de forma que los ejércitos aliados fueron cortados en dos. El error estratégico francés se basaba en la experiencia de la guerra de trincheras, que había forjado un paradigma bélico de grandes frentes de batalla estáticos. La introducción de nuevos elementos en el escenario, como las unidades acorazadas o la aviación de guerra, así como el uso de nuevas tácticas, hicieron que la línea Maginot pasase a la historia como uno de los fracasos estratégicos más costosos e inútiles.

Pilar Hernández dijo...

A partir del 30 de enero de 1939, el desorden cerca de la frontera francesa con España se reabsorbe, gracias a las medidas de regulación tomadas por las autoridades republicanas españolas. Aunque la organización del éxodo se mejora, todos los refugiados no pueden resistir a la dureza del periplo. Sufriendo de desnutrición, muchas personas mueren de frío y de cansancio, particularmente las mujeres y los niños. Sobre el plan militar, el ejército republicano se encuentra en la confusión más total. El 5 de febrero de 1939, el éxodo se intensifica cuando 100.000 soldados se retiran ocupándose de proteger a la población civil. El día siguiente, la casi totalidad de Cataluña es controlada por las tropas franquistas: para los Republicanos, la guerra parece definitivamente perdida. Frente a la gravedad de la situación, Francia autoriza la entrada de los militares vencidos sobre su territorio, lo que representa la llegada de cerca de 250.000 hombres.

Teresa Linde dijo...

El Gobierno francés, por negligencia, no preparó el exilio de los republicanos españoles. La frontera permaneció cerrada al ejército republicano perseguido por los franquistas. Bajo la presión de la opinión pública internacional, Daladier da la orden de paso el 5 de febrero de 1939. Alrededor de quinientas mil personas cruzaron la frontera: se internan doscientos setenta y cinco mil en campos improvisados, arreglados por los propios presos. El primero de estos campos es Argelès. Sobre la playa misma, se sitúa a los republicanos. El campo se rodea con espinos artificiales. Son guardados por tropas coloniales, marroquíes y senegalesas, y por guardias móviles. Sigue el establecimiento de otros dos campos en las proximidades: Saint- Cyprien y Barcarès. No hay campamento de barracas, de letrinas, de cocina, de enfermería ni incluso de electricidad. Por todas partes la disentería prevalece. Los enfermos y los heridos entorpecen muy rápidamente los hospitales del Mediodía francés.

José Ángel Sierra dijo...

Debido a la progresión irremediable de los partidarios de Franco, el gobierno republicano debió exiliarse. Así, el Presidente de la República Manuel Azaña, el jefe del Gobierno Juan Negrin y el Presidente del Parlamento Martínez Barrio se reúnen en Francia y organizan la transferencia del dinero y de obras artísticas españolas. En algunos días, 1. 480. 000. 000 de francos de oro del Banco de España son depositados en el Banco de Francia. El exilio político también concierne a los dirigentes de los gobiernos autónomos regionalistas, el Presidente de la Generalidad de Cataluña Lluis Companys y el Presidente del gobierno vasco José Antonio Aguirre prosiguen la lucha en Francia.

Ricardo Ureña dijo...

Los Corps Francs eran comandos de guerrilleros llamados a operar en la retaguardia enemiga, por lo regular en plan de acciones de sabotaje o de guerrilla. Villapadierna, por su condición de luchador revolucionario en Asturias, pues era maestro nacional en Cangas de Onís, y en virtud de los cursillos de especialización para los servicios Z seguidos en España durante la guerra, era un especialista consumado en la materia. En los años 1942-44 se tuvo la ocasión de comprobarlo en el triángulo guerrillero Aude-Ariege-Pirineos orientales.

Sebastián Huertas dijo...

En Argelès y Saint - Cyprien, se congregaron a ciento ochenta mil hombres y mujeres. Al campo de Barcarès llegan miles de almas. Estos campos se multiplican, los de Bram y Gurs, uno de los últimos arreglados dónde "residieron", como lo indica una placa puesta a la entrada, "23.000 combatientes españoles, 7.000 voluntarios de las Brigadas internacionales, 120 patriotas y resistentes franceses, 12.860 judíos inmigrados internados en mayo-junio del 1940, 6.500 judíos alemanes del país de Baden, 12.000 judíos detenidos sobre el suelo de Francia por Vichy". Estos primeros campos para los republicanos españoles van en efecto a servir para el Gobierno de Vichy, en el se encerrarán a los resistentes, a los judíos, a los gitanos...: en particular, Rivesaltes, Gurs.

Pepe Olivares dijo...

Cada día, los "gendarmes" invitaban a los presos españoles a darse la vuelta a su país o a comprometerse en la Legión extranjera. Los más afortunados, ya que se padece hambre en los campos, sirven de mano de obra a los campesinos de la región. Vienen a continuación las compañías de trabajo obligatorio, después de junio 1940, Vichy los cede a los alemanes que necesitan trabajadores. Se desplaza una parte en Alemania, hacia campos de otra naturaleza, hacia el holocausto: Dachau, Buchenwald y Mauthausen, dónde seis mil de setecientos españoles fallecieron. A la declaración de la guerra, numerosos españoles, que tienen aún el gusto amargo de la derrota en España, se comprometen en los Regimientos de Marcha de los Voluntarios Extranjeros o la Legión extranjera.

Antonio Martos dijo...

La línea Maginot podría haber cumplido con eficacia alguno de sus objetivos, especialmente reducir el número de tropas para guarecer la frontera, de haber prolongado su construcción hasta la zona boscosa de las Ardenas, desde donde conectarse con el sistema de fortificaciones belga, en particular el Fuerte Eben-Emael, que en cualquier caso fue rápidamente conquistado por fuerzas aerotransportadas alemanas durante la batalla de Francia. Sin embargo, las Ardenas eran consideradas como de fácil defensa debido a lo accidentado del terreno: una zona de bosques atravesada, además, por el río Mosa. Y finalmente no fue reforzada, lo que propiciaría la penetración alemana en la ofensiva de 1940.

Pablo Guzmán dijo...

Al firmarse el armisticio, tras la humillante derrota de los ejércitos aliados, en Francia, en junio de 1940, los restos de estos Corps Francs fueron evacuados a las colonias francesas del norte de África. Al desembarcar los aliados allí, en noviembre de 1942, los Corps Francs fueron reorganizados y reincorporados al dispositivo militar de la Francia Libre. Aunque en sus comandos quedaron algunos españoles, como el capitán Miguel Buiza, ex almirante de la flota republicana española, lo cierto es que la inmensa mayoría de los españoles de los Corps Francs, seducidos por sus compatriotas de la Columna Leclerc, desertaron y se alistaron en las filas de la II División Blindada, en vías ya de organización. A tal decisión los españoles, muy chuscamente, la llamarían traslado voluntario. Algunos españoles de la Legión Extranjera, de la base principal argelina de Siddi-Bel-Abbés, también decidieron trasladarse a la unidad de Leclerc.

Nicolas Salmerón dijo...

El 23 de octubre de 1940 Franco se entrevista con Hitler en Hendaya, en presencia de su ministro de asuntos exteriores Ramón Serrano Suñer, y de acuerdo con el plan elaborado por Serrano Suñer, presenta a Hitler una serie de reivindicaciones para extender el Imperio Colonial Español en el Norte de África a costa de Francia. Hitler va a afirmar que aunque ha vencido a Francia, cuenta con ella a la hora de diseñar el Nuevo Orden Europeo y que no va comprometerse a nada hasta entrevistarse con Pétain. Franco afirma que Pétain es un amigo y que no desea hacer nada que pueda perjudicar políticamente a Pétain. Darlan autoriza, en julio de 1941, organizar una legión para luchar contra los soviéticos a imitación de la España de Franco.

Álvaro Campos dijo...

La seducción la ejercieron comandos volantes motorizados de veteranos de la campaña de África (octubre de 1940-mayo de 1943); entre ellos descolló el canario Campos, que llegó a obtener un jeep, tres camiones, vales militares para gasolina, comida y salvoconductos, del mando norteamericano en Argelia, con la promesa de reclutarle unos miles de españoles para formar con ellos una división de choque y ponerla al servicio de los aliados. Aquello pudo acabar muy mal, dijo Federico Moreno, porque al comprobar que los reclutados eran conducidos hacia Marruecos, donde se estaba organizando y pertrechando la II División Blindada, los norteamericanos hicieron varias reclamaciones al alto mando francés. Pero, al saber que se trataba de soldados de un jefe tan excéntrico como Leclerc, la cosa quedó en agua de borrajas. Aquello de tal para cual caía aquí como anillo al dedo. Uno de los más valiosos seducidos, procedente de los Corps Francs, sería el comandante Putz, un austriaco de las Brigadas Internacionales que moriría en combate, en otoño de 1944, en la marcha de la División Leclerc hacia Estrasburgo.

Rafael Chacón dijo...

Los principales campos de internamiento en Francia fueron:
Campo de Gurs
El campo de internamiento más importante fue el de Gurs, construido junto a la ciudad del mismo nombre, en la región de Aquitania del departamento de los Pirineos Atlánticos, 84 kilómetros al este de la costa atlántica y 34 kilómetros al norte de la frontera española.
Campo de Argelès-sur-Mer
El Campo de Argelès-sur-Mer albergó a unos 100.000 refugiados. Estaba ubicado en una playa de la pequeña localidad de Argelès-sur-Mer, en el departamento de Pirineos Orientales, a 35 km de la frontera de Portbou.
Campos de Saint-Cyprien y Barcarès
Ante la avalancha de refugiados en el Campo de Argelès, se construyeron dos muy próximos: los de Saint-Cyprien y Le Barcarès, también en el departamento de Pirineos Orientales.
Campo de Septfonds
En la localidad de Septfonds, en el departamento de Tarn y Garona (Mediodía-Pirineos) se instaló un campo de internamiento, en cuyo cementerio reposan los restos de 81 españoles fallecidos allí.
Campo de Rivesaltes
El Campo de Rivesaltes fue instalado en terrenos de Rivesaltes y Salses-le-Château como centro de instrucción militar, y albergó desde 1939 a unos 15.000 españoles.
Campo de Vernet d'Ariège
Entre las comunas de Le Vernet y Saverdun se ubicó el Campo de internamiento de Vernet d'Ariège, donde estuvieron recluidos 15.000 refugiados y combatientes españoles. También fue utilizado por los nazis como antecampo para los judíos destinados a campos de exterminio.
Saludos para todos.

Arturo Moraleda dijo...

Otra importante consecuencia del armisticio franco alemán fue la reducción de la mano de obra disponible para la economía francesa, en virtud del cual cerca de un millón de soldados franceses apresados (en su gran mayoría soldados conscriptos o en edad del servicio militar), fueron mantenidos en cautiverio en Alemania hasta 1945, dedicados a trabajos forzados en la industria o en la agricultura.

Emilio Alarcón dijo...

El gobierno de Vichy no tenía ninguna simpatía por los refugiados españoles y había facilitado el trabajo de los representantes del gobierno de Franco, en Francia, en relación a los exiliados, pero no deseaba entregarlos al gobierno de Franco. Son los alemanes los que van a enviar a España a algunos destacados dirigentes del bando republicano. La Gestapo detiene y envía, el 29 de agosto de 1940, a España al que fuera presidente de la Generalidad de Cataluña Luís Companys que fue fusilado en el Castillo de Montjuic, en Barcelona, el 15 de octubre de 1940. Junto a Companys la Gestapo entrega al que fuera ministro socialista, Julian Zugazagoitia que fue fusilado junto al cementerio Este de Madrid. La Gestapo también entrega al cuñado del expresidente de la República Don Manuel Azaña, Cipriano Rivas Cherif que pasa seis años en el penal de El Dueso.

Luis Villen dijo...

Otros recién acuñados leclercistas fueron los españoles liberados de los campos de castigo del desierto argelino, los auténticos campos de la muerte, a los que faltó tiempo para empuñar de nuevo las armas contra el nazifascismo europeo allí donde estuviese: Por eso, a estos y aquellos españoles les llamaron noruegos y africanos. Los Corps Francs, en los que combatían juntos franceses y españoles, se integrarían en la I División Blindada, mandada por el general De Lattre de Tassigny, que fue el embrión del cuerpo expedicionario francés de Italia, en el que luchaban los hombres de la XIII Semibrigada de la Legión Extranjera francesa, la de los noruegos, cuyos supervivientes procedían del África Ecuatorial francesa, donde dejaron a Leclerc tras haber conquistado Chad y parte de Camerún.

Pilar Rodríguez dijo...

El exilio de los republicanos se extendió a través del mundo, particularmente sobre el continente americano (los Estados Unidos, América Latina), África del Norte (Magreb) y Europa (El Reino Unido y la URSS para los militantes comunistas). Sin embargo, el principal destino de los refugiados fue Francia, ya que cerca de 500.000 españoles fueron acogidos en condiciones deplorables. Si algunos se quedaron poco tiempo, otros se instalaron duraderamente y lucharon contra el ocupante nazi, integrando los movimientos franceses de resistencia o los movimientos españoles autónomos de resistencia. A través de su implicación contra el fascismo, un gran número de republicanos sacrificó su vida en nombre de un ideal libertario, víctimas de la represión alemana apoyada por el Estado francés colaborador.

Javier Vico dijo...

Luego los españoles se incorporaron al cuerpo expedicionario británico en su colonia africana de Sierra Leona. De allí, dando un rodeo por el Cabo de Buena Esperanza, desembarcaron en Sudán, otra colonia británica del este de África, desde donde participaron en la reconquista de Eritrea, antes de subir a recuperar para la Francia Libre, Siria y Líbano, en el Cercano Oriente. Esto sucedía en junio de 1941. Después se reconstruyó otra vez la XIII Semibrigada, en Alejandría (Egipto), que luego fue encuadrada en el dispositivo del VIII Ejército británico, mandado por el general Montgomery, con el que combatirían hasta expulsar de África del Norte a los ejércitos alemanes e italianos, en mayo de 1943. Esto, tras protagonizar la heroica resistencia de la posición Bir-Hakeim mayo de 1942 y el encuentro con los españoles de Leclerc, que llegan del corazón de África, en enero de 1943, en la capital de Libia, Trípoli.

Sara Herrera dijo...

El 1 de septiembre de 1939, cinco meses solamente después de la Guerra de España, Hitler invadió Polonia. Francia e Inglaterra declaran entonces la guerra a Alemania. El 12 de mayo de 1940 las panzer divisiones cruzan Francia, y en 6 semanas los alemanes desfilan victoriosos sobre los Campos Elysées en París. Decía André Malraux: "Poco importan nuestros apellidos…" Aquí nos llamábamos Francia. Y cuando estábamos en España, nos llamábamos el Èbre, del nombre de nuestra última batalla."

Francisco Castañeda dijo...

Hubo otros españoles, estos más politizados y de edad más madura, que desembarcaron clandestinamente en las costas de Andalucía oriental, en particular en las de Almería, para restablecer el contacto con los grupos de resistencia antifranquistas, armados o no, que actuaban en España. Algunos de esos militantes, desde libertarios a catalanistas, traen el encargo de los aliados de sondear a sus respectivas huestes sobre sus posibilidades de respaldar militar y políticamente un desembarco aliado en Andalucía o en Cataluña.

Juan José Piñero dijo...

El enfrentamiento entre los ingleses, con Churchill a su cabeza, que deseaban que el desembarco en las costas europeas del Mediterráneo se hiciese en los Balcanes, el bajo vientre de Europa, y los norteamericanos, que llegaron a pensar muy seriamente en hacerlo en tierras ibéricas, quizá fue una circunstancia determinante en la designación de Italia, primero Sicilia, como teatro de operaciones europeo contra las fuerzas del Eje, en espera de la apertura de lo que el otro grande, Stalin, consideraba como el verdadero segundo frente: el desembarco en Francia, primero (6 de junio de 1944) en las costas de Normandía y después (15 de agosto de 1944) en las de Provenza.

Ramón Rojas dijo...

En la historia de las sucesivas unidades mandadas por el general Leclerc, los españoles republicanos destacan siempre por sus rasgos más peculiares: valientes, pero difíciles de mandar, no de manejar, puntualizará el propio Leclerc; disciplinados, pero revoltosos; amantes de la juerga, incluso en los momentos más críticos, ejemplo de solidaridad de grupo, desprendidos, soñadores, y a ratos increíblemente temerarios... Pero esto fue así porque Leclerc era un jefe fuera de serie, un militar anarquista en el más pleno sentido de la palabra. Así lo calificó el reusense Bamba en amena y divertida conversación junto con varios compatriotas nuestros ex Leclerc en la sede de los veteranos de la II División Blindada, en París. Ahora bien, ¿y no configuraron los españoles, de alguna manera, el modo de actuar de Leclerc? ¿Acaso no fueron ellos, ya desde las primeras escaramuzas, en pleno desierto, en el sur de Libia, quienes secundaron casi siempre sus travesuras?

Francisco Caballero dijo...

Para convencerse de las características de los españoles de las unidades de Leclerc basta charlar con sus antiguos oficiales y jefes; es decir, los que convivían con ellos las veinticuatro horas del día. Uno, que conoció de cerca a todo tipo de militares franceses durante la campaña de Francia (1939-40), confiesa que los leclercistas parecían seres de otra galaxia. No ocurría así con la división de De Lattre de Tassingy en Italia, Francia o Alemania: aquello era un puro aburrimiento, contaba Millán Vicente, de la 13 SB; aquella unidad parecía una orden monacal...; con decirte que ni los legionarios, con la carrera que llevaban consiguieron “descongelarlos”, está dicho todo.
Saludos.

Carlos Minguez dijo...

La primera travesura fue conseguir que la bandera bicolor francesa ondease en los más apartados rincones de las posesiones galas en África y que Charles de Gaulle apareciese por todos lados como el jefe supremo de la Francia Libre, aunque para ello Leclerc tuviera que lidiar, en encrespadas batallas dialécticas, con obispos, como el de Douala, y con generales, como Giraud, durante un tiempo el jefe militar más mimado por los norteamericanos en un intento de desbancar a De Gaulle. La campaña de seducción del canario Campos y otros españoles también contribuyó lo suyo a que Giraud no dispusiese de los efectivos con los que contaba para organizar, a la sombra de los norteamericanos, su propio ejército.

Paco Fonta dijo...

En el asalto y desbordamiento de la línea Mareth observamos hasta qué punto Leclerc confía, por enésima vez, en sus hombres para poner en marcha una operación que siguió a los repetidos fracasos de ingleses y neozelandeses ante la citada línea. Al diseñar Leclerc la operación contra la línea Mareth, el general neozelandés Freyberg no sale de su asombro al oír decir al francés que va a salir de exploración solo, en un jeep, con su chófer, en plena noche, porque mis hombres deben descansar, le recalca.
Un saludo.

Vicente Gámez dijo...

Se minimizó la participación de los Republicanos Españoles en la II Guerra Mundial, se conoce poco y a menudo se deja de citar su participación en la II DB, la celebre división del General Leclerc, era la prueba evidente del compromiso de los Republicanos Españoles contra el fascismo hasta al final de la II Guerra Mundial, hasta al nido de águila de Hitler. Son los tanques del batallón "La Nueve" que llevan los nombres de: Guadalajara, Teruel y Guernica, conducidos por Españoles que serán los primeros en entrar en París liberada, a la cabeza de la Segunda División Blindada de Leclerc. Es el teniente Amado Granell, brazo derecho del capitán Dronne de la "nueve", que entra el primero en París. En París, la recepción es entusiasta, es la hora de gloria de los Republicanos Españoles. No saben aún que se abandonarán a su suerte y que los Aliados no les ayudarán a volver de nuevo a España.
Un saludo para todos.

Jaime Venegas dijo...

Franco se entrevista, en Montpellier, con Pétain, el 13 de febrero de 1941, de regreso de su entrevista con Mussolini en Bordighera. La prensa de la época está llena de manifestaciones altisonantes de carácter anticomunista y antidemocrático. Ambos políticos trataron sobre los refugiados republicanos españoles que estaban instalados en la “Francia libre”. Pétain no tenía ningún interés en conservarlos. Enviarlos a campos de trabajo en Alemania era para el una solución cómoda. Pétain admira el franquismo, pero no aprueba la forma en que Franco ha llegado al poder. Pétain simpatiza con la actuación de Mustafa Kemal, en Turquía, Horthy en Hungría o Franco, pero se siente más cerca del dictador portugués Oliveira Salazar.
Un saludo.

Pablo Villén dijo...

Como Salazar y como Franco, el general Pétain era un decidido anticomunista. Pétain no desea crear un partido único como ocurrió con Falange, en España. Salazar tampoco lo hizo. Pétain fue un hombre profundamente relacionado con los personajes claves de las recientes dictaduras españolas. Colaboró con Franco y con Miguel Primo de Rivera en Marruecos. Franco militar, conservador, autoritario y formado en la guerra colonial de Marruecos, ve la España tradicional, católica y rural como la verdadera España; mentalidad que está próxima a la de Pétain el cual está impregnado de los valores conservadores, católicos, rurales y militares de la Francia profunda. Ambos están próximos a la figura del dictador portugués Antonio de Oliveira Salazar. Sus ideologías, aunque distintas, responden a unos mismos principios, conservadores, católicos, anticomunistas, antiliberales y enraizados en las tradiciones del mudo rural de sus respectivos países. Su ideología esta extendida en amplios sectores de los ejércitos coloniales de esta época.
Un saludo.

Ricardo Arjona dijo...

Hay que destacar los diferentes intereses coloniales. España quería extender su imperio colonial, a costa del imperio colonial francés, lo que chocaba con los intereses de Pétain. La España de Franco y la Francia de Pétain colaboraron con las potencias del Eje, pero Pétain estará cada vez más vinculado a las potencias fascistas, mientras que Franco se va a distanciar, sin cambiar sus principios fundamentales. Su régimen se va a prolongar durante los treinta años que van a seguir a la Segunda Guerra Mundial.

Ernesto Pastor dijo...

Cuando, hace casi setenta y cinco años, la Segunda Guerra Mundial dio comienzo, se habían cumplido cinco meses del final de la contienda civil española. Por lo tanto, a pesar de contar con un ejército entrenado y relativamente bien armado, España no estaba en condiciones de embarcarse en un nuevo conflicto. La reconstrucción del país era la primera prioridad para el nuevo régimen político. Ahora bien, desde los primeros momentos y más aún una vez que, a lo largo de 1940, Alemania conquistaba, como si de un castillo de naipes se tratara, cada uno de los países europeos que invadía, no faltaban las voces que sugerían a Francisco Franco que se uniera a la “guerra relámpago” de Adolf Hitler.

Federico Bailón dijo...

El cuñado de Franco, el ministro de Asuntos Exteriores, Ramón Serrano Súñer, era quien mejor representaba a los germanófilos, entre quienes se contaban también numerosos líderes falangistas. Aunque los falangistas no ocultaban sus distancias respecto del racismo que impregnaba la ideología nazi, sentían gran fascinación por la recuperación económica que Alemania había experimentado desde que Hitler ascendió al poder y por el feroz anticomunismo que sus dirigentes despertaban. De todos modos, los falangistas y el resto del régimen experimentaban mayor afinidad ideológica con la Italia fascista de Benito Mussolini que con los nazis.

Ignacio Puertas dijo...

La entrevista de Hendaya en octubre de 1940 entre Hitler y el general Franco iba encaminada a resolver el papel de España en la Segunda Guerra Mundial. Entonces Hitler se encontraba en su mejor momento, con media Europa bajo su poder. Finalizada la Segunda Guerra Mundial, la historiografía franquista ha expuesto aquel encuentro, como una hábil maniobra de Franco, en la que éste exageró sus pretensiones ante Hitler, con el fin de que el führer se viera obligado a rechazar la participación de nuestro país en la contienda.

Daniel Ojeda dijo...

Ni para Franco ni para Hitler la entrada de España en la guerra era una prioridad. Lo que España hiciera o dejase de hacer estoy seguro de que nunca le quitó el sueño a Hitler. En aquellos días, lo que verdaderamente le preocupaba era obtener la derrota definitiva de Reino Unido y ultimar los preparativos para la invasión de la Unión Soviética. Derrotada y controlada Francia, España apenas poseía valor estratégico para Hitler, si bien el concurso de nuestro país en la guerra le habría ayudado a controlar el Estrecho de Gibraltar.

Miguel Izquierdo dijo...

Lo más probable es que Franco acudiese a la estación de Hendaya a negociar abiertamente la intervención de España en la guerra. El desacuerdo provino, seguramente, de las exigencias de Franco sobre Marruecos, entonces bajo la autoridad del gobierno francés de Vichy, firme aliado de Alemania. Meses después, en 1941, cuando Alemania invadió la Unión Soviética, volvieron a aflorar las presiones de los germanófilos. En esos instantes, España optó por una solución intermedia. Conservando su “no beligerancia”, que no “neutralidad”, envió casi 50.000 soldados al “frente ruso”, encuadrados dentro del ejército alemán y con uniforme de la “Wehrmacht”. Era la “División Azul”. En aquellos meses, obviamente, España vivió los momentos más tensos con los Aliados, entonces bajo la autoridad del gobierno francés de Vichy, firme aliado de Alemania.

Víctor Escribano dijo...

Gracias al Diario de Burgos conocemos una increíble historia y descubrimos a una maravillosa persona. Se trata de la historia de Saturnino Navazo, un burgalés, nacido en Hinojar del Rey en 1914, el goleador burgalés de Mauthausen.
Jamás hubiese imaginado Siegfried Meir, aquel niño de 10 años que había visto morir a toda su familia en el campo de exterminio de Auschwitz, el gran matadero industrial del nazismo, que a su llegada a otro infierno llamado Mauthausen encontraría un ángel de la guarda. Era enero de 1945. Bachmayer, comandante del campo, le dijo que sería confinado en la barraca de los españoles. «Yo pensaba que era una especie de treta para engañarme o algo así y que me mandarían a la cámara de gas. El hecho es que me llevó a la barraca y me presentó a Navazo». Así es como recuerda Siegfried Meir en el libro Los últimos españoles de Mauthausen (Ediciones B) cómo conoció a su ángel de la guarda. Al hombre que lo protegería, que lo salvaría de una muerte segura y que garantizaría su existencia en adelante lejos de cualquier horror. Ese hombre se llamaba Saturnino Navazo y era burgalés, nacido en Hinojar del Rey en 1914. Un héroe. Uno de esos héroes anónimos que construyen con hilos invisibles, pero firmes, la historia.
Un saludo afectuoso.

Víctor Escribano dijo...

La historia de Saturnino Navazo, el goleador burgalés de Mauthausen, o su paso por la epopeya, ha quedado ahora reflejada en ese libro, firmado por el periodista Carlos Hernández. Ha contado para ello con el mejor testimonio posible: el de ese niño, hoy un hombre octogenario que cuenta con esta emoción su primer contacto con Navazo: «Nos miramos y en la mirada de Navazo vi una de las cosas más maravillosas de mi vida...». Saturnino Navazo, futbolista de profesión que había sido estrella de Deportivo Nacional y que lo hubiera sido Real Betis si no se hubiese interpuesto la Guerra Civil, había acabado confinado en Mauthausen después de haber perdido la guerra con el bando republicano y haberse exiliado a Francia, donde fue hecho prisionero por los alemanes.

Víctor Escribano dijo...

Convertido en prisionero de Mauthausen con el número 5.656, Saturnino Navazo logró alejarse de los 186 escalones de la cantera de Mauthausen en los que se dejaron la vida miles de españoles gracias a su talento con el balón. Además de seres humanos, los nazis también mataban el tiempo en actividades lúdicas. El fútbol era una de ellas. Organizaban partidillos con aquellos reclusos a los que aún no habían vencido el hambre, la explotación y las torturas. Y enseguida repararon en que aquel espigado hombretón era un artista con la pelota en los pies. En más de una ocasión, los desalmados alemanes aplaudían sus goles y malabares.

Víctor Escribano dijo...

El talento del burgalés Saturnino Navazo le granjeó una posición de privilegio dentro del campo: fue nombrado jefe de un barracón de doscientos españoles y designado a ayudar en la cocina para que pudiera organizar partidos de fútbol. «Navazo se ocupaba de la barraca y de organizar los partidos de fútbol. También trabajaba pelando patatas y yo le ayudaba. Cuando podíamos, robábamos algunas de ellas y las repartíamos con los demás», cuanta Siegfried Meir en el libro. «Le acompañaba a los partidos, llevaba sus botas, le daba masajes y él se portaba como un padre conmigo. Por eso, meses más tarde, cuando llegó la liberación, le pedí que me llevara con él .Le pedí que fuera mi padre de verdad», apostilla Siegfried Meir.

Víctor Escribano dijo...

Saturnino Navazo no sólo conservó la vida y ayudó a que sus compañeros de barracón preservaran la suya llevándoles alimentos de matute sustraídos en las cocinas de Mauthausen: cuando los norteamericanos liberaron el campo en mayo de 1945, el burgalés se hizo cargo del pequeño, como si fuese su padre. Y vivió con éste y con la familia que formó después de aquel horror en Francia hasta que Meir decidió independizarse, sin que eso significara alejarse: siguieron viéndose y pasando temporadas juntos hasta la muerte de Saturnino Navazo, acaecida en 1986. El pasado verano, en un gesto maravilloso, Hinojar del Rey le dedicó una plaza. Toda su familia estuvo presente en el acto.

Antolín Noguera. dijo...

Hasta ahora, se creía que las secuelas que pudieran quedar en una persona tras haber sido vejada en lugares tan cruelmente famosos como los campos de concentración nazis morían con la persona que las había sufrido. No obstante, un nuevo estudio realizado por la «Escuela de Medicina de Icahn en el Monte Sinaí» ha determinado que las experiencias traumáticas que vivieron miles de presos de los alemanes en la Segunda Guerra Mundial han dejado secuelas a nivel biológico en sus descendientes. Así lo afirma la revista Scientific American, la cual se ha hecho eco del estudio.
Concretamente, el equipo de expertos dirigidos por Rachel Yehuda (autora principal del estudio y experta en epigenética y en los efectos intergeneracionales del trauma) ha establecido que los descendientes de los supervivientes judíos de los campos de concentración sufren una alteración que hace que cuenten con un nivel más bajo de cortisol que el resto de sus compatriotas. Esta sustancia, que es sumamente escasa en los prisioneros que sobrevivieron al Holocausto (y que padecieron trastorno de estrés postraumático), es la que ayuda al cuerpo a volver a la normalidad después de algún tipo de trauma.

Antolín Noguera dijo...

A día de hoy, se desconoce la causa biológica que produce la reducción de esta sustancia llamada cortisol, aunque los expertos sospechan que podría relacionarse con la aparición en los supervivientes de una enzima que descompone el cortisol. Ésta suele ser generada por el cuerpo como respuesta natural a una larga inanición, algo que encajaría perfectamente con las penurias sufridas por los presos judíos. Este hallazgo corrobora otros estudios que afirman que los efectos biológicos de las situaciones traumáticas quedan patentes durante toda la vida. Yehuda afirma que este efecto podría transmitirse a través del útero. Y es que, es en esta zona del cuerpo donde podemos encontrar en gran medida esta enzima (la cual se halla posteriormente en la placenta con el objetivo de proteger al feto). Esta curiosa evolución provoca, además que los descendientes de los supervivientes de los campos de concentración cuenten con diferentes tipos de hormonas de estrés, estén predispuestos a padecer diferentes trastornos como los que se relacionan con la ansiedad y sean más propensos a sufrir dolencias como estrés postraumático, obesidad, e hipertensión. El equipo ha logrado llegar a estas conclusiones a través del estudio de multitud de supervivientes de aquel trauma masivo y, por descontado, de sus descendientes. Con todo, la experta considera que todavía quedan muchas horas de investigación para poder esclarecer todos los interrogantes que hay alrededor de este tema.

Silvia Durán dijo...

En Mayo de 1940, la sociedad francesa sabía que estaba en guerra desde que, en septiembre del año anterior tras la invasión de Polonia por los ejércitos alemanes, su gobierno había declarado la guerra a Alemania. “La drôle de guerre” se había mantenido desde entonces sin que las tropas francesas hubiesen entrado en combate. Paralelamente, desde principios de 1939 cientos de miles de republicanos españoles exiliados, los perdedores de la lucha contra el franquismo golpista, se hallaban en los campos del sur, en centros de refugiados dispersos por todo el territorio galo o en otros destinos preparados por las autoridades francesas.

Marta Quiros dijo...

En la década de 1930 la Línea Maginot era considerada una maravilla militar, una red inexpugnable de fortificaciones subterráneas a lo largo de la frontera con Alemania, desde Bélgica hasta Suiza, diseñada para contener un ataque nazi y evitar los combates de trincheras como los de la Primera Guerra Mundial.
Hasta que en 1940 los alemanes simplemente bordearon el vasto complejo de fuertes, refugios, túneles y baterías, y la Línea Maginot pasó a ser sinónimo de un exceso de confianza capaz de generar desastres.

Cesar Garcés dijo...

Durante la contienda mundial, Franco formuló la peculiar teoría de la “guerra de los tres frentes”, aunque, naturalmente, era más propia de un oportunista que de un estadista. En Europa Occidental, España se mantendría neutral, no apoyando ni a Reino Unido ni a Alemania. En Europa del Este respaldaría, sin remilgos, a la Unión Soviética y, en el Pacífico, se pondría del lado de Estados Unidos. Entretanto, soldados y oficiales alemanes cruzaban la frontera española con total impunidad, con sus vistosos uniformes. Por ejemplo, en Vizcaya, y en concreto en el balneario de Carranza, coincidiendo con el avance de los Aliados en Francia, un batallón de infantería alemán buscó refugio hasta su repatriación al finalizar la guerra.

Sergio Rodelas dijo...

A principios de 1943, tras la victoria soviética en la batalla de Stalingrado y los avances de los Aliados en el norte de África, todo hacía presagiar que Alemania no podía vencer. El Gobierno español ordenó el regreso de la derrotada División Azul, perdiendo la décima parte de sus efectivos y declaró la estricta neutralidad. El nuevo ministro de Asuntos Exteriores, el monárquico Francisco Gómez-Jordana, es el encargado de pilotar el giro de la política internacional española. Quería ofrecer al mundo la imagen de un régimen católico y anticomunista.

Marta Romero dijo...

No faltaron, incluso, los acercamientos de España hacia los Aliados. En los últimos meses de la guerra, las matanzas perpetradas por los japoneses en las islas Filipinas, en las que murieron decenas de españoles, implicaron que España rompiese sus relaciones diplomáticas con el ya debilitado país nipón e, incluso, que sopesara declararle la guerra. No hacía cincuenta años que Filipinas había dejado de ser territorio español y en aquel alejado archipiélago aún vivían miles de españoles, varios cientos de ellos eran misioneros, que simpatizaban, desde luego, más con los norteamericanos que con los japoneses.

Chema Martínez dijo...

La declaración de guerra contra Japón sólo habría sido simbólica, ya que difícilmente España habría sido capaz de trasladar tropas hasta Extremo Oriente, ni los Aliados lo habrían permitido. Pocos años más tarde, Franco quiso también ponerse a disposición de Estados Unidos, durante la Guerra de Corea, simplemente para ganar su simpatía política y concluir su aislamiento internacional. Debe apuntarse un hecho no muy conocido y es que en 1944, en pleno retroceso de las tropas del III Reich, un grupo conformado por unos pocos miles de exiliados republicanos penetraron en el valle de Arán, buscando precipitar una intervención de los Aliados, para que éstos invadiesen España y lograsen deponer el régimen de Franco. Pero esta operación fracasó estrepitosamente en todos los sentidos y, enseguida, el ejército español controló la situación. Mientras tanto, vemos que la política exterior española, durante la Segunda Guerra Mundial pivotó más sobre el oportunismo político que sobre la convicción ideológica. Impresionado por los acontecimientos internacionales, el joven régimen de Franco maniobró, fundamentalmente, con el único afán de sobrevivir. Y lo consiguió.

Manuel Gálvez dijo...

Hay diferentes versiones sobre lo que se habló en Hendaya. Unos piensan que Hitler presionó a Franco para que entrara en el conflicto mundial por las ayudas prestadas durante la Guerra Civil, a lo que el Caudillo se negó argumentando que España no estaba en condiciones de soportar una nueva guerra. Otros creen que Franco quería entrar en el conflicto a cambio de territorios: Gibraltar, Marruecos francés... Pero para los alemanes, el Mediterráneo era el “espacio vital” italiano y además no querían la enemistad del régimen colaboracionista de Vichy (Francia, mariscal Petain).
Saludos.

Victor Villalobos dijo...

Sinceramente no creo que Hitler presionara a Franco para entrar de lleno en la guerra, más bien pienso que solicitó un colaboracionismo no muy explícito pese al aporte de tropas, lo cual Franco aceptó de buen grado ya que no era una posición muy incómoda y le situaba al lado de la potencia más fuerte del momento. En cualquier caso teníamos en casa demasiados frentes abiertos como para que un posicionamiento más sólido no volviese a encender hogueras dentro de nuestro país.
Con esto se consiguió convertir a España en un crisol de espionaje y en una plaza estratégica (teníamos África a un tiro de piedra, Gibraltar y el estrecho) que finalmente se limitó a actuar de espectador impasible aunque con claros arranques pro-germanos.
Saludos y mis felicitaciones a Pedro Galán por la línea ascendente de sus publicaciones en el blog.

Antonio Sánchez dijo...

Una postura intermedia, opina que en el entorno de Franco había dos posiciones distintas:
1ª • La de los Falangistas, partidarios de entrar en guerra junto a los compañeros fascistas de Italia y Alemania y frente al enemigo común: la democracia liberal y el comunismo soviético.
2ª • La de los Militares y Católicos, amigos de la neutralidad.
Según esta versión, Franco, para quedar bien con los falangistas y no “dar calabazas” al Führer, pediría lo imposible: territorios y ayuda material para la guerra, incluyendo aviones y armamento, a lo que éste se negaría.
Antonio Sánchez.

Luis Beltrán dijo...

Lo cierto es que nunca sabremos lo que realmente pasó, o mejor dicho, las auténticas motivaciones. El por aquel entonces Capitán de Navío Carrero Blanco redactó un informe sobre la posible entrada de España en la Guerra. Afirmaba que el país no estaba preparado y que los puertos del Cantábrico podrían ser objetos de bombardeos y las Canarias podrían caer fácilmente en manos británicas. Con esto quiero decir que Franco sabía perfectamente lo que la Guerra podía significar para España. Y Franco fue muchas cosas, pero de tonto no tenía un pelo. Y para Hitler la entrada de España tampoco tenía gran importancia. Sí, con España Gibraltar hubiese caído y la Guerra en el Mediterráneo hubiese sido más dura todavía para los ingleses, pero eso a costa de prácticamente entregar a los ingleses bases antisubmarinas en el Atlántico y tener que apostar tropas para evitar que los aliados abrieran un segundo frente con España. Eso por no hablar de que entregar el Marruecos Francés hubiese supuesto empañar las relaciones con Vichy y su todavía potente armada.
En definitiva, que nunca sabremos lo que realmente pasó, y si Franco sabía que lo que pedía era inasumible para Hitler o no.
Saludos.
Luis Beltrán.

Felipe Espínola dijo...

Tras la participación de la División Azul y la Legión Azul en la campaña rusa, voluntarios españoles se alistan en las fuerzas armadas alemanas en el último período de la Segunda Guerra Mundial, a pesar de la prohibición del gobierno español. Una parte sustancial de ellos procedía de los españoles que aún permanecían en el Reich como trabajadores contratados en los años anteriores en virtud de un Acuerdo laboral entre Alemania y el gobierno español. Los motivos que les lleva a tomar las armas residen en unos sentimientos germanófilos derivados de causas políticas o de las circunstancias laborales en que se desenvuelven. Factores como la propaganda o la actuación de instituciones germanas serán, también, decisivos para que un obrero decida cambiar su destino.
Saludos para todos los comentaristas.
Felipe Espínola.

Ricardo Viñas dijo...

El hecho de que los voluntarios españoles careciesen de experiencia de combate llevó a que los mandos españoles fueran, en su mayoría, antiguos divisionarios y, por tanto, la condición del título de trabajador fuese menos evidente. Pero este origen sería muy común cuando, tras el corte de las comunicaciones con Francia en el verano de 1944, sólo se pudo recurrir como fuente de abastecimiento a las fábricas donde había varios miles de compatriotas españoles. Este fenómeno no era privativo de la parte española, otras nacionalidades que estaban ocupadas en la economía alemana también fueron objeto de atención por agentes reclutadores de su mismo origen para cubrir las bajas militares.
Saludos.

Alberto Navas dijo...

Pétain fue un general y político francés jefe de estado durante la invasión alemana de 1940 y, posteriormente, cabeza visible del régimen colaboracionista de la Francia de Vichy. Realizó sus estudios militares en la Academia de Saint Cyr, en la que se graduó en 1878 como oficial de Infantería. No destacó demasiado y se dedicó a dar clases en la École de Guerre. Se mostró favorable a las líneas defensivas. Ascendido a coronel en 1912. Poco después de estallar la Primera Guerra Mundial alcanzó el generalato. Al frente del II Ejército francés intervino en la victoria de Champaña, en septiembre de 1915, y al año siguiente en la defensa de Verdún. La forma en que dirigió las operaciones militares de esta larga batalla, que duró diez meses, le granjeó el respeto y la admiración de sus compatriotas. Tras la Gran Guerra no volvió a entrar en combate hasta 1925, cuando se le encargó acabar con los rifeños insurrectos de Marruecos, a los que sometió en apenas un año.
Saludos.

Damián Parra dijo...

Pétain ocupó varios cargos como el de embajador de Francia en España en 1939 o el de ministro de guerra años antes. En los primeros años de la II Guerra Mundial fue el jefe de estado en funciones. Tras la inesperada derrota de los ejércitos galos en 1940 pasó a ser ministro de Estado y vicepresidente de la Francia no ocupada o Francia de Vichy. El desembarco de Normandía y la desaparición del régimen de Vichy supusieron su decadencia final siendo acusado de traidor y condenado a muerte, si bien se le conmutó la pena por cadena perpetua.
Un saludo.