PROLOGO

Se pretende que sea éste un espacio dedicado a entretener y deleitar (... a través de la fotografía fundamentalmente) ... a dar a conocer (...o traer al recuerdo) ciertos monumentos o espacios situados en el término o cercanías de Lahiguera. ...a llamar la atención por el estado de abandono y deterioro de muchos de ellos, ...y si llegara el caso, a remover la conciencia de todos los que somos "herederos" de tales monumentos y espacios, y que con nuestra aportación ayudásemos a la conservación de los mismos.

domingo, 28 de diciembre de 2014

LA HIGUERA CERCA DE ARJONA, ACTAS DEL AYUNTAMIENTO CORRESPONDIENTES AL AÑO 1835.


PRIMERA PARTE  DE LA HISTORIA DE LA HIGUERA CERCA DE ARJONA, RECOGIDA EN LAS ACTAS DEL AYUNTAMIENTO DEL AÑO 1835. HISTORIA DEL REINO DE ESPAÑA EN ESTE AÑO DE 1835.

Anotado a lápiz aparece en el folio que sirve de portada:
Nº 4                                                1835
Manuscrito a tinta a modo de Portada aparece el texto: 
Higuera cerca de Arjona. Año de 1835
Capitular
del corriente año y sigue asta fin del 36.

Nota: Aparece en la parte superior de los 4 folios el llamado Sello de Oficio, con tres folios escritos y el último de contraportada en blanco. No así, en el folio de Portada ya descrito.
El SELLO DE OFICIO tiene forma rectangular y en el centro aparece el escudo real con el texto en círculo alrededor del escudo que dice: REINA DE ESP. Y DE IND. En el lado izquierdo,  e  ISABEL II P.L.G.D. DIOS en la derecha, y 1835 abajo.
En el lado izquierdo del escudo aparece: SELLO 4º 40. MRS  y en el lado derecho AÑO 1835.

Me parece muy adecuado para comenzar el recoger la Cronología de la Regencia de María Cristina en el año 1835. 
 

18 de enero, pronunciamiento liberal para restablecer la Constitución de 1812 del ayudante del regimiento de Aragón, Cayetano Cardero, en Madrid. Los sublevados llegan a apoderarse de la Puerta del Sol. Muere en un enfrentamiento el capitán general, Canterac. El ministerio Martínez de la Rosa se tambalea.

15 de junio, cae el gabinete Martínez de la Rosa y le sustituye el Conde de Toreno, que lleva a Mendizábal al ministerio de Hacienda.

10 de junio -1 de julio, primer asedio carlista de Bilbao, donde cae herido Zumalacárregui.
 

16 de julio, victoria de Mendigorria sobre los carlistas.

24 de julio, muere Zumalacárregui en Begoña.

25 de julio, bullangas de Barcelona. En muchas ciudades se producen algaradas provocadas en parte por los enfrentamientos de Toreno con la Milicia Urbana y las Juntas provinciales. En Barcelona se producen asaltos de conventos y se incendia la fábrica Bonaplata. Motines en Zaragoza, en Andújar (Jaén), en Madrid, etc.

25 de julio, supresión de todos los conventos que no tuvieran un mínimo de doce profesores, lo que significó el cierre de unos novecientos conventos. Ya el 4 de julio se había suprimido la Compañía de Jesús y se habían incautado sus temporalidades.

14 de septiembre, el Conde de Toreno, incapaz de dominar la situación cede su puesto a Mendizábal, que aparece como el hombre salvador en un momento en que los carlistas amenazan seriamente en el Norte.­

11 de octubre, disolución de todas las órdenes religiosas, excepto las hospitalarias.

24 de octubre, Mendizábal llama a filas a todos los hombres de dieciocho a cuarenta años, no exentos del servicio militar, quinta de los cien mil hombres» en realidad eran 46.983. Suprime la intendencia superior de policía, creada en 1823 con la reacción fernandina, y pasa sus servicios al ministerio de Gobernación.


Digamos que el año 1835 comienza dando lugar a lo que podíamos llamar la tercera crisis de la Regencia de María Cristina provocada por la sublevación de parte de las tropas acantonadas en Madrid en fecha 18 de enero de 1835, cuyo principal dirigente fue Cayetano Cardero. Durante el episodio murió Canterac, el Capitán General de Madrid, y la ausencia de castigo de los responsables evidenció la debilidad del Gobierno.
José Canterac y Donesan  fue un militar español de origen francés. Participó en la Guerra de la Independencia Española y en las guerras de emancipación de los virreinatos de Nueva Granada y Perú. Hijo de un general francés muerto durante la revolución francesa, su familia emigró a España en 1792, cuando José contaba con 5 años. Inició su carrera militar en el arma de artillería pasando luego a la caballería en la cual sirvió durante la guerra contra Napoleón, en 1812, cuando contaba con tan solo 20 años de edad había sido nombrado jefe de estado mayor del ejército del General O'Donnell destacándose notablemente en el campaña contra el Castillo de Abisbal que culminó con la rendición del general francés Schwartz y le valió a O'Donnell el titulo de Conde de la Bisbal. En 1815 fue ascendido al rango de brigadier, siendo nombrado jefe de una división de 2.700 hombres destinada a reforzar el Ejército Real del Perú, que debía dirigirse por la ruta de Panamá.

José Canterac y Donesan, Capitán General de Madrid.

Canterac había ascendido al alto cargo de capitán general de Madrid el 15 de enero de 1835, tan solo tres días antes  de los hechos. Encontrándose desempeñando este cargo estalló la sublevación liberal del teniente Cayetano Cardero del regimiento de Aragón quien puso sobre las armas a las tropas que guarnecían la Casa de Correos (ubicada en la Puerta del Sol) demandando el restablecimiento de la Constitución de 1812. Creyendo que su mera presencia bastaría para sofocar la sublevación, que a pesar de sus simpatías liberales comprometía directamente la dignidad de su cargo, el capitán general Canterac se presentó ante los amotinados acompañado únicamente por su ayudante, recriminando duramente al teniente Cardero a quien desarmó, y sable en mano se dirigió a los soldados a los que conminó a vivar el estatuto real lo que estos desobedecieron. Totalmente fuera de si, Canterac lanzó dos veces el extraño grito de "¡Viva el Rey!" siendo que a la segunda ocasión, una descarga proveniente de un grupo de paisanos armados, dio muerte instantáneamente al capitán general e hirió gravemente a un soldado de los amotinados. El teniente Cardero, quien había permanecido impasible durante este trágico suceso, ordenó que el cadáver del capitán general Canterac fuera trasladado con respeto a la casa de correos, y los soldados y paisanos armados despejados de la zona. Algunos autores han atribuido la culpabilidad de la muerte del general Canterac al teniente Cardero, mientras que otros sostienen que este general cayó victima de su temeridad, deber y pundonor.

Imagen del asesinato de Canterac.

El periódico madrileño “Eco del Comercio”, el lunes 19 de enero de 1835, en su número 264 daba la noticia:


 “España.

MADRID 18 DE ENERO.

La capital ha amanecido hoy en un aspecto hostil, que ha podido tener graves resultados; pero  ha concluido en calma después de algunas desgracias. (…)

Al amanecer salió de su cuartel una buena parte del regimiento 2º de ligeros (voluntarios de Aragón) y dirigiéndose à la guardia del principal logró sorprenderla, y se apoderó de todo el edificio de correos. (…)

Noticioso de este suceso el nuevo capitán general Canterac, se presentó en correos; y se dice que reconviniendo al jefe que mandaba D. N. Cardero y amenazándolo por insubordinado, recibió dicho Sr. Canterac tres o cuatro tiros que le dejaron en el sitio á cosa de las ocho de la mañana.

A las once y media venia por la calle mayor la guardia saliente de palacio con el general Llauder à la cabeza, y percibida esta fuerza por los de correos, se prepararon à resistir. Dos cañones que venían con la guardia empezaron á jugar desde frente de la casa de Oñate, pero tuvieron que replegarse un poco para evitar los fuegos que desde la gradas de S. Felipe hacia una compañía de los voluntarios de Aragón; la que después hubo de retirarse y se metió en correos.  

Toda la guarnición y la Milicia Urbana, que se habían puesto sobre las armas empezaron à aproximarse hacia las avenidas de la casa de Correos, pero solo hizo fuego la infantería de la guardia, y sola à ella los hacían los encerrados. La compañía de granaderos del 4º batallón de urbanos mandada por su capitán Berrueta, se aproximó por la calle de Carretas, mas al oír que desde correos gritaban viva Isabel II, viva la libertad, se abstuvo de hacer fuego á los que daban sus mismos gritos.

En seguida se acercaron algunos parlamentarios, que por las rejas hablaron con el comandante Cardero, y últimamente se presentó el general Solá, anunciando á nombre de S M. el perdón para todos. En su consecuencia á las tres de la tarde han salido los voluntarios de Aragón á tambor batiente y tocando patrióticas por las calles de la Montera y de Fuencarral con dirección á Alcobendas; y las cinco de la tarde ya se habían retirado à sus cuarteles las tropas y la Milicia à sus casas.
Los muertos y heridos de resultas de las descargas han sido tres de los de correos, ocho ó diez de la guardia, un aguador y otro paisano.”


Recorte del periódico “El Eco del Comercio” del lunes 19 de Enero de 1835.

En la caída de este Ministerio se mezclaron varios hechos, aunque el agotamiento del Gobierno, era más que evidente al ser incapaz de dirigir victoriosamente la guerra carlista, y de garantizar el orden público; con lo que la contestación interior y la indignación del pueblo aumentaban día a día.
En el plano internacional sus fracasos fueron notables. Su política de moderación no había logrado convencer a las Potencias del Norte para que reconocieran a Isabel II; y el Tratado de la Cuádruple Alianza no había llegado a lograr una colaboración más estrecha de Francia e Inglaterra. Por otra parte, el arreglo de la deuda exterior había lesionado los intereses de numerosos inversores franceses e ingleses, que presionaron a sus gobiernos respectivos para que obligasen a España a satisfacer sus demandas.
En junio de 1835, Zumalacárregui se planteo la forma de continuar la Guerra Carlista avanzando hacia Madrid, o ir a completar el dominio del territorio con las conquistas de las capitales vascongadas.
Finalmente se optó por el asedio de Bilbao, decisión tomada ante la necesidad de contar con plazas importantes, que le posibilitaran el reconocimiento y la concesión de empréstitos en mejores condiciones que las que tenía ofrecidas hasta el momento. Hay que decir que la toma de Bilbao fue la obsesión del carlismo en todos los conflictos del siglo. Durante las operaciones de asedio y sitio de la capital Bilbao, una bala le hirió en la pierna y murió al cabo de diez días de recibida la herida.

El General Zumalacárregui es trasportado herido.

Lecho mortuorio de Zumalacárregui.

El 6 de junio de 1835, aislado políticamente, Martínez de la Rosa se vio obligado a dimitir. En Junio de 1835 la Reina Gobernadora nombra al Conde de Toreno, Presidente del Gobierno, que ejercerá tan sólo durante tres meses, pues en septiembre de ese año un Pronunciamiento auspiciado por los “progresistas”, herederos de los “exaltados” del Trienio, lo desplaza del poder.














Martínez de la Rosa. El Conde de Toreno y  abajo
Mendizábal





Durante ese trimestre Toreno centra su acción de gobierno en el arreglo de la Hacienda, para lo que continuó con la desamortización de los bienes eclesiásticos e incluso expulsó de nuevo a los Jesuitas. Esta medida ponía de relieve que su gradual conversión al liberalismo conservador era muy matizada. Lo mismo que su decisión de nombrar Ministro de Hacienda a Mendizábal, un conocido “progresista”, que acabó sustituyéndolo al frente del Gobierno en Septiembre de 1835. El motín de La Granja, en agosto de 1836, le obligó a marcharse de nuevo al exilio huyendo de los “progresistas”. El nuevo Gobierno presidido por el Conde de Toreno, que hasta ese momento había sido Ministro de Hacienda, parecía configurarse como un heredero político de Martínez de la Rosa dimitido, a pesar de que Juan Álvarez Mendizábal, nuevo Ministro de Hacienda, era una significada figura del liberalismo del Trienio.
Tampoco este nuevo gabinete recibió la necesaria cooperación internacional, aun cuando algunos acontecimientos a favor le ayudaron a mantenerse, tales como el levantamiento del sitio de Bilbao, y además el héroe carlista Zumalacárregui murió a consecuencia de una herida recibida durante el mismo, tal como hemos dicho anteriormente.
Como la política del nuevo Ministerio no parecía haber variado, las razones que motivaron las protestas populares anteriores permanecieron en el sentir de la población. En el mes de julio se reiniciaron las sublevaciones de Zaragoza, Reus, Barcelona, Cádiz, Málaga, Granada…
Conviene no olvidar que la revuelta popular del 25 de julio de 1835 en Barcelona, se saldó con la quema de los conventos de Barcelona, partió de la Barceloneta, en concreto de la plaza del Torín (que estaba aproximadamente donde hoy se alza el edificio acristalado de Gas Natural). Aquellos hechos, desatados por la furia popular ante seis toros que salieron malos, hay que enmarcarlos en los conflictos que impulsaron la transición del antiguo régimen a la sociedad liberal. 

Altercados en la Plaza de Toros de Barcelona, año 1835.

Fueron hechos tan graves que precipitaron la formación de juntas revolucionarias y un cambio de gobierno en Madrid. Pocos meses después del estallido de l’Hòstia (en marzo de 1836), Juan Álvarez Mendizábal expropió los bienes de la Iglesia mediante una ley de desamortización que resultó crucial para liquidar el feudalismo en España.

 
Revuelta de agosto de 1835 en Barcelona.
 
La Crema en Barcelona, levantamiento liberal del año 1835.

 
Manuel Llauder Capitan Gral. de Cataluña durante las Bullangas de verano  de 1835

 Incendio de la Fábrica de Bonaplata













Muestra del fanatismo laico en Santa María de Ripoll, año 1835.
 

En numerosas ocasiones, la revuelta se inició con la masacre de los prisioneros carlistas, como respuesta a las actuaciones realizadas contra los liberales.

Represión de liberales en la Ciudadela de Barcelona.


Acto seguido se producía una sustitución de las autoridades, la creación de una Junta revolucionaria, y la elaboración de un programa político en el que usualmente se solicitaba el restablecimiento de la Constitución de 1812.

 
En la primavera y verano de 1835 los repetidos cambios en la jefatura del Ejército habían impedido una victoria decisiva del ejército cristino, que luchaba contra las bandas carlistas en el Norte. Martínez de la Rosa creía que era posible ganar la guerra mediante una Constitución que uniera lo que el denominaba” los grandes intereses de la sociedad”, generales expertos y apoyo francés según los acuerdos de la Cuádruple Alianza. Sin embargo, estaba expuesto, no sólo a la oposición de las Cortes, sino a un resurgir del patriotismo jacobino en las ciudades; los radicales creían que la guerra se ganaría mediante una leva en masa y con la eliminación de los traidores por la justicia popular, o sea, por el renacimiento de la tradición de los exaltados. En respuesta a los generales y políticos, que veían en un gobierno ordenado y la ayuda francesa la fórmula de la victoria.
Como no llegaba la ayuda francesa para auxiliar al gobierno en su lucha contra la reacción del Norte de España y “contra la anarquía” en la España liberal, Martínez de la Rosa dimitió el 7 de junio de 1835. Su sucesor Toreno, a pesar de su ataque a la propiedad eclesiástica y a la primera victoria real contra los carlistas en la Batalla de Mendigorría el 16 de julio de 1835, no tuvo más éxito que Martínez de la Rosa en la tarea de desvanecer las sospechas de los radicales y en julio, una oleada de revoluciones provinciales redujo a su gobierno a la impotencia. 


El Conde de Toreno.



Plano de la Batalla de Mendigorría


Acción en Mendigorría y entrada en Mendigorría, 16 de julio de 1835.

Para salvar, lo que pudiera ser salvado del acuerdo de 1834, desplazando el centro de gravedad hacia la izquierda, Toreno había traído a Mendizábal al Ministerio de Hacienda, quien llevaba doce años de exiliado en Londres. Así el 14 de Septiembre de 1835 se hizo primer ministro al mismo Mendizábal con la esperanza de que su reputación revolucionaria pudiera contener la revuelta liberal. Ante la imposibilidad de dominar la situación, Toreno cedió el poder el 14 de septiembre de este mismo año 1835, y Mendizábal, que acababa de llegar de Londres, asumió las tareas de gobierno del reino. Con la dimisión de Toreno finalizaron los intentos  por constituir un justo-medio al estilo del modelo francés y se avanzo en el camino de las transformaciones sociales en España.

 
Mendizábal de joven.
Mendizábal fue por lo tanto el primer hombre de estado llamado a dominar desde Madrid la creciente revolución provincial que le había llevado al poder, su solución consistió en un intento de restaurar la “armonía” absorbiendo las juntas revolucionarias en las diputaciones provinciales legalmente constituidas y distribuyendo cargos a los pretendientes locales. Para los conservadores, este método de encenagar la revolución, era tanto como ceder ante la anarquía por más que se la llamara gobernar.
La primera preocupación del Ministerio fue normalizar la situación, es decir, eliminar en primer lugar las Juntas para evitar que el Gobierno se encontrase hipotecado, por la presión que estas ejercían sobre el mismo, que al mismo tiempo estaba debilitado por la carencia de recursos económicos, lo que implicaba la existencia de administraciones paralelas. Las Juntas fueron disolviéndose sin plantear problemas, salvo las Juntas andaluzas, que habían constituido una Junta Central, y eran semejantes a las que se formaron a partir de 1808 tras la invasión napoleónica. Las Juntas andaluzas tenían preparado un ejército para atacar Madrid en caso necesario. El programa presentado por Mendizábal, aunque no contemplaba el restablecimiento del texto constitucional de 1812, si presentaba una serie de propuestas, que satisfacían las aspiraciones políticas de quienes deseaban el cambio de tener un Gobierno, sometido al control de las Cámaras del Congreso y Senado, y la declaración de derechos de los ciudadanos. El eje central del programa era la concentración de todos los esfuerzos para ganar la guerra, y junto a ello se contemplaba la reforma del Estatuto, el arreglo de las órdenes religiosas y la difícil situación de la Hacienda.
Mendizábal no llegó al poder como dirigente de un partido. Su meta, según el mismo manifestaba, era la “reconciliación de los partidos”, “el mantenimiento de la armonía en el seno de la familia liberal”  por medio de una revisión del Estatuto Real, que eliminaría de éste algunas de las características  que lo hacían detestable para los radicales. En los confusos debates, que acerca del tipo de sufragio habrían de determinar la composición de las Cortes, que se encargarían de revisar el Estatuto, esa pretendida búsqueda de la “armonía” liberal se desvaneció y aparecieron pronto los esbozos de los dos partidos, de forma que cuando en las Cortes de 1836, los liberales conservadores se aliaron con la Corona para derrocar a Mendizábal, éste se vio obligado a desplazarse hacia la izquierda y aliarse con Calatrava y con los exaltados.

 


José María Calatrava Peinado que fue presidente del Consejo de Ministros desde 1836 a 1838.


Esta alianza, basada no ya en la reconciliación liberal, sino en la “vendetta” de partido, fue llevada al poder por la Revolución de 1836 y así se convirtió este hecho en la raíz del partido progresista.
Mendizábal fue algo más que el primer héroe político del partido progresista para generaciones posteriores de españoles, así como fue considerado también el primer estadista moderno. Mendizábal era judío y se había ganado cierto renombre financiando el liberalismo portugués, el origen judío lo explotaron sus adversarios. En las caricaturas se le retrataba con rabo y las palabras” ¡Ah, muchachos, al hebreo! Tira del rabo, Juanillo…”. Era muy corpulento, impresionante con su cadena de oro y zapatillas alardeaba de no ser ni un aristócrata ni un político, sino simplemente un hombre de negocios. A los ojos de los radicales era un dictador revolucionario, el llamado “Júpiter de la Reforma” cuyo sistema había de salvar al país y cuyo nombre sería venerado en las más humildes aldeas españolas (García Tejero, A.: Historia política–administrativa de Mendizábal (1858), 145-148). Los liberales conservadores veían en él una mezcla de Cagliostro y Robespierre. En realidad fue el primero de los españoles que con panaceas extranjeras habían de salvar un país, que había perdido la confianza en su capacidad de salvarse a si mismo. De ahí que su principal cualidad era el misterio que rodeaba al desconocido, al hombre no probado todavía, que había vivido largo tiempo en el extranjero. Cuando en enero de 1836 las Cortes  con un voto de confianza, dieron plenos poderes a Mendizábal para poner en práctica su sistema, pareció que se rendían a un hechicero. Pero desgraciadamente, el primer estadista moderno de España resultó ser un banquero de segunda fila, para el cual la energía que mostraba era un sucedáneo del talento. El famoso “sistema” de Mendizábal, con el que habría de ganar la guerra contra los carlistas, consistía en el valor que daba a lo que él denominaba “el poder asombroso y mágico del crédito”, que entendía le facilitaría el dinero para poner en pie un nuevo ejército de reclutas forzosos. Mientra que los moderados ponían sus esperanzas en un cuerpo expedicionario francés, Mendizábal confiaba en lo que había conocido del mercado de capitales de Londres en los doce años que estuvo allí. Para obtener un empréstito inglés, estaba dispuesto a rescindir la prohibición de importar tejidos ingleses, cubriendo el interés del crédito, mediante unos derechos de importación del 25% sobre los productos textiles admitidos o a hipotecar los aranceles de Cuba, aunque estas medidas le privasen del apoyo de los progresistas catalanes. El mismo George Villiers, embajador inglés, que había aconsejado a la reina Cristina, “en calidad de caballero inglés”, que nombrara a Mendizábal, favorecía estos proyectos.
El embajador británico en Madrid, George Villiers, futuro lord Clarendon entre el año 1833 a 1839, y dado el papel  activo que jugo en aquel momento crucial de nuestra historia contemporánea, dejó unos escritos privados relativos a España, que se conservan en la Bodleian Library de Oxford, en otras colecciones de archivos británicos como los Aston Papers. Private and Semiprivate Correspondance del Public Record Office. Son un importante conjunto documental, que, bajo la signatura F.O. 355/3 incluye diversas cartas de Villiers fechadas en esta época a la que estamos tratando en este artículo, que estaban dirigidas a su amigo Arthur Aston, que desempeñaba el cargo de Secretario de la embajada británica en Paris. Es igualmente interesante la correspondencia de George Villiers con Lord Palmerston conservada entre los Broadlands Papers referentes también al mismo periodo de historia de España.
 



Lord Palmerston (Henry John Temple, 3.er. Vizconde de Palmerston), Jefe del Foreing Office Inglés en este tiempo. 
Abajo propaganda política de su nuevo partido "Whing" tras abandonar los "Tory".
Después documentos dirigidos a él como Jefe del Foreing Office.








Palmerston era el Jefe de la Diplomacia Británica en aquellos años. Hasta 1828 había sido del partido “tory” y por razones no bien conocidas pasó a militar en las filas del partido “whing”, cuyos principios políticos defendería  a ultranza desde ese momento.
El archivo contiene algo más de 1500 hojas en las cajas nº 451 a 453, cubriendo casi todo el periodo de tiempo que desempeñó el cargo de embajador en Madrid: la primera de estas cartas está fechada el 30 de septiembre de 1833 y la última el 30 de junio de 1838. También se guarda la correspondencia dirigida a ministros españoles como: Cea Bermúdez, Martínez de la Rosa, Conde de Toreno, Mendizábal, Conde de Almodovar, Istúriz, Calatrava, Bardají, Conde de Ofalia y Onís, contenidas en las cajas nº 454 a 456 y ocupa unas 1400 hojas, escritas , como en el caso anterior , por ambas caras.
Las cualidades personales de Villiers, su cargo y funciones como representante del gobierno británico, le permitieron captar la realidad española de aquellos años como un observador privilegiado.

 George Villiers embajador británico en Madrid.

George Willian Frederik Villiers había llevado desde muy joven un brillante bagaje en la carrera diplomática. Su eficacia en cuestiones delicadas como diplomático le valió gran reputación. Por tanto cuando al poco tiempo de encargarse Palmerston del Foreing Office y cuando se planteó modificar la plantilla de sus representantes diplomáticos en el extranjero, pues muchos de ellos eran tories designados por los gabinetes anteriores. El jefe de la Diplomacia Inglesa Palmerston nombró a Villiers embajador en Madrid, el cual llegó a Madrid el día 28 de Septiembre de 1833, justo el día antes de la muerte de Fernando VII, permaneciendo en Madrid como embajador hasta julio de 1839, en que ocupó su puesto en la Cámara de los Lores. Villiers llegó a Madrid en un momento excepcional, desaparecía el rey y tres meses después los liberales ocupaban el poder político y realizaban los primeros intentos hacia la reforma económica y social del país, dando los primeros pasos hacia el liberalismo.
La embajada británica en Madrid jugaba un importante papel en las relaciones exteriores de España con respecto a Portugal y el miguelismo, de modo que el giro de la política española implicó distanciarse de la esfera de influencias de las Potencias legitimistas. en que Cea Bermúdez se había movido hasta ese momento con preferencia. Sin duda también la importancia de la embajada británica en España se debía al sesgo que, desde la muerte del Rey Fernando, había tomado la política interior de España, hecho al que, por lo demás, tampoco había sido ajeno el embajador Villiers. Se daba la circunstancia de que desaparecido Fernando VII, la propia María Cristina entendió como única vía posible para mantener los derechos de su hija Isabel, dado que los carlistas habían recurrido a las armas en defensa de los suyos, contar con el apoyo de los liberales, los cuales, obviamente, exigían, a cambio, participar en el poder político, hasta tanto o les fuera posible apoderarse de él.
Efectivamente, el 14 de enero de 1834 la Reina Regente retiró la confianza a Cea Bermúdez y en su lugar llamó para presidir el primer gobierno liberal a Martínez de la Rosa, y a partir de este momento, las relaciones con los países afines políticamente se intensificaron. Entonces Gran Bretaña y Francia, especialmente desde la firma del Tratado de la Cuádruple Alianza en el mes de Abril y, poco después, con la firma de los Artículos Adicionales, se constituyeron en tutela moral y material del régimen instaurado en España. Sus representantes diplomáticos en Madrid comenzaron a desempeñar un papel protagonista en la escena española, si bien hubo en ocasiones cierta tensión por hacerse con el monopolio de la influencia; el representante francés fue a veces “la mano negra”  que manipuló a los gobernantes españoles y trató de conducir su política; pero las más de las veces, fue el representante británico Villiers quien salió “le vainqueur”(vencedor) y quien conservó, aun en momentos menos favorables para la diplomacia inglesa, un gran poder de influencia directa o indirecta en la vida política de España. Todo ello dio oportunidades inmejorables a George Villiers para observar acontecimientos, conocer personas, percibir de cerca el pulso del nuevo régimen español. En su correspondencia privada expresa cuanto ve y capta sin ningún tipo de cortapisas. Escribía:” Cuanto más vivo aquí, era fecha de noviembre de 1834, más me convenzo de que Argüelles y la gente de su clase desconocen el estado real del país; la nación no desea instituciones liberales. Son esenciales para su prosperidad y para la corrección de los abusos, pero deben administrarse en pequeñas dosis y bien disimuladas, como las medicinas a los niños pequeños, a medida que crecen.” (Villiers a Palmerston, 8 noviembre 1834)

En cuanto al sentir de las clases medias y altas, los Grandes en bloque, salvo alguna excepción, el mundo de la cultura, del comercio y de la industria, se muestran opuestos a cambios revolucionarios: “Todos son enemigos de la revolución como lo son de don Carlos…Si en España es posible alguna mejora, se llevará a afecto a través de estas clases a que acabo de aludir. Todos ellos son conscientes de esto: cada día se unen más, y todos son conscientes de que nunca se ha presentado una oportunidad mejor para la regeneración del país que ésta. Piensan con toda justicia que las circunstancias de la actual revolución difieren totalmente de las de todas las demás, que la mejora que se está realizando ha comenzado desde arriba, no desde abajo, que le es dada y no que ellos la tomen, y se manifiesta de modo evidente una determinación casi general a aprovecharse de la experiencia y evitar los errores que en anteriores crisis políticas hicieron que el progreso hacía una libertad razonable fuera difícil y peligroso”( Villiers a Wellington, 7  diciembre 1834).


Marc-Roch-Horace de Salviac, Barón de Viel-Castel,
nacido en Paris el 16 de agosto de 1802 y muerto el 1º de octubre de 1864, fue conservador del Louvre.





Por parte de la diplomacia francesa  y tal como informó el barón de Viel-Castel al ministro de Asuntos exteriores francés Edouard Drouyn de Lhuys, el infante don Carlos tuvo a su favor “a la inmensa mayoría del clero, el pueblo del campo e incluso de gran parte de las ciudades del interior”, mientras que los defensores de la reina Isabel se encontraban fundamentalmente entre la grandeza del reino, “indolente y degenerada, pero teniendo todavía un gran dominio” y entre las clases medias, “poco numerosas y poco ricas” pero que comprendían” a casi todos los hombres instruidos e ilustrados, casi todos los funcionarios públicos, el pueblo de las villas comerciales de la costa, y una porción del de Madrid”.
 

Edouard Drouyn de Lhuys, fue embajador francés en Madrid y posterior Ministro de Asuntos Exteriores. 

Para el informante francés, que escribía en los albores mismos de la guerra civil carlista, la regente María Cristina encontró apoyos entre “todos los hombres que, en grados diferentes, desean ver introducidos en el Gobierno un sistema de reformas y de mejoras y junto a ellos se encuentran los verdaderos revolucionarios, menos peligrosos por su número que por su audacia y actividad”.
Una vez que el liberalismo disconforme con el régimen político del Estatuto Real apeló a la acción revolucionaria en el verano del año 1835, se creyó que la presencia de Mendizábal al frente del gobierno, con un programa de moderación, bastaría para conciliar voluntades e infundir esperanzas en la población. Pero en diciembre de ese mismo año las impresiones de Villiers son pesimistas respecto de las posibilidades de regeneración del país por medio de instituciones liberales: “Las cosas no pueden seguir otro curso que el que deben en este país. Yo no desespero, pero tampoco confío. Puede decirse que vivo en un estado de duda. Puede que España resulte ser, al final, un Fénix que renazca de sus cenizas, pero pienso si no será éste el último incendio. Será necesario mejorar antes de que se entiendan los rudimentos de la ciencia del gobierno y antes de que la sociedad comprenda y asimile las bases permanentes que son capaces de garantizarle su mejora y bienestar. Todo lo que ocurre aquí les parece bien a los que viven fuera del país, tal vez también el observador superficial de dentro, pero todo está vacío y podrido…, si se vieran las cosas entre bastidores, podría advertirse que todo es mezquino, vicioso y que la situación es desesperada.
…La gran masa del pueblo es honrada; pero es carlista; odia todo lo que suene a gobierno liberal, instituciones liberales, hombres liberales, porque por experiencia sabe que de una situación liberal se derivan costumbres peores que de un solo déspota. Pero en lo que tú y otros extranjeros se equivocan principalmente es en creer que el pueblo español es victima de la tiranía o de la esclavitud. No hay en Europa un pueblo tan libre: las instituciones municipales en España son republicanas, en ningún país existe una igualdad comparable a la de aquí. El pueblo se gobierna mediante unas pocas costumbres, le importan muy poco las leyes y los reales decretos y hace lo que le apetece. No hay distinción de clases, y todo está abierto a todos. Todo lo que quiere es que se le robe menos por parte del Intendente y que el Alcalde no les fastidie; si esto lo consigue se siente completamente dichoso.
Es un error suponer que el clero regular es perjudicial en todos los casos… Ellos alimentan, dan empleo y protegen al pueblo; son, además, la aristocracia del pobre. Todo hombre, por humilde y desgraciado que sea, puede felicitarse porque, sin ningún tipo de recomendación, tiene la posibilidad de llevar a su hijo a un convento y de que su hijo pueda llegar algún día a ser Papa. Por lo tanto, debería tenerse el máximo cuidado a la hora de suprimir una Orden religiosa; por perjudiciales que puedan ser, tienen gran arraigo en el país. Hasta ahora he hablado sólo de la plebe: todo el resto, la gente del frac, está corrompido, es egoísta, ignorante, brutal y despóticamente tiránico en cuanto tiene poder, serviles e intrigantes hasta que lo consiguen. No hay probidad ni patriotismo entre hombre y hombre, sólo se piensa en el dinero, sin que importe para nada el medio como se obtiene. Sabiendo esto como yo lo sé y como cualquiera que se tome la molestia de investigarlo lo pueden saber también, puedes comprender hasta qué punto me ponen enfermo todos los descarados alardes de valentía y patriotismo, y lo poco que confío en que esté cercano el día en que lleguen a ser la centésima parte de los que pretenden ser…
Sería muy difícil, a no ser que escribiera un libro, darte una idea clara (suponiendo que yo mismo vea claro aquí) del estado de este país, pero puedes estar seguro de que no me he quedado corto cuando te hablé de la inexistencia de deseos ni aptitud para las instituciones liberales. La masa de la nación es carlista y partidaria de un rey absoluto. La generación nueva, a la que podríamos llamar a lo francés la Joven España, está por las mejoras, por una mayor seguridad de la propiedad, por el desarrollo más activo de los recursos del país, pero preferiría que ello lo llevara a cabo un ministro fuerte e ilustrado en vez de un gobierno constitucional, porque sabe que el país no está preparado para ello, y tarde o temprano sacudirá el yugo de los que se apellidan liberales, los cuales bajo esa forma de gobierno se pondrían al frente de los negocios. Esta clase comprende a todos aquellos que figuraron en la última época constitucional, a los cuales todo el resto de españoles tiene aversión que sería casi imposible describirla. Estos hombres, incluyendo unos 2.000 que volvieron de la emigración, han ocasionado todos los movimientos revolucionarios ocurridos últimamente, primero por medio de las sociedades secretas, y más recientemente con la ayuda de la Milicia Nacional, la cual, gracias a la desdichada indecisión con que Martínez y su gobierno actuaban, acabó por convertirse en simples proletarios armados, dispuestos siempre a promover desordenes, dispuestos a obedecer a las Juntas o a la Inquisición con tal de que se les permitiera el pillaje, prestos a dar vivas a la libertad porque esto les hacía posible ejercer la más desenfrenada tiranía. El gobierno de Martínez y después el del Conde de Toreno no cometieron durante año y medio más que errores, sin satisfacer ninguna expectativa razonable de mejora, pero sobre todo, sin tomar ninguna medida eficaz para dominar a los carlistas ni poner fin a la guerra civil. Esto produjo alarma y en consecuencia descontento (o cual nada tiene que ver con el deseo de instituciones liberales); todas las tropas fueron sacadas de las provincias, y los revoltosos se aprovecharon del descontento para constituirse a sí mismos en Juntas en uno o dos lugares. Pronto el ejemplo cundió de forma que gente sin influencia y en absoluto digna de respeto, ayudado por la Milicia Nacional, usurpó el poder supremo e impuso la ley a la parte respetable de la comunidad. Su primer objetivo fue siempre apoderarse de todo lo de valor a que pudo echar mano y detener y apropiarse de todos los ingresos del estado; entre tanto, la Milicia Nacional hacía declaraciones liberales contra todo el que se mostrase contrario al progreso de la libertad, y, una vez que hubieron abandonado sus puestos y cargos, exigía públicamente que se le concedieran las vacantes dejadas por aquellos…
Esto no merece el nombre de revolución ni es la expresión de un deseo nacional de instituciones liberales, ya que todo aquel que tiene bienes o está dotado de la más mínima inteligencia se halla postrado de rodillas ante el gobierno en protección contra los Cafres, como se les llama. Las promesas de Mendizábal de mejorar las cosas y, sobre todo, su decisión de actuar con energía contra los carlistas, han creado un espíritu de resistencia y las Juntas se han visto obligadas a disolverse…
Cuanto más observo y conozco este país, más seguro estoy de que no es apto para instituciones liberales y de que, aun en el caso de que existiera el deseo de ellas, sería necesario no acceder a ese deseo durante algún tiempo o mientras la nación no alcance un grado de educación determinado… Si a esta comunidad, tal cual es, se le concede el juicio por jurados, la libertad de prensa o cualquier otro de los desideranda de los seres racionales, equivaldría a hundirse en lo más profundo del infierno…” (Villiers a su hermano Edward, 13 diciembre 1835).

Cabecera del periódico GACETA DE MADRID
Imagen de la distribución de comida a los pobres de Madrid.

Palmerston estaba en contra respecto al crédito al gobierno español,  porque  temía con razón  que el crédito no se lograría, y que serviría tan sólo para empeorar las relaciones con Francia, que veía en Mendizábal poco más que un agente pagado por los ingleses. El crédito inglés de Mendizábal se desplomó en efecto, cuando el interés de los especuladores por los bonos españoles se evaporó en la crisis de 1835. Los bonos españoles se convirtieron en el “futbol de la Bolsa”. La peor baja se produjo en septiembre de 1836, tras la revolución de La Granja, estando los bonos a 29 chelines. El mismo periódico “Times” dice en su edición del 26 de julio de 1836 “que estos movimientos constituyen la más extraordinaria serie de fluctuaciones que se haya producido jamás". David Ricardo le dijo a Palmerston que los ingleses dispuestos a invertir en España sentían mayor interés por las acciones de los ferrocarriles, que hacia los créditos al gobierno español. Ante la falta del dinero necesario, la famosa leva de 100.000 hombres quedó en un asunto de reclutas forzosos mal equipados y revoltosos.

 





En relación con el Ejército, Mendizábal además de proporcionar cuanto dinero le fue posible, decretó una quinta de 100,000 hombres, que podían acogerse a la redención del servicio militar mediante el pago de una cantidad de dinero. De esta forma se lograron dos asuntos tan necesarios para el país: un notable número de reclutas y recursos económicos tan necesarios para la Hacienda. En este periodo además llegaron a España los componentes de las Legiones francesa, inglesa y portuguesa, que fueron enviadas para paliar la negativa anterior a la petición de España de una intervención directa, por el acuerdo de la Cuádruple Alianza.
Para la consecución de una victoria se necesitaban los recursos para poder financiarla, y con tal objeto se presentó a las Cortes una propuesta, consistente en especulaciones de Bolsa sobre la Deuda, una operación que reportaba al Estado ciertos beneficios. Con los recursos económicos y con las nuevas tropas, Mendizábal pensaba que se podía obtener una mejora en la evolución de la contienda carlista, que posibilitase a la vez la negociación de un empréstito en condiciones de intereses más favorables. Pero la insatisfacción popular, generada por el incumplimiento de las promesas realizadas al tomar el poder, acabaría hundiéndoles. A principios de 1836, en enero, se produjeron incidentes sangrientos en Barcelona. Al mismo tiempo una extraña alianza de moderados y radicales dejaba en minoría parlamentaria al Gabinete en la discusión de la nueva ley electoral, lo que llevó a la disolución de las Cortes. Mientras que, en los primeros meses de 1836, una serie de disposiciones legales sentaron las bases del proceso desamortizador.
Si Mendizábal afianzó su posición entre los fundadores del partido progresista, fue gracias a la segunda parte de “su sistema”, que consistió en la acometida contra la propiedad eclesiástica y la desamortización de la tierra. Este ataque estaba íntimamente relacionado con sus proyectos de lograr créditos, las tierras de la Iglesia, convertidas en bienes nacionales, se emplearían para pagar la deuda nacional y respaldarían los intentos del gobierno de lograr préstamos. En realidad este ataque a los bienes de la Iglesia había tenido  ya en 1820 una ofensiva iniciada por predecesores  más moderados de Mendizábal, por lo que no tenía nada de original. Esta acometida contra las tierras de la Iglesia fue considerada como continuación de una política liberal, aunque en esta ocasión la política de Mendizábal abarcó un ámbito mucho mas vasto. En Marzo de 1836 hizo toda la propiedad monástica  bienes nacionales y, en julio de 1837, propuso  la venta de la propiedad inmueble de la Iglesia secular junto con la abolición de los diezmos. La campaña contra la Iglesia  siguió con un ataque a la jurisdicción eclesiástica. En sus esfuerzos por neutralizar a los que eran “desafectos o enemigos del trono legítimo y de la libertad nacional”, el gobierno rescindió a los sacerdotes facciosos las autorizaciones para predicar y encarceló a todo el Capítulo  de Oviedo, por negarse a aceptar un obispo no reconocido por el Papa Gregorio XVI. Gregorio XVI fue duramente crítico con la esclavitud, que seguía practicándose en muchos países, como en las colonias españolas de Cuba y Puerto Rico y en los Estados Unidos.
En 1841 y con la encíclica “Aflictas in Hispania” Gregorio XVI protestaba de la injerencia del gobierno de Madrid en los nombramientos de la jerarquía eclesiástica y de la reciente supresión de las órdenes religiosas. Las autoridades españolas quedaban advertidas de las penas canónicas que sus decisiones comportaban.




Papa Gregorio XVI crítico con la esclavitud y con la supresión de las órdenes religiosas en España.


Esta preocupación por la lealtad política  de la Iglesia habría de llevar  más tarde al piadoso Espartero al borde del cisma. Unas treinta y dos de las sesenta y dos sedes estaban “vacantes” durante la regencia de Espartero como consecuencia de la suspensión de las relaciones diplomáticas, que hacía imposible la designación regular de obispos por parte de Gregorio XVI.

La campaña contra la propiedad inmueble de la Iglesia fue obra de radicales, llevándose a término a partir de 1840. Estas actitudes contra la Iglesia coadyuvaron y condujeron a la división entre progresistas y moderados. La alianza de los moderados con la Iglesia perseguida se debió a los temores de éstos por la propiedad en general, y en su deseo de distanciarse de los excesos del radicalismo urbano, para poder así afianzar un tipo de liberalismo socialmente respetable.
A los moderados les era imposible convertirse en clericales y poder revocar una vez llegados al poder, lo que en la oposición habían denominado “las expoliaciones de una minoría violenta y dominante” Para desesperación de sus partidarios clericales, su más contundente defensa de la Iglesia la hicieron, por consiguiente, desde los bancos de la oposición; en el poder lo más que pudieron hacer fue suspender las ventas ulteriores de las propiedades del clero secular, buscando la aprobación retrospectiva del papado respecto a las ventas ya efectuadas. Esta política, aunque reconocía los derechos papales al rechazar la doctrina radical sobre la propiedad eclesiástica, al mismo tiempo hacía imposible la reconstitución de una Iglesia terrateniente, por mantener en pie los acuerdos revolucionarios respecto a la misma. Solo se salvó la supremacía papal a expensas de la independencia económica de la Iglesia española, y de las órdenes regulares.
El ataque liberal a la Iglesia se había desencadenado cuando esta declinaba por el número de sus servidores, aunque en aquel tiempo aún había en España más sacerdotes por habitante, que en ningún otro país católico. El clero secular se mostró incapaz  de recuperarse de los desgarramientos de la Guerra de la Independencia; los monasterios se vaciaban; los jesuitas pasaban por grandes dificultades económicas. A pasar de ello, las secularizaciones del liberalismo fueron un golpe terrible, físicamente desastroso; en Madrid desaparecieron cuarenta y cuatro iglesias y monasterios, nueve se vendieron como solares edificables, uno fue convertido en ministerio, en otro se alojó la cámara del Senado, y otros se convirtieron respectivamente en escuela de equitación, cárcel, teatro y cuartel. En el campo los monasterios cayeron en manos de especuladores, o degeneraron hasta convertirse en edificaciones agrícolas.

Me pregunto si el convento de Santa Clara en La Higuera cerca de Arjona, correría el mismo destino o habría desaparecido con anterioridad. Aquel convento para el que a Juan de Reolid se le encargó una imagen de Santa Clara, cuando se le encargo el retablo de la Iglesia desaparecido en le Guerra Civil. Hoy en su lugar sólo queda la casa de Santa Clara, al otro lado de la carretera y enfrente de la antigua salida de la bocamina romana de Santa Clara.

El conflicto que enfrentó a la España liberal con el papado, no se debía a que el liberalismo favoreciera la herejía o un estado moderno, laico, y tolerante. La constitución de 1837 conservaría la posición privilegiada de la Iglesia católica en España frente a los demás credos. Lo que la Iglesia no podía aceptar, ni los liberales abandonar, era la versión liberal de las antiguas pretensiones de la monarquía absoluta en cuanto a su ámbito jurisdiccional, tales como la regulación unilateral por el Estado de las cuestiones eclesiásticas temporales, de tal forma que los sacerdotes debían estar sometidos al poder civil como en los tiempos de la monarquía visigoda. Los contemporáneos consideraban, al igual que los oradores del 1836, que los monjes no estaban en armonía  con la época. Había un ambiente de violencia popular anticlerical que acompañaba a la legislación liberal: los asesinatos de monjes de julio de 1835, la intimidación de sacerdotes por parte de las autoridades locales, los sacrilegios perpetrados en las iglesias por los milicianos, eran buena prueba de ello, unas actividades que veinte  años antes hubieran sido consideradas inconcebibles en aquella sociedad. 

Sería muy difícil evaluar las consecuencias de las ofensivas política y económica sobre la vida interior de la Iglesia. Se ha dado por supuesto con excesiva facilidad que la Iglesia, durante todos esos años, perdió su ascendencia e influencia sobre las clases medias de la sociedad, y tendría que pasar el resto del siglo XIX, en un intento de recuperar su control sobre las conciencias de la élite de la nación, aún a costa de la fe de la clase obrera. Ninguno de estos supuestos es capaz de resistir un análisis detenido. La aristocracia y las clases medias, imitando a los llamados beatos de la corte, eran respetablemente piadosas. Cuando hubieron pasado las malas épocas carlistas, la alianza entre los moderados y la jerarquía de la Iglesia, fue un factor permanente a pesar de las recriminaciones clericales y la considerada deserción de los políticos moderados respecto a la Iglesia. La devoción popular floreció al lado del anticlericalismo popular, tan normalmente como había ocurrido en otros países católicos europeos, incluso en ciudades liberales como Valencia.
 
  
General Baldomero Espartero
General Narváez

 



 

Espartero, el héroe radical de humildes pañales, era creyente hasta la superstición, y su rival, el muy considerado Narváez, era quien tenía fama de revolucionario. 

El ateísmo en los años del 1850 sólo apuntaba tímidamente en los sectores republicanos y obreros de Barcelona, y su ateísmo no era fruto de ninguna inclinación herética, vamos que no era por herejía, sino por la ausencia de toda forma de catolicismo liberal, lo que impulsó a algunos progresistas a un vago deísmo, al considerarse la Iglesia la contraposición al progreso que ellos propugnaban. Esto lo simboliza en muchos casos el destino de la propiedad monástica, los grandes monasterios de las ciudades con sus jardines rodeados de tapias, tenían que ser destruidos antes de que se pudieran realizar obras de la mejora de urbanización; las juntas revolucionarias en muchos casos derribaban las iglesia tanto para dar trabajo en momentos de crisis como para ensanchar las calles, y en algunos casos como Barcelona los antiguos edificios monásticos sirvieron para instalar fábricas.

Liberar la tierra de la amortización y la vinculación a la Iglesia fue un programa del siglo con todas las pretendidas características de modernidad. La originalidad de Mendizábal, consistió en que relacionó una revolución en la propiedad de la tierra con la creación de una economía moderna, “dando a España animación, vida y un futuro” según sus propias palabras.

Así se produjo la mayor transferencia de propiedad desde la época de la Reconquista, una transferencia que se basó en decretos y en leyes, que pusieron en el mercado las tierras eclesiásticas, y lo que cuantitativamente fue lo más importante, en la ley de agosto de 1836 que restableció la legislación de 1820 contra la vinculación civil de la tierra, pues en todo lo que hacía referencia a su legislación eclesiástica, todo había sido promulgado anteriormente en 1820-1823, y los comienzos de la liberación de la tierra fueron iniciados por la ley de los moderados de marzo de 1834, cuando se hizo la venta de ciertos bienes comunales para mejorar. Fue la abolición de la vinculación lo que hizo posible una redistribución dramática de la propiedad de la nobleza.

También se defendió la idea, de que esta legislación se inspiraba en la interesada apetencia de tierras de la clase media, pero ello no es cierto, las leyes fueron obra de un partido radical cuya intención era crear una amplia base para una guerra revolucionaria. Esta conclusión se desprende claramente del debate acerca de los señoríos; pues cuando los conservadores sostuvieron que la antigua legislación de 1820 no era práctica, y esto era cierto en sentido estrictamente legal, un diputado radical objetó que el “pueblo tiene que recibir algo antes de poder crear nuevos intereses”. Lo que deseaban los radicales, con su conocimiento de la Revolución era un campesinado revolucionario, una burguesía rural y de izquierdas, una gran familia numerosa de propietarios campesinos, cuya prosperidad y existencia dependieran sobre todo del triunfo definitivo de las instituciones de ese tiempo. La política agraria de los progresistas no pretendía favorecer una oligarquía rural, ni reforzar el dominio de los grandes propietarios, ni generar un grupo de especuladores de tierras. No era un intento egoísta, sino la dogmática creencia en las virtudes del libre comercio de la tierra, combinada eso sí, con una ignorancia total de sus consecuencias en el futuro, lo que viciaba la legislación liberal en lo referente a la tierra, no llegaron a entender, que los pequeños propietarios no podrían competir con los poderosos en las transacciones de mercado abierto, ya que ganaban siempre los que tenían más fuerza de antemano. Las tierras puestas a la venta a consecuencia de la legislación de Mendizábal fueron adquiridas por especuladores y caciques, tal como ha sido reconocido después.

Queda para una segunda parte La Junta Suprema de Andalucía, reunida en Andújar y la transcripción de las actas correspondientes a ese año de 1835.

Granada 25 de Diciembre de 2014
Pedro Galán Galán.
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165 comentarios:

Jorge Roig dijo...

Se daban desde hacía algún tiempo en Barcelona corridas de toros, y con motivo de la celebridad de los días de la Reina Cristina, se anunció en los periódicos la séptima corrida para el día 25 de julio, que era festivo, por ser Santiago, Patrón de España. Los toros que se habían lidiado en la corrida anterior habían sido bravísimos y excelentes a juicio de los más entendidos y del pueblo en general; así fue que el aforo de la plaza estaba lleno en el día 25 de Julio. Quiso la casualidad o la fatal circunstancia, que los toros fueran muy mansos ó malísimos en aquel día para la lidia, y exasperados los espectadores, después de los griteríos, vociferaciones y confusión general que se permitía en aquellos espectáculos, dieron principio al barullo generalizado entre el público asistente, que arrojando a la Plaza un sin número de abanicos; tras de ellos siguieron los bancos; luego las sillas, y por fin alguna columna de los palcos. Rompieron la maroma que forma la contrabarrera, y con un pedazo de ella una turba increíble de muchachos, con una espantosa algazara, arrastró el último toro por las calles de la ciudad de Barcelona.
Un afectuoso saludo y Feliz Año 2015.
Jorge Roig.

Alberto Delgado dijo...

Los motines anticlericales de 1835 fueron unas revueltas contra las órdenes religiosas en España, fundamentalmente por su apoyo a los carlistas en la guerra civil iniciada tras la muerte del rey Fernando VII a finales de 1833, y que se produjeron durante el verano de 1835 en Aragón y, sobre todo, en Cataluña, dentro del contexto de las sublevaciones de la Revolución liberal española que pretendían poner fin al régimen del Estatuto Real, implantado en 1834 por la regente María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, y dar paso a un monarquía constitucional con el restablecimiento de la Constitución de 1812. Los motines anticlericales más importantes tuvieron lugar en Zaragoza y en Reus, Barcelona y otras localidades catalanas (donde los motines populares de esta época son conocidos con el nombre de “bullangas”), durante los cuales fueron asaltados numerosos conventos y monasterios y resultaron muertos setenta miembros del clero regular y ocho sacerdotes, lo que trajo a la memoria lo ocurrido un año antes en la matanza de frailes en Madrid de 1834. Todos los movimientos revolucionarios que estallaron en varias ciudades durante el verano de 1835 y se manifestaron en la quema de conventos y en la repulsa del Estatuto Real tienen un mismo denominador común: la hostilidad a los regulares, motivada ya por su intervención en la represión después del Trienio Liberal, ya por sus simpatías por el carlismo.
¡Feliz año entrante para todos!
Alberto Delgado.

Cristina Periquet dijo...

El Torín fue la primera plaza de toros construida en Barcelona. Fue inaugurada en julio de 1834 en el barrio de la Barceloneta. Su ubicación estaba donde actualmente Gas Natural tiene su sede central, un edificio de Enric Miralles y Benedetta Tagliabue.
La gente que venia de la corrida, y empezaba a dar su ordinario paseo por la Rambla, a la hora de más o menos las siete y media de la tarde veraniega de julio, cuando empezó la alarma entre el público y se vieron arrojar algunas piedras a las ventanas del convento de los Agustinos descalzos. La guardia del fuerte de Atarazanas cerró el rastrillo y se puso sobre las armas, porque había también tropel en el convento de Franciscanos, que está situado en el entorno inmediato. Las Atarazanas Reales de Barcelona son un conjunto arquitectónico civil gótico situado en la fachada marítima de la ciudad y que se comenzó a construir a finales del siglo XIII, durante el reinado de Pedro III de Aragón.
Cristina Periquet.

José Luis Carrión dijo...

Estos actos juveniles podemos decir que fueron los preludios de aquellos otros actos graves y tumultuosos. En realidad, en principio, nadie o muy pocos fueron los que creyeron que aquel tumulto se reforzaría, porque la gente se iba progresivamente retirando a sus casas por si misma, sin mediación de la autoridad, y porque en la turba de la calle, no había ni un solo hombre; y también porque, a entender de los muchos allí presentes, nada había de premeditado en aquella serie de actos. Sin embargo no tardaron mucho tiempo en salir del error. Tan verdad es, que como a veces oímos de innumerables actos sin importancia, de estos se originan situaciones tumultuosas muy graves, partiendo de pequeños principios, y que como puede ocurrir de ordinario es mucho mayor el ímpetu y precipitación, con que se desarrollan los males, que pudo ser el impulso inicial que le dieron sus autores en los comienzos. Fue razonable pensar en verdad, que no estaba en mano de quien arrojó el fuego en el edificio, poner tasa y término a los estragos que éste fuego provocaría.
José Luis Carrión.

Nuria Rodríguez dijo...

Entre las ocho y media a las nueve de la noche se iban formando algunos grupos en la plaza del Teatro y en la de la Boquería, unos grupos de gentes que se iban engrosando en número por momentos. En vano intentó separarlos la guardia del Teatro y algunos soldados de caballería destacados de Atarazanas. Los grupos allí congregados se iban de una parte ante la guardia y los soldados, pero no era para dispersarse y disolverse; era para reunirse en otra zona ya establecida; se conocía que ya había una intención decidida en conseguir sus propósitos y desde entonces fue fácil prever los efectos de la borrasca que se avecinaba.
Nuria Rodríguez.

Carlos Mercader dijo...

Clamoreando estaba el pueblo en diferentes puntos de la ciudad, y como el Capitán General Llauder y el Gobernador de la plaza se hallaban ausentes, el infatigable Teniente de Rey, Ayerve, en vano intentaba acudir donde mas amenazase el peligro, pues el odio entre los reunidos había pasado de la raya, y mas se embravecían cuanto mayor era el esfuerzo para contenerlos. Ardió el primero el convento de los Carmelitas descalzos, y subió de punto la audacia de los allí amotinados, una vez comprobaron que habían conseguido el primer triunfo.
Carlos Mercader.

Ángel Moliné dijo...

Podemos decir que corría la tea abrasadora por todas las calles de la ciudad de Barcelona, y el segundo incendio se verificó en el convento de Carmelitas Calzados. Pero la cosa iba con tal ímpetu y presteza, que ardieron a la vez las puertas de varios conventos, y sus moradores despavoridos apenas podían huir por donde se les presentaba la ocasión o les deparara la suerte, corriendo en varias direcciones por donde entendían podían encontrar ocultación o ayuda, pereciendo así unos cuantos en medio de la confusión generalizada, alborto total y del trastorno del orden ciudadano también generalizado.
Ángel Moliné.

Paco Almendros dijo...

No animaba en manera alguna a los alborotadores la esperanza del pillaje más o menos ocasional, porque lo que no devoraron las llamas se encontró intacto en las iglesias y en las celdas de los conventos o monasterios, ni espantaron la ciudad con confusa y alarmante griterío, pues solo resonaban los golpes de los martillos que abrían los tejados, o el estrépito de la bóveda que se desplomaba; y con tan extraordinario orden obraban, que parecían los hombres unos trabajadores asalariados por la ciudad, y las mujeres como si personas pagadas lo fueran para alumbrar el trabajo de los hombres asalariados. Había también una parte del pueblo espectador, había hombres y mujeres que parecían ser sólo los espectadores de aquel terrible espectáculo de llamas, y parecía que algunos extrañados, no acababan de persuadirse de que sus ojos veían; y otros había que parecían alegrarse de lo que como si de un espectáculo insólito se tratase y presenciaran admirados tal espectáculo, y finalmente otros como quien con el efecto, que se había provocado, acompañaran estos deseos ocultos, con los que los otros de una vez satisfaciendo sus deseos desempeñaban con sus actos, y acompañaban con ello sus deseos y pensamientos personales más recónditos.
Paco Almendros.

Gerardo Ríos dijo...

Hubo unl motín anticlerical en Zaragoza el 6 de julio de 1835, que ya tuvo un antecedente en la primavera del mismo año, cuando el 3 de abril una multitud se dirigió al palacio arzobispal para protestar por la decisión de su titular el Arzobispo Bernardo Francés Caballero, de ideas absolutistas, aunque esta autoridad religiosa no había hecho ninguna manifestación favorable a la causa de los carlistas, la causa de la protesta fue haber retirado las licencias de confesión y predicación a dos clérigos que eran capellanes de la milicia urbana por su conducta reprobable, pues en una carta enviada el 18 de abril al gobierno, el arzobispo los acusaba de llevar una vida licenciosa. La multitud iba encabezada por un fraile lego, Crisóstomo de Caspe, organista del convento de mínimos de la ciudad. Concrétamente el diario liberal El Eco del Comercio lo señalará a Crisóstomo de Caspecomo como autor del asesinato de cuatro o cinco religiosos que murieron en los incidentes de ese día, este fraile más tarde se alistó en el ejército liberal y fue fusilado por los carlistas en el Bajo Arágón.
¡FELIZ AÑO 2015!
Gerardo Ríos.

Esteban Oñate dijo...

Un nuevo movimiento de bullanga, en agosto de 1835, se dirigió contra las autoridades militares ya que el general Balsa acudía en una actitud provocadora a castigar a los barceloneses tras las primeras bullangas y amparándose en el contexto de la Primera Guerra Carlista. Balsa fue asesinado por un grupo de asaltantes y lanzado desde el balcón sin que la milicia ni la tropa hicieran nada para evitarlo. El cadáver fue arrastrado y quemado posteriormente, una acción paralela de la destrucción de la estatua de Fernando VII y la quema de las casetas de los burots y de la fábrica Bonaplata.
La quema del vapor Bonaplata fue un acto de ludismo, un ataque a la industrialización y mecanización, en un periodo en que la persistencia de la guerra carlista creaba dificultades de trabajo y empleo. Este hecho revelaba que los burgueses no podían controlar las masas populares con la facilidad que habían creído cuando estimularon su agitación o la habían tolerada mientras sus acciones respetaban su propiedad. La quema del Vapor haría nacer el temor a las masas descontroladas, apartaría los más tibios de la acción revolucionaria y daría lugar a que la autoridad actuara sin contemplaciones.
¡FELIZ AÑO PARA TODOS!
Esteban Oñate.

Bernardo Alonso dijo...

Con el paso del día 25 de julio de 1835, pareció cesar la tormenta de la violencia; según fue entrando el nuevo día, se fueron poblando las calles de numerosa gente, que veían pasar los piquetes de tropa y Milicia, que la autoridad enviaba a recoger a los frailes que habían logrado encontrar un asilo en las casas de los ciudadanos, o que habían quedado en sus propios conventos; trasladándolos a todos, para su seguridad personal, a los fuertes de la plaza, y cerraron después las puertas de ella, sin permitirse, por tanto la entrada a la gente del campo.que deseaba entrar en la ciudad. Así se pasó el resto del día con tanta aparente tranquilidad que daba la sensación que nada había ocurrido el día anterior, y por la ciudad no transitaba más gente, que aquella que iba a visitar los estragos hechos en los edificios religiosos la tarde noche y madrugada anterior, y las numerosas patrullas del ejercito y la milicia que mantenían la situación aparente de tranquilidad.
¡FELIZ AÑO!
Bernardo Alonso.

Virginia Benitez dijo...

La autoridad civil se limitó aquel día del 25 de julio de 1835 a mandar, que todos los dueños de fábricas y talleres mantuviesen abiertos sus establecimientos y no los cerrasen por ningún pretexto, bajo la mas severa responsabilidad personal de su incumplimiento: temeroso sin duda el Gobernador civil de que el ocio no engendrase nuevas tormentas violentas ese día.
Las monjas, previo el consentimiento de la autoridad eclesiástica, fueron invitadas a retirarse del claustro, dándose la facultad de alojarse en las casas de sus parientes o amigos; y para la custodia de los conventos pusieron fuertes medidas de seguridad con guardias en todos los conventos de la ciudad.
Virginia Benitez.

Andrés Rovira dijo...

El dia 23 de julio del 1835, en plena guerra contra los carlistas la diligencia que enlazaba Barcelona con Reus, ciudad que era uno de los principales bastiones liberales, trajo noticias de esta importante ciudad del sur de Tarragona.
El 19 de julio, miembros liberales de la Milícia Urbana de Reus habían sido asesinados a las afueras de la ciudad por un grupo de carlistas. Algunos panfletos relataban que uno de los milicianos urbanos de la ciudad, padre de varios hijos había sido crucificado y le habían arrancado los ojos a instancias de un religioso carlista. Como consecuencia de ello, se desencadenaron una serie de actos de revancha por lo que fueron quemados dos conventos y se disparó contra los domicilios de algunos personajes absolutistas de la ciudad con un resultado de 21 muertos en total por estos hechos.
Andrés Rovira.

José Casaus dijo...

El gran y nuevo convento del Seminario, situado en un ángulo de la población barcelonesa, fue atacado por un corto número de personas; pero se defendieron los frailes haciendo fuego, e hiriendo a algunos atacantes, e hicieron volver las espaldas a los demás.
También iban á pegar fuego al convento de los hermanos Capuchinos y Trinitarios calzados; y como se pensara que las llamas hubieran inevitablemente hecho presa de las casas vecinas, y colindantes a los conventos, se desistió de aquel perverso intento.
Tampoco fue incendiado el convento de las hermanas Servitas, por la voz que cundió de que el Cuerpo de artillería tenía en un lugar muy inmediato su almacén de pertrechos y se pondría en peligro con una eventual explosión la seguridad de todo un barrio.
José Casaus.

Cristian Casanova dijo...

Mientras que en una parte de la Ciudad ardían algunos conventos y se incendiaban en la otra, el furor no declinaba en ninguna parte de la ciudad. Como si de una tempestad se tratara, la turba iba yendo y viniendo, volviendo y revolviendo a las diversas partes sus recíprocos combates, llenando de inquietudes entre el vecindario de cada lugar por su propia seguridad, por la facilidad con que podía prender el fuego en las casas circunvecinas de los edificios religiosos incendiados. Y realmente fue una cosa verdaderamente extraña y rara que esto no ocurriera, pues a pesar de que fueron incendiados seis conventos aquella noche: el de los Carmelitas descalzos, el de Carmelitas calzados, el de los Dominicos, el de los Trinitarios descalzos, el de Agustinos calzados, y las puertas del de los Mínimos; el hecho real fue el que ninguna casa particular sufriese el menor daño por los incendios de los citados edificios religiosos; ni nadie fue victima de accidente por la caída y la ruina de los fragmentos que caían y volaban de una a otra parte de la vía pública, ni recibió la menor herida con los encuentros y choques de unos con otros, llevando todos empleadas las manos con varios instrumentos, en tan confuso tropel.
Cristian Casanova.

Francisco Revueltas dijo...

Ningún convento de monjas sufrió el menor ataque y ningún clérigo un insulto, ni ninguna fea maldad, que ordinariamente acompañan los actos de semejantes conmociones nocturnas del populacho, que se cometió en aquella espantosa noche del día de Santiago, entre el 25 y 26 de julio de 1835. Antes al contrario, muchas casas estaban abiertas con total normalidad, sin que nadie recelara que corriera el saco de la rapiña por ellas, con los movimientos del populacho juvenil a lo largo de la noche.
Francisco Revueltas.

Luis Juárez dijo...

Según Payne, siempre que las élites civiles de una nación son incapaces de dirigirla y gobernarla, son suplantadas por los militares. La debilidad de las instituciones, fue la causa de una intervención militar tan frecuente en tiempos del reinado de Isabel II.
La sistemática injerencia de los militares en la política tuvo su causa en la debilidad de la burguesía del país, la cual, al verse imposibilitada para edificar un nuevo Estado con el concurso de los civiles, hubo que echar mano de la única institución suficientemente organizada, que era el ejército. Este sería un razonamiento plausible si no fuera porque el concepto de debilidad de la burguesía es lo bastante impreciso como para desconfiar de él. ¿Qué significaría que la burguesía española era débil?, ¿Qué era poco numerosa? Sería quizá una evaluación muy discutible, Pascual Madoz calculó que los pecheros ascenderían en 1826 a 1.579.000 personas sobre un total de 13.950.000, esto es, una persona de cada nueve de los habitantes de España. Sobre el número de propietarios territoriales sobre la total de la población, España estaría situada en el sexto puesto europeo, por detrás de Francia, Países Bajos, Suiza, Italia y Dinamarca, y por delante de Suecia, Noruega, Portugal, Gran Bretaña y los Estados de Europa central y oriental.
Luis Juárez.

Alfonso Sola dijo...

Si hablamos del protagonismo de las Capitanías Generales, en concreto de la de Cataluña, tras los sucesos del 25 de julio de 1835, que es quizá la zona de España donde menos puede sostenerse el tópico de la debilidad de la burguesía. En este sentido, la gestión política y bélica de los principales capitanes generales de Cataluña durante la guerra civil de los siete años, Llauder, Mina y De Meer, puede ilustrar bastante bien los lazos entre los militares y la configuración inicial de la sociedad burguesa.
Alfonso Sola.

Manuel Jesús Castillo dijo...

Del mismo modo que la Capitanía General de Cataluña fue de las primeras en ser creadas, a principios del siglo XVIII, también fue la primera en ser utilizada en su beneficio por la burguesía, y desde luego a partir de los sucesos de La Granja de octubre de 1832 se convirtió en la principal pista de pruebas para nuevas formas de autoridad. Después de que fracasara el intento de alterar las disposiciones sucesorias a favor del infante Don Carlos María Isidro que habían urdido la camarilla ultra y los embajadores de Nápoles, Cerdeña y Austria, los notables que rodeaban a la reina María Cristina pusieron en marcha una contraofensiva enérgica. Dos medidas inmediatas tuvieron el mayor efecto: la publicación de los decretos de amnistía para los liberales, a los que hacía falta atraerse para contrarrestar a los ultra, y la sustitución de altos mandos militares afines a Don Carlos por otros de contrastada fidelidad a la desde entonces Regente.
Manuel Jesús Castillo.

Francisco Manuel Rodríguez dijo...

El 7 de octubre fueron relevados San Juan de la Capitanía General de Extremadura y Eguía de la de Galicia, y el día 10 se desalojó a Foumas de Aragón, a González Moreno de Granada, a Santos Ladrón de Cartagena y a O'Donnell de Castilla la Vieja. En su lugar entraron jefes como Sarsfield, Morillo, Ezpeleta, Valdts o Castroterreño. Más adelante, se nombró a Canterac Gobernador Militar del Campo de Gibraltar, se entregó a Quesada la jefatura de la Guardia Real y la dirección del arma de Infantería, al tiempo que se confiaba la Capitanía General de Andalucía al marqués de las Amarillas y la de Cataluña a Manuel Llauder. La deposición alcanzó después a más gobernadores militares, burócratas del Despacho de Guerra y jefes de regimientos provinciales, y afectó a algunos conspicuos comandantes carlistas posteriores como Guergué, Urbiztondo, Maroto o Zumalacárregui.
¡FELIZ AÑO!
Francisco Manuel Rodríguez.

José Javier Pereira dijo...

Alfonso Bullón de Mendoza ofrece una detallada relación, en cuadros, de los mandos depurados a finales de 1832 y principios de 1833 (La primera guerra carlista; Madrid,ACTAS, 1992; pp. 25 a 32). En febrero de 1833 concluyó la operación de apuntalamiento de la Regencia con la cesión a los capitanes generales de máximos poderes, incluso judiciales, lo que les convirtió en pachás de sus respectivas provincias.
José Javier Pereira.

Esteban Robles dijo...

El motín de Zaragoza se inició por la tarde cuando una multitud se reunió en la plaza de la Seo frente al palacio arzobispal dando gritos de «¡Muera el arzobispo y mueran los traidores!», o «Muera el arzobispo, muera el cabildo!», según otras versiones. Como el despliegue de la tropa y de la milicia urbana por orden del capitán general impidió el asalto al palacio episcopal, la multitud se dirigió entonces hacia el convento de la Victoria, donde fueron asesinados cuatro frailes, y después al convento de san Diego, donde mataron a otros dos. Por la noche se repitieron los incidentes, acuchillaron a un lego franciscano y dejaron malherido a un sacerdote. Aunque parece que en el asalto al convento de mínimos de la Victoria un destacamento de la milicia frenó a los amotinados, la pasividad, sin embargo, fue la nota de la guarnición militar en el ataque al convento franciscano de san Diego, situado justo enfrente de la capitanía general, y en el que mataron a dos frailes.
¡FELIZ AÑO!
Esteban Robles.

David Velasco dijo...

De esta manera se relataban los hechos, que culminaron con el incendio de la fábrica Bonaplata, en el diario liberal barcelonés El Vapor de 10 de agosto de 1835:
"La fuerza impotente de la facción carlista del Norte; los repetidos descalabros que Nuestro valiente Ejército sufrio en Navarra; el Aumento escandaloso de la facción de Cataluña, y sume insolente audacia; los asesinatos de los urbanos de Manresa, Camarasa, Reus y otras poblaciones; los continuos robos que diariamente aparecieron por Hacienda; Los facciosos a los Ciudadanos más pacificos y honrados, deteniéndolos en los caminos Públicos o sacándolos de super casa para exigirle, miedo sume libertad, cantidades que no podían pagar ni aun desposeyéndose de cuanto tenian; las Quemas de las diligencias y de los coches que han de conducir la correspondencia pública; la obstrucción, por estos medios, del comercio exterior y consecuente paralización de la industria [...] Hechos eran que hacían penetrar en los espíritus de toda las personas interesadas en el nuevo orden de cosas, aquella inquietud que precede ordinariamente las grandes crisis [...].
David Velasco.

Paco Luis García dijo...

Por orden del capitán general, el arzobispo Bernardo Francés Caballero abandonó Zaragoza con escolta militar y después de pasar por Lérida se refugió en Francia, concretamente en Burdeos, donde residiría hasta su muerte en 1843. En los días siguientes abandonaron precipitadamente la ciudad 114 clérigos absolutistas. Se ha sugerido que detrás del motín habrían sobre todo motivaciones económicas como: la abolición del diezmo que cobraba la Iglesia y la desamortización de sus bienes. Durante esa primavera hubo otro motín en Murcia contra las autoridades que tenían simpatías absolutistas, aunque los que murieron esta vez no eran eclesiásticos, sino un escribano antiguo voluntario realista, el cocinero del obispo y otro ciudadano.
Paco Luis García.

Jorge Vilaseca dijo...

El dia 24 de julio de 1835 las autoridades de la ciudad de Barcelona, habían llegado a plantearse la anulación de la Corrida de Toros programada para el día siguiente, día de Santiago o San Jaime. La causa aducida para la supresión de la corrida era el temor que el enfervorizado público asistente a la corrida diera lugar a alborotos del orden ciudadano.
En aquellos tiempos las corridas de toros eran el espectáculo favorito de los revolucionarios de la ciudad de Barcelona, cosa que ahora puede parecer extraña, en la hoy aparente antitaurina ciudad barcelonesa, por consideración de los políticos nacionalistas catalanes de este momento.
En aquellos años las corridas de toros bravos se unían a la política, lo mismo que ahora se hace con el futbol en los encuentros de máxima rivalidad Barcelona-Real Madrid, de forma que en la población de Olot, los carlistas llegaron a construir unos años más tarde su propia plaza de toros para congregar en el espectáculo taurino a sus propios "ultras".
Jorge Vilaseca.

Antonio Montes dijo...

El motín anticlerical más grave de Zaragoza se produjo el 6 de julio de 1835. Todo comenzó el día anterior cuando un amago de pronunciamiento a favor de la Constitución de 1812 por parte de una compañía al mando del teniente Blas Pover, fue sofocado y su comandante detenido y encarcelado. El día 6 una multitud integrada por miembros de la milicia urbana junto con hombres y mujeres de las clases populares exigieron la libertad del teniente y difundieron proclamas contra el gobierno. Ante la negativa del capitán general a liberal al oficial, “los amotinados buscan a los absolutistas, matan a uno, desobedecen la orden de formar que dicta el capitán general para los milicianos y se lanzan de inmediato por las calles de la ciudad, con gritos republicanos, contra casas de absolutistas y contra los conventos de Santo Domingo, San Lázaro y San Agustín. Participan en la destrucción mujeres y niños en una auténtica algarada contra lo que durante siglos había significado el privilegio de un recinto sagrado”. Murieron once frailes de distintas órdenes, bajo las armas o asfixiados por el humo.
Antonio Montes.

Matias Perea dijo...

La respuesta de las autoridades zaragozanas fue ejecutar al teniente Pover y a siete compañeros suyos, además de a varios individuos que habían participado en los incidentes. El gobierno, por su parte, destituyó al capitán general, al que el periódico La Abeja del 13 de julio acusó de haber dado armas a hombres de la clase proletaria, que habrían participado en los asaltos a los conventos, un argumento ya utilizado por la prensa liberal con motivo de la matanza de frailes en Madrid de 1834. Esta idea de que había existido complicidad de la milicia urbana y de las autoridades con los amotinados también fue recogida por un informe enviado a su gobierno por el embajador francés en Madrid, conde de Rayneval.
¡FELIZ AÑO!
Matias Perea.

Lidia Andreu dijo...

En otro informe, en este caso, de un agente francés se constataba el hecho de que muchos campesinos de los pueblos zaragozanos se negaban a pagar los diezmos, por lo que algunos historiadores piensan que la cuestión de los diezmos posiblemente fue una de las causas del motín. El arzobispo Bernardo Francés Caballero en alguna ocasión había pedido la intervención de las autoridades de la provincia para poder cobrar los diezmos, no sólo en la capital sino en muchos pueblos. No hay que olvidar que la Iglesia zaragozana poseía, al menos, una quinta parte de la riqueza de Aragón, lo que podía ser la causa de la oposición popular hacia los representantes de la Iglesia y además, una parte del clero regular, y sobre todo el arzobispado, estaba implicado en actividades antigubernamentales. En efecto, en el caso de Zaragoza, se constata la animadversión rotundamente económica y política a una institución como la Iglesia claramente decantada por conservar sus privilegios, posesiones e impuestos propios.
¡FELIZ AÑO 2015!
Lidia Andreu.

Juan Ignacio Cárdenas dijo...

Asignar la Capitanía General de Cataluña al teniente general Manuel Llauder no era proceder a un relevo más, dado que Llauder tampoco era un militar cualquiera. Hasta el año 1825 su carrera no había tenido nada de especial", pero en esa fecha el ministro de la guerra Zambrano le nombró inspector general del arma de infantería y con ello le incluyó en el equipo que habría de sacar adelante la reforma del ejército que culminó con las depuraciones de 1832. Sin abandonar la inspección de infantería, Llauder se hizo cargo primero de la Capitanía General de Aragón (primera mitad de 1830) y más tarde del Virreinato de Navarra (de octubre de 1830 a 1832), en el que se estrenó desmontando la invasión liberal de Vera de Bidasoa capitaneada por Espoz y Mina.
Juan Ignacio Cárdenas.

Elena Peinado Bagá dijo...

Tras el motín se produjo la desbandada del clero regular zaragozano, lo que permitió plantear de inmediato la supresión «cuando menos de los conventos destruidos... en parte para acallar los ardientes deseos de esta población sobre la reforma de regulares». El 11 de julio de 1835 se congregan en la Universidad los oficiales de la milicia, todos ellos eran considerados propietarios, comerciantes, de profesiones liberales, los «vecinos honrados», y presentan lo que consideran las medidas indispensables «para que se mantenga el orden». La primera y urgente hay que preguntarse si ¿era casual a estas alturas de los acontecimientos? que la medida fuese la de «suprimir absolutamente los regulares de Zaragoza», y además separar a los empleados públicos sospechosos ideológicamente y que acelerasen sus trabajos tanto la junta nombrada por el gobierno desde hacía más de un año para la reforma del clero, como la comisión de las Cortes para la libertad de imprenta. Cuatro medidas que se entrelazaban como parte del mismo objetivo revolucionario.
¡FELIZ AÑO!
Elena Peinado Bagá.

Manuel Jiménez Barragán dijo...

Pedro, parece que, al final, nada hay en las actas que haga alusión al «movimiento juntero». Veremos las próximas.

Al Conde de Toreno también te lo encontrarás en tu próximo trabajo. Si dijéramos Queipo de LLano sería lo mismo. Cómo se nos va acercando la historia, ya casi palpamos el pasado. Los protagonistas, las mismas familias.

Sinceramente no sé la repercusión que tuvo en nuestro pueblo la Desamortización, esta de Mendizábal. Me imagino que, como en otra partes, para la masa del campesinado fue nefasta. Concentró las propiedades expropiadas en adinerados (nunca invirtieron en modernizar el campo) que lo primero que hicieron fue quitar las tierras a los arrendatarios y aparceros, incrementando el número de jornaleros, campesinos sin tierras (origen de futuros conflictos y del atraso del campo andaluz). Cuando uno de los objetivos que la ley pretendía era hacer una reforma agraria. Las tierras de la Iglesia las consideraban como propias. Por ejemplo, el mismo caso se presentaría si, ahora, las llamadas tierras de «las monjas» se la quitaran a los arrendatarios.

Comenzamos otro año, cargado de deseos. Yo desearía que en los foros hubiera más alusiones a nuestra tierra.

Juan Miguel Ortega dijo...

La Junta establecida en Zaragoza posteriormente, explicaría las motivaciones de tales comportamientos en un texto que revelaba el resentimiento acumulado desde 1823 contra el clero, para cargar sobre «un pueblo religioso hasta la superstición» la acción de venganza como si hubiese sido una acción ciega y colectiva, sin dirección, pero sobre todo para concluir ante la Regente, como máxima autoridad institucional, que si quería «calmar la ansiedad pública» la «primera providencia indispensable» no era más que la supresión de todos los conventos de religiosos «declarando sus edificios y bienes propiedad nacional». Era la exigencia de los mayores contribuyentes constituidos en junta revolucionaria, que asimismo se definían como «clases acomodadas» y que en esa lógica de transformaciones, a la altura del mes de agosto, ya podían finalizar su proclama manifestándose «tan idólatras del orden como de la libertad».
Juan Miguel Ortega.

Rafael Oña Azcona dijo...

Al motín de Zaragoza, el gobierno de Madrid responsable, en definitiva ante una regente absoluta, respondió con la organización en la práctica de un estado de excepción. Sin embargo, la oposición liberal planteaba desde las páginas del Eco del Comercio su rechazo a la represión, método inviable para «asegurar el orden público, ni en Zaragoza ni otros puntos», porque la fórmula no era otra que la propia revolución liberal que tantos intereses concitaba a estas alturas”.
Rafael Oña Azcona.

José Antonio Barbero dijo...

En la designación del general Manuel Llauder para Cataluña, pesó el historial reciente y que Llauder hubiera mantenido a la infantería del lado de María Cristina en los sucesos de La Granja, pero ante todo contó su ubicación en el círculo cortesano cristino, compuesto por nobles (como el marqués de Miraflores), obispos (como Torres Amat), militares (como Castaños) y hombres de negocios (como Gaspar de Remisa). Las firmes conexiones de Llauder con Remisa, que era el centro del grupo en lo económico y su condición de general de moda le convirtieron en el delegado cristino en su Cataluña, o, si se prefiere, en el responsable de aplicar en su tierra natal el programa que el marqués de Miraflores le resumió así a María Cristina al poco de la muerte de Fernando VII: "lo que los elementos democráticos no son temibles en España, que el partido que únicamente puede ser funesto es el llamado Carlista; y que el único muro de salvación es colocarse V. M. al frente del llamado partido moderado, o sea el representante de los intereses nacionales.
José Antonio Barbero.

Ángel Luis Rubiales dijo...

Llauder relevó al paranoico conde de España en la Capitanía del Principado en diciembre de 1832, en medio de manifestaciones de entusiasmo de la población barcelonesa, la cual supuso con razón que con el recién llegado se inauguraba una época bien distinta a la de terror absolutista del conde. Y en efecto, a pesar de que no contaba con antecedentes liberales, el nuevo capitán general desarrolló una gestión que casó muy bien con el impulso de cambio económico de los primeros años treinta en Cataluña con las expectativas de su burguesía. Las medidas de Llauder durante la larga víspera de la muerte de Fernando VI1 y en la transición que duró hasta el verano de 1835 abarcaron múltiples aspectos, pero se las podría ordenar siguiendo las dos direcciones que apuntaba Miraflores: una, el fortalecimiento de la opción cristina mediante la sintonía con el patriciado y la integración de liberales posibilistas; y dos, la neutralización del carlismo y el combate contra sus partidarios armados.
Ángel Luis Rubiales.

Alberto Balaguer dijo...

En Reus, ciudad liberal en medio de un territorio favorable al carlismo, la hostilidad hacia los miembros del clero regular, especialmente hacia los franciscanos, se remontaba a la Década Ominosa del reinado de Fernando VII cuando éstos denunciaron a los liberales y fomentaron la revuelta de los Agraviados de 1827. De hecho durante el verano de 1834, cuando tuvo lugar la matanza de frailes en Madrid de 1834, también corrió el rumor, como en Madrid, de que los frailes habían envenenado los pozos de la ciudad y habían causado la epidemia de cólera. Algunos testigos de la época recuerdan que la impopularidad de los frailes llegaba hasta tal punto de que apenas podían circular por las calles sin ser insultados. El estribillo de una canción popular titulada “Sanch y fetge menjarem” (‘sangre e hígado comeremos’) era «Y morin los caps pelats» ('mueran los cabezas pelados’).
Alberto Balaguer.

Juan Antonio Sanz dijo...

La plaza de toros de la Barceloneta se inauguró en 1834. Pero en 1835 fue clausurada durante un espacio de quince años por serios altercados públicos cuyo origen se atribuyó a la mansedumbre de los toros. La plaza se construyó para sostener a los asilados de la Casa de Caridad. La construcción de la antigua plaza de toros de la Barceloneta, los motivos, el aplazamiento de la obra y circunstancias que lo produjeron, son temas que nadie mejor que don Ventura Bagües, ilustre historiador, los recoge en una brillante y veraz narrativa. Escribe: «... Predominó una idea caritativa, arbitrar recursos con que sostener a los asilados de la Casa de Caridad de Barcelona, cuya institución obtuvo en 3 de marzo de 1827 una Real Cédula de Fernando VII en virtud de la cual le fue concedido permiso para verificar corridas de toros, cuyos productos habrían de destinarse a dicho fin benéfico. Pero durante el mismo año estalló en Cataluña la guerra llamada «dels Malcontents» o Agraviados; las partidas del «Jep dels Estanys», «Cargol» y otros cabecillas invadieron el campo; los hombres de la Regencia de Urgel y el bando Apostólico volvieron a levantar la cabeza; al terminar aquellas luchas, quedó sometida Barcelona a la crueldad inquisitorial del Conde de España, y tal época de terror no era propicia para erigir una plaza de toros.
Juan Antonio Sanz.

Julia Barberá dijo...

Lo que motivó la “bullanga” en Reus fue el ataque que sufrió el 19 de julio de 1835 una partida de milicianos urbanos por parte de una partida carlista, en el que murieron el subteniente J. A. Montserrat y cuatro urbanos (además de un alférez y dos voluntarios de Gandesa), ya que al parecer entre los atacantes había frailes y uno de ellos había ordenado crucificar y sacarle los ojos a una de sus víctimas. Eso es lo que afirma el historiador Antonio de Bofarull:
“Habiendo muerto a seis soldados y a un oficial de urbanos… se habían entretenido los irruptores en crucificarlos, sacarles los ojos y otras barbaridades, a consejo de uno de los frailes que iba en la partida.”
Julia Barberá.

Mari Nieves Agramunt Lara dijo...

El clima de tensión que se produjo al conocerse los hechos de Reus hizo que el gobernador militar de la provincia de Tarragona enviara en seguida un destacamento de 200 soldados a petición del alcalde y de los superiores de los conventos. Esto no evitó que durante la noche del 22 de julio fueran asaltados e incendiados varios conventos donde fueron asesinados doce frailes franciscanos y nueve carmelitas. En estos hechos el ejército no intervino. Así lo explicó un cronista de la época:
"A la media para las once de la noche se alborotó el pueblo de Reus, disparando tiros al ayre, y en seguida se reunieron los individuos, los cuales la primera cosa que hicieron, envestir al convento de San Francisco y, viendo los frailes esto, tocaron por tres veces la campana para el auxilio, confiando con la tropa que había venido para su resguardo, la cual tropa no pudo aquietarlo, porque veían que les iría mal."
Mari Nieves Agramunt Lara.

Julio Guillén dijo...

Sobre la plaza de toros de la Barceloneta, ocurrió que muerto Fernando VII en 1833 y con la era de relativa expansión que se abrió a su fallecimiento, se pensó en la celebración de corridas, y la Casa de Caridad creyó llegado el momento de construir un circo taurino».El 22 de mayo de 1834, ante el notario don Manuel Planas, firmaron los contratistas, señores Coll, Sagristà, Deocón y Vilaregut, la escritura correspondiente para llevar a cabo la construcción del inmueble que se ubicaría en los terrenos que poseía la Casa de Caridad en las afueras de lo que fue, después, la Puerta del Mar. Dirigió las obras el arquitecto de la Academia de San Fernando don José Fontseré y Domènech e imprimió a las mismas tal actividad que a los dos meses estaban casi terminadas. Por hallarse la plaza dentro de la zona militar, cerca del fuerte de la Ciudadela, se limitó la obra de fábrica al piso de la grada cubierta. El resto hasta la cornisa fue hecho de entramados de madera. En los años 1857, 1862, 1871, 1875 y 1888 se introdujeron sustanciosas reformas de dicho coso completándose así la obra. El coste fue de 213.688 pesetas. El terreno sobre el que estaba edificada la plaza tuvo un valor de compra de 360.030 pesetas. El aforo era de 12.000 almas.
Julio Guillén.

Roberto Carlos Díaz dijo...

Los motines anticlericales de 1835 fueron unas revueltas contra las órdenes religiosas en España, fundamentalmente por su apoyo a los carlistas en la guerra civil iniciada tras la muerte del rey Fernando VII a finales de 1833, y que se produjeron durante el verano de 1835 en Aragón y, sobre todo, en Cataluña, dentro del contexto de las sublevaciones de la Revolución liberal española que pretendían poner fin al régimen del Estatuto Real, implantado en 1834 por la regente María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, y dar paso a un monarquía constitucional con el restablecimiento de la Constitución de 1812. Los motines anticlericales más importantes tuvieron lugar en Zaragoza y en Reus, Barcelona y otras localidades catalanas, durante los cuales fueron asaltados numerosos conventos y monasterios y resultaron muertos setenta miembros del clero regular y ocho sacerdotes, lo que trajo a la memoria lo ocurrido un año antes en la matanza de frailes en Madrid de 1834.“Todos los movimientos revolucionarios que estallaron en varias ciudades durante el verano de 1835 y se manifestaron en la quema de conventos y en la repulsa del Estatuto Real tienen un mismo denominador común: la hostilidad a los regulares, motivada ya por su intervención en la represión después del Trienio Liberal, ya por sus simpatías por el carlismo”.
Roberto Carlos Díaz.

Nuria Gispert dijo...

Así dio la noticia el diario liberal el Eco del Comercio sobre los sucesos de Reus:
“A las 10 de la noche reuniéndose en uno los muchos y crecidos grupos que se habían diseminado en la población, después de haber sacado a la fuerza de los hornos de cocer ladrillos todo el combustible que encontraron. Veíanse infinidad de mujeres cargadas de leña llevando grandes vasijas llenas de aceite de trementina y otras materias muy inflamables. Así reunidos, corrieron en tropel a San Francisco pegaron fuego al edificio, y pasaron al mismo tiempo a cuchillo a cuantos frailes encontraron.”
Según Antonio Moliner Prada, la causa última del motín hay que buscarla en “el anticlericalismo que se respiraba en muchos sitios, así como la ayuda que algunos conventos prestaban a los carlistas, o la importancia que podía tener una futura desamortización”.
Nuria Gispert.

Jaime Ponte dijo...

Bajo Llauder se produjo el retorno filtrado de los liberales en el exilio, cuyo número había aumentado mucho desde 1827, cuando el ejército francés de ocupación abandonó Barcelona y se otorgó el mando del Principado al conde de España. Por otro lado, la Capitanía dio curso a las peticiones de restauración de la Universidad de Barcelona y clausura de la absolutista de Cervera, lo que hizo lo posible por devolver sus antiguos puestos a algunos liberales retornados. Asimismo, se patrocinó una prensa adicta (señaladamente el diario El Vapor, pero también el Boletín Oficial de la Provincia de Cataluña y hasta el tradicional Diario de Barcelona) que sirviera de portavoz a las autoridades y a las fuerzas económicas del país.
Por último pero no menos importante, la Capitanía apoyó la reconstrucción de foros burgueses como la Sociedad Económica de Barcelona, voz pública de la Junta de Comercio y la Comisión de Fábricas. Por su parte, la plutocracia catalana tuvo que ofrecer como contrapartida un esfuerzo fiscal suplementario para sostener el dispositivo bélico del Principado.
Jaime Ponte.

Neli Alba dijo...

Las repercusiones del motín anticlerical de Reus se extendieron por las comarcas de la provincia de Tarragona, y también llegaron a Barcelona, donde como en Reus existía un fuerte sentimiento anticlerical sobre todo entre las capas populares que eran las que estaban soportando el peso y la “sangre” de la guerra civil mientras buena parte de los frailes estaban de parte de los carlistas a los que ayudaban económicamente y algunos tomando las armas. Por las calles de la ciudad era frecuente oír canciones como la que decía “Mentre hi hagi frares, mai anirem be” (‘Mientras haya frailes nunca iremos bien’) o calificarlos de “paparres” (‘garrapatas’) y a veces incluso recibían “tronchazos, pedradas y hasta algún ladrillazo y algún bofetón”, según cuenta un canónigo.
Neli Alba.

Andrés Alemán dijo...

En Barcelona fue un hecho trivial el que desencadenó el motín del 25 de julio de 1835. El público que asistía a una corrida de toros por el día de Sant Jaume comenzó a destrozar la plaza de la Barceloneta, cuando llegó el quinto toro arrancaron bancos y sillas y los lanzaron a la plaza porque los astados habían resultado mansos y cuando acabó la corrida arrastró el sexto toro muerto por las calles de la ciudad, apedreando de paso los conventos de La Merced y de San Francisco.
Andrés Alemán.

José María Ochoa dijo...

En lo tocante a la neutralización de los carlistas, el primer paso de Llauder fue la desactivación de los Voluntarios Realistas, que muchos conceptuaban como el ejército de reserva del carlismo. Unos cuantos incidentes protagonizados por miembros de aquel cuerpo dieron pie para su desarme, que se verificó los meses de enero y febrero de 1833. Desarmar a los Realistas era la única posibilidad ante la falta de base legal para su desguace, pero la medida más inteligente y audaz en ese sentido fue reconvertirlos y, una vez transmutados en Voluntarios de Isabel II, utilizarlos para combatir al carlismo.
José María Ochoa.

Carmen Castro dijo...

Autorizado con un decreto, venía el general Balsa a castigar de un modo ejemplar a los que hubiesen tomado parte en los acontecimientos de la noche del 25 al 26 de julio; pero la resistencia del Pueblo produjo la muerte del general gobernador Balsa.
En ambos días las propiedades de los particulares habían sido respetadas, y en medio del desorden reinaba cierto orden, que honraba al pueblo barcelonés; pero por una de aquellas desgracias inevitables en una población de 150.000 habitantes, un enemigo de las prosperidad pública, logro sin duda seducir a algunos sugiriéndoles la idea de que, la fábrica de vapor de Bonaplata, Vilaregut, Rull y compañía, perjudicaba al pobre jornalero, Porque causaba la disminución en el precio de un súper jornal.
Carmen Castro.

Pepe Badía dijo...

Paralelamente otros grupos quemaron en Barcelona la caseta de los consumos (el lugar donde los funcionarios municipales, “burots”, cobraban los odiados impuestos de entrada de mercancías a la ciudad) y a continuación dirigidos por el conocido liberal Manuel Rivadeneyra intentaron atacar el convento de San Francisco, pero sólo consiguieron quemar las puertas. Ya entrada la noche varios grupos incendiaban seis conventos: el de los trinitarios descalzos, justo donde hoy está el Liceo, el convento de San José de los carmelitas descalzos, donde hoy se encuentra el mercado de La Boquería, el de los agustinos en la calle del Hospital, el de los carmelitas calzados de la calle del Carmen, el de San Francisco de Paula de los mínimos, en la calle de Sant Pere, y el de los dominicos de Santa Catalina, donde hoy se encuentra el mercado del mismo nombre. Fueron atacados otros edificios religiosos, pero sin llegar a ser incendiados, como en el caso del seminario de San Vicente de Paúl de la calle Amalia, donde frailes y seminaristas consiguieron hacer frente a los asaltantes con garrotes y armas de fuego. Los asaltos a estos conventos en algunos casos se hicieron al mismo tiempo por lo que fueron obra de grupos diferentes. Muchos frailes escaparon y fueron recogidos por el ejército y la milicia urbana que los trasladó al castillo de Montjuic, pero otros no lo consiguieron y 16 de ellos fueron asesinados.
¡FELIZ AÑO!
Pepe Badía.

Juan Miguel Pastrana dijo...

El 10 de octubre de 1833, una semana después de que muriera Fernando VII y dos antes de que se emitiera el tardío decreto de disolución de los Realistas, en Cataluña se levantó el banderín de enganche de los Voluntarios de Isabel II, que se fueron nutriendo con los que reunían "las circunstancias de buena fama, no ser vagos, ni quimeristas, ni procesados, ni haber pertenecido a la rebelión de 1827, pudiendo tener entrada los voluntarios realistas bien animados y que reúnan aquellas circunstancias".El nuevo cuerpo franco cubrió varios objetivos, a cuál más importante: ayudar al ejército regular en la lucha contra los carlistas, evitar agitaciones de los jornaleros en paro al proporcionarles un subsidio en forma de soldada y contrarrestar a una Milicia Urbana proclive al liberalismo radical.
Juan Miguel Pastrana.

Sergio Núñez dijo...

Con este engaño a los obreros seducidos sobre su perjuicio por los salarios más bajos, muchos de los allí presentes, en vez de acudir a la Junta de Autoridades pidiendo leyes que mejorasen la suerte de las clases inferiores; que diesen una instrucciones proporcionadas a sus hijos, para que con el tiempo pudiesen ser unos Ciudadanos útiles, que disminuyen los enormes Derechos que pesan sobre la clase más pobre y más numerosa; que reformasen la ley de elecciones, para que los Procuradores pudiesen ser verdaderos representantes de la Nación española; que la elecciones de alcaldes y concejales, como que es un Gobierno de familia, pudiese recaer en cualquier ciudadano que mereciese la confianza del pueblo sin necesidad de la autorización del Gobierno; que la policía dependiese exclusivamente del alcalde del pueblo, como autoridad central del Gobierno civil de la Provincia, a fin de que la policía no pudiese ser convertida en un medio de opresión del hombre de bien, libertando al pueblo de las engorrosas y dispendiosas trabas con que hasta ahora se le ha mortificado; dotándose de unas leyes que autorizasen a los individuos de una compañía de la Milicia ciudadana, protectora especial de los Derechos del Pueblo, a nombrar sobre oficiales y las capitanías de batallones, la llanura mayor; que toda la Milicia de España estuviese organizada por Batallones [...]; que concediesen libertad de imprenta [...], leyes en fin que declarasen nacionales Los Bien del clero [...].
Sergio Núñez.

Ricardo Castejón dijo...

Ni el ejército ni la milicia urbana intervinieron ya que, según el historiador Antonio Moliner Prada, sus miembros simpatizaban más con los revoltosos que con los religiosos, e incluso algunos de ellos participaron en los alborotos. Por otro lado, el Ayuntamiento, a pesar de que se constituyó en sesión permanente, tampoco llevó a cabo ninguna acción coordinada con las fuerzas del orden para evitar los desmanes. “El Acta del Ayuntamiento (25 de julio por la noche) refleja que todavía a la 1,30 horas de la madrugada no habían hecho acto de presencia ni los bomberos ni la fuerza militar con el fin de sofocar y evitar los incendios de los conventos”. Sólo al día siguiente, 26 de julio, “las autoridades tomaron algunas medidas para restaurar el orden: publicaron una proclama que eludía toda responsabilidad sobre los sucesos del día anterior, detuvieron a algunos, ordenaron la disolución de los grupos de personas que permanecían en la calle, mandaron cerrar las puertas de entrada a la ciudad para evitar que se introdujeran gentes de los pueblos cercanos, y exhortaron a los patronos a que abrieran sus fábricas y talleres”.
Ricardo Castejón.

Manolo Baeza dijo...

Si hemos de remontarnos en el tiempo, habría que decir que una primera expresión anticlerical del pueblo tuvo lugar en marzo de 1820 en Madrid. Al día siguiente de restablecerse la Constitución, gentes del pueblo asaltaron las cárceles de la Inquisición, sitas en la plaza de Santo Domingo, para buscar los instrumentos de tortura en los lóbregos calabozos que tanto pánico habían suscitado en la mentalidad popular, atemorizada durante siglos por dicha institución para doblegar cualquier protesta ciudadana, y similar operación ocurrió en Zaragoza, donde hubo tiros, Barcelona, Valencia (donde estaba preso el conde de Almodóvar), Mallorca, Sevilla...etc.”.
Manolo Baeza.

Jesús Miguel Toro dijo...

Las Cortes del Trienio retomaron y llevaron más lejos la política religiosa iniciada por las Cortes de Cádiz pero interrumpida por la restauración del absolutismo por Fernando VII tras su vuelta de Francia. Las Cortes abrieron sus sesiones el 9 de julio de 1820 esta vez con 34 de clérigos, todos liberales, de los 150 diputados que la componían. Al finales del mes siguiente aprobaban la suspensión, que no la expulsión, de la Compañía de Jesús y el 25 de octubre la Ley extinción de monacales y de reforma de regulares basada en el principio de que «la religión cristiana nunca puede estar en contradicción con la prosperidad de los pueblos», y que era justo, por tanto, que «los pueblos» reclamasen aquello que salió de ellos.
Jesús Miguel Toro.

Carlos Peña López dijo...

Con la ley de extinción de monacales y de reforma de regulares fueron disueltas las órdenes monásticas y las de los canónigos regulares, los hospitalarios y los freires de las órdenes militares y se cerraron los conventos con menos de doce religiosos si sólo había uno en la localidad y con menos de veinticuatro si había más de uno, además de someter al clero regular a la jurisdicción de los obispos de cada diócesis.
Carlos Peña López.

Francisco Villanueva dijo...

Más tarde se redujo el diezmo a la mitad y no sería cobrado por la Iglesia sino por el Estado, que con ese dinero sufragaría los gastos de culto y clero, y se desamortizaron los bienes de las comunidades religiosas suprimidas que fueron vendidos en pública subasta. También se suspendió la provisión de beneficios y capellanías sin cura de almas aneja. Aunque estas medidas se quedaron cortas según los liberales más radicales y no acometieron en profundidad la reforma de las estructuras de la Iglesia católica española, modificaron la posición política, social y económica del clero y produjeron una escisión en su seno entre los partidarios de las mismas, el clero liberal o constitucional, y los que se oponían a ellas, el clero absolutista.
Francisco Villanueva.

Pedro Jiménez dijo...

Los cambios provocaron graves tensiones entre el gobierno liberal, por un lado, y la jerarquía eclesiástica española, algunos obispos llegaron a ser expulsados de sus diócesis por negarse a jurar la Constitución de 1812 o por criticar duramente los cambios, y el nuncio y el Vaticano, por otro. “Ello originó no poca confusión en el interior de la Iglesia, provocando en algunas ocasiones una auténtica situación cismática, pues los administradores apostólicos de ciertas diócesis nombrados por el gobierno no fueron reconocidos por el papa. El desbarajuste en la cabeza del clero español a finales del Trienio no podía ser más desolador, apunta Revuelta: quince sedes vacantes por defunción, once obispos exiliados o huidos, seis diócesis en cisma, numerosos sacerdotes deportados o proscritos...
Pedro Jiménez.

María Victoria Sánchez dijo...

Aunque el clero absolutista presentó los cambios adoptados por las Cortes y los gobiernos liberales como una política antirreligiosa, lo cierto fue que la inmensa mayoría de los liberales del Trienio eran católicos sinceros, como lo demuestra que no se propusiera cambiar la confesionalidad del Estado proclamada en la Constitución de 1812. Los liberales, como herederos de los ilustrados, lo que pretendían era la reforma del clero porque casi ninguno de ellos “albergaba dudas sobre la degradación de los eclesiásticos, la insostenible injerencia del Papa y de la Curia romana en los asuntos españoles (especialmente en los de índole económica) y la imposibilidad de mantener las estructuras económicas de la Iglesia”.
María Victoria Sánchez.

Adrián Cabrerizo dijo...

Algunos liberales experimentaron una evolución personal en su fe y se decantaran hacia posiciones agnósticas o claramente ateas, como el antiguo fraile franciscano Juan Antonio de Olabarrieta, conocido como José Joaquín de Clararrosa que editaba en Cádiz el influyente periódico liberal Diario Gaditano y que dejó inéditas unas Cartas familiares a Madama Leocadia donde manifiesta su auténtico pensamiento, claramente materialista en la senda de Spinoza, que considera una ilusión la inmortalidad del alma. En ese escrito publicado en 1822 tras su muerte calificaba la vida de Jesucristo de historieta, «el cuento más risible»: «Un Dios, sustancia espiritual, teniendo un hijo material de la mujer de un carpintero, y que lo condena a muerte ignominiosa por pecados ajenos, sin tener otro recurso para redimir al género humano, es, sin la menor duda, el despropósito más original que inventaron los hombres para formar un sistema de religión».
Adrián Cabrerizo.

Ana Isabel Núñez dijo...

Un caso algo diferente es el de José Marchena que al final de su vida abandonó el ateísmo de sus años en Francia para adoptar el deísmo que lo enlaza con la Ilustración. Para Marchena, según lo expuso en un discurso pronunciado a finales de 1820 en la Sociedad Patriótica de Sevilla, en apoyo de la ley sobre extinción de monacales y reforma de regulares, que se acababa de aprobar, la religión y sus ministros deben quedar sujetos al poder del Estado, como expresión de la voluntad de la nación y como único garante del bien social, defendiendo, pues, una posición laicista.
Convenía, por tanto, que los ministros de la religión nacional dependan, lo más que fuere posible, de los magistrados, que éstos no los pierdan un instante de vista para cerciorarse del contenido de sus doctrinas; no porque sea incumbencia de la potestad civil averiguar si el camino por donde conducen al cielo es el más derecho y seguro, que eso fuera profanar las aras, empero sí para convencerse de que su predicación conspira a la felicidad de los individuos de mancomún con las leyes y que no hay divergencia, ni mucho menos oposición, en las máximas de vida que la legislación y la religión prescriben.
Ana Isabel Núñez.

José Luis Domínguez dijo...

En 1820 otro de los pensadores influyentes en el Trienio, Juan Antonio Llorente, publicó en francés y en castellano un Proyecto de constitución religiosa haciendo parte de la constitución civil de una nación libre e independiente inspirado en la Constitución Civil del Clero de 1790 de la Revolución Francesa en el que propugna la ruptura total de la Iglesia católica española con el Vaticano y propone además la abolición del celibato, siguiendo el modelo del clero protestante. Así Llorente, que nunca abandonó su fe cristiana, fue tildado de escritor anticatólico al estilo de un Voltaire o de un Rousseau, incluso por ciertos sectores liberales, aunque hoy se le considera un defensor del “liberalismo cristiano”, que fue seguido por algunos de los clérigos del Trienio favorables a la reforma del clero, un movimiento que, según el historiador Emilio La Parra, “adquirió una consistencia y una extensión más que considerables”.
José Luis Domínguez.

Abel Cortes dijo...

Como señaló un absolutista catalán tres años después del final del Trienio, durante el mismo «se pusieron en movimiento las armas de la invectiva y de la sátira. En el teatro se ridiculizaba a los religiosos y eran presentados al público como perjudiciales al Estado, como gente mala y perversa, y lo mismo se hacía respecto al clero secular. Una multitud de canciones infames se esparcieron por todas partes con rapidez, y los cuadernos obscenos se vendían sin hacer de ello el menor misterio...». Este mismo absolutista, refiere Julio Caro Baroja, recuerda el "dramón" La Inquisición por adentro, obra teatral estrenada en Barcelona para desprestigiar a la Regencia de Urgel, "en que a fuerza de tantas mentiras como palabras presentaban aquel Tribunal Santo más cruel que ningún tirano".
Abel Cortes.

Nicolás Sanchiz dijo...

La obra satírica anticlerical que alcanzó más éxito y que después tuvo numerosos imitadores fue “Lamentos políticos de un pobrecito holgazán que estaba acostumbrado a vivir a costa ajena”, de Sebastián Miñano, cuya primera entrega se publicó en marzo de 1820 y que se agotó en pocos días, en total se calcula que saldrían a la venta unos 60.000 ejemplares de la obra, cantidad en verdad astronómica para la época. "He aquí, una vez más, a un hombre de Iglesia metido a burlarse de los antiguos funcionarios del Santo Oficio, de los jesuitas vueltos de Roma, de los frailes intrigantes, de las ideas y los usos de la gente chapada a la antigua en general, para la cual la Constitución era la raíz de todos los males".En esta obra y todas las que le siguieron se describió a los curas, a los frailes y a las monjas como seres despreciables, fanáticos, avarientos, hipócritas... lo que contribuyó poderosamente al deterioro de la imagen del clero, sin distinguir entre virtuosos o viciosos, como debía ser.
Nicolás Sanchiz.

Juan Plata dijo...

En realidad los “Lamentos políticos de un pobrecito holgazán que estaba acostumbrado a vivir a costa ajena” de Miñano no presentan novedades importantes respecto a la crítica que se venía haciendo al clero desde el final del siglo XVIII, especialmente del clero regular, del clero secular Miñano dice, en cambio, que «hay entre ellos más liberales de lo que generalmente se cree». Aparecen la “ociosidad” del clero que constituye un obstáculo para el progreso; Miñano afirma que la existencia de conventos es uno «de los principales abusos que impiden que la España se ponga al nivel de las primeras naciones de Europa» y que los diezmos son «contribución disparatada» que impide la prosperidad de la agricultura; el “oscurantismo” y desprecio por la libertad.
Juan Plata.

Víctor Manuel dijo...

Un eclesiástico dijo: «... ninguno que se ríe puede ser querido de Dios, que los hombres necesitan mucho palo y que no poniendo al frente de todas las corporaciones hombres duros y apasionados a obedecerme, el Altar y el Trono corrían un peligro inminente»—; los vicios morales, los comportamientos egoístas, la Inquisición, la exclusividad de la enseñanza de la Teología en detrimento de las ciencias útiles, las falsas vocaciones, etc. En la carta V define así al clérigo: «... es un lechuzo vestido de negro, con una sotana muy larga, su manteo terciado por debajo del brazo y un sombrerón que se anuncia diez varas delante de la persona».
Víctor Manuel Martín.

Estanislao Moreno dijo...

Aparecieron folletos que atacaban la riqueza del clero en contraste con el espíritu evangélico, y en los que se suele distinguir entre la Iglesia, que es santa, y los eclesiásticos movidos por la avaricia y responsables del abuso del pago de tantos impuestos en su nombre. Así lo recoge, por ejemplo, Cuenta de los millones que paga anualmente el pueblo español por leyes y arbitrios religiosos, en el que se dice: «Los frayles y monjes del día en vez de dejar sus bienes para seguir a Jesucristo se han apoderado de infinitos; no es por consiguiente para ellos la vida eterna, ni nosotros podemos poseerla por su medio. Así que se les debe despojar de todos, sea cual fuere el origen de su adquisición, como contraria a la población, al estado y a la doctrina de Jesucristo». Un argumento que justifica la desamortización de los bienes eclesiásticos aprobada por las Cortes liberales del Trienio.
Estanislao Moreno.

Victoriano Tovar dijo...

Toda esta publicidad contribuyó a que la imagen del clero quedara muy deteriorada como lo demuestra la enorme difusión del adjetivo «pancista» para referirse a frailes y monjes y la popularidad alcanzada por los diversos Himnos de los pancistas. Así reza uno de esos himnos:

Poltrones, la panza / nos llama a la liz,
juremos por ella / vencer y engullir.

Estómagos anchos / robustos cogotes,
lerdos monigotes / que nada sentís.
Los platos ya suenan / el diente devora,
alerta, que es hora / conmigo decid:

Poltrones...

Que gime la España / entre fieras riñas.
Suden bien las viñas / bebamos sin fin.
La mesa a las doce / que se pinte sola
y ruede la bola / de este mundo ruin.

Poltrones...

Coman las familias / su pan con trabajo
y con sopas de ajo / vayan a dormir.
No vean su ojos / tapados con vendas
las funestas sendas / de su opresión vil.

Poltrones...

Mátese el soldado / y vele el gobierno,
que se nos da un cuerno / pudiendo decir:

Poltrones...

Nuestro ídolo sea / el vientre repleto
y sólo este objeto / mire nuestro ardid.
Los hombres se enreden / en guerra y tormentos,
si nuestro contento / han de producir.

Poltrones...

Al arma, que sale / el carro triunfal
del bien general / por otro carril.
Doblemos las fuerzas / el carro volquemos,
si no, perecemos / ¡hay panza feliz!
Poltrones...
Victoriano Tovar.

Juan Francisco Pérez dijo...

La sátira anticlerical también se plasmó en procesiones cívicas de carácter político-religioso irreverente, en las que se realizaban parodias al modo de liturgias burlescas, y en el teatro con la reposición de El diablo predicador de Luis Belmonte Bermúdez y de El sí de las niñas y La Mojigata de Fernández de Moratín y con obras nuevas como El hipócrita pancista, estrenada en Madrid el 8 de junio de 1820. "En ella, según Julio Caro Baroja, el entusiasmo por la Constitución corre parejo a las censuras contra frailes, prebendados, familiares del Santo Oficio y todo lo que huela a «servilismo» o absolutismo" En la irreverente “Fray Lucas o el monjío deshecho”, el personaje principal retratado con los típicos rasgos del fraile de las sátiras (glotón, hipócrita, lascivo, parásito...), se dice:
“Pero ahora te advierto (no lo olvides)
que atento y vigilante siempre cuides
de que jamás los frailes con frecuencia
abusen de tu casa y tu prudencia:
pues de ordinario siembran la discordia
y destierran la paz y la concordia.”
Juan Francisco Pérez.

Yolanda García dijo...

La política religiosa emprendida por las Cortes y los gobiernos liberales provocaron una dura reacción por parte de los sectores, laicos o eclesiásticos, más apegados a los valores e ideas del Antiguo Régimen. Sólo a los pocos días de que el rey sancionara la ley de extinción de monacales y reforma de regulares aparecieron los primeros conatos abiertos para restaurar el absolutismo instigados por el clero en Ávila, Burgos, Toledo, Álava, Asturias, Valencia, Cataluña y Galicia, donde en enero 1821 se capturaba a una autodenominada Junta Apostólica; aunque la prensa liberal les restó importancia, destacando por el contrario, como hacía El Universal, que “hay muchas personas que se preparan a comprar las hermosas fincas de los Cartujos” que habían sido desamortizadas.
Yolanda García.

Pedro Navarro dijo...

Mayor impacto tuvo entre los liberales el descubrimiento a principios de 1821 de una conspiración absolutista en la corte, encabezada por un capellán de honor del rey, el cura M. Vinuesa, antiguo párroco de Tamajón, que fue detenido el 29 de enero. Esto hizo pensar a mucha gente en la capital que el propio Fernando VII estaba detrás de las revueltas realistas, por lo que fue insultado a su paso por las calles de Madrid. Para defender el régimen constitucional las Cortes aprobaron el 17 de abril una ley para castigar los delitos de conspiración contra la Constitución con la pena de muerte, aplicándose también la misma pena las actuaciones contra la religión católica. Las Cortes también aprobaron decretos contra los eclesiásticos que se rebelaran abiertamente contra el régimen constitucional. Finalmente se celebró el juicio contra Vinuesa pero la condena no fue la pena de muerte sino diez años de presidio, lo que soliviantó los ánimos de los sectores más radicales que llevaron a cabo, según J.S. Pérez Garzón, “el primer acto organizado de violencia anticlerical dentro del proceso revolucionario liberal”.
Pedro Navarro.

Miguel Ángel Serrano dijo...

Por la tarde del 4 de mayo de 1821 “una cuadrilla de «unos ciento cincuenta miserables», en términos de Modesto Lafuente, después de dar gritos en la Puerta del Sol, se dirigió a la cárcel y forzó la entrada, vigilada por milicianos atemorizados, mataron a Vinuesa y destrozaron su cabeza a martillazos”. A partir del 7 de julio de 1822 la ofensiva absolutista y clerical se recrudece y se transforma en una guerra civil en la que se enfrentan las partidas absolutistas al ejército gubernamental y a las partidas liberales. Durante la misma se producen hechos violentos clericales y anticlericales cada vez más desenfrenados. Como señaló Modesto Lafuente: «la guerra civil ardía entre tanto en la península, devastando principalmente las provincias de Cataluña, Aragón, Navarra y Vizcaya, y en escala inferior las de Castilla, Galicia, Valencia y Extremadura, alcanzando también a las Andalucías».
Miguel Ángel Serrano.

Juan Ramón Rivera dijo...

En este enfrentamiento civil el clero tomó partido mayoritariamente por los absolutistas, siguiendo el camino iniciado desde el comienzo del Trienio por “los clérigos que se negaron a obedecer las disposiciones del gobierno, rehusando, ante todo, explicar la Constitución, como se les había ordenado” o por los muchos eclesiásticos que “escribieron papeles «sediciosos» y predicaron contra el régimen”, a los que generalmente se les privó de sus cargos y, en contados casos, se les castigó con la prisión. Pero además una parte importante del mismo tuvo una participación muy activa en la sublevación realista, especialmente en el País Vasco y en Cataluña. “El clero actuó en la leva de guerrillas y en la dirección de varias de ellas, en la recluta de fuerzas de relevo de las partidas, en el mantenimiento del espíritu bélico de la población, en la propaganda anticonstitucional, en la recaudación de fondos para comprar de armamentos y en el servicio de información y comunicaciones a favor del bando sedicioso”.
Juan Ramón Rivera.

Cristóbal Lozano dijo...

Los clérigos fueron los principales organizadores de las juntas absolutistas que se establecieron en las zonas bajo control de las partidas realistas. Por otro lado, la sublevación de 1822-1823 también puede entender como una auténtica rebelión campesina, una “jacquerie anticonstitucional”, (un motín o levantamiento de los campesinos en recuerdo de una rebelión de los campesinos de la Isla de Francia contra la nobleza en 1358), la ha llamado J.S. Pérez Garzón, porque en las partidas hubo una amplia participación del campesinado, a causa no sólo de la desposesión de bienes que afectaba a los frailes y a los propios campesinos sometidos a nuevos propietarios, sino también “contra las costumbres y valores que suponía el carácter burgués del régimen”.
Entre los clérigos que se pusieron al frente de las partidas realistas estuvieron el cura Merino y El Trapense y cabecillas nuevos “como Gorostidi, Eceiza o Salazar, émulos de los anteriores en crueldad y en enarbolar la cruz para cometer todo tipo de desmanes”.
Cristóbal Lozano.

Jesús Vega dijo...

La defensa de la religión fue la principal bandera del bando absolutista que no dudó en presentar a los liberales como enemigos de la religión, afirmando falsamente, como hacía el Diario de Urgel de la Regencia de Urgel, que «El grito de los revolucionarios, de los liberales, cuando atacan a los realistas es: Muera Dios, la Virgen y el Rey, y viva el demonio».Para contrarrestar la propaganda absolutista, la prensa liberal resaltó las actuaciones en defensa del orden constitucional de algunos sacerdotes y frailes.
Jesús Vega.

Daniel Rodríguez dijo...

El periódico liberal El Universal, del 21 de marzo de 1823, reprodujo una exposición de los capuchinos de Granada en la que decían que ante las necesidades de la patria y a pesar de la escasez de sus recursos ofrecían veinte arrobas de lino y mil reales en efectivo, producto de misas, para vestir a la tropa. El periódico hizo un comentario elogioso y al tiempo que quitaba hierro al anticlericalismo aprovechó para contraponer el sentido religioso de los constitucionales y el de los absolutistas… Los capuchinos de Granada ofrecen un ejemplo de religiosidad y de patriotismo; por el contrario, los frailes alineados en el absolutismo «han dado el triste y escandaloso testimonio de su irreligión, de su inmoralidad, de su hipocresía, de su ingratitud»”.
Daniel Rodríguez.

Paco Puerta dijo...

También se difundieron canciones populares que se cantaron a lo largo de todo el siglo, como la siguiente:

Antiguamente a los chiquillos
se les vestía de frailecillos;
pero ahora, los liberales,
sólo les visten de nacionales.
¡Alegría ciudadanos! ¡Viva la Constitución!
¡Que los tiranos que nos mandaban,
ya no nos mandan, no, no, no!

Saludos para todos.
Paco Puerta.

José Miguel Gómez dijo...

Los realistas también utilizaron este recurso como su "Oración macarrónica..." contra la Constitución, que decía:

Sean siempre despreciados
los liberales exaltados,
moderados y sansculotes,
que dicen es un fanatismo
los misterios del cristianismo
y no tienen más religión
que la infame Constitución,
ajena de todo bien. Amén.

José Miguel Gómez.

Lucía Díaz dijo...

El bando absolutista asaltó templos y atacó a clérigos del bando contrario. Por ejemplo, en enero de 1823 una partida realista entró en Burgo de Osma y saqueó las casas de un lectoral, un abad y un canónigo de la localidad. Asimismo el cura guerrillero Gorostidi no dudó en incendiar dos iglesias en Dicastillo y Durango para apresar a dos curas constitucionales. En general cometieron todo tipo de desmanes contra los liberales en los pueblos ocupados, una violencia alentada por el clero absolutista como se manifiesta en sus escritos, como el del canónigo de Málaga, Juan de la Buelga y Solís que escribió nada más acabar el Trienio: «jamás haré las paces» con quien no sea realista absoluto y católico, apostólico y romano.
Lucía Díaz.

José Lorenzo Sanz dijo...

De la violencia absolutista desconocemos el número total de liberales que fueron asesinados por los realistas, “tras el tormento y el ensañamiento sanguinario correspondiente”. De todos los clérigos que dirigieron partidas realistas el que "produjo más asombro", en palabras de Caro Baroja, fue Fray Antonio Marañón, "El Trapense", de quien el absolutista francés vizconde de Martignac hizo en 1823 el siguiente retrato: “Vestido con su hábito de monje, el crucifijo al pecho, un sable y dos pistolas al cinto, y un látigo en la mano derecha, montaba sobre un caballo de poca alzada y galopaba solo en medio de una masa de gente que corría ante él y se arrodillaba a su paso. Miraba de modo frío a derecha e izquierda, distribuyendo las bendiciones que le pedían con una especie de desdén, o más bien de indiferencia, que me llamó la atención...”
José Lorenzo Sanz.

Diego Cano dijo...

El historiador Emilio La Parra relata las acciones más conocidas y crueles de "El Trapense". “Cuando El Trapense tomó La Seo de Urgel el 21 de junio de 1822, la acción se hizo famosa porque el fraile acaudilló el asalto, subido a la escala, con el crucifijo en la mano, y mató personalmente y con saña a los prisioneros. (...) El Trapense bendecía a la gente que se le arrodillaba a su paso, fingía revelaciones, montaba con el hábito remangado para «embotar las balas enemigas y hacerlo invulnerable». La primera ocasión en que mostró su ferocidad fue cuando se enfrentó al ejército constitucional en Cervera, incendió la población por dos ángulos opuestos, sembró las calles de cadáveres y vengó así a los capuchinos que habían matado los soldados en respuesta a los disparos desde el convento”.
Diego Cano.

Juan Luis García Gómez dijo...

Los escritores liberales lo consideraron al Trapense un energúmeno y lo hicieron protagonista, junto con su "pareja", Josefina de Comerford, de "alguna truculenta novela romántica", según Caro Baroja. La violencia clerical del bando absolutista fue respondida por la violencia anticlerical del bando liberal, y donde ésta alcanzó mayor virulencia fue en Cataluña. “La proclama de la regencia de Urgel se quemó en Barcelona, se detuvieron a los desafectos al régimen, en su mayoría frailes, y en esa dialéctica de guerra civil, la ciudad fue escenario de asaltos a los conventos de capuchinos, dominicos, franciscanos y agustinos con un balance de más de cincuenta muertos, y también de deportaciones de frailes, medida que se repitió en Valencia y en Orihuela. Era la réplica colectiva de venganza contra las órdenes religiosas insurrectas.
Juan Luis García Gómez.

Virginia Mora dijo...

También hubo la respuesta institucional a través del ejército, dirigido por Mina, con decisiones de violencia inusitada, como la de Castellfullit. En ese transcurrir de la violencia, la espiral se hizo cada vez más feroz y ocurrían casos como el asalto y muerte del obispo de Vich, que murió en la ciudadela de Barcelona, donde había sido trasladado como prisionero tras ser detenido en su residencia episcopal, o el fusilamiento de veinticinco frailes en Manresa o la devastación del monasterio de Poblet, no a manos de los soldados liberales, sino de los campesinos de los pueblos vecinos que talaron bosques y profanaron tumbas por el «clamoreo de las lisonjeras voces de libertad e igualdad», según el propio abad, aunque sus tierras ya estaban vendidas a particulares, o quizás por esto precisamente”.
Virginia Mora.

Agustín Díaz Pardal dijo...

A diferencia de lo que sucede con el bando absolutista, en cuanto al bando liberal sí disponemos de varias relaciones de los eclesiásticos asesinados que dan una cifra cercana a los cien. En esas relaciones también se explica que muchos clérigos fueron asesinados después de haber sido desnudados y que algunos fueron torturados de forma cruel o fueron objeto de todo tipo de vejaciones antes de morir. “Uno de los milicianos participante en la muerte del franciscano Luis Pujol mojó una rebanada de pan en su sangre aún caliente; sobre la corona del vicario de Vilafortuny trincharon tabaco, después lo apuñalaron y todavía vivo lo arrojaron a un pozo; al cura de Santa Inés le sacaron los ojos, le retorcieron los dedos de las manos hasta arrancárselos y le acuchillaron la corona”. En los ataques a templos y monasterios, como los de Poblet, Santes Creus o Montserrat, se realizaron, si bien de forma esporádica, actos sacrílegos como robar el copón con las hostias, acuchillar las imágenes o desenterrar los cadáveres de algunos religiosos “jugando y haciendo mil indecencias con ellos”, según relata un testigo.
Agustín Díaz Pardal.

Antonio Horcajadas dijo...

El diario liberal El Vapor explicaba con un notable distanciamiento y sin dar demasiados detalles de lo que había ocurrido, ni tampoco de la muerte de “unos cuantos” frailes:
"En la tarde del día 25 alborotose el pueblo en la plaza de toros, con ocasión de ser éstos en demasía pacíficos para dar interés a la lucha. De allí salió en tropel a incendiar los conventos de esta capital. El fuego prendió en seis de ellos (…) No se robó cosa alguna. Perecieron unos cuantos regulares en medio de la confusión del trastorno. Las autoridades mandaron formar la guarnición y las milicias con el objeto de evitar daños. Una de sus acertadas medidas fue la de ir recogiendo las comunidades y trasladarlas al fuerte de Atarazanas y desde éste al de Monjuí [sic], donde permanecen seguras"
Antonio Horcajadas.

Antonio Miguel Herrera dijo...

Con la segunda restauración del absolutismo durante el reinado de Fernando VII tras la intervención en España de los Cien Mil Hijos de San Luis enviados por la Santa Alianza en 1823, el rey devolvió las propiedades desamortizadas durante el Trienio a la Iglesia, sin que fueran indemnizados los que las habían comprado en pública subasta, a pesar de que muchas de las comunidades de religiosos afectadas ya no existían. “Pero sobre todo ideológicamente la reacción fue espantosa. Las voces de rey absoluto, inquisición y religión eran consigna en labios vengativos que hicieron de la horca de la plazuela de la Cebada, donde ejecutaron a Rafael del Riego, el símbolo de la nueva etapa. De estos años quedó una memoria colectiva entre la población liberal contra los frailes y contra los voluntarios realistas por sus tropelías.
Antonio Miguel Herrera.

Jorge Romero dijo...

Esto se escribió en defensa del progreso, que suponía la industrialización con el vapor, a raíz de la quema de la fábrica de Bonaplata:
“En vez de ocuparse el Pueblo en expedir estas leyes que podían hacerlo más feliz y llegar a establecer sólidamente un verdadero Gobierno representativo, se detuvo en destruir los elementos de la riqueza nacional quemando la fábrica de Bonaplata y compañía. Con ello, los que lo hicieron, acreditaron las voces de que Barcelona estaba llena de anarquistas que sólo aspiraban a enriquecerse con el robo de la propiedad de los Ciudadanos pacíficos [...]. Dieron con el ejemplo motivo a otros desordenes y fueron los responsables de los castigos que algunos desgraciados sufrieron: desmintieron así a los que habían prometido que el pueblo no cometía ningún exceso de este género: privaron al Pueblo inocente y desgraciado de mejores defensores que de ordinario son filósofos, que a paso que intentan hacer restituir al pueblo los derechos que le competen, son enemigos del robo y del asesinato. Finalmente, fueron ingratos con los jefes de aquella fábrica que en este mismo día los habían conducido al combate.”
Jorge Romero.

María José Salmerón dijo...

Las venganzas que al cabo de diez años se ejecutaron en algunas ciudades españolas no se explican si no se retiene la importancia de tan humillante vejación sufrida ciudad por ciudad por esas «clases acomodadas» que habían apoyado la revolución. En tal dialéctica de poder absolutista, cabe destacar el nuevo estallido de violencia expresado esta vez en Cataluña, en agosto de 1827, la guerra de los «agraviats», con un reiterado protagonismo de los frailes en la junta de Manresa. Pero a estas alturas, dentro de la propia administración absolutista se manifiestan voces que plantean la necesidad de ajustarse a las exigencias de un Estado acorde con la evolución del siglo.
María José Salmerón.

Sergio Cervera dijo...

Los folletos liberales de la época insisten reiteradamente en que no sufrieron ningún ataque los sacerdotes y los conventos de monjas, y tampoco se produjeron robos durante la bullanga. (…) F. Raull insiste en que todo el trabajo fue realizado en perfecto orden ante numerosos espectadores sorprendidos y boquiabiertos y otros que se alegraban de lo que estaban contemplando. (…) El relato de los hechos que publicó el periódico londinense The Times del 7 de agosto, cuyo autor presenció el asalto a dichos conventos, coincide también en estas apreciaciones:
"La confusión producida por las circunstancias y los numerosos intentos de robo fueron superados por el ímpetu demostrado en este horrible trabajo de destrucción. Los incendiarios no se apropiaron de ningún dinero ni de ningún objeto de valor. Los cálices de oro y plata y los demás objetos de gran valor eran arrojados al fuego tan pronto eran hallados, y un individuo fue apaleado casi hasta la muerte por haberse guardado un pañuelito de seda"
Sergio Cervera.

Juan Luis Vargas dijo...

A finales de septiembre de 1833 estalló el pleito sucesorio entre los partidarios de Carlos María Isidro de Borbón, hermano del rey fallecido Fernando VII, y los de la hija de éste, la futura Isabel II, que sólo contaba con tres años de edad. Don Carlos basaba su aspiración al trono en el rechazo a la Pragmática Sanción de 1830 que había abolido la Ley Sálica que no permitía que las mujeres reinaran, lo que le había "arrebatado" sus derechos al trono en favor de la hija de su hermano, en cuyo nombre había asumido la regencia su madre María Cristina de Borbón-Dos Sicilias. El pleito sucesorio derivó en una guerra civil, la primera guerra carlista, que pronto se convirtió en un conflicto político e ideológico, entre los partidarios de mantener el Antiguo Régimen, los absolutistas que en su mayoría apoyaban a don Carlos, los "carlistas", y los defensores de un cambio más o menos radical hacia un “nuevo régimen”, que defendían los derechos al trono de Isabel II, por lo que eran llamados “isabelinos” o “cristinos”, por el nombre de la regente.
Juan Luis Vargas.

Vanesa Ayala dijo...

Los "carlistas" utilizaron la defensa de la religión católica presuntamente amenazada como una de sus banderas, el triple lema carlista era "Dios, Patria y Rey", así que, como señala Julio Caro Baroja, "los vítores a don Carlos iban unidos a vivas a la Inquisición, y las concentraciones de aldeanos aleccionadas por gente de Iglesia se daban por doquier, sobre todo en Cataluña, principal teatro de operaciones de las rebeliones de 1827". Por eso uno de los apoyos de los "carlistas" eran la mayor parte de los miembros las órdenes religiosas que, además de compartir sus ideas absolutistas, temían que la llegada al poder de los liberales pusiera fin a su existencia. Así muchos frailes y clérigos se metieron a guerrilleros o formaron parte de la corte de don Carlos. Por su parte los liberales que apoyaban a la regente y a su hija recurrieron a la animadversión que despertaban las órdenes religiosas entre determinados sectores populares para reafirmar su causa, como lo muestra esta canción que cantaban los niños en honor de la regente María Cristina que había nacido en Nápoles:
“De Nápoles ha venido
la gloria a los liberales,
el infierno a los carlistas
y el purgatorio a los frailes”.
Vanesa Ayala.

María Dolores Trigueros dijo...

Los "isabelinos" o "cristinos" también difundieron panfletos en los que describían a los clérigos y frailes "carlistas", como uno publicado poco antes de que acabara la guerra:
Otro sí, una nube de clerigalla y frailería con caras extenuadas, no ciertamente por la mortificación y la abstinencia del claustro, montados en robustos mulos, armados de grandes espolines, algunos con largo sable, trabucos naranjeros o lanzas del tiempo de Escipión, muchos adornados de bigote, y todos dechados de corrupción, cada uno con su asistente, amén de cocinero y secretario, reclamando a voz en grito la reforma de las costumbres que ellos pervirtieron más que nadie: la Inquisición; y en lugar de presentar a todos el arca santa de la Alianza, predican con alma de fuego el exterminio del que no piense como tales benditos...; llamando masones y negros a los que no saludan con humildad a los ungidos del Señor; pidiendo no la entrada en los conventos, encerrona que no acomoda, sino el disfrute de sur rentas, con la exclusiva en la enseñanza, hasta del bello sexo...
María Dolores Trigueros.

Sonia Pujol dijo...

Respecto a quiénes fueron los autores de los hechos de la quema de la fábrica de Bonaplata, no existe documentación judicial que permita identificarlos porque, a diferencia de la matanza de frailes en Madrid de 1834, ninguna persona fue juzgada tras la bullanga, y respecto a si detrás de los hechos hubo alguna sociedad secreta que los instigara o fue un movimiento espontáneo, los historiadores discrepan entre sí. Los que defienden la tesis conspirativa afirman que todo se preparó en una reunión secreta que tuvo lugar en una casa sita en la Rambla de Santa Mónica y que a los alborotadores, que estaban pagados, se les dio el material incendiario.
Sonia Pujol.

Manuel Olivas dijo...

Según el periódico Panorama Español la acción contra los conventos en Barcelona estaba preparada de antemano:
"Al entrar la noche empezaron algunos conventos a ser asaltados por turbas que lo traían todo dispuesto para el incendio... Noche de horror y espanto fue la noche del 25 de julio. Oíase por todos lados el clamor estrepitoso de las turbas que daban el asalto, o celebraban el triunfo; el pisoteo de los caballos y los gritos de los jefes que reclamaban el orden llenaban los intervalos de silencio que dejaban aquéllas... Pocos, muy pocos eran los que estos atentados vandálicos cometían; mas los espectadores eran infinitos"
Manuel Olivas.

David Pérez Ramos dijo...

La historiadora Ana María García Rovira, por el contrario, afirma que el movimiento fue espontáneo, aunque señala que destacados liberales, como el impresor y editor M. Rivadeneyra, participaron en la bullanga, intentando canalizar el malestar popular. Así pues, entre los alborotadores no sólo hubo miembros de las clases populares sino también gente acomodada que se enfrentaban a un enemigo común, los frailes. Este mismo punto de vista es el que defiende el historiador Josep Fontana para quien parece claro que “un grupo de liberales, descontentos con el régimen del Estatuto Real, dejaron hacer, pensando que esta explosión de malestar popular podía resultar útil para acelerar la evolución política en su sentido avanzado”.
David Pérez Ramos.

Inés Roca dijo...

Para reforzar la tesis del historiador Josep Fontana, se cita el testimonio de un testigo de los acontecimientos según lo relató unos años más tarde:
"Cualquier cosa basta para determinar un motín popular cuando el pueblo está dispuesto a amotinarse. La multitud acalorada ya corre sin freno y durante la noche pega fuego a varios conventos, da muerte a algunos frailes, y la autoridad militar canoniza con su presencia ese escándalo, como había canonizado el motín y los desórdenes de la plaza de toros. Viven todavía las personas que con el bastón de mando en la mano contemplaban ambas escenas, y no creáis, señores, que hay en esto exageración alguna, porque yo me hallaba en la plaza y recuerdo muy bien hasta qué punto me pasmó oír que la autoridad encargara a los que despedazaban los bancos que procurasen no hacerse daño. (…) Tratábase de derrocar un ministerio [un gobierno] y de emprender un camino distinto del que este ministerio seguía"
Inés Roca.

Juan José Navas dijo...

Juan Sisinio Pérez Garzón destaca que en el amotinamiento participaron personas de relevantes sectores sociales “que encauzaron la ira popular”. Como pruebas señala que en los conventos “se utilizaron botellas incendiarias de aguarrás, cual «cócteles molotov», que alguien había preparado” y que se volvió a repetir, como en la matanza de frailes en Madrid de 1834 “la quietud institucional de los mandos de la milicia y de la tropa y de las autoridades”. Asimismo el motín fue “una acción colectiva de castigo y también de prevención contra unos frailes transformados en el imaginario popular como los únicos causantes de la guerra y de sus penalidades”. El mismo día del motín de Barcelona “el gobierno del conde de Toreno decretaba la supresión de conventos con menos de doce religiosos profesos, pero también era una medida insuficiente porque ni suprimía las órdenes religiosas, requisito para nacionalizar sus bienes, ni se ajustaba a los hechos ya consumados.
Juan José Navas.

Ángel Ayuso dijo...

Llauder obtuvo sus mayores éxitos en el combate abierto contra el carlismo armado, a tal punto que se puede asegurar que la actuación de la Capitanía General fue un factor decisivo en el fracaso inicial de la contrarrevolución en Cataluña. En los años 1833 a 1835 no se produjo una revuelta carlista porque hubo motivos tan de peso como el cambio de ciclo económico o el cansancio bélico de la población, pero estas causas quizá no se habían dejado sentir si las autoridades del Principado hubieran mostrado la misma apatía que en 1821 o en 1827. En otras palabras, puesto que el carlismo había escogido la vía armada, no le era imprescindible conectar con intereses populares para ser peligroso: le bastaba con invertir en las guerrillas los medios que le proporcionasen las redes absolutistas del continente europeo y los recursos que aún pudiera poner en juego el Antiguo Régimen español.
Ángel Ayuso.

José Antonio Soler dijo...

Como defensores del progreso que proporcionaba la maquina de vapor encontramos el siguiente texto bastante ilustrativo al respecto.”Cuando todas las naciones de Europa recompensan con magnificencia a los inventores de un descubrimiento así que acelerara los motores de las máquinas de vapor para dar mayor vigor a la industria; y cuando el miedo al uso del medio de caminos de hierro se hagan conducir con el vapor con extraordinaria rapidez, facilidad y baratura de las primeras materias, los géneros de consumo y los artefactos; cuando con el vapor llegamos con velocidad y tiempo determinación a las regiones más distantes; cuando sin el vapor seremos siempre y necesariamente tributarios de la industria extranjera, porque nunca podremos rivalizar ni competir con ella; cuando carece España de aguas y no pueden abrirse canales; y sin el vapor no puede haber caminos de hierro que nos transportan los granos de que abundan otras provincias para comer el pan barato [...] ¿no es un enemigo del Pueblo lo que induce a quemar las máquinas de vapor? ¿Podremos nunca sin el vapor fabricar las muselinas, holandas y otras manufacturas que tenemos ahora que comprar en el Extranjero, y en qué se emplearían los brazos del jornalero español? [...].”
José Antonio Soler.

Pedro Luis Martín dijo...

Aunque el campesinado catalán no se mostrara dispuesto, como no se mostró favorable a apoyar a los carlistas en las primeras fases del conflicto, cruzarse de brazos no podía reportar más que problemas, así que Llauder no lo hizo. Por el contrario, los soldados y Voluntarios (junto con los mozos de la escuadra, rondas volantes o parrotes y somatenes) rechazaron a las gavillas facciosas que entraban repetidamente desde Francia y exterminaron a las pequeñas partidas que pululaban por las áreas más accidentadas del Principado. La. Capitanía de Cataluña exhibió una especial rapidez de reflejos en los dos momentos de mayor peligro, que fueron la invasión carlista desde Aragón encabezada por Carnicer y el desembarco de Romagosa, organizado por la corte de Don Carlos y financiado por el rey de Cerdeña-Piamonte.
Pedro Luis Martín.

Francisco Javier Santaella dijo...

Lo más notable es que estas victorias de las armas isabelinas no quedaron como golpes inconexos, sino que se explotó el éxito mediante la represión sistemática de los que habían empuñado las armas a favor del Pretendiente. De este modo, gracias a ejecuciones, muertes en combate, capturas, deportaciones y también indulto y la rebelión absolutista no levantó cabeza en Cataluña hasta el verano de 1835.
Los aciertos en estas actuaciones, integración prudente de liberales, sintonía con las fuerzas económicas del Principado, y la represión del carlismo, proporcionaron a Llauder una extraordinaria popularidad, y no sólo entre las élites. A su vez, este aval de fama animó al capitán general de Cataluña a intervenir en política nacional en un par de ocasiones cruciales, aunque menos por afán de protagonismo que por impulsar a su modo el programa cristino.
Francisco Javier Santaella.

Ana Salvador dijo...

El poder ya no estaba en manos de la regente, sino de unas juntas que asumían con carácter revolucionario la defensa y la soberanía en cada ciudad. Por eso, esta vez el gobierno no podía abrir juicio por la violencia desplegada contra los frailes en Barcelona. Además, se justificaron explícitamente los sucesos y una vez más el Eco del Comercio nos encamina a la conclusión que se pretendía con tal violencia: «el castigo de estos excesos por sí solo no basta [...] no puede fiarse exclusivamente en la represión, como no se ha podido fiar hasta el día. No hay [...] otro medio más eficaz que el de la pronta supresión de las comunidades religiosas».
Ana Salvador.

Enrique Sanchis dijo...

El nombre de Llauder fue conocido en toda España a finales de diciembre de 1833, cuando se hizo público el contenido de una exposición dirigida a la Reina Regente en la que advertía que "el ministro Zea ha marchado hasta el extremo de ofrecer una comparación odiosa y peligrosa entre lo que V. M. hace y promete el pretendiente y los que obran en su nombre, que ofrecen dejar libre deliberación a las Cortes, y otros beneficios y garantías. El ejemplo de Llauder fue pronto imitado por el capitán general de Castilla la Vieja, Quesada, y a pesar de que ambos generales no representaban a los mismos círculos, su acción simultánea desencadenó la caída del gabinete Zea Bermúdez y el nombramiento del liberal Martínez de la Rosa para la presidencia del Consejo de Ministros.
Enrique Sanchis.

Vicente Ibarra dijo...

En su primer año en el poder, el gobierno Martínez de la Rosa sólo pudo presentar como éxitos los muy relativos del Estatuto Real y del tratado de la Cuádruple Alianza. En la guerra, no obstante, el nuevo gabinete cosechó un revés tras otro, sobre todo en el frente del Norte, donde los carlistas de Zumalacárregui aumentaron sus efectivos mientras los comandantes en jefe isabelinos se sucedían con rapidez sin obtener resultados. Pocos altos mandos podían exhibir a finales de 1834 una hoja de servicios tan favorable a Isabel 11 como Llauder, y su promoción el 2 de noviembre al ministerio de la Guerra obedece a ello, pero sobre todo a su vínculo con el grupo cristino, puesto que el asunto fue tratado por la Regente María Cristina al margen del Gobierno y con la mediación del banquero Remisas.
Vicente Ibarra.

Ignacio Salvatierra dijo...

Tras el motín del 25 de julio y de la madrugada del 26 no volvió la calma a Barcelona. Uno de los responsables fue el capitán general Manuel Llauder que encrespó los ánimos del sector más radical de los liberales y de las capas populares cuando en una aparición fugaz en Barcelona publicó una proclama en la que amenazaba con castigar a los culpables de los asaltos a los conventos. El 5 de agosto los acontecimientos se precipitaron cuando el nuevo gobernador militar de Barcelona, el general Bassa, fue asesinado por unos amotinados, sin que la milicia urbana ni la tropa hicieran nada por defenderlo. Luego su cadáver fue arrojado desde un balcón, arrastrado por las calles y quemado. También fue destruida la estatua de Fernando VII que había erigido en la plaza del Palau el anterior capitán general, el conde de España y asimismo fueron quemadas las casetas de los consumos.
Ignacio Salvatierra.

Carlos Campoy dijo...

Al día siguiente, día 26, fue incendiada la fábrica El Vapor, instalada hacía poco en la calle de Tallers por la sociedad Bonaplata, Vilaregut, Rull y Cía. Parece que el incendio de la fábrica fue un acto de “ludismo” como así lo advirtió un observador de la época en un artículo aparecido en El Vapor seis meses después: “No sé yo que en los movimientos populares se dirija la plebe a las tesorerías ni casas de bancos, haciéndolo con mucha frecuencia a los establecimientos de producción cuyas máquinas hacen innecesario el trabajo personal”.También lo confirma el parte que escribió el gobernador militar de Barcelona, general Pastor, sobre lo sucedido:
"Fue quemada la fábrica de tejidos y fundición de hierro de los señores Bonaplata y Cía. Las autoridades, al saber que intentaban este ataque los amotinados, enviaron toda la fuerza de que se podía disponer, con el fin de atajar el incendio; pero en balde, porque estaban determinados a hacerlo, convencidos de que los telares movidos por máquinas disminuían la producción del trabajo manual.
Carlos Campoy.

Juan Carlos Sánchez dijo...

Los mismos dueños de la fábrica Bonaplata parece ser que tenían desde hacía días temores de este ataque, y se habían prevenido con una guardia de sus propios dependientes, quienes prematuramente hicieron fuego a los amotinados, lo que exasperó a éstos y aumentó su insolencia. La tropa que había de contenerlos se puso por medio y resultaron de la refriega varios muertos y heridos, quedando el campo por los sitiadores. Las llamas de este incendio injuriaron un tanto la fábrica de tabacos, la que afortunadamente, y con el auxilio de albañiles y bombas, pudo salvarse, mas no cinco u ocho casas pequeñas, pegadas a la misma fábrica, que fueron incendiadas."
Juan Carlos Sánchez.

Antonio José Soriano dijo...

El ministerio de Llauder marca el cenit de su trayectoria y el inicio de una rápida caída hacia el ocaso, ya que al cabo de poco más de un mes de su toma de posesión tuvo que dejar el puesto y regresar a su Capitanía de Cataluña en medio de rechiflas parlamentarias y humillaciones palaciegass3. Entretanto había estallado el pronunciamiento del 17-18 de enero de 1835, protagonizado pero no concebido por el subteniente Cayetano Cardero". Si hubiera que resumir en cuatro palabras la naturaleza de un hecho que fue mucho más rico en consecuencias de lo que suele admitirse, habría que decir que la toma de la casa de Correos y el posterior asesinato del general Canterac no se incluyeron en un motín de sargentos, sino que fueron la expresión del revanchismo de algunos militares que habían sufrido el exilio (Quiroga y Palarea) y de la debilidad del justo medio (también estuvieron implicados el conde de Toreno y el hermano de Martínez de la Rosa, Diego).
Antonio José Soriano.

Felipe Rivas dijo...

La finalidad de quienes planearon la asonada y utilizaron como instrumento a Cardero y los suyos fue derribar a Llauder y, por extensión, expulsar del tablero político al grupo cristino del que era peón, o más bien alfil.
Para ello, los liberales no dudaron en reabrir la dinámica de los pronunciamientos, que desde enero de 1835 dejaron de servir para derribar al Antiguo Régimen y se convirtieron en un arma más en la pugna partidista.
Felipe Rivas.

María de los Ángeles Mora dijo...

El último tramo del mandato de Llauder, desde enero a julio de 1835, y el punto final de su gestión prueban que las hojas de servicios cuentan poco en épocas políticamente agitadas y que en la revolución liberal española los militares ejercieron el poder en la medida y la forma que se derivaba de la interacción de fuerzas sociales y políticas de cada momento. Por eso, aunque Llauder siguió apuntándose tantos en la pugna con los carlistas, que no consiguieron pasar de un estadio de guerrilla dispersa al no serles posible el dominio de área alguna, no recobró una popularidad que había perdido para siempre. Al mismo tiempo, no pudo o no quiso cortar el vuelo de una oposición liberal, aquellos que en lo sucesivo serían conocidos como progresistas, cada vez más crítica con el justo medio de Madrid y con el despotismo de Llauder.
María de los Ángeles Mora.

Luis Pedro Lozano dijo...

Personajes como Mariano Borrell o Antonio de Gironella, que no hacía tanto habían colaborado de buena gana con Capitanías, a principios de 1835 denunciaban con vigor la insuficiencia de unos sistemas políticos incapaces de dar el paso crítico de la liquidación del Antiguo Régimen.
La revolución del verano de 1835, en la que Cataluña fue el foco principal, no fue tanto un ataque político al clero absolutista como la respuesta económica de amplios sectores sociales (por supuesto la burguesía, pero también la menestralía, buena parte del campesinado, e incluso los jornaleros encuadrados en los Voluntarios de Isabel II) a esa falta de iniciativa antiseñorial del Gobierno de Madrid y de las autoridades del Principado.
Luis Pedro Lozano.

Ernesto Angulo dijo...

Como es bien sabido, los días 21 y 25 de julio de 1835 se produjo la quema de conventos y la exclaustración forzosa en Reus y Barcelona; pues bien, la madrugada del día 28 Llauder abandonó la Ciudad Condal so pretexto de que iba a sofocar unos disturbios en Mataró. Ya no volvió, y es natural que así fuera porque su bando del día anterior en el que anunciaba "medidas enérgicas contra los desórdenes había obtenido como respuesta una concentración frente al edificio de Capitanía en la que se gritó "¡Muera Llauder, que nos ha vendido!".
El fidelísimo general Llauder de días no muy lejanos había dejado de ser el hombre necesario, de manera que la revolución continuó su marcha sin él y olvidó su obra, cuando no la censuró acerbamente.
Ernesto Angulo.

Bernardo Villar dijo...

EI marques de las Amarillas dejó constancia de la manera de actuar de Llauder en sus Recuerdos (1778-1837) (Pamplona, EUNSA, 1978 y 1981): "Lo que me llamó más la atención respecto a este sujeto Llauder fue que, hallándome el 25 con los Ministros de Estado y del Interior en la Secretaría del primero, llegó a despedirse y no son fácil de describir los bajos y humillantes cumplidos que hizo a aquellos señores a quienes nada hace trataba con tan insolente altanería: así son todos los intrigantes" (T. 111, p. 92).
Bernardo Villar.

Salvador Ruiz Espinosa dijo...

Desde que en España se impusieron las reglas de juego burguesas, sus burguesías se convirtieron en clase dominante, y eso las hizo lo bastante fuertes. Juan Sisinio Pérez Garzón lo dijo en su día mejor de lo que pudiera hacerlo hoy: Un análisis detenido de cualquier pronunciamiento victorioso revela que la actuación militar no fue más que la expresión por la fuerza de las aspiraciones de unos grupos sociales, diferentes en cada caso histórico, pero con fuerza suficiente como para imponerse políticamente tras consumarse el pronunciamiento. Otra cosa era, que hasta llegar a conseguirlo, esas burguesías se tuvieran que enfrentar a temibles enemigos de clase, como por ejemplo el clero, que aunque sólo contara con 150.000 individuos poseía una cuarta parte del capital territorial español.
Salvador Ruiz Espinosa.

Julio Alberto Aguilar dijo...

Se comentaba en los círculos periodísticos:
Después del incendio de la fábrica de Bonaplata el mal está hecho: de lo que debería tratarse ahora es de repararlo. La política y la justicia el exigirlo. El primero, para que se vea que cuando en un trastorno político se causa un daño, se repara; el segundo, porque si no nos engañamos: y en efecto los gobernantes, siguiendo un sistema erróneo, dieron lugar al estallido popular de resultas del cual se quema la fábrica, es justo y muy justo que la Nación indemnice a los Propietarios de los perjuicios sufridos, toda vez que por carecer de una ley de responsabilidad no pueden los Propietarios reclamar la Responsabilidad de los agentes del poder.
Julio Alberto Aguilar.

Mónica Ribelles dijo...

La prensa liberal de Barcelona, como el Brusi, El Catalán y El Vapor, que había informado escasamente del motín anticlerical del 25 de julio, en cambio sí que lo hizo extensamente del incendio de la fábrica de los Bonaplata, condenando el hecho. Esto probaría, según Antonio Moliner Molina, "que vieron con buenos ojos los ataques a los conventos”.
Mónica Ribelles.

Luis Juárez dijo...

Para los días 25, 26 y 27 del mes de julio de 1834 se anunció la inauguración de El Torín con los espadas Juan Hidalgo y Manuel Romero (Carreto). El mayor atractivo del cartel lo constituía el picador Francisco Sevilla, una de las mayores celebridades en tal ejercicio y de una finura y una galantería que contrastan con la dura profesión. La celebridad de Francisco Sevilla era semejante a la de Montes y de uno y otro se ocupó Próspero Merimée en una de sus «Cartas de España». Salió Francisco de Madrid con dirección a Barcelona el 18 de aquel mes de julio en un coche de la Empresa de las Reales Diligencias, en el cual viajaba también la Condesa de Montijo, doña María Manuela Kirkpatrick, acompañada de sus hijas, Paquita y Eugenia, niñas de nueve y ocho años, respectivamente, quienes andando el tiempo serían la primera Duquesa de Alba y la segunda Emperatriz de Francia, las cuales se dirigían a París, huyendo del azote de cólera morbo que invadía Madrid.
Luis Juárez.

Amador Delgado. dijo...

Existe otro factor elemental que ayuda a comprender por qué los militares adquirieron tanta preponderancia en España durante el segundo cuarto del siglo pasado. Si se da por bueno que la función de todo militar es hacer la guerra y que la realización plena de lo militar se verifica en el conflicto bélico, de ahí se sigue que cuantas más guerras se libren más militares profesionales habrá, y por necesidad éstos se volverán más importantes, incluso después de que las guerras acaben, los jefes militares, y más si son vencedores, seguirán conservando por inercia algún grado de liderazgo, dado que las relaciones que la guerra establece (subordinación, encuadramiento, camaradería) no se disuelven de la noche a la mañana.
Amador Delgado.

Sebastián Peiró dijo...

La noticia del motín de Reus se extendió rápidamente. “En Valls no se produjeron asesinatos porque lo impidió el alcalde J. Tell con un destacamento de mozos de escuadra. En Villaseca los ataques de la multitud se dirigieron contra los inmuebles pertenecientes al capítulo catedralicio de Tarragona y al arcediano de dicha población, que fueron saqueados el 6 de agosto. (…) Muchos religiosos abandonaron los conventos y se refugiaron en casas particulares o en el monte. Así consiguieron salvarse los frailes de Riudoms, los carmelitas y agustinos de La Selva, los franciscanos de Alcover y Escornalbou, los cartujos de Scala Dei y los cistercienses de Poblet. Sin embargo el día 23 de julio fue incendiado el convento de Riudoms, el 25 el de Scala Dei y días después el de Poblet”
Sebastián Peiró.

Juan Luis García Gómez dijo...

La solución que se planteaba tras los destrozos del incendio de Bonaplata eran:
“Si nuestro dictamen debiese prevalecer, la Junta de Autoridades debían haber autorizado a la de Comercio para que abriese una suscripción voluntaria y recaudase las sumas que entregasen para la indemnización: la Junta de Autoridades debe pedir a la Reina Gobernadora el terreno de uno de los conventos derruidos de esta ciudad para que vendiéndolo se aplícase la suma del producto a la indemnización entregando el restante, si lo hubiese, en el Ayuntamiento para el equipo de los que se alistasen ahora a la Milicia Urbana y no tuviesen facultadas para costearse el uniforme.”
Juan Luis García Gómez.

Inmaculada Gil dijo...

Cuando la diligencia con el picador Francisco Sevilla y la Condesa de Montijo, doña María Manuela Kirkpatrick, acompañada de sus hijas, Paquita y Eugenia llegó a Barcelona los viajeros de la diligencia y tan ilustres viajeras, tenían que sufrir cuarentena por venir de una zona infestada, librándose de esta obligación el picador Sevilla para que pudiera actuar. Pero él se negó a aceptar dicha excepción, diciendo: «Si esta señora, refiriéndose a la Condesa de Montijo, y sus demás acompañantes no son admitidos a libre plática, yo no picaré. Se hizo, pues, extensivo a todos el permiso de entrada, pudiendo seguir la diligencia su viaje a Francia. Por orden gubernativa no se dio la primera corrida hasta el día 26 con los diestros ya citados. El primer toro pertenecía a la ganadería navarra de Javier Guendulaín.
Inmaculada Gil.

Jorge Luis Gilabert dijo...

En Tarragona el 27 de julio fue atacado el arzobispo Echanove que consiguió refugiarse en una fragata inglesa donde permaneció tres días, consiguiendo finalmente pasar a otro barco que lo llevó a Mallorca y, al no estar tampoco seguro allí, desembarcó en Mahón el 4 de agosto. En una carta que dirigió al papa Gregorio XVI le expuso el ambiente de hostilidad hacia el clero que existía en Tarragona:
"...pues la multitud de anarquistas y asesinos (...) se preparaban para acometer el amenazado degüello del arzobispo y en seguida el de los canónigos (...) Se ha prodigado al clero, sin exceptuar mi persona, insultos, burlas, amenazas y otros maltratamientos. Eran frecuentes y públicos las más horrendas blasfemias y desacatos impíos. Profanábanse los templos del Señor convirtiéndolos en fortificaciones para la defensa de la tropa regular de los llamados migueletes y urbanos."
Jorge Luis Gilabert.

Víctor Espasi dijo...

Días después de los incendios de Barcelona fueron asaltados e incendiados otros conventos de Cataluña, como el de los capuchinos de Sabadell, Mataró, Arenys de Mar y Villafranca del Panadés, los de los jerónimos de la Vall d'Hebron y el de Murtra, el de carmelitas descalzos de Cardó, así como las cartujas de Montalegre y Scala Dei, los benedictinos de Sant Cugat y Santa María de Ripoll y los cistercienses de Poblet y Santes Creus. Tampoco se libró el monasterio de Montserrat de ser saqueado tras haberlo abandonado los monjes el 30 de julio.
Víctor Espasi.

Mari Carmen Marqués dijo...

Imaginemos que sucedería en un Estado donde las guerras que acompañaron el nacimiento el mundo contemporáneo se enlazaran las unas con las otras casi sin solución de continuidad. Imaginemos en concreto un Estado en el que de 32 años, 23 fueran de guerra y los 9 restantes estuvieran tan cuajados de rebeliones y sublevaciones que mal se les pudiese llamar de paz. ¿Habría que esperar que en ese Estado hipotético los militares pasaran desapercibidos? ¿No habría que suponer que cuando por fin terminaran las contiendas se abriría una larga posguerra en la que los militares tendrían un cierto grado de predominio? Pues bien, si lo aceptamos así, ese Estado existió y se llama España, y en él tuvieron lugar primero la guerra de Independencia (1808-1814), justo después las guerras coloniales en América (1814- 1824), simultáneamente la guerra civil contra los realistas y la invasión francesa (1822-1823) y por último la guerra civil de los siete años 1833-1840), aparte de estallidos intermedios como la guerra de os agraviados (1827-1828).
Mari Carmen Marqués.

José Andrés Espigares dijo...

En total fueron asesinados 22 religiosos y 8 sacerdotes seculares, que sumados a los asesinados anteriormente en Reus y Barcelona ascienden a 67, distribuidos del siguiente modo: 3 benedictinos, 2 cartujos, 2 trinitarios calzados, 3 carmelitas, 18 franciscanos, 4 dominicos, 3 mercedarios, 5 agustinos, l capuchino, 12 carmelitas descalzos, 1 trinitario descalzo, 1 paúl, 4 de otras órdenes religiosas y 8 sacerdotes. Durante los primeros días de agosto se repitieron diversas asonadas anticlericales en Murcia. Fruto de tal persecución y violencia contra los religiosos, y en menor grado contra los sacerdotes, algunos curas párrocos abandonaron las iglesias de sus pueblos y buscaron refugio seguro en otros lugares.
José Andrés Espigares.

Álvaro Bustos dijo...

Como consecuencia de las revueltas liberales y de los motines anticlericales del verano de 1835 la regente María Cristina de Borbón-Dos Sicilias se vio obligada a destituir al conde de Toreno en la presidencia del consejo de ministros y a sustituirlo en septiembre por el liberal progresista Juan Álvarez Mendizábal, cuyo gobierno suprimió las órdenes religiosas por un real decreto de 8 de marzo de 1836 y se incautó y vendió sus bienes en la desamortización que lleva su nombre.
Álvaro Bustos.

Francisco Revueltas dijo...

Ninguno de los conflictos del reinado de Isabel II fue provocado por los militares, ni se debieron a la violencia congénita de la sociedad española, ni a su militarismo intrínseco, ya que de nuevo Madoz nos informa de que en 1828 había en España un soldado por cada 170 habitantes, el índice más bajo después de Gran Bretaña que tenía 1 por cada 272 habitantes, sino que se debía a rupturas históricas de tal magnitud que no podían por menos de producir guerras interminables y, en última instancia, protagonismo militar en los levantamientos.

Antonio Jesús Olivares dijo...

En Cataluña, el problema más grave era la guerra contra los carlistas que estaba repercutiendo en las clases populares urbanas que debían combatir lejos de casa y jugarse la vida mientras, como trabajadores, experimentaban la crisis que comportaba el paro del comercio. A todo esto, el gobierno no parecía tener ninguna preocupación por controlar los colaboradores de los carlistas en las ciudades y estaba obsesionado por el miedo a los revolucionarios. Los liberales eran vigilados y perseguidos, jugándose la vida, mientras los jefes militares parecía que no les importaba la guerra.
Antonio Jesús Olivares.

Jorge Luis Gilabert dijo...

Para el 25 de julio de 1835 se dio una corrida con Manuel Romero y Rafael Pérez de Guzmán y tal fue la mansedumbre de los toros de Zalduendo que el público, indignado, asaltó el ruedo y el último toro fue muerto a palos, siendo arrastrado al grito de « ¡Lo bou gros!». La cosa pasó a mayores y, dueñas las turbas de la población, asaltaron los conventos de frailes y dieron muerte a muchos de éstos. La musa popular dedicó el siguiente cantar a tan luctuosa jornada: «El día de Sant Jaume/ de l´any trenta-cinc/va haver-hi bullanga/ dintre del Torin./ Van sortir sis toros/ que van ser dolents/ Aixó va ser causa/ de cremar els convents».

Oliver Nogueras dijo...

Así relató A. Fernández de los Ríos veinte años después la exclaustración que dirigió en Madrid Salustiano Olózaga:
"La operación se hizo con suma facilidad: la mayor parte de los frailes estaban provistos de vestidos profanos, y pocos pidieron compañía para salir de los conventos, de los cuales se marcharon con la presteza de quien anticipadamente tuviera dispuesta y organizada la mudanza. A las once de la mañana, todos los alcaldes habían dado parte de haber cumplido el primer extremo de su misión, el de desocupar los conventos: don Manuel Cantero, que ejercía las funciones de alcalde, era el único de quien nada se sabía. Olózaga le escribió estas líneas: "Todos han dado ya parte de haber despachado menos Vd.". Cantero contestó: "Los demás sólo han tenido que vestirlos; yo tengo que afeitarlos. Cantero tenía razón: en su distrito había ciento y tantos capuchinos de la Paciencia."
Oliver Nogueras.

Raúl Artacho dijo...

A los españoles de la primera parte del siglo XIX les cayó consecutivamente en suerte ser vecinos del país donde se originó la revolución que abrió la era contemporánea, resistir el embate de un imperio que ocupó casi todo el continente europeo, soportar el derrumbe del Antiguo Régimen y el arduo parto de la nueva sociedad burguesa, afrontar el primer proceso de descolonización de la Historia en el imperio hasta entonces más extenso, resistir las tensiones geopolíticas europeas, y , para remate librar una guerra civil que duró nada menos que siete años. No olvidemos que las guerras coloniales en América no suelen tenerse en cuanta en las interpretaciones que se hacen al uso sobre el pretorianismo español, cuando son una cuestión de primer orden. Basten para demostrarlo algunos datos suministrados por Julio Albi, quien señala que entre 1814 y 1820 se situaron en ultramar 40.000 de los 100.000 hombres de que se componía el ejército español y que se gastó tanto dinero en expediciones (unos 366 millones de reales de forma que en el año 1860, aún quedaban deudas por pagar de estas guerras coloniales.
Raúl Artacho.

Juan José Cueto dijo...

Como los trágicos sucesos se habían iniciado en la plaza de toros se decretó su clausura por espacio de quince años. En 1841 se dieron algunas funciones de novillos a beneficio del séptimo batallón de la Milicia Nacional y el 29 de junio de 1850 se dio la primera corrida de toros con el Chiclanero y Salamanquino. Y siguió funcionando la plaza, excepto los años 1851, 1854 y 1865 por atravesar críticas circunstancias. En El Torín se produjeron las siguientes cogidas mortales: El 15 de junio de 1881, el joven aficionado alemán Paul Wandersahen; el 6 de mayo de 1883 el banderillero Rafael Bejarano, La Pasera; el 12 de abril de 1896 el picador José Sevilla; el 27 de marzo de 1898 el novillero Juan Ripoll “Juanerillo”; el 9 de marzo de 1913 el novillero bilbaíno Eduardo Arechavaleta Chavacha y, por último, el 29 de junio de 1919 el picador Ezequiel García Briones.

Elvira Merino dijo...

Julio Caro Baroja ha llamado la atención sobre la figura del viejo fraile exclaustrado, pues a diferencia del joven que trabajó donde pudo o se sumó a las filas carlistas, o la de los milicianos nacionales, vivió "soportando su miseria, escuálido, enlevitado, dando clases de latín en los colegios, o realizando otros trabajillos mal pagados".
Así pues, como ha señalado Julio Caro Baroja, además de las económicas, la supresión de las órdenes religiosas, tuvo unas "consecuencias enormes en la historia social de España".
Elvira Merino.

Manuel Olivas dijo...

Para no hacer un comentario extenso me veo obligado a omitir muchas efemérides notables en esta plaza de la Barceloneta. He aquí algunas. El 4 de noviembre de 1858 se presentó El Tato y el toro «Rayo» de Carriquiri aguantó 34 puyazos. El 9 de septiembre de 1860 se celebró una corrida dedicada al general Prim, acogido con delirante entusiasmo. El 1 de septiembre de 1889 le fue perdonada la vida al toro «Culebro» de la ganadería de Andrés García. Después de una brava pelea en varas y luego dejarse acariciar en el ruedo por el mayoral de los corrales Serafín Grego, siguió a éste como un corderillo hasta quedar encerrado en el toril. El 14 de abril de 1895 el toro «Molinero» de Ripamilán saltó al tendido y allí fue muerto por el guardia civil Waldo Vigueras. El 23 de septiembre de 1923 se dio la última función con novillos de Hermanos Hidalgo. Rejoneó dos Faroles y actuaron Alcalareño II y Nacional III. Se hincó sobre la vieja plaza la piqueta demoledora y desde aquel 8 de abril de 1946 los despiadados golpes la hicieron desaparecer. «Ante la tristeza suprema de la muerte, al contemplar sus muros despedazados -escribía Don Ventura- hemos recordado aquellos versos de Rodrigo Caro: «Todo desapareció, cambió la suerte/ voces alegres en silencio mudo...»

Aurelio Gallego dijo...

Con todo lo dicho en anteriores comentarios, no cabe extrañarse de que al final de este rosario de conflictos los militares tuvieran un papel protagonista. Al contrario, es portentoso que después de tanta lucha España subsistiera como Estado, mantuviera la integridad territorial y hasta alguna colonia y que se estableciese un régimen representativo en lugar de una dictadura militar o varias simultáneas.
La intensidad de los antagonismos de clase en la España de finales del Antiguo Régimen y la concatenación de conflictos que en parte se derivó de ella, nos explicarían la presencia castrense en la política de las décadas centrales del siglo XIX en España, pero esas causas generales no aclaran la función exacta asignada a los militares, ni su estilo de actuación.
Aurelio Gallego.

Vanesa Ayala dijo...

Los disturbios o bullangas se iniciaron en la ciudad de Reus cuando la muerte de cinco miembros de la milicia urbana en las manos de un grupo de guerrilleros carlistas (entre los que había frailes) y la crucifixión de una de las víctimas desencadenó el incendio de los conventos de los franciscanos y las carmelitas y el asesinato de una veintena de religiosos. Tres días más tarde, los sucesos se repetían en Barcelona. Las capas populares que soportaban el peso de la guerra contra los carlistas y que tenían claro que buena parte de los frailes apoyaba el enemigo estallaron tras una mala corrida de toros en la Plaza de la Barceloneta. La gente, airada por la mala calidad de los toros, arrancó sillas, ató con una cuerda del animal y, después de matarlo a golpes, se lo llevaron arrastrándolo Rambla arriba. Posteriormente, un grupo de gente reunida entre el plano de Comedias y la Boquearía inició los incendios de los conventos barceloneses. En total, murieron dieciséis miembros del clero regular.
Vanesa Ayala.

Esteban Galisteo dijo...

Los liberales, descontentos con el régimen de Estatuto Real, dejaron hacer pensando que esta explosión de malestar popular podía resultar útil para acelerar la evolución política en un sentido avanzado. Llauder amenazó con castigos a los culpables e inspiró una nota en El Vapor donde se decía que se había preparado un asalto contra las fábricas que las autoridades habían impedido. Esto asustó a la burguesía conservadora, pero irritó los liberales más radicales y contribuyó a la politización de las capas populares.
Un nuevo movimiento de bullanga se dirigió ahora contra las autoridades militares ya que el general Balsa acudía en una actitud provocadora a castigar a los barceloneses. Balsa fue asesinado por un grupo de asaltantes y lanzado descalabro del balcón sin que la milicia ni la tropa hicieran nada para evitarlo. El cadáver fue arrastrado y quemado posteriormente a lado de la destrucción de la estatua de Fernando VII y la quema de las casetas burots y de la fábrica Bonaplata.
Esteban Galisteo.

Juan Carlos Sola dijo...

Sobre la Plaza de toros de la Barceloneta refiere el erudito, J. Sánches de Neira, en su libro “El Toreo: Gran Diccionario Tauromáquico-Tomo II” al referirse a la plaza de toros de Barcelona, “ Lidiáronse en 1834 y en el siguiente 1835 toros navarros en casi todas las corridas; pero como en la que se celebró el 25 de julio de este dicho año se promovió el motín que fue pretexto para las sangrientas escenas de demolición de conventos y asesinatos de los frailes, las corridas se prohibieron de orden de la autoridad, sin tener presente que con ellas y sin ellas el hecho hubiera tenido lugar, como le tuvo en Madrid, Zaragoza y en otros puntos. Pasaron quince años primero que los barceloneses volvieran a ver corridas de toros en su ciudad…” Se estima conservadoramente que el número de religiosos sacrificados por la barbarie político-anticlericalista desatada en los años de 1834 al 36 en toda España sobrepasaron las 500 víctimas, de forma que la fiesta de los toros nada tuvo que ver con los oscuros fines de este abominable magnicidio.

Cristian Ceballos dijo...

Juan Sisinio Pérez Garzón opina que los militares no actuaron autónomamente, como si acabaran siempre defendiendo sus propios intereses de cuerpo y apoyaron a uno u otro partido sólo en su propio provecho, sino que, como las sociedades secretas, fueron el medio del que se sirvieron intereses de clase y partido bien definidos. Para Carr ha traído a colación la falta de límites tajantes entre la vida civil y la vida militar, lo que explicaba la longevidad del sistema de los espadones, y Payne, por su parte, repara en que entre los diputados de las Cortes de Cádiz había por lo menos 66 oficiales del ejército y la marina.
Cristian Ceballos.

Alberto Balaguer dijo...

En 1808 fue José Bonaparte, quien confiscó bienes eclesiales. En 1823 las Cortes de Cádiz, decretaron la reducción a un tercio del número de monasterios y conventos. De 1834 a 1854, la ominosa desamortización de Mendizábal confiscó todas las propiedades de monjes y frailes, y parte de las del clero secular. En 1855 la Ley Pascual Madoz, fue la confiscación más perfeccionada de los bienes del clero, tanto regular como secular. Estas recurrentes confiscaciones han enriquecido tradicionalmente a quienes las urden y a sus patronos de la alta burguesía, y no a la plebe, quienes en fin último, generaron estos bienes confiscados, para engrandecer una industria de limosneros aprovechados de su fe, de forma tal, que la maliciosa paradoja que se observa en el tiempo, es que los pobres trabajen para el clero, y estos a su vez para los políticos y los encumbrados, quienes de vez en vez, cuando les ven con carnes e imperio, los despojan de excesos, aunque les cueste una excomunión, que desde siempre se tienen ganada.

Juan José Fuentes dijo...

Caro Baroja cita al liberal progresista Fermín Caballero quien en 1837, poco después de la exclaustración, escribió:
"La extinción total de las órdenes religiosas es el paso más gigantesco que hemos dado en la época presente; es el verdadero acto de reforma y de revolución. A la generación actual le sorprende no hallar por parte alguna las capillas y hábitos que viera desde la niñez, de tan variadas formas y matices como eran multiplicados los nombres de benitos, jerónimos, mostenses, basilios, franciscos, capuchinos, gilitos, etc., ¡pero no admirarán menos nuestros sucesores la transformación, cuando tradicionalmente sólo por los libros sepan lo que eran los frailes y cómo acabaron, y cuando para enterarse de sus trajes tengan que acudir a las estampas o a los museos! ¡Entonces sí que ofrecerán novedad e interés en las tablas El diablo predicador, La fuerza del sino y otras composiciones dramáticas en que median frailes!"
Juan José Fuentes.

Pedro Luis Martín dijo...

Refiere don Juan José Zaldívar Ortega en su libro "Más de Bernardo Gaviño - Un Matador de Toros Septuagenario", Tomo II, página 79, que hacía un año que fue inaugurada la plaza de la Barceloneta con las corridas de los días 26, 27 y 28 de julio de 1834, se dieron esa temporada 5 festejos más, con éxito creciente. En la verificada el (25-07-1835), en la que tomaron parte los espadas Manuel Romero y el noble Rafael Pérez de Guzmán, se produjo una alteración del orden público que tuvo funestas consecuencias, y fue que, con el pretexto de que eran mansos los toros de Zalduendo que se lidiaron, el público, indignado, hizo grandes destrozos en la plaza, sacó a la calle a rastras al último astado de la corrida, uniéronse a los revoltosos otros elementos extraños y, dueñas las turbas de la población, asaltaron los conventos de frailes y dieron muerte a muchos de éstos. La musa popular dedicó el cantar siguiente a tan luctuosa jornada:
El día en Sant Jaume / de lány trenta cinc, / va haber hi bullanga / dintare del
turín. / Van surtir sis toros, / Que van ser dolents. / Aixó va ser causa / De crema els
convents.

Adrián Trigueros dijo...

La quema del vapor Bonaplata fue un acto de ludismo en un periodo en que la persistencia de la guerra carlista creaba dificultades de trabajo. Este hecho revelaba que los burgueses no podían controlar las masas populares con la facilidad que habían creído cuando estimularon su agitación o la habían tolerada mientras sus acciones respetaban su propiedad. La quema del Vapor haría nacer el temor a las masas descontroladas, apartaría a los más tibios de la acción revolucionaria y daría lugar a que la autoridad actuara sin contemplaciones.
Adrián Trigueros.

Emilio Cerezo Morales dijo...

Fundándose la autoridad en que aquellos trágicos sucesos se habían iniciado en la plaza de toros, decretó la clausura de ésta, y cerrada estuvo la Barceloneta por espacio de quince años, pues no se celebró corrida alguna hasta el (29-07-1850), en cuya fecha se verificó la reapertura para que alternaran los diestros José Redondo (Chiclanero) y Julián Casas (el Salamanquino), que dieron muertes a varias reses de casta aragonesa y navarra. Desde entonces siguió funcionando sin interrupción hasta que en Barcelona se construyeron otras plazas, pues aunque en las nuevas y en la vieja se celebraron algunos años espectáculos simultáneamente, en esta de la Barceloneta fue con intermitencias hasta el (23-09-1923), en cuya fecha se dio el último espectáculo, consistente en una novillada con seis toros de Hidalgo, en la que un tal Faroles rejoneó los dos primeros, y luego dieron muerte a los cuatro restantes, en lidia ordinaria, Isidoro Todó (Alcalareño II) y Ramiro Anlló (Nacional chico). La Barceloneta, que tenía una cabida para 12.000 espectadores, se mantenía todavía en pie en la década de 1940 y después pasó el inmueble a propiedad del Banco Urquijo, a sabiendas de que realizando en ella algunas mejoras, podría continuar dando funciones.

Javier Rojas dijo...

Los resultados políticos de las primeras bullangas barcelonesas, sin embargo, serían prácticamente nulos. En agosto se formó en Barcelona una Junta integrada por funcionarios civiles y militares y por cinco delegados del pueblo (liberales avanzados). Posteriormente, la Junta sería reemplazada por otra de representantes elegidos indirectamente por la totalidad de la población, pero con un peso superior de las clases propietarias y menor de los elementos populares y que tenía que recuperar la normalidad.
Esta Junta se transformaría en la Junta Provisional Gubernativa del Principado de Cataluña y consiguió el retorno de la universidad en Barcelona y el nombramiento de Espoz y Mina como capitán general de Cataluña. Tras el nombramiento de Mina la Junta pasó a disolverse. Su éxito más importante fue evitar la amenaza de una revuelta en este periodo de gran agitación social.
Javier Rojas.

Tomás Riquelme dijo...

Donde también se pueden apreciar las consecuencias sociales de la desamortización fue en el cambio del aspecto exterior de las ciudades, que fue "laificado", término empleado por Julio Caro Baroja. Madrid, por ejemplo, gracias a Salustiano Olózaga gobernador de la capital que mandó derribar diecisiete conventos, dejó de estar "ahogada por una cadena de conventos".
En cuanto se consiguieron los objetivos programados por los liberales en materia religiosa: la exclaustración de los regulares y la desamortización de sus bienes, se cerró el "ciclo anticlerical" iniciado con la matanza de frailes en Madrid de 1834.Hasta principios del siglo XX no volvería a aparecer la violencia anticlerical en España.
Tomás Riquelme.

José Luis Galiano dijo...

La siguiente bullanga se produciría en el mes de diciembre por la publicación de un comunicado de Mina, que explicaba que un prisionero escapado, aseguraba que los carlistas sitiados habían fusilado 33 prisioneros liberales, violando todas las leyes de guerra. La noticia era falsa, pero verosímil y provocó una indignación generalizada que dio lugar a la represalia contra los prisioneros carlistas de la Ciutadella.
Los liberales radicales aprovecharían la movilización popular para lograr algún resultado político, pero el movimiento nuevamente terminaría con la derrota y la frustración de los sublevados y con una serie de liberales avanzados fueron desterrados en Canarias. Lo que las bullangas barcelonesas no habían conseguido en enero llegaría tras el Motín de la Granja y la extensión del movimiento por toda España durante el verano.
José Luis Galiano.

José Ramón Nogueras dijo...

En el verano de 1835, un pasquín aparecido a comienzos de agosto titulado “Escudo tricolor” apostaba claramente por la Constitución de 1812. Una primera bullanga estalló el 25 de julio, dirigiéndose la multitud contra los conventos masculinos. El 26 se produjo un primer intento de asaltar una fábrica de vapor, hecho que se repitió, con éxito, el 5 de agosto. Aquel día fue asesinado el general Bassa (segunda autoridad militar del Principado) y se asaltó la delegación principal de policía y sus distintas oficinas, los burots de la recaudación del derecho de puertas, las oficinas del Real Patrimonio y de la cobranza del derecho de cops (impuesto sobre granos, harina y trigo), las procuras, y los monopolios estatales y municipales, en lo que constituyó una verdadera revuelta antifiscal. Además, fue derribada la estatua de Fernando VII que presidía la Plaza de Palacio y sustituida por un retrato de Isabel II. Por la tarde fue asaltada también, en Gracia, una fábrica de blanqueos que tenía una máquina de vapor y por la noche se asaltó y quemó el vapor Bonaplata.

Sergio Cervera dijo...

Pareció que los disturbios continuaban a la mañana siguiente con el asalto a la casa y fábrica de un fabricante carlista y a la aduana de Atarazanas, pero el ejército y la milicia urbana controlaron la situación. En los días siguientes, el Gobierno pasó a ser criticado por su falta de voluntad reformista (se criticaba, por ejemplo, que no había reformado o suprimido a tiempo los regulares) e igualmente pasó a discutirse la cuestión constitucional. Las juntas que se instalarán sucesivamente en la ciudad, la Junta de Autoridades y Comisionados del Pueblo, la Junta Auxiliar Consultiva y, finalmente, la Junta Superior Gubernativa del Principado, parecerán dominadas por la intención de sus mayorías de evitar la proclamación de la Constitución de 1812. La noche del 14 al 15 de agosto fueron detenidas ocho personas acusadas de conspirar para proclamarla y el 18 una gran manifestación en su favor se disolvió gracias a un aguacero. El debate público, sin embargo, discutirá apasionadamente si debían convocarse Cortes constituyentes o bien si era mejor la Constitución de 1812 reformada.

Jorge Luis Gilabert dijo...

El periódico El Vapor, dirigido por Pedro Felipe Monlau, defendió la opción de volver a la Constitución de 1812, puesto que contenía todo el programa político defendido por el periódico: libertad y seguridad individual, libertad de imprenta, responsabilidad de los agentes del poder, Milicia Nacional, reconocimiento de la soberanía nacional, ley de Ayuntamientos, de Diputaciones provinciales y de elección de diputados a Cortes, y respeto al derecho de propiedad. Su reforma evitaría caer tanto en el peligros “ministerial” (o sea más moderados) como en otro “excesivamente democrático”, de manera que el grito de guerra del periódico será “Constitución con las reformas que la Nación haga en ella”. Sin embargo, el intento de proclamar la susodicha Constitución en la noche del 18 de septiembre y mañana del 19 fue ahogado por la Junta Superior Gubernativa del Principado, que desarmó a sus promotores y los encerró en la Ciudadela. Monlau consideró que con aquellos hechos “el gobierno provincial y gran parte del pueblo” habían rechazado la propuesta y pasó a contentarse con un “Estatuto ampliado” o “una carta análoga a la de Francia o Portugal”, a pesar de insistir en que la Constitución del año 12 era “parto nacional, obra de la España constituida, ídolo en otro tiempo de muchos de los mismos que ahora se ponen convulsos al oír pronunciar su nombre”.

José Javier Pereira dijo...

La noche del 18 de septiembre de 1835, la Junta Superior Gubernativa del Principado había discutido con delegados de la Milicia Nacional la oportunidad de proclamar la Constitución del 12. Antonio de Gironella y Juan de Abascal se opusieron. Juan Vilaregut (fabricante y representante de la Comisión de Fábricas) defendió Cortes constituyentes. Pascual Madoz, el texto gaditano con las reformas que introducirían las Cortes, y Pedro Mata, la Constitución del 12 sin cambio alguno.
Cuatro meses más tarde, el 4 de enero de 1836, las cárceles barcelonesas fueron asaltadas y asesinados la mayoría de prisioneros carlistas. Pero a la mañana siguiente, el 5 de enero, algunos batallones de la Milicia Nacional proclamaron la Constitución. Entonces, diversos radicales fueron deportados a Canarias, produciéndose el primer intento del moderantismo para liquidar al bloque radical.

Juan José Fuentes dijo...

Comentando esta bullanga del 4 de enero de 1836, Joaquín del Castillo consideraba en 1837 que la Constitución de 1812 era “símbolo de verdadera y preciosa libertad, escudo contra el negro despotismo, baluarte de los pueblos, áncora de salvación e inmutable sostén de los derechos de la nación y del trono” y “enseña de nuestras libertades en otra época de feliz recordación”, al tiempo que afirmaba que necesitaba “alguna variación o reforma”.
Y es que, como he indicado, ya desde 1834 las alusiones a la Constitución de 1812 tenían significados bastante distintos. Entre los sectores más moderados o abiertamente defensores del Estatuto Real, la Constitución de 1812 era siempre un modelo extremo que debía evitarse y que no beneficiaba más que a los carlistas. Así, en enero de 1834, El Vapor barcelonés, controlado entonces por el Capitán General de Cataluña, la denunciaba como demasiado democrática, “plebeya” y “tabernaria”.

Fátima Romerosa dijo...

En mayo de 1835, el periódico La Abeja, era el órgano político de los estatutarios, el que afirmaba que el aumento de rumores sobre la proclamación de la Constitución alimentaba al carlismo. En segundo lugar, muy frecuentemente la Constitución de 1812 era un ariete contra el absolutismo y contra el Estatuto, pero para entonces la mayor parte del liberalismo ya había llegado a la conclusión que la Constitución de 1812 era inadecuada, de forma que ésta no era un fin en si mismo sino que debía ser reformada de inmediato, como era, por ejemplo, el objetivo de la Isabelina.
Fátima Romerosa.

Juan Antonio López dijo...

La reforma de la Constitución no tenía por qué significar necesariamente que debía hacerse en sentido moderado. Ramón Xaudaró, por ejemplo, loaba en 1832 lo que consideraba que eran las virtudes del texto gaditano y achacaba sus insuficiencias a las concesiones que debieron hacerse al fanatismo y al despotismo a causa de la situación en que fue promulgada:
“Esta Constitución que tan bien ha sabido distinguir la prerrogativa del Príncipe de los derechos del pueblo; que concediendo al uno la fuerza necesaria para la ejecución de las leyes, deja al otro en plena libertad de hacerlas; que coloca al poder judicial en situación bastante independiente para desafiar los caprichos de los grandes y no ser el instrumento de tal ó cual partido; esta institución en fin que ha sabido igualar ante la ley al Duque, al Obispo y al último plebeyo, merece á no dudarlo indulgencia por sus defectos, debido á la época en que fue hecha. Encerrados los representantes de la nación española en el estrecho recinto de Cádiz, rodeados de enemigos, sin otra esperanza de apoyo que el fanático ardor del clero y el entusiasmo popular en favor de Fernando VII, debieron contemporizar por de pronto con todos los errores que en adelante se proponían combatir; no titubearon pues en transigir con el despotismo y el fanatismo renunciando momentáneamente á la mitad de sus mas interesantes libertades y derechos.”

Marcial López dijo...

Había llegado la hora, pues, de enmendar errores. Dos de los cambios que debíanse realizar eran en sentido avanzado. En primer lugar, reconocer “el libre ejercicio” de las “ideas y sentimientos religiosos” en vez de afirmar a la religión católica como la única de la nación. En segundo lugar, establecer una República en la que el poder ejecutivo se limite efectivamente a hacer ejecutar las leyes, en vez de mantener a un monarca con derechos demasiado amplios. El tercer lugar, en cambio, se debía limitarse el amplio sufragio promulgado en Cádiz (de acuerdo con su desconfianza ante las capacidades del pueblo que, a medida que avanzaba la década de 1830 una parte de los escritores radicales atenuará progresivamente).
Marcial López.

Pablo Salazar dijo...

Si una parte del liberalismo consideraba que el código de Cádiz era demasiado radical, otros consideraban que no lo era suficiente, aunque lo hicieran, visto desde una perspectiva actual, desde una óptica poco democrática en cuanto a sufragio se refiere.
El 15-5-1836 la regente destituía al Gobierno Mendizábal y lo sustituía por otro presidido por Istúriz. El 23 las Cortes eran disueltas y se convocaban elecciones para el 13 (1ª vuelta) y 15 (2ª vuelta) de julio. La segunda vuelta ya no pudo celebrarse a causa de los movimientos producidos en favor del restablecimiento de la Constitución de 1812, iniciados en Andalucía. El 12 de agosto, el Capitán General de Cataluña, Francisco Espoz y Mina, manifestaba su apoyo a la revuelta, el mismo día que tenía lugar en La Granja el motín de los sargentos que forzaba, finalmente, a María Cristina a restablecer el texto gaditano. Las cortes que abrían sus sesiones el 24-10-1836, sin embargo, se propusieron como primera tarea su reforma.
Pablo Salazar.

Víctor Manuel Sepúlveda dijo...

Antes de que el Capitán General de Cataluña, Francisco Espoz y Mina se pronunciara, la agitación se instaló en Barcelona. Un incidente producido en Figueres a mediados de julio en el que “sublevóse el pueblo”, con la Milicia Nacional de Mataró (estacionada en aquel punto a causa de la amenaza carlista) por en medio y que culminó con la muerte del gobernador militar de la plaza, provocó un alud de exposiciones de batallones de la Guardia Nacional de Barcelona en favor del “orden”, el “progreso” y la “verdadera libertad” contra los “extranjeros”, los “retrógados” o los que, desuniendo a los liberales, favorecerían a su parecer a los carlistas –en la línea del mismo ayuntamiento de Figueres que denunciaba a los que invocaban “a la libertad para arrastrar á la licencia á los incautos”. Unos días después, El Vapor denunciaba las voces que corrían por la ciudad acerca “de inminentes disturbios populares”. A inicios de agosto, llegaban las noticias de los pronunciamientos de Málaga y Zaragoza.
Víctor Manuel Sepúlveda.

José Manuel Corrales dijo...

En Barcelona, indicaba El Vapor del día 7, hay más movimiento de lo normal, pero no ha pasado nada. No habrá, continuaba el diario, bullangas si eso significa robos y asesinatos pero sí, tal vez, una “franca y solemne declaración”. El 9, la Diputación pedía marchar “por la senda de las reformas” dentro de los límites de la ley y el periódico criticaba que los moderados tachaban de anarquistas a los que sólo defendían reformas necesarias. El 12, el mismo diario pedía un pronunciamiento controlado por las autoridades y propietarios que defendiera reformas y que impidiera al mismo tiempo las acciones de cualquier “caudillo de taberna” o “héroe zarrapastroso”. Los deseos del periódico se hacían realidad con el manifiesto de ese mismo día 12 del capitán general quien, firmando con el gobernador civil, la Real Audiencia, Ayuntamiento y Diputación, Junta de Comercio, Comisión de Fábricas, y Colegios y Gremios, denunciaba a los “malos consejeros de la Corona” y pedía la instalación de las Cortes en las fechas señaladas y un Gobierno de “ciudadanos sin tacha”.
José Manuel Corrales.

Pedro Pablo Sánchez dijo...

El día 15 circuló en Barcelona un “breve impreso” que congregó en la Plaza del teatro a diversos grupos al grito de “viva la Constitución” a los que fue imposible acallar. “Entre repetidos vítores al código de 1812 y al general Mina”, una “masa inmensa” se dirigió a la Plaza de Palacio, ante el edificio de la Capitanía General, sin producir altercado alguno. Ante tal multitud, Mina prometió la proclamación de dicha constitución, que tendría que realizarse al día siguiente, avisando al mismo tiempo que “la cuchilla de la ley caerá irremisiblemente sobre los autores o promovedores del más mínimo exceso”. A la mañana siguiente, efectivamente, la Constitución fue proclamada ante un “inmenso gentío”. Impresos con su texto se ponían a la venta a 4 reales y entre llamadas continuadas al orden El Vapor iniciaba también su publicación en días sucesivos mientras se congratulaba por el hecho de que “Barcelona sigue tranquila y satisfecha” con su proclamación y que no era una “facción anárquica y desorganizadora” la que se había levantado sino un “pueblo” entero el que “se ha levantado justamente en masa”.
Pedro Pablo Sánchez.

Nuria Rivera dijo...

Con la misma satisfacción, el diario El Vapor daba cuenta de la caída del ministerio Istúriz y de la decisión de la reina gobernadora de 13 de agosto según la cual “se publique la Constitución política del año 12, en el ínterin que reunida la Nación en Cortes, manifieste expresamente su voluntad o dé otra Constitución”. El diario se permitió incluso unas “tablas de la Ley Constitucional y mandamientos de la ley de Dios” que promulgaban que “El primero amar a Dios/ Con un corazón sincero/ Y de cada pastelero/ Hacer a lo menos dos/ El segundo no jurar/ Porque es acción necia y vana/ Pero en viendo una sotana/ Palo en ella sin chistar [...]”.
Queda claro de esta descripción que las autoridades barcelonesas retrasaron todo lo posible su pronunciamiento contra el ministerio Istúriz y que sólo proclamaron la Constitución de 1812 cuando se vieron presionadas por una multitud. Parece razonable suponer, también, que dicha Constitución era, en cambio, capaz de movilizar aún a un buen número de ciudadanos. La aparente convergencia de unos y otros en los días posteriores a su proclamación encubría, sin embargo, proyectos bien distintos.
Nuria Rivera.

Emilio Castilla dijo...

El Vapor de Monlau volvió a expresar el punto de vista de los que pretendían reformarla en un sentido avanzado: “la Constitución del año 12 es el guante echado a los retrógrados ó estacionarios; es el cartel en que declaramos guerra a muerte a cuantos intenten detenernos u obligarnos a volver atrás”. Desde esta perspectiva, no podían sustraerse a las comparaciones entre la “ley constitucional” y la “ley de Dios” que se habían establecido en el pasado.
Decían: “La modificaremos legalmente, porque nadie ignora que ya no se halla en armonía con las luces del siglo y con los grandes adelantos de la filosofía y la razón; pero será para mejorarla, para ponerla a la altura de nuestras necesidades, al nivel de las exigencias del siglo y de ningún modo, como algunos pudieran imaginarse, para hacer concesiones a la vencida aristocracia”.
Emilio Castilla.

Ana María Minguez dijo...

La cuestión que se debatía en aquel momento era la soberanía nacional. Quienes la defendían, la fundamentaban en la teoría del contrato social de Rousseau, y la concretaban en un sufragio amplio (matizado por la frecuente creencia en la falta de madurez de una parte del pueblo), la oposición aristocracia y monarquía contra el pueblo menudo, una creciente crítica a la monarquía y la defensa de la herencia de la Revolución Francesa. Podemos encontrar estos postulados, ha señalado Anna M. García, en textos de Ramón Xaudaró en El Catalán (1834-1836), en los editoriales de Felipe Monlau en El Vapor (segunda mitad de 1835 y 1836 hasta septiembre) o en los folletos de Francisco Raüll y sus textos en El propagador de la libertad en la misma época, y en sociedades secretas como Derechos del Hombre de Ramón Xaudaró (1835?-1836?) y Los Vengadores de Alibaud de Rafael Degollada (1836?-1837?). Eran todos ellos republicanos, en el sentido no de los defensores de una forma concreta de gobierno, consistente en una jefatura de Estado no hereditaria, sino en el de un régimen parlamentario en el que la preponderancia correspondiera a una Cámara electiva, que en suma era una definición paralela a la de muchos republicanos franceses de la misma época.

José Miguel Pajares dijo...

A finales de 1836, Ramón Xaudaró publicaba El Corsario en Madrid (octubre-diciembre de 1836) y Antonio Martínez López el Sancho Gobernador en Barcelona (octubre 1836-enero 1837). Enfrentados a la muy probable reforma de la Constitución de 1812 en sentido, entendían ellos, regresivo, ambos periódicos se convirtieron en sus más fervientes defensores, junto con una creciente deriva social que hacía afirmar al Sancho Gobernador que los gobiernos debían tener por primera preocupación a la “clase proletaria”. En la Constitución de 1812, escribía Xaudaró, se “encuentran las ventajas del mejor gobierno republicano y la mejor barrera de todos los inconvenientes de este” (20-11-1836). Ambos periódicos, sin embargo, no sobrevivieron al clima político que envolvió la discusión de la nueva Constitución de 1837.

José María Jurado dijo...

A finales de 1836, Xaudaró cerraba El Corsario por la presión de la censura y se trasladaba a Barcelona. En la ciudad condal participó en la bullanga del 13 de enero de 1837 y después en la del 4 de mayo, razón por la cual fue preso y fusilado. El Sancho Gobernador ya había sido clausurado en enero y sus redactores se exiliaron. Antes de ello, en diciembre, ya había relacionado explícitamente la libertad con el sistema republicano, abandonando toda esperanza en la corona. La reforma en sentido más conservador de la Constitución, en cambio, será expresada en Barcelona por El Vapor de J. Andrew de Covert-Spring, que lo dirigirá a partir de octubre de 1836.
José María Jurado.

Lurdes Anaya dijo...

El testimonio de un anónimo miliciano de Barcelona, que escribía entre 1822 y 1835, continúa siendo el mejor testimonio de la recepción en un medio popular liberal de las propuestas políticas del período. El miliciano, que se consideraba partidario de una libertad moderada, calificaba al Estatuto Real de “gran despotismo y absolutismo” y no muy “agradable al pueblo”. Consideraba que la libertad consistía en la igualdad de “todos” ante la ley, una “ley” sancionada por las Cortes que todas las autoridades y “hasta la reina” deberían jurar. Firme partidario de la Constitución de Cádiz durante el Trienio Liberal, en 1833 aún lamentaba que Fernando VII hubiera roto su palabra en cuanto a su observancia, y en 1835 parecía resignarse a su modificación a causa de un contexto internacional a su parecer opuesto a ella. Imposible saber qué actitud hubiera tenido ante la Constitución de 1837, pero en 1835 se lamentaba de forma continuada con el a su parecer poco rigor con que el gobierno perseguía a los carlistas y en las bullangas de finales de julio e inicios de agosto no sólo se alegró de la quema de los conventos, como la mayoría de liberales, sino que no puso grandes reparos a la quema del vapor Bonaplata, una moderación, por tanto, no muy acorde con los principios de 1837.

Jessica Camacho. dijo...

El Blog hispano en Internet, "Cosas de Absenta" publicó el 8 de enero de 2012 una muy amena editorial titulada "Fantasmas en la Boquería", donde consigna que uno de los conventos que fue pasto de las llamas, la tarde en que los barceloneses salieron de los toros y se fueron a quemar edificios eclesiásticos, fue el Convento de Sant Josep de la Orden de los Carmelitas Descalzos. Este edificio se ubicaba exactamente justo donde ahora se encuentra el Mercado de Sant Josep, más conocido como La Boquería. Pero esta desgracia podría haberse evitado si el prior del convento hubiese hecho caso a un joven fraile de la congregación que, unos días antes, le advirtió de un peligro que se avecinaba. Al menos, eso es lo que cuenta la historia relatada por Sylvia Lagarda Mata en su libro "Fantasmas de Barcelona". Cuando decidieron dejar de celebrar la vigilia de su patrona, la Virgen del Carmen, casi ningún fraile mostró estar en desacuerdo con tal decisión. Tan solo un joven, recién ordenado, mostró su decepción ante el prior del convento previendo posibles consecuencias negativas en el futuro. La noche de vigilia de la Virgen del Carmen (15 de julio), cuando los frailes dormían, se empezó a oír unas voces como de ultratumba que despertaron a todo el convento. Asustados y aún adormilados, los frailes salieron de sus celdas y se dirigieron hacia la iglesia, ya que de ahí procedía el ruido. Al llegar vieron el coro de la iglesia ocupado por "otros" frailes de aspecto siniestro, con unos rostros demacrados y cadavéricos que se escondían bajo las capuchas de sus hábitos y que cantaban unos salmos misteriosos. Cuando acabaron la actuación, encendieron una vela cada uno y se dirigieron, en fila india, al cementerio del convento entonando una nueva melodía aún más pavorosa que la anterior. Llegados al cementerio, los frailes calavera apagaron sus velas y se metieron, cada cual, en su lápida correspondiente. Los frailes del convento, tras presenciar tan fantasmagórico espectáculo, emprendieron la vuelta a la iglesia y allí encontraron muerto al joven fraile que se había atrevido a cuestionar la decisión de la comunidad de no volver a celebrar la vigilia de la patrona. Diez días después, el 25 de julio de 1835, los barceloneses que habían acudido a los toros asaltaron el convento quemando y asesinando a todos los frailes que no pudieron huir con suficiente rapidez. Desde entonces, hay quien dice que cada 15 de julio (vigila de la Virgen del Carmen) se oyen unos cánticos misteriosos en el mercado de la Boquería que bien podrían ser los fantasmas de los frailes asesinados por los barceloneses la tarde del 25 de julio de 1835.

Juan Luis Guerrero dijo...

Era una perspectiva del mundo basada en los derechos naturales en la que un Dios de la libertad permitiría en un día decisivo la implantación del liberalismo en España, en una formulación de reminiscencias apocalípticas.
En octubre de 1837, el capitán general barón de Meer deportaba a Cuba a los radicales más significativos, en una oleada represiva que acabaría afectando a unos progresistas que en la crisis de mayo habían mirado para otro lado. Su dictadura se mantendría hasta la llegada a la Capitanía General de Cataluña de Jerónimo Valdés en 1839, hecho que permitirá el resurgir de los progresistas y, ya en 1841, de demócratas puros y republicanos.