PROLOGO

Se pretende que sea éste un espacio dedicado a entretener y deleitar (... a través de la fotografía fundamentalmente) ... a dar a conocer (...o traer al recuerdo) ciertos monumentos o espacios situados en el término o cercanías de Lahiguera. ...a llamar la atención por el estado de abandono y deterioro de muchos de ellos, ...y si llegara el caso, a remover la conciencia de todos los que somos "herederos" de tales monumentos y espacios, y que con nuestra aportación ayudásemos a la conservación de los mismos.

sábado, 3 de mayo de 2014

YACIMIENTO ARQUEOLÓGICO EN LAHIGUERA


LOS POZOS: UN YACIMIENTO ARQUEOLÓGICO DEL NEOLÍTICO EN HIGUERA DE ARJONA (LAHIGUERA).

EN EL AÑO 1986 SE DESCUBRIERON CASUALMENTE UNOS RESTOS ARQUEOLÓGICOS EN EL CASCO URBANO, UNA PRUEBA DE LA ANTIGÜEDAD DE NUESTRO PUEBLO COMO ASENTAMIENTO DE CULTURAS. 

La gran novedad que aporta el yacimiento de  Los Pozos de Higuera de Arjona es el parámetro de adobe alineado sobre el borde interior de un foso de este yacimiento de Higuera de Arjona-Extramuros, según refiere Hornos en su publicación (Hornos y otros 1987:198) (1).

Según se constata por la bibliografía y las fuentes arqueológicas, la ocupación de las tierras de nuestro término municipal se remonta a la época prehistórica, aunque hubiese podido estar habitada en el Paleolítico, podemos evidenciar con este yacimiento la ocupación concreta en el Período cultural denominado Neolítico (significa piedra nueva); tal como lo prueban los restos arqueológicos registrados en el interior del propio casco urbano, llamado Los Pozos-Extramuros, en cuyos terrenos en el año 1986 se realizo una excavación de urgencia con ocasión de la apertura de una canalización para salida de aguas … En este yacimiento de Los Pozos-Extramuros, a tan sólo hoy y desde hace cientos de años a unas pocas decenas de metros de casas habitadas del propio casco urbano; apareció una de las primeras fortificaciones conocidas de esta época, así como estructuras de habitación y fondos de cabaña de forma circular y un sistema defensivo basado en un foso excavado en la roca con restos de muros de adobe, así como numerosos restos de cerámica, posiblemente pertenecientes a cuencos y vasijas como parte de la vajilla del mencionado poblado.
Yacimiento de Los Pozos de Higuera de Arjona. Excavación de urgencia del año 1986. Tipológicamente es de filiación Neolítica.

De forma genérica los poblamientos tenían un trazado con una irregularidad bastante marcada, aunque parecen describir espacios circulares o elípticos. Las zanjas que configuran los poblados varían en anchura y profundidad de forma considerable, pero siempre aparecen colmatadas de un relleno donde aparecen restos óseos y abundante cultura material. En el interior e inmediaciones de estas zanjas, proliferan, a veces por centenares, unos pozos de planta circular y sección acampanada, denominados tradicionalmente como “silos”. Otras veces aparecen autenticas pléyades de pozos sin evidencias de zanjas en sus proximidades. En todos los casos aparecen estas estructuras colmatadas por un relleno donde se acumulan fragmentos de vasos de cerámicas, artefactos líticos y restos óseos, entre los restos óseos se han documentado esqueletos humanos y huesos de animales. 

Escena familiar en el poblado.

También aparecían en los asentamientos estructuras de menor profundidad y mayor diámetro que se consideraban con funciones diferentes de las anteriormente descritas, al ser estas últimas consideradas como “fondos de cabañas”. También estas construcciones excavadas en menor profundidad aparecían en todos los casos colmatadas de forma similar a como quedaban colmatadas las zanjas y los pozos. Sobre los testimonios que se encontraron en estos tipos de poblados, bastante poco pueden aportarnos en relación al conocimiento de su vida social y económica, poco puede saberse al no quedar testimonios en las construcciones aéreas de envergadura, pues sólo ha perdurado lo que permaneció enterrado y más allá de las estructuras subterráneas antes comentadas, nada puede reconocerse en el interior de estos grandes círculos que pueda ser correlacionado contemporáneamente con los poblados. Sólo se conocen restos de adobes pertenecientes a estructuras efímeras y evidencias de cabañas endebles, que no debemos confundir con los ya referidos fondos de cabañas excavados en el terreno. No se encontraron edificios domésticos o ceremoniales, ni establos, acequias, cisternas, ni puertas monumentales o alguna área de otra actividad humana especializada.
La ubicación de Lahiguera, situada en la cima de una loma, desde donde se divisa el río Guadalquivir al norte y las sierras de Jaén al sur, le proporciona una amplia visibilidad sobre todo su entorno. La fertilidad de sus suelos para el aprovechamiento agrícola propició su ocupación ya desde aquellos tiempos “para nosotros tan remotos”, que van  entre  finales del IV y principios del III milenio antes de Cristo.

La lucha del hombre por la vida en el Paleolítico.
 
Esto hace suponer su ocupación en el Paleolítico, como también ha quedado avalado el que estas tierras fueron posteriormente ocupadas también durante toda la Edad del Hierro hasta la época romana. Según F. Nocete (1989) (2) existieron grandes centros fortificados situados en unas posiciones estratégicas, es decir, asentamientos de tamaño reducido que ocupaban cerros con un buen control sobre los territorios del entorno, y centros agrícolas de dimensiones pequeñas y estructuras débiles. Los yacimientos de Carzones, El Tejar, Colorines, Las Canteras o la Atalaya responden en su estructura y distribución a lo anteriormente descrito.

Evolución del hombre en la Prehistoria.
 
Algunos de estos asentamientos siguieron ocupados durante época ibérica, como Cerro Corbún y La Atalayuela. La muralla de La Atalayuela es un recinto de la Edad del Hierro II de época ibera, sobre una fábrica de la Edad del Cobre. Tuvo protección legal por la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949. Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español. Código del bien: 230400019 (sin expediente incoado ni declaración).

Observación del crecimiento de las plantas.

Gracias a la observación de los fenómenos de la naturaleza,  los hombres y las mujeres del Neolítico aprendieron que las semillas enterradas bajo tierra daban lugar a una nueva planta.
Entonces, empezaron a cultivar cereales (trigo, cebada, centeno…) y posteriormente legumbres (lentejas, guisantes…); iniciándose de este modo  la agricultura. Del mismo modo, la observación de los animales de su alrededor permitió su domesticación y el nacimiento de la ganadería. Las cabras, las ovejas, los cerdos, el perro, los equidos etc. fueron los primeros animales domesticados.
 
El tallado de la piedra como herramienta.

La agricultura y la ganadería propiciaron el asentamiento de aquellos primeros habitantes en aldeas próximas a los campos de cultivo y a los pastos para los animales ya domesticados. Fue esta y no otra la razón por la que el ser humano se fue asentando en el terreno  dando lugar a las incipientes  “aldeas”.

                        Hombre del Neolítico.

Dichos asentamientos neolíticos se situaban en elevaciones del terreno próximos a cursos de agua y solían protegerse con posibles empalizadas y/o fosos. En dichos yacimientos se han recogido fragmentos de cerámica hecha a mano y se han localizado restos de manchas cenicientas en el terreno, que posiblemente son restos de los fondos de las cabañas en las que habitaron estos primitivos pobladores. Estos recintos se ubican en lugares de fácil acceso, colinas suaves, entradas o fondos de valles, rebordes fluviales, amesetamientos, etc. En cualquier caso no parece que para la elección del asentamiento no primen los espacios con ventajas para la defensa, de forma que en no pocas ocasiones, se menosprecian, incluso, las elevaciones del terreno que estaban muy próximas a los asentamientos. En la mayoría de los casos en las zonas geográficas donde aparecen estas estructuras de los recintos coexisten con asentamientos humanos ajustados a un patrón de acusada dispersión territorial como asentamientos no permanentes.

Agricultores del Neolítico segando. 
Familia en recoleción.
                                           Video sobre el Neolítico

Su economía era de autoabastecimiento, es decir, sus habitantes consumían  lo que producían, aunque hay indicios de que existían algunos intercambios, es lo que se conoce con el nombre de “trueque”, es decir, se intercambiaban los excedentes entre los diversos poblados o asentamientos. A  veces los intercambios consistían en adquirir objetos para ellos desconocidos y que sin lugar a dudas, serían signo de distinción sobre todo por ser objetos de prestigio,  tales como: conchas, cerámicas decoradas con instrumento de concha, con tintes rojos o almagra etc., variscita…). La elaboración de la cerámica, el tejido, la cestería etc., dieron lugar a la aparición de los primeros artesanos.


Dientes de silex.
    Silex incrustado en madera.
   Hoces con silex tallado.

En muchos de estos asentamientos se han encontrado perforaciones excavadas en el suelo denominados “silos” cuya finalidad no era otra que proteger y resguardar el grano de la intemperie para “de alguna manera” tener asegurado el consumo hasta la próxima cosecha es el caso del yacimiento Neolítico de Los Pozos de Higuera de Arjona. 

Molinos de pieda del Neolítico, llamados molinos de vaivén.

Este sistema de pozos y zanjas excavados en el terreno es en cierto modo una constante en el registro arqueológico del sur de nuestra querida Península Ibérica. El profesor Collantes de Terán acuñó el termino de “Cultura de los Silos” que sin duda era el reflejo de las manifestaciones de procesos agrícolas intensivos, que se empezaban a realizar en toda la campiña andaluza y que erapropias de agricultores, que cada vez dominaban mejor, las técnicas del laboreo de las ricas tierras de los valles y llanuras de la actual Andalucía. Aquellos primeros agricultores se asentaban en cabezos de poca altura y próximos a cursos de aguas, a fin de tener el dominio de la vigilancia de sus cosechas y tener seguro el abastecimiento de agua para cubrir sus necesidades. Se tiene constancia arqueológica de que en la zona del Arcor y Aljarafe en la provincia de Sevilla dichos silos se excavaban en forma de campana. (Collantes de Terán, 1969: 61. (3).
También J. M. Carriazo sugería que estos pozos “eran testimonios de la temprana importancia de la agricultura cerealista…, y que nacieron para sustituir contenedores de menor capacidad, como los recipientes de cestería o cerámica, por otros de mayores dimensiones en los que almacenar los granos de cereal; estos se acumularían como excedentes en ciertos yacimientos, desde los que, a modo de centro comercial, se exportaban por el río a toda la región” (Carriazo, 1980:159 y 192). (4)
 
Fases de la elaboración de la cerámica.
Recipientes de cerámica.

En la mayoría de las ocasiones ni siquiera aparecen materiales arqueológicos fuera del perímetro de las propias estructuras excavadas. Por su ubicación diríamos que son irrelevantes desde el punto de vista topográfico, casi nunca se establecieron en cerros u oteros que facilitaran su defensa, no eran poblados de altura, por lo que se desestiman las supuestas funciones defensivas de la zanjas, al no estar ubicadas las zanjas de los asentamientos en lugares de pronunciada altitud, y ajustando el trazado de aquellas a las curvas de nivel del terreno. Por el contrario los asentamientos de las zanjas o los pozos se localizan en espacios despejados, amplios y de escasa altitud, abiertos a suaves cuencas fluviales y en otros casos en leves elevaciones en lugares próximos a la costa.
No se encuentran evidencias arqueológicas de sistemas defensivos de envergadura, ni tan siquiera se han documentado restos de lo que debieran haber sido enfrentamientos o escaramuzas bélicas, incendios o abandonos provocados por tensiones propias de lugares fortificados. También el trazado de las zanjas y los descomunales espacios de varias hectáreas se alejan de cualquier principio castrense de defensa, puesto que por su ubicación la vulnerabilidad alta de su defensa era un espacio que sólo podría ser defendido con ingentes cantidades de individuos defensores.
Tanto los pozos como las  zanjas se continúan utilizando y excavando por los grupos humanos correspondientes a la Edad del Cobre o Calcolítico, también conocido como “período megalítico” (mega significa grande y lito piedra) en alusión a la construcción de lugares de enterramiento realizados, entre otros, a base de grandes lajas de piedra; y se extienden por toda la zona meridional peninsular.
La movilidad acusada que debieron tener los grupos humanos megalíticos hace suponer que los desplazamientos de hombres y animales se debieron ajustar a ciclos socialmente prescritos. La frecuentación periódica y obligada de los recintos a lugares atrincherados significa también la aceptación de reglas ancestrales de movilidad humana por el paisaje. En estos casos, los desplazamientos encuentran los lugares como referentes espaciales de especial importancia en los recintos prehistóricos atrincherados; porque en ellos se podían favorecer o forzar la agregación transitoria de una población dispersa, que se ajustaba a unos ritmos de vida de variada naturaleza como la del aprovechamiento de los recursos estacionales, con el intercambio de los recursos o su redistribución. También podían servir como marco para la realización de cambios colectivos de estatus social, con sus ritos de iniciación, agregación de nuevos miembros, etc., de políticas matrimoniales donde se pudiese favorecer el intercambio de mujeres entre los grupos y linajes, especialmente entre los grupos más atomizados o separados del colectivo, o en definitiva, en cualquiera de los ritos encaminados a aumentar la cohesión social.

Grupo humano del Neolítico.

Estamos ante una conducta del grupo social, que por una parte requiere la apertura de la trinchera o zanja; pero resulta bastante sintomático que el abandono del lugar conllevara también de seguido, el cierre de las zanjas con el previo cegado de las mismas zanjas que configuraban el espacio habitado. Sobre tal cuestión podríamos aventurar que tal práctica del relleno podría ser interpretada como la forma de desactivar socialmente ese espacio, para que todos abandonasen ese recinto, que había estado dotado de gran significado social y simbólico durante un largo periodo de tiempo anteriormente, espacio que daba consistencia al grupo humano prehistórico, unido a connotaciones de clanes mientras lo habitaron. Así, de esta forma un tanto reversible, el espacio que inicialmente fue elegido con la elaboración de zanjas como un cosmos durante un largo periodo de tiempo, se niega o enmascara para el grupo en el momento de su abandono, con su idea intencionada de la eliminación de tal hábitat en el paisaje. Tras lo cual, ya nadie puede improvisar un recinto, ni puede gestionar los resortes sociales legitimados en un lugar de tal naturaleza en beneficio propio. 
Quizá los desplazamientos podían tener un carácter simbólico relacionado con la manifestación de lo sagrado, entonces cada pozo o depósito sería prueba del retorno de un determinado grupo a un lugar atrincherado, o a sus campos con depósitos subterráneos, con encuentros rituales ajustados a un orden preestablecido, según el modo de explotar los recursos, sin que llegasen a ser los típicos asentamientos estables neolíticos. Se considera, que sólo se pueden propugnar la generalización de los poblados plenamente agrícolas y sedentarios en todo el occidente europeo durante la Edad del Bronce, coincidiendo con un patrón determinado de ocupación del territorio, acorde con un modo de subsistencia particular y unas relaciones de producción determinadas  y en cualquier caso en momentos posteriores a la fase inicial del megalitismo. El megalitismo en el sur de la península es consecuencia de la consolidación del modo de producción agropecuario, y reflejo de la complejidad social que le sigue a este modelo de producción. En estas nuevas coordenadas se explican los sepulcros y sus supuestos asentamientos estables que vienen a representar los recintos prehistóricos atrincherados. Una economía mixta agropecuaria se considera una constante desde el Neolítico Pleno, la agricultura jugo un papel determinante entre los primeros grupos productores, y sobre su supuesto sedentarismo, especialmente en las sociedades megalíticas. 

Instrumentos del Neolítico.

Dentro de la agricultura de la Prehistoria se da una clara diferencia entre lo que serían las prácticas fundamentadas en los grandes y largos barbechos, y lo que posteriormente supusieron los cultivos en pequeños y cortos barbechos, con un sentido de defensa de la propiedad más arraigado. La diferencia entre uno y otro tipo de barbecho suponía una organización distinta de los trabajos agrícolas, y especialmente, diferentes forma de sentir la propiedad de la tierra. Cuando un grupo humano fundamenta su agricultura en los largos barbechos, requiere escasas inversiones tecnológicas en el laboreo, entonces sus asentamientos humanos son producto de cortos periodos de tiempo, y el acceso a los campos cultivables se realiza alternativamente como ocurre con el uso de un campo de caza. Suponemos que este modelo es el propio de las comunidades megalíticas entre el V-IV y III milenio antes de Cristo, configurándose así un paisaje construido alrededor de unos continuos movimientos de la población, a través de un territorio cuajado por una autentica constelación de lugares, ya fuesen asentamientos temporales, recintos prehistóricos atrincherados, o monumentos funerarios con un significado social y religioso para sus temporales moradores.

Labores de una vida sedentaria.

Sólo a partir del II milenio antes de Cristo se generaliza un régimen agrícola basado en el uso de una agricultura intensiva de cortos barbechos, lo que como ya hemos dicho supuso una organización diferente del trabajo, un mantenimiento directo de la población de los recursos del campo elegido y de su fertilidad, y una posesión de la tierra bien distinta, donde la propiedad era reclamada por los grupos que la ocupaban ahora de una forma permanente. A partir de este tiempo el paisaje se organiza en torno a los centros de dominio de la tierra, los poblados ahora sedentarios están localizados normalmente sobre cerros testigos, que marcaran los límites entre el mundo interno de esa comunidad perteneciente al poblado en cuestión, y otro mundo exterior propio de los otros que no pertenecen a su comunidad, a los que desde luego como no pertenecen a su grupo, se les niega la posesión de la tierra y su usufructo. Como en esta nueva situación los miembros del poblado se identifican como miembros del grupo que tienen esas tierras y viven de ellas, entonces los recintos prehistóricos atrincherados van desapareciendo silenciosamente del paisaje pues dejan de tener la función de cohesión social, que le habían asignado otros pobladores de milenios anteriores.

Fabricación de instrumentos de piedra.

Proliferan entre lo encontrado los restos humanos completos o incompletos; huesos de bóvidos, perros y abundancia de artefactos líticos con restos de talla y recipientes cerámicos, fracturados previamente y, en ocasiones, con evidencias de haber sufrido sobre estas piezas la acción térmica. Junto a los fragmentos de cerámica, con frecuencia fracturadas antes de ser introducidas en los pozos, aparecen hojas prismáticas de silex, abundantísimos molinos de piedra, e incluso ídolos, aunque lo más significativo es la importante cantidad de restos óseos en ellos depositados, tanto de animales como humanos, ovicápridos, perros, etc.
A veces los pozos son de forma circular y sección acampanada o de paredes rectas (pozos), cuando en su anchura sobrepasan los 2 metros resulta difícil diferenciarlos de los llamados fondos de cabañas, aunque mantengan una profundidad que podía oscilar entre 1 y 2 metros.

Origen y difusión del Neolítico.

En la campiña de Jaén asistimos durante le época del Neolítico Final al origen de la agricultura, como muestran las apariciones de los “dientes de hoz” en toda la zona. La aparición de la industria lítica especializada supone una verdadera revolución tecnológica con la estandarización en la fabricación de los dientes de hoz, caracterizados por la presencia de trincaduras, dorso abatido y en el lado opuesto el filo dentado, tal como aparecieron estratificados en los Silos de Los Pozos de Higuera de Arjona, en el yacimiento Albalate en Porcuna y en el de Puente Tablas de Jaén. El número de piezas  encontradas hacen suponer que la agricultura de los cereales estaba muy extendida y afianzada en estas tierras, considerándose los dientes de hoz como unos útiles básicos para la siega de los cereales ya desde el Final del Neolítico y que se continuaron utilizando  hasta el Bronce Final. 

Demarcación de la zona de desarrollo del Neolítico Medio.

Yacimientos del Neolítico en Andalucía. 

Geografía del Neolítico Andaluz.

Expansión del Neolítico por Europa y Oriente Medio.
Fases de Neolítico.

Civilizaciones Neolíticas. 

Avanzando en el tiempo el yacimiento del Cerro de Corbún o Corbul, cuyo primer sentamiento se sitúa en la Edad del Cobre y continua en la Edad del Bronce, también citado en otro artículo anterior: (*Asentamientos islámicos en el término de Figueruela en el inestable siglo XI y en los siglos XII y XIII: Fernando III y el Jaén musulmán, publicado en este blog en fecha 10 de febrero de 2014). Donde se han localizado una serie de alineaciones de piedras que pueden corresponder a algún tipo de muro defensivo correspondiente a la Época Ibérica, según se ha podido constatar por los fragmentos de cerámica recogidos en el lugar, cuyas característica son propias de cerámica ibérica hecha a torno y decorada con bandas de pintura roja. También a esta época corresponde el yacimiento de La Atalaya, un asentamiento que fue abandonado en la Edad del Bronce y de nuevo  ocupado durante la Edad del Hierro y  hasta el siglo II de nuestra era, es decir ya en época romana.
No podemos dejar de citar la importancia que dentro de la época romana tuvo todo el perímetro del Cerro de Corbún, donde en sus inmediaciones contamos aún con los restos de un ya maltrecho puente romano”, objeto de mi atención en un artículo con idea de dar un SOS para su conservación: (* El Puente Romano del Arroyo Saladillo de Lahiguera. Publicado en este blog en fecha 23 de junio de 2012), que tras una primera repercusión en la prensa y radio provinciales y Canal Sur, quedó olvidado por las autoridades locales, provinciales y autonómicas. El Puente Romano del Arroyo Saladillo de Lahiguera permanece aún completo en su arcada, a pesar del paso de los siglos y del embate de las crecidas del arroyo, que ha veces, llega a casi superarlo en altura. Es una pena que no acudamos en su ayuda para su conservación, un resto valioso que ya formaba parte de la red de comunicaciones que en época romana unía los accesos a las calzadas de la Campiña Jiennense.
Durante dicha época romana toda esta zona fue densamente poblada por pequeñas explotaciones agropecuarias,”villae”, que en mayor o menor medida corresponden a nuestros actuales cortijos y otras de mayor extensión, que han sido identificadas como incipientes aglomeraciones urbanas. Esta afirmación queda atestiguada por la gran cantidad de yacimientos documentados en: Las Ventillas, Haza Calderas, La Alcantarilla, El Techadillo, Los Pollos, El Arbolito, Los Molares, etc. Igualmente en Las Losas se han localizado, en el desarrollo de las tareas agrícolas con tractores, brabanes y gradas de labores más profundas, unos extraordinarios restos de tumbas de dicha época romana. Estos asentamientos romanos son de diversos tamaños, encontrándonos con alguno, que podemos considerar como un poblamiento de gran envergadura por su extensión y abundancia de restos registrados, como es el caso de el yacimiento romano de Los Artesones, que sin duda por los restos hallados puede corresponder a una población numerosa dada la dispersión de los materiales arqueológicos encontrados.
Otros yacimientos de los que se tienen registrados restos arqueológicos importantes, se localizan en el período de la cultura islámica tales como  Las Cuevas y Los Pozos (Objeto de atención del presente artículo), en ambos yacimientos se han localizado restos de silos para almacenar grano y una gran variedad  de cerámica vidriada. 

                       Piedras pulimentadas del Neolítico.

En el sur de la península Ibérica en general y en Andalucía en particular se descubrieron estos yacimientos rodeados de zanjas como sistema de protección tanto de otros pobladores como de los animales que podían invadir el poblado para apoderarse de los excedentes almacenados; se considera que son el resultado de procesos históricos  no sólo a nivel local sino más generales dentro de la península Ibérica como lo son en el sur de Portugal, Extremadura, la Meseta central o Levante. Así mismo se tienen también localizados estos yacimientos en el  resto del continente europeo, sobre todo en la zona centroeuropea y en la fachada atlántica. 
Aunque en momentos posteriores a la época de vigencia de estas zanjas, en algunos yacimientos (por ejemplo en Valencina, Sevilla o Marroquines Bajos, Jaén) aparecieron monumentos funerarios o estructuras domesticas de épocas pasadas; pero se deduce que estos sólo comparten circunstancialmente un espacio previamente ocupado por otros con anterioridad.
En algunos de ellos como Papa Uvas en Huelva, Valencina de la Concepción en Sevilla, El Lobo o La Pijotilla en Badajoz, también se documentaron zanjas perimetrales, con sección en “U” o “V”, en cuyo interior proliferaban dichos “silos” y “fondos de cabañas”. Se consideraba que las poblaciones pertenecientes a esta cultura tenían un patrón de asentamiento caracterizado por las ocupaciones de terreno en zonas llanas, cercanas a ríos, con una economía agrícola, e inhumaciones en silos (Carrilero; Martínez y Martínez 1982: 203-204). (5).
Estos recintos atrincherados que con frecuencia sobrepasaban extensiones de varias hectáreas, en el proceso de la aplicación de sus funciones como zanjas, se pueden observar varios “tiempos” de su utilización, de forma que podemos pensar o considerar que, en ocasiones dichas estructuras pudieron permanecer “abiertas” durante un periodo de tiempo relativamente largo, (se cree que la de Valencina en Sevilla fue ocupada por alrededor de 800 años), e indefectiblemente dichas estructuras fueron cegadas intencionadamente en un momento más o menos lejano a su construcción.  Pero en todas se aprecia como un periodo inevitable de amortización de todas estas construcciones siendo utilizadas como “basureros”, o trampas donde se han registrado, en no pocas ocasiones,  la deposición  de restos humanos y animales articulados o no y sin evidencias de ajuar funerario. Junto a estos restos proliferan también restos de la cultura material de sus habitantes, generalmente  trozos de vasijas rotas de cerámica y piezas o restos de silex.
Aunque inicialmente hubo ciertas interpretaciones belicistas que relacionaban la existencia de estas zanjas con sistemas defensivos, en la actualidad los autores se decantan por reconocer en ellas la intención social de construir un espacio ordenado o cosmos, mediante el cual se establecía una estrategia de marcar un espacio de pertenencia de unos grupos humanos, o en otro caso de marcar la exclusión de otros grupos. Así el acceso y la permanencia en el interior del recinto que limitaban las zanjas, pudieron estar socialmente regulados o restringidos y podrían suponer con ello el acceso o la negación a los derechos de su comunidad, o a obligaciones sociales compartidas con los demás miembros del grupo o de sus linajes. También podrían a la vez servir para desencadenar mecanismos sociales de agregación de una población dispersa y atomizada que encontraría, sin duda, en estos lugares la cohesión social necesaria como manifestación de la necesidad humana de sentirse socialmente unidos. No podemos olvidar que estamos ante grupos humanos que como sociedades necesitan mecanismos de identificación y parentesco clasificatorio, que conllevaban el continuo establecimiento y renovación de los lazos familiares entre todos los que constituían el grupo, no sólo los lazos familiares de aquellos que pertenecen al mismo linaje, sino entre los lazos de todos los miembros del grupo.
En la actualidad se interpreta  que estos grupos humanos estaban inmersos en estrategias de agregación, que necesariamente, se tenían que insertar con la práctica de gran cantidad de transacciones sociales, en un lugar considerado como lugar apropiado para llevar a cabo: políticas matrimoniales entre el grupo, ritos de transito, mecanismos de distribución,… etc. Todo esto implicaba la permanencia del grupo en el mismo lugar durante un prolongado periodo de tiempo, y sería también el  escenario donde se favorecía la sociabilidad del hombre prehistórico; aunque debe quedar claro que generalmente la elección de estos lugares como espacios de poblamiento temporal no respondía a criterios de selección de los mejores recursos naturales, ni a la búsqueda de emplazamientos estratégicos para la defensa, ni comportaba en su desarrollo como emplazamiento de una ordenación espacial determinada, que nos confirmara que estamos ante un poblado tal como hoy lo entendemos. Máxime cuando observamos que la vigencia de estos lugares parece tener fecha de caducidad siempre, y que llegado el momento, eran abandonados irremediablemente sin que el abandono pudiera asociarse, al menos por lo que conocemos…, a un cambio de las condiciones medioambientales o del clima, que desaconsejasen poder seguir habitando el lugar antes elegido, más bien se supone que los abandonos estarían motivados por los ciclos o calendarios sociales del propio grupo humano.
No podemos sentirnos tentados a pensar que estos espacios atrincherados fuesen terrenos dedicados a la realización de prácticas simbólicas, o recintos sagrados donde proliferaran actos místicos o religiosos, ello nos llevaría a cambiar el sentido del lugar profano de un poblado Neolítico por su alternativa sacra de templo arcaico o santuario prehistórico. Aunque la proliferación de conductas ceremoniales parezca muy evidente, no estamos ante la materialización de un espacio de tipo sagrado, y por tanto ajeno a la idea de un espacio domestico para sus habitantes. Estamos ante sociedades que se proyectan en un espacio original, primigenio y desordenado por naturaleza a través de una red de caminos y paradas, que son convertidos en lugares, en los que la naturaleza sagrada sería compartida por todos los elementos del paisaje que los envolvía en su cosmos, un espacio ordenado por la sacralización plena de todo el mundo vivido, donde lo profano era lo ajeno, alejado y externo a ellos, de modo que lo que no era su mundo domestico no era mundo para ellos.
Estos recintos atrincherados no se comprenden aislados, sino que participaron activamente en la construcción del paisaje de los grupos megalíticos del sur de nuestra península, por lo que deben relacionarse con necrópolis megalíticas, con asentamientos no permanentes, en lugares con abundantes fuentes de materias primas y buenos referentes naturales del terreno elegido.
Se entiende que los grupos megalíticos europeos de entre el V y III milenio antes de Cristo, practicaron una agricultura de largos barbechos, configurando un paisaje que fue construido por continuos movimientos a través de su superficie, y que se ve cuajado por una autentica constelación de lugares, que se convirtieron en asentamientos temporales, y monumentos funerarios cargados ambos de significación social y religiosa; pero que a partir del III - II milenio antes de Cristo, se generalizaría un régimen agrícola basado en la agricultura intensiva de cortos barbechos, lo que va a suponer una organización del trabajo diferente, con un mantenimiento directo del campo y su fertilidad, y una posesión de tierra bien distinta , donde la propiedad será reclamada por los grupos que la ocupan de forma permanente.
Por lo que al tipo de yacimientos de Los Pozos respecta podemos decir que estamos ante una comunidad amplia y relativamente abierta del IV milenio antes de Cristo, relacionada con sistemas agrícolas extensivos, dependientes de la cooperación del trabajo humano en el interior de alianzas entre comunidades a gran escala, que son sustituidas en el III milenio a. C. por un paisaje agrícola con fronteras.
Por lo que respecta al contenido hallado en el interior de las zanjas de los Pozos de Higuera de Arjona, (Hornos y otros 1987: 198) se trata de desechos, que las rellenan intencionadamente, diríamos que incluso con la finalidad de cegarlos a modo de basureros tras la pérdida de su función defensiva primaria. Los estudios de los materiales líticos de las estratigrafías de Los  Pozos  de Higuera de Arjona, con la aparición de numerosas evidencias de dientes de hoz, entre otros yacimientos, han permitido configurar una idea amplia sobre las posibilidades de interpretaciones económicas que ofrecieron estos artefactos líticos. La climatología del periodo atlántico en su apogeo, más templado y húmedo, del  IV y III milenio antes de Cristo, contribuyó, sin duda, a la emergencia de la cultura del calcolítico, incidiendo directamente en la economía con el cambio y evolución de la flora y la generalización de la agricultura cerealística del trigo, cebada, y centeno, de las leguminosas como lentejas y habas y del lino, utilizándose para su recolección los abundantes dientes de hoz líticos. Las grandes extensiones cultivadas con policultivo y sistemas de rotación acopiarían excedentes, conservados en los innumerables silos abiertos en los poblados.
Los llamados fondos de cabañas están presentes igualmente en el yacimientos de Los Pozos (Hornos y otros 1987:198), y son interpretados como cimientos o base de hábitats humanos. Tenemos que pensar que en cualquier caso, de tratarse de auténticos fondos de cabañas, estos restos serían las únicas evidencias de sistemas constructivos, que se han hallado en el interior de los recintos atrincherados, aunque el contenido del relleno que los colma y la naturaleza de su deposición, es en muchos casos semejante a los depósitos observados en las zanjas y silos, razón que puede no confirmar rotundamente su utilización como vivienda.
La gran novedad que aporta el yacimiento de  Los Pozos de Higuera de Arjona es el parámetro de adobe alineado sobre el borde interior de un foso en este yacimiento de Higuera de Arjona, según refiere Hornos en su publicación (Hornos y otros 1987:198).
Formando parte de  la treintena de yacimientos andaluces registrados correspondientes al IV-III milenio a. C., se encuentra el Yacimiento Neolítico de Los Pozos-Extramuros de Lahiguera. 
Los yacimientos, con zanjas o trincheras excavadas en el terreno, conocidos y excavados (Díaz Del Río, P. (2003): Recintos de fosos del III milenio A. C. en la meseta peninsular. Trabajos de Prehistoria, 60, nº 2. Págs.: 61-78. (6) son los que a continuación relaciono:
Papauvas, Aljaraque, Huelva (Martín de la Cruz, 1985); Peñón Gordo de Benaocaz, Cádiz ( Perdigones y Guerrero, 1987; Valencina de la Concepción, Sevilla (Ruiz Matas, 1983; La Minilla, La Rambla, Córdoba (Ruiz Lara,1990); Polideportivo de Martos, Jaén (Lizcano y otros, 1991-1992); Los Pozos Higuera de Arjona, Jaén (Hornos y otros, 1987); Marroquíes Bajos (Jaén) (Zafra et al.1999) etc., entre otros. La relación completa y numerada viene a continuación de la Imagen 39, en el mapa queda rodeado por un círculo en rojo el Yacimiento de Los Pozos-Extramuros de Higuera de Arjona (Lahiguera).

   Muralla calcolítica de Marroquíes Bajos (Jaén).

Zona Arqueológica de Marroquíes Bajos.

A continuación exponemos la relación completa, referida con anterioridad, de los diferentes yacimientos ahora enumerados, en ella figura en primer lugar el nombre del  yacimiento, término municipal al que pertenece, provincia  y finalmente entre paréntesis el arqueólogo o arqueólogos que publicaron el estudio del  yacimiento.



Imagen 39. Mapa tomado de Recintos de Fosos del III Milenio A. C. en la Meseta Peninsular. Autor Pedro Díaz del Río.

Fig. B. Distribución de algunos yacimientos de la Península Ibérica en los que se han detectado zanjas o recintos de fosos del IV-III milenios cal BC:  

(1) Papa Uvas (Martín de la Cruz 1985, 1986, 1994); (2) Valencina de la Concepción (Sevilla) (Fernández Gómez y Oliva 1985, 1986; Murillo et al.1987; Ruiz Mata 1983); (3) Peñón Gordo (Benaocaz, Cádiz) (Perdigones y Guerrero 1987); (4) La Minilla (La Rambla, Córdoba) (Ruiz Lara 1987); (5) Perdigoes (Reguengos de Monsaraz) (Lago et al. 1998); (6) La Pijotilla, Solana de los Barros (Badajoz) (Hurtado,1991, 1995, 1997); (7) Los Pozos (Higuera de Arjona, Jaén) (Hornos et al. 1987); (8) Marroquíes Bajos (Jaén) (Zafra et al.1999); (9) Ciavieja (El Ejido, Almería) (Suárez et al.1987; Carrilero y Suárez 1995); (10) Niuet (L’Alquería d’Asnar, Alicante) (Bernabeu et al. 1994); (11) Arenal de la Costa (Ontinyent, Valencia) (Bernabeu, dir. 1993; Pascual y Ribera 1997); (12) Las Matillas (Alcalá de Henares, Madrid)(Díaz-del-Río 2001); (13) La Esgaravita (Alcalá de Henares, Madrid) (Díaz-del-Río 2001); (14) Gózquez de Arriba (San Martín de la Vega, Madrid) (Díaz-del-Río 2001); (15) Cerro de la Mora (Leganés, Madrid) (Vigil-Escalera, com. per.); (16) Loma de Chiclana (Villaverde, Madrid) (Díaz Andréu et al.1992); (17) Las Pozas (Casaseca de las Chanas, Zamora) (ValRecio,1992); (18) San Miguel (Cubillas de Cerrato, Palencia) y 11 recintos en el valle del Esgueva (Olmo 1999); (19) Matallana (Villalba de los Alcores, Valladolid) (Olmo 1999); (20) Las Bodegas (Colinas de Trasmonte, Zamora) (Larrén 1996); (21) Vega de los Morales (Aldea del Rey, Ciudad Real) (Vallespí et al.1985); (22) Las Canteras (La Vellés, Salamanca) (Ariño y Rodríguez 1997).
En realidad tenemos un conjunto de yacimientos en emplazamientos muy variados, con entornos naturales y cotas asimétricas muy diferentes: (Valencina de la Concepción a una cota de 160 metros aproximadamente; Papa Uvas a 45 m. aprox.; La Minilla a 600 m. aprox.; Peñón Gordo a 855 m. aprox.; Los Pozos de Higuera de Arjona a 400 metros de altitud aproximadamente; Llanete de los Moros a 220 m. aprox.; Polideportivo de Martos a 600 metros aproximadamente. Las estructuras presentan también formas y dimensiones muy dispares, así como distintas combinaciones entre ellas, dándose sólo en ocasiones manifestaciones funerarias que, además, tampoco son homogéneas cuando aparecen. Una prueba de ello es que carecemos de estratigrafías en que estas estructuras correspondientes a dos momentos crono-culturales distintos, entonces podemos pensar si se trata con seguridad de estructuras excavadas y abandonadas previamente, o a raíz de una primera colmatación, o por el contrario es posible que estemos ante el resultado de la última colmatación que sufrieron estas estructuras, por lo que se puede pensar que antes ya sufrieron procesos similares y fuesen vaciados de nuevo.
También podemos cuestionarnos si estas comunidades fueron estables de forma que mantuvieron abiertas y vacías estas estructuras de sedimentos debido a la funcionalidad que desempeñaban, o bien podían ser comunidades itinerantes que podían volver al mismo sitio de forma recurrente y llevar entonces a cabo labores de limpieza en las estructuras abiertas con anterioridad. En unos casos u otros, sólo se habría conservado el último relleno producido previamente o con posterioridad a su abandono definitivo. No podemos así asegurar que no se produjesen fenómenos de colmatación y vaciado de las estructuras previas a la definitiva sedimentación que presentan. El mero hecho de que una estructura se excave sobre el relleno de otra anterior, tal como se ha constatado en el caso de Papa Uvas, o la existencia de los llamados silos geminados, que tal vez no sean más que el resultado de excavar un silo junto a otro ya colmatado, nos está hablando de que al menos, en ocasiones, los rellenos no fueron siempre intencionales y de que hay relaciones de anterioridad y posterioridad entre las estructuras, que las tipologías cerámicas, las divisiones de fases cronoculturales y las dataciones absolutas están lejos de poderse determinar. Tenemos sólo noticias de la existencia de fosos, fondos de cabañas o silos excavados en las margas terciarias o en la roca madre, de los que en muchos casos sólo conocemos un breve tramo de pocos metros y una sección de la misma; pero desconocemos el trazado de estas estructuras, hasta el punto de que no sabemos si originariamente demarcaron un recinto, como es el caso de La Minilla, o de Peñón Gordo. Entendemos que de todo esto puede tener buena parte de culpa la premura y limitaciones con que se trabaja durante las excavaciones determinadas por Intervenciones Arqueológicas de Urgencia, que desde el año 2003 (fecha de la publicación del Decreto 168/2003 por el que se aprueba el Reglamento de Actividades  Arqueológicas) se hace clara distinción entre  excavaciones de urgencia y excavaciones preventivas (Art.5 1.b).
Aunque la función más aceptada de los Pozos es la de almacén de cereal, se han vertido críticas sobre este uso, al no aparecer grano en su interior. Es posible que fuesen depósitos de cereal que tras perder su función inicial, fuesen reutilizados como basureros o enterramientos.
En otros casos la existencia de empalizadas a modo de estacas y adosadas a las zanjas, a hecho concebir la idea de la existencia de estas empalizadas adosadas a las zanjas como parte del hábitats; pero también se han interpretado como simples sistemas de protección del ganado de los animales salvajes.
En general podemos decir que en estos asentamientos se trata de recintos amplios, con plantas circulares o subcirculares, delimitados en el perímetro por zanjas, continuas o discontinuas y de sección de U o V, que pueden representar uno, dos o tres anillos, y digamos que en ocasiones incluso más anillos o trincheras concéntricos y en ocasiones se llegan a reconocer tangentes  a las trincheras, hiladas de postes de posibles empalizadas y en su interior se quedan grandes espacios que en muchas ocasiones llegan a superar decenas de hectáreas. A pesar de las grandes dimensiones interiores de los recintos, apenas si se observan estructuras de hábitats estables, a lo sumo aparecen pozos (silos), fondos o cubetas de cabañas excavados en el terreno, como un reflejo de construcciones endebles y de corta utilización en cualquier caso. En otros casos los pozos pueden aparecer dispersos y sin relación con las zanjas perimetrales.
Como alternativa a esta percepción “culturalista” del fenómeno, recientemente, los asentamientos más antiguos adscritos a estas poblaciones (Polideportivo de Martos, o Papa Uvas) han sido interpretados como una evidencia de una temprana concentración de la población ya en el IV milenio antes de Cristo. (Lizcano y otros, 1991-92: 48-49. (6); Nocete 2001:67. (7)); mientras que uno de ellos (Valencina), será considerado como un autentico territorio privado, localizado en el Aljarafe sevillano, y de singular importancia en el proceso de formación de un centro y su periferia durante el milenio III antes de Cristo en el Valle del Guadalquivir (Nocete 2001:67, 84 y 95. (8)). Por otra parte se siguen interpretando estos yacimientos (campos de silos), como autenticas áreas de acumulación productiva que obedecían a procesos de acumulación a corto, medio y largo plazo y suponían “una previsión administrativa y una distribución excedentaria destinada al intercambio, un control del trabajo productivo y una inmensa fuerza de trabajo, reflejo en última instancia de un centro de poder (Valencina) no sólo a nivel local, sino con toda seguridad a una escala macroterritorial en la Baja Andalucía” (Cruz-Auñon y Arteaga 1999:604-605. (9)). Se habla así de la primera civilización atlántica-mediterránea del occidente de Europa (Arteaga y Cruz- Auñon 1999:615) (10).
Las oscilaciones que se dan en la cabaña ganadera observada en las excavaciones de las distintas fases del yacimiento de Papa Uvas, con un progresivo aumento de los ovicápridos frente al ganado porcino y vacuno, quizá el incremento de ovejas y cabras se debería a la ventaja de permitir largos y rápidos desplazamientos en el caso de estos animales, y fueron  interpretadas en su día como un reflejo de las estrategias de explotación adoptadas por el hombre neolítico en un ecosistema sometido a una continuada degradación y deforestación de los bosques de encinas circundantes. Ello también explica el decrecimiento progresivo de la presencia del cerdo. El caso del predominio del ganado ovicáprido sobre los otros tipos de ganado se dan en las muestras de la excavaciones del Polideportivo de Martos, este caso viene a recordarnos este modelo de interpretar lo anteriormente dicho.
Respecto a la escasa presencia de muestras del ámbito funerario, cabe la posibilidad, de que en el intervalo de tiempo durante el cual un grupo humano desarrolló actividades vinculadas a algunas de las estructuras aparecidas en los yacimientos descubiertos, como el caso de Papa Uvas, La Minilla, Peñón Gordo, etc., no muriese ninguno de sus miembros en el periodo de sucesión temporal del asentamiento, y por lo tanto, no hubiese necesidad de plantearse el tratamiento de ningún cadáver. Si imaginamos una comunidad habitando un lugar ininterrumpidamente durante varias generaciones, debemos por fuerza encontrar muestras de sus actividades económicas, habitacionales y, como no, de la muerte de algunos de sus individuos. Dado que no se encuentran muestras de cadáveres, es necesario plantearse la posibilidad de comportamientos del grupo, basados en asentamientos estacionales de vida, muy móviles, y con un papel mucho menor de la agricultura para su mantenimiento.
Mención aparte habría que hacer de los casos en que sí hay testimonios de actividades funerarias, en el caso en que se produjo algún deceso en el seno del grupo humano del neolítico acampado en estos yacimientos de los pozos, campos de silos o fondos de cabañas. Si una comunidad se veía en la necesidad de dar sepultura a un cadáver, lo más fácil debió ser siempre utilizar alguna estructura previamente excavada y utilizada para otros usos de los enumerados anteriormente, como pudo ser el caso de Llanete de los Moros, de un notable número de sepulturas de inhumación en el yacimiento de Valencina de la Concepción. Hay motivos para pensar, que una estructura de estas construcciones relacionadas como silo o fondo de cabaña de los yacimientos vistos, pudo ser utilizada durante unas semanas o mayores periodos de tiempo como pudieron ser decenas de años. No se puede demostrar ni lo uno ni lo otro.
Dentro del mismo grupo de yacimientos descritos al principio como clásicos de la prehistoria del sur de la península, caracterizados por presentar todos ellos estructuras excavadas a modo de zanjas, fondos de cabañas o pozos, se hicieron diferentes planteamientos: como representantes de una cultura con entidad propia y diferencia del horizonte megalítico resultado de una jerarquización social progresiva, o como resultado de los primeros conflictos sociales, así como la necesidad también citada en el artículo de afirmar la cohesión social del grupo que conformaban la comunidad y la continuidad del hábitat, o la del resultado de concentraciones excedentarias en torno a los núcleos de poder, sufriendo en este proceso sucesivas modificaciones en su extensión y en la disposición de sus estructuras como es el caso de nuestro yacimiento de Los Pozos de Higuera de Arjona, a causa de la evolución del poblamiento, tal como refieren Hornos, Nocete y Pérez en su publicación de 1987, en las páginas 198-202.
Podemos decir que la característica más sorprendente, no sólo en la coincidencia de la morfología de sus estructuras, sino que la más sorprendente es la coincidencia en la naturaleza y deposición de sus contenidos en las muestras de los restos materiales, razón que por otra parte anima a descartar la función de basurero o silo de cereales. Los artefactos y ecofactos encontrados en el interior de las zanjas y pozos, entendemos que son rellenos intencionados que frecuentemente se realizan, poco tiempo después de ser abiertos. Los artefactos, son los materiales dejados por un grupo humano en un espacio y en un momento del tiempo determinado. Los ecofactos, son todos aquellos materiales orgánicos o restos de elementos naturales que han sido utilizados por el hombre pero sin modificarlos, que se acumulan en el suelo por acción humana, entre los cuales se encuentran: polen, restos de carbón, elementos químicos (P, Ca, K, Mg), macrorestos, fitolitos, modificaciones físicas. Estos materiales orgánicos están relacionados con actividades humanas como: la vivienda, los enterramientos, la preparación de alimentos, zonas de taller, procesamiento o preparación de animales o vegetales, quemas, despeje de la vegetación, etc. Los rasgos, son las evidencias de las modificaciones realizadas por el hombre en el paisaje, o en el suelo,  para actividades de enterramiento, vivienda, acumulación de basuras, eras o camellones de cultivo, etc. A partir de los artefactos, los ecofactos y los rasgos, se reconstruyen los modos de vida de los grupos humanos que no tenían escritura. Uno de los más importantes artefactos que dan valiosa información a la arqueología es la cerámica está nos permite entre otras cosas: conocer la complejidad tecnológica de un grupo, interpretar la cantidad y densidad poblacional del mismo, conocer su identidad cultural,  sus relaciones con otros grupos, intercambio y/o comercio, su evolución cultural  etc.
Cuando hablamos de yacimientos con fosos, silos, fondos… del Neolítico-Calcolítico nos debemos referir a una serie de manifestaciones culturales en las que las funciones de esas estructuras no se nos muestran fácilmente reconocibles, podemos plantearnos una serie de posibilidades sobre su aprovechamiento; pero no dejarían de ser audaces en mayor o menos cuantía, podían ser construidas: con finalidades defensivas, de drenaje del terreno, de demarcación de los espacios, de simbología del poder, de acopio de excedentes de la producción agrícola, lugares de habitación, etc. Cronológicamente estos recintos se construyen, en la fachada atlántica, entre el IV y III milenio antes de Cristo y se dejan de realizar en torno al II milenio antes de Cristo, coincidiendo en su desarrollo con la fase de arraigo del megalitismo en la mayoría de los casos, salvo algunas excepciones.
Las zanjas o trincheras están presentes en yacimientos como Papa Uvas, Huelva (Martín de la Cruz 1985; 1986); en Peñón Gordo de Benaocaz, Cádiz (Perdigones y Guerrero 1987:29; en Valencina de la Concepción, Sevilla (Ruiz 1983, Fernández y Oliva 1985); en La Minilla, Córdoba (Ruiz Lara 1990); en el Polideportivo de Martos, Jaén (Lizcano y otros 1991-92; Cámara y Lizcano 1996) y en Higuera de Arjona; Jaén (Hornos y otros 1987), etc. Estas suelen estar excavadas en margas del terciario y morfológicamente son muy irregulares, de forma que en un mismo trazado pueden presentar marcadas desigualdades en lo que respecta a la anchura y profundidad de las zanjas. Variando las dimensiones también de unos yacimientos a otros, así podemos encontrar en Valencina  una zanja que alcanza los 7 metros de profundidad, mientras que en el yacimiento de Peñón Gordo de Benaocaz apenas sobrepasa los 80 centímetros de profundidad. Igualmente las anchuras de las zanjas son también muy variables en sus medidas predominando las que oscilan entre los 2 y 4 metros de anchura. En lo que si hay unanimidad es en la sección de las zanjas, en todos los casos tienen forma de “V” o de “U”, y parecen delimitar espacios interiores circulares o subcirculares.
Otros de los citados en la relación inicial de 22 yacimientos han sido interpretados como fosos defensivos, sistemas de drenaje, abrevaderos para el ganado, sistemas de canalización  de aguas o regadío, depósitos de agua, zanjas para cazar, rediles o refugios de ganado. Sólo en el caso del Polideportivo de Martos se ha planteado un significado ideológico para estas estructuras, al considerarlo como destinado a dar cohesión social al grupo, aunque sin negarles en ningún momento un marcado carácter disuasorio y defensivo propio de yacimientos ya sedentarizados.
En la actualidad, comienzan a hacerse interpretaciones, considerando que en el Sur de La Península Ibérica estos grupos humanos autores de estas estructuras de silos, fondos de cabañas, o pozos tuvieron cierta movilidad territorial como es el caso de la excavación de Marroquíes Bajos en Jaén, que también podemos hacer extensible al yacimiento de Papa Uvas.
A partir del análisis de la información disponible, se pueden establecer una serie de ideas básicas, que podrían sintetizarse de la siguiente manera a modo de conclusión:
1º No podemos tener certeza de que estos asentamientos neolíticos fuesen utilizados como asentamientos de población estables.
2º Sobre la posible idea de un proceso de ocupaciones intermitentes como es el caso de algunos de los yacimientos citados, se puede derivar que estructuras que podíamos considerar contemporáneas, por su pertenencia a una misma fase temporal y cultural de sus repertorios de restos materiales, que no se vieron sometidas a relaciones de superposición, puedan asociarse ambas como pertenecientes a momentos de ocupación diferentes, sin pensar que quizá estemos tratando con grupos humanos de más reducida entidad numérica de lo que inicialmente se ha venido considerando.
3º Sería mucho suponer que durante la ocupación estacional de un determinado yacimiento de una comunidad reducida de personas, podía acaecer la muerte de uno o más de sus miembros; entonces tengamos en cuenta que a menos número de personas, menor posibilidad de nacimientos, pero también de muertes.
4º. Cuando realizamos la asociación y relación de proximidad espacial entre las áreas de habitación y áreas de necrópolis, en algún caso puede producirse esa asociación como ocurre con el caso paradigmático de Los Millares, pero esta asociación de este caso no es extrapolable al caso de las múltiples manifestaciones megalíticas en nuestro territorio de la campiña jiennense, donde no siempre se presentan asociadas a lugares de hábitat conocidos.
Entre los aspectos que trata de reconstruir la arqueología se encuentra: La organización social, las actividades económicas, el comercio, las relaciones intergrupales e intragrupales, las relaciones de poder y clases sociales, el arte, la religión, los patrones de asentamiento y enterramiento, las diferenciaciones culturales y la identidad. En resumen la arqueología trata de construir de forma coherente la dinámica social de los grupos humanos a partir de los restos materiales dejados por grupos, los cuales hasta mediados del I milenio antes de Cristo, generalmente en occidente no se tiene constancia del uso de  la escritura.
Para la reconstrucción e interpretación histórica del pasado humano la arqueología cuenta con métodos y técnicas particulares para la recuperación y clasificación de la información y con un cuerpo teórico y conceptual para el análisis y la explicación de los modos de vida y de los procesos de desarrollo socio-cultural.

Imágenes sobre el trabajo del Arqueólogo.

Los restos materiales de sociedades pasadas, o las evidencias arqueológicas pueden ser fragmentos de vasijas cerámicas, artefactos de piedra o hueso, instrumentos de piedra para la molienda de alimentos vegetales, restos óseos de alimentación o restos de fogones o de construcciones. Estos depósitos, a veces con varias capas superpuestas de habitación se conocen como "yacimientos arqueológicos". Los yacimientos son muy variados y dependen de las actividades que allí se hubieran realizado, por ejemplo: sitios de habitación o poblados,  talleres o canteras de silex,  lugares de donde se extraía la materia prima y a veces se tallaban las piezas líticas, para la elaboración de instrumental de piedra, necrópolis o lugares de enterramientos. etc.
El técnico especialista, es decir el arqueólogo, debe entonces hacer excavaciones para obtener las evidencias arqueológicas y la información sobre el contexto de su deposición.  Para la búsqueda de yacimientos arqueológicos se realizan prospecciones arqueológicas, geofísicas, subacuáticas etc., basándose en  el estudio de posibles lugares de asentamientos de acuerdo con el relieve, la hidrografía, la orografía del terreno y los factores climáticos de una región así como  los recursos naturales disponibles.
“Nadie estuvo presente en el pasado, pero no hay presente vivo con un pasado muerto. Nadie ha estado presente en el futuro, pero no hay presente vivo sin la imaginación de un  mundo mejor”. (Anónimo)
La prospección visual aleatoria del suelo de la zona de su entorno ha permitido a lo largo del tiempo un relativo registro en las mentes de sus moradores y con frecuencia tales descubrimientos han dado cabida al uso de detectores de metales y a excavaciones furtivas que en muchos casos han dispersado y contribuido a la perdida del contexto histórico del material arqueológico encontrado, que es indispensable para su reconstrucción histórica.
Los restos arqueológicos  son bienes de dominio público Ley 16/85 de Patrimonio Histórico Español (artículo 44), por lo que no se pueden ni enajenar ni sacar de España (articulo 76 de la referida Ley). Los infractores de las Leyes sobre patrimonio arqueológico serán castigados con el decomiso de las piezas y sanciones administrativas clasificadas en infracciones muy graves, graves y leves (Artículos 106, al  110 de la Ley 14/2007 del Patrimonio Histórico Andaluz. Cuyas cuantías son: para las infracciones graves multa de cien mil un euro (100.001) a doscientos cincuenta mil euros (250,000). Y para las infracciones leves, multas de hasta cien mil  euros (100.000).  (articulo. 114) de la mencionada Ley.
En la arqueología están las raíces de nuestra identidad. No las destruyas ¡Ayúdanos a conservarlas!
Mi recuerdo entrañable para Cristóbal Pérez Bareas (mi querido antiguo alumno), arqueólogo higuereño que participó en esta excavación de los Pozos-Extramuros en sus años finales de carrera o en sus comienzos profesionales, a quien sugerí hace tres años dejase constancia de este tesoro histórico del Yacimiento de “Los Pozos”. Con seguridad él podía alumbrar muchos más aspectos técnicos, fotos, conocimientos y datos respecto del contenido de este artículo. Lo invito a ello.
Mi agradecimiento a Encarnación Rivero Galán, que como experta se ha brindado a revisar estos textos. 
Granada 25 de Marzo de 2014.
 Pedro Galán Galán
Bibliografía:
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(2) Nocete, F. (1989): El espacio de la coerción: la transición al estado en las campiñas del alto Guadalquivir (España9, 1300-1500. a. C. (=BAR Internacional Series 492) Oxford: B.A.R.
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 8) Nocete, F. (2001): Tercer milenio antes de nuestra era. Relaciones y contradicciones centro/ periferia en el valle del Guadalquivir. Ed. Bellaterra, Barcelona. Págs. 67, 84, 95 
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(10) Arteaga, O y Cruz-Auñon (1999): “Una valoración del Patrimonio Histórico en el Campo de Silos de la Finca El Cuervo-RTVA. Valencina de la Concepción, Sevilla) Excavación de urgencia de 1995”, Anuario Arqueológico de Andalucía 1995, Vol. III: 608-616.
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