PROLOGO

Se pretende que sea éste un espacio dedicado a entretener y deleitar (... a través de la fotografía fundamentalmente) ... a dar a conocer (...o traer al recuerdo) ciertos monumentos o espacios situados en el término o cercanías de Lahiguera. ...a llamar la atención por el estado de abandono y deterioro de muchos de ellos, ...y si llegara el caso, a remover la conciencia de todos los que somos "herederos" de tales monumentos y espacios, y que con nuestra aportación ayudásemos a la conservación de los mismos.

jueves, 7 de noviembre de 2013

FOTOGRAFIA: Las aceñas de Andújar.

Las aceñas de Andújar ("Las aseñas"):

   Todos esos panes que alimentaron a tantos y tantos pueblos de la comarca, tuvieron sus orígenes no tan sólo en el campo donde se cultivaron esos trigos, sino también en este molino o aceña donde la mies era molida y convertida en harina, tan digna de utilizar por los panaderos que desde tiempos inmemoriables han saciado el hambre de todo ser humano viviente.



   Nada más salir de Andújar y "encauzar" la carretera hacia Los villares, apodados con el mismo nombre que la mencionada (Los villares de Andújar), cogiendo el primer carril a la derecha, nos llevará hasta este, hoy, inhóspito lugar. La información sobre su cronología es escasa: algunos datan la construcción en el tiempo del Imperio Romano...otros, sin embargo, sitúan esta edificación en los tiempos de la Edad Media. Sea como fuere, su existencia es remota y, por desgracia,  el estado de abandono en que se encuentra es evidente y lamentable.


   Esta aceña era impulsada por el cauce del Guadalquivir, el río Baits en el tiempo de los fenicios, ...o Betis desde época pre-romana. También los griegos lo llamaron Tharsis (río Tartessos). Su nombre actual deriva del árabe ("el río grande").


   Los diques que encauzaban el agua hacia las galerías donde se encontraban las turbinas han quedado casi destruidos por las distintas crecidas del bravo río Betis: como nos muetran las imágenes anteriores.


En su interior se llevaba a cabo esa conversión del grano en harina, mediante grandes piedras de molino:

   Hoy, estas piedras, sirven para que alguno que otro de los "grafiteros" actuales "arrojen sus sentimientos" sobre ellas. Por otra parte, el lodo procedente de esas crecidas va sepultando su presencia así como la de las distintos túneles por donde circulaba el agua. Tampoco se puede dejar de mencionar la actuación de los continuos expoliadores que acuden al lugar para así dejar cada día un poquito menos rastro de él.

   Es curioso encontrar, en su interior, abundantes piedras talladas con diversos nombres y fechas. No tengo constancia de quiénes pudieron ser...si constructores, remodeladores, encargados de molino... Supongo que no estarán allí por casualidad. Si alguien nos lo puediera aclarar en los comentarios sería genial. Muestro algunas fotografías de ellas:


   El acceso al molino se hacía por esta calzada realizada con "bolos" (...como los llamamos por estos contornos), cuyas llagas han sido abiertas por el paso del agua en los desbordamientos: ¡cuántos animales de carga, con o sin los carros, habrán pisado este paso!...¡si las piedras hablaran!:




   Un lugareño me comentaba que aún recordaba cuando todos esos muleros, que venían de las distintas poblaciones cercanas, se hospedaban en el antiguo mesón  o taberna que existía aledaña al lugar...hoy muy deteriorada. Esperaban hasta que la molienda tenía lugar y así partían de nuevo a sus poblaciones de origen portando esa harina que tan indispensable ha sido siempre para la existencia humana.









 Con esta fotografía, como el que entre los árboles mira a los tiempos pasados, me despido de esta suntuosa aceña.


Visita y fotografías realizadas el 29 de septiembre del 2013.


Juan José Mercado Gavilán.
Lahiguera a 7 de octubre del 2013.

6 comentarios:

PEDRO GALÁN GALÁN dijo...

Juanjo, me ha gustado bastante esta nueva publicación. Las fotografías son muy buenas.
Como aportación personal quiero decirte que en los documentos castellanos aparece la palabra aceña para designar un molino con rueda vertical de corriente, a la que se dirige el caudal de agua por medio de un azud colocado transversalmente, con un cierto ángulo respecto de las márgenes del río.
Las aceñas parecen provenir de los antiguos molinos de barcas anclados en las orillas de los ríos. En efecto, su aspecto es el de unos barcos petrificados, que antes eran unos sencillos edificios de madera, pero que al establecerse de forma permanente, se construyeron de fuertes muros de sillería para evitar ser arrastrados por la corriente. Debido al elevado caudal del río que pasaba bajo la rueda, sus máquinas eran relativamente potentes, aunque limitadas por el salto creado por el azud, que no podía ser muy alto.
Otro posible origen de las aceñas son los molinos situados bajo el puente (“so la puente” como suelen escribir los documentos) que aprovechaban el pequeño resalto del agua y la rápida corriente que se produce bajo los arcos de un puente. El problema era que estos molinos hacían de barrera en caso de crecidas abundantes del río, por lo que se terminó desplazándolos fuera del puente. En Castilla quedan abundantes aceñas en las localidades de Zamora, Toro, y Tordesillas. En la ciudad de Valladolid había un buen ejemplo dé”aceña so la puente” bajo el antiguo puente de Platerías, que desapareció. Las aceñas del Duero tienen claramente un estilo cercano al de los puentes románicos cercanos. Solamente un arco en herradura de la aceña de la Peña en Tordesillas se aparta de este estilo, el resto son arcos de medio punto.
El hecho de que no siempre se encontrase un río de suficiente caudal como para impulsar unas grandes ruedas de aceña, obligó a la utilización de molinos de rueda horizontal llamados molinos de rodezno con una más compleja instalación hidráulica, con presa o azud de derivación del río, un largo canal o caz, un embalse de acumulación de agua o balsa, complementado con un cubo, donde el agua alcanzaba la altura suficiente para permitir un rápido chorro de salida. Esto ya fue una invención procedente de Oriente Medio, introducida en España por los árabes, tal como ya quedo expresado en el artículo “La noria de la Huerta Caniles” en este mismo blog.
Cordiales saludos, Pedro Galán Galán

Pedro J. Sabalete dijo...

No sólo las fotografías excelentes, también el texto y todo el sentimiento revuelto con nostalgia por un lugar que el tiempo , como a todo, consume salvo que en esta ocasión las administraciones debieran hacer algo más que contemplar cómo se nos va un patrimonio, un fragmento de historia, un trozo de nosotros. Excelente, gracias.

Manuel Jiménez Barragán dijo...

Es un paraje muy ligado a nuestro pueblo. El molino está situado en un lugar estratégico, muy cerca del vado.
Muchas veces hemos oído a nuestros abuelos que iban en busca del "vao" para pasar el río con garbanzos para el estraperlo.
Igualmente, en tiempos más antiguos, se utilizaba este paso para burlar los impuestos, o pasar el puente sin pagar.
Excelentes fotografías, Juanjo.
Es triste que la ciudad de Andújar haya dado la espalda al Guadalquivir.

Anónimo dijo...

Enhorabuena Juanjo por esta entrada cuyo contenido nos descubre otra antigüedad abandonada de la muchas que hay, que aunque no formaba parte del término de Lahiguera, muchos higuereños conocíamos el entorno donde se encontraba esa vieja reliquia.

Yo no llegué a conocer ese molino pero sí el lugar donde estaba ubicado. Precisamente, los últimos días que viví en Lahiguera trabajé en ese lugar en una finca cuyo propietario era Manuel Barranco. A la hora de la comida, como quedaba cerca el "vao", íbamos a comer bajo la abundante arboleda que había en el cauce del río, al lado de una fuente que por su aspecto debería ser muy antigua, y cuya agua cristalina y fresca era una delicia en aquellos ardientes y sofocantes días de julio de mediados de los años sesenta del siglo pasado. Algunos de mis compañeros aprovechaban la poca profundidad del río en esa zona para bañarse . Yo no lo hacía porque no sabía nadar y tenía miedo ahogarme, quizás influenciado por la muerte por ahogamiento que había sufrido poco tiempo atrás un paisano joven, cuya familia era " los Lomas", en un lugar situado cerca de allí en el cual había una central eléctrica que se llamaba Bartodano, Bartudano o algo así.

También en ese lugar, el Vao, como le llamábamos, pesqué el primer pez en mi vida. No porque me gustara la pesca ni porque tuviera los arreos para pescar, sino porque el azar me puso delante de un hilo de pesca con un anzuelo oxidado en uno de los extremos que estaba enredado entre la maleza que había en la orilla del río, que sospechando que sería algo que servía para pescar, le puse un trozo pequeño de salchichón del que había reservado para comérmelo por la tarde y cual sería mi sorpresa cuando antes de cinco minutos de tener sumergido aquel oxidado anzuelo, noté que la rama en la cual había atado el hilo, se movía con intensidad. Tiré del hilo y en la punta venía enganchado un hermoso ejemplar que coleteaba sin cesar intentando desprenderse del anzuelo que lo condenaba irremediablemente a una muerte segura. Tuvo suerte: yo nunca había visto un pez vivo y cuando después de mucho esfuerzo, porque se resbalaba, lo tuve entre mis manos, al sentir que cada vez se movía con menos intensidad y respiraba con mayor dificultad, me dio pena y sin pensarlo dos veces lo lancé de nuevo al agua. A pesar de la reprimenda de alguno de mis compañeros que no comprendieron el acto tan "absurdo" que acababa de cometer, me sentí bien y a gusto conmigo mismo, porque por primera vez sentí la responsabilidad de tener en mis manos la vida de un ser, aunque fuera un pez, cuya vida dependía de mi buena o mala voluntad.

El "vao", no sólo lo conocía por mis experiencias personales, sino que además, mi padre, pero sobretodo mi madre, me había contado la peripecias y el riesgo que tenían que correr para atravesar el río en tiempos de estraperlo para no ser descubiertos por la Guardia Civil, que de hacerlo, no sólo perderían el género que llevaban a las espaldas, sino que corrían el riesgo de ser apaleados sin ningún tipo de miramiento por la benemérita, que por entonces no se andaba con contemplaciones y le importaba poco que fuera el contrabandista mujer o viejo. Hablo, mejor dicho, escribo, sobre el contexto sociopolítico de mediados de los años cuarenta; del triste y famoso "año del hambre" o "año de los jamargos" que llamaban a este año los higuereños; en el cual, muchos higuereños murieron de inanición; entre ellos el hermano que me precedió, que hoy podría tener 68 años y que cuando murió (de raquitismo) tenía escasamente un año.

No sé si contando estas cosas hago bien o mal, pero las cosas fueron así, desgraciadamente, y la verdad, por dura que sea ésta, debe conocerse, porque también forma parte de nuestra historia local.

Saludos

Andrés

Lahiguera dijo...

Hola Andrés. Bienvenido de nuevo tú y tu comentario, que muy al margen de los datos (que ya son buenísimos), expresa una serie de vivencias y sentimientos que más de uno deberíamos tratar de "entender" situándonos en aquellos años. Personalmente, disfruto de todo esto que nos cuentas por la manera en que lo haces: tan personal, tan "como lo sientes", tan “como lo viviste”...no es ningún cumplido lo que digo. Alguien dijo, hace tiempo, que “no podemos entender nuestro presente si no conocemos nuestra historia” (no sé si la frase era ésta concretamente, pero lo que importa es su significado). Por tanto, por lo que dices al final de tus palabras…que “si haces bien o mal al contar estas cosas”, considero que haces lo correcto. No veo ninguna falta a la verdad, ni insulto, ni despropósito, ni falta de respeto …así pues me parece muy correcto y haces bien.
Todas estas vivencias de cada higuereño, es lo que realmente enriquece este espacio dedicado a nuestro pueblo: su historia, los momentos vividos de sus gentes, sus anécdotas, etc., todo esto es lo que nos permite cada día “engordar”(en el mejor sentido de la palabra) este Blog de Lahiguera: ya me gustaría tener muchos comentaristas paisanos como tú.
Yo, Juanjo, como gran amante de todo nuestro pasado, disfruto enormemente con estas cosas que nos contáis los que tenéis más edad. Los que ya no están presentes no pueden contarnos nada, pero los más mayores que habitan entre nosotros cuentan lo que cada uno “presenció” dentro de su situación y su forma de percibirlo, también, según su edad: esto es un legado para nuestra intrahistoria. Me viene al recuerdo ahora, cuando tiempo atrás, mis abuelos, me contaban “historias del pasado”: esto transportaba mi imaginación a otros tiempos en los que, como en un cuento, me sentía parte de aquello; hoy trato de rememorar aquellos momentos, sintiéndome así, otra vez, como un niño. De la misma manera, todo esto que comentas, me hace tratar de volver con la imaginación a aquellos tiempos, y ver todo aquello con otros ojos: con los ojos del niño que lo vivió. Comenzaba a decir esto de contar las cosas según la edad, porque esto que nos narras, Andrés, de tu primera pesca, denota la mentalidad de la juventud, al menos, de aquellos años: hoy por hoy te hubieras comido un “pescaito” para la hora de la cena…seguramente, …pero sin embargo, aquel niño, pensó más en salvar una vida, aunque fuera la de un pez.
Reitero, porque ya te lo he mencionado en más de una ocasión, que me sorprende tu capacidad para recordar tanto detalle de todas estas cosas que nos cuentas, sabiendo que a temprana edad emigraste de este pueblo junto a tu familia: me causa admiración esa memoria.
En fin, Andrés, sigo animándote a que nos acompañes en esta labor altruista de dar a conocer “las cosas” de nuestro pueblo. Seguimos en contacto.
Juan José Mercado G.

Sebastián dijo...

Acabo de descubrir el blog. Espectacular!!