Nuestro pueblo y la batalla de Bailén:
Improvisado campamento en Higuereta (Higuera de Arjona) de la Segunda División del Ejército español que participó en la Batalla de Bailén en 1808.En este documento detallaremos especialmente referencias de los personajes relacionados con Higuera de Arjona con ocasión de la Batalla de Bailen: por una parte al Comandante general, mariscal de campo D. Teodoro Reding que de paso por Higuereta (Higuera de Arjona) hacia Menjívar, se aprovisionó de cebada y paja para su caballería formada por 817 caballos. El General Reding, español de origen suizo-alemán, era responsable de la Primera División, formada por 9,436 hombres, 817 caballos, dos compañías de Zapadores y diez piezas de artillería, teniendo como segundo comandante, al brigadier D. Francisco Venegas y jefe del Estado Mayor, brigadier D. Federico Abadía.
Foto del General Reding
Teodoro Reding (alemán: Theodor von Reding; Schwyz, Suiza, 5 de julio de 1755 – Tarragona, España, 23 de abril de 1809) fue un general suizo al servicio de España, héroe de la Guerra del Rosellón. Fue gobernador de Málaga (1806–1808). General al mando de las tropas españolas en la batalla de Bailén y verdadero artífice de la primera victoria sobre las tropas imperiales de Napoleón. Destinado posteriormente al frente de Cataluña, intentó reorganizar sus fuerzas al asumir el mando supremo, sustituyendo al general Vives, y consiguió disponer de unos 30.000 hombres, pero fue derrotado por Gouvion Saint-Cyr cerca de Valls.
Reding resultó gravemente herido y fue llevado a Tarragona, donde murió dos meses después a causa de una infección, el 23 de abril de 1809. Fue la primera persona enterrada en el Cementerio de Tarragona.
La plaza General Reding de Bailén (Jaén) volvió a ser el centro de un emotivo homenaje al militar suizo cumpliéndose un nuevo aniversario de su fallecimiento. Tuvo lugar el 22 de Abril de 2012 con la intervención de las asociaciones de Recreación Histórica de Bailén y Málaga.
Don Antonio Malet, Marqués de Coupigny
De otra parte interesa resaltar el campamento que improviso en Higuereta (Higuera de Arjona) el Marqués de Coupigny al mando de la Segunda División del ejército. Esta Segunda División estaba formada por 7850 hombres, 453 caballos, una compañía de zapadores y seis piezas de artillería. Con el mando del Comandante general, mariscal de campo, marqués de Coupigny; Segundo comandante D. Pedro Grimarest.
Tenía el Marqués de Coupigny como ayudante a José San Martín y Matorras, personaje considerado como héroe nacional en Argentina, Chile y Perú, por ser el baluarte de la independencia de estos países, años después de la batalla de Bailen.
En la batalla de Bailén la actuación de Teodoro Redding y del Marqués de Coupigny fue decisiva, hay historiadores que claramente los consideran los auténticos vencedores del ejército francés de Napoleón.
Os preguntaréis como yo mismo hice ¿Qué hacía el Marqués de Coupigny, un francés como comandante general del ejército español que lucho contra los ejércitos imperiales de Napoleón?
La familia del Marqués de Coupigny huyó de Francia en el estallido de la revolución francesa en 1789, en esa fecha se produjeron las emigraciones de muchos miembros de la nobleza francesa, la familia emigró a Gran Bretaña y de allí pasó a España. Era natural de Arras en la región de Artois, Flandes, ingresó en el ejército español en calidad de noble. La familia procedía del orden de caballeros y fue admitida en los estados de Artois en 1747 para el Señorío de Fouquières-Les-Lens y el 14 de octubre para el Señorío de Noyelles. La familia obtuvo el título de Conde de Henu en agosto de 1722 y el de Marqués de Coupigny en agosto de 1765.
Escudo nobiliario del Marqués de Coupigny
En 1776 Antonio Malet ingresó en el regimiento de Reales Guardias Walonas donde sirvió como cadete, alférez, 2º teniente y 1º teniente con grado de coronel en 1793, hasta llegar en 1794 a Ayudante Mayor y en 1795 a Capitán Provisional. Fue ayudante del Quartel Maestre General del ejército de Cataluña en el período de 1795 -1797. Los ascensos en el ejército continuaron rápidamente en 1795 Brigadier, en 1797 Capitán efectivo, en 1808 Mariscal de Campo y Teniente general ese mismo año, en 1809 Comandante
Uniforme de Teniente general gran gala
El otro personaje famoso que participó en la Batalla de Bailen, como miembro de la Segunda División del ejercito, que igualmente estuvo acampado en Higuera de Arjona; es José Francisco de San Martín y Matorras, figura clave en la independencia de Perú, Argentina y Chile.
Esta es una biografía breve de este personaje:
José Francisco de San Martín y Matorras (Reducción de Yapeyú, Virreinato del Río de la Plata, 25 de febrero de 1778 - Boulogne-sur-Mer, Francia, 17 de agosto de 1850) fue un militar argentino, cuyas campañas fueron decisivas para las independencias de Argentina, Chile y el Perú.
José Francisco de San Martín y Matorras
El 6 de diciembre de 1783, con aún cinco años, y previa estancia en Buenos Aires, viajó a España con su familia, pues su padre había sido destinado a Málaga. Comenzó sus estudios en el Real Seminario de Nobles de Madrid y en la Escuela de Temporalidades de Málaga en 1786. Ingresó posteriormente en el ejército haciendo su carrera militar en el Regimiento de Murcia. Combatió en el norte de África y luego contra la dominación napoleónica de España, participando en las batallas de Bailén y La Albuera. Su bautismo de fuego se había producido muchos años antes de la batalla de Bailén.
La Medalla de Oro de los Héroes de Bailén, premio militar español, otorgado a San Martín por decreto de la Junta Suprema de Sevilla del 11 de agosto de 1808, en mérito a su acción en esta batalla ganada a los franceses, por la cual también fue ascendido al grado de teniente coronel.
Con 34 años, en 1812, habiendo alcanzado el grado de Teniente Coronel, y tras una escala en Londres, partió a Buenos Aires, donde se le encomendó la creación del Regimiento de Granaderos a Caballo (que hoy lleva su nombre), el cual logró el triunfo en el Combate de San Lorenzo. Más tarde se le encomendó la jefatura del Ejército del Norte, en reemplazo del General Manuel Belgrano. Entonces concibió su plan de emancipación sudamericana, comprendiendo que el triunfo patriota sólo se consolidaría al eliminar todos los núcleos realistas en el continente.
Nombrado gobernador de Cuyo, con sede en la ciudad de Mendoza puso en marcha su proyecto: tras organizar al Ejército de los Andes cruzó con el mismo la cordillera del mismo nombre y lideró la liberación de Chile, en las batallas de Chacabuco y Maipú. Utilizando a una flota organizada en Chile, atacó el centro del poder español en Sudamérica, la ciudad de Lima, declarando la independencia del Perú en 1821.
Acta de la Independencia de Perú
Poco después se encontró en Guayaquil con Simón Bolívar, y tras una breve entrevista le cedió su ejército y la meta de finalizar la liberación del Perú. San Martín partió hacia Europa, donde murió el 17 de agosto de 1850.
Firma del General San Martín
Monumento al General San Martín en Buenos Aires
San Martín y Bolívar son considerados los dos libertadores más importantes de Sudamérica de la colonización española. En la Argentina se lo reconoce como el padre de la Patria y se lo valora como el principal héroe y prócer nacional. En el Perú se lo reconoce como libertador del país, con los títulos de «Fundador de la Libertad del Perú», «Fundador de la República» y «Generalísimo de las Armas». El Ejército de Chile le reconoce el grado de Capitán General.
El grupo del ejercito español de Andalucía, formado por antiguos cuerpos militares regulares, al que se añadieron reclutas de las Juntas Provinciales de Defensa de Andalucía, estuvo en Higuera de Arjona en los prolegómenos de la Batalla de Bailen en 1808.
Tras una breve referencia biográfica de estos personajes pasaremos a describir la batalla en dos vías; una a través de un relato novelado de Pérez Reverte y otro propiamente histórico con descripción pormenorizada de toda la fase anterior a la gran batalla de Bailen y detallado plan de movimiento de los ejércitos en la Batalla de Bailen.
Arturo Pérez-Reverte, publicó en El País de fecha 6 de Abril de 2008 el siguiente texto novelado en el que igualmente se recogen las referencias al Marqués de Coupigny y refiere también de un joven ayudante del mismo Marqués, llamado San Martín, que participó en la batalla de Bailén y después llevaría a cabo la Independencia de Territorios hispanoamericanos como Perú, Argentina y Chile.
Respetamos el texto integro que va entrecomillado
“Madre que lo parió, es un plan muy peligroso, pensó el flamante ayudante del marqués de Coupigny. Aunque, claro está, se cuidó muy bien de no decir una palabra. El marqués le había permitido, en reemplazo temporario de otro de sus adláteres, pasarse un rato en el campo oval que forman, detrás de la mesa de los generales, sus hombres más experimentados. San Martín estuvo dos horas detrás de Coupigny mientras éste debatía con el estado mayor, y sobre todo con el gran general Castaños, la estrategia para derrotar a los franceses. Estaban celebrando consejo de guerra en la casa de una familia tradicional de Porcuna, y se mencionaba una y otra vez el nombre del diablo: Pierre Dupont de I'Etang.
Dupont era un aristócrata que había presenciado la toma de la Bastilla, había hecho carrera en la Legión Extranjera, acababa de ser nombrado conde por Napoleón y lo esperaba en París el bastón de mariscal si aplastaba la rebelión militar en Andalucía. Había entrado en Córdoba y había permitido que sus hombres la saquearan durante nueve días de horror y pesadilla, donde los gabachos arremetieron contra iglesias, conventos y casas, asesinaron vecinos, degollaron niños, violaron monjas, y se robaron dinero, joyas, imágenes religiosas, alimentos, vehículos y caballos. Después, al abandonar Córdoba, tuvieron que avanzar muy lentamente por el botín que llevaban: siete kilómetros de carros.
A Castaños y a Dupont les tocaba jugar el ajedrez de la guerra en aquel caluroso junio de 1808, y los demás serían sólo piezas sacrificables del pavoroso tablero. El plan del general Castaños era arriesgado e imprudente. Había que cruzar el Guadalquivir con dos divisiones, reorganizar las tropas en Bailén y avanzar hacia Andujar para caerle al enemigo por la espalda. Mientras tanto, él mismo fijaría a Dupont en Andujar y lo acosaría para hacerle creer que el ataque principal vendría por el frente. No sabemos siquiera cuánta tropa tienen los franchutes -se decía San Martín a sí mismo-. Y tenemos una marcha de 40 kilómetros en paralelo al flanco izquierdo del ejército de Dupont. Mala cosa.
El marqués de Coupigny fue puesto a la cabeza de la II División, que contaba con más de 7.000 hombres y que tenía por objeto tomar posición inmediata de un punto cercano a Villanueva de la Reina, el poblado donde estaban instaladas algunas tropas estratégicas del ejército francés. El capitán ayudante iría a su lado, preparado para entrar en acción directa en cuanto se lo mandase. También eran de la partida el subteniente Riera, mucho más atrás, y el húsar Juan de Dios, que cabalgaba con los ojos entrecerrados. El ejército del marqués marchaba al infierno o la gloria en una explosión de color, cada uno con el uniforme del regimiento original al que pertenecía, por terrenos verdes, pródigos y alegres donde reinaba, sin embargo, un silencio de muerte. Coupigny era alto y rubión, casi colorado, y no gastaba mucha saliva. Pero sentía gran estima por su protegido, aunque tal vez presentía que San Martín estaba librando su propia batalla.
Castaños abrió el primer día de operaciones con un fuerte cañoneo de distracción. Y en La Higuereta
(Higuera de Arjona), donde improvisaron un campamento,
Riera se le acercó a San Martín y le preguntó qué ocurriría. Los dos se pasaban el agua de la caramañola y se escondían de los últimos rayos del sol abrumador. Los correremos de Villanueva, sable en mano -le respondió el capitán en voz muy baja-. No habrá piedad ni miramientos. Riera se encogió de hombros, Ellos no tuvieron ningún miramiento en Córdoba. Y escupió al suelo pensando que su capitán se solidarizaría con su odio. He estado en muchas guerras como para saber que nosotros no somos mejores, pensó, pero no se lo dijo.
El después General San Martín de joven
Al día siguiente, el marqués le ordenó que participara de la ofensiva contra los dos batallones que ocupaban esa pequeña población e impedían el paso (
se refiere a Villanueva de la Reina).
San Martín se puso en línea, extrajo el sable y se unió a la carga. Cruzó luego el río a los gritos con la caballería ligera, sintió la tétrica respuesta de la fusilería, y de costado notó que derribaban a dos de sus hombres. El chapotear de las aguas del Guadalquivir, el ruido de las herraduras, los alaridos de dolor, las blasfemias en español y las maldiciones en francés, y de repente la orden de retirada del jefe de los gabachos y una persecución sangrienta más allá del río y del camino de Andujar a Madrid. Los jinetes corrían a los soldados imperiales, y San Martín se puso las riendas entre los dientes, se pasó el sable a la mano izquierda, sacó de la funda de arzón una de sus pistolas y descerrajó un tiro a la carrera. Un sargento de las tropas napoleónicas recibió el disparo en la baja espalda, se revolvió sobre su caballo y cayó pesadamente en la huella.
Hubo muchas muertes en esa cabalgada, y en un momento Coupigny ordenó volver grupas y tomar posiciones en la desalojada Villanueva de la Reina. Al regresar, San Martín cruzó miradas con Juan de Dios. El húsar traía en su caballo, como trofeo, un morrión francés. El capitán reconoció en el carácter del cazador que lo había salvado de la muerte los mismos rasgos de algunos camaradas que habían combatido a su lado en África, en Portugal y en los Pirineos. Hombres singulares que combaten con alegría y despreocupación hasta el mismísimo instante final en el que los atraviesa el acero.
La algarabía del triunfo no lo distrajo de los caídos en el río. El capitán desmontó en la orilla y miró los dos cadáveres españoles que sus infantes habían sacado del agua. El subteniente Riera era uno de ellos. Tenía un impresionante orificio de bala en la garganta y los ojos desorbitados e inexpresivos. Reivindicar su honor perdido le había salido muy caro. San Martín se acuclilló a su lado, le despejó el pelo mojado de la cara y le cerró los ojos.
Esa noche apenas pudieron dormir, y a las cinco de la tarde del día siguiente, el marqués observó con sus catalejos cómo otra división de Dupont se retiraba por el camino que bordeaba el cauce, haciendo exhibición de poderío y control del terreno. No me gusta ese desfile -dijo a sus principales espadas-. Los hostigaremos en el flanco y la retaguardia toda la noche.
El héroe de Arjonilla acompañó la operación. La caballería de Borbón y el batallón de Voluntarios de Cataluña cargaron contra la columna francesa y la tuvieron a mal traer durante horas. Los gladiadores de aquellas legiones francesas que no conocían la derrota, aquella tarde mordían el polvo o se entregaban. Al final de la expedición había muchas bajas, sesenta prisioneros y un regalo del cielo. Las tropas de Coupugny habían logrado capturar a un correo del maldito Dupont, y San Martín compartió con su jefe la lectura a viva voz de varias misivas en las que el general gabacho les describía a sus superiores de Madrid su complicada situación militar. El marqués dispuso entonces que se las enviaran a Castaños. Y el jefe máximo ordenó que las cartas fueran traducidas al español, copiadas y repartidas entre la tropa para levantar la moral.
Necesitaremos toda la moral del mundo para derrotar al 'petit caporal, dijo San Martín afeitándose con una navaja. El marqués, que fumaba mirando el horizonte, asintió en silencio. En grave silencio.
Los dos ajedrecistas carecían de información, estaban enojados con sus generales y se cagaban diariamente en todos los dioses del Olimpo. Castaños no podía entender por qué sus dos divisiones no habían cruzado todavía la línea del Guadalquivir y cómo era que tardaban tanto en unificarse, tal como lo habían planeado en el consejo de Porcuna. Para no seguir contrariándolo, la I División cruzó entonces en Menjívar, con el agua a la cintura y las armas sobre la cabeza, y despanzurró durante catorce horas a las fuerzas francesas. La división de Coupigny llegó esa noche y los dos ejércitos se convirtieron finalmente en uno. San Martín vio la enorme cantidad de soldados de ambos bandos que yacían muertos, heridos o terriblemente mutilados en las tiendas de campaña.
El otro ajedrecista, leyendo el parte de aquel encontronazo, montaba en cólera con sus mariscales de campo y daba directivas a los gritos. Sabiendo que le estaban haciendo una encerrona y que su situación era delicada, resolvió en ese mismo momento retroceder hasta Bailén. Pero con muchísimo sigilo, burlando la vigilancia de Castaños.
Dupont esperó hasta la madrugada del 18 de julio y, antes de abandonar Andujar, ordenó taponar silenciosamente el puente sobre el Guadalquivir con carretas y vigas, y dejó apostada allí una unidad de caballería para cubrir las apariencias.
Castaños roncaba en su vivac cuando Dupont partía en puntas de pie hacia Bailén al frente de una columna que ya medía doce kilómetros de largo y en la que se movilizaban nueve mil soldados aptos para la guerra, familias y funcionarios, y carros con trofeos, víveres y enfermos.
El clima se presentaba agobiante, pero las noticias eran aún peores. Cuando el general español fue avisado del ardid de Dupont ya era demasiado tarde. Aunque habituado a la frialdad del soldado profesional, a Castaños le salía espuma por la boca. No podía creer que esto le hubiera sucedido bajo sus propias narices. Armó un revuelo gigantesco y mandó a un grupo de caballería en persecución del convoy francés. Pero el puente bloqueado los retuvo varias horas.
A esa altura nadie estaba demasiado seguro de nada. Ninguno de los bandos en pugna tenía idea sobre las fuerzas y las posiciones de sus enemigos. Era de noche y se había tocado diana en todos los campamentos, pero los generales españoles y franceses tenían miedo por flancos donde no había nada que temer y se confiaban en sitios donde había serio peligro. La luna estaba en su cuarto menguante, y cuando las vanguardias de las dos fuerzas se adivinaron en la oscuridad comenzaron los tiros.
Desde ese momento hasta el final transcurrieron diez horas de sangre y fuego con marchas y contramarchas y asaltos mortales. Coupigny envió a su segundo comandante a destrozar la vanguardia, y hubo escenas rápidas y crueles en las tinieblas de la noche. Los españoles tomaron dos piezas de artillería del enemigo, pero los gabachos contraatacaron a fuerza de bayoneta y las recuperaron.
Cuarenta y cinco mil jinetes, infantes, ingenieros y artilleros luchaban con la sed y con la crueldad. Hubo duelo de cañonazos y cargas y degüellos en todo el frente de combate.
En ese instante, San Martín escuchó que ordenaban atacar a los franceses por los flancos. El Regimiento de Órdenes Militares y los Cazadores de la Guardia Valona bajaron un cerro a toda prisa y cuatrocientos jinetes de Dupont les presentaron batalla. Entre las dos fuerzas existía un profundo barranco que los franchutes tenían que rodear. Los españoles aprovechaban ese desfiladero para dispararles. Tuvieron muchas bajas, pero así y todo lo atravesaron y cargaron contra la infantería española.
El marqués avanzó con dos regimientos, una compañía y un escuadrón. Pero en una carga feroz, los dragones y los coraceros franceses consiguieron diezmar a los jinetes españoles, acabar con decenas de zapadores y lanzarse sobre el Regimiento de Jaén, matar a un coronel y a su ayudante, y apoderarse de una bandera.
Durante esa misma tarde, cuando todo había terminado, San Martín sólo podría recordar cráneos destrozados, espuelas clavadas, bramidos de caballos, disparos y alaridos, y luego el ruido salvador de las piezas de a doce de la batería de la izquierda española que disparaban a mansalva sobre los jinetes franceses y los ponían en fuga.
Dupont realizó distintos asaltos y contraataques ya a la luz plena del día 19 y fue gastando fuerzas y moral mientras subía la temperatura y agobiaba la fatiga. El capitán San Martín, como todos, tenía la boca seca del calor y del miedo. No temía por la vida, sino por el fracaso y la deshonra. Y había momentos en los que creía que estaban ganando y otros en los que pensaba que ya perdían.
A las doce en punto, Dupont armó la línea con todos sus efectivos dispersos, en el centro colocó cuatrocientos marinos de guardia, detrás de ellos dos batallones y a ambos lados cien jinetes de la caballería pesada. Luego recorrió a caballo sus apaleadas filas evocando, en alta voz, las antiguas conquistas del ejército de Napoleón, les mostró la bandera española que habían capturado y les pidió un último esfuerzo. Se colocó a vista de todos al frente de la formación, junto a sus generales, y al ordenar la avanzada gritó: ¡Vive l'Empereur! (...)
Pasado el mediodía, con el ejército desorganizado y abatido, Dupont envió a su ayudante a pedir el alto el fuego y el paso libre a través de Bailén. Se le aceptó lo primero y se le dijo que lo segundo era cosa de Castaños. Su antagonista llegó poco después, cuando la faena estaba cumplida, y al desplegar sus tropas hizo jaque mate y así finalizó de hecho la partida de Bailén. Quedó una división importante que siguió guerreando, pero alguien advirtió a Dupont que si no los disuadía pasarían a cuchillo a toda su tropa. Dupont envió a un oficial con una bandera blanca y los disuadió. (...)
Os entrego esta espada vencedora en cien combates, dijo Pierre Dupont para la Historia y le extendió ceremoniosamente al general Castaños su sable francés. Los dos ajedrecistas de Bailén se miraban a los ojos. Y el capitán ayudante del marqués de Coupigny, en primeras filas, contemplaba atentamente esos protocolos de la rendición. Habían pasado casi tres días desde el fin de los disparos, y las dilaciones habían crispado los nervios de todos los contendientes. (...)
Apenas firmada la capitulación, Coupigny visitó a su ayudante en la tienda de campaña y le confió que lo recomendaría para un ascenso. Brindaron con licor de petaca por el teniente coronel San Martín y por Fernando VII. Que era como brindar por un héroe iluminista de sentimientos contradictorios y, a la vez, por la oscura y enmohecida España de antes. El capitán luchaba internamente con esa paradoja en la plenitud de su carrera. Había comandado la columna del marqués, había participado y opinado en las estrategias, había entrado en combate y había formado parte de muchas acciones heroicas. Tenía muy merecidas la medalla y el cargo, y podía disfrutar de la gloria. Pero algo muy hondo le hacía preguntarse qué clase de patria estaba ayudando a edificar. Y más inconfesable aún, ¿era ésta verdaderamente su patria? –“
La Batalla de Bailén fue una batalla que se produjo en el seno de la Guerra del Francés , durante las Guerras Napoleónicas que supuso la primera derrota del potente ejército napoleónico conocido como la Grande Armée. Tuvo lugar el día 19 de julio de 1808 junto a la ciudad de Bailén, en la provincia de Jaén. Enfrentó al ejército francés que contaba con 21.000 soldados comandados por Antoine Dupont del Etang, el General Dupont, con un ejército español un poco más numeroso (unos 24.000 hombres, entre regulares y milicia) comandados por el General Francisco Javier Castaños. El general Castaños puso a punto su ejército a partir de antiguos cuerpos militares regulares, al que se añadieron reclutas de las Juntas Provinciales de Defensa de Andalucía. Desde el cuartel general de Utrera se dirigió a Sierra Morena para cortar las comunicaciones entre el centro de la península y las tropas francesas desplegadas en Andalucía.
En breve sintesis la historia que después explicaremos en detalle podía ser así:
El general Francisco Javier Castaños, en serie de maniobras un poco temerarias, movió su ejército de día y de noche, cambiando constantemente de dirección, de modo que las tropas francesas no podían estar seguras de sus intenciones. Por su parte, Castaños se mantenía perfectamente informado de los movimientos franceses gracias a la gente del país. Ante esto, Antoine Dupont del Etang envió una parte importante de sus hombres a La Carolina, con la intención de proteger el paso hacia Madrid de un posible ataque, que habría cortado las comunicaciones. De esta manera se había logrado dividir las tropas francesas, una de las condiciones básicas que quería Castaños para entablar batalla con un mínimo de garantías.
El general Dupont, desde Andújar no se atrevió a entablar batalla y fue retrocediendo para enlazar con las tropas francesas comandadas por los generales Dominique Honoré Antoine Vedel y Dufour, que venían como soporte y que estaban casi al límite de Andalucía. De esta manera se desplazó a Bailén el 18 de julio donde se encontraron con el ejército español que salía de la ciudad y allí mismo se llevó a cabo la batalla.
El hecho de que el enfrentamiento tuvo lugar en frente de Bailén pudo ser decisivo para la victoria española: la población local apoyó en todo lo que pudo a sus soldados, la ayuda más importante fue el abastecimiento de agua para los combatientes, ya que era un día de verano y que los cronistas señalan que fue un día caluroso en una región de por sí ya muy calurosa. El agua también sirvió para enfriar los cañones y de esta manera la artillería española fue más efectiva que la francesa, aunque el calentamiento de las piezas era muy común en los dos bandos en lucha.
En el escudo de la ciudad de Bailén figura en lugar destacado un cántaro que se dice que representa a María Bellido; según la tradición esta mujer habría utilizado el cántaro para dar agua a los soldados españoles. Con todo, parece más una personificación simbólica; ya que fue toda la ciudad en su conjunto quien habría dado agua a los soldados y este personaje se habría creado para personalizar el gesto.
Después de varios episodios de violenta lucha con un calor asfixiante, el general Dupont fue derrotado y no pudo recibir ayuda de los hombres que había dejado en La Carolina, ni tampoco los refuerzos del general Vedel. Unos 17.600 soldados franceses se rindieron. Las condiciones de rendición fueron suaves e incluían que las tropas francesas fueran repatriadas a Francia. De todas formas estas condiciones no fueron llevadas a cabo: el general Dupont y sus oficiales fueron liberados y trasladados a Francia, sus hombres fueron deportados a la desolada isla de Cabrera. Cuando se acabó la guerra sólo seguían vivos la mitad de los prisioneros...
Esta derrota de las tropas napoleónicas tuvo graves consecuencias para el esfuerzo bélico francés. La noticia se extendió por toda la península y forzó al rey José I Bonaparte a abandonar Madrid, además de poner en duda que los ejércitos franceses eran invencibles. Napoleón tuvo que venir a España de nuevo con un numeroso ejército para consolidar su dominio.
El ejército francés quedó derrotado y hecho prisionero, en la que fue la primera derrota militar de Napoleón.
Los detalles de la campaña militar y del movimiento de tropas son en detalle los siguientes:
El general Dupont, después de abrirse paso en el puente de Alcolea, había penetrado en Córdoba el 7 de junio, entregándola al saqueo, no se atrevió a proseguir su marcha hacia Cádiz hasta recibir refuerzos, ante la noticia de que se estaba organizando en el campo de San Roque, al arrimo de la plaza de Gibraltar, el ejercito español de Andalucía.
El ejército español no tardó en ponerse en movimiento, estableciéndose algunas fuerzas en Carmona, y el grueso del ejército, a las órdenes de D. Francisco Javier Castaños, en Utrera, cuya villa y alrededores quedaron convertidos en un basto campo de instrucción (Fueron tantos los voluntarios que acudieron al llamamientote la patria que el general Castaños tuvo que mandar a sus casas alrededor de unos 12,000 paisanos, que consideraba inútiles por no querer llevar ningún regimiento que no fuese organizado. Además, aunque abundan las armas había escasez de vestuario y equipo, supliendo la falta de cartucheras con saquillos de lienzo, que las damas de Utrera confeccionaron), dedicándose allí por lo menos ocho horas diarias a ejercicios doctrinales, con tan buena voluntad y celo por parte de todos, que en la revista pasada el 26 de junio, trece días después de verificada la concentración de Utrera, maniobraron las tropas con gran desenvoltura y aire marcial, aunque no con el aplomo y precisión de las veteranas.
Del contingente que combatió 12.000 españoles 3.910 eran granadinos, de los que 459 voluntarios eran accitanos, que lucharon en la Tercera División del general Félix Jones, el primer batallón, a las órdenes directas del coronel Bernardino de Asenjo Palero.
Al principio de la Guerra de Independencia, gran parte de las tropas de infantería española estaban formadas por los Batallones de Milicias Provinciales. Eran unidades tipo batallón formadas por soldados precedentes de la ciudad donde se asentaba el Batallón. Era una forma de acrecentar el ejército de S.M. pues los soldados incluso pernoctaban en su casa, es decir teóricamente se servía al Rey en la misma ciudad de donde se era o se vivía. Cada Batallón llevaba el nombre de la Ciudad. Batallón de M.P. de Jaén, Guadix, Granada etc.
Uniforme del Coronel de Infantería.
El uniforme de estas unidades era el mismo para todos los batallones y en lo único que se diferenciaban era en la leyenda de los botones, que eran todos dorados. El uniforme era blanco y cuello, bocamangas, solapas, vuelto de los faldones rojo. Bicornio y polainas negras, plumero rojo y botones dorados. Los granaderos morriones negro con mangas rojas; granadas y mecheros reglamentarios.
Uniformes del Ayudante de campo, Brigadier Y Teniente general
En la Batalla de Bailén participaron gran cantidad de Batallones de Milicias provinciales, encuadrados en las 4 divisiones españolas….. Granada, Guadix, Jaén, Sevilla, Alcázar de Sanjuán, Trujillo, Bujalande, Cuenca, Ciudad Real, Lorca, Burgos, Plasencia, y Sigüenza y a Retaguardia, en la ciudad de Cádiz quedaron: Las Milicias Provinciales de Chichilla, Ciudad Rodrigo, Córdoba, Écija, Jerez, Logroño y Ronda… muchos de los Batallones de Milicias Provinciales que combatieron en Bailén llevaron la casaca marrón e incluso alguno como el de C. Real lo hizo de paisano.
Don Antonio Malet, Marqués de Coupigny tuvo una actuación militar muy destacada. Desde Utrera, efectúa varias marchas y contramarchas para distraer al general Dupont que había ocupado Córdoba. Le ataca destruyendo sus líneas de comunicación y su retaguardia, particularmente va a Andujar donde se habían instalado dos hospitales. Persiguió a Dupont a marchas forzadas, 45 leguas en menos de 48 horas, y éste tuvo que abandonar Córdoba.Dupont, aislado con su división en Córdoba, sin noticias de lo que pasaba a su espalda por estar interceptadas las comunicaciones con Madrid, temió y envuelto, y en la noche del 16 abandonó la capital del antiguo califato, dirigiéndose a Andujar, donde se estableció en la mañana del día 18, no tardando en incorporársele las divisiones Vedel y Gobert, a las que encargo Dupont vigilasen los pasos del río aguas arriba de Andujar y procurasen al mismo tiempo conservar y mantener libres las comunicaciones. La escasez de subsistencias obligó al enemigo a enviar una expedición a Jaén, en cuya ciudad repitieron los imperiales franceses, los horrores de Córdoba.
El general Castaños salió de sus cantones de Utrera y Carmona a últimos del mes de junio, en combinación con las fuerzas del general Reding, que salió de Granada el día 3 de Julio en dirección a Jaén con las tropas allí organizadas, y el general Castaños siguió avanzando desde Córdoba con todo genero de precauciones, muy necesarias ante la inmediación de un enemigo que había adquirido en toda Europa fama de invencible, por lo que efectuaron la marcha por Bujalance y Porcuna, donde se pusieron en comunicación ambos ejércitos, de los que se formó uno solo que quedo al mando del general Castaños. Siendo la organización del ejercito de Andalucía la siguiente en la fecha 11 de julio de 1808: General en jefe D. Francisco Javier Castaños; mayor general: mariscal de Campo D. Tomás Moreno; comandante general de artillería: mariscal de campo, Marqués de Medina; comandante general de ingenieros: coronel D. Bernardo de Loza. Figurando además en el Cuartel General, los mariscales de campo D. Francisco de Vargas y D. Narciso de Pedro; los brigadieres marqués de Gelo y D. José Augusto de la Porte; los coroneles de Infantería D. Pedro Girón y D. Joaquín Navarro; el de Caballería D. Andrés Mendoza; el de Artillería D. Juan Arriada, y el de Ingenieros D. Juan Bouligny con los oficiales del mismo cuerpo D. José María Huet y D. Antonio Ramón Zarco del Valle.
Primera División: Formada por 9,436 hombres, 817 caballos, dos compañías de Zapadores y diez piezas de artillería. Con el mando del Comandante general, mariscal de campo D. Teodoro Redding (español de origen suizo); segundo comandante, brigadier D. Francisco Venegas; jefe del Estado Mayor, brigadier D. Federico Abadía.Segunda División: Formada por 7850 hombres, 453 caballos, una compañía de zapadores y seis piezas de artillería. Con el mando del Comandante general, mariscal de campo, marqués de Coupigny; Segundo comandante D. Pedro Grimarest. En la batalla de Bailén la actuación de Coupigny fue decisiva. Tercera División: Formada por 5415 hombres y 582 caballos. Con el mando del Comandante general, mariscal de campo D. Félix Jones.
División de reserva: Formada por 6,676 hombres y 408 caballos, una compañía de zapadores y doce piezas de artillería. Con el mando del Comandante general, teniente general D. Manuel de la Peña.
Había además un Cuerpo volante o División de montaña a cargo del coronel D. Juan de la Cruz Mourgeon, compuestos de unos 2,000 hombres.
Con arreglo al plan acordado en dicho punto, el general en jefe se dirigió con la división Jones y la de reserva por Arjona y Arjonilla, a los Visos, colinas situadas en la orilla izquierda del Río Guadalquivir, frente al puente romano de Andujar, como para atacar al enemigo por aquella parte, y la Primera División al mando de Reding se desplazó por la orilla derecha a Menjívar,
(Hay referencias históricas de que el General Reding en su camino a Menjívar se abasteció de cebada y paja para la caballería de su división en Higuera de Arjona), mientras la Segunda División al mando de Coupigny tomaba posición en la Higuereta (
Higuera de Arjona)
para apoyar a aquella en su marcha y observar al cuerpo francés acantonado en Villanueva de la Reina, debiendo una y otra pasar el río y dirigirse a Bailén para colocarse en la retaguardia del General Dupont, y caer después sobre Andujar al mismo tiempo que el General Castaños acometía de frente desde los Visos. El día 13 de Julio , el general en jefe rompió un vivo cañoneo desde sus posiciones, demostrando una actitud amenazadora; Murgeon paso el Guadalquivir por el puente de Marmolejo para molestar a los franceses de Andujar por el flanco, retirándose después al Peñascal de Morales; Coupigny, desde la Higuereta, rechazo al otro lado del río a dos batallones enemigos que ocupaban Villanueva de la Reina,
y Reding permaneció impasible en Menjívar, manteniendo ocultas la mayor parte de sus fuerzas ante los reconocimientos del terreno que practicó Vedel. Esta estrategia consideramos que fue básica y esencial para el desarrollo final de la operación militar. Desorientados los generales franceses, no dieron importancia a la presencia de algunas tropas españolas en dichos puntos, así, que habiendo pedido Dupont refuerzos a Vedel, marcho este a Andujar con toda su división, sin dejar frente a Menjívar mas que los batallones a cargo del general Liger-Belair, a quien debía apoyar Gobert, para cuyo objeto se traslado Gobert desde la Carolina a Bailén.
En la madrugada del día 16 de julio, casi todas las fuerzas españolas de Reding pasaron el río por la barca de Menjívar y por el Vado de Rincón, 3 kilómetros más arriba, para practicar un reconocimiento ofensivo en dirección de Bailén, entonces Liger- Belair se replegó con orden buscando el apoyo de Gobert; y éste acudió presuroso en su auxilio, con tan mala fortuna, que cayo muerto de un balazo en la cabeza, causándose por tal desgracia un gran desaliento en las filas imperiales de Napoleón, por lo cual el General Dufour, que fue el que reemplazo y sucedió a Gobert fallecido, emprendió la retirada de las tropas.
Los españoles se cubrieron de gloria en este combate, rechazando nuestros jinetes e infantes a los coraceros franceses. En esta acción de la guerra y durante su combate cayo mortalmente herido el valeroso capitán de Farnesio D. Miguel Cherif, nieto de la familia de los Cherifes de Tafilete, que se habían acogido a la protección española en tiempos de Carlos III.
El Ejercito Español en la Batalla de Bailen
El Comandante general de la Primera División D. Teodoro Reding para inspirar confianza al enemigo francés retrocedió con sus tropas, estableciéndose el campo frente a Menjívar, donde lo tenía antes el general Liger-Belair, y la junta de defensa de Granada se apresuró a otorgarle el empleo de Teniente general.
El día 17 de julio, mientras la Segunda División al mando del General Coupigny, la que había estado acampada en la Higuereta (Higuera de Arjona) se dirigía a Menjívar para unirse con la División de Reding, el general francés Vedel llegaba a las ocho y media de la mañana a Bailén para apoyar a Dufour; pero el general Dufour temiendo que las fuerzas irregulares de D. Pedro Valdecañas, que operaban en el camino de Baeza y Úbeda y que habían sorprendido anteriormente un destacamento francés en Linares, temiendo que estos se apoderasen de los pasos de la Sierra, sostenida por las tropas victoriosas de Reding, había abandonado Bailén , camino de Sierra Morena. Así que el general francés Vedel, después de hacer reconocer todas las avenidas del río Guadalquivir y no descubriendo en el peligro alguno, siguió desde Bailén tras el General Dufour, con el que se reunió en Guarroman, ordenándole continuase hasta Santa Elena, y él se traslado a la Carolina, esperando noticias del enemigo y nuevas órdenes del General en Jefe Dupont, considerando comprometidas sus fuerzas por la considerable distancia que las separaba, por lo que resolvió trasladar su campo de acción a Bailén, aunque, tranquilizado por los reconocimientos del General Vedel, no tuvo prisa en ello, y en lugar de ponerse en marcha el mismo día 17 de julio por la noche o en la mañana del día 18, difirió salir en la noche del día 18 de julio para así poder ocultar la retirada al General Castaños. Podemos decir que de este modo, que una serie de errores y coincidencias fatales para el ejercito francés, permitieron a los ejércitos españoles llevar a cabo su plan, que por todo lo dicho se comprende que no dejaba de ser bastante peligroso, y así poder asestar con firmeza un rudo golpe con el que amenazaban desde hacía ya algunos días a los desconcertados y ciegos ejércitos imperiales de Napoleón, trasladándose en la mañana del día 18 de julio tanto las divisiones del ejercito español al mando del General Reding como la del General Coupigny a la ciudad de Bailén, en cuyas afueras acamparon, sin haber tropezado en su recorrido con un solo enemigo francés.
MAPA DE LA CAMPAÑA DE LA BATALLA DE BAILÉN. En el aparece el nombre de Higuereta, referido a Higuera de Arjona.
No eran todavía las tres de la madrugada del día 19 de Julio, cuando, puesta ya en movimiento la vanguardia española hacia Andujar, anunció el fuego de las posiciones más avanzadas de la presencia de los ejércitos franceses. Los franceses habían salido sigilosamente de dicho punto a las ocho de la noche con su numerosa impedimenta, compuesta de 500 o más carros, en los que iban muchos enfermos y el botín cogido en Córdoba, y marchaban por la carretera silenciosos, tristes y abatidos por aquella prolongada inacción y retroceso, tan contrarios a su habitual manera de guerrear de aquellos gloriosos ejércitos de Napoleón.
Mientras D. Francisco Javier Venegas, que mandaba la vanguardia del ejercito español, contenía algún tanto al enemigo, mientras el general Reding, a quien le correspondía el mando, ordenaba a sus tropas se establecieran rápidamente tal como se indica en el croquis. De forma que la Artillería, que tan sobresaliente papel desempeñó en la Gloriosa Batalla de Bailén, estuvo dirigida por los coroneles D. José Juncar y D. Antonio de la Cruz, quedó distribuida de la manera siguiente: La batería de la derecha era mandada por el capitán Tomás Ximénez, con los subalternos D. José Escalera, D. Alonso Contador y D. Vicente González Yebra, La batería del centro, que seguía la carretera, estaba a las órdenes del teniente D. Antonio Vázquez; y la batería de la izquierda, mandada por el capitán D. Joaquín Cáceres y sostenida por las compañías de Ingenieros de D. Gaspar de Goicoechea y D. Pascual de Maupoey, oficial de Estado Mayor, procedente de Ingenieros, y capitán de una compañía de Minadores en Bailén.

Croquis de la batalla de Bailén durante el segundo asalto francés, sobre las 10:00 horas.
Situadas la División Reding a la derecha del Camino Real y la División de Coupigny a la izquierda, para hacer frente a DuPont, y al propio tiempo a Vedel, que desde La Carolina podía presentarse de un momento a otro por la retaguardia. El General Chabert, jefe de la Vanguardia francesa, no titubeó un instante comprendiendo la situación tan crítica en la que iba a encontrarse el ejercito francés al que pertenecía, éste aviso a Dupont y atacó resueltamente la línea española, estableciendo en el centro las seis piezas de artillería de su brigada; más, blanco estas de las baterías españolas del centro, que eran las de mayor calibre, pues eran de a 12; muy bien colocada y mejor dirigida, fueron al momento desmontados dos de los cañones franceses y muertos o heridos gran parte de los soldados franceses , y no teniendo mas fortuna en su mano derecha e izquierda, rechazados desde el Cerrajón y Haza-Valona en las que habían podido situarse los soldados nuestros, arrojándolos de dichas alturas a las avanzadas francesas que las habían ocupado anteriormente, y también del Cerro Valentín . Entonces llego presuroso el General Dupont y turbado por aquel fatal contratiempo, no espero la reunión de todas sus fuerzas, repitiendo imprudentemente el ataque a las cinco de la mañana, con solo la Brigada Chabert y la caballería de Dupré, sin otro resultado que aumentar las bajas y el desaliento sentido por sus valientes soldados.

ESQUEMA DE LA BATALLA.
Forzado el General Dupont a aguardar la llegada de las tropas restantes de su ejército para así tratar de abrirse paso entre las tropas españolas. Cuando toda su división había atravesado el Rumblar, dejo en la margen izquierda la brigada Pannetier para hacer frente al General Castaños si se presentaba, y renovó la pelea con el resto de su infantería y toda la artillería y caballería, acometiendo por el centro la infantería bajo el fuego vivo de su propia artillería, mientras los renombrados y terribles dragones y coraceros de Privé se dirigían hacia el Portillo de la Dehesa para tratar de envolver nuestra ala izquierda del ejercito. Muy apuradas se vieron las escasas fuerzas españolas que había en el Cerrajón y Haza-Valona, por lo cual, acudió en su auxilio el mismo General Coupigny; pero los jinetes imperiales franceses cargaron con tal ímpetu y bravura, que nuestros batallones tuvieron que replegarse, con pérdida de una bandera, muriendo gloriosamente el coronel D. Antonio Moya, al frente de su regimiento procedente de Jaén. Continuó Privé la carga contra los cuerpos del ejercito español por la izquierda, todos de Provinciales, que rechazaron serenos la acometida como lo hacen las mejores tropas veteranas, a la voz y el ejemplo de sus coroneles el Marqués de las Atayuelas, D. Pedro Conesa y D. Diego de Carvajal, refrenando con su inquebrantable firmeza el formidable empuje de los jinetes franceses. Los jinetes franceses se dirigieron entonces al ala izquierda y ala centro de su línea, en que la batería española de aquella parte seguía inutilizando cañones y montajes a medida que estos iban apareciendo a su frente, y cubriendo de metralla las columnas de ataque francesas, a las que mantuvo siempre a respetable distancia, saliendo al encuentro de ellos los regimientos de caballería de Farnesio y Borbón; pero acudiendo los coraceros franceses que venían desde la derecha, tuvieron que retroceder nuestros jinetes bastante desorganizados, penetrando mezclados con ellos los franceses en la batería de la derecha.

Tercer ataque de Dupont
Los artilleros españoles se mantuvieron serenos en su puesto, defendiéndose con los juegos de armas, dando así tiempo para que la infantería se rehiciese, y lo mismo Farnesio, cuyos escuadrones fueron conducidos de nuevo a la carga contra los franceses por su Sargento Mayor D. Francisco Cornet que murió gloriosamente al salvar su batería, frente a la cual quedaron tendidos la mitad de los coraceros franceses. Por la izquierda francesa, los dragones del general Privé contuvieron el movimiento envolvente que había iniciado el Brigadier Venegas, volviendo unos a otros a sus anteriores posiciones, después de porfiada pelea en el lugar del Zumacar grande, donde se distinguió el regimiento de Ordenes militares, mandado por su coronel el brigadier D. Francisco de Paula Soler. Tal era el estado del combate a las once de la mañana del día 19 de Julio de 1808. A los franceses y a los españoles les interesaba decidir cuanto antes la contienda, pues podían presentarse de un momento a otro, tanto el general francés Vedel con el General Castaños por parte española, y aniquilar al contrario que fuese cogido entre dos fuegos; pero más abatidos estaban los franceses por el fracaso de las anteriores tentativas, agobiados por la fatiga y medio muertos de calor y sed, mientras que los españoles estaban más descansados y habituados al clima caluroso, disponían además de agua que les llevaron los habitantes de Bailén, si bien no había en su campo una sola mata que les diese sombra, como los olivares que cubrían el campo de los franceses. Bajo los rayos de aquel sol abrasador que caldeaba el campo de batalla, asfixiando a hombres y caballos, estaban en una situación mucho más angustiosa que los soldados españoles, a quienes sonreía ya la victoria de forma indudable.
Entonces el General DuPont, no pensando ya en vencer, pues no les era posible, sino tan solo en abrirse paso a toda costa, mando venir Rumblar tres batallones de la brigada Pannetier, y el batallón de marinos de la Guardia Imperial, no dejando allí mas que un solo batallón, hizo cundir la voz de que el General Vedel se encontraba ya próximo y a espaldas del enemigo; recorrió sus quebrantadas filas para recordar las anteriores glorias y pedir a todos un último esfuerzo; y mostrando a sus soldados la bandera española conquistada por los coraceros, se puso con todos sus generales a la cabeza de sus columnas y arremete con heroico ardor, al grito siempre mágico de ¡Vive l’Empereur!Mas la incansable artillería española continua impertérrita su obra de destrucción, barriendo con la metralla infantes, jinetes y caballos, revueltos en espantosa confusión; la infantería, muro impenetrable de bronce, como la llama Thiers, fulmina mortífero fuego con descargas sobre el enemigo, sembrando la desolación y el terror en sus compactas masas. Cae muerto el General Dupré con otros muchos jefes y oficiales franceses; es herido también el General Dupont, y los bravos marinos de la Guardia Imperial, que dando ejemplo a sus compatriotas, se mostraban dignos, como siempre, de si mismos, marchando impávidos en columnas cerradas delante de todos, sin hacer caso a los enormes claros que iban produciéndose en sus filas, y sin dejarse oír entre otras voces que la de ¡Serrez la colonne! ¡En Avant! Y las aclamaciones a su emperador, tienen al cabo que detenerse cerca ya de la línea española, vacilando su incomparable valor, para retroceder en desorden e ir a guarecerse todos en el olivar que cobijaba a los franceses desde el principio de la batalla.Las fuerzas de aquellos desgraciados se habían agotado ya por completo. Unos 2,000 de ellos yacían muertos en el campo, con un número casi igual de heridos, y los demás, envidiando la suerte de los primeros arrojaban sus armas con desesperación para tenderse jadeantes y angustiados al pié de los olivos, buscando su débil sombra.
Su artillería, desmontada casi toda pues de las 18 piezas de las que dispuso Dupont, 14 habían sido desmontadas por la artillería española y según parte oficial de Castaños,” … el acreditado Real Cuerpo de Artillería, además de participar de todos los afanes y triunfos referidos, ha inmortalizado su gloria con admiración de ambos ejércitos, pudiéndose asegurar que sus oportunos rápidos movimientos y el acierto de sus fuegos( que desmonto 14 piezas al enemigo), señalaron desde luego, o por mejor decir, fijaron desde el principio la victoria”) les era completamente inútil, Verdel no aparecía, y en cambio los Tiradores de Cruz Mourgeon que había acudido al oír el fragor del combate, ceñían la orilla derecha del Rumblar, a cuya inmediación se veían amontonados todos los bagajes del ejercito francés, al paso que sus avanzadas anunciaban la aproximación del General Castaños. Para colmo de sus desdichas, los dos regimientos suizos de Preux y de Reding, antes al servicio de España, aprovechan la ocasión para reunirse en su mayor parte a sus antiguos camaradas. No habiendo, pues, medio de salir de aquella terrible situación, el general enemigo se apresuro a solicitar de Reding una suspensión de hostilidades para acordar con el general en jefe español las bases de la capitulación, en la que debían ser comprendidas las divisiones de Vedel y Dufour, según exigía aquel.El General Castaños no había podido enterarse de la salida de Dupont de Andujar hasta las dos de la madrugada del mismo día 19 de Julio; y encontrando obstruido el puente, sólo a las ocho de la mañana emprendió la marcha camino de Bailén, la división de Reserva comandada por Lapeña, en cuya vanguardia mandaba D. Rafael Menacho, se detuvo en la orilla del Rumblar al saber del armisticio concertado, después de anunciar su presencia a Reding con algunos cañonazos.
Vedel, que había recibido el día 18 la orden de Dupont de asegurar las comunicaciones por La Carolina y Santa Elena, como también por la parte de Linares y Baeza, espero en La Carolina que se le incorporara Dufour, y aunque en la madrugada del día 19 oyó tronar el cañón hacia Bailén, no se puso en movimiento hasta las cinco de la mañana, con tanta lentitud, que tardó nada menos que seis horas en recorrer los 14 kilómetros que separaban La Carolina de Guarroman, desde donde, sin sospechar todavía ni remotamente lo que pasaba, hizo practicar un reconocimiento en dirección de Linares. Emprendiendo la marcha a las dos de la tarde, y sólo entonces, al llegar a las cinco de la tarde frente a Bailen y ver las posiciones que ocupaban los españoles, comprendió la apurada situación en que debía encontrarse su compañero.El General Reding, al saber la proximidad de Vedel, le dio conocimiento de la situación de suspensión de hostilidades, cuidando, no obstante, de reforzar con algunos cuerpos las tropas apostadas a su espalda, vigilando el camino de La Carolina; pero el General Vedel se desentendió de todo y atacó el cerro del Ahorcado.
Se apresuró Vedel a obedecer, autorizado de palabra por su jefe para ponerse a salvo con sus tropas, y emprendió la marcha por la noche en dirección a la sierra, llegando a Santa Elena el día 21 de julio a mediodía, aunque allí fue alcanzado por el coronel de ingenieros D. Nicolás Garrido con la orden terminante e imperiosa de regresar a Bailén, tal como había sido exigido por los Generales Castaños y Reding, que amenazaron al General Dupont con pasar a cuchillo a la división Barbou, completamente cercada ya por todo el ejercito de las Juntas de Defensa de Andalucía, por lo que Vedel tuvo que cumplir lo acordado en la junta de jefes de los dos ejércitos a pesar de ir en contra de su plan. Fueron veintitrés los jefes que asistieron a la reunión de la junta de jefes, de los que sólo cuatro eran partidarios de continuar la retirada.
En realidad si la segunda división francesa que apareció tras la derrota de la primera no hubiera cesado hostilidades, Bailén podría haber sido una derrota de grandes consecuencias para España; sin embargo, la caballerosidad del general francés Dupont al reconocer la derrota cambió la historia de España y de Europa.
En su consecuencia, las legiones de Dupont, en número de 8,242 hombres desfilaron por delante del ejército español y fueron a deponer sus armas y banderas junto a la Venta del Rumblar, a lo largo de la carretera, presentándose el General Dupont al General Castaños triste y angustiado tal como quedo representado en el cuadro de J. Casado de Alisal.
Aquellas legiones del General Dupont, vencedoras de tantas batallas como Austerlitz y Friedland, que habían paseado sus águilas victoriosas por toda Europa, y habían conseguido el prestigio de ser el mejor ejército en épocas, quedaron vencidas en lo que supuso el descalabro primero y mas grande del Ejercito de Napoleón.
La France n'est pas invincible !
Rendición del general Dupont en la Batalla de Bailén. Museo del Prado.
La capitulación del ejército francés se firmó finalmente el día 22 de Julio, en la casa de Postas de Villanueva de la Reina, que media entre Bailén y Andujar, donde se había establecido el General Castaños.
La Casa de Postas (hoy convertida en restaurante) donde se plantearon las famosas Capitulaciones firmadas finalmente en Andujar el día 22 de Julio de 1808.
En esa capitulación debía quedar prisionera de guerra toda la división Barbou, con la que había peleado Dupont, y la división de Vedel sería evacuada, trasladándose ambas a Sanlucar de Barrameda y Rota, desde donde serían embarcadas en buques de vela tripulados por soldados españoles con destino a Rochefor. La capitulación no pudo ser cumplida por falta de transportes y marinería. Además se produjo un hecho, que produjo la ira de los españoles al caer de la maleta de un oficial un cáliz de oro cuando se embarcaban en el embarcadero del Puerto de Santa María, por lo que los prisioneros franceses fueron maltratados y despojados de sus equipajes, atropello que no pudo evitar el General Castaños.
Las divisiones de Vedel y Dufour (9,393 hombres en total) formaron pabellones y entregaron en depósito sus armas y material de guerra. Las demás tropas que faltaban del cuerpo del ejército del General Dupont hasta completar el número de 22,475 hombres, descartados los 2,000 muertos de la batalla, acudieron a Santa Cruz de Mudela, Manzanares y otros puntos de comunicaciones con Madrid, para dar así cumplimiento al convenio acordado entre los jefes.
La derrota de Dupont se concertó en las Capitulaciones de Andujar, firmadas entre Castaños y Dupont el 22 de julio, por las que las fuerzas francesas que combatieron en Bailén quedaban prisioneras de guerra, y las divisiones de Vedel y Dufour se obligaban a dejar las armas en el terreno, debiendo todas las fuerzas de Dupont marchar hacia el sur de Andalucía, donde se las repatriaría hacia Francia. Con esto se evitaba que su rendición se hiciese hacia Madrid, donde podían volver a combatir de nuevo contra los ejércitos españoles que allí se afanaban contra el francés. CAPITULACIONES DE ANDÚJAR (22 de julio de 1808)
Capitulaciones pactadas entre los generales Castaños y Dupont tras la derrota de éste último en Bailén
Enterado el general Castaños de que las fuerzas francesas rodeadas en Bailén eran tan solo la mitad del ejército de Dupont cedió en su pretensión inicial de solicitar la rendición incondicional del francés. Si bien el alto el fuego tan solo implicaba a las fuerzas directamente al mando de Dupont, los españoles exigieron que en la rendición se incluyeran también las de Vedel y Dufour, bajo la amenaza de exterminar las tropas de Dupont.
El día 22 de julio los generales Castaños y Dupont firmaron las Capitulaciones de Andujar en la Casa de Postas existente a mitad de camino entre Andujar y Bailén. El texto fue enviado a Andujar para que fuera también firmado por Don Ventura Escalante, Capitán General del Reino y Costa de Granada, afectado por una dolencia gástrica que le impidió acercarse a la Casa de Postas.
Resumen del texto:
Los Excmos. Señores Conde de Tilly y D. Francisco Xavier Castaños, General en Xefe del Exército de Andalucía, queriendo dar una prueba de su alta estima al Excelentísimo Señor General Dupont, grande Águila de la legión de Honor, Comandante en Xefe del cuerpo de observación de La Gironda, así como al exército de su mando por la brillante y gloriosa defensa que han hecho contra un exército muy superior en número y que le envolvía por todas partes, y el Señor General Chabert, Comandante de la legión de honor, encargado con plenos poderes por S.E. el Señor General en Xefe del exército francés, y el Excelentísimo Señor General Marescot, grande Águila de la legión de honor y primer Inspector general del cuerpo de Ingenieros, han convenido los artículos siguientes:
Art. 1: por este artículo las tropas bajo el mando del general Dupont quedaban prisioneras de guerra.
Art. 2: por este artículo las tropas del general Vedel y demás tropas francesas de Andalucía no comprendidas en el artículo anterior evacuarían el territorio andaluz.
Art. 3: por este artículo las tropas del artículo 2 conservarían su impedimenta, pero dejarían su artillería, tren y otras armas al ejército español, que se lo devolvería en el momento del embarque.
Art. 4: por este artículo las tropas del artículo 1 saldrían del campo con los honores de la guerra, dos cañones a la cabeza de cada batallón y los soldados con sus fusiles, que rendirían y entregarían al ejército español a unos 800 metros del campo.
Art. 5: por este artículo las tropas del artículo 2 dejarían sus armas en pabellones. Tanto éstas como su artillería y tren serían inventariados por oficiales de los dos ejércitos al objeto de darles devueltos en el momento oportuno.
Art. 6: por este artículo se disponía que todas las tropas francesas de Andalucía pasarían a Sanlúcar y Rota para ser embarcadas con tripulación española y conducidas al puerto de Rochefort, en Francia.
Art. 7: por este artículo se disponía que las tropas francesas se embarcarían nada más llegar a Rota, y que el ejército español garantizaría la seguridad de los franceses durante la travesía.
Art. 8: por este artículo los generales, jefes y oficiales conservarían sus armas y los soldados sus mochilas.
Art. 11: por este artículo los generales dispondrían de un coche y un carro para el transporte de sus efectos exentos de reconocimientos, mientras que los jefes y oficiales de Estado Mayor dispondrían de un solo carro.
Art. 14: por este artículo los enfermos y heridos franceses serían atendidos en hospitales con el mayor cuidado, y serían enviados a Francia con escolta segura tan pronto se hubiesen restablecido.
Art. 15: por este artículo los generales y oficiales franceses se comprometen a tomar las medidas necesarias para encontrar los vasos sagrados que puedan haberse quitado y entregarlos.
Art. 17: por este artículo se establece que la evacuación de Andalucía comenzaría al día siguiente, 23 de julio, a las cuatro de la mañana. Para evitar el calor las tropas marcharían de noche y evitarían el paso por Córdoba y Sevilla.
Art. 20: en este último artículo se establece que el texto de la capitulación se enviaría al Duque de Roviro, general en Jefe del Ejército Francés en España, por un oficial francés escoltado por tropa de línea española.
Cumplimiento de las Capitulaciones.
Entre los días 22 y 24 de julio se consumó la rendición de las tropas francesas.
El 23 de julio se rindieron los 8.342 hombres de las Divisiones Barbou y Fresia, que desfilaron a tambor batiente delante de las Divisiones Lapeña y Jones, desplegadas a ambos lados de la carretera entre el Puente y La Venta del Rumblar. Rindieron sus armas en el lugar convenido y fueron conducidos hacia Lebrija.
Acto seguido Castaños se dirigió a pasar revista a las Divisiones Réding y Coupigny, artífices de la victoria.
El día 24 de julio los 9.393 hombres de las Divisiones Vedel y Dufour depositaron sus armas en pabellones y marcharon hacia Osuna y Morón escoltados por tropas españolas. Entre las tropas francesas que se entregaron estaban incluidos los destacamentos y batallones desplegados al norte de Despeñaperros y que guarnecían las localidades de Santa Cruz de Mudela y Manzanares.
El día 10 de agosto quedó claro que los españoles no tenían barcos suficientes para transportar los 18.000 soldados franceses. Ese mismo día el Capitán General de Andalucía, Don Tomás de Morla, escribió una carta a Dupont en la que le decía que los términos de las capitulaciones eran poco menos que incumplibles.
Hubo que pedir permiso a Inglaterra para que garantizara el regreso de las tropas francesas, a lo que accedió a primeros de septiembre.
Los generales y jefes de Estado Mayor franceses fueron conducidos al Puerto de Santa María, donde embarcaron para Francia tras ser maltratados por la plebe y saqueados sus equipajes.
Los oficiales y tropa franceses fueron recluidos en pontones en Cádiz y trasladados a la isla de Cabrera, donde fueron abandonados a su suerte. Allí la mayoría pereció de inanición.
El capitán d’Villoutreys, el día 28 de julio se presentó oficialmente en Madrid con una escolta de caballería española portando una copia de las Capitulaciones de Andujar. Este capitán, que había entablado en Bailén los primeros acuerdos llevó a Madrid la triste noticia, escoltado hasta Aranjuez por una sección de caballería española. El 29 de julio conoció José Bonaparte, llamado el “rey intruso”, la amarga noticia, y el 30 abandonaba la Corte madrileña, siguiéndole el día 31 con la retaguardia el Mariscal Moncey, para establecerse en Miranda del Ebro, en cuyas inmediaciones se concentraron 60,000 franceses camino de su patria.
El día 11 de Agosto respiraba Madrid completamente libre del enemigo francés; el 13 entraba en la capital del país el general D. Pedro González Llamas con las tropas de Valencia y Murcia, y el 23 efectuaba la entrada triunfal el General Castaños por la Puerta de Atocha con la División de Reserva del Ejercito de Andalucía, siendo recibido con el júbilo consiguiente.Los ejércitos imperiales de Napoleón levantaron también el sitio que a la que tenían sometida a la ciudad de Zaragoza.
Tales fueron las consecuencias de este memorable triunfo de la Batalla de Bailén, que no costó a los españoles más que 243 muertos, entre ellos diez jefes y oficiales, además de los dos jefes citados anteriormente en el desarrollo del artículo, los otros jefes que murieron fueron: El capitán de Jaén, D. Carlos Sevilla; el de Caballería de Farnesio, D. Gregorio Prieto; los dos de Caballería de España, D. Alonso González y D. Miguel de Sanjuán; los subtenientes de Provinciales, D. José Ariza, D. Natalio Garrido y D. Nicolás Munoz, y el cadete de Ordenes Militares, D. José Demblans, y hubo también 735 heridos.
Al General Castaños, (cuya espada y bastón de mando se conservan en el Museo del Ejército, sección de Artillería, números 1,897 y 1898) se le concedió el título de Duque de Bailén, y la Cruz de distinción a todos los que asistieron a esta batalla, con el lema: Fernando VII. Bailén En el Museo Naval, con el número 716, existe un sable de marina de la Guardia Imperial Francesa, cogido por el capitán de navío D. Francisco Aguirre en el campo de batalla el día 19 de julio.
El Marqués de Coupigny murió en Madrid el 12 de junio de 1825.No quiero dejar estas líneas sin traer a la memoria de todos el servicio prestado por un arriero del valle del Rumblar, que aviso al General Reding de la proximidad del ejército francés: el texto dice así: “No eran quince o veinte hombres, sino miles. Los soldados empezaron a surgir de las sombras, como fantasmas que fueran reclamados por la realidad. Ocupaban casi todo el valle del Rumblar. El Arriero se sintió aturdido, estuvo a punto de bajar el montículo y salir corriendo. Pero una voz en su interior le dijo que se quedara. Él no sabía mucho de regimientos, ni de batallones, ni de unidades militares, pero a juzgar por las banderas y estandartes que había plantados, aquello era un ejército en toda regla. Las pocas voces que llegaban hasta él, lo hacían en un idioma que él no entendía. No cabía duda, aquellos eran los soldados de Dupont. De pronto oyó una expresión que parecía una orden: efectivamente, alguien había mandado levantar el campamento. Lo supo porque pudo divisar a muchos hombres que estaban sentados ponerse de pie, entre palabras masculladas que podrían ser reniegos. Bajó muy despacio del montículo, intentando hacer el menor ruido posible. El corazón le retumbaba.
Pensó en montar la mula y dirigirse hasta Bailén. Se sentía presionado por el deber de comunicar su hallazgo. Estaba seguro de que el ejército de Reding no sabía que los franceses estaban tan cerca. Cogió su mula y se alejó de allí. Con suerte, cuando los franceses iniciaran la marcha, él estaría ya en Bailén. Pensó esperanzado con orgullo: si llevo este mensaje al general Reding, habré hecho algo por mi patria. “
Después de narrada esta decisiva batalla para liberar a España del yugo francés, no deja de martillear en mi memoria como hace unos años,…justo en 2008, año en que se celebró el Doscientos aniversario de la Victoria de Bailen, el Sindicato Andaluz de Estudiantes se reunió ese año en Sevilla y decidió tomar el acuerdo y enviar una carta al Colegio “19 de Julio” de Bailen, acompañando una resolución aprobada por el Consejo Escolar del Estado, en la que se instaba al referido centro a cambiar de nombre al centro educativo por hacer referencia al régimen político anterior, se reconoce que le debió sonar el 18 de julio de 1936 y no el 19 de Julio de 1808. Menos mal que el escándalo cultural quedo subsanado cuando la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Bailen y el Director del referido centro educativo, enviaron una carta a los responsables del Sindicato de Estudiantes Andaluz y al Consejo Escolar del Estado.
¿Cuántos burros interesados entran hoy en la Universidad, y cuando salen lo hacen con la misma jáquima que entraron? Y ¡Del Consejo Escolar del Estado, que me decís! ¿Cómo tan alta institución puede quedar tan mal? ¡Así como va a haber ninguna Universidad española entre las doscientas mejores del mundo! La Universidad Autónoma de Madrid, es la primera que aparece con el número 201. Es muy doloroso para todos pero la Universidad Española está muy desprestigiada.
POR SU INTERÉS ADJUNTO ENLACES DE LA BATALLA DE BAILÉN :
http://www.youtube.com/watch?v=ft6La7orESM&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=4a0L3Ke3GVI&NR=1&feature=fvwp
http://www.youtube.com/watch?v=Sm3Bsl_N5YM&feature=related
.
http://www.youtube.com/watch?v=RysBhROboDQ&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=09lGXPbqYDE&feature=endscreen
http://www.youtube.com/watch?v=6A_WjFfR20c&feature=fvwrel
http://www.youtube.com/watch?v=NukaumCqo9g&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=ZwNTOPWATBc&NR=1&feature=endscreen
http://www.youtube.com/watch?v=jgFZrZls6NY&feature=relmfu
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Páginas y enlaces consultados:
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http://www.rosavientos.es/modules.php?name=News&file=article&sid=166
http://WWW.CRUZADAHISPANICA.COM -> HISTORIA GENERAL Y PERSONAJES HISTORICOS
Granada 19 de Julio del año 2012
204 Aniversario de la Batalla de Bailén
Pedro Galán Galán