PROLOGO

Se pretende que sea éste un espacio dedicado a entretener y deleitar (... a través de la fotografía fundamentalmente) ... a dar a conocer (...o traer al recuerdo) ciertos monumentos o espacios situados en el término o cercanías de Lahiguera. ...a llamar la atención por el estado de abandono y deterioro de muchos de ellos, ...y si llegara el caso, a remover la conciencia de todos los que somos "herederos" de tales monumentos y espacios, y que con nuestra aportación ayudásemos a la conservación de los mismos.

jueves, 26 de enero de 2017

CALLE «LA PERINA»


Calle «La Perina»



 


        Fue, durante muchos años, las principal calle de nuestro pueblo; donde se asentaban las familias mas influyentes y adineradas. 
Al fondo la calle Blas de Otero, «La Perina»


         Se trata de la calle, ahora llamada, Blas de Otero. Me he resistido a titular este artículo con el nombre del poeta. No sé que motivó, en la naciente democracia, a poner el nombre del autor de «Me queda la palabra» a esta calle; no es porque piense que no lo mereciera, sino que tenemos a otros, por lo menos más cercanos, por no decir más importantes, que son tan dignos como él. Quizá la razones fueron que Blas de Otero pertenecía a la oligarquía vasca, criado con institutriz, lo que llevó a la corporación municipal de izquierdas a tal reconocimiento. Espero que, mas pronto que tarde, la calle cambie el nombre a otro Blas: Fray Blas Palomino... Veamos lo que nos cuentan las antiguas piedras, ahora amordazadas por el asfalto.

         Subimos por la Cuesta de los Caballos; a la izquierda, nuestra calle: Por la casa del «Oliva» estaba el huerto de la «Perina» Aquí es donde los romeros de la Virgen de la Cabeza, los llamados «cabrones», le robaron las habas a la mujer que les daba cobijo:

        —¡Si queréis comer id por ahí a robar habas, os haré un guiso. —Y le robaron a ella (lo de cabrones no es por este motivo, siempre se les llamó así, también así se les nombraba en la cercana Arjona).

       Bajando un poco, en la Cuesta la Amargura, estaba el pajar de «Perenalillo», a la sazón mi bisabuelo, Manuel Jiménez; pajar que era centro de reunión y debate, además de biblioteca, de la izquierda en los años anteriores al 39.

         En este recorrido estamos mezclando los tiempos, ahora algo más reciente: la casa del «Chan», cercana a la esquina. Era el matrimonio formado por Sebastián y San Pedro. Durante buena parte de nuestra niñez esta casa fue, todavía su recuerdo lo es, algo muy entrañable. La chiquillería del pueblo allí se congregaba, en especial los sábados por la tarde para, por el módico precio de una peseta (dos hermanos), podías ver en la televisión una película. También existía un curioso artilugio, no sé de quien fue la idea, parece que lo ideó Perico; de una caja con una ranura por la que había que echar un duro con el fin de que el aparato de televisión funcionase; si no se apagaba. Todos nos lo creíamos, las personas mayores los primeros; ellos eran los que daban el duro para ver los toros, o el fútbol, «Reina por un día».

         Llegamos a la casa número 10. Allí vivía Antonio Gavilán y Dolores Perín. Matrimonio muy conocido y querido; él poseía una fuerza titánica, ella... 
Casa donde vivió la Perina


         La Perina era una mujer de pequeña estatura, pero con una gracia sin par, una inteligencia sobresaliente y, lo más grande, un piadoso corazón. Amante de la música, el teatro, la poesía. En su casa se celebraban las funciones teatrales de los cómicos ambulantes que llegaban a Lahiguera. Ella acogía a los peregrinos que pasaban hacía el Cerro, en un acogedor pajar. Fue la madre de Micaela Gavilán, la celebrada «Mama Chela», todavía recordada entre otras cosas por sus poemas y sus coplillas de carnaval. Cuando finalizó la guerra en 1939, los vecinos de esta calle, al poner la dirección en sus cartas o documentos, escribían: calle La Perina. El motivo era que durante los años anteriores tuvo la calle un nombre que al acabar la guerra no se podía pronunciar, menos escribir. No estoy seguro, sí que era el de un comunista, me afirmaron que el nombre era «Lenin». Con la denominación de «calle La Perina» nada se extraviaba. Posteriormente se llamó Queipo de Llano, Blas de Otero. El primer nombre con la que la conocemos fue el de Calle Pelayo. La casa, grande y laberíntica, tenía un horno de pan, alimento que servía de limosna a muchos de los necesitados que a la casa, pidiendo, llegaban. Y una habitación perdida que cuando hizo falta, en épocas que había cosas que esconder por temor a que te las quitaran, desaparecía tras un armario.

         La calle estaba empedrada; en la entrada de la casa, también de otras de la misma calle, había grandes losas que sirvieron antes del empedrado cuando la calle era de tierra, como protección contra el barro y polvo, también era signo de distinción. En la calle había, y en algunas casas, agujeros milenarios: silos de épocas remotas (Neolítico).

         Son muchos los recuerdos que personalmente tengo de la calle y de la casa. Fue el hogar de mis abuelos Ramón y Dolores. Dolores fue la hija mayor de Mama Chela, por tanto nieta de Dolores Perín. En la calle jugábamos a las bolas, al balón... a «llevar en goli». Y cuando nos sentíamos impotentes, porque un niño más grande nos pegaba, le dedicábamos, enfurecidos y mientras corríamos en huida, la cancioncilla:

«¡Papa Pabato

échame un canto!

¡Qué chico o grande,

to me lo zampo!».

         Sustituyendo «Pabato» por el nombre adecuado. Que en aquellos años de no abundancia era un buen insulto decirle a alguien que pasaba hambre. 


         Vecina de esta casa era la tahona de Alfonsete, que todavía subsiste; ahora regentada por los hermanos Lijarcio y antes de estos pertenecía a Juan Blas. Dos panaderías juntas, y para las dos y algunas más había negocio.

         Hablaremos de dos casas, ya desaparecidas; estaban en el lugar del actual parque:

         La casa de Teresa «Andujita» y la de la «Dolorica». En la primera vivía una anciana que procedía de Andújar. Esta mujer, de joven, había estado trabajando en casa de una marquesa que le había regalado preciosas cosas; a los niños nos fascinaban, sin olvidar sus historias. En la esquina, la Dolorica, polo de atracción, como la casa del Chan, de esquina a esquina. Vendía pipas, caramelos... y tenía un cine: una especie de prismáticos donde ibas desenrollando la película de la Cenicienta; la parte final tenía el papel rasgado, como queriéndonos quitar el final feliz a los niños de entonces.
Parque donde se situaban, entre otras, las casas de Teresa y Dolores

         Pasando, a la derecha, la famosa esquina del Palo, lugar de encuentro y donde estaba la casa de Sebastián el «Carioco», con la barbería de Paco e Ignacio, más tarde el bar «del Ángel». En la barbería ocurrió una anécdota graciosa. Robaron, llevándose todos los instrumentos de peluquería; los dueños denunciaron el robo a la Guardia Civil. Dado el pánico que la Benemérita inspiraba decidieron, para arroparse, que toda la juventud fuese al cuartel a declarar. Los iban llamando por nombre y apodo: la «Tazona», la «Brocha». A lo que el guardia que tomaba declaración, al oír aquellas palabras, exclamó guasón: ¡Ya están apareciendo las herramientas de los barberos! Incluso uno de los declarantes tenía tanto horror que, como dirían nuestros abuelos cuando querían ser finos, se «hizo de cuerpo» encima. Y el guardia, por el insoportable olor, que no hay nada que peor huela que la heces del espanto, lo mandó a su casa sin tomarle declaración. No descubrieron a los ladrones; todo quedó en miedo y risas.
Casas que ocupan el antiguo asentamiento de la casa natal de Fray Blas Palomino

         Y, donde la calle se ensancha, llegamos al premio gordo; la casa más importante de la calle, la de más porte que hubo en Lahiguera: la de los Ledesma-Aguilar-Palomino. Ocupaba toda la fachada de lo que ahora son las casas con los números 19 al 27. Era toda la manzana; llegando hasta la calle las Piedras, desde la casa de Camilo (que probablemente se añadió después, dada la urbanística que aún se percibe), hasta la esquina de Felipe el Bueno, por donde discurría, de norte a sur, parte de la muralla que encerraba y protegía al pueblo.

         Frente a esta casa no había nada construido, como lo revela el plano del siglo XIX. Dada las creencias, la religiosidad de los pasados tiempos (estamos situados en los siglos XVI y XVII) la familia no permitía que nada se opusiera a la vista entre la casa y la iglesia, con objeto que las almas de los moradores de esta casa estuvieran resguardadas. Así, con solo abrir las ventanas, la puerta, ya se podía contemplar el sagrado templo. Parece que esta familia fue la que costeó el famoso retablo de Juan de Reolid destruido en el 36; familia amiga y mecenas de artistas como el afamado maestro rejero Bartolomé de Salamanca. 


         Casi con toda seguridad en esta casa nació Blas Palomino, nuestro paisano más ilustre, no vamos a decir aquí nada del virtuoso fraile, en este blog se ha tratado el tema con profundidad. 
Plano del siglo XIX


         Ya sabemos que las cosas de palacio van despacio, siendo Lahiguera el mejor de los palacios, aquí irán las cosas más despacio todavía. Y si tenemos que esperar a que la Iglesia lo eleve a los altares pues, desde 1620, tiempo ha tenido y no lo ha hecho.

         Creo que por parte de la alcaldía hay buena disposición (por lo menos de palabra) para hacer algo que nos haga recordar a nuestro venerable fraile; para que todos los conozcamos, nos podamos enorgullecer y no lo olvidemos.

        Una placa en la casa recordando que allí nació, que fundó Baler; que aquella iglesia de Filipinas fue el símbolo de la resistencia y de la caída del Imperio español.

         Cambiar, quitar Otero y poner Palomino en el rótulo de la calle. Me queda Blas.

                En el principio.


Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

                                           Blas de Otero





         Queda la palabra, para los dos blases. A nosotros, el nuestro: su bondad, su ejemplo, su recuerdo.

¡Qué no se nos quede en la maleza!

7 comentarios:

PEDRO GALÁN GALÁN dijo...

Manolo, con el tema de las calles y el callejero del siglo XIX tienes un filón. Después del éxito de Juan Montoro y la Calle Real, una de las entradas más leídas del blog, hemos pasado a la de la calle La Perina.
De nuevo se me ha vuelto a producir el efecto que provocó en mí, la primera entrada publicada; recordando la poesía de Machado respecto al Duero, las calles siempre son las mismas pero en lugar de con distinta agua, lo son con diferentes gentes como vecinos, que le dan un sabor en cada ciclo a su calle. Por ello cada uno la ve según sus recuerdos.
Los míos para con la calle Queipo de Llano, pues con este nombre la conocí, están referidos a mis vivencias y recuerdos de la “Panadería de Juan Blas”. Por eso de que mi tía Carmen era la esposa del panadero, la familia se sentía muy a su gusto en comprar el pan en esta panadería. De niño, muchos días al salir de la escuela, a las doce y media, tras llegar a casa y dejar la cartera, cogía la talega y las tarjas del pan porque era mandado a comprar el pan, unas veces con más prisa que otras en hacer el mandado y unas veces con más ganas que otras.
Conocía la panadería y sus faenas continuas como si hubiera sido mi casa, mi tío era muy afable y a pesar de su tarea y la de Isidrín, siempre moviéndose por el horno, nunca estorbaba la presencia del sobrino; otro conocido como ayudante de la panadería, a quien con su esposa Carmen y sus hijos perdimos de vista hace muchos años camino de Cataluña. Después el ayudante de panadero era Juan José Lijarcio, “el Chico”, que después con Irene pasaron a ser los dueños de la panadería cuando mi tío Juan Blas se jubilo. Hoy en manos de los Hermanos Lijarcio, sus cuatro descendientes, sigue esta panadería de la que Loli es la popular vendedora por la calle, persona bastante popular que tanto garbo derrama en el trato con sus clientes, cuando hace el recorrido con la furgoneta de reparto por toda Lahiguera.
Alfonsete Cubillas Pérez, padre de mi tío había cogido la panadería de joven después de su largo aprendizaje en la Panadería de “Antonio el panaero” (Antonio Gavilán). Me refería su esposa María Lara Mercado, que la noche que se casarón tuvieron que levantarse, en la llamada noche de bodas, tan temprano como todos los días lo venía haciendo Alfonso.
Una de las cosas que me gustaba del horno era ver una mula casi negra, que daba vueltas a un torno para ir moviendo la harina con el agua para hacer el pan. También los grandes montones de leña de ramas de olivo hecha haces para calentar el horno. Me resultaba muy curioso el tema de la levadura que mi tío recibía de Alfacar en unas cajas de madera fina.
Otras de las visitas, que hacía a la casa de mis tíos, era la que con agobio del correr para subir la cuesta rápido, tenía por misión, ordenada por mi abuelo Pedro, de avisarle de que la Fiscalía de tasas estaba visitando los centros públicos de ventas del pueblo. A la vista de la urgencia y la importancia que mi abuelo le daba a esta misión, me imaginaba que venían casi a robar, en realidad multaban y penalizaban con multas grandes si encontraban lo que ellos consideraban anomalías en el servicio de producción y venta del pan.
La casa de La Perina tiene muchas cosas que contar…., como era muy grande y se alquilaban habitaciones de la casa a particulares, siendo convecinos Los Crisantos Carmen con la Guitarra y sus hermanos con el saxofón y tambor organizaban un baile por menos de un pitillo, y a él acudían los vecinos. Alfonsete que era muy bailarín metía su carga de pan o de dulces en el horno y se iba a bailar, con gran solivianto de María, a la que según me decía no le gustaba bailar.
Seguiré recordando a otros vecinos de la calle en otra ocasión.
Cordiales saludos.

PEDRO GALÁN GALÁN dijo...

Unos de los vecinos con los que yo veía que trataba más mi tía Carmen era Josefa, una persona entrañable hija de Josito y de Josefa. La hija Josefa (Fita) era hermana de mi querido amigo “Quico el de Josito”.
Josefa estaba casada con Francisco, un hermano de Venancio, que terminaron viajando a Portugalete con sus hijos en busca de una mejor situación laboral y educativa para su descendencia. Ellos tenían una hija y un hijo que era el compañero de juegos de mi primo Alfonso cuando era pequeño, y no estaba en el colegio de sordos de Córdoba o de Granada, jugaba con él, y cuando yo llegaba me incorporaba a sus juegos un rato, aunque ellos eran algo menores. Josefa y Quico debían ser de mi familia por la rama de mi abuela Frasquita, con nosotros eran muy cariñosos, claro que lo son para con todo el pueblo.
En esa misma acera vivía La Dolorica, casada con “Juanico el pobre”, que tenía por hijos a Juanete que casó con Benita la de Colín, otro hermano que no recuerdo y a Santiago que padecía de algún mal en su aparato locomotor, que le impedía caminar con soltura. Santiago fue el primero al que se le permitió la licencia del ayuntamiento de poner un kiosco en la plaza de José Antonio con el que pudiera ganarse la vida. Ese kiosco fue el que después fue traspasado a Colín que lo atendió durante muchos años. Los creadores de motes siempre han tenido cierta sagacidad y adjudicaban el apodo en función de algún rasgo observado en la persona a la que se lo adjudicaba. Cuando había otro que tenía el mismo nombre, a su homónimo le ponía un adjetivo de rico o pobre según fuese el anterior. Hubo un Fuentes rico (mi tío), que solo se quedó con su apellido; pero había un familiar Fuentes también muy relacionado con él y se llevo el apodo de “Fuentes el pobre”.
Sobre el año 1954 debió morir Micaela “La Perina” en la fecha 2 o 3 de febrero. Se comentó durante años que por esos días cayó una gran nevada en Lahiguera y se refería la anécdota que un vecino de su misma calle anterior, Juanaco, marido de Clarica, que era de gran talla y fortaleza física, cuando bajaba por la cuesta de los caballos, dio un resbalón y con lo mullido de la abundancia de la nieve llego, con el culo sentado en el suelo, hasta el comienzo de tan pronunciada cuesta. Su hijo Manolo casado con Justa y sus hijos eran también muy asiduos en la panadería.
A la derecha quizá en el número 14 de la calle vivían Manuel Cubillas (Gallarre) y Antonia. Los motes se ponen por motivos tan diversos, que no acierto a entender la causa de tal mote en un hombre sencillo del pueblo, quizá fue nominado porque cantara bien. Su hijo Manolo fue tío político mío, persona que trate a diario por vivir en casa de mis abuelos por matrimonio con mi tía Anita.
Continúa…

PEDRO GALÁN GALÁN dijo...

Continuación:
Enfrente vivía “Andujita” recuerdo que era guarda rural y los chiquillos de aquel tiempo le teníamos cierto respeto. Los guardas rurales han sido, como los municipales, una institución el nuestra villa. Recuerdo con “Andujita” al “Rojillo”,”el Moreno”, y sobre todo a mi tío Juan “El Maestro palas”. En su casa iban a dar parte temporal de las infracciones en una especie de puesta en común.
En la casa de la izquierda de Josito, vivían “el Medio” y Mercedes con su hija María. Creo recordar que él estuvo relacionado en el trabajo con la casa de uno de mis abuelos, como si hubiera sido manijero, pero no lo recuerdo bien. Mercedes era una modista que trabajaba en su casa y también a domicilio de las casas que se lo solicitaban. Una señora que era cercana y producía respeto. A su izquierda en dirección a la esquina de la calle Amargura vivían Emilio y Ascensión y Felipe y Adelaida. Después estaba la casa del “Chan” y San Pedro (María de) que has referido, ellos por su gran sencillez en el trato se hacían mucho de querer, tenían que buscarse la vida con lo que podían. Eran casas llenas de hijos, como la casa de Ramón y Dolores que llenaban de alegría la calle. Los niños y los jóvenes son los que daban alegría a la calle.
Volviendo a los números pares, a continuación de Ramón y Dolores había dos casas pequeñas que no acierto a recordar quienes vivían en ellas, en una vivía Amadeo y Lili, hija de Ramón. Recuerdo como según se subía por la calle Amargura nos encontrábamos la casa donde vivió Julianillo y Araceli con sus hijas e hijo.
Las esquinas superiores de la calle Amargura eran a uno y otro lado por vecindad de la calle Queipo de Llano. “Pellica” y su familia y la familia del “Oliva”, que recientemente nos dejó, cerraban esa esquina de la calle. Recuerdo a la madre enlutada siempre con dos o tres hijos varones.
La parte de la izquierda de la calle, que nace cerca de la calle Campanario, era la otra parte de calle que era el centro neurálgico de la villa posmedieval. Para mi la calle Pelayo debió tener dos fases de constitución, la parte más ancha es la que consideramos fue la calle central del pueblo, en los años próximos al siglo XVI y XVII. Tiene todas las características por espacio y ubicación de haberlo sido. Es la parte que menos conozco.
La que considero con el tiempo su prolongación, en la parte de la que estamos hablando ahora, debió ser configurada con posterioridad, ya que su trazado es diferente en anchura en toda la parte de esta calle.
Un saludo.

Kunkache Juan José Mercado G. dijo...

Brillante artículo, primante Manuel. Me has hecho vivir lo que narras como si estuviera allí mismo; anécdotas que tanto debieran gustar a todos los que nos sentimos higuereños. Pareciera que estuviese viendo, todo lo que cuentas, por un pequeño agujero...por el que todo se muestra blanco y negro. En la lectura se puede captar la actitud e ingenuidad existente de aquellos tiempos, donde...creo...que la malicia casi no existía.
Por otro lado, me encanta percibir la presencia de esa "mosca cojonera" que no se harta de demandar algo que cae por su peso; ojalá algún día las buenas palabras se conviertan en hechos. Ojalá algún día...nuestro Blas (Palomino)...tenga el reconocimiento que se merece: por la ausencia de tu labor no será.
Cordiales saludos para todos los lectores del Blog.

Kunkache Juan José Mercado G. dijo...

Añadir, que me parecen enriquecedores los comentarios de mi tío Pedro. Animo a todos nuestros paisanos de "más edad" a aportar sus recuerdos, y hacer así un poquito más grande este pequeño espacio dedicado a nuestro pueblo. Buenas noches a todos.

Manuel Jiménez Barragán dijo...

Pedro, al escribir algo siempre te dejas cosas en el tintero. Puse lo más representativo de la calle, recuerdos hay nuchos más, pero creo que a nadie interesarían.
Así, al lado de la casa de mis abuelos vivía José «Cantaelgallo». Era un hombre muy prudente y formal. Recuerdo que al entrar en cualquier sitio lo primero que hacía era dar pisotones en la entrada, unos zapatazos que se oían en toda la casa a donde llegaba. Pienso que lo hacía para limpiar las suelas de sus zapatos y no ensuciar si lo invitaban a pasar. Cuando oíamos los pisotones, antes que el diera los buenos días, ya sabíamos que había llegado Cantaelgallo. Su mujer fue la primera persona que vi muerta.

Tenía intención, pero me pareció que ya no pegaba, de nombrar a una taberna que había frente a la casa de los Palominos. Lo regentaba una mujer que se llamaba Rafaela. Y no sé si es en esa casa, o en otra vecina, donde se dio el caso curioso de un hombre, al que estaban velando, que resucitó, con la consecuente huída pavorosa de los presentes.

Pedro, se te ha olvidado nombrar a la familia de Juan Ortiz Garrido en la panadería de Alfonsete (había puesto horno, mis disculpas a la familia de Juan, se escapó de milagro del horno crematorio nazi, según nos dijo su nieta). Siempre las panaderías de nuestro pueblo han sido refugio del necesitado. Los panaderos tienen muy buen corazón; me estoy acordando de Juan Ramón y la panadería de Julio.

Juanjo, hace tiempo, bastantes años, que este blog está funcionando. Aquí se han escrito, se han dado a conocer, se han denucnciado situaciones de deteriro y abandono de nuestro patrimonio. ¿Se ha conseguido algo? Una cosa, solo una cosa, dímela.
Tras el Pregón a la Virgen de la Cabeza del pasado año hubo una invitación en el bar de la piscina. Allí, sin yo decir nada, me comenta Florencio, el alcalde, que en el tema de Blas Palomino se va a hacer algo, incluso me pregunta ¿qué? Le respondí que cambiar el nombre a la calle y una placa recordando que nació en aquella casa, como mínimo. Juan Rubio, el párroco, que nos oye, interviene afirmando que se deje todo para este año, 2017, que a Blas Palomino lo van a beatificar.
Esperando estamos, pero el tiempo vuela y nada se oye. Pero no importa, ya tengo en mente otro hombre santo. Dices que mosca cojonera; creo que ni con una mosca atómica.
Gracias, a los dos, por vuestros comentarios. Creo que alguien que siga el blog y no conozca nuestro pueblo pensará que en él viven tres, o cuatro, personas; en fin.

PEDRO GALÁN GALÁN dijo...

Manolo, como partimos de la individualidad de las personas, es natural que unos tengan unos recuerdos, y otros, algunos diferentes; aunque hubiésemos tenido los mismos años los dos, nuestras experiencias de vida respecto a la calle tenían que ser necesariamente diferentes. En mis comentarios he tratado de evocar mis recuerdos, sin otra pretensión que provocar los recuerdos de los demás, no los tuyos. Los recuerdos son importantes para la persona que los evoca como una parte de su vida.
No recordaba, ni recuerdo a José “Cantaelgallo”, como se dice ahora “no le pongo cara”; sin embargo recordaba bastante a Santiago el hijo de Dolorica, porque siendo algo mayor que yo, lo veía con frecuencia en nuestras edades jóvenes.
Respecto a lo de Juan Ortiz Garrido entiendo que el no trabajo nunca en el horno, era peón eventual del campo. Isabel Cubillas, su esposa, y sus hijos estuvieron en el horno de Alfonso Cubillas (Alfonsete) a la vuelta de su pretendida entrada a Francia, una vez que Juan Ortiz Garrido regresó a Francia tras la liberación de Mauthausen en 1945. Isabel había vendido la casa familiar que tenían en la calle Santa Clara número 12, y cuando la devolvieron de regreso de la frontera francesa, tras un largo y penoso regreso a Higuera, quedó alojada con sus hijos Juan Antonio y Victoria en la casa-panadería de Alfonsete, familiar suyo, donde trabajaba para su mantenimiento. Por esta razón los vínculos entre las dos familias traspasaron las vidas de ambas. Isabel Cubillas y María Lara Mercado (esposa de Alfonsete) tenían una gran amistad. Todavía, de vez en cuando, su hija Victoria y nosotros hablamos en fecha señaladas para saber de nuestras vidas.
Respecto a lo que dices: “Creo que alguien que siga el blog y no conozca nuestro pueblo pensará que en él viven tres, o cuatro, personas; sólo te digo que la gente no escribe ni para tratar de puntualizar algo. En mis comentarios se me cruzaron unos nombres por otros y nadie ha aclarado mi confusión. Hable de Loli Lijarcio en lugar de Juani, y de Carmen de los Crisantos en lugar de Luisa, por eso creo que es una ventaja la poca atención que nos prestan en Higuera.
Tengo mis lectores que me siguen en Granada y con ellos me apaño.
Con relación al número de tres o cuatro personas, que dices en los comentarios, en realidad tú tienes dos comentaristas, aunque no siempre, y yo tengo sólo uno que eres tú, aunque alguno de fuera se presente de vez en cuando como agua de mayo.
Muchas veces pienso que si fuera por el número de seguidores que dejan constancia en los comentarios, habría dejado de escribir desde hace tiempo. Es bastante el tiempo que dedico a mis publicaciones, aunque puedan tener poca acogida entre los paisanos. Lo sigo haciendo porque me siento satisfecho a nivel personal de mi labor, lo demás no me importa. Respecto al baile y autoridades ningún comentario. No busques mínimo reconocimiento porque te encontraras desengaño. ¡Ya hablaremos…!
Saludos.